—¿A dónde vamos? —pregunta seco y práctico el suizo.

—A... no lo sé, solo... necesito pensar —responde el austriaco.

—Bien —asegura cerrando el coche y dándole la vuelta. Cuando se sube otra vez le mira de reojo—. Podemos hablar si quieres, o puedo escucharte... O podemos poner música si te ayuda a pensar mejor.

Austria niega respirando profundamente. Suiza arranca el coche y le mira preocupado un instante antes de estirar la mano hacia él y apretarle un poco el brazo cariñosamente. El austriaco le mira de reojo y respira profundamente.

—Si sigues respirando así vas a terminar mareándote —indica en tono suave, no especialmente en riña, esperando a que le abran la reja—. Mejor dime que es lo que piensas.

—Aun a riesgo de parecer desagradable, te preguntaré, a ti que te parece que puedo pensar.

—Nada claro en realidad —admite con voz sería como siempre—, no entiendo como vater no lo dijo antes.

—Supongo que nunca consideró que yo fuera a querer saber quién soy.

—De dónde vienes. Sabes quién eres —le mira de reojo cuando arranca el coche.

—Ser... bruder de Frankreich implica ser alguien.

Suiza se humedece los labios con ese asunto.

—También lo implica ser bruder de Preussen... Para Deutschland. Para ti no lo significa.

—Sí lo implica, otra cosa es que sepa manejarlo y viva con ello sin más remedio. Pero... podría ser hijo de Rom —aprieta los ojos.

—Una cosa es ser bruder de... ese. Lo otro es completamente absurdo, Österreich... Piénsalo bien.

Austria se gira sin responder. El helvético se le revuelve un poco el estómago con el asunto porque es verdad que Austria es el menos... Germano de ellos. Pero...

—Pongamos que fueras el hijo de Rom, Österreich. Vater siempre te ha considerado un hijo suyo, Deutschland un bruder...

Aprieta los ojos morados sin estar seguro de querer pensar en esto.

—Vale, vale. Perdona —levanta las manos del volante—. Solo digo que esto no cambia nada.

—O puede cambiarlo todo.

—¿Cómo va a cambiarlo todo? —le mira de reojo, preocupadillo.

El moreno suspira cuando el coche se detiene en una calle, a la mitad, estacionándose. El rubio suspira también y se gira a mirarle.

—Ven, vamos abajo un poco y a caminar —pide abriendo la puerta del coche, Austria le mira incrédulo con esto—. Vamos abajo, no se puede hablar de algo así sentados en un coche lado a lado sin poderte poner atención suficiente y mirarte a los ojos —asegura.

—No sé si quiero hablar de ello.

—Bien, no hablemos de ello si no quieres, aun así quiero mirarte a los ojos —Suiza se baja del coche y le da la vuelta, abriendo del lado de Austria—. Ven —pide ofreciéndole la mano. Él se la toma, bajándose—. Hace calor en el coche y a ti se te inflaman las manos con los cambios de presión —indica cerrando la puerta del coche tras el austriaco—. ¿Quieres un helado?

El moreno le mira y sonríe por primera vez en un buen rato. Suiza sonríe levemente de vuelta acariciándole muy sutilmente la mano con el pulgar.

—Uno pequeño, eh... Que luego no me salen las cuentas a fin de mes —sí, es una broma.

El austríaco levanta las cejas y le aprieta suavemente la mano.

—Vale, uno de tamaño regular —responde tirando un poco de la mano—. Hay un parque aquí atrás que me gusta y con suerte habrá un organillero que te ponga los pelos de punta.

Aprieta los ojos a eso.

—Si hay un organillero nos vamos —asegura poniéndole la otra mano en el antebrazo y entrando a la heladería.

Se deja guiar recordando de nuevo a Francia a quien había olvidado por un instante y lo que acaban de decirle.

—¿Has visto como estaba France? —pregunta ya con los helados en las manos.

—Nein... nein en realidad.

—Si crees que a ti no te ha hecho gracia, puedo decirte que a él le ha hecho menos gracia que a ti —asegura.

—Es definitivamente... complicado.

—Hace cierto... —le mira de reojo y se sonroja un poco—. Cierto sentido —concluye.

Austria le mira por encima de las gafas tomando su helado.

—No te enfades, pero... se parecen en ALGUNAS cosas puntuales —murmura tratando de ignorar la mirada esa de encima de las gafas que tan bien le sale al austriaco—. Evidentemente no en lo... molesto de...

