HOTTER THAN A FEVER


Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son de la grandiosa Stephenie Meyer. Algunos –y se que notarás cuales, son de mi autoría. La historia me pertenece en su totalidad.


Segundo asalto


Advertencia: No sé porque lo hago si claro dice que es un fic rated M. Más aquí les va… Este capítulo contiene escenas sexuales. Así que ya sabes, lo lees bajo tu propio riesgo. O lo que sea.


«Viernes, 28 de agosto»

Bella POV.

Traté de no sacudir mi cabeza o parpadear muy rápido y conduje hacia casa de Rose. Suspiré y traté de camuflar el suspiro con un sonoro bostezo. Realmente, no sabía que había sido lo que había ocurrido. Estaba segura que hace unos segundos, algo más que "sexo" había estado en el aire. Más al parecer, nadie querría pensar en eso.

Sí, después de todo, ¿En qué jodidos estaba pensando? ¡Era Edward Cullen! Tal vez, la tensión sexual me estaba matando. No era una jodida chica abierta, de esas que tenían sexo diario. Sin embargo, una vez que sabías lo que era, no podías parar. O eso decía Rosalie. Así que tal vez debería de haber sido eso. ¿Por qué estaría pensando en otra cosa? Personas como Edward Cullen abundaban en la tierra, eran animales que caminaban con trajes de diseñador y una sexy sonrisa ladina. No eran el tipo de personas con las que quisiera estar.

De hecho, no quería estar con nadie por ahora.

Estaba perfectamente bien con King. Sola y con King. Probablemente, Rosalie debería de seguir mis pasos. No la quería alejar de Emmett, pero suponía que lo menos que podría hacer sería alejarse de todo esto. Por ello estamos aquí.

Con Edward.

¡Arg! Joder, Edward. ¿Por qué seguía pensando en eso? ¿Por qué, por qué, por qué? ¿Qué quería demostrar mi cerebro? Edward me había mostrado que no era hombre de una sola mujer y aunque yo no quisiera ser "su mujer", no quería estar metida en líos amorosos.

Así que sería mejor dejar de pensar en ello.

Por suerte llegamos al departamento de Rosalie antes de que cometiera alguna locura. O de que siguiera pensando en ellas. Bajé en silencio y no supe si Edward me seguía o no, supuse que sí. Rosalie vivía en un lindo complejo de departamentos. No era lo mejor en la ciudad, mucho menos era la mejor parte de NYC, sin embargo, su departamento era muy bonito. Definitivamente más grande que el mío y más luminoso también.

Ella vivía en Queens.

Escuché las pisadas de Edward detrás de mí, subiendo las escaleras un poco alejado. Rosalie tampoco contaba con elevador y por un momento lo agradecí: Así no estaría encerrada con Edward en un pequeño espacio. Luego, recordé que Rose vivía en el quinto piso… y bufé. Toqué la puerta del departamento de mi amiga y ella abrió la puerta rápidamente. Soltó un sonoro suspiro y se llevó la mano al pecho dramáticamente. Entonces, estiró una mano y me alcanzó, para después apretarme contra ella, estrechándome fuertemente.

—¡Oh, mi Dios, Bella! ¡Estás bien! —chilló. Cerré los ojos fuertemente pues su grito dio directamente en mi oído y con ello, pensé que el sonido se aminoraría— ¡Por un momento pensé que la policía los había arrestado! —siguió con sus chillidos, pero esta vez, alejándose.

—Estamos bien, Rose —murmuré, forzando una sonrisa.

Rosalie entrecerró los ojos pero se hizo a un lado para dejarnos pasar. Emmett estaba sentado en el sofá grande de la sala. Tenía sus codos sobre sus rodillas y una taza con algo humeante en las manos.

—¡Hey, amigo! —saludó, tratando de sonar tan agradable como siempre, pero la preocupación inundaba su voz.

Miré a Rose y ella se encogió ante mi mirada.

Fue entonces, cuando nos sumergimos en un incómodo silencio. Rosalie sabía lo que ocurría, o al menos se imaginaba que algo ocurría. Me miraba con esa mirada de: Tienes que contarme qué demonios te ocurre. Y yo le respondía con un: Olvídalo y céntrate en Emmett. No podía decir lo mismo de él, tal vez sabía que algo estaba ocurriendo, pero nunca dijo nada. Tal vez, solo quería ahorrarse los problemas o se lo preguntaría a Edward después.

