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¡Hola! .o./ Las vacaciones han empezado y mi amor por el Jerza se incrementa gracias a tantos fics y fanarts a causa de la Week. *w* ¡Soy tan feliz! QwQ *lágrimas de felicidad*

Gracias por la amabilidad de comentar, sois una amodoración. TTuTT


Disclaimer: Fairy Tail pertenece a Hiro Mashima. Los temas son los proporcionados por la Jerza Week de Tumblr. La historia ―cursi y especulativa― es mía.


Referencias De Lectura:

Diálogo.

«Pensamientos»

Narración

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JERZA WEEK

Love

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Cuando despertó en la mañana se sentía extraña.

No solo se había encontrado con Jellal, si no que sentía que había revelado mucho de ella a los integrantes de ese gremio independiente que parecían muy interesados en lo que sea que pensaran que tenían ella y él.

¿Pero que tenían ellos?

¿Una amistad?

Claro que una amistad.

Ella siempre agradecería que Jellal se hubiese convertido en su fuerza y valor cuando se conocieron de niños como esclavos en la Torre, si no hubiese sido por él la desesperanza se habría apoderado de ella.

Erza no se sentía tan valiente como todos creían, y en esa época lo era aún menos.

Pero él sí lo era.

Mucho.

Lista para un día nuevo ―escuchó la voz de Meredy junto a ella. Cuando terminaron de comer luego de un extraño silencio después de la plática de los tatuajes se había ido a hablar de nuevo con Meredy y Sorano mientras que Jellal se quedaba de guardia junto a la hoguera y Richard se iba a la carpa masculina a descansar.

Por supuesto ―se frotó la cara para espantar los vestigios del sueño, sonrió ante el nuevo día e intentó sentarse ―sin lograrlo― en el espacio que las chicas destinaron para ella justo en el medio de la cama improvisada que siempre compartían las dos y que ahora con tres le cedieron el honor de dormir en el medio; claro, nunca esperó que Sorano fuesen de las que abrazaran, sí lo esperaba de la dulce Meredy, pero no de la albina.

Al menos no había pasado frío en la noche.

¡SORANO! ―la removió la pelirosa― ¡Deja a Erza levantarse! ―la movió una vez más y la albina frunció el ceño invocando con solo ese gesto a unos cuantos de sus ángeles que arremetieron contra la cabellera de la mujer de verdes ojos― ¡SORANO! ¡AY! ¡SORANOOOOO! ―chilló cuando uno de los ángeles le jaló la oreja.

Erza casi sonrió recordando las batallas del gremio.

Y como en el gremio, también debía de poner orden.

Suficiente ―invocó una espada y con movimientos rápidos destruyó las invocaciones de la albina.

¿¡Erza, Meredy, están bien!? ―Un preocupado azulado abrió la puerta de tela de la carpa y observó a la pelirosa despeinada con los ojos llenos de lágrimas retenidas, a la albina medio dormida y, abrazada a… Erza.

No te preocupes, Jellal ―Le dijo Meredy en tanto se acomodaba el cabello― Es otro de los males despertares de Sorano ―hizo un puchero y frunció el ceño al ver como la albina ni se había inmutado― Por suerte Erza contuvo a sus bichos a tiempo…

¡NO SON BICHOS! ―la albina se levantó de pronto― ¡SON ÁNGELES!

Erza se mantenía en silencio prendada de la mirada de Jellal que por alguna razón extraña no la dejaba de ver.

«Tengo babas es eso... o lagañas…» pasaban por su cabeza las trágicas cosas que podrían ser la razón de que Jellal no dejase de mirarla a pesar de que él siempre evitaba verla.

¡SON BICHOS HORRIBLES! ―continuaba la discusión sin que esos dos se dieran cuenta.

¡ÁNGELES! ―la albina invocó más de sus criaturas y una pelea absurda comenzó entra las dos, las plumas y brillos de los ángeles volaban de un lado a otro cuando las espadas de aire de la pelirosa los destruía.

Pero Jellal solo veía el lindo rostro sonrojado de Erza que brillaba entre toda esa cosas.

Para Jellal el único ángel en ese lugar era ella.

Y entonces una de las criaturas de Sorano se estrelló en su rostro embobado, un par de espadas de Meredy atravesaron la carpa muy cerca de donde él estaba y así volvió a la realidad donde el caos reinaba y su vida y ―más importante para él aún― la de la mujer de cabellera escarlata corrían peligro.

