Capítulo beteado por Zaida Gutiérrez Verdad. Betas FFAD www .facebook groups / betasffaddiction
HOTTER THAN A FEVER
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son de la grandiosa Stephenie Meyer. Algunos -y sé que notarás cuáles- son de mi autoría. La historia me pertenece en su totalidad.
Capítulo 7: ¿Encuentros casuales?
«Sábado, 29 de agosto»
Bella POV.
—¿Qué estás haciendo aquí? —espeté, jalando la correa de King, que no dejaba de ladrarle a Edward.
Eso bebé, buen muchacho.
—He traído la cena, ¿sabes?, esperaba al menos una bienvenida más cálida.
—¿Cómo sabes en donde vivo? —gruñí, ignorando su respuesta y apresurándome a abrir la puerta mientras King me jaloneaba cada vez más—. Basta King, ahora no.
Si lo muerdes puede que te contagie la rabia.
—Sí que es una fiera, ¿no? —se burló Edward—. Como sea, un chico de la planta baja me dijo en donde vives, eso no es para nada seguro, ¡soy un extraño y él con gusto me indicó tu apartamento!
Entré y Edward, sin invitación alguna, me siguió.
—Como sea, él lo hizo y también olía a hierba —farfulló malhumorado.
—Ese cabrón, sé de quien hablas. Parece que Bailey se empeña en decirles a todos lo que hago o dejo de hacer —recordé que fue él quien le dijo a Rosalie que no estaba en casa.
Puto John.
Miré a Edward, él le estaba dando una mirada evaluativa a mi departamento. En nada se comparaba mi cajón con su sofisticado apartamento. Era como si pertenecieran a dos mundos diferentes y me parecía difícil creer que sólo se encontraran a cuarenta y pocos minutos de distancia.
King se retorcía cada vez más y decidí soltarlo. Él fue rápidamente a los pies de Edward y comenzó a ladrarle. Mi mirada orgullosa se interrumpió cuando vi a Edward tambaleándose cuando King le dio un empujón. La comida que tenía en manos amenazó con regarse en el suelo.
—King, ven aquí bebé —le llamé, dando pequeñas palmadas. King rápidamente se despegó de Edward y vino a mí, en busca de un poco de cariño.
—¿En dónde puedo dejar esto? —preguntó Edward, haciendo como si nada hubiera ocurrido.
—No eres muy bienvenido, ¿sabes? —rasqué detrás de las orejas de King, que se había echado en el sofá. Nunca lo hacía, pero parecía que esto era tema territorial. Ah, estos machos.
—Eso duele. Lo dejaré por aquí —anunció, adentrándose en la cocina y yo rodé los ojos.
—Edward…
—Bella —me interrumpió—, te invité a cenar y no aceptaste. Ya conoces el dicho, si no vas a la cena… La cena vendrá a ti.
—Esa frase no va —fruncí el ceño.
—Y tú tampoco fuiste a cenar conmigo —farfulló, fingiendo un puchero.
—Como sea, no sé por qué haces esto, no es necesario.
—Sí lo es. Ahora tengo mi auto de regreso.
Suspiré exasperada, algo me decía que nada sacaría a Edward Cullen de mi hogar. De vuelta a la sala, tomé los dos recipientes de King y le serví croquetas y agua, los dejé cerca del comedor, era un poco extraño, pero él era demasiado fastidioso y si su comida no estaba en el lugar indicado, no probaría ni un bocado.
Edward salió de la cocina con dos platos repletos de pasta, King no le hizo mucho caso, al parecer sus croquetas eran más interesantes.
—Es comida italiana, espero que te guste.
Asentí y tomé los platos para ponerlos en la mesa. El mío más cerca de donde mi pequeño bebé se encontraba.
—Iré por las bebidas —anunció—. Va mejor con vino, pero creo que esto servirá.
—¿Jugo de uva?
—Soda de uva —me corrigió él.
Rodé los ojos y me senté, esperé a que él hiciera lo mismo y cuando tomó asiento, comenzamos a engullir nuestra comida en silencio. Al cabo de unos minutos, Edward carraspeó, lo miré y enarqué una ceja.
