Capítulo beteado por Zaida Gutiérrez Verdad. Betas FFAD www .facebook groups / betasffaddiction
HOTTER THAN A FEVER
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son de la grandiosa Stephenie Meyer. Algunos -y sé que notarás cuáles- son de mi autoría. La historia me pertenece en su totalidad.
Capítulo 6: Caer un poco.
«Sábado, 29 de agosto»
Edward POV.
Entré al oloroso establecimiento y arrugué la nariz, estuve a punto de salir disparado de ahí y no volver nunca más, sin embargo, me había costado demasiado montar todo ese teatro para que Emmett convenciera a Rosalie de decirme en dónde podía encontrar a Bella. Caminé con decisión a la barra y me senté en uno de esos típicos bancos mal forrados, examiné el lugar con la mirada, no era enorme y había gente malhumorada engullendo comida grasosa. Hice una mueca y la busqué con la mirada, casi al fondo, asintiendo frenéticamente a un par de señoras, se encontraba ella. Llevaba unos jeans oscuros y una blusa negra ceñida al cuerpo, su pequeña cintura se hacía notar de manera exquisita, giró sobre sus talones y se quitó unos cabellos de la frente mientras leía lo que había anotado en su pequeña libreta. Se acercó a la barra y se metió detrás de ella por una puertecilla pequeña, en ningún momento me miró o se percató de mi presencia.
—¡Pax!, dos desayunos del día, un omelet con queso extra y poco tocino. —Un gritó de aprobación se escuchó desde el otro lado y ella siguió con su trabajo, sirviendo café en unas pulcras tazas blancas.
¿Qué hacía aquí?
Había tratado de convencerme de que todo esto lo hacía porque quería mi auto de vuelta. Y sí, lo quería conmigo, ya era sábado y comenzaba a preocuparme que mi auto no estuviese donde la policía, sino en algún lugar como México, gracias a los mafiosos amigos de Bella. Es decir, ella había prometido ayudarme y esa era una buena excusa para buscarla, pero en el fondo sabía que eso no era todo. ¿Para qué torturarme a mí mismo si sabía que lo negaría todo?, los problemas parecían ir creciendo día con día y frecuentar a una chica, con la cual le había sido infiel a mi novia, no era la mejor forma de disminuirlos. Justo ayer me había dicho a mí mismo que alejaría a Bella Swan de mi vida, la sacaría para siempre y me olvidaría de ella, después de todo no había mucho que extrañar… Nada aparte de su increíblemente fenomenal talento en la cama.
—¿Qué haces aquí? —escuché un siseo y salí de mi ensoñación. Frente a mí, Bella sostenía una cafetera y me miraba con los ojos entrecerrados, su coleta holgada le daba un aire casi infantil.
—¿Así es como tratas a tus clientes? —murmuré con burla, ella rodó los ojos y sacó dos tazas que estaban debajo de la barra.
—¿Café? —preguntó condescendiente y yo asentí, ella sacó otra taza más y llenó las tres con maestría. Empujó una delante de mí y llevó las otras dos al otro extremo de la barra, unos hombres asintieron agradeciéndole, Bella dijo algo y ellos negaron con la cabeza, entonces sonrió levemente y se alejó.
Pensé que mi oportunidad para hablar con ella se había esfumado, pero el alivio llegó cuando tomó un trapo rojo y lo llenó de un líquido oloroso. El aroma a menta me inundó y agradecí que sobresaliera por encima de todo ese horrible olor a grasa. Bella tomó unos platos de una bandeja que se encontraba detrás de ella y comenzó a pasarles el trapo con olor a menta. Estaba delate de mí, por lo que cuando habló, la escuché perfectamente.
—¿Ahora sí me dirás que quieres? —Enarqué una ceja y reí por lo bajo.
—¿Uno de esos omelets con queso extra? —Bella dejó de limpiar los platos y me miró con una mueca claramente exasperada. Me encogí de hombros y le sonreí levemente, la estaba sacando de sus casillas. Se acercó a la especie de ventana que dividía la barra de la cocina y gritó una vez más—. ¡Un omelet con extra queso!
