Crepúsculo es de Meyer, la trama es mía.
Gracias por el apoyo de todas, en especial el de Nathalia Valencia: eres un amor, muchas gracias.
También a Amber… por todo, por su amistad, compañerismo, locura y objetividad :')
Lo abrazó fuertemente y escondió su rostro en el cuello de él para que no se diera cuenta de su expresión y la tensión que tenía. Se relajó cuando las manos de él comenzaron a acariciarle la espalda y los muslos alternadamente. Copió sus movimientos y se dejó llevar por las sensaciones que hasta ahora sólo Edward le producía.
Pensó que quizás ambos estaban en las mismas condiciones, y ella no lo estaba mancillando la piel de Edward con sus manos sucias. Quizás las suyas estaban igual de manchadas que las de ella, y aun así prefería ignorarlo.
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4. Amando a Edward
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Isabella
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Edward me tomó con sus grandes manos de la espalda y la cadera para pararse de una forma muy hábil y salir los dos estilando de la bañera con pétalos rojos pegados en nuestra piel.
Me estremecí ligeramente cuando quedé totalmente pegada a su cuerpo una vez que comenzó a cargarme hasta la cama, y ahí me depositó entre las sábanas blancas, las cuales se humedecieron inmediatamente por el agua que caía de él y de mí.
Relamí mis labios antes de bajar la vista ya que sus ojos oscuros por el deseo y la poca luz que había en la habitación le daban un aspecto muy oscuro y sensual que me obligaba a no pensar igual. Llevé mi mano a su gran erección, envolviéndolo, acariciándolo y sintiéndolo. El lanzó un jadeo que se transformó en un gran gemido y llevó su rostro hasta el centro de mis pechos en donde exhaló su aliento.
No pude soportar mucho mas, y estando a punto de estallar lo tomé fuerte de su cabello y arqueé mi espalda indicándole lo que quería. Ladeé mi cabeza soltando un jadeo al sentir su cálida lengua en mi piel y me pude ver en el espejo largo que estaba junto a la pared, pude ver mis ojos nublados y su boca atendiéndome, sus manos acariciándome.
Un gemido de satisfacción se me escapó y me apreté aun mas contra él queriendo sentirlo más cerca de lo que lo había sentido nunca. Eso me extrañó, porque realmente yo nunca era de esa forma con mis parejas a pesar de que todas, incluyendo a Edward, habían sido por interés. Ni siquiera con Samuel, el que fue mi primera vez sentí todas las emociones que mi francés favorito que hacía sentir ahora.
— Ay— me quejé vergonzosamente cubrí sus grandes manos que estaban acunando mis pechos con las mías.
Un puchero involuntario se formó en mi boca cuando Edward sacó sus manos de mi piel, y me molesté un poco porque yo quería todo de él ahora mismo y no me importaba nada más. El se acercó a mi boca y se quedó detenido unos segundos observándome, impactándome en el rostro con su aliento dulce y su mirada hermosa. Se me olvidaron todos mis problemas con ella, y como siempre, me dejé llevar.
Su boca estuvo rápidamente sobre la mía casi devorándome y me pregunté con extraños sentimientos celosos si él había besado a alguien así antes. Tampoco nunca había sido posesiva con nadie, pero ahora quería que Edward fuera sólo mío y de nadie más.
Por ahora me decía a mi misma que le tenía aprecio, no que lo quería ni que lo amaba, me decía a mi misma que tenía sentimientos extraños e indefinidos por él, nada más.
Sus manos comenzaron a recorrer la piel de mi vientre sacándome varios suspiros porque quería mucho más. Luego comenzó a recorrer la piel interna de mis muslos y yo no sé porque seguía haciendo eso… ¿era por gusto? ¿Por tocarme? Quizás el sentía el mismo placer que yo cuando me recorría en esa parte, pero aun así no le encontraba sentido si el ya sabía que siempre me encontraba vergonzosamente húmeda y dispuesta para él.
Se posicionó en mi entrada cuando casi me llevó al límite con sus caricias en mi zona baja y agradecí eternamente el estar tomando pastillas anticonceptivas porque no sabía si podría aguantar el no sentirlo, piel con piel. Ahogué un gritito en su hombro y acaricié su espalda cuando entró en mí llenándome completamente.
La respiración de él también se atascó en su garganta, pero se encontraba con sus labios en mis pechos por lo que tuvo lugar para ahogarla.
