Cap. XVII: "Límite"
Podía ser imaginario, literal, confuso o tal vez todo lo contrario, tal vez estaba allí pero ella estaba intentando no pisarlo, no mirarlo y, si podía, olvidarlo. Pero no. El límite se paseaba bajo sus piernas, dentro de su cabeza y contra su pecho como un fuerte golpe.
En dos días la habían visitado todo tipo de sentimientos, inclusive algunos la acompañaban aún y parecía fundidos en su cuerpo y sin deseos de alejarse; todo lo contrario, se distribuían en exceso y se estancaban en su inconsciente, el único lugar no permitido para hacerlo y, aunque quería deshacerse se ellos, allí estaban, solo para burlarse de ella cuantas veces se le diera la gana.
Rachel Berry había vivido en carne propio aquello que llamaban los locos, su locura de amar, los celos. No podía negarse a si misma y era hora de que en su intimidad lo aceptara de una vez: Sam Evans le generaba fastidio solo porque lo veía como su peor competencia; Tina y Mercedes estaban de acuerdo en que el rubio era el chico mas guapo de la escuela y, aunque a ella no le interesaba de esa manera, a otras si lo hacía. Y demasiado.
Y Quinn Fabray no era la excepción.
El lunes, después de ver la partida de Quinn en otro auto, y acompañada, supo una sola cosa, si la rubia la rechazaba solo por una mala actitud algo en su interior se removía y la ponía de mal humor, la lanzaba al ataque y terminaba respondiendo de manera puramente defensiva. Quinn parecía una pared que la arrastraba a un límite con ganas de tirarla al otro lado pero ella se sostenía de dónde podía. Y no sabía hasta cuando iba poder evitar ser arrojada.
Era la primera vez que le afectaba el trato distante de una profesora y su castigo, porque Quinn la castigó a ella y Sam terminó ileso de su propia broma. Eso la molestó, las cosas entre ellas estaban cambiando y no quería que eso pasara. Quinn parecía hacerle bien; con una sonrisa le encogía el corazón y cuando decía su nombre le erizaba la piel.
Estaba llegando otra vez al límite de otra cosa y estaba comprendiendo cual pero aun no quería aceptarlo. No si eso no implicaba que Quinn no pensara exactamente lo mismo.
Por eso, después de darle vueltas a sus pensamientos, ese miércoles se levantó dispuesta a hablar con ella. No compartiría hora en su salón con la profesora pero Quinn asistiría al Instituto para otra clase.
Se colgó la mochila al hombro y, después de decirle a Noah que la esperara adentro, ella se recargó contra la alta tapia que sostenía el escudo del McKinley, sobre la vereda y a pasos de la calle. Quinn no podía fingir no verla.
Se mordió los labios quitando los nervios, luego los movió de arriba a abajo y terminó por pasar miles de veces su lengua por su labio inferior; solo para apaciguar el momento y esperar a que una mini Cooper apareciera.
Suspiró aliviada cuando la vió doblar la esquina. Llevó las dos manos a la tira de su mochila y se irguió para que la espera llegara a su fin. Quinn la vió y terminó por estacionar contra la vereda de en frente. Tragó fuertemente varias veces y permaneció de pie al verla bajar, tomar sus cosas y luego caminar hacia ella.
Su estómago le dio un fuerte golpe cuando Quinn la vió sonreír. Quinn Fabray volvía a sonreírle y para ella era más importante que cualquier medicina que pudiera inventar. Apenas dio un paso a ella cuando tuvo que mover la cabeza al ver el auto nuevamente en marcha y alejándose. Descubrió, en apenas una milésima de segundo, a un hombre manejarlo y luego escuchar la bocina ser tocada dos veces.
Quinn le acarició el hombro sacándole otra vez de aquel mar de sentimientos: los celos.
- Buenos días, Rachel… ¿Cómo estás hoy? – ella alzó la vista, estupida sonrisa que quería borrar si aquel desconocido era el autor de la misma. Se quitó de su vista con un movimiento brusco y dio media vuelta. Los impulsos eran lo único que podían combatir contra aquel interés extremo que tenia sobre Quinn.
Pero de repente Sam cruzó su mente y terminó por frenar de golpe. Quinn golpeó su pecho contra su espalda y su molestia se quitó al escucharla reír.
