La trama es mía, Crepúsculo de S Meyer.
Resumen:
Isabella se presenta como "Marie Savarese" en una de las tantas cenas que tiene el mafioso Charlie Swan. Ella va porque es acompañante de James, su novio, quién tampoco conoce su verdadera identidad y la maltrata. Ella por alguna razón busca venganza en Charlie, pero en la cena se encuentra con Edward quién descubre que ella esconde algo y la increpa en el baño, se dan un beso y Marie le dice que le puede contar lo que sucedió a James. Edward se va en su coche con Tanya, quién es una mujer a la que odia ya que lo sigue a todas partes.
Al otro día, Bella se encuentra caminando con desgana hacia su trabajo en la librería de Alice quién es su "amiga" y sabe todo de su pasado, en el camino alguien desde un auto negro la intenta matar y Edward aparece y la protege. Ambos quedan escondidos dentro de un callejón y ahí se besan. Bella finge que no conoce a Edward y le dice que el quizás conoce a su hermana gemela Marie y él le cree. Como Edward sufrió una pequeña herida, ella lo lleva a su departamento para curarlo y ahí comienzan una relación aun cuando Bella como Marie sigue estando con James y Edward piensa en el beso de Marie.
Bella llama hacia Forks donde se encuentran Amelie y Allan, los que después se sabe que son sus hermanos pequeños y que están en un orfanato, y por alguna razón Bella tiene prohibido ver. Bella se siente bien con Edward y siente que su vida está tomando más sentido ya que el la ayuda a no recordad su pasado, pero mientras iba a un almuerzo a la casa de Charlie Swan, disfrazada como Marie, se topa con él y se acuestan, quedando dolida ya que después Edward le manda un mensaje a Bella diciéndole que la quiere y que ha pensado toda la mañana en ella, sin saber que estuvo con las dos mujeres al mismo tiempo, y que es sólo una. Bella va a Forks a ver a sus hermanos y se da cuenta de la deplorable situación en la que están y les promete que los va a ayudar a salir de ahí.
Una noche Bella tiene una pesadilla en la que dice que no quiere matar a alguien, Edward le pregunta al otro día a qué se refería con eso y ella no quiere decirle y le recrimina que la engañó con Marie. Edward le grita de vuelta que el ya sabe que ambas son la misma persona y que por eso el se acostó con ella cuando estaba como Marie. Se sabe que Bella toma el nombre de Marie, de Marie Bailey, una chica que fue su amiga y que tenía problemas como ella cuando jóvenes, ambas se drogaban y se protegían.
Edward encuentra a "Marie" justo cuando se va a juntar con James y le ordena que lo deje, se besan y Edward se da cuenta de que James golpeó a Marie. James los encuentra y trata a Marie de puta, y Edward se va con James a "arreglar" ese asunto en el estacionamiento del edificio donde lo mata y el sale herido. Después de que Edward está en el hospital, se van con Bella a Oregon ya que están huyendo de Charlie Swan quién no perdona a Edward que haya traicionado a su familia matando a James. En Oregon Edward le cuenta la verdad a Bella ya que supone que no la sabe, sobre que él es miembro de la mafia de Charlie, Bella lo acepta y se van a Francia donde viven los padres de él. Ahí recibe una llamada de sus hermanos diciendo que están mal y Edward arregla las cosas para traerlos desde Forks. Edward y Bella cada día tienen una relación más buena, y una noche Bella decide contarle toda la verdad de su pasado, que su madre fue asesinada delante de sus ojos y ella fue inculpada. Esa noche la hermana de Bella se enferma y cuando van al hospital Bella nota que un hombre los sigue, ella dice que va al baño y realmente sigue a ese hombre hasta que lo mata. Finge encontrar la navaja con la que lo mató y se la entrega a Edward, en ese instante llega John quién fue un antiguo amigo de Bella con el que se drogaba y ahora es el hombre que ayuda a Edward con las identificaciones falsas.
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"¡Oh, ama, ama mientras puedas!
¡Oh, ama, ama mientras te guste amar!
Llegará la hora, llegará la hora
en la que sobre las tumbas te lamentarás."
