HOTTER THAN A FEVER
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son de la grandiosa Stephenie Meyer. Algunos –y se que notarás cuales, son de mi autoría. La historia me pertenece en su totalidad.
Pasivas confusiones
«Jueves 27 de agosto»
Bella POV.
No, no, no.
Mierda no.
No, Bella. Se fuerte. Recuerda a Paxton. No…
—¿A qué hora has dicho, James? —mis palabras salieron sin siquiera ser meditadas.
—2 a.m., Bells. Se puntual —murmuró la voz siempre ronca de James—. Nos vemos.
—Claro, ahí estaré. Chao.
Y ya estaba, otra carrera más en puerta.
No sabía como había ocurrido. Tal vez tendría que agradecer o culpar a Tanya, estaba segura que ella le había dicho a James que necesitaba dinero. Ayer, cuando fuimos al departamento de Rosalie, hice un comentario acerca de mi escasa economía. No podía culpar a Tanya, pensé. Ella solo quería hacer una buena acción.
Me preparé para ir al Black y procuré llevar puesta ropa que me sirviese para correr. No tendría que preocuparme por los tacones o los vestidos. Unos jeans oscuros y una playera de gris de manga larga, fue todo lo que necesité. Calcé unos Vans negros y llevé mi chaqueta de cuero. El clima de agosto comenzaba a enfriar. Era algo extraño, dado que aún era verano, sin embargo siempre había sido muy friolenta, así que todo lo fresco de New York, no era muy de mi agrado. Realicé aquella rutina de todos los días: Abrir la puerta de la cocina, apagar y desconectar todo, dejar encendida la lamparita de pilas para King, servir agua y comida para King y despedirme de King.
Yo no moriría sola y con gatos. Moriría sola y con King.
Tomé mis llaves, mi móvil, algo de dinero y me despedí de mi bebé. Él no me hizo caso, pues las croquetas parecían ser más interesantes. Bajé las escaleras de dos en dos, mis manos estaban en los bolsillos laterales de mi chaqueta y al llegar a la planta baja, noté que el aire corría con ganas.
Probablemente llovería. De junio a octubre las lluvias y tormentas eran máximas. No me sorprendería que lloviese a cántaros en este instante.
Me encontré con Paxton dos calles abajo. Él esperaba en una esquina y sonreía de lado.
—¡Hey, linda! —Gritó como depravado. Me reí un poco y recorrí trotando el tramo que me faltaba para llegar a él.
—¡Hola! —Saludé, animosamente.
—Hola. Pensé en ir al Black un rato, el departamento es muy aburrido en estos días —se excusó, encogiéndose de hombros.
Comenzamos a caminar a la estación del metro.
—Sería buena idea, ya sabes… la última vez fue… extraño —mascullé.
Paxton asintió, dándome la razón.
—Lo sé, ese tipo no me agradó —frunció el ceño.
A mí tampoco me agradó, me dije.
Edward Cullen era un pesado de mierda. Incluso su apellido era soberbio. Cullen, ¡Já! Tenía toda la pinta de ser como era. Canalla y mujeriego. Y es que no bastaba solamente con ser un completo idiota, tenía que ser un libertino.
¿Libertino?
Lo que más me preocupaba, muy dentro de mí, era lo mucho que me importara lo que él fuese o no fuese. Si le era infiel a su novia, a mi no me tendría que interesar. Ambos estuvimos de acuerdo en acostarnos aquella noche y solo fue una vez. No es como si fuese la amante de Edward Cullen. No es como si yo tuviese la culpa. No es como si me importara realmente. ¿Por qué no simplemente lo dejaba pasar y ya? Podría decir que esto iba más allá de un orgullo pisoteado. Aunque claro, nunca lo aceptaría en voz alta. ¿Me gustaba? Para nada. No podría. Sin embargo, ¿Qué putas era?
Después de enterarme que Cullen era un hombre "tomado", Rosalie insistió en que pasara el rato libre con ellos, lo cual fue incómodo, no obstante, ni Rose ni Emmett se dieron cuenta de ello. O si lo hicieron, decidieron no romperse la cabeza y dejarlo pasar. Después de cinco minutos en la mesa, fui por Paxton —quien estaba con los chicos de la banda— y le rogué que me acompañase unos minutos. Él aceptó y yo suspiré aliviada, pues no estaría incómoda los veinte minutos restantes. Entre charlas incómodas, silencios liosos y comentarios irritantes, pasaron los minutos restantes. Pax y yo nos disculpamos y nos retiramos de ahí. Él volvió a su mesa y yo al escenario. ¿Por qué putas no me levanté antes? Por el simple hecho de que Edward Cullen no me impediría estar ahí.