—¡Sale un omelet con extra queso! —le respondieron del otro lado.
Dejando el trapo, Bella se acercó a la barra y apoyó sus codos delante de mí.
—¿Feliz? —preguntó sarcástica y yo asentí—. ¿A qué has venido, Edward?
Miré hacía ambos lados y, rápidamente, me acerqué más a ella, como si lo que a continuación le fuera a decir, fuese de suma importancia.
—Tengo que hablar contigo.
Cuando lo dije ella se alejó, mirándome con una mueca indescifrable. Unos segundos transcurrieron y cuando pensé que seguiría con esto, ella simplemente negó con la cabeza.
—No —habló y la miré, incrédulo—. Ahora mismo estoy en una especie de cuerda floja, no quiero perder mi empleo. No puedo, lo siento.
Fruncí el ceño y me erguí en el incómodo banco.
—¿Es por eso? —inquirí— Yo… uhm, te podría esperar —ofrecí. ¿Qué?
Ella negó con la cabeza.
—No me lo tomes a mal, Edward. Pero creo que será mejor que no nos veamos más.
La miré sin comprender, ¿a qué venía esto? ¿Por qué me afectaba tanto?, debería agradecerle por esa decisión. Ella, al menos, no había inventado excusas tontas, si pretendía alejarse de mí y dejar toda esta situación yo no debería impedirle seguir adelante.
Debería besar a Bella por tratar de alejarme. No, no. Besar no, olvidar.
Asentí lentamente, ella se alejó unos minutos y volvió poco después con un humeante -y grasoso- omelet. Lo puso delante de mí con un juego de cubiertos al lado.
—Provecho.
Asentí una vez más y comencé a engullir el grasoso desayuno.
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Esperé y esperé.
El auto que me había prestado Emmett era un maravilloso BMW M3, no entendía como era que había adquirido una camioneta nueva cuando tenía esta maravilla en su garaje, pero bueno, lo comprendía, su nueva Cadillac era simplemente… Wow.
Comenzaba a desesperarme, debí haber desaparecido de ahí hace más de una hora, tal vez era un poco más, pero perdí la noción del tiempo. Según Rosalie, Bella trabajaba hasta la una y después tenía el resto del día libre, pues sólo iba al Black de lunes a viernes, Rose se había encargado de darme la información completa.
Miré la hora por enésima vez, las manecillas marcaban ya cinco minutos pasados de la una.
¿En dónde estás, Bella?
Después de terminar mi grasoso y extrañamente delicioso omelet, pagué y salí del local sin mirar atrás. Bella me había dicho que no quería verme más y yo lo acepté a regañadientes, claro, sin hacérselo saber. No obstante, tenía una excusa… O razón, para seguir buscándola, ella me había prometido recuperar mi auto y lo tendría que cumplir, ya después me alejaría de ella y de todos, ambos estaríamos felices, ¿no?
Otra media hora transcurrió lentamente, miré al frente y ahí estaba ella. Acompañada. El chico que había estado con ella en el Black Light la otra noche estaba ahí, haciéndola reír a carcajada limpia. Noté que ya no usaba su blusa negra y ceñida, en su lugar vestía otra de color verde, los mismos jeans y unas zapatillas negras. Bella rió por algo que dijo el chico y le arrebató su gorra para colocársela ella. Tomé cuatro respiraciones antes de bajar y detenerla.
Cerré la puerta del auto sin delicadeza y de unas cuantas zancadas ya estaba cerca de ella.
—¡Bella! —Detuvo su caminata y volteó a verme, pude notar una sonrisa en su rostro, sonrisa que, al darse cuenta que era yo quien le llamaba, desapareció.
Entonces sus labios se volvieron una línea recta y todo se fue por el caño.
Ella miró a su amigo y después a mí, muy a su pesar caminó en mi dirección, haciendo que el tipo que la acompañaba la siguiera muy de cerca.
