Cap. XIX: "Pañuelo"

Aún sus manos temblaban sobre el volante. Aún su rostro ardía de vergüenza. Aún su pecho se inflaba y desinflaba con la misma velocidad a la que viajaba. Aún Rachel y su brazo estirado bañándola en un humillante granizado de color le invadía los pensamientos. Aun intentaba no llorar a causa de Rachel.

Rachel.

¿Por qué tuvo que hacerlo ella? Si hubiese sido un accidente lo entendería, nadie en su sano juicio se molestaría, pero no fue así. Rachel hizo que una cantidad importante de alumnos se burlaran de ella faltándole al respeto y olvidando su cargo allí dentro.

Rachel Berry había jugado con ella en una relación cordial que no era.

Despegó su mano derecha del volante y se golpeó la frente a palma abierta. Si hubiese escuchado a su padre desde el principio que en ese Instituto solo había delincuentes y adolescentes que no congeniarían con ella. Se golpeó una vez más; la culpa había sido de ella y de nadie más. Se dejó engañar por el cambio en el comportamiento de Rachel y nada de eso era cierto.

No volvería a sonreírle más si hacerlo implicaba otro granizado, otra humillación.

Pisó el acelerador y al instante debió soltarlo, su ojo izquierdo se notaba incómodo al parpadear y cuando lograba juntar las pestañas las mismas le pesaban arduamente. Intentó mantenerlo abierto unos segundos para que el malestar pasara pero no, solo unos doscientos metros mas adelante volvía a dañarla.

Detuvo al auto a un lado del camino bajo el cartel de entrada a Lima, se quitó el cinturón de seguridad y estiró su cuerpo hasta ver su rostro en el espejo retrovisor.

- Dios- murmuró al ver lo inflamado que estaba bajo la pupila y el color rojo que la misma mostraba, llevó uno de sus dedos allí y al masajear la piel pudo expulsar un trozo de hielo color morado- Estupida, Rachel- susurró al sentir como el dolor aumentaba y mantener el ojo tanto abierto como cerrado ya era una complicación.

Se tiró sobre el asiento y decidió que lo mejor era descansar unos segundos. O al menos intentarlo.

Tomó su bolso y quitó de el una tira de pastillas que Santana le aconsejó usar cuando el sueño no aparecía en ella y lo necesitaba de sobremanera. Sin importarle la falta de agua, tomó una y con ayuda de su lengua la arrastró hasta su garganta y la tragó con algo de dificultad.

Suspiró unos segundos tratando de pensar en otra cosa que no sea la molestia en su ojo.

No controló el tiempo, pero de repente, cerrarlo no fue un problema y ya comenzaba a notar la oscuridad que la rodeaba. Antes de quedar completamente dormida bajo el efecto del medicamento, estiró su mano y puso la seguridad en su puerta.

Después no sintió ni vió más nada.


- Rachel- escuchó la morena tras ella pero no volteó. Su cuerpo aun estaba de pie en medio de la calle esperando porque una Mini Cooper regresara sobre el camino. Habían pasado minutos en que el automóvil había desaparecido de su vista y al parecer pasarían casi tres días hasta volver a verlo. En realidad el auto no le importaba, quien iba dentro era su preocupación. La manera en que Quinn le dedicó una mirada le arrojó un escalofrió en todo el cuerpo, se odió a si misma e intentó odiar a Quinn por no haberla escuchado y haberse ido sin mirar atrás.

Estaba comenzado a temblar de miedo por la continuación de su relación. Quinn tenía todo el derecho de odiarla y posiblemente humillarla frente al salón como castigo.

Se lo merecía al fin y al cabo, los impulsos que cometía por Quinn nunca la dejaban del todo satisfactoria y siempre la golpeaban mentalmente. Estupido tiempo que no podía manejar y así regresarlo para cambiar ciertas cosas.

Para cambiar todo.