Sora

¡Suficiente! ―la peli-escarlata se le adelantó con su voz de mando― ¡Meredy detén tus ataques! ―con la espada que había invocado la primera vez destruyó los ángeles de la maga celestial. Podía perdonar que los benditos bichos la golpearan más de una vez, o que las espadas de Meredy le cortaran un poco el flequillo en su rostro ―que de todos modos tenía que recortar―, pero que Jellal saliese lastimado eso no era permisible― ¡Sorano discúlpate con Meredy ahora mismo!

Eso no ocurrirá… ―la albina se echó el cabello para atrás pero entonces vio como una decena de espadas salieron de la nada y la rodearon.

Sorano ― y cuando la albina tragó grueso y pensó que eso era el terror observó el aura maligna que venía de la pelirroja y se asustó de verdad―. Discúlpate… ahora…

Lo siento, s-sí… ―dijo e intentó no demostrar el pavor que sintió― Co-como sea, ya saben que tengo mal despertar…

¿Meredy? ―continuó la pelirroja― ¿Aceptas las disculpas?

Cl-claro somos am-amigas ―sus sentidos de peligro estaban activados.

Bien ―la temida mujer sonrió e hizo desaparecer las espadas― Así debe ser la amistad ―con un gesto de satisfacción estiró los brazos y atrajo a las dos mujeres en un apretado abrazo― ¡Los lazos entre amigos deben de ser irrompibles! ¿Cierto? ―continuó con ilusión.

P-por supuesto, Erza ―le respondieron las dos en coro.

¡Claramente! ―se les unió una voz masculina― Así como el amor, la amistad no hace nada indebido, no busca solo lo suyo, no se irrita, no guarda rencor… ¿Cierto, Jellal? ―preguntó Richard que se había asomado al escuchar el alboroto.

Jellal meditó un momento esas palabras pero decidió no responder y dejó a las chicas en la carpa.

Richard negó con la cabeza.

Por cierto, Erza San, su pijama es adorable ―Jellal se tensó al escuchar a Richard a pesar de que ya había caminado sus buenos diez pasos lejos de la tienda― Oh, y sonrojada se ve más tierna, sin duda parece que están en una de esas fiestas de amigas en pijama…

Richard ―le llamó con su tono autoritario― ¿No tienes que hacer el desayuno?

Richard sonrió.

Oh, el amor~ Nunca deja de ser… ―canturreó y dejó la carpa femenina para hacer caso a las órdenes de su mal mentiroso maestro.

Y así fue como lo encontraron las chicas luego de ir a refrescarse al pequeño riachuelo que discurría cerca del improvisado campamento.

¡Damas relucientes y llenas de amor, buenos días! ―saludó el hombre y las invitó a sentarse en los troncos que fungían como asientos.

¡Buenos días, Richard! ―corearon Erza y Meredy con una sonrisa.

Yo siempre estoy reluciente ―aseguró Sorano quien sonrió también.

¡Eso se ve muy bueno! ―una emocionada Meredy observó los huevos revueltos y la tocineta.

Macbeth y Sawyer pudieron conseguir muy buenos precios ―informó el hombre creyente―, tenemos suerte que esa villa tenga tantas granjas.

¿Ya volvieron? ―preguntó la pelirroja mirando a todas partes.

Sí, pero están cansados así que se fueron a dormir.

Entiendo ―Erza se sentó junto a Meredy y recibió de Richard un plato de comida―, siento tener que ser una carga.

Oh, para nada Erza San ―negó Richard―, usted nos brinda más de lo que cree, le aseguro que la amistad como el amor no es egoísta, ni se envanece.

Richard dice la verdad, Erza ―le aseguró Meredy―, además que estés aquí es culpa de Sorano ―la mencionada sonrió divertida―, no debes preocuparte por estas cosas. Aunque no lo creas se nos da muy bien conseguir alimentos e incluso dinero. ¡Y ahora que recuerdo! ―la miró escandalizada― ¡Nos ayudaste con la misión y no te pagamos nada!

Eso ni se diga ―negó turbada la mujer―, es un favor que acepte hacer y no espero nada a cambio. Jamás pensaría en una paga cuando lo he hecho para no ver las injusticias que vivían en ese pueblo.

Ciertamente, después de todo Erza San está llena de amor afirmó Richard, el amor no se goza en la injusticia y por eso es correcto que acepte estas comidas la animó el hombre.

Entonces creo que debo decir Gracias ―aceptó la temida Titania sintiéndose de nuevo bienvenida en ese lugar.

