Cap. XXII: "Expresiones"

Miércoles con cuarenta y cinco minutos exactos en Lima y de esos treinta y cinco en el McKinley y todavía no había visto a Rachel. Le pareció raro, molesto y preocupante; la morena podía saltearse clases pero faltar el día completo era algo totalmente distinto; suspiró con molestia moviendo la lapicera sobre su escritorio, aun tenía media hora más de clase con ese salón antes de salir al receso y continuar buscando a Rachel o al menos verla a los lejos. Porque solo quería eso, irse después de verla dos días antes y esperar por dos más hasta volver a hablar con ella, no pasar cuatro días directamente sin sonreírle o saludarla. De lo contrario la espera iba a ser una completa frustración.

Finalmente el timbre sonó y, apenas juntando sus cosas y guardándolas en su maletín sin mucho orden, salió disparada del salón en busca de la morena. Movió la cabeza entre todos los estudiantes para localizarla en el pasillo pero ni rastros había de ella, observó de reojo su casillero y tampoco estaba allí; Puckerman pasó cerca de su lado y tuvo que controlarse antes de detenerlo y preguntarle por el paradero de Rachel pero, por eso, con determinación, siguió la chico hasta el patio frontal del Instituto y sus ánimos cayeron al piso al ver que estaban todos reunidos almorzando menos la morena; se mordió el labio para calmar algo raro que sintió sobre ellos y caminó con agilidad hasta su auto.

Apenas entró golpeó el volante, Rachel le había prometido que para ese día el almuerzo en Breadstix se cancelaría porque iba a preparar algo distinto, solo para ellas. Una sorpresa. Estupidas hormonas y pensamientos adolescentes que desde que se acercó a Rachel la invadían, la ilusionaban con algo de límite descomunal solo para luego escupírselo en la cara. Maldito viento que siempre le daba en contra.

Estiró el brazo y movió la palanca de cambios, pisó el acelerador y salió de allí rumbo al municipio del pueblo, aun debía pasar otra hora allí dentro solo por cuestiones de su trabajo en el lugar y el sueldo del mismo que aun se encontraba en trámites. Algo que solo debería incluir a ella y a Figgins pero que muy cómodamente el director le pasó el trabajo a alguien más.

Se bajó del auto y entró volando papeles a su alrededor por la velocidad y furia en sus pasos, la hora se suprimió a veinte minutos y de la misma manera que entró salió completamente enojada y arrastrando su maletín forzadamente.

`Genial´- se dijo a si misma cuando, a metros de su mini Cooper, pudo distinguir un papel en su parabrisas, seguramente alguna multa para terminar el día peor de lo que había empezado. Cuando se detuvo frente al auto, arrancó el papel con furia y frunció el ceño, allí solo había un "Buenos días" con la letra de…

- ¿Está enojada hoy?- volteó al instante y la realidad la golpeó, la zarandeó y la hizo sonreír como tonta. Rachel estaba recostada contra el pilar de seguridad del edificio, una pose demasiado perfecta para ella- Es una lástima… porque yo estoy con humor que me hace bailar en vez de caminar y me preguntaba si…

- ¿Dónde estabas?- no supo cómo pero terminó haciendo la pregunta a escasos centímetros del rostro de Rachel- No has ido al colegio hoy ¿te pasó algo grave?

- ¿A mí?- Quinn rodó los ojos. No estaba acostumbrada a hablar con ladrillos así que sí, era obvio que a ella- Sí asistí a clases

- No es cierto. Te busqué al inicio de jornada y no te ví por ningún lado, llegué hasta tu casillero y allí tampoco estabas, inclusive…

Un suave golpe contra su mejilla y ella sonrió, porque era más caricia que golpe la mejilla de Rachel contra la de ella en un exclusivo saludo. La morena se detuvo frente a sus ojos, se alzó sobre sus pies y el trayecto de un rostro a otro fue demasiado lento. Se alejaron algo sonrojadas y evitándose la mirada solo para no dar un espectáculo en plena calle.

Rachel habló al instante para evitar algo más de incomodidad.

- ¿Qué tal su clase hoy?