Edward, quien había tomado asiento en el sofá del frente, se levantó y miró al grandulón.

—Creo que será mejor que nos vayamos, Emmett. Estoy muy cansado —se excusó.

—Yo pienso que es mejor que esperen un poco más, Edward —susurró Rosalie, titubeando un poco—. Emmett me contó que han dejado tu auto allá y no quisiera que levantáramos sospechas ¿No? —inquirió.

Los ojos se Edward se abrieron descomunalmente y se llevó sus manos a su cabello, tironeándolo con ganas.

—¿Mi auto? ¡Mierda, mi auto! ¿Cómo se me pudo olvidar? ¡Lo dejé ahí! ¡Ahí! —Gemía— ¡Ahora ellos lo verán y…!

Edward se iba a volver loco. Edward se estaba volviendo loco. Daba vueltas en la sala y estaba segura que arrancaría su cabello en cualquier momento… y lo lamentaría. Seguía maldiciendo y gimiendo lastimosamente. Me pregunté sobre sus gemidos y recordé que, necesitaba un recordatorio de cómo se escuchaban.

¡No! Mierda, no. ¿En qué jodidos pensaba?

Tanya decía que no importaba mucho el que un hombre tuviese novia, al fin y al cabo, si tenía una buena polla y era infiel él solo era buen material para un encuentro casual. Yo le decía a Tanya que eso simplemente era bajo… ahora mismo estaba meditando seriamente mis ideales.

—Edward… —susurré por lo bajo. Él al parecer no me escuchó pues siguió con su recorrido por la sala de Rosalie— ¡Edward! —Grité.

Él paró abruptamente y me miró con una ceja en alto.

—¿Qué? —gruñó, soltando su cabello.

Sí, Bella… ¿Qué?

—Uh… yo… yo te podría llevar hasta ahí… Los podría llevar hasta ahí —me corregí—. Pero estoy de acuerdo con Rosalie… será mejor que esperemos un poco más —murmuré, casi segura de que Edward rechazaría mi oferta.

Emmett se levantó y puso una mano en el hombro de Edward.

—Sí, hermano. Bella tiene razón… aparte —masculló—, te he dicho que te hace falta cambiar el auto —bromeó, supongo que pretendiendo ablandar el ambiente.

Evidentemente no lo logró, pues Edward se limitó a tirarse en el sofá, con cara de sufrimiento.

Rosalie optó por encender la televisión, pero realmente solo había basura, basura y más basura. Nadie la miraba si quiera, pero era buena para romper el incómodo silencio. Al parecer, Emmett ya se había recuperado de su shock y platicaba en susurros con Rose. Yo jugaba con el cierre de mi chaqueta y Edward seguía tirado en el sofá, solo que esta vez tenía los ojos cerrados. Sabía que no dormía porque aún movía su pie con insistencia y su brazo en su cabeza no se había ido de lado aún.

Cuando miré el reloj por enésima vez en la madrugada, ya eran pasadas las cuatro de la mañana. Así que me puse de pie y rápidamente tuve tres pares de ojos en mí. Casi me intimidé.

—Creo que… ya es hora —titubeé.

Emmett asintió y Edward solo salió disparado por la puerta sin decir ni pío. Salí detrás de él, dándole un poco de intimidad a Emm y Rose. Bajé las escaleras detrás de Edward y pronto sentí los pasos de Emmett venir. Cuando los tres subimos al auto —con Edward atrás, para su creciente buen humor— todo quedó en silencio una vez más. Las calles estaban desiertas y el recorrido hacia Brooklyn era largo. La casa de Rose no estaba exactamente en el extremo sur de Queens. Y el auto de Edward tampoco estaba en el extremo norte de Brooklyn.

Traté de acelerar sin llamar mucho la atención. Probablemente, así el tiempo transcurriría más rápido.

.

.

.

—¿Estás seguro que era aquí, Edward? —pregunté con cautela.

Él me miró como si quisiera matarme. Estaba segura de que se estaba conteniendo y podía apostar que estaba a punto de llorar. Sus ojos comenzaban a ponerse rojos. Emmett estaba recargado en el capo del auto, sus brazos estaban cruzados sobre su pecho y tenía el semblante serio.

—Sí, Bella. Aquí fue en donde lo dejamos —contestó Emmett, haciendo que Edward mirara hacia el lugar vacio en donde, supuestamente, su auto debería estar.