Punto.
Si tuviese que enumerar mis defectos, el orgullo encabezaría la lista.
Tomamos el metro en la 138 y emprendimos el viaje de al menos media hora. Tomaríamos toda Lexington Avenue y bajaríamos en Grand Central, en la 42. Tendríamos que caminar alrededor de cinco calles más para llegar al Black. Era un recorrido tedioso y hasta cierto punto, aburrido si no tenías buena compañía. Más en este caso, Paxton estaba conmigo y el recorrido fue rápido y entretenido. Entré al bar y me encontré con demasiada gente dentro de él. El Black Light siempre estaba lleno, no importaba el día o la hora. Sin embargo, ahora había sido exagerado. Rosalie apenas me miró pues tanto Indie Light como Neon Heart estaban a reventar.
—¿Qué hay, chicos? —saludó Paxton.
Tyson, Jeremiah y Fred, saludaron con entusiasmo a Pax. Estaban sentados en dónde siempre, en una mesa al fondo, casi detrás del escenario.
—¡Hey, Paxton! —Tyson era el chico más ruidoso y bromista que hubiera conocido jamás. Era todo un personaje— ¡Chico! Pensé que habías desaparecido, ¡Woah! Da señales de humo…
—Sí, sí… fueron dos días, Ty —Tyson se encogió de hombros y dio otro trago a su bebida rosada.
—¿Qué putas estás bebiendo? —pregunté con el ceño fruncido.
—¡Un invento de Rosa! Creo que le ha puesto pesticida —susurró, dándole otro sorbo.
—Si Rose te escucha llamándola Rosa, otra vez, te colgará de las bolas —apuntó Jer.
Otra vez, Ty se encogió de hombros.
Rodeé la mesa, dispuesta a sentarme al lado de Fred. Le miré con desconcierto y puse una mano en su hombro para llamar su atención.
—Oye, ¿Qué va mal? —murmuré. Fred hizo una mueca y desvió su mirada a su cerveza.
Fred nunca había sido un chico tan despierto como lo era Tyson, o incluso no tanto como Jeremiah, aunque este último fuese un poco más reservado que Ty. Sin embargo, algo iba mal con él y lo sabía. Aquel brillo bromista en sus ojos, la sonrisa ladina y los gestos sarcásticos, no estaban.
Decidí no hacer presión.
—¿Qué les parece si nos vamos a preparar? —sugirió Jeremiah.
Asentí y Fred se levantó sin decir palabra, situándose detrás de la batería. Miré a Jer y a Ty en busca de explicaciones, Paxton también estaba desconcertado.
—Una chica —respondió Tyson, jugando con su plumilla.
Asentí con desconfianza.
Paxton me deseó suerte y pidió que le dedicara una canción —como hacía cada vez que iba al Black— y solo entonces, subí al escenario.
La noche pasó como cualquier otra noche de jueves. En el intervalo de ambas rondas, Rosalie se acercó y me apartó un poco.
—Tanya vendrá por nosotras a eso de la una y quince —anunció.
—¿Irás? —pregunté, frunciendo el ceño.
—¡Claro! —Contestó, como si fuese lo más obvio del mundo— No sería una buena amiga si no fuese contigo.
—Bien… —asentí.
—¡Incluso Emmett irá! —Chilló.
—¡¿Qué?! Rosalie… ¡No! —bramé. Ella dio un brinquito— ¿Cómo se te ocurre?
—¿Qué tiene de malo? —replicó.
—Que… ¿Cómo se te ocurre meterlo en ello? ¡Mierda, Rosalie!
—¡No tiene nada de malo!
—¿No entiendes la gravedad del asunto? —mascullé.
Ella me miró, destilando veneno. Entrecerró los ojos y muy indignada, me dejó ahí, con la palabra en la boca.
Puta madre, Rose.
Me acerqué refunfuñando a la mesa y Paxton me miró expectante.
—¿Qué ocurre? —inquirió, preocupado.
—Nada, yo… —y entonces, me cayó como balde de agua fría.
¿Cómo le decía a Paxton que había caído una vez más? Paxton era la persona que más quería alejarse de ese tipo de personas, de ese tipo de situaciones. Había vivido en carne propia lo que sufrías allí adentro y lo que sufrías para salir de ello. No era vida, simplemente no lo era.
Temblé un poco antes de responder.
—James me llamó antes de venir aquí —susurré, casi esperando que no me escuchara.
Pero lo hizo y solo tuvo que asentir una vez para comprenderlo.
—Oh… suerte, entonces —dijo en voz baja.