¿Erik no ha vuelto? ―el azulado se acercó dejando un saco pequeño en el suelo.

Vino hace poco, se llevó el desayuno y dijo que volvería más tarde.

Bien, si no dijo más es que el perímetro externo está sin problemas.

¿Comerás con nosotras, Jellal? ―preguntó la pelirosa y el hombre asintió.

Y luego deberías de dormir, has estado haciendo guardia toda la noche ―le recomendó Richard mientras le extendía la comida―. Si bien el amor es sufrido, a veces es necesario descansar… ―Jellal luchó para no mirar a la pelirroja tras esas palabras.

Es verdad, te ha tocado guardia dos días seguidos ―continuó Meredy mientras comía un pedazo de pan― ¿No quieres dormir un rato antes de que partamos?

No, estoy bien ―le restó importancia mientras mordía el pan. Estaba incómodo desde la noche anterior en que se volvió a admitir a sí mismo que amaba a Erza, y no por la admisión ―cosa que había aceptado desde hacía tiempo―, sí no porque no había sentido nada de culpa cuando lo pensó luego del susurro de Richard y aparte, había una cosa más…

Erza no lo había mirado ni una sola vez desde que él había llegado.

Y ni los buenos días le había dado.

Ensimismado en esos pensamientos y repasando todo lo que había pasado entre la noche y día como para que ella no le dirigiera la palabra y ni tan siquiera una sola mirada, el hombre no escuchó nada de la conversación a su alrededor.

Pero si yo hablo con los ángeles todos los días… no soy la del problema ―reclamaba la albina ante la regañina que le daba Richard cuando Meredy le contó de su ataque mañanero. Por alguna razón se había creado una dinámica de padre e hijas entre ellos tres.

Sorano si no tienes amor por Meredy nada importa tu plática con los ángeles, el problema viene de ti ―la albina infló las mejillas―, recuerda esto: Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe.

Ya empiezas con tus sermones ―bufó la albina―. Por eso es que Erik detesta estar aquí, lo estresas con eso…

En realidad prefiero escuchar a Richard que las quejas tuyas, las de Macbeth o las tonterías de Sawyer ―el pelirrojo se acercó a los comensales―, aunque desde ayer hay una mente más bulliciosa ―Erza se puso roja y Erik la saludó con una sonrisa de colmillos―. No, Erza, no es la tuya… es la de alguien que generalmente es un muro de silencio… observó al joven maestro de gremio con una mueca burlona pero torció el gesto al darse cuenta que éste no le prestaba atención.

¿Quieres comer más, Erik? ―preguntó Richard y el chico asintió.

¿Hay algún problema con el perímetro? ―preguntó la pelirroja.

No ―negó Erik mientras se comía el desayuno―, solo quería ver que producía tanto ruido.

Erza siguió la mirada de Erik y se topó con el ensimismado azulado que fruncía el ceño como si estuviese en una especie de debate interno, posó su mirada por un rato más y al momento se sonrojó y miró hacia otro lado.

Estaba muy avergonzada.

Había estado evadiendo a Jellal porque se sentía mortificada de que él la hubiese visto en su pijama de conejo. La noche anterior las chicas le pidieron ver su nueva pijama y ella las había complacido y así había dormido, nunca pensó que Jellal entraría a su tienda y lo peor es que no se hubiese dado cuenta si no hubiese sido por Richard que halagó su atuendo.

Ahora entendía porque Jellal se le había quedado mirando.

Sus mejillas ardieron más.

No debería decir esto pero es mucho ruido y tal vez así disminuya― el pelirrojo se llevó la mano a la cabeza y luego miró a la maga del re-equip―, a nuestro maestro―apuntó burlón―, le encantan los conejos ―Erza abrió los ojos sorprendida y avergonzada―. Incluso una vez se enojó con Sawyer porque atrapó una decena para la cena, estaba tan enojado que dejó sin cenar al idiota y luego liberó a los conejos…

¡Oh, recuerdo eso! ―secundó la pelirosa emocionada aunque no entendía de donde salió el tema―. Uno tenía la patita herida por la trampa y viajó con nosotros unos días hasta que se curó, Jellal lo cuidó todo el tiempo.

Richard y Sorano asintieron.

Y si me preguntan, estoy segura que lo hubiese adoptado, y sé que estaría encantado de volver a dormir junto a un conejo… o coneja… ―agregó la albina y Erik rió porque sabía que Sorano entendía por qué el tema de los conejos salió a colación.