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Uhland y Freiligrath
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10. Amando
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No hay que ser muy inteligente para darse cuenta de que estás perdiendo a alguien o algo. Incluso James, en su momento y antes de que yo lo matara, supo que estaba perdiendo a Marie, a la que creía que era Marie. Eso demuestra que hasta el más idiota o hasta el ser humano más frío de corazón se da cuenta de cuando estás viviendo los minutos finales con esa persona. Pero aún así esa no es la cuestión del asunto: el verdadero tema era saber como yo podría revertir eso.
¿Nos tendremos que ir de Francia?
La pregunta que yo no quise responder seguía en el aire y en sus ojos, porque eso lo veía cuando daba miradas alternas a su rostro mientras conducía. Aún así fingía que estaba concentrado en el estado de sus hermanos en la parte trasera o en la carretera, pero también era tan inteligente como para saber que Isabella no dejaba nada pasar.
¿Nos tendremos que ir de Francia?
La pregunta seguía rondando y quizás el plural que usó debía dejarme un poco más calmado, pero tampoco sabía si ese "nos" me incluía a mí o sólo abarcaba hasta sus hermanos. Pensándolo fríamente, y sin mi corazón, yo entendería si ella elije el bienestar de sus hermanos porque yo haría lo mismo si tuviera el suficiente poder sobre ella para protegerla.
Miré el pequeño rostro de su hermana pequeña, quien suavemente se enroscó junto al hombro de Allan y sonreí con ternura. No podía decir que los amaba, pero si los quería y comenzaba a adorarlos más cada día ya que ellos me mostraban una infancia feliz como la que yo tuve y la promesa de una adolescencia normal como la que Bella no tuvo.
— ¿Seguirás sin hablar, o tendré que suponer lo que piensas?— preguntó con una falsa dulzura cuando estábamos por llegar a casa. No le respondí, lo que la enfadó, pero le di una mirada que le indicaba que era mejor hablar las cosas a solas.
Fui hasta la cama a esperarla mientras ella les deseaba dulces sueños a sus hermanos. Fingí estar dormido cuando entró, pero obviamente no funcionó.
— Ahora sí— suspiró y me miró con ojos entrecerrados— ¿qué haremos?
— ¿Qué harás tú, Bella? Estás con tus hermanos, y entiendo que pienses que lo mejor es protegerlos a ellos…
— ¿Me estás insinuando que te deje? — susurró indignada. Sonreí internamente, vanagloriándome por el hecho de que, al parecer, la idea de marcharse lejos de mi le parecía mal.
— Yo lo haría— murmuré con tranquilidad—. Si fuera tú, me iría lejos de todo esto, lejos de mí.
— ¿Qué haremos, Edward?, ¿qué tienes en mente? — acaricié su mejilla y negué con mi cabeza al ver lo testaruda que era.
— Si ese hombre dejó caer su navaja es porque algo le pasó—dije—. Tengo la esperanza de que lo arrestaron, otra persona lo mató o simplemente arrancó, pero puedo apostar a que el no llegó a informarle a Charlie nuestro paradero. La navaja estaba fría, no tenía calor corporal en ella y estaba ligeramente húmeda, por lo que nuevamente puedo deducir que otra persona se deshizo de él. — Bella abrió sus ojos como platos y frunció el ceño.
— ¿Y como explicarías que estaba tirada en un pasillo del hospital?
— ¿Lo encontraste en el pasillo que daba con el baño? —asintió de forma ligera y extrañamente nerviosa—. Eso explicaría la humedad e indicaría que alguien la lavó para quitar la sangre— suspiré—. Esto es bueno hasta cierto punto, porque significa que Charlie Swan no sabrá en donde estamos, pero no tenemos la certeza de quién mató a ese hombre y porqué.
— No jodas, Sherlock— solté una risa— ¿Cómo es posible que alguien pueda deducir eso? Pudo haber estado húmeda por miles de razones y tirada en el piso por otras miles.
— Isabella, cuando estás en este negocio es más fácil encontrar a un asesino, o la prueba de un asesinato que el amor.
Bella hizo una mueca extraña con su rostro que luego la cambió por una incredulidad. Yo sabía que mi teoría era muy rebuscada, pero ella no sabía la alta probabilidad de que alguien estuviera siguiendo al hombre de Charlie, porque en estos negocios funcionaba algo así como un mecanismo de "cazador y presa", en el cual tú no sabías si eras al mismo tiempo la presa y el cazador.