- Estás rara ¿eh?- le dijo Quinn al pararse otra vez frente a ella. Ella ladeó una sonrisa antes de alzar los hombros- ¿Mal día?
- Ya me sé de memoria las respuestas para la lección de este viernes- respondió Rachel con orgullo y modestia logrando que Quinn alzara una ceja- ¿Contrató a un chofer?
- No
- ¿Entonces quien se llevó su auto?
- Es Nicholás, un amigo de papá que es mecánico. Cuando viajaba comencé escuchar ruidos extraños en el motor, él vive en el siguiente pueblo y solucionará el problema, dice que para la tarde estará listo… ¿Por qué lo preguntas?
- Ah, mecánico- susurró Rachel deseando no ser escuchada- nada, me pareció raro, nada más.
- Así que ya sabes la clase para el viernes… me agrada. Porque soy muy exigente.
- Oiga, le copié las respuestas a Finn, así que si están mal no es culpa mía.
- ¿A Finn? – Preguntó Quinn con voz alta y una mueca en su rostro-
- Pues sí, era el único que copió las preguntas
- Mercedes, Tina y Artie o Kurt tambien lo deben haber hecho
- Pero estoy hablando de Finn y Noah
- ¿Puckerman tampoco las copió?- preguntó alzando su mano al cielo en un gesto de frustración. Rachel alzó los hombros- ... Bien, estás fastidiándome, Rachel. Ve a tu clase – dijo antes de girar y comenzar a caminar hacia el interior-
- Oiga, oiga es broma- la detuvo Rachel antes de llegar a las escaleras. Quinn volteó al instante-
- ¿Y por qué lo hiciste?
- Ya le dije una vez que se ve linda cuando se enoja- dijo sin pudor dando un paso al frente e invadiendo el espacio personal de la rubia. Quinn se sonrojó de inmediato y esquivó su vista- Recuerdo que se lo dije después del almuerzo del miércoles… o sea, una semana atrás… Hoy tenemos otra cita ¿verdad?
- Eso no es una cita, Rachel
- Claro que sí, lo es para usted
- ¿Perdón?
- Una cita de trabajo. Firma papeles o que se yo todas esas cosas que hizo la otra vez….Eso se llama cita de trabajo- dijo lentamente a manera de broma-
- No me tomes el pelo
- No lo hago… Escuche, hoy tengo que salir mas tarde del entrenamiento porque el lunes siguiente comienzan las competencias, pero me esperará igual ¿verdad?
- ¿A qué hora sales?
- 14: 30
- Oh, Rachel, sales casi una hora mas tarde. No puedo esperarte tanto tiempo
- Ok, entonces usted almorzará a esa hora y luego nos vemos en la oficina ¿le parece?
- ¿Puedes dejar de manejarme a tu antojo?... No necesito secretaria, señorita agenda.
- ¡Señorita Fabray!- escucharon ambas el grito del director Figgins a metros de ellas- Sus alumnos ya están en su salón ¿podría tener la consideración de ingresar, por favor?
Rachel alzó ambas cejas molesta por la interrupción y por el trato del hombre. Quinn asintió completamente sonrojada y, dejando a Rachel sin un saludo, pasó al lado del hombre y se perdió entre los pasillos.
- Tú, Berry- la señaló el hombre- ¿qué esperas? Ve adentro también
- Ve adentro también- lo imitó Rachel con burla después de pasar frente a él-
- ¿Qué has dicho, Berry?
- Que ya me voy, ya me voy.
Estaba terminando de guardar sus cosas en el maletín al finalizar su hora cuando, mientras sus alumnos estaban de pie buscando la salida, la puerta fue golpeada dos veces y un leve y suave "permiso" la hizo girar su cabeza de manera rápida.
Rachel miraba al resto irse e inclusive saludó a algunos para luego caminar hacia ella.
No entendía que estaba pasando pero no tenía tiempo a pensarlo. Una de sus carpetas se cayó por los nervios en sus manos y la excitación que corría por sus dedos, a centímetros de ella, Rachel dio un paso largo y terminó por recogerla y entregársela con una sonrisa.
Ella apretó sus labios logrando que Rachel perdiera la mirada en sus mejillas, seguramente por aquellos hoyuelos que se formaban en ella cuando sonreía fácil y sinceramente.
