DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. La historia es solamente mía.

"In the shadows"

SELFISHNESS
(Egoísmo)

Y aún sujeto tu mano con la mía,
en la mía cuando estoy durmiendo.
Y sufrirá mi alma en el momento
en que me arrodille a tus pies

Adiós mi amada.
Adiós mi amiga.

Fuiste la única, fuiste la única para mí.

[Goodbye My Lover - James Blunt]

Meses después

Mis dedos picaban por tocarla.

La solitaria foto que reinaba en mi pared blanca parecía sonreírme mientras me deleitaba con su belleza. Era todo lo que allí había. Me parecía creer que esa era la única fotografía que me quedaba de ella. No recordaba cuando la había tomado, pero sus palabras todavía resonaban en mi memoria como un viejo canto que sueles tararear aun sin quererlo.

¿Me amas? —Esas dos palabras hacían eco en mi cabeza—. ¿Me amas, Edward?

Que fácil hubiera sido decirle esas dos palabras que ella tanto ansiaba escuchar, pero que yo nunca le pude permitir disfrutar.

¿Cuántos días llevaba así? Parecía ser que lo único que me daba un poco de paz era ver esa desgastada foto suya. Sus labios me deleitaban mientras me seducía con un delgado vestido rojo. El viento parecía revolver su cabello, descontrolándolo.

A cualquier hora del día me sentaba en mi cama a mirarla mientras cerraba mis ojos y la imaginaba a mi lado. Parecía mentira que todo había acabado. Y parecía una abominable y horrenda farsa creer que la perdí. Mi egoísmo siempre había sido el culpable. ¿O habrá sido mi cobardía? Mi nula capacidad de creer que en algún momento ella sentiría la necesidad de avanzar sin mí.

Cuando perdí la empresa no me dolió, cuando perdí a Alice tampoco. Pero… cuando ella decidió que era suficiente, eso, eso me derrumbo.

Nunca me había sentido más solo, ni tan vacío. En el momento en el que Bella terminó lo nuestro, en ese instante en el que leí sus palabras me di cuenta lo egoísta que fui. Siempre me sentí con el valor suficiente para enfrentar cualquier obstáculo, porque sabía que cualquiera fuera el paso que diera, Bella siempre me seguiría. Nunca me quise dar cuenta, pero su apoyo a través de todos estos años fue lo que me impulso a querer más.

Y ahora que ella no estaba, todo se derrumbaba.

Desde que se fue, mi vida se fue yendo cuesta abajo. Perdí el apoyo de la compañía, y junto con eso mi trabajo. Decidí dejar a Alice, y sin mi esposa perdí toda la buena situación económica que mantenía a su lado. El dinero de mi familia lo malgasté muchos años antes de conocer a mi esposa. Ahora sólo me quedaba este viejo departamento que había comprado para ella. En eso se había resumido mi vida ahora.

En pasar horas enfrente de este viejo recuerdo que mantenía de ella pensando en un tiempo en el que fuimos felices. En el que yo me sentí feliz. Pero ahora nada de eso me importaba. Lo único que quebraba mi espíritu era saber que ella ya no volvería a sonreírme de esa manera, a verme con esos ojos, como si todo su mundo fuera yo. Como si todo empezara y terminara conmigo.

Todo había quedado atrás. Supe que se fue a Londres junto con Garrett.

Él había ganado.

Puso tantos kilómetros entre Bella y yo como pudo. Probablemente nunca volverían. Eso fue lo que me restregó en la cara Alice cuando la dejé. Ya no podía estar a su lado, el tiempo en el que estuvimos juntos nada fue real, nunca la amé, de hecho, creo nunca haber amado. Soy demasiado egoísta para poder sentir algo tan bueno por alguien más. Esa era la razón por la cual nunca pude brindarle la dicha a Bella de oír esas dos palabras que tanto ansiaba de mí. Ahora que no está, me pongo a pensar; qué es lo que es el amor. Y si alguna vez lo sentí por ella.

Si pudiera resumir lo que ahora siento por ella, sería una necesidad insana de sentirla a mi lado, de poder acariciarla, de saber que cualquiera fuera el camino que siguiera ella me acompañaría. Eso es lo que era para mí. Una compañera, una amiga, ella era mis piernas que me impulsaban a seguir adelante. Pero ahora no soy más que un cojo que se arrastra solitario por estas sombras. Me he quedado solo entre estas sombras.