- Algo agotadora, algunos alumnos no han hecho todas las actividades y tu amiga… la porrista… no dejó de hacer preguntas en toda la hora- finalizó con una mueca de fastidio-

- ¿Marley?- preguntó con media sonrisa y la ceja levantada- Oh, si, ella es muy aplicada… Es adorable

- ¿Qué? – Preguntó Quinn con seriedad- Alguien no es adorable solo por ser aplicada

- Para mí sí… como usted

- Oh- dijo Quinn con ternura alargando la palabra por el simple hecho de no saber que más decir, Rachel le sonrió con modestia y el sonrojo se extendió en su cuerpo- soy profesora ¿eso me hace aplicada?

- ¿Qué si no?... Por cierto, ya leí el libro ese de Po

- Edgar Allan Poe, Rachel… ¿te ha gustado?

- ¿Sinceramente?... ¿Qué ha pasado por su cabeza al momento de darnos ese libro?... Lo leí una noche en que estaba sola y créame, no ha sido muy gratificante vivir después de eso-

- No seas exagerada- dijo Quinn ante los gestos dramáticos de su alumna- no es de terror explícito… Pero debo admitir que Poe es de mis autores favoritos… Sus obras son tan complejas pero fáciles de leer y con un lenguaje tan estético que lo hace único… ¿Qué sucede? – Preguntó frente al mutismo de Rachel y la seriedad que transmitía su mirada-

- Nada… me agrada cuando habla de algo con tanta pasión… Es… parece mágico

- Oh, Rachel- se quejó ella sonrojada hasta la médula y dándole un suave golpe en el hombro. Rachel apenas rió mientras veía pasar el resto de personas buscando la salida, recordó que Quinn estaba en lo mismo minutos atrás por lo que era hora de continuar con su plan-

- ¿Lista para mi almuerzo?

- ¿Qué?

- Dije que el almuerzo de hoy corría por mi cuenta… ¿me acompaña?

No hubo ni palabras ni asentimiento de cabeza, Rachel se coló en el asiento de acompañante luego de que Quinn subiera al de conductor y emprendieron un pequeño viaje de apenas cinco minutos guiado por la morena y sobre unas calles que Quinn recorrió por primera vez. Cada cuadra que dejaban atrás la rubia la dejaba con una sonrisa, el lugar era agradable, como un camino de plaza rodeado de árboles y uno que otro niño jugando a metros de los automóviles y bicicletas que pasaban con lentitud y seguridad para no alarmar a nadie.

Apenas estacionó el auto, después de que Rachel se quitara el cinturón de seguridad, ella estiró su brazo y la detuvo pero mirando al frente. Rachel sonrió sin quitarle la vista de encima.

- ¿Hay alguien detrás de nosotras?- preguntó con la emoción corriendo por sus venas y una excitación clavada en su garganta. La cuestión era resolverla con un solo movimiento pero debía cuidar el momento para hacerlo. Rachel negó con la cabeza después de girar a ver- ¿Y a ambos costados?

- Tampoco… ¿Por qué?... ¿Qué…- y hasta allí dejó que la morena hablara. Podía jurar que escuchó el desgarre de su cinturón por la fuerza y poca delicadeza con que se lo quitó, el ruido que el cuero de ambos asientos hicieron cuando acomodó sus puños en el que ocupaba la morena y la respiración cortada de Rachel mientras movía sus labios sobre los de ella.

Fue rápida, contundente y gustosa la manera en que esta vez fue ella quien tomó a Rachel por el cuello y la obligó a no separar sus bocas por esos cinco segundos. La sintió sonreír y producto de esos sus dientes chocaron momentáneamente y separarse no fue tarea difícil porque la risa poco les dejaba continuar.

Se bajaron como si nada y ella caminó tras Rachel abriéndose paso entre unos trozos de nylon colgados de los árboles y que, al llegar al final, el lugar se reducía a espacio pequeño en el que solo entrarían las dos y algo más que descubrió al ver a la morena tomarlo entre sus brazos: su mochila escolar.

- Siéntese- le ofreció la morena el espacio junto a ella y Quinn antes de hacerlo dio un vistazo hacia atrás. Parecía esas casas que los niños hacen con ramas y pastos para que nadie los descubra jugando allí dentro cualquier cosa. Ni siquiera podía ver su auto desde por lo que supuso el lugar era ajeno al resto. Terminó cruzando sus piernas frente a Rachel para quedar a la altura de ella- Como el primer día comió carne y el segundo no, hoy le permitiré otra hamburguesa- dijo Rachel sacando una pequeña fuente de plástico con tapa verde que cubría dos sándwiches con la carne acompañado de tomates y otros condimentos. Quinn la recibió riendo-

- No era necesario

- Y para mí…un sándwich de atún. Mi favorito… ¿Y?- le preguntó Rachel alzando ambas cejas mientras le daba un mordisco a su comida-

- ¿Y qué?