El moreno se humedece los labios mirándole aun.

—Cosas como algunos movimientos con las manos —intenta hacer un movimiento pomposo—, hablo de esas... Cosas. Venga Österreich, me acusarías de condescendiente si te dijera que no se parecen en NADA.

—Es... demasiado.

—Lo sé, lo sé —aprieta los ojos—. No que te quiera robar protagonismo pero créeme que para todos ha sido un impacto.

—Está demasiado reciente, debo hacerme a la idea.

—Todos —asegura rascándose la frente. Austria suspira de nuevo pasándose una mano por el pelo.

—Es como estar en una especie de telenovela.

—Es extraño verte involucrado en algo así y... Un poco vulnerable.

Le mira de reojo, a lo que el helvético levanta una mano y la acerca a su cara antes de vacilar un poco.

El austriaco le mira en serio sin saber cómo sentirse al respecto de esto, derrotado.

Suiza le pone con suavidad una mano en la espalda, acercándose a él y dándole un beso rápido en los labios. Austria se detiene en seco de cualquier pensamiento que pudiera estársele formando en la cabeza.

Los ojos verdes le miran de cerca, sonrojadito.

—Ich... liebe dich —susurra muuuuy suavecito.

El moreno levanta las cejas tomado por sorpresa con eso. El rubio se aleja otra vez mirando su helado de reojo ahora si con las orejas rooooojas roooooojas.

—Visto por otro lado, si Rom fuera mi padre, esto sería un poco menos incestuoso —comenta intentando quitarle hierro a la situación.

—Ja, claro... Y me mandas a mí de hermano a France y me dejas a Preussen... Danke Österreich!

Se ríe un poco, negando con la cabeza

—Haría terriblemente incestuosa tu boda con Spanien —sonríe malignillo.

—No más de lo que lo es esto —se señala a ambos.

—Ningún incesto, ¡yo dejé de verte por años! —protesta—. Haría a France la vergüenza de la familia, incluso más que Preussen —comenta tratando de cambiar el tema.

Austria suspira.

—Creo, Österreich, que lo que realmente tienes que procesar es el ser hijo de Galia. Seriamente te digo que tú no tienes sangre latina.

—¿Qué opinas de ella?

—¿De Galia? Es... Extraña. Como si estuviera en una nube por completo. No la asocio contigo aunque... —se sonroja un poco y atención a todo lo que ha notado—. Tienes sus manos.

Los ojos morados le miran de reojo de nuevo

—Y está Mariazell, ahora sabemos de dónde viene...

—Nunca había pensado propiamente en... una madre —reflexiona.

—¿Nunca? —levanta las cejas con esto porque él SÍ que tiene a su madre en su imagen mental —. ¿No te preguntaste eso jamás?

—Es decir... cuando se me ocurrió la idea... Nunca le di importancia de niño, las mujeres no eran habituales en casa, siempre estaban visitándonos Escandinavia y Kiev... y Rom por supuesto, y Vater no... No hablaba mucho de ellas tampoco. Así que cuando pensé en ello, ya era más mayor. Es imposible no pensarlo tarde o temprano cuando entiendes de donde vienen los niños y ves a una mujer desnuda por primera vez... Pero conoces a Vater, simplemente piensas en... Bueno, una mujer siendo violada y apareciendo en casa de Vater nueve meses más tarde... quizás una cuna abandonada en la puerta después de que ella muriera en el parto ¿sabes? Quizás alguien que Vater ni siquiera tuviera idea de quien era, después de haber violado e incendiado a toda una aldea, eso era cruel, pero daba una explicación a por qué no habérmelo dicho nunca antes.

Suiza traga saliva con estos comentarios y le pone una mano en la espalda con suavidad.

—No sé... No sé sí la explicación de hoy sea mucho peor que eso, Österreich. Ella es tu madre y parece... Contenta de verte grande y guapo.

—Verla ha sido... indescriptible. No me siento en lo absoluto ligado de ninguna manera a esa mujer, ¿entiendes? Es una completa desconocida que a priori solo parece haber aparecido para hacer las cosas más complicadas. Y enterarnos además de que... es Vater quien sí sabe quién es mi madre pero no quien es su hijo y no al revés también trunca un poco un vínculo.

Suiza le escucha atentamente asintiendo.

—Has ganado una imagen materna pero has perdido un poquito el vínculo... Vater parece completamente seguro de que tú eres su hijo... Tanto como...