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Beth me miraba preocupada desde el final de la pequeña sala. Sabía que peleaba consigo misma para mantenerse en ese silencio que yo tanto apreciaba. ¿Qué tan diferente hubiera sido mi vida si hubiese sido criado por mi madre biológica? Por esta mujer que parece comprenderme en cada ámbito de mi vida, que espera ansiosa por cada una de mis necesidades para atenderlas. Elizabeth Masen, mujer de sonrisa apenada, de caricias cortas y momentos cálidos, mi madre.

Que cómodo me sentía ahora al llamarla así. Desde que Bella se fue, las mentiras comenzaron a caer una a una, y ya no tenía miedo en aceptar a Beth como mi madre. Ni tampoco le tenía miedo a Helena, la mujer que me crió. Creo saber muy bien de quién aprendí mi increíble capacidad de mentir. Helena Cullen había hecho hasta lo impensable por retener a mi padre junto a ella, incluso el alejarme de mi madre.

Miraba a Beth en estos momentos y me preguntaba qué sentiría mi padre al saber que la mujer que tanto amo, estaba viva. ¿Habría sido mi vida diferente al no haber vivido en una casa donde reinaban las intrigas y las mentiras? Mi vida siempre había sido una mentira, una falsedad de principio a fin.

Ahora que todos mis planes se habían acabado, no podía dejar de pensar en el momento en el que la verdad quedara al descubierto. Ansiaba el día en el que mi padre supiera esa verdad que por tantos años habíamos callado mi madre y yo por temor a Helena.

—No sé a qué estas esperando. —Volví a comentar lo que llevaba pensado hace mucho.

—Todavía no —dijo mi madre al instante. Ella sabía muy bien de qué le estaba hablando. No era la primera vez que lo discutíamos—. Tú no estás en la mejor de las condiciones. Y no tenemos los suficientes recursos para enfrentarnos a la ira de Helena. —Mi madre se acercó hasta donde yo estaba y paso su mano por mi rostro—. Mi dulce bebé. Hemos llegado tan lejos hasta ahora, no dejes que tu impaciencia arruine lo que hemos luchado tanto por conseguir.

—No tenemos nada que perder —le insistí otra vez—. Yo…

—Tú has caído —aseguró ella terminado mi frase—, pero a mi lado volveremos a surgir y dejaremos esto atrás como la horrible pesadilla que fue. —Sus delgados brazos me entrelazaron como el mejor de los arropos.

—No puedo —admití—. Me han vencido.

Beth negó enérgica.

—Ya sabes lo que pienso al respecto. Te dije que fueras honesto con ella, que la dejaras entrar a tu vida. —Beth pasó sus dedos por mi cabello como sabía que me gustaba—. Pero no se puede llorar sobre la leche derramada, y todavía nos queda mucho por hacer, cariño. Estoy segura, de que si ella siente o sintió lo mismo que tú por ella, volverá.

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—No voy a firmar los papales. Estás perdiendo el tiempo, Edward. —Pase mis manos por mi rostro, cansado de escuchar las mismas palabras una y otra vez—. No voy a dejar que vuelvas a los brazos de esa maldita mujer. Nunca.

—Alice, por favor. Entiéndelo, esto ya no tiene pies ni cabeza. —Cambie mis pies de postura, cansado. Llevaba un buen tiempo allí—. Esto ya no es por ella, es por nosotros. No podemos seguir como antes, no lo merecemos ni nuestro hijo.

—Lo que nuestro hijo no merece es tener a sus padres separados. Yo me case para toda la vida, Edward Cullen. Además —dijo con sus ojos llenos de rabia—, no creas que soy estúpida. Justo ahora vienes a insistir por el divorcio, justo ahora que ella volvió.

Sus palabras me dejaron de una pieza.

—¿De qué estás hablando? —Pregunte como un idiota para luego arrepentirme. Por supuesto que ella disfrutaría de este momento.

—Veo que no te han invitado a la boda, querido. —Su mirada rencorosa saboreo cada una de sus palabras—. Creo que a Garrett no lo importa ser el cornudo más grande de América. Al parecer casarse con una puta como ella no le mueve ni un pelo. Lástima que seas el último en enterarte.