Con eso, el resto de la estadía en el Black, se había jodido.
… … …
… … …
… … …
Tanya adoraba conducir con el capote abajo y yo odiaba que mi cabello hiciera una fiesta por ello. Después de tomarlo, alisarlo, pasarlo tras mis orejas y tratarlo de amarrar, me rendí y dejé que volase al mando del viento.
—Así que… ¿Emmett irá? —preguntó Tanya con voz emocionada.
Rosalie asintió con ganas y yo solo rodé los ojos.
—¡Sí! —Gritó— Dijo que quería algo de diversión y pensé que aquella sería una buena idea… ya sabes…
Tan se encogió de hombros y Rose tecleó algo en su móvil.
Rodé los ojos. Ahora Rosalie se empeñaba en ignorarme y hacía par con Tanya, tratando de hacerme sentir mal. Muchas veces podían ser demasiado infantiles, y a mí no me quedaba más que, sentarme en el asiento trasero y suspirar por mi mala suerte.
Si me hubiese ido con Paxton y Jer, ahora mismo todo estaría perfecto.
Llegamos pronto a Brooklyn, el tráfico de la madrugada no era nada comparado con la hora pico, así que hicimos el viaje en casi la mitad del tiempo.
Cropsey Avenue estaba desierta a excepción de los autos sobre-remodelados que estaban aparcados al final de una calle, tapando el paso.
Eran la 1:46 a.m.
Me bajé del descapotable de Tanya y me acerqué a James y su equipo.
—¡Bella! —vociferó James, alzando ambos brazos.
Sonreí forzadamente cuando James pasó una mano por mis hombros, apretujándome un poco.
Los chicos que estaban a su alrededor se escabulleron, dejándome sola con él. Tanya no llegó a mi lado y Rosalie estaba en el plan ignoremos-a-Bella. No es como si James me incomodase, sin embargo era algo… afectivo.
Miré a mí alrededor y vi muchos rostros desconocidos.
—¿De qué va? —pregunté, yendo al grano.
—Bien, chica. Esto es importante —comenzó a explicar. Puso sus manos en mis hombros y me hizo mirarle—: El oficial Thompson no ha querido aceptar el dinero.
Hice una mueca.
—¿Así que estamos a la deriva? —pregunté.
James asintió.
—Tenemos que tener cuidado y hacerlo lo más rápido posible —reí por el doble sentido de las palabras—. Competirán entre cuatro y el monto es muy bueno, Bells. Haremos un 50/50 ¿Te parece?
Fruncí los labios.
—¿50/50? —inquirí.
—El auto es mío, Bella. El equipo también. Los contactos me buscan a mí… ¿Quieres que siga hablando? —dijo fanfarrón.
Negué con la cabeza.
—No, 50/50 está bien.
—Perfecto. Tomaremos la segunda ruta: Seguirás Cropsey Avenue hasta llegar a Dyker Beach. Después te integrarás por la 86 a la ruta 278, siguiendo Gowanus. Seguirás arriba y te desviarás en la cuarta avenida, tomarás Sunset Park por la 39 y te integrarás a McDonald Avenue. Te desvías por la veintiuno y el recorrido termina en la veinte con Bath.
Asentí, tratando de memorizar la ruta.
—Cropsey arriba, Dyker, 39, Sunset Park, Bath… creo que entiendo —suspiré mareada.
—Como sea, la ruta está en el auto y el dispositivo ya está conectado en todos los competidores.
—Comprendido —acepté.
—Síguelo al pie de la letra, Isabella —dijo James, serio—. Serán demasiados problemas para cualquiera que piense siquiera en acortar las distancias.
—No soy una puta fullera, James. No te equivoques —farfullé.
—No. Tú no te equivoques y aprovecha la oportunidad —masculló—. Hay mucho en juego y no lo perderé, no porque te quieras lucir.
Le miré, casi ofendida.
—Lo que sea.
—Ve con Maxwell, con él te prepararás —ordenó.
Dando pisotones me encaminé con Maxwell. ¿Qué putas le ocurría a James? Yo no era así y en serio necesitaba el dinero, no dejaría pasar una oportunidad por acabar más rápido sin resultados favorables.
Sabía que probablemente la mayoría de los competidores eran unos tramposos de mierda. Pagaban por tapar sus porquerías en la pantalla que capturaba a todos los competidores en la carrera, o simplemente se deshacían del dispositivo. Unos cientos de verdes hacían demasiado.
Pero yo no iba a perder.
No señor.
… … …
… … …
… … …
Edward POV.
—¿En dónde estamos? —pregunté, estrechando los ojos para ver más allá.