- No lo sé… cuénteme que hizo desde el lunes hasta hoy

- ¿Qué hice ayer? Nada, dormí hasta tarde, tuvo unas charlas con mi padre y luego salí a ejercitarme como lo hago pocas veces… ¿Tu?

- Nada de eso… ¿A qué se dedica su padre?

- Es psicólogo

- Ah… sí, esos tipos son unos pesados

- ¿Qué?... ¿Por qué lo dices?

- Porque he visitado algunos… solo te dan órdenes para manejar tu vida pero no te ayudan para mejorarla… Lo siento, pero así los siento- Quinn asintió lentamente con la cabeza, ella solo había conversado con uno solo y ese era su padre, la pregunta que le preocupaba era por qué Rachel había asistido a terapias con otros. Se moría por preguntar pero sabía que las cosas entre ellas no eran pura confianza como para hacerlo y Rachel podía terminar por tomárselo mal. Decidió que lo mejor era cambiar el tema de conversación-

- Está bien… ¿Tu padre es médico?- Rachel asintió- Quiero decir ¿es cirujano? Creo que me dijo que esa era su especialidad

- Leroy es amante de la medicina, no me sorprende que ande tomando temperatura o poniendo inyecciones donde no lo llaman pero es el mejor de los alrededores.

- Y eh… ¿Hiram? ¿Qué hace él?

- Mmm, desde que tengo memoria Leroy solo lo quiere en casa para cuidar de mi. Antes tenía un trabajo pero… eh, bueno, tuvo que dejarlo y eso, ahora está en casa.

- Ah…- la curiosidad nuevamente se apoderaba de ella y moría por preguntar quien era su padre biológico y quién era su madre y porque terminó viviendo con ambos hombres. Pero otra vez desistió, habría tiempo más adelante para ello- ¿Cómo es eso entonces de que has estado en el Instituto?

- Pues eso, asistí a todas mis clases, tal vez usted no me vió pero…

- La verdad, Rachel

- Es la verdad. Además ¿con qué excusa faltaría? Sí, le he dicho cientos de veces a papá que me dolía el estómago o la cabeza y no era cierto, pero hoy pisé el McKinley… mire- tomó nuevamente la mochila y la abrió frente a ambas para que Quinn notara sus carpetas, libros y demás. Quinn sonrió, porque además había dos manzanas allí dentro y se veían apetecibles-

- Es verdad… me disculpo entonces… ¿La cuestión era no cruzarte conmigo, entonces?

- ¿Cómo no voy a querer cruzarme con usted?... pero sí, creí que sería divertido molestarla un poco ¿se molestó?

- ¿Sólo porque creí que habías faltado? Puff, claro que no.

- Está bien… ¿qué le parece el lugar?

- Está más oscuro que afuera- y era cierto. Las ramas marrones más las caídas de los pinos verdes que usaban como "techo", el lugar era pequeño y adentro parecía de tarde- noche antes que un mediodía, pero la privacidad y el tipo casi clandestino encuentro le gustaba. Y de sobremanera-

- Lo suponía… ¿ha pensado en nosotras?- preguntó Rachel dejando la fuente de su comida a un costado y limpiando las migas que habían caído en su pantalón-

- Aja… suficiente – Rachel arrugó la frente-

- ¿Suficientemente poco o suficientemente demasiado?

- Suficiente solo se refiere a algo, Rachel… Y es a mucha cantidad

- Ah…

- Ya te lo dicho, a mi me encanta pasar tiempo contigo… me haces… me haces sonreír por cualquier gesto y reír por cualquier palabra… Pareces especial para mis emociones… ¿Y… tú has pensado en mí?

- Suficiente- bromeó mirando el verde pasto debajo de sus pies y arrancando unos pedazos para luego tirarlos- A mí… a mí me atrae mucho… usted me gusta mucho.

Quinn alzó apenas las cejas, entreabrió sus labios y parpadeó lentamente. Esas palabras se lo habían dicho miles de veces cuando asistía a las fiestas que Santana organizaba y alguna borracha se tiraba sobre su rostro intentando besarla; siempre le había parecido, además de asqueroso, desagradable y poco creíble porque aquellas desconocidas solo buscaban unas horas de sexo y nada más, algo que ella jamás aceptó y siempre detenía las cosas justo a tiempo.