—Estás enferma —lancé en un impulso de rabia. Alice siempre sabía como alterarme.

Ella sonrió mientras rompía, una vez más, los papeles de divorcio que le había traído.

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—Entonces, ¿está todo listo? —Pregunté con voz nerviosa a través del teléfono.

—Así es señorita Swan. El juicio comenzará la próxima semana. La parte demandada ya entrego todos los antecedentes al igual que nosotros. Ahora sólo le queda esperar. Pero eso sí, le aseguro que pronto volverá a tener a su hija a su lado. —La voz de la abogada sonaba segura y eso me ayudo a calmarme. Estos últimos meses habían sido un verdadero calvario. Garrett no me había permitido volver al país hasta que no comenzara el juicio. Mi impaciencia era mayor día tras días. Llevaba meses sin ver a leila. Sin saber de ella. ¿Cómo estaría? ¿Carlisle cuidaría de ella? ¿Sabría cómo llenar esos vacíos tan grandes que tenía Leila? Cuanto le extrañaba. Parecía increíble la manera en la que me veía reflejada en ella, nuestras similitudes iban más allá de lo físico. Y era ahora cuando me daba cuenta que nadie comprendería a mi hija tan bien como yo. Nadie sabría cómo guiarla en el proceso que sería su nueva vida. Porque estaba más que segura que si no era yo quien la guiara, ella cometería los mismos errores que yo. Y eso nunca me lo perdonaría.

Mi madre lo sabía. Pero ella cometió un error, alejarme de su lado. Renée creyó que al mantenerme separada de ella, no podría intervenir en mi vida. Grave error. Debió estar a mi lado para aconsejarme en esos momentos en los que más la necesité. Que diferente seria mi vida ahora.

Estar lejos tanto tiempo me ayudo a comprender mejor las cosas.

Mamá.

Leila.

Edward.

Las personas que más amaba ya no estaban conmigo. Me encontraba más sola que nunca.

Y luego estaba Garrett, quien había cambiado mucho en el último tiempo. Estaba más desconfiado y hostil. Mis errores habían convertido a ese dulce hombre en uno más duro y frío. Nuestro tiempo en Londres se me hizo demasiado largo, ansiaba volver aquí y ver cómo habían seguido las cosas; sin mí.

La casa de mamá estaba igual. Nadie había entrado allí. Y por pura nostalgia volví a la granja aun sabiendo que Leila no estaría. La abogada no quiso darme su nueva dirección, ella dijo que mi presencia en ese lugar podría arruinar el proceso. No tuve de otra que resignarme y espera a que comenzara el juicio para volverla a ver. El tiempo se me hacía eterno. Inagotable.

Y deje para último mi antiguo departamento. El conserje me contó que otras personas vivían allí ahora, dos mujeres y un hombre, pero no quise saber quiénes eran. ¿Para qué? Me contuve de ir y golpear la puerta. Sólo quería ver como estaba el departamento, ver de nuevo aquellas paredes que guardaron tantos secretos. Pero al final desistí y me fui.

Después de mucho pensarlo, de ver cuáles eran mis posibilidades y las cartas que me quedaban, la mejor decisión que puede sacar fue que estar al lado de Garrett era lo mejor que podía hacer. Él me daría la estabilidad económica que necesitaba para tener a mi hija de nuevo conmigo. Esta vez para siempre. Así que luego de darle varias vueltas al asunto acepté la propuesta que Garrett me hizo antes de irnos a Londres.

Me casaría con él.

No me costó mucho organizar una boda en el extranjero. El dinero todo lo solucionaba, eso era algo que podía permitirme ahora. Garrett me había dado todo lo que siempre quise, con lo que siempre había soñado. Pero al parecer el destino se empeñaba en hacerme volver aquí. Primero, para que la adopción fuera más fácil de concretarse, la abogada nos aconsejó que nos casáramos dentro del país. Eso no mantuvo a Garrett muy contento. Y luego, por lo que pude escuchar, la empresa de la familia de Garrett había quedado sin cabeza que la dirigiera. Garrett no me dejaba saber nada que tuviera que ver con Edward, ni siquiera lo más insignificante. Que iluso era al pensar que al no saber nada de Edward no pensaría en él. Sólo bastaba con que el sol saliera, o con que cerrar mis ojos, o tan sólo respirar para tenerle presente. Creo que nunca podré olvidarle, sin embargo, debo aprender a vivir sin él. Debo aprender a que su recuerdo no me duela tanto.