—Eres tu el que ha conducido, hermano —dijo Emmett.
Lo miré sin humor y él borró su sonrisa.
—Es retórico, Emmett. ¿Estás seguro de que estamos en el lugar correcto? —Hice una mueca— Eso… no quiero sonar como un mariquita ¿Sabes? pero, eso no se ve como…
—Edward, justo ahora suenas como un mariquita —masculló, abriendo la puerta—. Ahora sal y vayamos a encontrarnos con Rose.
Bufé y bajé del auto.
Toda esta semana había pasado como la mierda y hoy no había sido el día en que mejoraron las cosas. Para colmo de mis males, Ángela aún no estaba "feliz" y se había negado a asistir a la reunión de mis padres. Esme hizo algo así como un circo por "la pobre de Ángela", porque Alice simplemente no se podía mantener callada. A veces, simplemente a veces, odiaba esa amistad entre mi novia y mi hermana.
Por mi parte, la reunión fue un asco. Las miradas de Alice no eran para nada sutiles y Emmett simplemente se burlaba de ello. Es por eso que el juraba que jamás dejaría que Rosalie se volviese amiga de Alice.
Sí. Seguro, hermano.
Después de todo, una vez más, Emmett me arrastró como chaperón a su "encuentro" con Rosalie. Sus intenciones eran buenas, él solo quería relajarme un poco y hacerme olvidar de toda esa mierda. Sin embargo, sus resultados eran otra cosa…
Para colmo de mis males, Kate aún no me hablaba.
Nos acercamos a un extraño lugar. Unos chicos nos miraron raro y les mantuve la mirada, no sabiendo ni en que jodidos me metía. Mantuve el paso al de Emmett, él por otro lado parecía no prestar mucha atención a su entorno. Sus ojos estaban programados para buscar la melena rubia de Rosalie, no midiendo el peligro que mi sistema registraba.
—¡Rose! —gritó Emm, atrayendo la atención de varias personas.
Joda, Emmett.
—¡Emm! —gritó su voz chillona. Vi como se tiró a los brazos de mi hermano. Una típica escena de te-fuiste-a-la-guerra-y-te-extrañé. Me abstuve de rodar los ojos y gritarles que se habían visto hace unas horas.
—Hola, Rosalie —me hice notar.
Ella se despegó de mi hermano y me saludó con la mano.
—¿Qué hay, Edward? —sonreí forzadamente y ladeé la cabeza. Un gesto respondiendo a su pregunta.
Otra chica rubia apareció por detrás y según recordaba, ya la había visto antes.
—¡Hey, Tanya! —Gritó Rosalie— ¿Recuerdas a Emmett y Edward? —Dijo mirándola— Chicos, ella es Tanya, estuvo con nosotras en la fiesta —esta vez, nos miró a nosotros.
—Cierto, Tanya. Alice aún no para de hablar de ti, hola otra vez —saludé.
—¡Oh! ¿En serio? Sí, bueno. Mi culpa —bromeó.
Sonreí, otra vez con fuerza y desvié mi mirada.
—Y… ¿Qué hacemos aquí? —inquirí, bajando la voz.
Las intenciones de Rosalie de contestar se vieron interrumpidas por aquella voz que, alguna vez me excitó.
Ahora me sacaba de quicio.
—Sí, eso mismo me pregunté —giré sobre mis talones y me encontré con Bella, mirándome inquisitivamente.
Ella, toda vestida de negro y con su chaqueta con el cierre casi hasta arriba, se veía casi perfecta.
Perfecta sería si no hablase.
—Hola, Bella —saludó Emmett, incómodo ante la evidente reacción de la castaña. Ella asintió en su dirección, devolviendo el saludo.
—Bella… —siseó Rosalie, tratando de reprenderla, tal vez.
—¿Qué? —replicó ella.
Tanya abrió sus ojos descomunalmente, haciendo ese gesto que solo las chicas pueden hacer, dando a entender que cierres la boca.
Bella se encogió de hombros y no despegó la mirada de nosotros.
—¿Qué no tenías que ir con Maxwell, Bella? —preguntó Tanya.
—Ya he ido, todo está listo…
—Entonces, no querrás llegar tarde —le interrumpió Rosalie.
Bella miró a las rubias con un gesto indescifrable y se giró, para desaparecer en la multitud.
—Lo sentimos, es solo que… no ha tenido un buen día —se excusó Tanya.
—Oh… si. Al parecer, Edward tampoco —Emmett se burló.
Negué con la cabeza y miré a las chicas.
—Entonces, ¿Responderán mi pregunta?