— Tampoco tenemos la certeza de que realmente lo mataron— murmuró ella—. Pudo haber sido una trampa— suspiró y se acercó más a mi pecho—, ¿qué haremos? — volvió a preguntar. Rodeé mis ojos al ver que seguía sin creerme.
— Podemos estar unos días más aquí— me encogí de hombros—. Estuve pensando… y Suecia parece un buen lugar por si queremos escapar; está lo suficientemente cerca de Francia y lo suficientemente lejos de Charlie. Además no hay casi ninguna conexión allá.
— Estaremos bien— dijo con un suspiro—. Si estamos juntos… — la tomé de los hombros y la separé ligeramente.
— Bueno, pero ¿sabes que según mis instintos y mi teoría esta no es una situación de vida o muerte? Yo esperaba que corrieras asustada y gritando con tus hermanos, pero no es así y tampoco es tan necesario que sea así, ¿esto es peligroso para ti? Sí, pero hay muchas cosas más afuera de las que tengo que protegerte, ¿esto es peligroso para mí? Demasiado, pero Charlie quería dar una amenaza y la dio, no quería matarme porque ser apuñalado es una muerte demasiado "linda" para él. Pero dejemos algo claro, Isabella— ella frunció el ceño y me lanzó dardos con los ojos—, si alguna vez tú o tus hermanos están en verdadero y grave peligro, haré lo que sea y te protegeré. No me importa si es contra tu voluntad o si te tengo que encadenar en un lugar que no esté en el mapa, lo haré y no permitiré que te acerques a mí.
— ¿Y qué?, ¿me dejarás para siempre?
— No, volveré a ti cuando todo esté mejor, a ti y a tus hermanos, pero sólo si aún me quieres.
Me miró por largos segundos en los que esperaba un estallido de furia por el hecho de siquiera pensar tenerla sin libertad, pero ni saltaron chispas ni llegaron golpes. Extrañamente por mis palabras duras y carentes del sentimiento que guardaba me gané un abrazo, un beso en mi pecho y un suspiro.
— Siempre te querré, Edward. No hay dudas de eso.
Bien, eso estaba bien. No era increíble, porque eran palabras y las palabras se podían ir de un momento a otro. Esto me daba una péquela garantía que ella estaría junto a mi hasta que pudiera. Y aún así el sentimiento de pérdida seguía conmigo.
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Horas después me desperté con una suave melodía que venía desde el salón. El lado derecho de mi cama estaba frío y vacío, si Bella que a las cinco de la mañana andaba rondando por la casa, y posiblemente produciendo de alguna manera esa suave música.
Al bajar lo primero que me encontré fue a mi mujer con la mirada perdida y presionando ausentemente las teclas del piano.
— Despierta a las cinco de la mañana— murmuré con voz ronca—. Algo muy importante debe rondar por tu cabeza.
— No podía dormir— dijo encogiéndose de hombros—, pensaba en…— aún en la oscuridad pude ver la pequeña arruga de frustración que se había formado entre sus cejas. Me senté junto a ella en el banquillo, acaricié su frente y tomé una de sus manos.
— ¿Pensabas en lo que te dije?, ¿en que deberías escapar? — incliné mi rostro más hacia ella, como si eso pudiera expresar mi ansiedad contenida y las ganas de que ella negara mis preguntas.
Necesitaba que negara todo, porque yo era un idiota y porque hace horas atrás había sido demasiado duro y le había dado demasiadas posibilidades para que huyera.
Me miró fijamente y pareció encontrar la fuerza para hablar: — Pensaba en que no debo querer esta vida, Edward — murmuró—. Quisiera que mis hermanos tuvieran estabilidad y seguridad, que yo no tenga que estar arrancando de un lado a otro, que yo no tenga que llegar a tal punto de… ¡agh! — se tapó su rostro con sus dos manos—. Quisiera que tú tampoco tengas que protegernos a nosotros.
Sentí mi corazón latir fuerte y apretarse contra mi pecho… ¿Nos tendremos que ir de Francia? Sí, Isabella, al parecer sólo tú y tus hermanos.