Fue por eso que me costó entender el porqué de nuestro regreso tan repentino. Al parecer Edward había salido de la empresa, no pude saber muy bien la razón, y el padre de Garrett se encargó por un tiempo de la presidencia. Pero fue por un periodo corto ya que a Joseph le dio un ataque al corazón que lo mantuvo en descanso continuo y con orden medica expresa de no tener contratiempos. Todo eso llevo a que mi suegro ideara un plan para llevar a Garrett al asiento presidencial, como siempre había querido. No sé qué le habrá ofrecido Joseph a Garrett para convencerlo de volver, y peor aún de hacerlo aceptar tomar el mando de la empresa. Como dije antes, Garrett había cambiado demasiado, al punto en el que casi no lo reconocía.

Decidí que lo mejor sería no entrometerme demasiado en ese tema. Detalle tras detalle de la boda me mantuvo ocupada haciéndome olvidar de mis fantasmas del pasado. Pero no había plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague, era tiempo de volver a casa.

Tuvimos que quedarnos en la casa de Geraldine al comienzo ya que la mansión de Garrett estaba siendo acondicionada para nuestra llegada. Debo agregar que no fue el tiempo más feliz de mi vida. Si Geraldine me odiaba al saber que era novia de su hijo, ahora que nos casaríamos, me había declarado la guerra. No era cosa fácil aguantar a mi suegra, ella era una perra.

Por suerte convencí a Garrett de volver al viejo departamento que él rentaba, y ahí nos quedamos hasta que terminaran de arreglar la mansión. Probablemente estaría lista para después de nuestra boda pero eso no me importaba.

Sólo quedaban unos días para el gran evento.

Mi gran evento.

Pero no lo sentía de esa manera. Era como si me faltara algo, o más bien alguien.

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Me miraba en el espejo y no me reconocía.

Sin darme cuenta había cambiado por dentro y por fuera. Mi rostro estaba más tenso y mis gestos más cansados. Ya no era la misma.

—Ya termine —señaló la maquilladora. Yo me miraba una y otra vez buscando a esa Bella que solía ser. Cuanto me había cambiado el dolor, las preocupaciones, y las angustias. Vestida bajo todos esos lujos, aquellos lujos que en un pasado hubiera matado por tener, ahora no lograban conseguir que llenara aquel vacío que reinaba en mi pecho—. Se ve bellísima. Su novio quedará deslumbrado al verla.

—Gracias —respondí sin ganas.

Ya estaba lista para enfrentar a toda esa gente que vendría a la cena de ensayo. Cortesía ni más ni menos que de mí querida suegra. No me quedo de otra que aceptar con sonrisa en boca. Sólo esperaba que esta noche pasará muy rápida.

Mi vestido de cóctel era negro y no pude evitar recordar que este era el color favorito de Edward para que yo usara. Coincidencias de la vida, pensé. Dude por un momento si usarlo o no, pero ya iba algo atrasada y no podía darme el lujo de cambiarme. Con todo eso en mi cabeza llegue a la bendita cena. Por supuesto allí no había una sola persona que conociera. Ni siquiera estaban los padres de Edward. Quizá Garrett se lo había pedido a su madre. Yo no conocía a los invitados, pero ellos a mí sí. La mayoría se acercó a mí con falsa cortesía intentando entablar conversación conmigo. El tiempo en ese lugar se me hizo eterno. Y para colmo Garrett había decidido ignorarme por completo. Se le veía enojado, molesto por algo que no sabía qué era. A penas me saludo y se mantuvo todo el tiempo lejos de mí. Sin duda eso daría de qué hablar entre los invitados, pero si al él no le importaba, a mí menos.

Me aleje por un momento de todo ese tumulto para quedarme viendo un piano de cola que estaba al fondo de la sala, sobre una pequeña tarima. Detrás de él había una cortina negra, e imagine que luego vendría alguien con un espectáculo musical de esos todo elegante y aburrido.