—¡Oh, claro, claro! —atinó Tanya— Son carreras. Los chicos corren y ya sabes, el que gane se lleva el monto. ¿Alguna vez viste Rápido y Furioso? —ridiculizó.
¿Y que eso no era… ilegal? Ya me hacía una idea.
—¿Y Bella? ¿A dónde la has mandado? —preguntó Emmett.
Rosalie rodó los ojos.
—¡Oh! Bella, Bella es como nuestro Toretto —una vez más, Tanya habló.
Oooh, entonces… ¿Ella era una corredora?
Antes de que alguien pudiera articular una palabra, la gente comenzó a abrirse y en la calle, cuatro autos alineados se preparaban para competir. Uno blanco, uno gris, uno de un horrendo morado y otro más de más decente verde. Nuestro grupo de cuatro personas, quedó con una perfecta vista. Solo así, pude darme cuenta de cuanta gente había en aquel lugar. Unos-muchos detrás de los autos, otros tantos a los costados y uno que otro más allá. Eran demasiadas personas las que vitoreaban, maldecían y gritaban.
Divisé a Bella en el tercer puesto, concentrada y haciendo rugir el auto.
Era… era sexy.
—¿Qué no Brooklyn mantiene su circulación vial aún a estas horas? —preguntó Emmett.
Rosalie se encogió de hombros.
—¡Eso es lo que lo hace divertido, ¿No?!
Emmett la miró, pero no dijo nada.
Loca.
Por un momento, me concentré en los gestos de Bella. Aún a lo lejos, podía divisar como sobaba su cuello y fruncía el ceño. Ella estaba realmente concentrada, casi la podía ver como una fierecilla, dispuesta a todo con tal de ganar.
Una chica se posicionó en medio de los dos autos del centro. Tenía dos banderas rojas, una en cada mano. Esa escena era típica de películas: La chica con ropa demasiado, demasiado pequeña, dejaba caer sus brazos, agitando las banderas. Entonces los autos arrancaban y le alborotaban el cabello, haciendo que todos gritaran.
Por unos cuantos segundos, parecí un idiota, mirando como desaparecían los coches. Mi cara debió de haber sido como de esos empollones que ven tetas por primera vez.
—Y… —dije, despertando de mi letargo— ¿Eso fue todo? —pregunté.
Tanya, con toda esa confianza de la que aún no era poseedora… ni lo sería, apoyó su brazo en mi hombro y se pegó a mí como una larva.
—Oh, no, no, no —negó con la cabeza—. La recta final, es lo mejor. Después de aquella vuelta —señaló hacia atrás, miré en aquella dirección y a lo lejos vi una calle que doblaba para llegar a la avenida—, podremos ver… será bueno.
Sutilmente la despegué y me crucé de brazos, recargándome contra la pared. Casi rogué porque esto terminara y así, me pudiera largar con mi hermano antes de que la policía apareciese.
Noté que unos cuantos chicos se juntaban en el cofre de un auto estacionado con demasiadas luces neón en él. Entonces, un calvo sacó la cabeza de ahí e hizo una señal de victoria.
—¡Bella rebasó a Peter! —gritó.
Unos gritos se escucharon, haciendo más ligero el ambiente. Pasados los diez minutos, unas llantas se escucharon y todos miraron en la dirección que Tanya me había mostrado con anterioridad. Esta vez, se amontonaron del otro lado de la línea de meta. El auto de Bella y el Morado Horrendo competían cerradamente. En los metros que faltaban, la tensión y emoción eran más palpables. Por donde aparecieron los dos primeros autos, dio vuelta el auto negro y se unió a la carrera.
Ahora sabía de lo que hablaban: Se cerraban a sus contrincantes y aceleraban como era casi imposible. El auto negro se pegó a Bella por detrás y el auto de Bella se abrió, haciendo que el auto negro casi chocase con el morado, el cual estaba adelante. Ella aceleró y casi al llegar a la línea de meta, el Morado Horrendo le dio un fuerte golpe lateral, haciendo que por su velocidad se desestabilizara.
El Morado Horrendo cruzó la línea de meta, haciendo que una gran multitud alegre lo rodeara. El auto de Bella frenó en seco, justo delante de nosotros. Observé como golpeaba fuertemente el volante antes de bajarse y cerrar la puerta con un azote.
—¡¿Qué te ocurre, Laurent?! —gritó al chico de piel oscura que se regocijaba en las adulaciones de la multitud— ¡¿Qué fue ese golpe?! —bramó.
Las manos de Bella estaban empuñadas y su cabello estaba alborotado. Ella estaba furiosa.