- Rachel- volvió a escuchar más una mano en su hombro para llamar su atención. Tragó con dificultad su propia saliva para apaciguar el nudo que se había formado en la base de su garganta y que pesaba demasiado. Realmente la culpa pesaba y era de las pocas veces que la visitaba y de paso la mortificaba. Cuando la llamaron una tercera vez, pateó algo invisible del piso con frustración y volteó a ver a su padre. El hombre mostraba las cejas en confusión y aun tenia la mano estirada en su dirección. Ella la quitó de un manotazo y pasó a su lado con paso firme- ¿Qué… ¡Rachel! Ven aquí

- No me jodas, Hiram- le dijo al volver a la vereda y tomar su mochila que había tirado para agilizar el paso hacia el auto de Quinn. De nada sirvió al final- ¡Estupido!- gritó al ver a Sam aparecer hablando animadamente con una porrista- Eres un… ¡Te odio!- volvió a gritarle antes de arrojar la mochila en su dirección. Puck, que venia metros detrás, corrió hasta ellos y la detuvo sosteniéndola por la cintura-

- ¡Rachel!- gritaron Puck e Hiram al mismo tiempo, jamás habían visto a la morena en ese estado- Ey, Rachel- la llamó Puck contra su oído y pegándola a su cuerpo arrebatándole la mochila antes de que llegara a la cara de Sam. El rubio los observaba seriamente mientras abrazaba por los hombros a una chica- ¿Qué demonios hiciste?- preguntó Puck a su compañero sin importarle en el momento la respuesta. Arrastró a Rachel hasta el auto de Hiram y, después de que el hombre abriera la puerta y él mismo recibiera varias patadas por parte de Rachel, logró arrojarla con cuidado y esperó a que terminara de calmarse.

- ¿Y a qué debo este espectáculo?- preguntó Hiram al sentarse tras el volante y colocarse el cinturón de seguridad- Estabas parada en el medio de la calle sin medir la cantidad de autos que pasaban a tu lado, me faltas al respeto e intentas enfrentar a Sam logr…

- No vuelvas a nombrarlo- lo interrumpió Rachel aun con la respiración incontrolada y sintiendo las caricias de Puck en sus muslos- ¿Podemos irnos? – Le preguntó en tono que rozaba la ironía mientras quitaba las manos de Puck de su cuerpo-

- Sí… ¿Necesitas aventón, Puck?

- No, gracias, señor Berry… Pasaré a verte por la noche- le susurró a Rachel al inclinarse y dejarle un beso en la frente- Hasta luego- se despidió antes de ponerse pie y cerrar la puerta.

- Estoy esperando una disculpa, Rachel- le dijo Hiram mientras conducía. Rachel suspiró y colocó la cabeza contra su ventanilla pero terminó cediendo-

- Lo siento… Lo siento mucho, papá, pero aun estoy enojada así que no me hagas decir mas cosas.

- Oh, no eh, no vengas con caprichos… ¿Qué sucedió?

- ¡Sam!... es… es un estupido sin cerebro que solo… ni siquiera me agrada pensar en lo que es.

- Eso no me dice nada, hija ¿Qué fue lo que te hizo?

- Mas bien qué fue lo me hizo hacer… me hizo lastimar a una persona. A una persona que no se lo merecía.

- ¿Golpeaste a alguien?

- ¡Claro que no!

- ¿Y entonces?

- Me hizo humillar a alguien de tal modo que la lastimé ¿entiendes?... Me siento la peor persona del mundo y no estoy equivocada…Solo… solo quiero tenerla frente a mí para decirle lo mucho que lo siento y que lo siento de verdad y no voy a dejar de decírselo hasta que me lo crea…Estupido cuerpo que se maneja por si solo… tendría que haberle hecho caso cuándo me dijo que debía dejar de hacer eso

- ¿Qué? ¿A quien deberías haberle hecho caso?

- Nada, papá, nada… ¿Qué vas a comprar?- preguntó al ver que su padre se detenía en el estacionamiento del supermercado-

- ¿Voy? Vamos… tenemos que sorprender a tu padre para la cena ¿lo recuerdas?

- Claro- murmuró Rachel al bajar- cómo si estuviese de ánimos para eso.


Cientos de golpes contra su ventanilla e indirectamente a su cabeza, se movió de manera lenta y se dio cuenta al instante que su ojo izquierdo ni siquiera hizo el intento de abrirse pero al menos ya no dolía.