—¿Qué?
—¿Vas a quedarte callada? —inquirió.
—Nop.
—Hablemos —insistió, dejando sus cubiertos sobre el plato, que aún tenía comida.
—¿Qué pretendes con todo esto?… La cena, traerme a casa, no creo que sea tan inocente como lo haces parecer.
—No soy tan malvado Bells, lo hago por agradecimiento, creo.
—Sí, supongo que sí. También supongo que después de esto no volveremos a vernos —reflexioné en voz alta.
Al parecer Edward no le dio mucha importancia, pues no dijo nada al respecto y aquello hizo que mi pecho se estrujara.
El resto de la cena transcurrió en silencio. King se había ido a dormir y Edward tenía el ceño fruncido, me ayudó a lavar los platos, pero se mantuvo callado, después se despidió secamente y se fue. ¿Qué había pasado?, ¿no era él quien insistía en mantener una conversación?, ¿por qué de pronto todas sus intenciones se habían esfumado?, ¿por qué me preocupaba tanto? Enfadada conmigo misma, decidí que lo mejor sería darme una ducha e irme a dormir, después de todo, eso había sido lo que más ansiaba antes de encontrarme con Edward Cullen frente a mi puerta.
«Domingo, 30 de agosto»
Los golpes amenazaban con derribar mi puerta. Gemí contra las almohadas y maldije a quien estuviera haciendo ruido. ¡Era domingo!, muy lentamente, ignorando los fuertes golpes, miré el reloj en mi mesita de noche.
9:48 a.m.
¡Mierda! Iba a arrancarle la cabeza a quien estuviera del otro lado de la puerta. Sin más opción, me miré en el pequeño espejo de la sala y acomodé mi cabello antes de abrir.
—¡Señorita Swan! —salté y juro que el sueño se fue a esconder en la parte más remota de mi cajón.
—Señora West, ¿q-qué está haciendo aquí? —tartamudeé nerviosa. Rogué porque King no saliera de la recámara.
—Este es mi edificio, Isabella —dijo, apretando los dientes y yo me golpeé mentalmente. Claro que lo era.
—¡Oh!, por supuesto, lo siento.
—Tienes que desalojar ahora mismo.
Abrí los ojos como platos y la sangre de mi cara se esfumó. ¡¿Qué?!
—¿Por qué?, ¡acabo de pagarle el mes y nunca he sido impuntual, ade…!
—Lo siento mucho, aquí tienes tu mensualidad —dijo, tendiéndome un sobre amarillo—. Los agentes de salubridad encontraron varias fugas y una plaga de termitas en el edificio. No puedo exponerme a tener problemas legales por rentar un edificio que no es apto para vivir. Espero que entiendas.
—¿En donde se supone que viviré?, ¡es el único lugar a lo largo y ancho de Nueva York que puedo permitirme pagar, señora West!
—Lo siento mucho, Isabella —se lamentó ella, con pena fingida—. Tienes dos días para desalojar el departamento, el martes vendré a cerciorarme de que el edificio esté vacío —dijo y giró sobre sus talones.
Dentro del sobre amarillo estaban mi dinero y una orden de desalojo.
¿Una plaga de termitas?, ¿una puta plaga de termitas en Nueva York?
—Termitas mi culo, Lyla West de mierda.
Agradecí que King no hubiese emitido algún sonido. Abatida y derrotada, me dirigí a la habitación y noté que seguía profundamente dormido. Yo no conocía a ningún perro que pudiera conciliar el sueño habiendo tanto ruido, al parecer lo de King era pereza extrema.
Me dejé caer en la cama y suspiré sonoramente, tratando de mantener la calma.
¿Qué haría ahora?, ¿en dónde viviría?, la señora West me había dado muchas facilidades al rentar el pequeñísimo apartamento y yo, como muestra de agradecimiento, le entregaba a tiempo las mensualidades… Y ahora ella me daba una patada en el culo.
Seguramente sería el karma, por engañar a la señora West respecto al tema de las mascotas, me apoyé en mis codos y miré a King, que recién despertaba y se estiraba lánguidamente.