Sentí miles de emociones extrañas y devastadoras cuando me di cuenta de que el daba todo de sí: su piel, sus besos, sus caricias y miradas… hasta su corazón, pero yo no le daba mucho a cambio, y tampoco podía obligarme a corresponderle. Solté una lágrima porque me sentí miserable, pero mi repentina sensibilidad quedó en nada cuando él comenzó a moverse más fuerte en mi interior.
— Ah… mi Bella… —susurró con su voz profunda y siguió moviéndose.
— Sigue… sigue…— lo alenté acariciándole sus cabellos y mordiéndole el lóbulo de su oreja.
Finalmente Edward dio un grito casi primitivo que resonó por todo el departamento poco después de que yo llegara. Su espalda sudorosa tembló y sus brazos fuertes me envolvieron casi aprisionándome contra su pecho, dejando que las últimas sensaciones de placer nos recorrieran.
Cerré los ojos agotada y en esa oscuridad sentí el aliento de Edward llegar a mí y segundos después sus labios posarse en los míos, en mi frente, en mis párpados, en todo mi rostro.
Abrí mis ojos cuando no tuve su rostro al alcance de mi vista y pude esconderme en mi cuello. Sabía que estaba sintiendo más de lo que debería y no lo admitiría, por ningún motivo.
Estuve abrazada al calor de su pecho unos minutos más, hasta que estiró su brazo y de la mesita de noche sacó una pequeña caja rectangular que se veía elegante. Con los ojos adormilados pude ver de qué se trataba y solté un chillido que produjo que una sonora carcajada saliera de su boca.
Abrió con una mano la caja y sacó los pequeños cuadraditos de su contenido y los paseó por mi rostro para que los olisqueara hambrienta.
Cuando caí dormida con mi espalda pegada a su pecho y su rostro alojado en mi cuello, volví a tener las mismas pesadillas que antes tenía:
Un segundo fue el que logré medio salir de mi letargo, y al otro segundo el tipo estaba tirándome el cabello de una forma con la que pensé me volvería loca.
— Puedes darle gracias a Charlie Swan Goodrich. — La voz áspera resonó en mis oídos y no entendí lo que dijo, pero sin embargo nunca se me olvidó.
Finalmente dejé de sentir su presencia y escuché el sonido de la puerta de entrada abriéndose. Un jadeo masculino que mis oídos escucharon, pero mis ojos nublados no vieron de quien se trataba. Poco tiempo después, policías y más policías.
Escuché gritos, llamándome a mí, insultándome y tratándome mal, y yo no sabía por qué.
… Y Edward estuvo ahí para salvarme, seis años después.
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Marie.
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Me sentía incómoda por tener que recibir a James en el departamento. Esto definitivamente no estaba en mis planes y dejar todo limpio y ordenado como si fuera una mucama, tampoco estaba previsto.
Había desconectado el teléfono por si a "alguien" se le ocurría pensar que era el momento perfecto para una llamada y había enviado mensajes de texto para impedir que las cosas salieran mal y ese "alguien" decidiera pasar por el departamento.
Suspiré audiblemente cuando el timbre sonó y caminé para abrir la puerta y encontrarme con el idiota de James. Éste estúpido realmente era un demonio, uno que estaba escondido detrás de la fachada de hombre correcto, pero sus ojos como piedras no me engañaban, no cuando yo tenía casi la misma mirada y quizás sentía lo mismos deseos de acabar con él. Ahora no sabía porque me había metido con él.
El idiota me apartó sin siquiera un saludo y comenzó a examinar el departamento. Agradecí que no me diera un beso pues sus labios ya me sabían a asco, pero definitivamente no estaba de acuerdo con que vigilara el salón.
— ¿Y tus maletas? — ¿mis maletas? ¿Acaso éste animal creía que me iba ir a vivir con él? ¡Por supuesto que no! No cuando perdía mucho mas yendo a esa casa gigante que sólo era ocupada por la despreciable presencia de él. Además significaba estar veinticuatro horas al día y siete días a la semana con él. Demonios, eso sí que no.
— No me iré a vivir contigo, James, ya te lo dije— traté de usar una voz dulce que ni yo me creía, pero que apostaba que engatusaba a James. Aún así el idiota se sintió con el derecho de tomarme y apretarme del brazo.
— ¿Y eso porque? —preguntó amenazante.
— No estoy segura de nuestra relación… — Yo ya no lo necesitaba, no, nunca más tendría que estar con él y soportar sus… ¡lo que sea! No tenía por qué estar con él, no cuando tenía de quien sostenerme. Me miró colérico y me lanzó contra el sillón, y yo agradecí cuando vi que faltaron sólo unos milímetros para que mi cabeza se azotara contra la madera del respaldo.