— Para mí no es ningún sacrificio protegerte, mon solei. Ni a ti, ni a Amelie ni a Allan—traté de sonreír levemente para tranquilizarla, pero tuve que rodearla con mis brazos y acariciar su espalda para conciliar sus pequeños sollozos—, ¿sientes como late mi corazón, Bella? Es porque te quiero y no te dejaré— la separé un poco y la obligué a que me mirara—. Mentí antes y es porque debía hacerlo, ¿qué clase de hombre sería si no te diera las posibilidades de huir?, pero realmente yo soy egoísta, y nunca permitiré que me dejes. Todo estará bien… dame unos meses y volverás a ser libre, y con un poco de suerte yo también lo seré— cuando volvió a posar su cabeza en mi pecho, pegué mi boca a su oído—. Pero… si quieres alejarte de esto o huir, puedes hacerlo, pero no termines con lo que tenemos. Yo te puedo llevar a donde tú quieras y estarás protegida con tus hermanos, pero sólo no termines esto, por favor.
¡Y ahí estaba! El depender completamente de una mujer a tal punto de rogar, de matar y de humillarse si es necesario. Mi corazón podría haber sido entregado con una bala cruzada como prueba de que mi cariño sería para ella, y que la protegería para siempre.
Podía ver en mi mente la sonrisa de burla de Swan, pero eso no podía importarme menos en estos momentos, y matar al hijo de puta de James había sido prueba de ello.
— ¡Deja de pensar que me iré! — Su voz estaba contenida en lo que hubiese sido un grito si no fueran las cinco de la mañana y no pudiese despertar a sus hermanos—. No lo haré, Edward. No quiero estar en ningún lugar más porque no puedo alejarme de ti. Me dijiste que no tomarías mi palabra en cuenta si estábamos en peligro, pero también dijiste que estarías siempre junto a mí, ¿no es eso contradictorio? Yo también te quiero y soy egoísta porque sé que esto está mal, pero aún así lo quiero y es lo que decido yo, y si alguna vez no tomas mi palabra en cuenta, te juro Edward Masen que no tendrás que molestarte en regresar a mi.
Asentí con los labios apretados incapaz de contradecirla.
Yo había jugado con fuego y tentado a mi suerte desde el primer día que comencé a involucrarme más con ella, y definitivamente perdí mi cordura cuando comencé a quererla.
Se relajó en mis brazos cuando entendió que ella había ganado y comenzó a jugar con mis manos ausentemente. Luego tomó uno de mis dedos y lo llevó a una de las teclas del piano, presionándolo para que saliera un suave sonido.
— No sé tocar el piano. Nunca pude aprender. — admití avergonzado.
— ¿Quieres que te enseñe? — se volteó y me miró con sus ojos enrojecidos pero con una sonrisa en sus labios.
Asentí y dejé que me guiara para sentarme en el medio del banquillo mientras ella se colocaba sobre una de mis piernas. Tomó mis manos y las guió a las teclas donde presionó sin seguir ninguna melodía.
— Tienes que prestar atención. Ahora tocaré Sueño de amor o Liebestraum número tres de Franz Liszt. Es en La bemol mayor.
Sacó mis manos de las teclas y las dejó sobre su regazo para ella comenzar a tocar una dulce melodía que yo no conocía. Tocó durante unos minutos mientras yo daba suaves caricias a su espalda y su cintura.
Me dejé envolver por las suaves notas y descansé mi cabeza contra su cuello. En el fondo de mi pensaba en aquella vez en que me di cuenta que realmente la quería, cuando estábamos en Oregon, y que en esa misma ocasión ella se había visto más hermosa que nunca ante mis ojos, pero ahora estaba consciente de cuan equivocado había estado porque Bella no se podía ver más hermosa ahora mismo, y se opacaba a sí misma en los momentos anteriores…y que yo la amaba.
El impacto de mis sentimientos me llegó de repente y en medio de ese dulce sonido que producían sus dedos tocando las teclas del piano. Ya no me interesaba las pequeñas instrucciones que sentía que ella me daba, ahora me importaba el cómo ella se sentía contra mi pecho, su piel suave rozando mis brazos, sus pequeños dedos de los pies tocando distraídamente los míos y su cabello aromático en contra de mi rostro.
