Cap XLVIII: "La razón"
Ya no había mucho para decir, mucho menos para aclarar. Quinn estiró su brazo, rodeó la cintura desnuda de su novia y la atrajo contra ella solo porque lo mucho que era, era para hacer.
Rachel había dormido toda la noche de manera tranquila y la fiebre le había bajado considerablemente. Cuando ella despertó quitó la toalla de su frente y se dedicó a acariciarla para solo notar que la morena sonreía entre dormida y respondía a sus toques con unos suaves suspiros.
Quinn pegó su rostro al cuello de su novia y bajó la mano hasta su abdomen, le encantaba dibujar cosas en el y así lograr que Rachel abriera los ojos. La morena le rodeó la espalda y fue suficiente acto para que ella hablara:
- Buen día- murmuró en tono infantil mordiéndose el labio inferior para no hacerlo en la piel de su chica-
- Hola- dijo Rachel y ella no pudo evitar finalmente ceder sus dientes contra su cuello. Le encantaba el sabor mañanero de ese lugar y la voz grave de Rachel en un informal saludo-
- ¿Cómo estás? Te cuidé toda la noche, no quería que la temperatura siguiera subiendo ni te causara algo más. Tosiste solo dos veces y te moviste incómoda una.
- Allí tienes la respuesta, entonces
- Por cierto…decías cosas mientras dormías anoche- susurró Quinn separándose para acomodarse sobre sus codos, con su vista fija en Rachel y en sus labios. Los observó curvarse en una íntima sonrisa e inevitablemente ella ensanchó una más-
- Acabo de enterarme que hablo dormida ¿Qué decía?
- Mi nombre- aseguró Quinn sonrojándose y Rachel juntó las cejas en una extraña mueca- No estoy mintiéndote
- No dije eso…Bueno ¿y qué más?- preguntó Rachel enderezándose y sosteniendo su cabeza sobre su mano derecha en una mirada inquisitiva hacia Quinn-
- Eso. Decías mi nombre y…te estoy hablando en serio- reclamó la rubia al ver a su novia tirarse otra vez contra el colchón solo para reír- no sé lo que soñabas para decirlo de una rara manera- continuó Quinn acomodando medio cuerpo sobre el de Rachel y estirando su cuello hasta su oído- pero estoy segura de poder lograrlo otra vez- susurró mordiéndole el lóbulo de su oreja y sonriendo al escuchara suspirar - justo en este momento- terminó al dejar un beso en su cabeza-
- Quinn…
- Sí- aseguró la rubia dejando otro en la frente de su novia- así lo decías. Y lo decías otra vez
- Quinn…
- Y otra más
- Quinn…
- Sí…lo dijiste toda la noche así- murmuró Quinn antes de dejar un beso en la frente de Rachel. Depositó otro al costado de su ojo izquierdo, uno en la mejilla, otro bajo su mandíbula y finalmente rozó sus labios. Rachel susurró una última vez su nombre y ella atacó su boca sin miedo. Cerró sus ojos apenas se tocaron, entreabrió sus labios y acomodó su lengua al lado de la de Rachel. Las obligó a rozarse y luego juntarse en una unión puramente armónica. Amaba la sensación en la piel de Rachel cuando se ponía nerviosa y tontamente suspiraba con errores.
Hundió su cadera contra la de la morena y esa fricción generó placer pero ninguna lo demostró. Rachel enterró sus manos en la cabellera de Quinn, apretó sus dientes y cuando la rubia iba a quejarse tiró de su labio inferior mordiéndolo y acariciándolo con su lengua cuanto quiso. La rubia deslizó sus manos por debajo de su espalda y tiró de ella para sentarse y sentar a su novia sobre ella.
Escuchar la respiración alterada de Rachel, sus manos sin saber dónde tocar y sus propias piernas cerrarse de manera autoritaria sobre la morena, le recordaron que las cosas entre ellas habían cambiado. Que el cambio no fue malo pero cambio fue al fin y al cabo: no había confiado en Rachel y por el contrario había creído en su propia imaginación manipulada por los celos y por el miedo a perderla.