Se aclaró la garganta al ver a Marley de pie junto a su silla observando la interacción entre ellas.
- ¿Sucede algo, Berry?
- Solo venía a entregar esto- dijo Rachel con una carpeta azul a lunares y sobre ella una caja de tizas- ¿Ve que sí puedo ser secretaria?- le preguntó al pasar detrás de ella hasta dejar ambas cosas en el extremo del escritorio- Que tenga buen día- le dijo de vuelta y saliendo del lugar.
Quinn rió, movió la cabeza y cuando alzó la vista para irse, notó la mirada penetrante de Marley sobre ella. Apenas se despidió con un débil saludo y abandono el salón rápidamente.
Rachel le había dicho que saliera y almorzara sola mientras ella hacía sus practicas diarias y pasaba la hora hasta que debían ir juntas a la oficina del municipio de la ciudad.
Estaba en el lugar donde se encontró con Rachel en la mañana cuando decidió regresar sobre sus pasos y esperarla en la biblioteca. Entró de manera silenciosa y saludando por lo bajo a la mujer de grandes lentes y camisa que otorgaba el préstamo de los libros y reclamaba el regreso de los mismos.
Se acercó a ella al recordar que algunos de sus alumnos no podían adquirir el primero que ella ya había dado para lectura. La mujer le dijo que solo había dos copias de ese titulo y, o lo compartían o lo pasaban de una casa a otra pero debían devolverlo a la semana que lo tomaban. Quinn asintió, la idea le pareció perfecta además de que sabia no podía dar otra propuesta.
- Tiene coraje para dar clases en ese salón- le dijo la mujer con la mirada bajo sus lentes. Ella frunció el ceño- Nadie los soporta. Son unos niños pesados y mal educados.
- No creo…
- Le prestaré los libros pero quedará bajo su responsabilidad que lo regresen. No se como tratar con alguno de ellos porque jamás han aparecido por aquí ¿Está claro?
- Desde luego pero…
- ¿Le da otra clase?
- No, no, solo literatura- la mujer rió por lo bajo- ¿Sucede algo?
- ¿Ya ha ganado la atención de algunos?
- De casi todos. Son muy agradables de llevar
- Si usted lo dice
- Yo o cualquier profesor que les regale cinco minutos puede cerciorarlo.
- Lo dudo. El señor Shue se los concedió años atrás y los desperdiciaron. Igual que los demás
- Pero el profesor Shuester da lenguas extranjeras. Ellos no toman esa clase
- Estoy hablando del Club Glee, señorita. Al parecer a esos niños les agrada bailar, cantar y todas esas tonteras. Pero sus promedios no se lo permiten
Quinn entreabrió sus labios, eso lo sabía pero desconocía aquel trato directo que el profesor les había dado. Le pareció interesante.
Recordó que a Artie le gustaba escribir, a Puck tocar instrumentos igual que a Sam. Mercedes bailaba por gusto propio mientras que Hudson, Tina y Kurt optaban el canto. Aún desconocía el gusto de Rachel pero, seguramente, no escapaba de esa lista también.
- ¿Y… hay un salón también para eso?- preguntó tímidamente tratando de formalizar completamente la idea en su cabeza y para que no sonara tan desbaratada. -
- El salón del coro y a veces utilizan el auditorio. Pero solo bajo la supervisión de Shuester.
- Entiendo. Y… ¿sabe si hay otra sala desocupada para impartir la misma clase pero con otro profesor?
- Si
- ¿Sí?... ¿Cuál?
- La que algunos llaman sótano. Es un salón grande al final del pasillo de abajo y bajo el mismo. Allí solo están los cables de electricidad, gotea cuando llueve y guardan los aparatos musicales viejos que ya no se usan.
- Oh… suena peligroso
- No lo es, en realidad. Ya que nadie lo utiliza y nadie lo hará.
Dejando la visita a la biblioteca por la mitad, se despidió cortésmente de la mujer y caminó en busca del director.
Apenas llegó a la oficina, golpeó y entró en cuestiones de segundos, Figgins volvió a alzarle las cejas en señal de que hablara.
- Me enteré que algunos salones participan del Club Glee. En realidad todos a excepción de mis alumnos… ¿Puedo saber exactamente la razón?