¿Me había percatado de cuánto amaba las tiernas pecas que adornaban sus hombros y sus mejillas?
¿Sabía ella que yo adoraba el pequeño lunar sin forma alguna que descansaba al principio de sus pechos?
Y la lista seguía de cosas que yo amaba de ella, y que traducido –de manera muy lógica- se deducía a que yo la amaba. Me había dado cuenta ahora, cuando hace unos días era igual de evidente. Idiota.
— ¿Viste mis manos? Así es como debes hacerlo—salté ligeramente al escuchar su voz sorprendiéndome—. Ahora hazlo tu.
— Eh… no me fijé— negó con su cabeza y se volvió hacia mí, quedando a horcajadas con sus piernas colgando de la parte posterior del banquillo. Me miró con una sonrisa, sus ojos brillantes y su rostro ladeado ligeramente como si quisiera saber lo que pasaba más allá de mi mente.
— Parece que soy una mala profesora— sus palabras salieron ahogadas, como si tuviera la garganta cerrada por las emociones igual que yo. Su sonrisa brillaba en la oscuridad y su cabello ligeramente enmarañado acentuaba su belleza, ¿cómo podía ser tan hermosa?
— Parfait, mon amour. — la verdad de mis palabras me golpeó tan fuerte que tuve que atraerla más hacia mí para sentir que ese momento en realidad estaba sucediendo.
— ¿Qué significa eso?
— Perfecta, mi amor. — se estremeció y escondió su rostro en mi cuello avergonzada.
— ¿Me dirás qué te tenía tan distraído?
— Tú— murmuré sincero.
Sus pequeñas manos tomaron mi rostro y tuve la visión de ella con sus ojos cerrados y su boca roja ligeramente abierta. Me atrajo más hacia ella y me besó aplastando su lengua y mordiendo suavemente mis labios. El roce que comenzó suave se volvió más ávido mientras su boca se volvía más demandante y necesitada, y su lengua no daba tregua a la mía en el interior de mi boca.
Mis manos ávidas tomaron sus muslos e hicieron que – casi imposiblemente- ella se recargara más contra mi regazo. Quería que sintiera que la necesitaba, que bastaba un pequeño roce por parte de ella, un pequeño beso y yo ya estaba dispuesto a amarla por la eternidad, a sucumbir mi deseo ante ella.
Sentí su pequeña mano revolotear hacia el sur y llegar hasta la cinturilla de mis pantalones de pijama donde rozó sus dedos contra mi longitud. Solté un siseo y provoqué una minúscula risita de ella.
En venganza, quité rápidamente el camisón que tenía puesto deleitándome con confirmar que después de eso no había nada que cubriera su blanca piel.
Besé directamente su cuello suave y fui bajando más y más, sabiendo que esta se coronaba ahora como una gran noche.
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Pasaron unos días más hasta que tuvimos que poner fin a nuestra estadía en Francia. Esto era lo que quería y lo que conseguí gracias a mi insistencia. Me puse detrás de una linda cara inocente y fingí mucha más preocupación de la que realmente sentía por mis hermanos, y obligué a Edward a apresurar nuestro viaje a Suecia.
Necesitaba salir de Francia antes de que la conciencia me carcomiera más y me alejara de Edward, porque no creo que el reaccionaría bien si le contara que fui yo la que maté a uno de los hombres de Charlie, además eso decía mucho de la verdadera Bella y no de la frágil que era cuando estaba cerca de Edward, aún así me gustaba sentirme protegida por él.
— Te quedas aquí con los niños—me ordenó cuando se detuvo en un lugar desierto en donde se encontraba su vuelo privado—. Después vendrán a dejarte las identificaciones.
Asentí con los dientes apretados y miré por el espejo retrovisor a mis hermanos que jugaban con uno de los celulares de Edward.
— Sin romper nada, ¿ok? — ellos me dieron una sonrisa y siguieron con su juego.
— Si hablas así pareces una madre, ¿no es lindo? — me volteé lentamente ante esa voz irritante.
— Disculpe señor, pero Edward está por allá— dije apuntando hacia un lado—. Le agradecería que se fuera ahora mismo.
— ¿O sino qué?, ¿me acusarás a Edward? — Dijo con burla—. Sé que él no tiene ni idea de quién soy yo en tu vida.