Suspiró al ver del otro lado a un policía haciéndole una seña de que abriera y se bajara. Lo hizo con la misma velocidad, lenta, y se paró a un costado de su auto. Se llevó una mano a la frente, el sol estaba bajando ¿cuánto había dormido?

El hombre estiró la mano en su dirección pidiéndole su identificación y su licencia. Volvió al auto y se las entregó sin problema.

- ¿Por qué estaba durmiendo a un lado de la carretera? Eso está prohibido, señorita. En cualquier lugar.

- Lo siento, oficial. Tuve un pequeño accidente en mi ojo y…

- ¿Qué le pasó?

- Bajé la ventanilla calles atrás y un poco de tierra invadió la zona. Nada más.

- ¿Hacia dónde se dirige?

- New York

- ¿New York? No puede viajar en ese estado… ¿No puede abrirlo?- preguntó refiriéndose al ojo-

- No, lamentablemente.

- Bien, una recomendación, visite el hospital del pueblo y si el doctor la deja, viaja. De lo contrario hospédese en un hotel ¿Está claro?

- Si, oficial, gracias

- Debería hacerle una multa, pero lo dejaré pasar… ¿Sabe dónde está la clínica?

- No, la verdad no.

- Bien, mi compañero- dijo señalando al hombre que estaba dentro del auto policial y llamándolo con una seña- se hará cargo de su auto. Usted suba al mío que la llevaré

- ¿Y qué hará con mi auto?

- Nos seguirá y lo dejaremos en el estacionamiento de la clínica. Es muy seguro, no se preocupe.

- Está bien- fue lo único que dijo Quinn antes de subir al móvil policial y ver como su mini Cooper la seguía de cerca.

Después de llegar, tomó el bolso de su auto para quitar su celular y hablar con su padre, Russel le dijo que iría a buscarla pero ella lo detuvo diciendo que todo estaba bien y se desocuparía horas mas tarde. Cosa que aun no sabía si así sería.

El oficial que la llevó la acompañó hasta la entrada de la clínica y habló con la enfermera pidiendo por el médico de turno, ella se quedó a su lado observando la interacción entre ambos; al parecer no es la primera en llegar en móvil policial por ayuda.

- El médico de guardia debió salir pero regresará antes de las nueve. Siéntese allí- le señaló el hombre las sillas de espera- que cuando regrese será la primera en ser atendida.

- Gracias, oficial. De verdad, muchas gracias

- Estamos para ayudarla, señorita- se despidió el hombre antes de abrir la puerta y desaparecer afuera.

Notó la mirada de la enfermera de manera intimidante hacia ella. Quinn le sonrió con nervios pero la mujer tomó unas planillas y abandonó el pasillo diciéndole que enseguida regresaba.

Desvió su vista al reloj que colgaba sobre la blanca pared a un costado, apenas habían pasado diez minutos de las siete de la tarde. Pegó su bolso contra su pecho y suspiró.

No tenía otra opción que esperar y, seguramente, pasar la noche en Lima. La sola idea le producía miles de sensaciones y Rachel en su mente era el único pensamiento.

Agitó la cabeza, debía dejar de pensar un momento en Rachel.


Llevaba desde las tres encerrada en su habitación, más de cuatro horas de encierro un día viernes distinto, algo a lo que no estaba acostumbrada. Después del Insitito frecuentaba el bar de uno de los primos de Noah y pasaban al tarde allí, sin importar el clima o si el frío era lo suficientemente cruel para devolverlos a casa. Hasta la hora de la cena no regresaban.

Pero ese día se alejó de su mejor amigo, él no tenía nada que ver con lo que había sucedido pero…

- Estupido Noah- susurró al recordar que él fue el de la idea de la apuesta. Sam llegó después y ella mucho más tarde; se tiró a la cama boca arriba, hubiese deseado que Puck interactuara con Quinn antes de haber cometido el error de arrojarle un granizado por segunda vez. No. Se enderezó al instante, Quinn podía odiarla pero no quería verla interactuar con nadie que no fuese ella.