—Es... de repente, a pesar de los vínculos afectivos y las convicciones de Vater, podría decirse que solo puedo estar seguro que mi familia carnal son una mujer que no conozco y un hombre que... sinceramente, no me cae bien, por los que no siento ninguna clase de aprecio.

—Entiendo que es sorprendente y extraño —asiente—, pero a la vez... ¿A quién le importa ahora mismo la familia carnal? Preussen es mi familia carnal o la tuya y le detesto. Tú quizás lo eres, noquieropensareneso, con Deutschland no me entiendo en realidad... ¡Es sobrevalorado! Sin embargo, Liechtenstein me salvó de la locura y la considero más mía aún que... Al resto.

—Es cierto, ¿a quién le importa...? —concede—. Pero aun así, tú lo has dicho. Sabemos de dónde viene Mariazell, tengo sus manos y me parezco a... Frankreich. Eso implica algo.

Suiza le acaricia la espalda y le mira de reojo.

—Es cierto... Algo que yo, con todo y todo, creo que es mejor que sepas a que no.

—Es algo complicado y que no entiendo y que no sé si estoy dispuesto a aceptar, sobre lo que tengo que pensar porque tampoco estoy seguro de qué debo hacer al respecto, pero forma parte de mi historia y marca mi identidad ¿quiénes somos nosotros para despreciar la historia?

—Aun cuando quieras despreciarla... La historia está ahí, solo date un poco de tiempo... Te habituaras a ello y puede que hasta entiendas algunas cosas que antes no entendías.

—Lo sé.

—A mí me tiene... En shock —confiesa y Austria se pasa una mano por el pelo—. Perdona, perdona... Es egoísta de mi parte decirte que estoy en shock —levanta una mano un poco más tranquilo y le acomoda un poco un mechón de pelo que no quedo en su lugar.

—En fin...

—Vamos a casa. Un buen baño y el piano te harán bien —garantiza.

El austríaco mira un momento hacia otro lado valorando la posibilidad de volver para... bueno, darle una oportunidad a esa mujer, pero finalmente asiente.

—¿Estás seguro de que no quieres... No lo sé, volver un poco? —pregunta tremendamente suspicaz.

—Nein.

—Si quieres volver a verla probablemente será a solas con... France.

—He pasado toda una vida sin verla, no le pasará nada por esperar unos días en lo que nos vamos a casa y nos damos un baño.

—¿N-Nos damos? —pregunta sonrojándose con el plural.

—Eso es lo que has dicho, nein?

Suiza traga saliva.

—J-Ja si quieres puedo... Bañarme contigo.

—Was? No me refería a a la vez —le mira de reojo... mintiendo evidentemente. Y ya lo tienes otra vez, Austria, sonrojado e histeriquito.

—¡Yo tampoco! —asegura levantándose para ir al coche, orejitas rojas.

—Pues tú eres quien ha dicho "bañarte conmigo" —le sigue. Suiza murmura algo por lo bajo de lo desvergonzado que es.

Ahora solo queda hacerse a la idea. Así son: Francia el dramático y Austria el analítico. Por lo menos tardara un tiempo antes de que Francia le cierre un ojo otra vez y le coquetee. Eso va a agradecerlo.

A ver cuánto en realidad, pero sí creo que será un par de veces de no molestarle a ÉL especialmente si alguien viene a molestarle con lo de los hermanitos cofPrusiacof

Puede que Alemania moleste a Austria también, ahora que lo pienso

—Österreich, tengo junta hoy con tu Bruder —sonrisita cáustica después de que le haya hecho la vida de cocoles los últimos días por alguna razón.

En otro orden de cosas, Roma dice que si puede "hacer un trio con Galia y Germania hoy pregopregopregopreeeeego"

Germania pregunta que cuales son las otras opciones. Galia opina que será una pena si Germania no viene porque ella se lo pasa mejor con los dos y Roma la medio fulmina.

Germania se sonroja y genuinamente vacila mirando a Galia. Roma quiere dejar claro que el que va en medio es él, que se lo ha pedido prime. Sí, a veces hace estas cosas y da la sensación que es ir a tirarse a un niño de cinco años... No lo digan muy fuerte que España se emociona

España recuerda que Alemania le hizo un DESGARRO a Italia. Alemania fulmina a España e insiste en que a él no lo metan. En un descuidito que de dan todos Germania se gira y le planta un buen beso a Galia

¡Es que Roma le beso y él no! Pero es que Roma es Roma. Sí... Pero como amenaza con tirársela, mejor de una vez le besa.