— Mira, grandísimo hijo de puta— susurré para que mis hermanos no escucharan y me bajé del auto—, dime lo que me tengas que decir y luego lárgate, ¿quieres dinero? De mi no recibirás nada.
— No quiero dinero— quería borrarle de un golpe esa sonrisa que nunca desaparecía de su rostro—. Edward me mandó a entregarte esto— me pasó un sobre con nuestras identificaciones—, y yo, como soy bueno, vine a regalarte esto.
Salió un grito ahogado de mi boca cuando vi que se trataba de un paquete de marihuana y uno de pastillas de éxtasis.
— Veo que siguen causando el mismo efecto en ti— siguió sonriendo satisfecho.
— Las botaré en el primer contenedor que encuentre, yo ya no uso estas estupideces.
— ¿Sabes? Yo te conozco demasiado y sé que te mueres por probarlas al igual que cuando eras una pequeña chiquilla delgada que me traía loco, que aún me trae loco— me miró fijamente—. Ahora eres una mujer hermosa y te mereces mucho más que a un tipo como Edward. El te llevará a la mierda si no huyes. Yo conozco todo lo que quieres y todo lo que eres capaz de hacer por esto— apuntó a las pastillas—, me daba cuenta perfectamente cuando me las robabas y yo te dejaba porque así te mantenías contenta.
— ¿Dices que me quieres? — Solté una carcajada—. No seas idiota, si me quisieras no me darías esto. Ya nadie puede engañarme, John.
— Esto nunca se deja, Bella— murmuró—. Puedes pasar días, meses e incluso años sin probarla, pero tarde o temprano caerás, y apostaría que ahora te declaras limpia cuando no llevas ni tres meses sin consumir. Te conozco y Edward no conoce todo lo que hiciste cuando joven, no conoce a la verdadera Bella y cree real sólo a esta triste fachada de mujer buena y débil.
Lo miré fijamente sabiendo que eran ciertas sus palabras. No en el sentido de que él me quería y me conocía más que nadie; este tipo estaba drogado y sus palabras no debían ser más que una estupidez, sino en el sentido de que Edward no me conocía realmente y si me quería quizás no era a mi yo verdadero. En cambio yo estaba queriendo cada día más al Edward real.
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Pasaron los meses y diciembre llegó demasiado rápido. Toda mi vida se había vuelto aún más un desorden ya que con Edward no conseguíamos estabilizarnos. Habíamos pasado todos los últimos meses en la Isla Gotland de Suecia, y en algunas ocasiones nuestros días allí estaban lejos de ser románticos y tranquilos.
— Bella— me llamó suavemente Amelie mientras masticaba una galleta—, el otro día Nate me mostró un libro con miles de dibujos— reí al ver que alzaba las manos para mostrarme esos "miles" —, pero habían letras y como yo no sé leer muy bien no entendí nada, ¿cuándo iremos de nuevo a la escuela?
Maldije a ese niño pecoso y pelirrojo que había conocido en la isla. Ese era un problema que me había estado persiguiendo desde hace meses, y es que mis hermanos aún no conseguían tener una vida sin cambios o por lo menos una vida con cambios pero que se mantuviera normal. Edward con todo el poder que tenía no había logrado obtener los papeles para que mis hermanos siguieran en la escuela, y eso estaba colmando mi paciencia.
— Tranquila, yo arreglaré todo ¿si? — me miró fijamente y asintió.
Caminé haciendo sonar mis tacos para indicarle que venía a su oficina para pelear, lo que estaba siendo frecuente últimamente.
— ¿Qué pasa ahora? —gimió tomándose el pelo. Se hizo hacia atrás en su silla dejándome un espacio para que me sentara entre sus piernas, ya que era mejor pelear ahí y conseguía más cosas.
— Am me volvió a preguntar cuando volvían a la escuela— murmuré cansada—, ¿qué se supone que debo decirle?
— Que hay que esperar un poco, estoy segura que ella entiende— tomó uno de mis risos y comenzó a pasarlo por su dedo.
— ¡Es una niña, Edward! No entiende nada de lo que digo porque no puedo explicarle bien las cosas.
— Insisto, hay que esperar— sus ojos verdes se veían cansados.