—¿Qué quieres? —siseó, entrecerrando los ojos—. Pensé que… ¿C-Cuanto tiempo llevas esperándome?
—Yo…
—¿No te dije que no quería verte más? —exclamó y yo rodé los ojos exasperado, pues no me dejó responder.
Ah, Bella. No sabes en dónde te has metido.
—¿Puedes dejarme terminar? Tú no eres exactamente la razón por la cual estoy aquí —dije con los dientes apretados.
El chico detrás de Bella me miraba con cuidado, sentía sus ojos examinarme.
—Ah, ¿no? —Bella repuso su semblante y me miró expectante.
—No —admití pasando una mano por mi cabello y le miré suplicante. Qué humillante—, es por mi auto.
El entendimiento pareció cruzar el rostro de Bella, entonces ella asintió lentamente.
—T-Tu auto, claro… ¡El auto! —dijo, chasqueando los dedos.
—Sí, el auto —murmuré sin ningún tipo de expresión en la voz.
—Oh, bueno… Yo, verás Edward…
—Bella, me has prometido hacerlo —repliqué entrecerrando los ojos.
Su rostro se contrajo en una mueca culpable, fruncí el ceño y miré detrás de ella, el chico también fruncía el ceño.
—Sí yo… Te ayudaré a recuperarlo —suspiró pesadamente—, pero no es seguro que ellos lo tengan, ¿bien? Haré lo que pueda.
—Bien —asentí de acuerdo—, vamos. —Le hice una seña con la cabeza, mostrándole el auto que estaba detrás de nosotros y ella lo miró con desconfianza.
—¿Qué no…?
—Es de Emmett —contesté antes de que ella terminara la pregunta.
—Está bien.
Un silencio incómodo se instaló entre nosotros, Bella se giró hacia el chico detrás de ella y le dio una sonrisa forzada.
—Yo… Paxton, creo que me iré con Edward.
¿Paxton? Claro, ese era su nombre.
—¿Estás segura, Bella? Sabes que no es necesario…
—No… Digo, sí —frunció el ceño y se pasó una mano por la frente, tallándola con fuerza—. Se lo he prometido, nos veremos después, ¿sí?
Paxton me miró con desconfianza y yo le sonreí con descaro.
Mierda, ya odio a este tipo.
—Me llamas cuando llegues a casa. —Besó la frente de Bella y se dio media vuelta, alejándose de nosotros.
Ella sostuvo su mochila con más fuerza de la necesaria, acercándola a sí misma, como si yo tuviera intenciones de hacerle daño y aquel fuera su escudo. Fruncí el ceño, ¿ahora qué le ocurría?, ¿qué no era ella la chica descarada y orgullosa? Negué con la cabeza.
Isabella, me confundes tanto…
—¿Vamos? —le ofrecí mi mano, instándola a subir al auto.
Ella no la tomó y pasó de largo, bufando por lo bajo, pero aun así entró. Arranqué, poniéndonos en marcha sin rumbo fijo.
Al cabo de unos minutos Bella habló.
—Iremos a la estación de policía en Brooklyn —asentí, obedeciéndole.
No dijimos nada más, el viaje fue estresante. Era sábado -a la una de la tarde- en New York, ¿a quién putas se le ocurría atravesar de un condado a otro? ¡Ah sí!, a mí.
No sabía que haríamos al llegar allí ni como reclamaríamos el auto, o si tendríamos que hacer trámites legales, Bella iba muy tranquila a mi derecha, jugando con su celular.
Apenas llevábamos la mitad del camino cuando ella decidió hablar de nuevo.
—Haremos esto, pero tampoco sé si funcione —dijo antes de tomar una gran respiración—. Se supone que conozco a un policía que nos podrá decir acerca del registro de los autos ingresados, le decimos Douglas y…
—¿Qué? No soy un santurrón Bella, pero realmente no quiero meterme en más problemas… ilegales.