— ¿No estas segura? ¿Es por eso que no me llamaste al número que te envié con las rosas? — Gritó— Estuve esperando, Marie. Quería saber donde andaba mi jodida novia, y tú no tenías la decencia de reportarte.
— ¡No tienes ningún derecho sobre mi! —estaba cansada y confundida. No debía ser así. De todas las cosas que me habían pasado James no era la peor, habían cosas mucho peores que ya había vivido, pero eso no significaba que James sería como tragar un terrón de azúcar. Mucho ha sido destrozado y yo estoy tan malditamente cansada de todo que quiero por un segundo tener control sobre mi vida.
— ¡Claro que lo tengo! Tengo todo el derecho del mundo si te has comportado como una puta sumisa conmigo— Me tomó del cabello y me lo jaló hacia atrás mientras yo maldecía una y mil veces a la puta de su madre que lo tuvo. Pero el debía parar, tenía que hacerlo. Conté hasta tres y esperé mientras le daba una mirada asesina.
Suspiré de alivio cuando esos malditos ojos que odiaba se fijaron en algo a mis espaldas, pero como la suerte ni Dios estaban de mi lado, tarde me di cuenta de que había olvidado la caja de bombones en la mesita de noche.
— ¿Quién te ha regalado eso? — señaló la caja.
Yo podía tener todos los defectos del mundo, pero sin duda nunca fui tonta o eso creía yo; la cuestión es que percibía que James algo sospechaba y me aterré al pensar que él conocía la procedencia de los chocolates. Sólo me quedaba fingir ser valiente.
— ¡¿Qué mierda te importa, James? — Le grité— Lo que haga o no haga es cosa mía y sólo mía.
— ¿Estás segura que solo tuya, puta? — De un momento a otro estaba demasiado cerca de mí y con una de sus grandes manos apretando dolorosamente mi mentón— ¿No hay nadie más por aquí? ¿O le dijiste que no viniera hoy en la tarde? — Comencé a hiperventilar y miré hacia otro lado tratando de que él no se diera cuenta de lo mucho que temblaba y de lo nerviosa que estaba, pero eso no era por el miedo que me causaba los actos de James… El había estado en Francia… se supone que si… y yo… ¡oh dios! Fui tan descuidada.
— ¿Y que vas a hacer? — Tomé un poco de valor y lo empujé para alejarme de él. Me miraba como si me quisiera matar o por lo menos golpear, y no sé qué era lo que lo detenía ya que ésta no sería la primera vez que su fuerte mano no me hacía precisamente caricias en el rostro— ¿Me golpearás, marica? —en un patético intento para que el sufriera o por lo menos sintiera dolor, azoté mi palma contra su mejilla, pero pareció que no produjo ningún efecto en él y rápidamente tomó mi mano.
— Haré como que esto no ha sucedido porque no permitiré que me dejes en vergüenza, Marie — susurró en mi oído—. Pasado mañana hay un almuerzo en la casa de Charlie — se apartó y comenzó a caminar por el departamento—, quiero que estés ahí, que me acompañes y que finjas que te mueres por mi. No quiero ver ni un asomó de lo zorra que eres.
Lo miré con furia y me maldije mil veces más por hacer todo mal, por estar con él. Debía eliminarlo.
— No iré.
— Si irás, porque estoy seguro de que no quieres que "alguien" se entere de tus secretos, mi amor— rió— ¿qué diría él si le mostrara esto? — sacó una bolsa llena de droga y la arrastró por mi cuello. Por varias circunstancias desde hace días que estaba limpia y James sabía que me estaba tentando—, hasta hace poco te gustaba… y creo que él no lo sabe— susurró—. Tampoco debe saber tu otro sucio secreto. En fin, tú eliges, porque yo me iré de tu vida cuando esté muerto.
Me dio esa asquerosa mirada de suficiencia que tanto odiaba, como si él hubiese ganado algún juego y yo fuese la absoluta perdedora. Guardó la bolsa llena de droga en el bolsillo interno de su cazadora y me tomó desprevenida cuando me forzó a darle un casi doloroso beso en su apestosa boca. Poco después y luego de darme una mirada de advertencia, se fue.