Suspiré pesadamente. Esto era malo. Tal vez, no comprendía lo que se sentía perder un auto y mucho menos por aquella situación. No obstante, no tenía que ser imbécil, eso era malo.

Edward una vez más, se volvió loco.

—¡Sabía que esto ocurriría! —susurró casi para sí mismo. Luego, giró sobre sus talones y miró a Emmett— ¡Te dije que esto pasaría! —gritó.

Emmett se sobresaltó un poco, pero después negó con la cabeza y suspiró con pesadez.

—Yo… yo… no sé qué decir hermano. Tienes razón, fue mi culpa… —mascullaba Emmett.

El semblante de Edward cambió y supe que estaba arrepentido de sus palabras. Se acercó al grandote y palmeó su hombro.

—Lo siento, amigo. No fue mi intención decir eso… es solo que… ¡Mierda! —ladró.

Y ahí estaba yo, parada en medio de la calle sin saber qué hacer. Pero es que, ¿Qué jodidos podría hacer?

—Supongo que tendremos que ir con la policía y…

—¡No! —interrumpí a Emmett. Ambos me miraron como si estuviera loca, así que procedí a explicarles el porqué de mi reacción— Uh, quiero decir… esto es reciente. Lo de las carreras y esas cosas. Te preguntarán por qué estabas en Brooklyn porque te pedirán tu identificación. ¿Tienes una coartada ya? Si ellos tienen el auto, que esperemos que sí, te pedirán mucha, mucha información —expuse.

Edward frunció el ceño y asintió, comprendiendo.

—Supongo… ¿Crees que ellos lo tengan? —dijo, algo temeroso.

—Después de todo, eso sería lo mejor ¿No crees? Al menos así hay manera de recuperarlo —me encogí de hombros.

Emmett me miró entrecerrando los ojos.

—Pero ¿Cómo? Ninguno tiene una falsa historia que contar…

—Lo sé —secundó Edward, un poco decaído.

Me pregunté si él era de los hombres que siempre decían la verdad a la autoridad. Luego recordé que era Edward Cullen, ese hombre era un mentiroso de mierda.

—Yo te ayudaré —me ofrecí.

¿Por qué dije eso? ¿Yo dije eso?

—¿Qué? —Preguntó Edward incrédulo— ¿Tú? ¿Y tu si tienes idea de que decir? —masculló.

—Edward…

—Querido, yo vivo en el medio —respondí mordazmente. Edward me miró por unos segundos y una vez más, ablandó su semblante después de ponerse como un puto ogro.

—Lo siento, es solo que… supongo que me estresé un poco —susurró, jalándose el cabello una vez más—. Gracias, por la ayuda —se aclaró la garganta y me miró algo incómodo—. La tomaré, si no te importa —informó.

Asentí, pero no dije palabra alguna.

El silencio se prolongó durante unos minutos. Mis ojos comenzaban a protestar y si sería yo la que condujera, tendría que estar alerta. Así que ofrecí a los chicos a llevarlos a casa. Ni Emmett ni Edward querían aceptar, decían que ya había sido demasiada molesta. Ellos solo estaban pareciendo un par de nenitas, así que les dije que no me iría sin ellos. Así fue como se subieron al auto.

Gracias al cielo, pues estaba a punto de colapsar.

Esta vez, Edward tomó el lugar a mi lado. El silencio fue roto por las advertencias de Edward hacia no-sé-quien de recuperar su auto a como diera lugar. Vi la casa de… sus padres, supongo. Sé que él puede comprar un auto nuevo sin problemas, pero también sé como son los hombres y su loco amor por las cosas sobre ruedas…

Conduje hasta Manhattan y Emmett me dio las instrucciones necesarias para llegar a su departamento. Realmente, era como un laberinto llegar ahí, era tedioso pasar tanta seguridad y no sabía por qué jodidos toda la calle tenía cámaras de seguridad.

Malditos niños mimados.

—¡Gracias Bella! —dijo Emmett cuando estuvo fuera del auto. Se inclinó para quedar a la altura de la ventanilla del auto y le dio otro par de palmaditas en el hombro a Edward— Recuperaremos a tu coche, Edward —murmuró.

Edward sonrió forzadamente y asintió.

—Buenas noches hermano.

—Buenas noches chicos.

Y con ello se alejó, dejándonos a Edward y a mí solos dentro del pequeño auto. Tendría que ir a dejar a Edward rápidamente, mis ojos me estaban pasando factura, me pesaban horrible. Miré a Edward, con los brazos recargados en el volante.