Volvió a arrojarse contra el colchón cuando escuchó su puerta ser golpeada y ver la figura de su padre aparecer tras ella.

- ¿No me vas a ayudar con la cena? - preguntó Hiram sentándose al borde de la cama dándole la espalda pero estirando su mano para acariciarle la rodilla. Rachel la quitó al instante y se puso de pie-

- Estoy de mal humor, papá ¿entiendes eso?

- No lo voy a entender si no me lo explicas

- Ya te lo dije pero no entiendes y a decir verdad es mejor que no lo hagas.

- Entones le diré a Leroy cuando regrese que hable contigo, a veces olvido que con él nunca te enojas- dijo Hiram poniéndose de pie y tomando el picaporte de la puerta-

- Papá- lo llamó Rachel en un suspiro. Hiram se mantuvo de espalda a ella- Tampoco quiero hablar con él, es algo que solo yo resolveré… ¿Puedes confiarme eso?

- ¿Podrás sola? – le preguntó Hiram volteando a verla. Ella le sonrió- Estaré abajo prepa…

- Me pongo algo mas cómodo y te ayudo- le dijo al correr hasta él y lanzarse sobre su cuerpo en un abrazo-

- Te espero abajo- murmuró Hiram después de recibir un beso en su mejilla y un suave "te quiero".

Rachel bajó en cuestión de minutos y juntos prepararon un aperitivo algo ligero que consistía en unas croquetas de arroz y para la cena una tortilla vegana de cebolla. Leroy no era amante de las verduras ni podía pasar un día sin comer carne, pero Hiram decidió que por esa noche cambiaria su no dieta y comería lo que Rachel eligiera.

Observaron el reloj después de limpiar y terminar de preparar todo. Leroy salía de la clínica, los viernes, 20:30 y faltaban quince minutos para eso.

Rachel regresó a su cuarto para darse un baño e Hiram se quedó en la cocina preparando la mesa con algunos detalles que solían utilizar en algunas ocasiones y quitó de la heladera una botella de vino tinto que compró por la tarde y sabía era el favorito de su esposo.

Terminó por sentarse en el sillón del living a esperar a que la puerta se abriera. En diez minutos debía aparecer su esposo.


Quinn suspiró con exageración frente a la enfermera transmitiéndole un claro mensaje "¿Dónde demonios está el medico de guardia?", pero la mujer la ignoró.

Buscando otra opción, comenzó a mover su pierna derecha fuertemente contra el piso, había pasado una hora desde que llegó y aun nadie llegaba a verla; de hecho, comenzó a preocuparse cuando algunas luces al final del pasillo comenzaron a apagarse. Decidida, al ser ignorada por segunda vez, se puso de pie y caminó hasta la mujer.

- Disculpe… disculpe, señora- la llamó al verla firmar unos papeles y sostener el teléfono con su otra mano- creo que sabe que llevo aquí mas… ¿Qué?... Señora- suspiró molesta cuando la mujer comenzó a hablar con alguien del otro lado de la línea y continuaba ignorándola.

Se quedó de pie unos cinco minutos y, cuando estaba por volver a la silla, alguien chocó contra ella. O ella contra alguien porque poco podía ver con un solo ojo.

- Oh, disculpe, señorita- un hombre se encorvó a tomar su bolso y devolvérselo con una sonrisa. Su voz le pareció calida y cuando se enderezó le sonrió en agradecimiento- ¿Se encuentra bien?... Tiene el ojo algo hinchado

- No, no estoy nada bien y al parecer no pueden atenderme

- Pues Richard, el oftalmólogo, lamentablemente ya no está en horario de turno y el médico de guardia ya se retiró y dudo que regrese… De hecho yo tambien ya estoy por irme, mi horario terminó hace cinco minutos.