- Si conoce el tema, conoce la situación. No me haga repetirlo, señorita Fabray
- No entiendo aún ese método ¿por qué todo debe basarse en una simple calificación?
- Siendo profesora me inquieta un poco su escasa conclusión. Algunas Instituciones colocan como la chica más popular de la misma a la más bonita y que sea capitana del equipo femenino más importante del lugar. Lo mismo pasa con una figura masculina, el lugar se gana. Y sus alumnos no hacen nada para eso. El Club Glee es una de las clases más respetadas y demandadas por los estudiantes. Cada año hay una competencia respecto a ello. Y el McKinley ya lleva ocho copas gracias a eso ¿Entiende? Su alumnos solo romperían la buena racha.
- ¿Cómo lo sabe?... El talento para ciertas cosas es nato ¿Ha escuchado a Puckerman tocar la guitarra? ¿O a Tina cantar? ¿O ha leído algo de lo que Artie escribe?
- ¿Usted lo ha hecho?
Quinn abrió la boca para refutar creyendo que la pregunta iba a ser otra. Otra con la pudiera callar las palabras del hombre y enorgullecer las de ella. Pero esa la tomó de sorpresa. No, no se había detenido a estudiar esos detalles, solo había escuchado a Rachel cantar una frase y por casualidad. Pero eso tampoco la ayudaba mucho.
Decidió cambiar el ritmo de las preguntas.
- ¿Puede haber dos club en un mismo colegio?
- No lo sé, nunca lo ha habido ¿Pero para que habría otro si el único ya acapara toda la atención?
- ¿Pueden mis alumnos tomar esa clase pero por otro medio?
- No entiendo. Shuester ya los…
- Él no impartirá esas clases ni ellos irán a su salón- lo cortó Quinn con brusquedad-
- ¿Puede ser más clara, por favor?
- Berry y Puckerman se pasaron la última detención por casi dos horas aburridos en un salón pequeño y sin que alguien los supervisara. He llegado a algunas clases interrumpiendo el canto de Tina y el baile, o no tanto, de Hudson… Ellos tambien quieren una oportunidad para eso… ¿Podemos dársela?
- ¿Podemos?
- Necesito su permiso. La detención pasará a ser esa clase extra conmigo, les llevaré un equipo de música y a Artie algunos cuadernos para que escriba. O Evans traerá su guitarra y pasará así el tiempo… ¿Qué le parece?
- Eso no cambiará sus actitudes
- ¿Y la detención lo está haciendo?
- No hay salón para eso.
- Mary, la bibliotecaria, me contó del que está al final del pasillo, escaleras abajo.
- Eso no es un salón, señorita Fabray. Eso es una pocilga donde hasta algún animal debe estar allí.
- Lo pondré a disposición, a menos de que sea peligroso.
- No lo es. Las remodelaciones eléctricas fueron hace años. Allí solo gotea por la lluvia.
- Perfecto…. ¿Entonces?
- El señor Shuester apenas gana el 15% más de su sueldo con el Club Glee… ¿usted se conformará con…el 3%?
Quinn tensó su mandíbula, no esperaba otro sueldo aparte, pero tampoco podía hacer las cosas gratis, asintió sin pensar lo que en realidad quería y se puso de pie.
Figgins la inspeccionaba como si fuera de otro planeta.
- Espero que salga algo bueno de todo esto, señorita. Por mi parte, aún no le veo el sentido… Que tenga buen día.
¿Tanto había durado la charla con Figgins que la hora de ver a Rachel se había presentado?
Afuera, las porristas se despedían entre ellas y las chicas del grupo de atletismo hacían lo mismo, pero Rachel llegaba a ella con ambas manos en su chaqueta y portando una agradable sonrisa.
Quinn caminó acortándole la distancia y en un segundo estaban frente a la otra.
- ¿Qué tal tu clase?
- ¿Qué hace aquí? Creí que iba almorzar primero.
- Pues allí te lo cuento… ¿Breadstix?
- Claro, muero de hambre- respondió Rachel y ambas comenzaron a caminar- ¿A qué hora traerán su auto?
- Me avisarán pero seguramente ante de las cuatro. No quiero viajar de noche… ¿Con qué el lunes comienzas las competencias? ¿Cómo es eso?