Su padre solía decir que cuando el agua corre y nadie la detiene, continuara corriendo hasta acabar con algo. Y él siempre lo decía cuando discutía con su madre, cuando solía recibir sus golpes o prefería dormir en el sillón del living a molestarla.
No hubo manera de no compararse con Judy por haber tratado a Rachel de la manera en que lo hizo. Por haberla echado de su casa bajo la lluvia en vez de abrir la puerta y envolverla en una tolla, en sus propios brazos.
Rompió el beso con lentitud con ayuda de su mente y antes de que su cuerpo le pidiera más y se dedicó a observar a Rachel. La morena comenzó a sonrojarse y ella verificó rápidamente que no fuera por fiebre; no, Rachel parecía avergonzada por la mirada que estaba dándole.
La morena le sonrió pero ella no pudo hacerlo. Rachel le acarició la mano llamando su atención y ella suspiró ¿era así cómo debía sentirse el amor? ¿Ella cometía errores y Rachel la esperaba para perdonarla?
- Sí- murmuró Rachel y ella parpadeó varias veces antes de volverla a escuchar- A mi no me importa lo que pasó, ya pasó. No seremos la primera pareja en tener problemas en medio de la relación ni la última en resolverlos y continuar juntas. Pero es necesario que a partir de ahora hagamos las cosas bien. O mejor que antes.
- Pero me comporté como una estúpida- susurró Quinn y Rachel inmediatamente le rodeó el rostro con sus manos-
- ¿Crees que yo hubiese actuado distinta? ¿Crees que no hubiese armado una escena y al llegar a casa me hubiese arrancado el cabello o algo así?...Y eso solo es signo de que nos queremos. El amor no es solo besarnos, tomarnos las manos y creer que todo será perfecto…También tiene que tener algo de locura y pasión para que sea verdadero…¿Qué?- preguntó Rachel al ver a Quinn finalmente sonreír-
- Anoche, en esa fiesta…cuando te llamé tú…dijiste que era el amor de tu vida
- Lo sé- aseguró Rachel dejándole un rápido beso en los labios y separándose apenas para continuar- eres muchas cosas en mi vida, Quinn. Y todo tiene que ver con el amor.
- Dímelas- susurró Quinn con la vista fija en la boca de la morena y alzando la mirada solo para regresarla allí otra vez-
- Eres mi novia- comenzó Rachel acariciando sus labios con ambos pulgares y tratando de ignorar los toques de Quinn en la parte baja de su espalda- mi primera novia. Fuiste mi primer beso realmente disfrutado, la primera persona que me hizo el amor y la primera en decirme que me ama.
- Porque te amo- la interrumpió Quinn arrastrándola más contra ella y abrazándola con ese miedo que siempre la gobernaba cuando exponía sus sentimientos a Rachel-
- Y yo te amo a ti- aseguró la morena rodeándole la espalda y dejándole un beso en el cuello. Cuando Quinn se recostó contra su hombro y ella sintió al instante la humedad correr por allí, supo que el sufrimiento de toda esa semana se había repartido en partes iguales para los dos. No importa quién estuvo media hora bajo la lluvia o cual de las dos salió en plena madrugada a buscar a la otra completamente borracha. Importa que ya estaban allí, como siempre, y las disculpas se emitieron de otra manera.
- No quiero volver a tener que pasar por esto- sollozó la rubia apretándola contra ella y a Rachel le hubiese encantado avanzar en el futuro tanto como sea posible para demostrarle que no, ya no volverían a pasarlo. En cambio, solo se conformó con decir exactamente lo mismo que pensó- Por cierto- murmuró Quinn alejándose solo para mirarla a la cara y Rachel asintió para que hablara- llamé a tu papá temprano y…
- ¿Y te sorprendió que ya supiera todo?
- Sí. No sabía que se lo habías dicho
- Se lo conté el lunes. Lo tomó bien, creo.
- No lo dudo- dijo Quinn y Rachel alzó una ceja. No le gustaba cuando hablaba con ironía-
- ¿Por qué lo dices?