— ¿Esperar? Joder, esperaremos hasta que Charlie Swan muera de manera natural porque nadie se atreve a hacerle nada, y para eso faltan como mil años porque el viejo de mierda se mantiene totalmente bien…—me tapó la boca y frunció el ceño.
— No maldigas tanto, no te ves linda cuando lo haces y recuerda que están tus hermanos.
— Sugiere algo entonces, porque esperar no es la solución— me crucé de brazos y dejé que enterrara su rostro en mi cabello.
— Vas a ser mi muerte, Isabella, un día de estos te juro…— suspiró y siguió hablando—. Lo único que te puedo ofrecer es volver unos días a París para pasar la navidad. — una sonrisa se formó en mi cara y dejé suaves besos en su cuello.
— Sabía que lo lograrías, aunque eso no soluciona el tema de mis hermanos pero estamos cerca—se levantó conmigo en sus brazos y me miró con sus ojos oscurecidos— ¿qué pasa?
— Pasa que ya tuve suficiente de ti por hoy. Al parecer a alguien se le olvida que en esta casa mando yo— me reí burlesca y eso sólo sirvió para que me apretara más en sus brazos y corriera conmigo a nuestra habitación.
Luego me encontré gritando y corroborando extasiada que él era quien mandaba en esta casa y en todas partes.
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Mi madre siempre me decía que debías ser valiente a la hora de amar a alguien, que no importaba si esa persona no te amaba porque sentir ese sentimiento era lo más grande del mundo, y uno ya de eso debía sentirse agradecido. A los quince años y cuando yo aún ni tenía mi primer novio, ella ya me hablaba del amor y de lo importante que era dar los primeros pasos en ese camino con la persona que realmente se amaba, o con la que realmente te amaba. Yo ahora más que nunca me sentía mal por decepcionarla, porque era consciente de que Samuel en su momento me quiso, pero no tanto como para amarme y yo tampoco nunca lo amé, y él se llevó mi primera vez. Lamentablemente mis primeros besos los desperdicié en idiotas como John.
También mamá a veces se contradecía y me decía que importaba quién era el primero, pero importaba mucho más quién era el último.
— ¿En qué piensas? —Edward apretó mi mano y me llevó caminando por el centro de París hacia el hotel en que nos estábamos quedando. Mis hermanos estaban con su madre quién literalmente los había raptado para darles chocolate caliente y tenerlos de ayudante para armar su árbol de navidad.
— En ti—me sonrojé furiosamente y el enarcó una ceja.
Era la verdad. Cuando en mi mente pensaba en las palabras de mi madre, no podía imaginarme otra cosa que Edward siendo la última persona con la que compartiría mi vida, porque yo hasta hace poco había descubierto que lo quería mucho, en proporciones gigantescas y eso únicamente se podía llamar amor. Le diría esta noche, cuando le entregara su regalo, y eso sólo aumentaba mis nervios, ¿qué pasaba si él no me amaba y creía que todo esto había llegado muy lejos? Habían varias razones para no amarme y una de esas era lo perra que había sido durante nuestra estadía en Suecia.
— ¿Qué quieres hacer ahora? Estaba pensando en cenar en el restaurant de abajo…— no alcanzó a seguir porque en cuanto llegamos a la habitación me abalancé sobre él para darle un beso.
— Podríamos… simplemente estar juntos— murmuré—. Quiero entregarte tu regalo ya, no aguantaré hasta mañana. — hice un puchero y él frunció el ceño.
— ¿Te pasa algo? — Preguntó pasando sus manos por mi cintura y mis costados—. No es que me queje, pero estás más… ¿dulce?
Claro que lo estaba, y es que el amor me tenía tonta. Seguí besándolo y acariciando su cuello hasta que él no lo aguantó más y me llevó hasta la cama.
Con cuidado me quitó la ropa abrigada que tenía y se deshizo de la suya. Me miró con dulzura y trazó caminos por todo mi cuerpo. Siempre había una forma en la que Edward era apasionado y dulce a la vez, nadie podría creer que él era la misma persona que había matado a otras.
Me abracé a su cuerpo y enrollé mis piernas en sus caderas siseando cuando sentí su longitud rozándome. No pasó mucho para que entre besos desesperados ninguno aguantara más y él estuviera dentro de mí, empujando y llenándome por completo.