- Oh… ¿ya no hay nadie entonces que me atienda?- preguntó molesta y avergonzada. Había estado sentada por más de una hora y solo para irse en el mismo estado en el que llegó. Estupida Rachel por arrojarle el granizado, estupida Santana por darle las pastillas, estupida ella por tomarlas y estupido policía que golpeó su ventanilla. Si todo eso no hubiese sucedido, ya estaría en casa- Eh, perdón ¿cómo?- preguntó sonrojada al ver como el hombre le hablaba pero no había escuchado nada-

- Que mi rama es exactamente la cirugía, pero puedo hacer algo por usted… Venga, pase a mi consultorio- le dijo él sacando su celular del bolsillo de su pantalón y llevándolo a su oreja- Hija, hola cariño, escucha, llegaré solo unos minutos mas tarde ¿si?... Si, lo sé, pero no puedo hacer algo… Te quiero y nos vemos en la cena… Mi hija, ser padre de adolescentes no es fácil- comentó el hombre guardando el móvil otra vez y encendiendo las luces de su consultorio- Siéntese, por favor- le dijo señalándole una camilla, con nervios, ella lo hizo mientras él buscaba algo en uno de los cajones del escritorio. Volvió a ella con una diminuta linterna y le pidió que abriera el ojo, ella negó con la cabeza.

- Lo siento, doctor, pero es realmente doloroso, ni siquiera puedo hacer el intento.

- Está bien, a ver…- dijo él alzando su mano y acomodarla bajo el ojo lastimado- ¿Qué fue lo que lo dejó así?- preguntó lentamente al comenzar a separar la piel de la rubia y abriendo con lentitud el ojo. Quinn se quejó al instante-

- Es… el frasco de café estaba algo alto esta mañana y cuando lo tomé terminó abriéndose y cayendo sobre el ojo.

- Guao… eso es…

- Algo tonto, lo sé- rió ella al sentir el ojo abierto pero sin poder divisar las cosas correctamente-

- Bueno- dijo el doctor apagando la linterna y volviendo a dejar que las pestañas izquierdas de la rubia volvieran a juntarse- si la causa es esa, entonces no es nada grave. No tiene ninguna enfermedad porque apenas lo vi creí que tenía algo así como iridociclitis, pero no es más que un malestar. Igual le daré unas gotas- dijo preparando un certificado mientras Quinn se bajaba y se paraba frente a él- las recomiendo ahora apenas toque la cama y otra vez al levantarse.

- Está bien

- Y… mantenga la cabeza algo alzada y tranquila, no obligue al ojo a abrirse, con esto ayudara- le aseguró al separar el papel de una carpeta y entregárselo a la rubia-

- Gracias doctor…

- Berry- clavó al instante la vista en él. Berry, igual que Rachel ¿qué probabilidad había de que fueran familiares? Negó con la cabeza, Lima no era un pueblo grande pero no necesariamente todo los Berry debían tener parentesco, además, el hombre no se parecía a Hiram y por ende hermanos no eran. Tal vez primos lejanos. Tal vez nada.

- Gracias, doctor Berry… Am, ¿y dónde hay una farmacia por aquí cerca?

-¿No es de aquí?

- No, no. Solo trabajo y debo volver a casa

- ¿Y cuantas horas de viaje?

- Ocho, a veces más

- Oh, no le recomiendo viajar, señorita. Muchos menos a estas horas… Bien- dijo él poniéndose de pie- una de las desventajas de Lima es que carece de hoteles, solo hay habitaciones en condiciones poco propicias para señoritas como usted, así que… ¿Por qué mejor no me acompaña a mi casa, le daré una muestra de esas gotas que utilizo cuando mi hija está algo mas insoportable que de costumbre y me ayudan a descansar y… confía en un desconocido?… podría quedarse en casa por esta noche.

No, no confiaba en un desconocido ni aunque llevara sotana, pero la sonrisa cálida del hombre le generó un alto grado de confianza, además, no podía pasar la noche dentro de su auto. La situación era la misma solo que una era más peligrosa que la otra. Optó por lo más fácil. Recordó velozmente a su padre, estaba manejándose últimamente de esa manera.

- Se que es una situación difícil pero tengo una hija mas o menos de su edad, hablaría un momento con ella y conocería a mi…

- No se preocupe, tampoco quiero incomodarla a ella ni a sus otros hijos.

- No, solo tengo una niña. Va, adolescente en pleno auge a adulta. Un remolino de situaciones todo el día… ¿Y bien?... ¿Pido un taxi y vamos?