Y ahí quedó todo. Ahí quedé yo sin saber qué hacer y no pudiendo contenerme más. Un fuerte sollozo salió de mi interior y en un arrebato tomé un cenicero y lo lancé contra la puerta haciendo que el cristal estallara en miles de fragmentos, tal y como yo me sentía en este momento.
Seguía siendo una maldita débil, no aprendía nada y mucho menos ahora en que no hacía nada más que llorar y mirar mis manos, intentando pensar en cómo quería que fueran las cosas. Me maldije al darme cuenta de que me había mostrado demasiado débil frente a James, pero tampoco pensé nunca que él me descubriría.
Deseé en ese momento estar rodeada por los brazos delgados, blancos y suaves de mi madre, pero eso no podía suceder porque ella estaba muerta, y por ella se encontraba ahí intentando luchar. Podría haber deseado unos bracitos más pequeños y menudos, pero esos estaban muy lejos y no los podía arriesgar a nada. Y tampoco podía pensar en los brazos fuertes que la protegían ahora ya que estaba a punto de perderlos.
… porque yo me iré de tu vida cuando esté muerto.
Levanté mi cabeza rápidamente al recordar las palabras de James, incluso podía ver una ampolleta prendiéndose en mi cabeza justo cuando llegó una idea a mí. Miré mis manos: no tenían ninguna mancha y en realidad nunca habían hecho nada malo, por más que me culparan… pero en este caso, si James quería eso, probablemente lo tendría.
Cuando mis ojos comenzaron a picar por tanto llorar decidí que era un buen momento para una ducha. Encargué una pizza para no morirme de hambre y con el corazón apretado escuché un mensaje en la contestadora, aquella voz suavecita diciéndome cosas hermosas que no las merecía. Ahora yo ya estaba decidida y sabía que no iba a dejarlo, que él no se podía escapar aunque yo ni quisiese ninguna relación aun.
-0-
Tenía todos los nervios tomados a la mañana siguiente. Me había puesto un vestido blanco de encaje con mangas largas y un cinturón delgado y café claro, y mis pastillas en la pequeña cartera que llevaba. Ya eran una necesidad, porque mi cuerpo me las pedía después de tantos días sin consumirlas y después de todo lo que James me había hecho pasar, tampoco quería recurrir a ellas para no darle en el gusto a ese idiota comportándome como una drogadicta, porque no lo era, pero si las cosas salían muy mal debería tomarlas. Quizás sólo una o dos.
James pasó a las once de la mañana por mí y nadie habló nada. Aquello lo agradecí enormemente ya que las mañanas y yo no éramos buenas amigas y mis ojos cansados y ansiosos por dormir no reaccionaban hasta un poco más allá de las tres de la tarde y si a eso lo sumábamos el hecho de que odiaba estar con James, el resultado era un humor de perros; y por ese humor, no dudé en darle un golpe en su parte más sensible cuando había orillado el auto en la carretera para darme un beso que quería ser ardiente. Yo no me rendiría y no permitiría más que él me humillara.
Apenas llegamos, James me tomó de la mano fuertemente, amenazándome con ese gesto, y me llevó a saludar a todos los que se encontraban ya en el lugar. Suspiré y agradecí el que eran pocas personas, pero así y todo, Emmett me miraba de una forma muy fea que me hizo querer golpearlo y desconfiar de él. Me pregunté donde estaría Rosalie y porqué no pensé lo mismo de él el día en que lo conocí.
No podía lidiar con todo ello, menos con las llamadas perdidas y los mensajes que tenía en su celular y que llegaban a cada rato de parte de él.
— Ya sabes, Paul, hay mucha gente que traiciona y Charlie sabe como exterminarla— resoplé al escuchar esas palabras. Eran de un tipo que no conocía, pero aun así, yo las tomaba como indirectas.
James me soltó y pensé con sarcasmo en agradecerle por devolverme la circulación de mi mano, pero el prácticamente corrió a recibir un coche caro y plateado. Sabía que no era Charlie Swan, por lo que no me preocupé y encontré el momento justo para tener mi escape tomando de paso una botella de licor para relajarme.
Los malditos tacones blancos que llevaba me impedían correr más rápido de lo que quería, eso sumado a la incomodidad de llevar a rastras mi cartera y la botella de alcohol que había llevado. Pasé por el frente de tres casas exactamente iguales, y cuando llegué a la tercera casa, decidí meterme en su interior ya que parecía casi muerta, como si nadie viviera ahí.