Erza aprovechó que todos empezaron a hablar de lo que pasó con Sawyer la segunda vez que se atrevió a poner trampas de conejo para observar al peliazul que no se enteraba de nada.

No pudo evitar sonreír encantada por esa acción tan llena de ternura.

Jellal era un hombre fuerte que mostraba preocupación por todo lo que merecía ser protegido, así había sido desde niño y por más lavado cerebral que vivió en la Torre, esa naturaleza en él no había cambiado.

¿Cuánto había sufrido él durante esa posesión?

¿Cuánto había sufrido su inocente e idealista mente infantil?

¿Dañando a personas?

¿Lastimando a quienes quería?

¿Hiriéndose a sí mismo?

Erza San ―la voz de Richard la sacó de sus cavilaciones―, ésta no es la bebida especial de Meredy, pero es una que hago desde que tengo memoria y la hago con mucho amor, espero le guste…

Por supuesto, gracias Richard ―aceptó la mujer con una sonrisa cuando él le ofreció dos tazas― ¿Dos?

Oh, bueno tengo que terminar esto para que las chicas terminen de lavar ―Erza observó que a su alrededor solo estaban Richard, Jellal y ella. No se había dado cuenta en que momento los demás se habían ido―, y Erik ya está empacando las cosas para irnos, quería pedirle el favor de que le llevase esto a nuestro joven Maestro… ¿Podría?

Erza se sonrojó pero aceptó.

Inhalando hondo tomó las dos bebidas en una mano e intentando calmarse se acercó al azulado que seguía debatiéndose por algo. Erza imploró para sus adentro que no fuesen las culpas que le perseguían sin descanso.

¿Jellal? ―llamó al hombre y éste pareció no escucharla, así que se permitió tocarle el hombro― ¿Jellal? ―el hombre parpadeó dos veces y enfocó la vista en ella.

E-erza ―miró a todos lados y se dio cuenta que ya todos habían terminado de comer.

Hasta él había terminado de comer sin darse cuenta.

Richard te manda esto ―le puso la taza enfrente―, no quería interrumpir tus… pensamientos ―miró al hombre con preocupación mal oculta.

Jellal se le quedó observando un rato, perdido en esos ojos chocolate que adoraba, en ese gesto de preocupación que no podía ocultar bien, en el halo escarlata que era su cabello contra su cremosa piel en ese momento en que los rayos del sol de la mañana la acariciaban por la espalda.

¿Jellal? ―la mujer inclinó el rostro preocupada ante el estado sin respuesta en el que estaba el hombre.

El azulado observó como un mechón de ese amado cabello resbalaba por su hombro como si de seda escarlata se tratase, y sin poder evitarlo estiró la mano y lo tomó entre sus dedos haciendo que la mujer abriese los ojos sorprendida y sus mejillas se tiñeran de color gracias a los capilares que se accionaron sin control cuando el corazón de ella se aceleró ante la acción del hombre.

Erza aguantó la respiración.

Jellal acarició el mechón.

Los demás observaban atentos el avance de su líder.

¡BUENOS DÍAS A TODOS! ―se escuchó una voz tan fuerte que hizo volver en sí al hombre del tatuaje que de inmediato soltó el mechón de cabello como si de pronto quemase.

Estúpido Sawyer ―farfulló la albina y Meredy asintió mientras fingían lavar los platos para que Jellal no se diese cuenta que lo habían estado observando.

El amor todo lo sufre ―murmuró Richard negando con la cabeza―, hasta la idiotez ajena…

Escucharon a Erik reír a lo lejos.

¡Quieres callarte, imbécil! ―escucharon a Macbeth golpear al castaño hasta dejarlo inconsciente― ¡No he dormido nada! ―y luego el de cabello bicolor tiró el cuerpo cerca del pequeño arrollo y se volvió a la tienda a dormir.

L-lo siento, Erza ―se disculpó atribulado el azulado―, yo…

N-no hay problema ―la mujer negó vehementemente con la cabeza pero aún así sus mejillas se calentaron más― Yo… ―miró la bebida en su mano y agregó con rapidez―, te traje esto… ―le puso la taza frente a los ojos y él la miró sin entender―, l-lo manda Richard… ―señaló su propia taza y Jellal entendió.

M-muchas gracias ―y enmudeció por un momento más.

Porque ahora no solo había hablado más de lo que debía.

Porque ahora había hecho más de lo que se permitía.