Ah, no, ella encantada, claro. Germania asegura y que él nunca ha hecho un trío con Roma.

—Ah, no? Y qué fue con Britaniae?

—Nada, con Britannia no pasó nada

—¿Quieres repetir? —pregunta el romano con ojos entrecerrados y sonrisita de lado.

—¿Con Britannia?

Roma levanta las manos y se encoge de hombros.

—Con Galia —murmura el muy cínico sajón desviando la mirada.

—Ah, le diré a Britaniae a quién preferiste —se ríe.

—Pues es que ahora está aquí Galia y con Galia... —no lo hemos hecho. ¡Cínico!

—Nunca te fíes de un hombre que usa una falda más corta que la tuya —suelta Galia abrazándose a Roma, este se ríe y le hace un gesto a Germania para que se le acerque.

—Igual se lo diré.

Germania se les acerca un poco, sonrojadito.

—¡No se lo digas que luego se enfada!

Roma le toma de la cintura.

—Oh, sí... y luego te echa una maldición, ¿a que sí? —beso suave a Galia, que asiente.

Germania empuja un poco a Roma aún sin estar convencido de esto del trío (siempre le escuece al principio) Roma se vuelve a él y le pone carita de beso ahora.

—Odio los tríos —sentencia empujándole del cuello, acercándose a Galia para darle un bueeeen beso a modo "hazme caso a mí y no a él" todo un ejemplo de madurez el germano...

y ella tan feliz, por supuesto.

Lo que deja a Roma sin hacer nada, así que entrecierra los ojos y ahí van sus manos a lugares peligrosos como siempre. Dios mío, niño... ¡Ahora te hacen caso! Germania da un saltito y se separa del beso. No, si no es eso, es que así va él... a saco.

Francia, que les ha dejado en el salón azul a los tres, aprieta un poco los ojos yendo a la cocina.

—Mondieumondieumondieu... —Aún es demasiado, como lo vea Roma le va a decir que se una... Es lo único que falta.

Creo que esta vez ni Francia se atrevería a pensárselo. Sólo les falta Austria... La familia feliz. No hace falta.

—¿Cómo vas a estar tú en el centro? —insiste Germania en preguntar, siempre pregunta lo mismo

—Tú detrás mío, haz lo que sabes hacer y no te preocupes por lo que pase delante —beso.

—Nein, me niego. Ella va en medio —insiste Germania frunciendo el ceño.

—¿Por qué?

—Porque así no me haces... Porque... Nein, no es apropiado.

—¡Yo me he pedido en medio!

—Pero es que así sólo... Nein, no me gusta. ¿No dices que no eres esclavo?

—En este asunto es diferente.

—Este asunto no es diferente, ¡tú quieres besarla a ella y tocarle los pechos y todo eso, sólo para ti!

Roma levanta las cejas.

—¿Eso es lo que quieres?

—Eso es lo que no quiero que tú...

—¡Quieres estar tú en medio! —sonríe. Galia les mira a uno y a otro como en un partido de tenis.

—Pensé que ella podía estar en medio y tú...

—Aja?

—Ellas tienen dos... —joder con los Germanos últimamente

—Bien... bien. Yo delante entonces.

—Nein! ¡Yo delante!

Roma se cruza de brazos.

—Es que tú quieres los pechos a fuerzas, ¿ves?

—Lo que quiero es el clítoris —suelta así tan uh ¿por qué nadie le pega?

—¿El qué?...

Galia sonríe porque de hecho eso le parece bien, Roma ese punto en concreto lo domina más que Germania.

—¿Ves? —se ríe Roma al ver que no hay oposición de la gala.

—Les detesto a AMBOS —declara Germania cruzándose de brazos.

—Está bien... ella en medio. Tú delante... pero yo a ti no te voy a tocar —suelta Roma.

—Was?! Pero porq... —se detiene a sí mismo y aprieta los ojos. Roma sonríe mucho más.

—De hecho, creo que puedo dejaros a los dos y yo voy por alguien más. No os preocupéis por mí y no me esperéis despiertos...

Germania se cruza de brazos. Galia levanta las cejas volviéndose a Roma, con la misma idea que cuando Germania ha dicho que quizás él no.

—Pero sin ti no es lo mismo...