- Como en todos lados… El equipo de atletismo del McKinley contra otro. A ver quién tiene las agallas de enfrentarnos.
- ¿Por equipo?... ¿No hay individuales?
- Sí, y participo solo en una categoría. Salto en alto. Ahhh, lo estoy esperando, eso es adrenalina pura.
- ¿Y las porristas?
- Pues mientras no estén compitiendo con sus rutinas nos apoyarán. Todos los años es igual.
- ¿Has ganado alguna vez?
- JA… ¿alguna vez? No he perdido si quiera una competencia desde que tengo memoria. Esto es lo mío.
- Oh, lo siento, señorita vitrina llenas de copas, no conocía su lado humilde- bromeó Quinn deteniéndose en una esquina. Las dos observaron a ambos lados y al ver las calles vacías cruzaron sin problema- Adelante- le dijo Quinn sonriendo al abrirle la puerta del restaurante y permitir que Rachel pasara primero. Esta vez, la morena se quedó junto a ella en al barra y pidieron ambas su almuerzo.
- Ensalada con trozos de pescado… entre mis favoritos- dijo Rachel al tomar su plato. Quinn tomó el de ella y que consistía en lo mismo. No quería incomodar otra vez a la morena con carne rojas. La mesera les alcanzó dos botellas de agua y finalmente se ubicaron en la misma mesa que la vez anterior- Hoy no hablaremos de mis clases ¿o sí?
- ¿No quieres?
- No.
- Está bien- dijo Quinn con una sonrisa- ¿Te molestará verme ahora en otra clase?
- ¿Eh?
- Yo… Aún tengo que hablarlo con ustedes pero… les tengo una sorpresa.
- ¿Una sorpresa?... Dígamela- Quinn giró los ojos-
- Sabes el concepto de sorpresa ¿verdad?... Se los contaré el viernes. Estoy segura que les va a encantar
- ¿No será otra clase pero de más lecturas o cosas para pensar, cierto?
- No, nada de eso. De hecho, solo Artie necesitará una lapicera y un cuaderno
- ¿Sólo él? No entiendo
- No importa, mejor… Cambiemos de tema, cómo te…
- Más bien me gustaría que me aclarara lo del lunes- dijo Rachel moviendo las manos entre importancia y no del asunto-
- ¿Lo del lunes?
- Lo que sucedió conmigo y Sam
- Tu estabas allí, Rachel. Y sabes por qué actúe de esa manera
- ¿De verdad Sam le agrada de tal modo que lo defendió?
- No lo defendí, Rachel. Creí que lo habías entendido todo
- Oiga, tranquila. No comience a alterarse- le dijo Rachel al notar el tono elevado de la rubia y su cara de molestia- Solo… solo que me dolió la manera en que lo hizo.
Quinn sintió una cachetada imaginaria golpearle el rostro. Rachel sonaba débil y con un toque de tristeza, ojalá le pudiera decir lo mismo pero no podía y no porque no lo sintiera, solo porque debía mantener ciertas cosas en orden.
Y Rachel Berry era el desorden vivo en su mente que no la dejaba tranquila.
- Entiendo que te haya molestado lo que él dijo… pero no debiste golpearlo ¿entiendes mi punto? Las cosas se pudieron haber arreglado de otra manera. Y no optaste por ella
- No tenía tiempo de ponerme a escuchar mi moral. Mi cuerpo tiene vida propia ¿lo sabe?
- Y el mío y el de todos. Sam podría haber actuado igual ¿qué hubiera pasado si él te lastimaba? ¿Tienes idea de cómo me podía haber sentido? No, no la tienes ¿por qué? Por ese mismo cuerpo que habla a su antojo. Haces y deshaces las cosas a tu antojo, Rachel y lo siento si sueno cruel, pero es hora de que te detengas a pensar… Todo acto tiene su consecuencia, tú tuviste la que te correspondía
- ¿Y Sam?
- ¿Qué con él?
- ¿Por qué él no la tuvo? ¿Por qué todo siempre recae en mí? ¿Sólo por qué mandé a arrojarle ese granizado el primer día? ¿O por qué la desobedezco a veces?... ¿O por qué el hace todo lo qué usted dice?... ¿Por qué él no y yo sí?
- Porque no mereces tratarte así a ti misma. Como actúes con el resto es como se mueven tus sentimientos, es como te sientes y muestras algo que no eres.