Salté por una ventana grande que estaba abierta y me lancé sobre un mullido y suave sofá de color blanco que encontré en el salón de la casa. Con las manos temblorosas abrí mi cartera y saqué una pastilla verde de éxtasis que tenía una carita feliz y me la tragué en un segundo. La necesitaba, y también necesitaba agua para pasarla por mi garganta, pero como no la tenía, la botella que aun llevaba en mi mano era una buena opción. La abrí y saboreé su dulce y extraño sabor. ¿Qué mierda era esta cosa?
— ¿Chotricuse? — traté de pronunciar el nombre, pero mi lengua se trababa. Intenté varias veces sin éxito hasta que terminé riéndome de mi misma.
— Chartreuse — recordaba perfectamente y conocía muy bien la voz suave y hermosa que me corrigió. Levanté los ojos esperando sinceramente que todo eso fuera una alucinación, pero no, mi mente estaba bien y ahí parado, abrochándose una camisa se encontraba Edward. Me confundieron sus mejillas sonrojadas y la mirada que me daba, la cual recompuso inmediatamente— ¿Cómo estás, Marie? — La manera en que su boca acarició su nombre me molestó— Nos volvemos a encontrar.
— Estoy excelente, Edward, y si, es obvio que nos volvemos a encontrar— me puse de pie para irme, pero Edward me tomó antes del brazo y me impidió llegar a la puerta. Por pocos segundos recordé que lo mismo había hecho James la noche anterior, pero no se sentía para nada igual.
— ¿Porqué no te quedas, Marie? — ¿porqué mierda decía mi nombre como una burla y una caricia al mismo tiempo? Hombre loco—. Podríamos pasarla muy bien— susurró seductoramente, y mi mandíbula quedó balanceándose hasta caer al piso.
— Le diré esto a James— no lo haría, pero quería salir lo más rápido posible de ahí. No valía la pena, y sabía que si se quedaba disfrutaría, pero terminaría herida.
Me solté del agarre de Edward y caminé decidida hasta la puerta de entrada. No esperaba que el corriera tras de mí y me volviera a tomar fuerte del brazo para estrellarme contra la puerta. Esperé ver sus ojos destilando de furia, algún grito y hasta un golpe, pero nunca imaginé que haría eso…
Aun tenía la esperanza de que él fuera distinto, distinto a James…
… pero me equivoqué.
No sé si lo supe cuando sus ojos verdes me miraron cargados de deseo, o si me quedó mucho más claro cuando su boca llegó a la mía, tan dulce y cálida, pero demandante.
No me recordó al día de la fiesta en donde lo vi por primera vez y eso fue lo peor, porque ese no fue un verdadero beso, fue algo sin sentimientos, casi ni siquiera deseo, pero este… ¡ah! Este sí que era uno porque podía incluso imaginarme lo que él sentía y eso no era bueno.
De un tirón me encontré sin vestido y aprisionada contra la pared. Edward se separó un poco y sus ojos me recorrieron por completo, casi grabándose en su memoria todo lo que era mi cuerpo y sentí miedo por eso y por todo lo que pudiera hallar.
Como la maldita débil que soy no protesté ni intenté separarme cuando me tomó en sus brazos y me llevó hasta el sofá blanco grande en el que antes me había recostado. Pensé que me sentiría mejor al sentir sus manos y todo de él sobre mí, pero no fue así.
No supe porqué, pero Edward realmente no se dio cuenta de lo afectada que estaba por todo eso, pero no podía decir que me estaba forzando o siendo egoísta, porque casi se desvivía tocándome y haciéndome cosas que en otra ocasión me harían suspirar.
Mis ojos comenzaron a picar por las lágrimas y por las lentillas, y ya no quería nada más de esta farsa, porque todo me había salido al revés y no era nada bueno.
Sentí como esa parte de su cuerpo se hundió dentro de mi placenteramente, pero aún así, cada embestida era dolorosa, y no físicamente. Cada una de ellas era un puñal dentro de mí porque la única persona que creí sincera y que profesó cariño hacia mi corazón, era la misma que ahora me estaba traicionando, con otra persona suponía el, pero eso daba lo mismo e incluso era mucho peor.
Me acunó entre sus brazos aun indiferente ante mis lágrimas, sé realmente que no las veía porque estaba distraído con mi boca y mi cabello, y morí un poco cuando con fervor comenzó a murmurar palabras suaves francesas que no logré entender.
Dijo algo, ahora en español, y tampoco comprendí, pero sólo vi que se paraba después de besarme y se dirigía al baño con sus pantalones en la mano.