—Bella, Bella, Bella… —Laurent negó con la cabeza y la miró con burla. Realmente no me gustó que la mirara como alguien… inferior— A veces se gana, a veces se pierde. Deberías saber cómo es la… mecánica de este negocio. Aparte —decía con voz relativamente tranquila—, ya sabes… si aún no has aprendido a correr, no sé porque lo haces…
Aquello, pareció un detonante. Todos callaron y ella se abalanzó contra el chico.
—¡Idiota! —unos brazos tomaron de la cintura a Bella, haciendo que le fuese imposible alcanzar a Laurent. Un chico rubio la retenía de la cintura, haciéndola casi patalear.
—¡Basta, Isabella! —bramó. Unas risillas se escucharon a lo lejos y él rubio miró a todos con furia— ¡¿Qué miran?! ¡Largo!
La gente volvió con Laurent y él rubiecillo arrastró a Bella a nuestra dirección. Para mi sorpresa, la soltó antes de llegar con nosotros y tomar a Tanya de la cintura.
—¡Que sea la última vez! —Le advirtió— Ya me hiciste perder, no me hagas quedar en ridículo…
—¡Pero…! —Ella pasó sus manos por su cabellera— ¡James! Tu lo viste, él me sacó de…
—¡Pero perdiste! ¿No? —bramó él de vuelta. Por inercia me acerqué a Bella, haciendo que James me mirara. Rosalie y Emmett se mantenían callados y Tanya parecía tener la mente en otro lado.
—¡Agh! —rugió Bella, pateando al suelo.
—Vamos —escuché que James le decía a Tanya. Vi que se encogió de hombros y lo siguió, entrelazando sus dedos.
—Bells… —susurró Rosalie, acercándose lentamente a su amiga.
—¡Desaparece, Rosalie! —bramó Bella, con voz entrecortada. Rosalie dio un respingó y detuvo sus pasos.
Sentí algo extraño al escuchar su voz. Ella en realidad se sentía mal.
—Bien, pero búscame después ¿Ok? —le pidió.
Bella asintió, dando vueltas aún. Yendo de aquí a allá, a un lado del auto.
Rosalie y Emmett desaparecieron en la dirección en la que Tanya y El Rubiecillo desaparecieron.
Estúpida e inconscientemente, me quedé ahí, sin saber muy bien qué hacer, o decir. Probablemente con la nula relación que Bella y yo teníamos, lo más inteligente sería irme de ahí y dejarla nadar en su propia frustración. Pero por una extraña razón, no podía.
Así que carraspeé para llamar su atención.
Bella se recargó contra el auto y se pasó las manos por su rostro.
—¿Qué quieres? —demandó. Su voz se ahora era otra y en serio parecía querer estar sola.
—Yo… uh —me rasqué el cuello en señal de frustración. Era más fácil cuando ella callaba.
Realmente, era más fácil.
—Mira, Cullen, si quieres… —Bella calló abruptamente y prácticamente, una brisa fría me recorrió el cuerpo.
Como cuando vas a hacer algo extraordinariamente estúpido y tu solo no quieres que tus padres se enteren. Como cuando a los dieciséis, los padres de Dyana Donovan estuvieron a punto de descubrirnos teniendo sexo en su habitación. O como cuando tenía trece y Alice casi abre la boca, diciendo que había sido yo quien rompió el jarrón de mamá.
—Sube al auto —ordenó Bella. Y simplemente no me negué. Subí al auto y ella arrancó, dejando rápidamente al sonido de las sirenas atrás—. Mierda —gruñó ella—. Puto James, puto Thompson —masculló, pisando el acelerador a fondo.
—¡Espera! —grité, cuando la lucidez llegó a mí.
—¿Qué? —farfulló sin frenar.
—Emmett… mierda. ¿En dónde estaba Emmett? Se… se fue con tu amiga, Rosalie —estaba empezando a tartamudear y aquello no era bueno para mí. Sin embargo, tampoco sería bueno si mi hermano era arrestado por estar mezclado en cosas ilegales, pues, aunque él no estuviese implicado, la policía solo vería el hecho de que él estaba ahí.
Bella siguió conduciendo, tomando rutas que no se me hacían conocidas. Al parecer, quería despistar a cualquiera que nos estuviese siguiendo… en caso de que nos estuviesen siguiendo.
—Mira… —murmuró, frenando en seco.
—Manejas como la mierda —gruñí, poniendo mis manos frente a mí para no rebotar con el tablero—, ahora sé porqué perdiste —agregué.
Ella me miró con furia contenida y por un momento, deseé haber cerrado la boca.