—Esto es tú culpa —acusé resentida.
King ladró y brincó a la cama conmigo, le acaricié el lomo sin dejar de repetir que era su culpa.
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Después de ducharme y desayunar las últimas rebanadas de pan tostado, llamé a Rosalie, ella sabría qué hacer.
Pero Rose era Rose, así que insistió para que me quedara con ella hasta que consiguiera algo decente
—Ya sabes, podremos grafitear o dejar eses de King por todo el lugar —miré a Rose con cara de asco.
—Eww, por supuesto que no.
Rosalie se cruzó de brazos y suspiró con frustración, pero la ignoré por completo y ella siguió metiendo mis pertenencias en cajas.
—Oye, esta está sin estrenar, tienes que usarla en la próxima fiesta —dijo, levantando la blusa azul rey que Tanya y James me habían regalado… Hace quién sabe cuanto.
Tanya gastaba dinero a montones y tenía esa manía rara de ver la ropa e imaginarse a alguien dentro de ella, después la compraba y se la regalaba a esa persona. Creo que esa blusa había sido un regalo de "¡Feliz sábado después de tu cumpleaños!". James estaba colado por su chica, así que no hacía comentario alguno, él ganaba dinero a montones. El mundo de la mafia era muy bien pagado una vez que respirabas por y para ellos.
—Sí, supongo, pero por ahora no quiero fiestas, quiero concentrarme en encontrar un buen lugar para vivir.
—Bella, sabes que puedes quedarte conmigo el tiempo que sea necesario, agradezco a la señora Wallace…
—West —corregí.
—Como sea, ¡le agradezco porque vayan a cerrar ese agujero de ratas!, mereces más. Sabes que me desagradaba que vivieras allí. Tal vez podrías buscar en Queens…
—Rosalie, no puedo permitirme Queens, no puedo permitirme otro lugar que no sea Bronx. Todos conocen a Tanya y James, saben que yo soy cercana a ellos y no dejarían que…
—Es James, un mafioso. Tanya es nuestra amiga, pero ella no se voltearía a mirarte si James le dijera que no lo hiciera y James obviamente no se metería en líos por un peón más en su tablero. Cáptalo, Bella. No eres nadie en su mundo, él no te protegerá.
—Pero…
—Bella, llevamos mucho tiempo conviviendo con ellos como para saber como funcionan las cosas. No es lo mismo que él te deje correr sus autos por unos cuantos billetes a que seas parte permanente de su equipo. Y aún si lo fueras, a él no le importarías si Tanya o él están en peligro. Bronx no es seguro, tenías vecinos que nunca estaban y el único que estaba deambulaba por los pasillos, canturreando sobre todo lo que hacías o dejabas de hacer.
Tragué en seco en intenté disimular mi asombro, que pronto fue reemplazado por la culpa.
—No sabía que te preocupaba de esa manera, Rose —susurré—. No fue mi intención, lo siento mucho.
Aunque Rose era insoportable, inmadura, caprichosa o fastidiosa, era la única persona que me había dado el apoyo que había necesitado siempre. Ella era lo más cercano que tenía a una hermana y nunca pensé que ella se sintiera así respecto a mi seguridad.
—No te disculpes cariño, sé que no lo hacías adrede. Pero si podemos cambiar la situación, ¿por qué no hacerlo?, sé que piensas que te quedarás sola y que no tienes nadie a quien proteger aparte de King, pero todo es posible en esta vida, ¿y si mañana te enamoras?, ¿y si decides tener hijos?
En ese momento Edward vino a mis pensamientos. Sacudí la cabeza, indignada conmigo misma, e interrumpí a la rubia.
—¿A qué viene esto, Rose? —bufé molesta.
Rosalie suspiró pesadamente y puso sus manos en mis hombros, dándome un leve apretón.
—Lo que quiero decir es que, si ocurre todo eso, ¿cómo es que podrás vivir en paz?, ¿llevar una vida normal, poder ser feliz?, meterte en ese mundo te quitará la posibilidad de disfrutar muchas cosas, Bells.