- Bueno, a decir verdad actuó como todo padre. Lo llamé y le dije que estabas en casa, junto a otros amigos, pero no me creyó y me preguntó si realmente estábamos solas. No pude negarle otra vez y me recordó cómo debía comportarme y tratarte- dijo Quinn omitiendo que Leroy también le había asegurado que solo ella iba a pagar las consecuencias debidas si Rachel salía lastimada o ella misma la dañaba. A pesar del nerviosismo que la voz del hombre le generó, ella le aseguró que tal vez su relación con Rachel solo seguiría un mes más, tres o cinco años, pero que si la misma terminaba no iba a ser porque ella lo quisiera ni mucho menos Rachel terminaría dañada- Tú…Rach…a pesar de todo…
- Sí, Quinn- finalizó Rachel moviéndole el rostro entre sus manos para que la observara- vamos a discutir cientos de veces, tal vez; lo que importa es que no nos lastimemos y sepamos saber que hacer y decir después… Mmm, amor- la llamó la morena después de recibir un beso en los labios-
- ¿Si?
- Tengo que decirte algo más
- ¿Por qué tanta seriedad?
- Todos saben en el Instituto
- ¿Qué?- preguntó Quinn alterada intentado levantarse pero Rachel la retuvo por los hombros-
- Los del salón. Lo siento, no supe medirme y terminé diciéndolo sin pensar las consecuencias y…por favor, perdóname pero Sam es por demás molesto contigo y ya no lo soporto. Te prometo que no saldrá de ellos.
- Rachel, yo soy la figura de autoridad allí dentro ¿cómo crees que van a tratarme ahora?
- Igual que siempre
- No, Rachel, claro que no- aseguró Quinn pasándose una mano por el cabello y sonrojándose al imaginarse llegar a clases el lunes siguiente- Eso no debería haber pasado-
- A ver… ¿te trataron distinta ayer?
- No, porque deber… ¿cuándo se los dijiste?
- El lunes
- Oh- fue lo único que susurró Quinn antes de que Rachel se arrojará sobre ella y le llenara la cara de besos-
No, no la habían tratado distinto y ninguno le preguntó algo de más.
Mientras Rachel le quitaba la remera y bajaba con besos por su abdomen, rogó porque nada cambiara.
Y nada cambió.
Por más que les costara a ambas no mirarse, o tocarse intencionalmente en las clases de baile, ya habían superado unas semanas y, para ese final de septiembre, muchas cosas realmente ya habían quedado atrás.
Ya no era inquietante para ella ver a Marley o soportarla en sus clases, porque si bien la chica no había cambiado, parecía distinta al actuar cuando estaba cerca de Rachel. O para la morena ya no era molesto tener a Sam cerca de ella, porque ella misma ya había establecido los límites con él y el chico parecía alejado de todo pero al menos se mantenía tranquilo.
Fue una mañana en que salió un momento del salón 8 para ir al baño, que al entrar con tanta precaución que no la habían escuchado y, por el contrario, ella sí a quienes ocupaban un cubículo, las voces de Marley y Kitty en susurros y el ruido de un beso la hicieron retroceder sobre sus pasos y regresar justo antes de que la rubia saliera a cerrar la puerta con seguridad.
Le gustaba cuando fingía llegar unos segundos después de su horario y antes dejar algún regalo en el casillero de Rachel. Le gustaba aún más cuando subía a su auto y en el asiento de acompañante ella recibía los suyos. No le importaba cuantas rosas ya tenía en su casa, por el contrario, le encantaba seguir adornándola con ellas.
Le fascinó como nunca antes la llegada de la primavera y con eso la libertad de viajar con Rachel a New York cuantas veces querían. La morena había aprendido a manipular su automóvil de la mejor manera y siempre era la que manejaba apenas llegaban a lugares seguros.