—¡Edward! —chilló ella y pude notar un deje de risa en su voz—. Quieres tu auto de vuelta, ¿no?, ellos probablemente comenzarán a indagar acerca de lo que pasó, el lugar donde se encontró no es muy, uhm, legal… Con todo ese alboroto de las carreras.
—Podríamos decir que vivo allí…
—Sí, genio. Muéstrame tu identificación, señor Manhattan.
—No importa, olvida eso.
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Estacioné justo en donde Bella me dijo y apenas apagué el motor, ella se bajó. Yo me tomé todo el tiempo del mundo, asegurándome de no parecer demasiado ansioso.
¿Qué más daba? Bella había ganado.
Ahora esperábamos a un tal Douglas, que nos ayudaría con todo esto del automóvil. ¿A quién pretendía engañar? No quería ser un ególatra, pero estaba seguro de que tenía bajo mi posesión suficiente dinero como para comprar diez autos más, iguales al que había perdido, simplemente no quería pensar que todo esto lo hacía porque en algún momento del día de ayer, me había dado cuenta de que todos los lazos que me unían a Bella Swan se habían roto.
Entonces, ¿qué estaba pasando? Kate, Angela, Bella. Kate, Angela, Bella. Bella… ¡Oh, mierda!
—¿Edward? —Miré a Bella rápidamente, esperando que no se diera cuenta de que estaba pensando en ella, como si supiera lo que rondaba por mi cabeza.
—¿Eh?
—Vamos, tenemos que caminar aún —asentí, un poco preocupado por el auto de Emmet.
El lugar en donde nos encontraríamos, hacía de esto un escenario bizarro. Jesse Owens Playground estaba desierto y en horribles condiciones, ¡vaya lugar para encontrarse con un oficial de policía!, todo parecía sacado de una novela mafiosa, en ese momento pensé que habría sido más fácil decirle a Bella que no me quería alejar de ella. No por ahora.
¿Por qué? Ni yo lo sabía, sin embargo, me gustaba la sensación. No tenía que guardarme los comentarios como con Kate y tampoco tenía que fingir ser un frívolo y maduro hombre de negocios como con Angela, podía ser yo mismo sin temor a equivocarme, de hecho, me había equivocado muchas veces con Bella, haciéndola enfurruñarse.
Ella era adorable cuando se enfurruñaba.
Oh, joder. Debería dejar de pensar en ello, no recordaba la última vez que había usado la palabra "adorable".
—Ahí viene —anunció Bella, salvándome una vez más de mi propia cabeza.
Un hombre alto y moreno se bajó de una patrulla, ajustó su cinturón y caminó hacia nosotros. Los siguientes minutos pasaron rápidamente.
El hombre moreno, mejor conocido como "Douglas, el poli corrupto", nos dijo todo lo que podíamos hacer para recuperar el auto. Traía consigo una tablilla de registros y reconocí mi placa, en definitiva, ellos lo tenían, Douglas dijo que -según el registro- lo habían confiscado por estar estacionado en una zona prohibida.
¡Vaya mierda!
Bella sólo me dedicó una mirada filosa, prácticamente gritándome que no era necesaria su ayuda, en fin ¿Quién iba a saberlo?
Douglas nos facilitó la información por la modesta cantidad de quinientos dólares.
Puto Douglas.
Tampoco es como si me hubiese dolido pagarle, era el hecho de que el puto hombre se aprovechó de mi ignorancia, también nos dijo que en la estación de policía de Manhattan podría pagar mi multa y ellos me lo entregarían allí mismo.
Cuando se iba, se despidió de Bella con un asentimiento y de mí con una gran sonrisa. Claro, ¿cómo no? Yo le había pagado su desayuno, comida y cena, de por lo menos una semana.
Regresamos al auto y nos pusimos en marcha. De reojo miré a Bella, tendría que pensar en algo pronto, aún no quería alejarme de ella.
—Entonces… ¿En dónde dices que vives? —pregunté casual y ella me miró ceñuda.
—Puedes dejarme en donde quieras, tomaré el subterráneo a casa —respondió indiferente y al instante negué con la cabeza.