La miré, tratando de sonreír burlona, queriendo disipar el ambiente melancólico.
—No seas cursi, Rose.
—Hablo en serio Bells, sólo piénsalo.
Pasadas las cuatro de la tarde, las orejas de King se movieron y agitó la cola con ímpetu, Rosalie sonrió y, segundos después, los golpes en la puerta anunciaron que Jasper había llegado.
—A veces me pongo celosa, ¿sabes? —dije, cuando Rose abrió la puerta y Jasper entró al pequeño departamento con dos pizzas en la mano.
—Si tu perro no te da cariño, siempre hay termitas disponibles —dijo burlón, poniéndose en cuclillas para acariciar a King. Rosalie bufó y rodó los ojos.
—Creo que es el perro más mimado de América. No te he visto en dos días, sólo hemos hablado por teléfono y… Ah, sí ¡Soy tu hermana! —chilló Rosalie muy indignada.
Reí por su comentario y Jasper se levantó para abrazar a su hermana menor. Le plantó un sonoro beso en la frente y me saludó de la misma forma.
—Lo siento, pero King es más fácil de tratar.
Rosalie puso varias servilletas en la mesa y abrió una caja de pizza. Le serví unas pocas croquetas a King, porque estaba segura de que si él no tenía algo para comer, no dejaría que nosotros nos alimentáramos en paz.
—Oh, esto es gloria —gimió Rose al darle una mordida a su rebanada.
—¿Mucho trabajo?
—Son pocas cosas, pero bajar cajas y volver a subir es malditamente cansado. Mis piernas están gritando, ¿no las escuchas?
—Les dije que me esperaran, pero, ¡ah, son todas unas mujeres independientes!
—¿Cómo te está yendo en el trabajo?, Rosalie me comentó que te tratan muy bien, que la paga es buena y que vas por muy buen camino para un puesto mayor —dije todo eso sin tomar aire.
—Veo que no pierden tiempo —señaló, le dio una mordida a su rebanada de pizza y masticó antes de hablar—. Sí, soy otro chico más del cubículo, pero en este poco tiempo que llevo dentro de C&B Group ya me han asignado a dos ejecutivos para ser su acompañante en las reuniones fuera de Nueva York. El trabajo me gusta y todo comienza a tener buena pinta, me siento muy bien.
—Te lo mereces, Jazz.
—Claro que se lo merece —dijo Rosalie, sonando muy orgullosa.
—Gracias, mis chicas —murmuró Jasper, apenado por la atención recibida. Le dio otro bocado a su pizza y tomó un trago de soda—. Mejor nos apuramos y desalojamos este lugar, ya siento las termitas en mi cuello.
—Sigue hablando —le advertí en un leve gruñido.
Jazz sonrió y se levantó para tirar la basura. King lo siguió y yo rodé los ojos. King tenía un enamoramiento canino o algo así, al parecer, Jasper se había convertido en su mejor amigo.
—¿Tenemos todo?
—Sí, todo lo demás lo dejaré. Creo que no será necesario llevarlo.
En el departamento se quedaba la mayoría del mobiliario, incluso dejaríamos la televisión. Sólo nos llevaríamos la cama de King y mi colchón, el pequeño armario, el sofá, las sillas, la mesa y esas mierdas se quedarían y jamás las volvería a ver.
Mi cartera lloraría su pérdida, tal vez yo también, pero no tanto.
Miré a mi alrededor, el cajón que la señora West me rentaba era una porquería, mi trabajo con el señor Howe tampoco era maravilloso y si bien en el Black Light era la estrella por unas cuantas horas, no era lo que me gustaría hacer de por vida.
Una vez tuve un sueño, una vez me imaginé viviendo en la casa ideal e incluso planeé la boda de mis sueños, pero las cosas se vinieron abajo y me di por vencida.
Pero me levanté y volví a comenzar. No podía evitar sentir que esto era un nuevo comienzo y estaba aterrada.
Una mano se posó en mi hombro.
—Todo estará bien, ya verás —dijo Jasper, dando un leve apretón.
Asentí, tratando de convencerme a mí misma.