El corazón que antes estaba muerto, ahora volvía la latir con violencia y con dolor… y no debería doler tanto, no debería latir así.
Con pocas fuerzas tomé mi cartera y saqué mi celular para hacer lo único que tenía a mi alcance. Destruir.
Puse el aparato entre mi oreja y la almohada de modo que no se notara que lo tenía y cuando marqué sonó cuatro veces hasta que él se dignó a contestar.
— ¿Edward? — procuré que mi voz sonara dulce e inocente, la misma voz que estaba usando hasta hace poco con él.
— ¿Bella? — sentí la sorpresa y el terror en su voz. El obviamente no se esperaba eso.
— ¿Dónde estás? Quería que saliéramos a algún lugar— mi voz siguió sonando igual, pero más baja. No era idiota y el no tenía que saber que lo estaba llamando desde su sofá, siendo que yo supuestamente era Marie.
— Ahora no puedo, mi amor— dijo apresuradamente—. Estoy en una reunión, debo colgarte. Te quiero. — cerré mis ojos con dolor y luego lo único que escuché fue el sonido de que él había cortado la llamada. Guardé mi celular y aventé la cartera a donde antes había estado.
Edward salió del baño mucho más pálido de lo usual y me miraba como si fuera un fantasma. Le sonreí con arrogancia y soberbia porque después de todo, el había comenzado este juego.
Suspiró pesadamente y hasta creí ver sus ojos dolorosamente brillantes. Comenzó a vestirse sin murmurar nada y con un ligero "adiós" desapareció de la habitación y la casa.
Me vestí y me arreglé para salir a encontrarme con James quien me debería estar buscando. No tenía una excusa para mi desaparición y tampoco me importaba ahora mismo. Verifiqué que no había pasado más de una hora desde que me fui y que aun no llegaba Charlie Swan al almuerzo.
James me miró iracundo y me apretó el brazo tan fuerte que me lo dejó adolorido por mucho tiempo. A lo lejos pude ver a Edward mirándome de una manera que no supe descifrar y sólo le di una sonrisa que salió mas forzada que soberbia, como quería.
Charlie Swan llegó y saludó a todos los presentes. Estaba de buen humor.
Me miró con una sonrisa algo paternal y apreté mis dientes para no soltar alguna blasfemia que arruinara todo.
Mi celular vibró y me excusé diciendo que iba al baño para poder revisarlo y salir de la atenta mirada de Edward.
Siento no poder estar contigo. He estado toda la mañana pensando en ti. Te quiero, Edward.
Sí, claro. Reí sin humor y negué con mi cabeza.
Me miré al espejo del gigantesco y ostentoso tocador, y sólo hallé la figura de alguien miserable. Nada nuevo para mí.
Chartreuse: es un licor de hierbas tradicional francés. Se supone que el que Marie toma es la versión amarilla que es más suave y dulce. Es un licor con alto grado alcohólico por lo que se toma en poca cantidad.
Hola gente linda. Han pasado semanas desde que actualicé, pero no pude antes y lo siento.
Mmm tantas preguntas. Ahora supongo que por lo menos se resolvió una de ellas, ahora saben que Marie y Bella son la misma persona, ¿Por qué ella hace esa estupidez? ¿Para qué? Todo eso lo veremos poco a poco. También quería decirles que en algunas partes el fic avanza rápido, pero es mejor de esa forma que de la manera lenta y latosa D:
Gracias por sus comentarios, alertas y favoritos. Me gustan y me animan.
Como dije al devolver los reviews, no les dejé adelanto porque no tenía sentido si publicaría en minutos así que ahora les dejo uno del próximo capítulo y cuando devuelva los de éste cap, dejaré otro.
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— Ha estado más de unos meses, Bella — Allan dijo con voz llorosa. —. Recuerdo que tú tenías dieciséis cuando ella se fue.
— Allan, no pienses así, piensa que ella nos ama con todo su corazón. — sentí una lágrima deslizarse suavemente por mi mejilla.
— Te creo — sonrió y se apegó mas a mi —, tu nunca nos mientes, eres la mejor hermana del mundo. — mi corazón se estrujó y utilicé todo mi autocontrol para no echarme a llorar, mas aun cuando Amelie depositó un apretado y baboso beso en mi mejilla. Yo les mentía, pero sólo lo hacía para que fueran felices, para que no fueran como yo.
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Nanai :') Bella mostrará su lado más humana.
Espero que estén bien, gracias por su apoyo. Un abrazo.
Isabel.