- Soy así.
- No, no lo eres y tú lo sabes.
- Y Sam es un idiota y usted tambien lo sabe
- No puedo apoyarte con eso- dijo Quinn llevando un bocado a su boca. Rachel alzó su pecho molesta-
- ¿No?... ¿Qué tal si le dijera que usted no es mas que un objeto de broma para él?- preguntó Rachel velozmente. Cuando Quinn juntó sus cejas confundida algo en su mente le gritaba que se detenga antes de tiempo, pero inevitablemente su cuerpo volvía a decir otra cosa. Algo iba a salir fuera de lo planeado pero no podía actuar ajena a eso- No ponga esa cara, él es un estupido que solo piensa en usted de manera poco respetuosa. Cuando voltea a la pizarra su mirada no se centra en su espalda, o no, el chico agradable y el favorito de la profesora observa más abajo ¿pero qué importa? Él hace las actividades y levanta la mano. Felicitaciones, Sam, leíste el libro y ¿qué haces con tus compañeros? una estupida apuesta para ver quién se acuesta primero con la señorita Fabray ¿Por qué?... Porque así somos, hablamos antes de pensar y luego debemos esperar las consecuencias…. ¿Le agrada ese Sam?
Terminó por preguntar inclinada sobre la mesa y con molestia en su voz por imaginar que Quinn terminaría defendiendo otra vez al chico.
Quinn arrojó el tenedor contra su plato. Movió la servilleta que sostenía el mismo y vació un pequeño espacio de la mesa para apoyar sus codos y sostener su cabeza allí.
Fijó su mirada en Rachel de manera intimidante. Pero la morena no se inmutó, terminó por cruzarse de brazos y tirarse contra su silla. Quinn buscó su bolso.
- ¿Eso es cierto?- preguntó al ponerlo sobre sus muslos-
- ¿Tambien me tilda de mentirosa?
- Te hice una pregunta, Berry.
- Lo siento, pero sí.
- ¿Una apuesta?- preguntó con algo de pesadez en su garganta. Algo que no era su saliva ni la ensalada que había probado. Algo similar a kilos de piedra que la lastimaban y amenazaban continuar- ¿Con quién?... ¿Con Puckerman?- Rachel negó con la cabeza- ¿Con Hudson?
- No
- ¿Entonces con quién? - preguntó entre dientes apretando su maletín hasta estrujarlo. Rachel carraspeó la garganta y se inclinó sobre ella-
- Solo quería evitar que pasara a mayores. Sam alardeaba que usted coqueteaba con él, sonreía porque decía que usted tambien lo hacía hacia él. La cambió por 100 sucios dólares y no me agradó, no me gusta que comparen así a las mujeres y…
- ¿Y tú estrechaste tu mano con la de él?- `Detente, Rachel. Detente ahora´, podía escuchar la morena como en su mente se paseaba la conciencia y bajo su estómago algo se revolvía. Pero ya no podía dar marcha atrás. Quería frente a los ojos vidriosos con los que Quinn la miraban, pero no podía-
- Ya lo dije que era… ¿A dónde va?- le preguntó poniéndose de pie rápidamente y siguiéndola- Quinn- la tomó ella del brazo volteándola justo en la vereda-
- Ve a tu casa, Rachel
- No, no si…
- Maldita sea no me hagas decir cosas que no quiero
- Dígalas ¿por qué solo yo debo decir cosas desagradables? ¡Dígalas!
- No... ¿sabes qué? Las muñecas no hablan, Berry- le dijo al cruzar la calle sin siquiera ver. Rachel cruzó imitándola pero antes de llegar a la vereda una moto pasó rozándola la pierna. Quinn volteó al escuchar el grito del conductor- ¡Rachel!... Dios, ya basta de actuar así- le dijo al ayudarla a levantarse y sentarla finalmente contra una pared-
- Lo siento, Quinn. De verdad, lo siento- le dijo estirando su pierna. El roce había sido casi inexistente pero un pequeño dolor la molestaba-
- Deberías pedirle perdón al motociclista. Tu te…
- ¡Perdón por lo de la apuesta! Dios, mujer deja terminar las frases
- Debería dejarte aquí… niña malcriada e inmadura
- Pues hágalo, ya le pedí disculpas
- ¿Pero qué?... ¿Crees que con eso todo se soluciona?... Es un hecho, te dejo aquí- dijo Quinn corriendo hacia la esquina y doblando en ella para alejarse de la morena.