—Sí, supongo que sí.
Edward POV.
—¿Qué quieres, Emmett?
Mi hermano entró a la estancia y sonrió, ignorando por completo mi actitud.
—Son las cinco —informó.
—Gracias, también sé que es domingo, ¿quieres decirme cómo está el clima? —Emmett sólo atinó a sonreír con burla, una vez más.
—Ya, ¿estás enojado porque volviste a discutir con Angela? —preguntó, paseándose por mi departamento.
—¿Qué?, ¿cómo lo…?
—Alice. Hoy fui a comer con papá y mamá. Ya sabes, Al estaba ahí e hizo un comentario y Esme dijo algunas cosas sobre las relaciones de pareja y bla, bla, bla.
Fruncí el ceño y evité hacer una pataleta. Odiaba cuando Alice se metía en nuestra relación y entonces iba con Esme, que me veía como el malo de la historia, pero odiaba más que Angela le contara todo a Alice, omitiendo lo que ella hacía o decía.
Anoche, cuando regresaba de la casa de Bella, Angela me llamó para que saliéramos con algunos de sus amigos, yo no estaba de humor y sus amigos nunca me habían agradado, así que le dije que no, ella insistió y eso se convirtió en una pelea telefónica, ¿por qué me sorprendía que Alice se hubiera enterado y le fuera con las buenas nuevas a Esme?
—Nah, no es eso —dije, restándole importancia al asunto. En ese momento me percaté de que Emm tenía la mitad del cuerpo metido en mi refrigerador—. No hay cervezas, de todas formas, ¿qué haces aquí?
—No lo sé, no aguanté mucho en casa de nuestros padres con Alice allí —rodó los ojos y se dejó caer en el sofá—. Y Rosie me invitó a cenar, pero aún es temprano; así que pensé que molestar a mi hermano menor era una buena idea.
—Que ingenioso, Emmett.
—No estabas haciendo nada, yo sólo vine a alegrarte la tarde.
—Estaba muy feliz haciendo nada.
—No, no te veías feliz, ¿por qué no vienes conmigo, a casa de Rose?
—Me invitas a cada lugar al que ella te invita, pensará que soy tu chaperón —bromeé.
—Para nada, a Rosie le agradas.
—Seguro, ella también es agradable, pero no creo que…
—¡Vamos, Edward!, iremos, ya está dicho.
—-Claro que no, Emmett.
—Si lo está, querido hermano menor. No hay nada en la televisión, por eso estás enojado, ¿no?
—Sí, Emmett. Es por eso.
—Ya, lo he pillado, no hablaré más —murmuró no muy contento.
Él cumplió su promesa y nos quedamos en silencio. A decir verdad, no tenía muchas ganas de salir a cualquier lugar, sólo quería quedarme tendido en el sofá o en mi cama. O en la mesa de billar, el suelo no parecía una mala opción tampoco. Ayer las cosas no habían salido como esperaba, pero con ella no sabía que esperar. Una parte de mí tenía la esperanza de que todo fluyera mejor con unas cuantas palabras de su parte, pero no, ¡claro que no!
De todas formas, ¿qué era lo que pretendía?, evidentemente Bella no quería tener nada que ver conmigo, cosa que me hizo estremecer.
Unos segundos después, Emmett comenzó a parlotear y yo rodé los ojos, ya se había tardado.
Encontramos una película interesante y nos entretuvimos un rato. Emmett hizo unas cuantas bromas acerca de los actores y el ambiente tenso que reinaba en mi apartamento desapareció. Cuando dieron las ocho menos diez, partimos al departamento de Rosalie, que estaba en Queens. El camino de usualmente cuarenta minutos fue reducido a veinticinco, pues Emmett no dudo en presumir lo que su preciosa Cadillac era capaz de hacer.
Ahí comenzaron las bromas sobre mi Volkswagen y la imperiosa necesidad de cambiarlo, según Emmett.
Nos estacionamos frente al edificio de ladrillos en el que Rose vivía y él se giró hacia mí, riendo a carcajadas.