—No, ni lo pienses. Recuerdo que mencionaste… ¿Queens?, ¿Bronx?
—Edward…
—Daré vueltas por toda la ciudad si no me dices, ¿bien? —sentencié y ella permaneció callada—, comencemos entonces.
—Edward, iré a casa en el transporte público.
—No lo harás.
—¡Ya lo he dicho! Es mi última palabra —chilló desesperada.
—No, iré a dejarte a casa, tómalo como… Un agradecimiento por tu ayuda.
—Ayuda que no necesitabas, ¿una multa por estacionarse en un lugar prohibido? ¿En serio? ¡Te creía más listo! —exclamó a la defensiva y decidí dejarlo pasar.
—Entonces… ¿En dónde vives?
Escuché un pesado suspiro a mi derecha y por fin salieron de su boca las palabras que tanto ansiaba.
—Bronx. Mott Haven.
Tomé el camino a la 278, no sabía con exactitud en donde se encontraba Mott Haven, pero aquella ruta estaba cerca de las primeras calles de Bronx, así que no me perdería mucho.
O eso esperaba.
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Bella POV.
Miré a mi izquierda y ahí estaba él, conduciendo con una sola mano, rápidamente regresé la vista al frente ¿Era yo, o el auto cada vez se hacía más pequeño?
Joder, ¿qué hacía aquí? Bien podría haberle dicho que se fuera a la mierda, pero no, ahora mismo estaría en casa, con Paxton y King, tal vez con Rose y Tanya, en cambio estaba aquí, en un auto pequeño, sintiéndome asfixiada, queriendo salir por las ventanas...
Miré a Edward una vez más, lo observaba más de lo políticamente correcto.
Mucho duró tu plan de alejarte de Cullen.
Jugué un poco con mi móvil y pateé la mochila que estaba a mis pies, Edward no hablaba y yo comenzaba a desesperarme, aunque tampoco es como si quisiera entablar una charla con él.
¿En serio, su auto? Era una excusa tan pobre…
Me crucé de brazos y bufé alto, sin importarme que Edward me escuchara o no, gracias al cielo mi móvil vibró y tuve algo para entretenerme. Era un texto de Rosalie.
"¿En dónde estás? Estoy afuera de tu casa, puedo escuchar los ladridos de King."
Un nudo se formó en mi estómago, mi bebé, lo había dejado solo otra vez, rápidamente tecleé una respuesta.
"Larga historia, llegaré en unos minutos, hay una llave de repuesto dentro de mi buzón. Puedes entrar si gustas."
—¿Bella? —alcé la vista y miré a Edward, él miraba la carretera y su mano libre se movía casi nerviosa en su pierna derecha.
—¿Sí?
Se aclaró la garganta antes de seguir hablando, noté que agarró el volante con más fuerza.
—Me preguntaba si… Uhm, quiero decir, supongo que un viaje a tu casa no será suficiente para agradecerte tu tiempo y… Sí, bueno, el que me contactaras con Douglas —frenó cuando el semáforo se puso en rojo, sólo en ese momento me di cuenta de que no lo estaba mirando—. Probablemente fue algo estúpido, pero no me habría enterado de no ser por ti, así que… Uhm, no sé, supongo que… ¿Una cena? Sí, una cena estaría bien, ¿qué dices?
Le miré extrañada, no había entendido nada.
—¿De qué hablas?
—De una cena.
—Eso lo sé, pero, ¿qué tiene que ver con…?
—Bella, estoy invitándote a cenar —explicó lentamente.
Poco a poco la razón fue entrando a mi cabeza y asentí con entendimiento.
Oh… Una cena, me estaba invitando a una cena.
Aguanté las ganas de reírme histéricamente, eso no sucedería.
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Subí rápidamente las escaleras, saqué las llaves de mi mochila y abrí la puerta mientras veía a uno de los gatos de la señora del departamento doce merodear por mi puerta.