—¿Me indicarías en dónde vives? —inquirí, encendiendo el auto.

—Puedes dejarme fuera del vecindario… es tardísimo y aún tienes que conducir a casa… —comenzó a balbucear Edward.

Rodé los ojos, él realmente se estaba haciendo del rogar.

—Edward —le interrumpí—, no dejaré que te vayas a esta hora solo. A tu casa. En el subterráneo.

—Son casi las seis de la mañana, Bella —gimoteó, íbamos saliendo del fraccionamiento privadísimo de Emmett y pronto tendría que elegir que ruta tomar, así que si Edward no quería que estuviésemos dando vueltas por New York, más le valía decirme en donde jodidos vivía.

—¿Y? Vamos, me ofrecí a llevarlos a casa. Deja de ser una princesa y dime en donde vives, prometo que cuando sepa tu dirección, trataré de no acosarte —bromeé y al parecer dio efecto pues por el rabillo del ojo noté como Edward me miraba con una tierna sonrisa.

¿Tierna sonrisa? Sueño, Bella. Sueño.

Por fin Edward me dijo en donde vivía y tomé la desviación más cercana. Su complejo de departamentos se encontraba frente a Central Park. Era un alto edificio de esos en los que miras al cielo y jamás le encontrarás final, el portero estaba bien vestido, esperando por quien entrara al edificio. Aparqué mi auto un poco más delante de la gran puerta y me recargué contra el volante.

¡Dios, que sueño!

—Mmm… ¿Bella? —llamó Edward.

—¿Mhm? —ni siquiera me molesté en levantar la mirada, estaba segura de que terminaría dormida ahí.

—Gracias —susurró. Asentí, aún en la misma posición—. ¿Bella? —llamó una vez más.

Fruncí el ceño y tallé mis ojos cuando me erguí. No, tenía que llegar a casa.

—¿Sí, Edward?

—¿Estás segura de que puedes manejar a casa? Podría ocurrirte algo y entonces yo…

—¿Jamás te lo perdonar? —completé por él, con una pequeña risita.

Edward negó con la cabeza, pero una sonrisa bailaba en sus labios.

—Eres imposible.

—Me lo han dicho antes —volví a mi antigua posición.

—¿Bella? —rodé los ojos, más estoy segura de que no me vio por el simple hecho de que mis ojos estaban fuera de su visón. Lo miré con una ceja en alto— lo digo en serio… ¿Por qué no pasas y…? —Edward suspiró y tomó sus cabellos, frunciendo un poco el ceño— Bella, tú no me dejaste irme por mi cuenta, no me bajaré del auto hasta que tú bajes conmigo —impuso, recargándose en el asiento.

Lo miré incrédula. ¿En serio creía que yo me quedaría en su departamento? Realmente, no debería… Iba contra mí. Pero por un momento, no me pareció tan mala idea. ¿Cuándo todo había cambiado? ¿Cuándo Edward había dejado de ser un sangrón insoportable? ¿Cuándo habíamos pasado de no poder estar juntos sin callarnos nuestras palabrerías a ayudarnos mutuamente?

—No, Edward. Entra a tu departamento —miré, como el cielo se comenzaba a poner de un púrpura claro. Estaba por amanecer.

—No… probablemente no vivas en Manhattan y con el tráfico de la mañana que se estará formando, llegarás tarde a casa —explicó—. ¿En dónde vives, Bella?

—Bronx —respondí con simpleza.

—¡He ahí mi punto! ¡No te dejaré ir!

Supongo que ambos nos dimos cuenta de… como sonó eso.

—Edward… —suspiré.

—No me iré, Bella —lo miré y casi me dio miedo lo decidido que se veía—. Tómalo como un pago a tu futura ayuda con la coartada —pidió.

Eso era… justo. Unas horas. Unas horas no le harán mal a nadie. ¿No?

Mi cerebro me decía que no fuera estúpida, yo no me tendría que bajar del auto y entrar a su departamento. Pero cuando me di cuenta, el portero ya nos miraba a ambos con un gesto despectivo, el recibidor del edificio era aún más elegante que su fachada. Mis traicioneros pies me habían traído hasta aquí.

Edward me sonrió antes de meter su llave a la cerradura y abrir la puerta. Se hizo a un lado y me cedió el paso.