—¡En serio, hermano!, ¡ese auto tiene que morir! —bramó.
—¡No!
—Amigo, no niegues que te enamoraste de ese hermoso Audi que vimos pasar.
Me reí, negando con la cabeza.
—Eso no tiene nada que ver, no cambiaré mi auto.
Sólo hasta que llegamos al pie de las escaleras, recordé porqué odié el departamento de Rose la primera vez que vine. Ella vivía en el quinto piso y no tenía elevador.
—Le regalaré un ascensor a Rose para navidad —dijo Emmett cuando llegamos a su puerta
Sí, yo también lo haría.
—¡Voy! —gritó una voz detrás de la puerta y me tensé por completo.
Esa voz, ¿qué hace ella aquí?
Antes de poder procesarlo, Bella ya había abierto la puerta y me miraba impresionada.
Sacudió la cabeza y nos sonrió, haciéndose a un lado para dejarnos pasar.
—¡Hola, pasen!, Jazz ha ido por unas cervezas. —Emmett saludó a Bella con un beso en la mejilla y yo hice lo mismo, sintiéndome como un puberto.
—Así que por fin conoceré al famoso Jasper, genial —canturreó Emmett.
Rosalie salió de la que supuse era la cocina, con mandil encima de sus casuales jeans.
—Y Jasper quiere conocerte también —mencionó de forma distraída, su mirada se posó en mí y sonrió amigablemente—. ¡Hola Edward!
—Hey, Rosalie, espero que no te moleste que me una a ustedes esta noche.
—¡Para nada! —dijo, agitando una mano de forma despreocupada—. Mi hermano mayor, Jasper, se ha tomado un pequeño descanso del trabajo, así que decidí organizar esta cena. Él quiere conocer a Emmett y le hable un poco de ti también, tampoco pensé que te gustaría venir —confesó en medio de su parloteo.
—¿Por qué no me gustaría?, tienes a mi hermano babeando por ti, Rose. Prácticamente eres parte de la familia.
—¡Gracias!, ustedes también son parte de nuestra pequeña familia, ¿verdad que sí, Bells? —cuestionó mirando a Bella, que cambiaba los canales de la televisión.
Su penetrante mirada verde se posó en Emmett y después en mí, tardándose más de lo normal.
—Sí, seguro que lo son.
Emmett y Rosalie se perdieron en la cocina y yo me senté en el sofá de dos plazas.
Bella me miraba de reojo y devolvía la mirada al televisor cuando yo la miraba. Ella pensaba que no me daba cuenta de eso, pero era imposible no darse cuenta cuando su mirada era tan intensa como ella misma.
—No me estás siguiendo, ¿verdad? —preguntó con algo de temor. Reí divertido y negué con la cabeza.
—No, yo estaba en mi apartamento haciendo nada cuando Emmett llegó.
Bella asintió lentamente.
—Ok, yo no quería insinuar… —se puso muy roja y me pareció de lo más agradable.
—Está bien, no hay problema —murmuré inseguro, porque no sabía lo que ella quería decir.
—Bien.
Antes de que pudiera entablar algún tipo de conversación con Bella, la puerta se abrió, mostrando a un chico alto y de cabello rubio despeinado. Estaba totalmente seguro de que lo conocía.
—No creí que estuviera tan lejos —comentó y supuse que le hablaba a Bella.
—¡Pero si es Jasper!, creí que habías ido a hacer la cerveza —se mofó ella.
¡Jasper!, ahora recordaba de dónde me sonaba el nombre. Al parecer, él se dio cuenta de mi presencia, pues me miró entre divertido y cordial.
—¡Hola!, ¿señor Cullen?
Me puse de pie y alisé las inexistentes arrugas de mi playera, aquella costumbre de mi yo empresario había salido a flote y casi me golpeé por eso, extendí una mano y él la estrechó.
—Te he dicho que me digas Edward, somos prácticamente de la misma edad, el señor Cullen es mi padre y ahora estamos fuera del edificio.
Jasper sonrió con cortesía y asintió.
—Bien, me sentiría más cómodo si fuera Jasper y no Hale.