—Como sea… —se pasó ambas manos por el rostro y suspiró pesadamente— No tienes muchas opciones, Cullen. Puedes regresar a la escena del crimen o puedes cerrar la boca y esperar a saber de tu hermano hasta mañana. Porque, déjame decirte que si los han arrestado y se te ocurre llamar, nos meterás en problemas…
—¿En problemas? —Musité incrédulo— ¿En problemas, dices? ¡Estamos en problemas! ¡Yo estoy en problemas! ¡Mi hermano, probablemente ha sido arrestado por cargos mafiosos y a ti solo te preocupa tu... tu puto y redondo culo!
—¿Puto y redondo culo? —Bella rió entre dientes, sacándome más de mis casillas, si eso era aún posible— ¿Me estás diciendo gorda y zorra a la vez? ¡Vaya! ¡Tenemos a un rebelde por aquí! —bufó. Entrecerré los ojos y negué con la cabeza— No creo que los hayan arrestado… estaba con Rosalie ¿No? Ella jamás dejaría que la arrestasen… mucho menos dejaría que arrestaran a Emmett.
Tuve que reír a carcajadas para no apuñalar al auto.
—¡Que cosas dices, Bella! —Reí sin humor— Si ella fuese así de considerada, simplemente no hubiese invitado a Emmett a ir a esa… carrera clandestina.
—¡Aw! Que correcto, ¿Te estás escuchando? Usaste la palabra "clandestina" —se burló ella.
—¡Basta! —Ella me miró con una ceja en alto y se inclinó sobre mi asiento, dejando la mayor parte de su cuerpo sobre el mío, pero aún así, sin recibir ni un solo gramo de su peso. Su cuello quedó a la altura de mi boca y mis ojos veían su pómulo y parte de sus labios…
Tragué en seco y de pronto, el sonido de la puerta abriéndose de golpe, me saco del coma en el que parecía estar metido. Ella se irguió y señaló a la puerta.
—Creo que deberías bajarte, Edward —murmuró.
—¿Lo dices en serio?
Ella solo se encogió de hombros.
—No seré yo quien te deje con la incertidumbre. Puedes ir a buscar a Emmett, no obstante, yo no regresaré ahí.
Bufamos a la vez y cerré la puerta con un golpe seco.
No dijimos nada en un buen rato. Suponía que ella simplemente se empeñaba en ignorarme y yo, yo no quería aceptar que había sido un marica de mierda al no querer ir por mi hermano. Miré a Bella y noté como su ceño estaba fruncido.
—¿Qué… que tienes en mi contra? —murmuré.
Bella tardó unos segundos en mirarme, parecía que quería sacarme de mis casillas o tal vez, solo pensaba en una respuesta convincente. Una que no fuese un "porque sí".
Después de la espera, ella solo se encogió de hombros.
—No tengo nada en tu contra, es solo que no me agradas del todo —masculló, dándome la cara.
Enarqué una ceja.
—¿Cómo? ¿Por qué? No me conoces.
—¿Y qué importancia tiene? —Inquirió— No es como si en serio quisiera conocerte.
Auch.
Me incliné hacia ella, quedando tan cerca que sentí su aliento agitarse.
Bingo.
—Pues, señorita Swan, déjeme decirle que hace unos días, sus acciones decían todo lo contrario.
Ella rápidamente se irguió y sonrió con descaro.
—Señor Cullen, ¿Es que usted no entiende el término "sexo casual"? —dijo con voz seductora, acercándose un poco más. Nuestras narices casi rozaban y Bella no borraba esa sexy sonrisa de sus labios.
—¿Quién le ha puesto nombre a lo que tuvimos, uh? —Susurré— Es sexo casual, cariño. Ya sabes, puede ocurrir de nuevo, puede que no… —me encogí de hombros— quien sabe.
¿Qué estás haciendo, Edward? Seducir a una chica no está en el plan. Seducir a una chica nunca está en el plan. Mierda, idiota, no deberías de estar aquí. Tal vez deberías estar ideando como hacer que Kate te hable de nuevo… o tal vez… solo tal vez, pidiéndole perdón a Angela. Es Angela, después de todo.
Mis pensamientos fueron interrumpidos por una hermosa risa sarcástica.
—Oh no, no volverá a ocurrir.
Tomé aire y me acerqué aún más, haciendo que nuestras narices se toparan. Nuestras respiraciones se agitaron y sonreí socarronamente, tratando de ocultarlo.
—¿Quieres apostar?
Y pareciera que esa misma adrenalina que surgió cuando la policía llegó, se apoderó de mí una vez más.
Porque antes de que ella respondiera, mis labios ya estaban sobre los suyos.