Su departamento era exactamente como el típico departamento de chico soltero. Con la única excepción de que Edward no era soltero. Casi me olvidaba se su novia… casi.

Un único sofá grande de color beige con dos sillas a un costado. Un muro estaba pintado de negro y este, a su vez, tenía muchas lámparas de luz directa en ella. Un librero se extendía por la pared negra y algunos cuadros adornaban el conjunto. Había una gran pantalla frente al sofá y una mesita de centro entre estos dos. Al fondo, divisaba una mesa de billar y aún más allá, un comedor. Al menos Edward no comía en una mesa de billar. A la derecha, se divisaba el inicio de una cocina. Las persianas y los detalles estaban en color negro.

Era un… muy moderno, lujoso y genial departamento.

Miré a Edward y él me sonreía con orgullo, probablemente tendría la boca abierta y él habría descubierto que su departamento había sido de mi agrado.

—Es muy… —fruncí los labios buscando la palabra indicada— lindo —terminé diciendo.

Edward soltó una risita.

—Ven, por aquí.

Me guió por un pasillo que nacía a lado del librero. Las paredes igual estaban en negro y todo estaba muy bien iluminado, contrarrestando la oscura pintura. A Rosalie le volvería loca aquello, ella estudiaba diseño de interiores. Su sueño era crear cosas como estas, sin embargo dejó la universidad y terminó como bargirl en un bar indie.

—La puerta del fondo es el baño —me indicó, abriendo la puerta y mostrándome un baño moderno—. Mi habitación —presentó, abriendo su puerta. Logré divisar una gran cama con edredones negros y unas grandes ventanas cubiertas con cortinas rojas de un lado y persianas negras del otro. Cerró la puerta y pasó a la habitación del frente—, y la tuya.

Esta era mucho más sencilla, pero no por eso menos bonita. Había una cama matrimonial recargada en la pared y un gran tapete blanco salía de debajo de esta. Los edredones eran blancos e imaginé que dormiría de maravillas ahí. Las paredes eran gris grafito con la mitad superior blanca, estaba muy bien iluminada y un pequeño sofá junto con una pantalla plana, complementaban el lugar.

—Espero… espero la encuentres cómoda —Edward se veía algo incómodo, por lo que asentí vigorosamente y le sonreí realmente agradecida.

—Gracias, es perfecta —Edward asintió una vez y rascó su cabeza antes de salir de allí, cerrando la puerta detrás de sí.

Me quité los zapatos y las calcetas. Saqué mi chaqueta, quedándome en jeans y esa blusa gris que se ajustaba a mí. No era lo más cómodo para dormir, pero era lo que había. Probablemente el suelo me vencería y no sabría si quiera en dónde o con qué estaba durmiendo.

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.

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Giré sobre la cama y fruncí el ceño. ¿Cuánto tiempo lleva ahí? Mi sueño mágicamente se había esfumado, mi cansancio se había ido al demonio y ahora parecía que tenía insomnio. ¡Genial! Mi cuerpo decía una cosa, pero mi mente parecía estar conspirando. Tanteé hasta alcanzar mi chaqueta y saqué el móvil. Eran diez para las siete de la mañana y yo simplemente no podía dormir.

Salí de la cama y abrí la puerta con cuidado. Tal vez, Edward si había podido conciliar el sueño. Lo último que quería sería despertarlo. Caminé por el pasillo hacia la cocina y casi me da un susto de muerte al verlo ahí, despierto y vistiendo solo unos bóxers.

¡Dios! Edward se veía tan jodidamente sexy.

Edward POV.

Tan pronto como cerré la puerta detrás de mí, respiré tranquilo. ¿En qué demonios estaba pensando? Cuando le ofrecí alojo a Bella, no pensé que aceptara… secretamente, yo quería que ella aceptara. Así que cuando ella aceptó, enfrenté esa sensación de "sentimientos encontrados". Por un lado, hice un baile de la victoria en mi cabeza, pues tendría a Bella cerca. Por otro lado, mi mente era un revoltijo de cosas y yo solo quería que Bella se fuera… eso solo me metía en más líos.

Pero yo ya era un hombre liado así que ¿Qué más daba? No haríamos nada malo ¿No?

Fui a mi habitación y me desvestí para poder dormir. Usualmente, nunca usaba mi pijama al menos que durmiera con Ángela, lo cual era irónico. Una vez que estuve solo en bóxers, recordé que mi móvil se había quedado junto con mi chaqueta en la sala. Así que salí de mi recámara, esperando que Bella estuviese dormida. No sería muy cómodo el que me viese así. Probablemente… probablemente me excitaría.