— Te amo, Edward— susurré en su oído cuando sentí que iba a terminar. El se paralizó y su piel se erizó mientras me besaba más fuerte.
Ambos quedamos con las respiraciones aceleradas y la mirada fija en el otro.
— ¿Es eso cierto? — murmuró dando pequeños besos en mi cuello.
— Sí, te amo.
— Yo igual, Bella. Te amo desde hace tiempo— sentí mis ojos humedecerse y lo abracé.
Pasaron unos minutos en los que ambos descansamos, luego estiré mi mano hasta la mesita de noche y tomé la pequeña caja que tenía para él. La abrió con ojos brillantes y quedó sorprendido al encontrarse con un reloj de platino Tourbillón.
— Es mucho, no tenías porqué regalarme algo así cariño—dejó un beso en mis labios y se paró a buscar algo en el guardarropa. Volvió, aún desnudo, con una pequeña caja de cartón y otra azul de terciopelo—. Abre esta primero.
Me senté para abrir la caja azul de terciopelo y me encontré con una delgada cadena con un corazón brillante en el centro.
— Es un diamante ruso— me dijo nervioso. Le sonreí tranquilizándolo y abrí la otra caja en la que había una esfera de cristal con la torre Eiffel dentro, la cual estaba rodeada por la nieve que caía cuando se movía la esfera. Era hermosa.
— Es hermosa— dije haciendo eco a mis pensamientos.
— Y tiene música— fruncí el ceño cuando tomó la cadena de mis manos e insertó el corazón en la parte inferior de la esfera. Automáticamente comenzó a salir una melodía que reconocí como Liebestraum número tres de Franz Liszt, la misma que había tocado para él hace muchas noches atrás, cuando aún no nos íbamos de Francia—. Nadie tiene una igual, es única como tú.
Lo atraje hacia mí y lo besé profundamente mientras sentía como sus dedos rozaban mi cuello y me ponían la cadena.
— ¿Por qué esa melodía? — pregunté cuando descansaba mi cabeza sobre su hombro y la esfera de cristal sobre su pecho.
— Ahora que me dices que me amas y que yo te lo digo a ti todo cobra más sentido— eso no respondía a mi pregunta—. Me di cuenta que te amaba ese día en que estabas en el piano.
Lo abracé más y suspiré fuertemente sintiéndome contenta de amarlo y de que él me correspondía, pero aún así por mi mente pasaba la pregunta de que si esto nos ayudaba de alguna forma en la posición en la que estábamos.
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Bullshit. No sé que cara tengo para aparecerme por acá después de tanto tiempo. Lo único que puedo decir es que después de mucho tiempo hoy me siento bien ya que hice lo que más me gusta que es escribir, y aquí está el resultado.
Espero que les haya gustado el capítulo, y añadí ese extralargo resumen porque me pasa que cuando un fic no actualiza después de un tiempo pierdo el hilo y simplemente no leo más :c así que espero que pueda salvar a algunas lectoras con ese resumen .
Espero que todas estén bien, las recuerdo harto y fueron como el impulso para no abandonar mis historias. No es que lo quería hacer, pero a veces pensaba y obviamente llega un punto en que se te pasa por la mente. Que quede claro que no lo haré.
No prometo nada con respecto al próximo capítulo, pero por lo menos llevo harto hecho, así que aquí está un adelanto:
...—Cuidado como me hablas, pequeña perra — la tomé de su mentón y me confundí al ver su mirada de suficiencia. Ella puso sus manos sobre mis hombros unos segundos y luego me separó fuertemente.
— ¿Sabes? Lo hiciste demasiado fácil— se paró y comenzó a rebuscar en su bolso—. Ahora si quieres algún día divertirte, llámame aquí.
Puso una tarjeta en mis manos y antes que pudiera hablar ya se había marchado.
- Marie Bailey V. –
Atónito y sin entender, pagué la cuenta y salí corriendo por la calle para buscar a esta mujer, la cual encontré por el sonido rápido y frenético de sus tacones al pisar la calle...
Un beso a todas, y gracias por esperarme. :)
Isa.
PS: Si hay errores después los corregiré D: recién recién lo terminé.