- Oh, no, no, tengo mi auto afuera… De hecho esto es aun mejor, me sentiría más segura si lo llevo.

- Oh, mejor aun es cierto. Bien, vamos- le dijo él antes de darle el paso a que camine primera y luego cerrar la puerta de su consultorio.

Cuando salió de la clínica, una oleada de frío azotó su cara, su espalda y acabó en su interior. Sentía algo raro y desconocía el por qué. El hombre le abrió la puerta de copiloto atentamente y ella se subió sin problemas.

- Está algo frió ¿verdad?- preguntó el hombre y ella asintió aun tratando de que la confianza se afianzara en su cuerpo y pudiese demostrarla, pero estaba en un lugar que poco conocía y al lado de un hombre igual de lejano. Era de noche y las calles estaban algo oscuras. Podía ser el terreno perfecto para una película de terror. Sacudió la cabeza pero su corazón bombeaba aun fuertemente. Estiró su brazo para encender el calefactor y calmar lo erizada que estaba su piel pero no lo consiguió. Decidió dejar de pensar por un momento- ¿Le gusta Lima?

- Aun estoy conociéndola, pero es… agradable

- Hable sin miedo; hay que admitirlo, es un pueblo con recursos escasos y que solo algunos tiene la posibilidad de sobresalir. Pero con mi familia estaremos unos meses más, no pretendo que mi hija se quede estancada aquí. Posiblemente nos mudaremos a otra ciudad, pero a una ciudad de verdad.

- Oh, me parece bien. Yo tambien debí mudarme un par de veces y siempre es agradable. Conocer personas nuevas, hacer actividades nuevas y entablar nuevas relaciones forman una actitud totalmente positiva y segura. Es parte del crecimiento.

- ¿Y por qué viene desde New York hasta aquí? Si fuese usted solo trabajaría allí o me hubiese mudado a otro lugar más fructífero. Lima no es conveniente a veces.

- La posibilidad de que me tomen en cuenta en algunos institutos o universidades es nula. Soy profesora de literatura y muchos llevan ese titulo mejor colgado que los que recién comenzamos. La edad y la diferencia de días entre mi graduación y los que empecé a ejercer la profesión están apenas separados por una estrecha línea y no puedo esperar a que cientos de profesores adultos se jubilen. No puedo quedarme en casa cruzada de brazos.

- ¿Y cómo llegó aquí?

- Por una amiga que parece de la mafia. Tiene contactos por todos lados y bueno… me consiguió el empleo.

- ¿Y resultaron positivos todos estos viajes? Es decir, conozco demasiado el lugar y sus habitantes, y créame, los jóvenes son el problema.

- Estoy de acuerdo en eso. Tengo una alumna en particular. Fue algo detestable al principio, odiosa y hasta altanera, pero ahora es… es la razón por la que no dejo que nada me impida viajar. Nos estamos entendiendo a la perfección y eso es un cambio para ella… Para ambas.

- Entiendo. Siempre es bueno socializar con un alumno más que otro, creo. Siempre ha pasado y seguirá ocurriendo. Hay alumnos que necesitan a su profesor o profesora más que otros, señorita…

- Fabray- respondió ella lentamente al perder su vista hacia la ventanilla y descubrir la calles demasiado familiar. El hombre volteó a verla rápidamente- Quinn Fabray

- Oh, le parecerá raro, pero su nombre me suena… ¿Dónde trabaja?

- Soy profesora del McKinley. Doy clases tres veces a la semana.

- Es la profesora nueva ¿cierto?

- Si ¿cómo lo sabe?- preguntó entre risas y asustada. El camino por dónde andaba el auto ya lo había transitado varias veces y, si le sumaba a eso el apellido del hombre, Rachel volvía a sus pensamientos.

- ¿Usted le da clases a Noah Puckerman?

- Si, algo fastidioso al comienzo pero agradable con el tiempo ¿usted lo conoce?

- ¿Y a Finn Hudson?

- Aja- respondió ella con lentitud, nervios y con su pulso acelerado. El auto aminoraba la velocidad y podía distinguir la casa de Rachel a metros de ella. Volvió su vista al hombre. -

- ¿Y Rachel es buena alumna?