Un carraspeo nos hizo interrumpir nuestra pequeña charla.
—¿Se conocen? —inquirió Bella, señalándonos a ambos.
Asentimos a la vez, pero fui yo quien tomó la palabra.
—Da la casualidad de que cuando Jasper fue a C&B, yo estaba con la responsable de recursos humanos, fue ahí donde nos conocimos, ya que realmente nuestros departamentos no se relacionan mucho.
—¿Así que trabajas donde Jasper? —preguntó curiosa.
—Eh, sí.
—En realidad es hijo del socio mayoritario —susurró Jasper en tono confidencial, pero a sabiendas de que Bella escuchaba perfectamente.
—¡Vaya! —abrió los ojos impresionada—, así que eres su jefe.
Rápidamente negué con la cabeza.
—Para nada, finanzas y administración tienen jefes diferentes. No por ser el hijo del socio mayoritario tengo un puesto sólido. Mi padre se ha asegurado de que adquiera experiencia y trabaje duro, para que cuando me asciendan en un puesto sea por mis méritos y no por un apellido —aclaré con voz firme.
No sabía por qué, pero me incomodaba pensar que Bella creía que todo lo que había logrado era por el simple hecho de ser un Cullen y no por ser Edward, algo dentro de mí insistía en aclararle las cosas.
—Yo no quise ofenderte, Edward —susurró Bella, rompiendo el incómodo silencio.
La miré, sintiendo como me relajaba.
—No lo hiciste Bella, sólo quería aclararlo.
—¿En dónde está el famoso novio de mi hermana? —preguntó Jasper.
—Rose y Emmett están en la cocina, ellos…
—Sí, ellos llevan mucho tiempo allí adentro —me interrumpió Bella. Jasper la miró feo y yo contuve las ganas de reírme.
Jasper caminó a la cocina con las cervezas en una mano y la otra formando un puño, Bella temblaba de risa y yo no me quería perder lo que prometía ser un buen espectáculo, así que avancé detrás de ellos.
Emmett tenía encerrada a Rosalie entre la barra de isla de la cocina y su gran cuerpo, se estaban comiendo entre ellos.
—¡¿Rose?! —gritó Jasper, aunque más bien sonó como un chillido femenino.
No pude aguantar más y comencé a reír, seguido instantáneamente por Bella.
Rosalie miraba asustada a su hermano y Emmett no se quedaba atrás, esta no era una buena primera impresión. Emmett destilaba un me follo a tu hermana todas las noches por cada poro de su cuerpo.
—¡Jazz!, que bueno que llegaste —Rosalie se separó de Emmett y miró un recipiente de cristal.
—¿No nos vas a presentar, Rose? —inquirió Jasper, mirando fijamente a Emmett.
Bella soltaba pequeñas risitas y yo, por la lealtad a mi hermano, procuraba ocultar mi diversión.
—¡Sí, sí! —Rose miró mal a Bella y ella rápidamente se quedó callada. La chica rubia se acercó a Emmett y lo jaló para que se situara a su lado. Emm todavía estaba en shock—. Jasper, él es Emmett. Emmett, él es mi hermano mayor, Jasper.
Emmett estrechó la mano de Jasper, dejando a un lado su palidez extrema.
—Mucho gusto, Emmett Cullen —se presentó mi hermano.
Jasper abrió mucho los ojos y los rodó después, devolviéndole el saludo a Emmett.
—Jasper Hale, ¿son hermanos o algo así? —asentí y Jasper volvió a mirar a Emmett—. ¿Y no podías quedarte con el hermano menos bestia, Rosalie? —preguntó Jasper a su hermana y nosotros no pudimos evitar reír.
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—Odio los lunes —gimió Emmett, entrando en mi oficina. Lo miré de reojo y seguí con el trabajo en mi ordenador.
—Me alegro Emmett, ¿en dónde está Maggie?, ¿por qué mierda te dejó pasar? —pregunté sin mirarlo.
—¿Otra vez amargado, hermano?, ayer te veías relajado, parece que el efecto se ha pasado—. Mandé a imprimir unos informes y miré a mi hermano mayor.