Pero otra vez Rachel podía decir y hacer las cosas que se hicieron en otras vidas y sin mérito de mejorar, pero las palabras salían de su boca con tanta franqueza, sensibilidad y ternura que evitarlas o tratar de borrarlas era una tarea imposible.

Sonrió mordiéndose un pequeño tirón su labio inferior, Rachel tenía la cabeza baja y parecía avergonzada por sus palabras y más avergonzada por su silencio repentino, cuando se decidió a responderle, Rachel volvió a hablar.

- Pero usted tiene novio

Y su corazón golpeó su pecho con furia y miedo, Rachel sollozó las palabras y escucharla fue aterrador porque la atravesaron de manera dolorosa y se clavaron en ella con la misma intensidad.

Sintió miedo. Miedo porque moría por decirle a Rachel que Michael, aquel chico que la morena no conocía pero que Figgins delató ese día después de la clase en la biblioteca, no era más que un chico en las mismas condiciones que ella: escondido de lo que realmente quería. Y más miedo aún porque podía decirlo pero ¿qué pasaba entonces con su reputación? Rachel podía tacharla de cualquier cosa e inclusive de mentirosa y no creía poder soportarlo.

Y sintió miedo por algo más ¿y si lo de ella con Rachel no era más que una aventura momentánea de días y, después de contarle su relación verdadera con Michael la morena hablaba con alguien más sobre eso? Tampoco podía soportar otra humillación. No proveniente de Rachel.

Inhaló aire y abrió la boca para hablar pero Rachel volvió a interrumpirla.

- ¿Usted lo ama? Porque si es así no voy a destruir nada.

- Yo…

- Pero si no lo ama entonces tome una decisión con respecto a esto, porque no me gusta compartir- Rachel alzó la vista y la clavó en ella de manera penetrante- No voy a compartir.

- Rachel… yo…

- No tiene que contestar ahora… entiendo que esto es raro- "¡Ilógico!"- recordó Quinn las palabras de Santana y cerró un segundo los ojos. Ya había hecho suficiente promesas la noche anterior de evitar a Rachel pero claramente no lo consiguió y estaba segura no lo conseguiría. Era en vano culparse por la situación porque no quería salirse de la misma ya que hacerlo era como despegarse un dedo de la mano: doloroso- pero yo… yo me prometí a mí misma que la primera persona que me interesaría no la dejaría ir tan fácil. Y usted me importa como nadie en el mundo…. ¿Una manzana? – preguntó Rachel con rapidez tomando una de su mochila y entregándosela. Quinn estiró su brazo y juntó su mano uno momento con la de Rachel. Era hora de dejar que las palabras de Santana la abandonaran; porque sentía escalofrío, alegría y motivación cuando la piel de Rachel se conectaba con la de ella y una sensación aun más compleja cuando sus dedos se entrelazaban con los de la morena. Como en ese momento-

- Tú eres especial, Rachel… Y yo seguiré haciéndote sentir así- murmuró al soltar lentamente la mano de la morena y tomar la fruta en su lugar- ¿Quieres hablar de algo más con respecto a esto?

- ¿Sam le atrae?

Quinn soltó un resoplido ocultando una risa ¿Había algo más atractivo en la persona con la que te sientes bien que una pregunta cargada de celos? Se mordió el labio de manera juguetona aprovechando que Rachel no la observaba; le encantaría probar hasta dónde llegaría con ese tipo de preguntas pero no quiso tensar el ambiente.

- Para nada, es un mocoso mal adecuado que solo fastidia. Nadie se sentiría atraído por alguien así.

- Ah… ¿Puedo… puedo volver a besarla?

No encontraba similitudes entre la Rachel de días atrás y la que ahora estaba frente a ella; estaba actuando con timidez por momentos y eso solo le gustaba más. Rachel alzó la vista esperando la respuesta. Ella sonrió y asintió rápidamente con la cabeza.

Escuchó unas hojas moverse porque Rachel lo hizo para arrastrarse algo incómoda hasta ella y se arrodilló colocando una mano en su muslo izquierdo y otra en su hombro.