No me quedo de otra que hacer lo que mejor sabía hacer; beber.

Ni cuenta me di, cuando después de varias copas en mi cuerpo comencé a marearme. Los rostros de los invitados ya no me parecían aburridos, sino más bien graciosos. Unas risitas salieron de mis labios sin querer, pero todo rastro de diversión se borró por completo de mi rostro cuando le vi.

Fue fugaz, casi imperceptible para toda la gente de la sala.

Pero no para mí.

Yo conocía mejor que a mí misma esos cabellos que tantas veces acaricié, aquel cuerpo que tanto tiempo me enloqueció, y sobre todo ese lunar detrás de su cuello que tanto besé. Estaba casi de espalda al público, sentado en aquel piano que me mantuvo cautiva por tanto tiempo. Sin quererlo, algo presentía, algo mi corazón quiso decirme.

La música comenzó lenta y pausada. Su respiración nerviosa se escuchaba a través del micrófono.

¿Te decepcione o te deje derrumbar?

Porque vi el final antes de empezar,
Sí, te vi cegada y supe que iba a ganar.
Así que tomé lo que es mío por derecho eterno.
Tomé tu alma al anochecer…

Su voz fue un golpe duro que no esperaba recibir. Era en un tono que me desgarraba por completo.

Y tal vez haya acabado pero no quiero que termine aquí.
Estaré aquí para ti si no te importa…

Tocaste mi corazón, me llegaste al alma
Cambiaste mi vida y todas mis metas…

Me di cuenta de que el amor es ciego cuando me cegaste el corazón…

Hipnotizada me deje llevar por la música, desapareciendo todo lo demás detrás de mí. Todo lo que podía ver en esa habitación era a mí y a él. Sólo a los dos.

Besé tus labios, sostuve tu cabeza
Compartí tus sueños y compartí tu cama.
Te conozco bien, reconozco tu olor.
He estado adicto a ti

Adiós mi amada.
Adiós mi amiga.
Has sido la única para mí.
Fuiste la única para mí.

Sus palabras me llegaron al alma. Sin quererlo mis ojos se fueron nublando, y todo parecía borroso. Quise acercarme un poco más hasta donde él estaba y fue allí donde me di cuenta de lo acabado que estaba. Su rostro era controlado por el dolor y la angustia. Recordaba ese rostro muy bien, se parecía al de la última vez que lo había visto.

Y mientras avances, recuérdame.
Recuérdanos, así como todo lo que solíamos ser…

Te vi llorar, te vi sonreír,
Por largos ratos te veía dormir,
Quería ser el padre de tus hijos…
Esperaba pasar mi vida contigo.

Conozco tus miedos y tú conoces los míos.
Tenemos nuestras dudas pero ahora estamos bien,

Y te amo, te juro que eso es verdad.
No puedo vivir sin ti.

Adiós mi amada.
Adiós mi amiga.

Fuiste la única, fuiste la única para mí.

La última tecla dejo de ser tocada y el resto de la gente rompió en aplausos. Yo me quede congelada en mi lugar. Jamás me esperé esto de su parte. Edward se dio la vuelta rápidamente y me miró.

Será algo que nunca lograré describir. Fue como una ola de dolor y resignación que me azotó derrumbando hasta el último de mis cimientos. Ahora estaba todo dicho, esta era nuestra despedida. Después de aquella mirada que resumía todos nuestros sentimientos, se perdió fugaz detrás de las espesas cortinas negras. Y no le vi más.

Me tomo un tiempo darme cuenta que estaba dejando ir la última posibilidad de ser feliz… y fue más veloz que un rayo lo que me llevo tomar esa decisión.

Una vez más estaba siendo egoísta, sobreponiendo mi felicidad sobre la de los demás.

Y sin pensármelo corrí detrás de aquella sombra que él dejo.

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¡Hola!

Uff, parece que han sido siglos desde la última vez que actualicé pero al fin estoy aquí.

Como ven esto ha llegado a su fin. Ya terminé de escribir esta historia, mañana subiré el epilogo :)

Quiero agradecerles por su paciencia, espero que todavía quede gente que lea esta tormentosa historia. Antes de despedirme recordarles que pacen por mi grupo de facebook: Entre las sombras.

Nos vemos mañana, con cariño Nala.