Comenzó a caminar mirando hacia atrás repetida veces. Rachel no la siguió.
Tontos adolescente que solo pensaban con las hormonas y ella era el objeto de las mismos. Ahora que lo pensaba, Rachel había apostado… ¿Rachel se imaginaba a ambas en una relación sexual?
Una sacudida en su cuerpo casi la tira de lleno al piso.
O era así o ella estaba tirando a flote juicios sobre su alumna y de la peor manera. Pero eso le había dicho la misma Rachel.
Se pasó una mano por el pelo mientras aminoraba la caminata, lo que menos le importaba era Sam, ya lo humillaría desde su cargo el viernes cuando lo viera. Lo que le molestaba ahora de manera agradable eran las palabras de Rachel.
La emocionaban, la fastidiaban, le subían la temperatura y la hacían colocarse en una posición rara. Se golpeó la frente ¿Qué tanto podía costar ordenar los pensamientos y de manera que la moral quedara primero?
Debía ver a Russel pronto y desde su titulo de psicólogo. Ya no podía controlar nada y eso podía terminar mal. Lo peor era que ya quería volver y ver si Rachel seguía allí, cargarla en un taxi y llevarla a casa.
Sí, eso haría.
Sin detenerse, giró y dio cinco pasos. Se detuvo. Volvió a girar. Negó con la cabeza y continuó. Debía alejarse ya de Lima por ese día.
Sonrió, estaba llegando a la esquina y cruzaría la calle. Llamaría a Nicholas y se iría de allí en menos de una hora.
- ¡Rachel!- gritó asustada cuando, detrás de una pared de la esquina, la morena se detuvo frente a ella estorbándole el paso- ¿Cómo te levantaste? ¿No estabas herida?
- ¿Aún está molesta?
- No me lo recuerdes… Sal del camino
- No ocupo toda una vereda, pase por allí- le señaló su costado y ella se mordió la lengua. Sí, tenia más de veinte metros para pasar pero sus piernas no se movían. La sonrisa de Rachel parecía una señal de tránsito que se lo prohibía- Oiga, ya… hablemos en serio- dijo Rachel con un tono de voz calmo y acercándose a ella- Lamentablemente lo de la apuesta es cierto y se qué estoy tomándolo totalmente a la ligera, pero ya me disculpé y me gustaría que aceptara esas disculpas. Ni usted ni nadie se merece ser tratada así. De verdad, no se enfade conmigo…. ¿Por favor?
Quinn apretó su mandíbula y la movió de un lado a otro, le costaba tanto abrir la boca y decir lo correcto: "No, Rachel. Actuaste mal, no te disculpes porque no te voy a disculpar. Soy tu profesora y me debes respeto." Y un sin fin de cosas que cuando ella largaba Santana siempre se dormía o fingía hacerlo porque le decía que era discurso de político en plena campaña. Con su amiga siempre terminaba molestándose, pero ahora con Rachel las cosas pasaban tan distintas y realmente quería empezar a descifrar por qué.
Alzó su mentón. Iba a soltar el discurso.
- Está bien- Rachel dibujó una sonrisa enorme y ella golpeó el piso con su pie frustrada- Yo tambien fui joven y cometí estupideces. Pero sería muy respetuoso de tu parte que lo que hagas no implice a otras personas. Sobre todo a alguien superior a ti
- Lo sé… y gracias… ¿Tiene que volver la semana que viene?
- ¿Al municipio?- Rachel asintió- Sí, debo hacerlo por cuatro miércoles seguidos.
- Genial… otro almuerzo
- Va a salirme caro esa parte
- Yo invito el próximo- Quinn alzó una ceja-
- ¿Qué?
- Eso, yo invito, pero nada de Breadstix, va a ser algo distinto… ¿Se apunta?
- Rachel… yo creo que hoy deberíamos detener esto
- ¿Se apunta o no?
- ¿Qué piensas?