Esta vez se manejaron de manera distinta, la efusividad y la adrenalina de los besos anteriores por lo secreto de lo mismo se esfumaron para darle paso a algo más pasivo y contenedor que descubrieron cuando Rachel no movió su rostro sino que el hombro de Quinn hasta ella.

Los labios apenas se movían con rapidez, las respiraciones aun se mantenían calmadas y las caricias desgarradoras sin inocencia decidieron marcharse. No se escucho ningún ruido de dos bocas chocando producto de la madurez corporal ni ningún gemido innecesario.

Todo fue tranquilo porque lo necesitaban, necesitaban demostrarle a la otra que más allá de un encuentro clandestino algo más había detrás y que no podían decirlo fácilmente con palabras.

Se separaron sin esfuerzo y permitiéndose observarse aun a centímetros de distancia. Quinn abrió sus manos y apretó a Rachel ligeramente contra su hombro en un pequeño abrazo. Se quedaron allí hasta que la poca luz que las dejaba ver hacia el exterior se marchó.

Cuando eso pasó, ellas también se marcharon.


Cuatro ojos sobre ellas, dos acompañados de una sonrisa y de color azules, los otros negros aun se mantenían firme, como si hubiesen tenido la discusión del año y resolverla era pecado. Se aclaró la garganta y decidió cortar el ambiente; no había citado a sus mejores amigas para nada.

- Britt… San te ha puesto al tanto ¿verdad?- la rubia asintió con felicidad recostada sobre la mesa y Santana, a su lado, estaba de pie enviándole la misma mirada- ¿Tú que opinas?

- No importe lo que ella opine- intervino la latina descruzando los brazos- Importa lo que tu has hecho.

- San- la llamó Brittany. No era secreto que su novia y su mejor amiga pelearan, pero esto era otro nivel y no quería que lo superaran aun más-

- Santana, no pretendo que sigamos con el mismo tema… quiero que despierte esa amiga que escondes para mi y actúes de otra manera. Por favor

- Ya dije lo que pensaba, Quinn. Me decepcionaste y eso no va a cambiar

- No lo puedo manejar, Santana. Necesito que entiendas eso

- ¿Hoy la viste?... ¿Volvieron a besarse?

- ¡San!- se molestó Brittany llamando la atención de su novia-

- Sí… la vi, y nos besamos ¿y sabes qué? Me gustó… Ella me gusta- aseguró Quinn y la única que sonrió fue Brittany por ver un brillo especial en los ojos verdes de su amiga.

- Estás mal, Quinn- dijo Santana y Quinn inmediatamente se puso de pie tirando la silla en el proceso-

- ¿¡Crees que estoy loca!? – Preguntó con desafío sobre el rostro de la latina-

- Absolutamente -

- ¿Ah sí?... ¿Qué tal si hubieses conocido a Britt en las mismas circunstancias?

Y de repente los gritos se volvieron silencio y las miradas con desconfianza se calmaron. Brittany repartió su mirada de una chica a otra. Ambas parecían distraída de lo que pensaban pero seguras en que lo estaban por decir.

Santana dio un paso atrás y Quinn otro.

- San- intervino nuevamente Brittany- Quinn tiene razón. No te está pidiendo que la apoyes, solo escúchala y respeta su decisión. Porque ella tambien lo haría, lo ha hecho con nosotras… Santana

- Te escuché, Britt…- respondió Santana aun con los ojos sobre la otra rubia pero ya no de manera intimidante. Parecían con un hilo de comprensión y algo más que ninguna de las tres dijo o hizo referencia. Se acercó otra vez a Quinn antes de tomar la mano de su novia obligándola a seguirla- Solo… solo no juegues con tus sentimientos ni con los de ella… Apártate si alguna de las dos lo pide y compórtate a la altura de las circunstancias cuando algo malo sucede… Porque por mi parte voy a estar aquí… Como siempre.


Niñas, ¡Felices pascuas!... aqui la conti del dia, espero les haya gustado (personalmente siento que algo le faltó al cap pero no pude entontrar qué, so, lo dejé así)...No les entre el panico, que en el cap anterior nadie las descubrió ni las vió. Relax...

Junih: Te iba a responder soy de Argentina, pero recordé tu "De donde sos?" entonces es obvio que compartimos pais, soy de Cordoba :)

CREO NOS ESTARÍAMOS LEYENDO MAÑANA...

Nuevamente, gracias a los que se toman la molestia de comentar. ¡Saludos!

Ni glee ni sus personajes me pertenecen