De nada ―la mujer con su propia taza se sentó cerca de él pero miró al suelo, sabía que pasaba con Jellal, no necesitaba que se lo dijera.

Nunca necesitaban muchas palabras.

Jellal bebió un poco y luego observó hacia donde estaban los demás, un movimiento de Richard llamó su atención y gracias a ello se dio cuenta que éste le indicaba el estado de ánimo en que se había sumido su peli-escarlata.

Porque él había avanzado dos pasos y retrocedido cinco.

Porque él no respetaba sus propios límites.

Tal vez solo debería levantarse y dejarla ahí, para que ella pensara que él era un idiota.

Algo que él sí creía que era.

Jellal ―le llamó ella una vez más y él la miró, para su sorpresa ella sonreía―, buenos días… ―extendió su taza hacia él con una esperanza brillando en sus hermosos ojos llenos de fortaleza.

Y él entendió.

Y volvió a permitirse una acción que no debería, porque esa acción haría que ella no perdiese esa sonrisa.

Y él debía proteger esa sonrisa.

Buenos días, Erza ―extendió su taza y la chocó con la de ella―. De verdad que es un muy buen día… ―le sonrió genuinamente.

Y cuando ella amplió su sonrisa no hubo cabida para la culpa que debería de sentir por traspasar uno de sus límites auto impuestos.

Nada. Nada de culpa.

La conocen por su fuerza, yo creo que debería ser conocida por su paciencia ―dijo Sorano a los otros dos que al igual que ella espiaban a la ―que debería ser― pareja― ¿Nunca se dirán la verdad?

Eso sucederá, el amor se goza en la verdad ―aseguró Richard.

¿En serio? ―puso los ojos en blanco ante la predica del hombre― ¿Cuánto creen que puedan continuar así? ―interrogó a la pelirosa que sonrió.

No creo que el amor verdadero se acabe ―respondió la chica alzando los hombros.

Así es, pequeña Meredy… ―las dos mujeres miraron al predicador seguras de lo que iba a decir así que poniendo los ojos en blanco se unieron en coro:

Porque el verdadero amor todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta…

Y vaya que Erza soporta al jefe ―agregó el medio muerto Sawyer desde donde Macbeth lo había tirado.

Todos rieron, incluido Erik a lo lejos.

Mientras el amor de la pareja brillaba en sus miradas al conversar…

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¿Review?

:D Significan mucho. Sois el ánimo para seguir D:

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Rincón De La Escritora En Proceso:

Palabra Tres:

Love: Amor.

Es difícil esta palabra ya que bueno… ya sabemos lo inmerecido que se siente Jellal pero lo obvio que es su amor por Erza y como esto lo estoy tratando en el Universo Cannon no puedo simplemente hacerlo dar un gran paso. xDD Y acepto que me desespera… pero amo a Jellal por eso, lo odio, pero lo amo, pero lo odio… 7u7)r pero lo amo más… xDD

Un poco tarde subí este porque me perdí en el tiempo mientras leía y luego me quedé dormida porque no había dormida casi nada por salir a celebrar 7u7)r xD Bueno, estoy aprovechando vacaciones. EwE

PD: Las citas de Richard sobre el amor vienen de la hermosa carta a los Corintios ―perteneciente a la Biblia― 1 Corintios 13 conocida como "La Preeminencia Del Amor"

NwN


Agradecimientos:

Vosotras adorables reviewistas con cuenta:

IBLWE

Scarlet KD

Lady Werempire

Artemisa Neko Chan

Vosotras adorables reviewistas sin cuenta:

Bluemoondaughter: Más que no pueda reconocerlo es que no se lo permite. QwQ

Las cuestiones de belleza son sagradas para Sorano, su belleza angelical debe de ser vengada por tal afrenta. xD

Exacto, si cocinan para Erza, Jellal ganaría, porque aparte la jueza no sería parcial. xDD

Erik siempre oye todo. 7u7 Que bueno que te gustó la explicación del tatuaje. *w*

Macbeth aparecerá más en el siguiente. xD Es que si los pongo a todos el cap se extendería demasiado. xDDDDDDDDD

Gracias por leer, beshos. O3O/

PD: O: Yo también pensaba que escribir no era lo mío hasta que me decidí a intentarlo. QwQ Mi Maid siempre tendrá un lugar más grande en mi corazón por ser mi primer fic. TTuTT

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¡Por un mundo con más JERZA!

Gracias por leer y comentar.

¡Adieu!

.o./

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