- Es sorpresa… usted no me quiso decir la que tiene preparada para nosotros y yo…
- Ya, ya… no seas egocéntrica… Rachel- la llamó Quinn dando un paso al frene y quedando a centímetros de su alumna. Rachel dio otro y alzó su cabeza, la distancia era demasiado inútil- A mí…- susurró Quinn después de dar un vistazo general, ningún auto se escuchaba ni nadie pasaba caminando- A mí me gusta pasar tiempo contigo- dijo con una tímida sonrisa y un sonrojo en su rostro y todo su cuerpo. Rachel alzó sus dos cejas y abrió la boca sonriendo-
- Lo sé… todos terminan diciéndome lo mismo cuando me conocen
Quinn rodó los ojos y se mordió el labio de manera divertida. Rachel rió y agregó.
- A mí tambien me agrada su compañía… Gracias por eso
- ¿Por qué?
- Tengo suerte de que quiera pasar tiempo conmigo, fui una molestia para usted al principio y…
- Shhh- la silenció estirando su mano para acomodar un mechón de pelo tras su oreja y escucharla suspirar tranquilamente. Su mano tembló al alejarse y la piel de Rachel se heló de repente hasta lograr evidenciarla en un pequeño escalofrío- Ve a casa ya, no quiero darte problemas con tus padres
- Tranquila, Noah me cubrirá… ¿Ya llamó a su mecánico?
- Sí- mintió, lo haría cuando Rachel la dejara sola; de lo contrario, sospechaba que la morena no se iría.
- Está bien… como apenas probó bocado- dijo Rachel llevando sus manos a su mochila y abriéndola para buscar algo en su interior- Tome…- le dijo estirando su mano y entregándole una servilleta de color blanca envolviendo una pequeña bola- El viaje es largo y debe cuidarse- terminó por colocarlo en la palma de la mano de Quinn y luego sacudiendo las de ella para quitar el dulce pegado-
- ¿Es una magdalena?
- Aja… la tomé de la barra antes de seguirla… La pagaré otro día
Quinn sonrió, no podía decir nada contra aquellas palabras ni mucho menos a las acciones.
Tenía un problema: estaba gustándole demasiado exprimir al máximo los momentos con Rachel, memorizar cada cosa que ella decía y sonreír frente a cada acción que cometía.
No sabía cuándo podía pedirle a su cuerpo que se detuviera… sabía que igual no iba a obedecerla.
Rachel se alzó sobre sus pies y terminó por dejarle un sonoro beso en su mejilla.
Ella dejó de respirar por un segundo.
- Cuídese… y maneje con precaución… Hasta el viernes- le pareció que le dijo Rachel.
El límite de escuchar lo que su alumna le decía contra el de que sus oídos le permitían escuchar era nulo; no supo distinguir si la figura que caminaba a metros delante de ella era la de Rachel alejándose o si las palabras de la morena habían sido en broma o sinceras. Eso le daba igual, al fin y al cabo su mente seguía repitiéndolas y ella se consintió en no reprimirlas.
El límite entre enojarse con Rachel y deleitarse con ella por sus gestos o movimientos estaba desapareciendo y convirtiéndose en uno solo que debería analizar, pero por ahora no quería.
El límite entre recordar que ella era profesora y Rachel su alumna y ciertas cosas debían suprimirse se estaba alejando y sin intenciones de que alguna de las dos evite regresarlo.
El termino que determinaba sus condiciones no tenia ni un máximo ni mínimo grado de división en ese momento… Estaba desapareciendo para darle la libertad de disfrutar algo completamente nuevo.
Sin importar como sonaba en su mente y pensando en cómo sonará en las ajenas, Quinn tomó su celular y pidió por su auto.
El viaje de regreso a casa nunca había sido tan corto.
Cap largo, creo. El que viene es uno de mis favoritos.
Alguien pidió una maraton de capitulos, sorry, a veces ando algo lenta no entendí a que se refería. Si me lo explicaran... Gracias
Lo de la apuesta lo tenia pensado desde un principio de esta manera, o sea, cero duracion (espero que las que querian que pasara algo con respecto a eso no se enojen) Porque el acercamiento definitivo entre ellas será muy distinto a algo tan poco sensato y reflexivo...
Farfadette12: Quinn dulce volvió ;), y no va a volver a irse.
Nuevamente, gracias a los que se toman la molestia de comentar. ¡Saludos!
Ni glee ni sus personajes me pertenecen