—¿¡Cómo que vas por alguien más?! —protesta el sajón entre dientes

—Pues ya lo sé, Galita, pero Germaniae no me quiere dejar hacerte nada.

—¿Sabes? Haz lo que quieras con Galia, yo me largo —protesta Germania.

—Ponte detrás y los pecho son tuyos.

Suspira apretando los ojos.

—Bien...

Roma sonríe triunfante. Galia sonríe también al notar que ya se han organizado.

Francia se asoma por una rendijita de la puerta (Es inevitable... Es así desde que tiene como seis años).

—Bien, el primero que se corra les dice que son gemelos —suelta Roma sonriendo, de espaldas a la puerta.

—Pues bien, ya está, ¿ahora qué? —Germania se levanta.

—QUOI?!

Roma se gira y Galia saca la cabeza a la puerta también.

—¡Franciae!

—¿¡Gemelos?! ¿¡GEMELOS?!

—Merda —protesta Roma apretando los ojos—. Es broma, cariño...

—¿Broma para quién? —chilla Francia agudamente aún detenido de la puerta.

—No sois gemelos, sois mellizos —la experta en genética.

—Por Odín... —Germania hace los ojos en blanco.

—Empezad sin mí... —decide Roma bajándose de la cama y yéndose hacia la puerta, hacia Francia.

—¿M-Mellizos? Qué bonito... Uno de cada padre, non? —Francia se ríe cayendo ahora al punto de la absoluta incredulidad.

—Vamos fuera un momento a hablar con calma anda... —pide Roma. Galia mira a Germania y se encoge de hombros yendo a besarle.

Francia mira a la cama y luego a Roma, y decide que sí que necesita un descanso en la vida. Se da la vuelta para salir con su padre.

Roma suspira cerrando la puerta a sus espaldas y odiando dejar a Germania con Galia.

—¿Me vas a decir que prácticamente me pase nueve meses abrazado a Autriche? —pregunta riendo nervioso.

—Non. No sois gemelos, ni mellizos, fueron dos embarazos diferentes. Eso se lo conté yo a Galiae para que se lo contara a Germaniae.

Francia le mira fijamente.

—¿Para qué querías que le contará eso a Germania? —pregunta el francés inclinando la cabeza.

—Ninguno de los dos tiene la más remota idea de obstetricia y como fueron dos embarazos, puede ser que en realidad ambos seáis míos... no estaba seguro de que si Germaniae caía en la cuenta que estaba criando a un hijo mío, no lo mataría y a Galiae no le entraba en la cabeza, insistía que uno era de cada uno, así que inventé el cuento con los mellizos que Germaniae no podía entender del todo, para que no se le ocurriera, por si acaso.

Francia parpadea y se humedece los labios.

—¿Quién nació primero?

—Austria.

El francés gruñe un poco.

—¿Quién era más bonito?

—Tú, mi vida —sonríe cariñosamente a esa pregunta.

—¿Nos odiábamos de pequeños? ¿Me intento ahogar en la cuna o algo?

—Non, básicamente los dos llorabais mucho y nada más.

—¿Por qué yo? ¿Por qué te quedaste conmigo?

—Porque me acerque a la cuna, me rodeaste el dedo con tu manita y me sonreíste... y entonces supe que eras mío.

—Allemagne te rodeaba el dedo con su manita —sonríe un poco con esa explicación levantando una mano y acariciándole la mejilla.

—Non, no me has entendido. Él lo hacía cuando yo jugaba con él, tú lo hiciste cuando me acerqué, sin hacer nada más que acercaros mis manos, me reconociste.

Francia suspira un poco harto de todo esto.

—Y esa fue la primera vez que robaste un corazón enamorando a alguien.

Sonríe genuinamente.

—Eso lo saqué de mi padre...

—Por eso supe que eras mío —le abraza. El francés se ríe un poco acariciándole la espalda.

—Creo que no voy a superar jamás ser el hermano de Autriche.

—No es tan malo, en realidad.

—¿Que sea mi hermano? Papa... Le DETESTO hace centurias.

—Bien, aquí tienes una excusa perfecta para molestarle —sonríe cómplice.

—Claro, la excusa perfecta para molestarle "Allô, soy tu hermano al que odias" —sonríe de vuelta.

—Que tal de este modo, una irrefrenable atracción prohibida e incestuosa. Nada que no pueda añadir un poco de morbo y tensión sexual a la que tenéis ya.

Francia sonríe de lado y se muerde el labio.

—Eres peor que yo...