- Eh… ¿es familiar de Rachel?

- Venga, baje… Me agrada eh, y pensar que antes no- le dijo él al detener el auto y quitarse el cinturón de seguridad-

- ¿Usted vive con Rachel?- preguntó sobre la vereda y ya sin entender nada. Estaba a un paso de la puerta, el hombre quitó un par de llaves de su chaqueta y volvió a darle permiso para que se adelantara.

Nervios.

Podía sentir como su cuerpo parecía flotar de los nervios bajo sus pies, como su piel se alzaba junto a sus vellos y como su corazón corría una maratón consigo mismo. Estaba perdiendo la noción del tiempo, del lugar y de la mirada inquisidora que Hiram le daba desde el sillón.

Desvió su vista a las paredes, estaban pintadas de un color claro y había algunas fotos en marcos pequeñas con Rachel en medio de dos hombres, quien estaba detrás de ella e Hiram. Y en todas Rachel mostraba una risa casi modesta y exagerada. Sonrió al notar el brillo en los ojos de los tres en una de las fotos mas cercanas que divisaba.

Un poco más atrás, donde comenzaban las escaleras, descubrió otra con Rachel y Puckerman. Él la abrazaba desde atrás y ella tapaba las manos de él que estaban en su cintura. Parecían una linda pareja. Se aclaró la garganta. Parecían.

Iba a ver otra a la lejanía cuando alguien apareció abotonándose el pantalón.

Rachel bajaba la escalera con un jean negro, descalza, una musculosa blanca y algo despeinada por pelo suelto y húmedo que conservaba. Y la boca abierta en su dirección.

¿Estaba soñando?

Tal vez, después de despertar por culpa del oficial, volvió a dormir y ahora ya soñaba a diario con la morena.

Rachel caminó en su dirección, pasó a su lado rozando sus brazos y llegó hasta el hombre que se mantenía de pie tras ella.

- Buenas noches, papá- Giró con velocidad a verlos ¿Papá? Estaba comenzando a entender algo de las cosas. O tal vez todo, Rachel tenía dos padres. Hombres. No era algo anormal ni de otro mundo pero debía admitir que eso la tomó por sorpresa. Cuando Rachel volteó, sus miradas se cruzaron y la morena se le fue encima- Oh, Quinn… ¿qué le pasó a tu ojo?- Dolor. Sintió dolor cuando las manos de Rachel perturbaron la tranquilidad de su ojo que descansaba e intentaba descubrir que le había sucedido. Se mordió el labio para no gemir por esa sensación molesta que Rachel le producía-

- Leroy- escuchó ella la voz de Hiram cercana- Señorita Fabray- saludó él y ella estiró su mano en un cordial saludo- Leroy ¿podrías…

- La señorita Fabray será nuestra invitada esta noche, cariño- respondió Leroy acercándose al hombre para acariciarle velozmente la espalda y luego caminar hacia las escaleras- Hiram- lo llamó y su esposo lo siguió- Rachel, acompaña a tu profesora al baño y ayúdala a que se ponga cómoda. Haré lo mismo y enseguida bajamos


Incomodidad.

Eso era lo que la sonrisa de Rachel frente a ella le generaba. La morena estaba a centímetros de su cuerpo y balanceaba el de ella de un costado a otro. Tal vez por la misma sensación.

Movía su vista de un lado a otro para no concentrarse en la de Rachel pero se le estaba haciendo imposible. Miraba el techo y volvía a Rachel. Miraba una foto y volvía a Rachel. Miró la puerta y volvió a Rachel. Miró hacia abajo y volvió a Rachel. Y allí se detuvo.

Ambas carraspearon la garganta al mismo tiempo.

Rachel dio un paso hacia ella y el aire debía pedir permiso si quería pasar frente a cualquiera de las dos. Pero no iba a conseguirlo cuando fue ella misma la que avanzó otro.