Negué con la cabeza y saqué mi teléfono de la cazadora. Lo desbloqueé y le escribí un mensaje a mi secretaria. No iría hoy a trabajar, puse una excusa tonta como "dolor de cabeza", pero lo que realmente ocurría era que no había dormido nada en toda la jodida noche, mi auto estaba desaparecido y tenía a una chica calientemente follable frente a mi habitación. Suspiré pesadamente y me dirigí a la cocina para tomar un vaso con agua, probablemente eso me calmaría y me ayudaría a dormir.

Sin embargo, las cosas casi nunca me salían como las planeaba. Un carraspeo me sacó de mis pensamientos y me hizo girarme sobre mis talones, para encontrarme con una adorable Bella. La miré de pies a cabeza y probablemente, aquella fue la imagen más tierna jamás vista antes. Ella estaba descalza y su cabello estaba alborotado, tallaba sus ojos con sus puños y podría jurar que se remojó un poco los labios. Sus manos abandonaron su rostro y me hubiese olvidado de que estaba en ropa interior de no haber sido porque Bella no dejaba de mirar mi pecho desnudo.

Eso me hizo sonreír.

—¡Hey! —Dije más animosamente de lo normal, Bella me miró a los ojos— ¿No puedes dormir?

Bella se aclaró la garganta y negó con la cabeza.

—No, creo que tengo insomnio —murmuró casi dramáticamente. Reí y negué con la cabeza—. Solo… solo venía por un vaso de agua —anunció, repentinamente sonando tímida.

Asentí y me hice a un lado.

—Tómalo —le alenté.

Traté de no mirarla demasiado cuando pasó a mi lado y tomó un vaso de la vitrina transparente de arriba. Su blusa se alzó un poco, dejando parte de su abdomen al descubierto, fue ahí cuando desvié la mirada y le di otro trago a mi vaso. Si ella me "provocaba" intencional o no, en mi se notaría la evidencia. Unos bóxers no cubrían mucho. La sentí pasar de vuelta de nuevo y no pude evitar mirar.

—Uhm, llevaré esto al cuarto… espero no te moleste.

—Para nada —ella asintió y se dio la vuelta para irse—. Bella —llamé. Ella me miró y… y prácticamente me quedé mudo. ¡Bravo, genio! ¿Ahora que decía? Mis pies comenzaron un camino hacia ella y solo cuando estuve a centímetros de cerca, fue cuando me di cuenta de lo mucho que había avanzado—. ¿Q… Qué ocurrió en el auto? —Murmuré— Hace unas horas —Bella me miró confundida y pronto la comprensión llenó su rostro, haciéndola sonrojar.

¿Bella se sonrojaba?

—Yo… —Bella se calló abruptamente y solo se limitó a encogerse de hombros.

Quité el vaso de su mano y lo dejé en la barra.

Entonces, tomé su rostro y me acerqué lo suficiente.

Lo suficiente para chocar nuestros labios.

Sabía en lo que me metía y probablemente lo estaba jodiendo todo. Lo estaba jodiendo con Kate y todo ese apoyo moral y sentimental. También lo estaba jodiendo con Ángela y toda esa seguridad que me proporcionaba. Estaba jodiendo absolutamente todo, pero cuando Bella respondió al beso aquello simplemente quedó en el olvido.

Estaba viajando en un limbo de labios carnosos y sonidos gloriosos. Bella jadeó en busca de aire y se alejó un poco, sin embargo, mis labios nunca la abandonaron del todo, siguieron un camino por sus mejillas, su mandíbula, su cuello…

—¿Bella? —murmuré en el hueco de su hombro y su cuello. Bella movía sus manos por mi pecho desnudo, de arriba abajo, volviéndome loco.

—¿Sí? —habló con mucha dificultad.

—Tensión sexual —mascullé. Algo en mí me obligo a decirlo, a aclararlo… que solo era eso, porque… yo no quería parar.

—¿Qué?

—En el auto —di un beso mojado en su cuello, lamí un poco y ella gimió— y aquí. Es… solo eso ¿No? —precisé.

Ella asintió con ganas y tomó mi rostro entre sus manos, haciendo que la mirara.

—Definitivamente solo es eso —declaró para después atacar mis labios sin piedad.