Hice presión hasta que sus labios respondieron. Mi cuerpo no topaba el asiento, yo estaba inclinado sobre ella, sosteniéndome de no sé donde con mis brazos. Bella sabía tan bien. Aún no había olvidado el sabor de sus labios y eso me preocupaba un poco. ¿Por qué no había olvidado el sabor de sus labios? Era extraño, desconocido y abrazador. Me separé para tomar aire, se nos había acabado y realmente no quería terminar azul. Más apenas tomé aire, los labios rosas y sedosos de Bella, ya estaban sobre los míos.
¿Rosas y sedosos?
La jalé y con algunas dificultades, logramos acomodarnos en el asiento del copiloto. Yo debajo y ella a horcajadas. Y vaya que su peso se sentía tan bien. Apenas era una presión que me envolvía, porque ella era ligera, liviana, totalmente etérea. Mis manos fueron a sus mejillas, acariciándola y apartando su suave cabello caoba. Sin poder resistirlo, hundí una de mis manos en sus hebras chocolates y la tomé por la nuca, acercándola más a mi boca. Mi lengua jugó con sus labios y Bella abrió los suyos, dándome pasó a explorar su cavidad. Dándome paso a jugar una batalla que nadie quería perder. No quería apartarme de ahí, quería quedarme así para siempre. Ella se sentía perfecta, sin dificultades o discusiones estúpidas. Sin mentiras o problemas. En ese momento, ahí, me sentí bien.
Algo que no sentía en mucho tiempo.
Pero era solo un beso, un beso que había que las cosas se disfrazaran de algodones y corazones. Porque fuera de ese beso, podía apostar que nuestras vidas, eran un lío.
Algo vibró en mi bolsillo. Mi celular.
Y entonces, la burbuja en la que estábamos, se quebró.
Bella me miró directamente a los ojos, despegándose un poco de mí, pero sin alejarse del todo. Internamente, se lo agradecí. Sin dejar de mirarla, saqué —con algo de dificultad— el móvil.
—¿Sí? —contesté sin mirar el identificador. Muy pocas personas me llamarían a esta hora de la madrugada.
—¿Edward? —La voz de Emmett sonó estrangulada— ¡Hermano! ¿En dónde estás? ¡Mierda! Por un momento pensé que los policías te habían…
—No, Emm. Estoy bien. ¿En dónde estás tú? —inquirí. Escuché a Bella suspirar y sin decir nada, regresó a su asiento. Hice una mueca por ello.
—Estoy en casa de Rosalie. ¡Lo siento, Ed! Sabía que no debería de haberte llevado a…
—Emm, Emm —llamé, tratando de calmarlo—. Calma ¿Quieres? Estamos bien, nada fue tu culpa, no sabías ni a donde ibas —traté de bromear—. ¿Cómo puedo llegar a casa de Rosalie? —pregunté.
—Yo sé llegar —murmuró Bella.
—¿Esa es Bella? —curioseó Emmett al otro lado de la línea.
—Eh… sí —susurré—. Una larga historia —esperaba que Emmett entendiera que aquello era todo lo que soltaría.
—Oh… ¡Oh, sí, sí! —asentí, como si él me estuviera viendo— Bueno… así que supongo que te esperaré… por acá. Sí, por acá te espero.
—Seguro —respondí—. Nos vemos, Emm.
Colgué y suspiré con pesadez. Bella ya había puesto el auto a andar y solo arrancó, moviendo la palanca.
La miré de reojo, y sabía que ella sabía que yo la miraba, más ella no dijo nada respecto a lo sucedido.
Yo, por mi parte, estaba seguro que las cosas con Bella Swan no habían terminado allí.
Aquello, me asustaba un poco.
¡Hola!
Acá es de madrugada ya, no sé que hora sea en dónde me leas pero, buenos días/tardes/noches. :D
Una disculpa enorme por el retraso, había salido de vacaciones familiares y bueno... ¿Que se le hace? No abandonaré el fic, ni este ni ningún otro que haga en el futuro o tenga en proceso ahora. Para las que leen Forgive and Forget, actualizaré en una semana más o menos. :)
¡Pues bien! Respecto a este cap, es algo menos... revelador, pero quiero decirles, que muchos factores de este capítulo nos seguirán a lo largo de la historia.
Así que, ¡Gracias! Reviews, favs, follows. En serio, me encanta ver uno nuevo o dos o tres jaja.
Espero les haya gustado el capítulo.
Nos leemos en unos diez días!
—Ivy.
Ps; Las invito a leer mi nuevo One Shot: Teachers' Room. Es algo así como... perversión y diversión para mí, espero lo lean y dejen un review con sus comentarios. :D