- No tiene una idea de cuánto lo siento… Perdóneme- murmuró Rachel corriendo su cabello hacia un lado por la molestia que seguramente le generaba. Observó el cuello totalmente accesible de la morena. Una fragancia dulce se desprendía de el y calaba directamente sus huesos. Lo aspiró la mayor cantidad de veces posible- necesito explicarle cómo pasó realmente… ¿por eso tiene así el ojo?... ¿La lastimé?

- Demasiado- y el corazón de Rachel dio un vuelco dentro de un espacio pequeño. La voz de Quinn no le aseguraba un daño físico, sino algo mucho más profundo-

- Nunca creí que…

- ¿Dónde está el baño?- la interrumpió caminando hacia un costado y alejándose de la morena. Rachel giró los ojos molesta y caminó hasta una puerta que estaba centímetros antes de llegar a la escalera. Quinn abrió y cerró en cuestión de segundos y se perdió allí dentro.

Apoyó la cabeza contra la puerta. "El mundo es un pañuelo", solía decir Santana, bajo su profesión de bancaria, cuando tenía que interferir para brindarles cuentas corrientes a sus ex compañeros de Instituto que alguna vez la insultaron o se burlaron de su origen latino.

"El mundo es un puto pañuelo que siempre te lleva a lo que menos quieres", eso era lo que la morena decía. Y en ese momento, ella no podía estar más de acuerdo.

Llegó hasta el lavamanos y abrió de a poco el grifo, el agua tocaba sus manos con calidez y escurría entre sus dedos con libertad y burla. Movió sus manos hacia su cara y se arrojó con brusquedad un poco.

Cerró la canilla y dejó que el agua se secara por cuenta propia.

Suspiró y volvió su brazo al picaporte.

Abrió y juntó aire. Iba a ser una larga noche.


Ladys, la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida dirian por ahi... Parece algo repetitivo el hecho de que pasen otra noche juntas, pero la relacion entre ellas ahora es totalmente distinta, so, algo puede pasar. Este cap es mas relleno para lo que vendrá que otra cosa, habia pensado subir TODO junto pero iba a ser demasiado largo y no quería aburrirlas.

Sor, volviste :) ¿cómo es eso de que estoy tardando para subir los cap? Creo que subir dos por semana es justo y necesario (no me obligues a subir uno al mes) No voy a matar a ninguno de ese trio , de hecho voy a hacer que los odies más :D... Besos que andes bien( quiero otra poesia :(

AndruSol: ¿Sabes que fue lo primero que pensé cuando lei tu comentario? : Me da igual... Si, así y perdon por eso. Pero lo releí tantas veces que dije es verdad y podría congeniar la historia por otro lado (por cierto, no creo que los personajes se manejen mal, solo distinto a como vos te gustarían. Por eso, eso , es solo cuestion personal) Por otro lado, anoche vi "The Jane Austen book club" ¿la has visto? Resulta que el personaje de Emily Blunt (amante de la lectura y profesora) está casada pero un alumno comienza a confundirla y ella está dispuesta a seguirle la corriente PERO la conciencia (de ella) se interpone ante cualquier cosa; me gusto mucho algo que dijo : "El me mira como si fuese él una cuchara y yo un helado en envase y se lo permito me devorara" Entonces me recordó tu comentario e inmediatamente escribí unas ideas para cambiar el curso de la historia y de paso los sentimientos de Quinn... Pero desistí... Ya la planteé de un modo y me gustaria que siguieras leyendola así; además, cabe destacar que no estamos ante una Quinn que, apenas recibió el empleo, su primer pensamiento fue "seduciré a una alumna y me acostaré con ella", ni es criminal ni acaba de salir de la cárcel; creo que la rubia es todo lo contrario y eso hay que tenerlo en cuenta.

Me vuelvo a disculpar por mi primer pensamiento al leer tu comentario, igual ya te lo dije y lo repito, tus analisis son perfectos y nunca salen de lo que está sucediendo pero la historia ya tiene una estructura y continuará así... Gracias por tu coment :) Saludos (sorry por el testamento)

PROX CAP EL VIERNES O EL DOMINGO (lo mas seguro)

Nuevamente, gracias a los que se toman la molestia de comentar. ¡Saludos!

Ni glee ni sus personajes me pertenecen