—Ajá, ¿no tienes trabajo?
—Sí, ¿comemos con Jacob? —preguntó ignorándome—. Dice que quiere hablarnos de algo importante, creo que le pedirá matrimonio a Leah.
Lo miré impresionado, elevando ambas cejas.
—¿Cómo sabes eso?
—¿Tú sabías algo? —me acusó y negué con la cabeza—. Bueno, yo sólo lo supuse, ha estado haciendo insinuaciones sobre el tema.
—¿Qué tal si nos reunimos saliendo de trabajar?, estaré ocupado a la hora de la comida —me sentí un poco culpable, pues Jacob era uno de mis mejores amigos y no quería fallarle. Pero tampoco quería fallarle a Kate y hace mucho que no la veía, le haría una visita por la tarde.
El viernes le había prometido que buscaría más tiempo para ambos y en todo el fin de semana no había ido a verla.
—¿Reconciliación? —cuestionó Emmett y elevó ambas cejas.
—Sí —no me molesté en corregirlo, pues no era precisamente con Angela con quien iba a reconciliarme.
Emmett asintió satisfecho, seguramente tomaría esta situación como material para hacer bromas con Jacob. Se levantó de la silla y se despidió, asegurándome que Jake entendería. Con un nos vemos después, usen condón Emmett salió de mi oficina.
Ese era mi hermano mayor.
Sentía que el reloj no avanzaba, así que cuando dieron las once salí de la oficina no pudiendo esperar ni un minuto más. Kate me había dicho que estaría en su apartamento todo el día, así que no había problema si llegaba antes. Dejé mis recados terminados, los informes impresos y le dije a Maggie que volvería pasadas las cuatro. Ella no hizo preguntas, tampoco es como si yo las fuera a responder.
Conduje rápido –pero con precaución- a casa de Kate, no quería que me detuvieran por exceso de velocidad. Llegué en veinte minutos y saludé al portero al pasar por el lobby. Presioné el número en el ascensor y este hizo su trabajo. Las manos me picaban y mi cuerpo comenzaba a sudar, pero sabía que no era por la emoción de estar con Kate otra vez.
Presentía que algo ocurriría, o tal vez eran puras patrañas.
Tenía una llave del apartamento de Kate, así que rápidamente la introduje en la cerradura y abrí la puerta en silencio. Un pequeño pasillo era lo primero que se veía, seguido por la sala y la cocina. Al no escuchar ruido en la cocina, deduje que lo más probable era que Kate estuviera en la sala.
Caminé con paso firme y una gran sonrisa hasta allí.
Dos mujeres castañas se giraron al escucharme llegar y estaba seguro de que los tres teníamos la misma expresión en la cara.
Muecas muy, muy sorprendidas.
Aunque Angela tenía un destello decidido y furioso en sus ojos, su rostro no dejaba de mirarme casi tan temeroso como el de Kate. Y yo, yo no me quedaba atrás.
.
Hello!
Una disculpa por la tardanza, no es mi intención pero en estos últimos días casi no he tenido oportunidad de escribir, espero lo entiendan. :( Gracias a las chicas que han seguido el fic a pesar de mis tardanzas, no lo abandonaré -como lo dije en el comentario de Totally YoursXD- pero paciencia, por favor, en las vacaciones espero dedicarme al cien a mis fics. n_n
Gracias por sus follows, favs, reviews y por leer HTAF!, significa mucho:3. Gracias Zay por tu beteo:*, después de que me pasas los caps, los leo y noto la diferencia, diferencias para mejorar, claro. Más en esas partes en donde no sé como explicar lo que quiero transmitir, tu me salvas D:!
¡Y se le cayó el teatrito a Edward! ¿Qué ocurrirá a partir de aquí? ¡Jazz apareció! Poco a poco irán apareciendo el resto de los personajes y se enterarán de la importancia que tiene cada uno de ellos :o.
¡Únanse al grupo! El link directo está en mi perfil. :3
¿Comentarios? ¿Sugerencias? ¿Rvw?:)
¡Nos leemos a la próxima!
Ivy, xo.