Su lengua se abrió paso por mi boca en un momento desprevenido, cuando estas hicieron contacto, creí morir. Muy en el fondo, no quería aceptar que ni siquiera con Kate había sentido esto. Era mucho en solo un beso. Nuestras lenguas bailaron con fervor y gemimos casi al unísono cuando se enroscaron la una con la otra. Las pequeñas manos de Bella viajaban por mi espalda y acariciaban mis costados. Mi miembro estaba más que despierto, parecía ser que la chica tenía un don especial sobre mí.

Lo cual me aterraba un poco.

Me pegué a ella, dejándola aprisionada entre la barra y mi cuerpo. Comencé a restregarme con su abdomen bajo, a lo cual ella gimió audiblemente. Cuando sus manos hicieron contacto con el elástico de mis bóxers, la tomé en brazos y la besé con ansias mientras hacia el camino hacia la habitación principal. Gracias a Dios la puerta estaba abierta y yo solo tuve que pasar por allí y arrogarla a la cama, haciendo que rebotara un poco. Gateé hasta llegar a su altura y la besé otra vez, haciendo que nuestras lenguas se volvieran a encontrar. Eso… eso era el paraíso.

Tomé el borde de su blusa y lo subí, ella subió sus brazos para ayudarme con la tarea. Su blusa gris quedó fuera de combate y un sostén negro apareció en su lugar. Su pecho subía y bajaba y yo simplemente no podía apartar la vista de sus montes. Besé su pecho y bajé por su abdomen, dejando un rastro de besos y mordidas ocasionales. Bella jadeaba y aquello me hacía saber que estaba realizando bien mi trabajo. Llegué al borde de su jean y sin más preámbulos, lo desabroché y lo bajé por sus tersas piernas. Bella tenía unas piernas hermosas. Ella dio unas pequeñas pataditas al final, para ayudarme a quitar del todo sus pantalones. Ahí, tenía una imagen que —creía— no podría sacar de mi cabeza.

Bella, en esa ropa interior negra que me hacía perder la cordura. Dejé besos por sus muslos y Bella se retorció, haciéndome sonreír. Subí hasta quedar a su altura y la besé una vez más, pero esta vez, el beso fue diferente. Había más de todo. Más lujuria, más pasión, más deseo. Más ansias. Bella tomó el cabello de mi nuca y lo tironeó, haciendo que una sensación placentera recorriera mi cuerpo.

Mi miembro palpitó.

De la nada, unas pequeñas manos se metieron en mi bóxer y lo apartaron, bajándolo lentamente. Miré a Bella y ella sonreía con cierto atisbo de travesura en la mirada. Le ayudé con la tarea y finalmente, estaba totalmente desnudo frente a ella.

Una vez más.

Ella miró hacia abajo y yo levanté su mirada poniendo un dedo en su barbilla, la besé otra vez con ansias y ferocidad. Cuando nuestras lenguas se tocaron ella arqueó la espalda y yo metí mis manos por debajo de esta para poder desabrochar su sostén. El seguro se fue al demonio y quité la pequeña prenda, dejando a sus gloriosos pechos libres. Ella me miraba profundamente y yo no pude hacer nada más que masajear uno de sus senos y engullir el otro como si no hubiera mañana. Los jadeos y gemidos de Bella iban en aumento mientras yo jugaba con su pezón, mordiéndolo, lamiéndolo, besándolo… Sin que mi boca dejara sus pechos, bajé mis manos por su abdomen y tomé los bordes de sus bragas para bajarlos con lentitud. Ella me ayudó al final. Subí mi boca por su pecho, su cuello, su barbilla hasta llegar a su boca.

Mis labios se apoderaron de los suyos y dirigí mi miembro a su entrada. Entré en ella de una sola estocada y sin avisar, haciendo que sus labios se despegaran de los míos y que un gemido-gruñido profundo saliera de su boca.

—¿Tienes la mala costumbre de hacer eso, verdad? —preguntó jadeante, mientras me comenzaba a mover.

Sonreí socarronamente.

—¿Mala costumbre? —ella rodó los ojos y echó su cabeza hacia atrás cuando comencé a moverme.

Entraba y salía de ella con fuerza, haciendo que el interior de su sexo latiera ansioso. Bella estaba mojadísima y era muy estrecha, cosa por la cual no me quejaba. Por un segundo pensé que le podría hacer daño debido a la fuerza o velocidad, pero Bella gemía tan alto y soltaba grititos de placer que, me hacían creer que estaba haciendo un buen trabajo. De todas maneras, no pensaba en disminuir mi velocidad.