Tenía plasmado en fotografías aquel fin de semana largo que comenzó el viernes a la tarde con ella en su mini Cooper en el asiento conductor y Rachel a su lado y un bolso de ella en el asiento de atrás para pasarlo juntas hasta el martes. No supieron por qué pero apenas estuvieron esa misma madrugada en la puerta de su departamento no podían despegar sus labios de la otra ni dejar sus manos fueras del cuerpo de su novia: Rachel le quitó la remera en pleno pasillo, se quitó la de ella, pateó el pantalón y le hizo el amor con su falda puesta apenas tocaron el sillón.
Mucho menos se explicaron como, con más de 30 grados por el calor, sus cuerpos no se agotaron y por consiguiente pasaron toda la noche gimiendo y la salida del sol solo le renovó las energías. Cuando creyó que podía tomarse un momento, casi a las 10 de esa mañana, apenas abrió la heladera para tomar una botella de agua sintió la desnudez de Rachel contra su espalda y las manos de la morena obligándola a caminar hacia la mesada solo para sentarla allí y regalarle otro orgasmo cuyo número ya había perdido la cuenta.
Lo único malo de New York era María, su vecina que la despertó ese domingo por un reclamo de porción de tierras para sus rosas:
- Estás rosas son mías. Las rojas también y aquellas blancas, por dios, son un regalo de mi difunta madre- dijo la mujer señalando las plantas que Quinn generosamente le había cedido fijar en el lugar de su patio pero que ahora parecía la mujer había olvidado. Básicamente la había tratado de roba rosas ¿Para que las quería ella cuando Rachel le regalaba una todos los días? Agitó la cabeza y se cruzó de brazos bajo su puerta-
- Por mí puede sacarlas y llevar…
- ¡Que no, niña! Si hago eso se mueren- dramatizó la mujer y ella giró los ojos. Se impulsó hacia adelante y ladeó la puerta al escuchar los intentos de su novia por despertar-
- Tendrá que dejarlas aquí entonces- murmuró Quinn observando a Allison, la hija adolescente de su vecina, salir con seriedad de la casa y acercándose a ellas-
- Pues sí, niña. Pero las tengo contadas, eh- la señaló la mujer y para ella fue suficiente. Suspiró con molestia y estaba por explicarle que odiaba esos malditos rosales pero la sonrisa de la chica hacia la entrada de su casa la hicieron voltear lentamente: Rachel salía con un diminuto short y un top deportivo blanco, totalmente despeinada y refregándose los ojos mientras la llamaba. Quinn se aclaró la garganta y giró rápidamente hacia su odiosa vecina-
- Como usted quiera- dijo de reojo observando como Allison se acercaba a su novia con ese movimiento excesivo de caderas- por mi hasta le regalo la manguera para que la riegue a diario y mi equipo de jard…hasta luego- terminó volviendo con violencia a la puerta y escuchando esa voz ronca de su novia que siempre amaba-
- Hola, amor- no estaba entre sus planes besar a Rachel a la vista de alguien más pero no pudo resistirse cuando la morena se colgó a su cuello y la obligó a besarla con la desesperación que siempre tenía. Escuchó un gruñido de Allison y fue suficiente para empujar a Rachel hacia adentro y regresar al sillón-
Tal vez lo malo no era María; era Allison, su hija, que esos días estuvo pendiente de Rachel pero la morena de ella. Asique no le molestó en absoluto.
Cuando regresaron, Rachel le contó que Puck estaba teniendo problemas con algunas materias y le pidió ayuda para que eso cambiara. Ella la cedió al instante y la clase particular para el chico del mohicano se convirtió en una compartida con Finn, Artie y Mercedes.
Pero, satisfactoriamente, ese 15 de octubre, todos estaban rindiendo sus últimos exámenes y lo hacían de la mejor manera posible. Quinn no pudo explicarse la emoción que sentía cuando Rachel llegaba a su casa con examen en mano y siempre con una excelente calificación. O cuando ella ingresaba al salón de maestros y todos la miraban extrañados por el cambio positivo en aquel salón que ellos odiaban.