Roma se muere de la risa.

—Vale, vale... Puede que pueda molestarle con algo entonces —se ríe también—, tiene ese algo el cabrón idiota que... ¡Ahora entiendo a quién se parece!

—Lo tiene, yo también lo he notado y Veneciano me confirmó —el chisme—. Germaniae no lo nota, pero... ¡y con Prusiae! ¡Es tremendo! No sé cómo Suissra duerme por las noches...

—La verdad es que... Tendrá mucho eso que tiene, pero no tiene nada de habilidad de esta para interactuar con la gente. Suisse de queja mucho de él con Angleterre —chisme chisme.

—¿En serio? Luego al momento de... ¿no? Hispaniae parece tener otra idea al respecto...

—Non, Non... Al momento del sexo parece ser que no es tan malo. Nada como yo, claro... Pero Suisse se queja mucho, yo te lo digo.

—No me extraña que se queje, yo también lo haría —sonríe.

—¿Tú? ¿De qué podrías quejarte? ¿De su infinita sensualidad? Es un amargado, eso te lo digo.

—De su amargura, quizás. ¿Pero qué te crees que tu padre no sabe lo que es estar con alguien que despierta pasiones desmedidas en todos?

—Hablarás de mí, Mon amour... No de Autriche. Pero... ¿Tú a quién conoces que despierte pasiones desmedidas en todos que no seas tú mismo? —pregunta sonriendo de lado.

—Cuando vuelva... si ella vuelve también, la verás —sonríe recordándola.

—¿Quién?

—La mujer que me lo enseñó todo y mi primer amor —confiesa—. Helena.

—Helena! —Sonríe recordándola lejanamente—, ¿Ella era así? ¿Cómo tú y como yo? No recuerdo eso.

—No lo necesitaba —le guiña el ojo y alguien sigue platónicamente idealizada en la cabeza de Romita.

—Oh, no sería tanto —le pica un poco al verle la cara—, seguro yo lo hago mejor

Se muere de la risa otra vez.

—Ehh! ¡No te rías de mí! —protesta sonriendo.

—Puede que tenga que ver con mi edad y mi inexperiencia entonces —concede.

—Oh, Venga papa... Defiéndela un poco al menos —le pasa una mano por los hombros y sonríe—. Germania debe haberla odiado.

—Germaniae... es diferente.

—Siempre es diferente Germania —se ríe acercándole a él—, ¿no te dan celitos?

—¿Eh? ¿De qué?

—¿De que esté ahí dentro tirándose a maman?

—Ah... non... sic. Pero non, no está pasando nada, tu madre... tu madre siempre ha sido una princesa y él últimamente no está tan necesitado como antes, así que no creo que haya pasado demasiado.

Francia sonríe de lado con lo de la princesa.

—Quizás también Germania haya aprendido últimamente a ser un poco menos bárbaro que de costumbre...

—Si eso fuera así, yo lo sabría el primero —igual se revuelve mirando la puerta ansiosito porque sí parecía que el sajón tuviera muchas ganas.

—Maldito bastardo con suerte que consigues hacer un trío...

—Te diría que te unas —sonríe de lado. Francia levanta las cejas y se ríe.

—¿No sería el colmo, papa? ¿Quieres que le llame a Autriche y hacemos uno de cinco? Si es así yo pido en medio.

—Ya hemos discutido bastante sobre eso —protesta riendo—. Solo piensa en algo —se dirige a la puerta—. Piensa en la cara que pondrá Austriche cuando le digan que sois mellizos y luego piensa que solo yo y ahora tú podríamos sacarle del error.

Francia sonríe malignamente.

—Oh... Eso suena tentador —se ríe y le cierra un ojo.

—¿Dónde está Angleterre, por cierto?

—Arriba, quiero asumir que esperando que suba para sorprenderme desnudo en la cama

—Pues no le hagas esperar.

Francia se ríe, pensando que seguramente no está exactamente como lo ha descrito, pero Roma no lo sabe.

—La apuesta de siempre... al menos la nuestra. Quién consiga que grite más fuerte es el rey de la noche... Tú tienes ventaja sólo porque ya estás grande —sonríe y le hace un levantamiento sugerente de cejas.

El romano se muere de la risa asintiendo y metiéndose de nuevo al cuarto, guiñándole un ojo a su hijo.


Y ahí está el final. Esperamos que haya sido de tu agrado

¡Gracias por leer y sobre todo por comentar!