—¡Ah, Edwaaaaard! —alargó la 'a' y me jaló hacia ella para hundir su lengua en mi boca.

Sus besos me incitaban a seguir y seguir. Aumenté la velocidad y me separé de ella para hincarme y tomar ambas piernas alrededor de su cintura y entonces, empecé a arremeter con fuerza.

—¡Oh, mierda! ¡Joder! ¡Coño! —gritó Bella. Sus manos tomaron la sábana por ambos lados y simplemente se dejó manipular.

—¡Bella! —gemí alto cuando ella se estrechó a mi alrededor.

—¡Jesús! ¡Sí, sí! ¡Oh mierda! —Bella era una chica muy ruidosa. Hasta ese momento, no me había dado cuenta de cuánto me gusta su ruido— ¡Edward!

Y ella solamente se dejó ir estrechando mi miembro con su sexo lleno de temblores. Entré y salí unas veces más y me dejé caer en la espiral de placer que nos recorría a ambos.

.

.

.

Gruñí cuando identifiqué aquel sonido lejano. Era el timbre. ¿A quién se le ocurriría venir a molestar a esta hora? Es más ¿Qué hora era? Giré en la cama y me topé con un cuerpo cálido casi atado a mí. Bella estaba durmiendo profundamente y una de sus piernas se enroscaba a mi cintura.

Ella se veía tan angelical.

Sonreí como idiota cuando recordé lo que había ocurrido hace unas horas, más pronto mi sonrisa se borró por la misma razón. Ya estaba, listo. No más frustraciones sexuales ¿Verdad? No más tensión ¿No?

El timbre siguió con insistencia y con todo el peso del mundo en mis párpados, busqué mis bóxers y mi celular, entonces recordé que lo había dejado en la cocina. Me vestí con mi ropa interior y salí dejando a Bella dormir en paz por unas —esperaba— horas más. Cuando tuve el teléfono en mis manos lo tomé y miré la hora. Pasaban de la una, habíamos dormido a lo mucho cinco o seis horas… yo necesitaba algo más reparador. Así que me dirigí a la puerta, dispuesto a dejar pasar a quien estuviera del otro lado, me fijé por la mirilla y me congelé en el acto.

¡Mierda! ¡Doble mierda! ¡Mierda por mil!

Era Ángela.

Cerré los ojos con fuerza y giré, dándole la espalda a la puerta, pensando en que podría hacer. Ángela no se iría hasta que yo abriera la puta puerta y no podía correr a Bella solo porque sí.

¿Por qué no?

Mis pensamientos fueron interrumpidos por una castaña usando solo su blusa y sus bragas. Su cabello estaba alborotado y sus ojos llorosos porque aún se despertaba.

—¿Qué pasa? —susurró con voz ronca.

Dios, no, no podía correrla.

No obstante, tragué en seco y solté la bomba:

—Ángela está aquí.

El rostro de Bella palideció.


¡Lo siento! Sé que no tengo perdón pero, hasta ahora pude actualizar. He comenzado la escuela y esta vez, mi faceta es de responsable, así que como toda una responsable, he tenido demasiada tarea que hacer -.-, no se me da ser responsable8-) pero hago el intento. ¡En fin! Espero les guste el capítulo, me ha costado un poco escribirlo, tuve ese bloqueo inspiracional8-) y bueno, fue algo tedioso.

No les diré cuando volveré a actualizar porque no quiero quedar malXD, pero, la próxima en actualizar será Forgive and Forget. ¡Les invito a leer mi nuevo fic Wild and Unknown! Que por cierto, se actualizó hoy también. Una vez que actualice FAF el siguiente será HTAF y WAU. Y así sucesivamente.

¡He subido las fotos de los personajes junto con demás cosas! Como el auto de Edward, el departamento de Edward, como lucen los personajes y esas cositas guapas. En mi perfil está el enlace, pero aún así, aquí se los dejo:

s1319 . photobucket user /Ivy Fawkes /library /HTAF?sort =6 & page =1

Ya saben, juntas los espacios y eso.

Gracias por los rr, favs y follows. Los aprecio demasiado.

Díganme que les pareció el cap, las fotos y demás comentarios por un guapo rr.

¡Nos leemos pronto!

Un abrazo, Ivy.