—¡Fuera! —le asusté y salió despavorido. Al entrar a casa me di cuenta de que Rose había decidido entrar y adueñarse de mis dominios por unos minutos—. ¡Estoy en casa! —grité, tirando la mochila en un sillón.
King salió de mi habitación y se paró en sus dos patas traseras, apoyando las dos delanteras en mis jeans.
—¡Hola, mi amor! —exclamé, moviendo sus orejas de un lado a otro, al parecer eso le gustó, pues como agradecimiento lamió mi mano con fervor—. Aww, ¿tía Rosalie está siendo buena contigo?, más le vale que sí, ¿verdad bebé? —pregunté con voz totalmente melosa.
Unos tacones resonaron y entonces Rosalie apareció, lo primero que hizo fue rodar los ojos con exasperación al ver la escena, yo sólo me erguí y le sonreí con diversión.
—¿Qué hay?
—¿En dónde estabas? —interrogamos al mismo tiempo, así que Rose decidió que ella respondería primero.
—Tienes que dejar de actuar así, casi me da diabetes. Pensé que podríamos pasar una tarde juntas, aunque cuando llegué no estabas, Paxton me dijo que te fuiste con alguien… ¿Me dirás con quién estabas?
Muchas gracias Pax.
—Yo… —Rose enarcó una ceja y yo suspiré derrotada, tendría que decirle la verdad, hoy andaba en plan soy-una-perra-no-me-mientas. Tal vez estaba teniendo esos días del mes—. Edward Cullen, estaba con él —solté antes de tomar una soda del refrigerador.
—¿Edward Cullen? —inquirió removiéndose incómoda—, ¿y qué hacías con él?
—Me fue a buscar al trabajo para que le ayudara con lo de su auto… Lo que me hace recordar, ¿cómo es que sabía en donde trabajaba?
Ella se aclaró la garganta antes de acercarse a mí, alzando ambas manos frente a ella.
—¡Que conste que yo no sabía nada! —exclamó inocentemente.
—Está bien Rose, se lo debía —ella volvió a su postura normal y asintió, dándome la razón.
—Sí, lo recuerdo,ahora salgamos de aquí.
—¿Qué?, acabo de llegar del trabajo, necesito una ducha y no quiero dejar a King solo. —Rosalie bufó. Cólicos y bufidos no eran una buena combinación.
—Te daré veinte minutos para que te bañes, iremos al Central Park, puedes llevar a tu bestia —dijo tirándose en el sofá mientras jugaba con su móvil.
Sin responder corrí a la ducha… Mis veinte minutos no debían ser desaprovechados.
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Eran alrededor de las ocho de la noche cuando Rosalie me dejó en la entrada del edificio, después de todo, me había entretenido lo suficiente para no pensar en Edward Cullen y sus estúpidas excusas. Tampoco tendría por qué hacerlo, se suponía que ya no lo vería de nuevo, sólo esperaba que esta vez fuera en serio.
King tironeó de la correa cuando uno de los gatos de la señora del doce pasó frente a nosotros.
¡Ah, esos putos animales!
Jalé a King y seguimos subiendo las escaleras. El día en el Central Park había superado mis expectativas, Rosalie sí estaba en sus días del mes, pero con unas pastillas los cólicos pasaron a segundo plano, dejándonos divertirnos junto con King, quien por cierto, corrió a más no poder, yo sólo quería llegar y tirarme a dormir, estaba cansadísima.
Casi podía escuchar a mi cama llamándome, sin embargo, la voz que me llamó no era la de mi cama.
Frente a mi puerta -junto con algunas bolsas de contenido desconocido y más casual que hace algunas horas- estaba Edward Cullen.
—Hola —saludó con una sonrisa estúpida bailando en su rostro.
Definitivamente alguien allá arriba me odia.
Gracias a Zay por su magnífico beteo!
Y a todas ustedes por su apoyo y paciencia. Quiero que sepan que trato de escribir y actualizar lo más pronto posible, pero a veces no es del todo posible. Los favs, follows y reviews! Gracias, gracias, gracias!
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Nos leemos pronto(yn)!
Ivy, xx