Cuando el 1 de noviembre festejaron cinco meses juntas y Rachel llegó con un vestido, la cena en mano y ella solo portaba una sonrisa al abrirle la puerta, entendió que todo había cambiado porque ellas quisieron: Fue Rachel la que detuvo a Marley, ella a Sam, fue ella también la que detuvo los actos ilógicos de su madre y, cuando se los contó a Rachel meses atrás, juntas lo celebraron pero solo en su mente quedó la cara de felicidad de Rachel. Supo que cada cosa generada del pasado fue hecha por ellas y que, si continuaban así, podía seguir ilusionada.
Cuando ella determinó darle otra sorpresa a su novia, aprovechó un viaje de Santana a Lima y le encargó desde New York pasar por una tienda en especial. La latina ingresó a su casa con una gran caja y un moño naranja adornándola, ella saltó emocionada y, antes de saludarla, tomó el regalo y lo abrió apenas para verificar que fuese lo que pidió.
- Gracias, gracias- dijo exaltada dejándole un beso en la mejilla y corriendo con la caja a su cuarto porque Rachel observaba la camioneta estacionada de Santana y se acercaba con mala cara-
- Hola- saludó la morena secamente a la mejor amiga de su novia y Santana inmediatamente le palmeó la cabeza-
- Buenos días, bella dama ¿cómo estuvo su viaje? ¿Quiere algo de beber? Sí, enana, muero de sed. Gracias- la empujó la latina por la espalda hacia la cocina y la obligó a servirle tres vasos de agua que no bebió-
- ¿Qué es eso?- preguntó Rachel cruzándose de brazos al ver a Santana tomar un pañuelo blanco de su bolsillo trasero y agitarla frente a ella-
- Ay, niñita, te falta televisión…Paz ¿entiendes?
- Ah- susurró Rachel sin importancia y caminando apenas vió a su novia llegar- Hola- murmuró sobre sus labios antes de dejarle un cálido beso que Quinn respondió al instante-
- Ah, que asco- dijo Santana pasando directo al sillón y encendiendo el televisor- ¡Berry, mi agua!-
- ¿Qué pasa?- le preguntó Rachel sentándose a su lado de la cama cubriéndose apenas con la sábana su desnudez-
- Papá- murmuró Quinn con el ceño fruncido y observando su celular-
- ¿Le pasó algo?
- No, en realidad…solo me aviso, es mamá el problema
- ¿Qué pasó con ella?- preguntó Rachel-
- Hace varias semanas que viene consumiendo pastillas antidepresivas
- Oh ¿y eso por qué?
- No lo sabe y el médico que la trata no se lo ha querido decir. Papá dice que está muy cambiada y que de las ordenes que daba pasó a ser silencio todo el día…No sé que hacer, Rachel
- ¿Por qué no vas a visitarla? Tú misma me dijiste que no se hablan desde aquel desayuno donde…bueno, tú sabes. Tal vez eso le afectó y…
- Entonces eso es manipulación, Rachel. No dolor de madre- aseguró Quinn entre dientes. Su madre siempre había sido así, lo logró con su padre desde que se casaron y ahora iba por ella seguramente. Ya se imaginaba llegando a su casa y antes de recibir un saludo de su parte escucharía los reclamos por no casarse con Michael o cualquier otro hombre. Si era para eso, por mucho que Rachel le aconsejara, no iba a viajar a verla-
- ¿Y si realmente se siente mal? Papá dice que cuando la gente comienza a ver la oscuridad al final del túnel quieren cambiar y comienzan por sus seres más queridos
- ¿Estás diciendo que está muriéndose?- bromeó Quinn y Rachel inmediatamente negó con la cabeza nerviosa-
- No, Quinn, lo que quie…
- Ya lo sé, te entiendo, amor. Igual papá está cuidándola lo que más puede y si no Marta se queda con ella, asique no hará una estupidez
- ¿Quién es Marta?
- La empleada de confianza de casa… ¿Crees que todo aprenderán a bailar para la graduación? - preguntó Quinn al ver la mirada perdida de su novia. La morena asintió lentamente con la cabeza y ella dejó su móvil en la mesa de luz para abrazarla- ¿Y ahora que te pasa a ti?
- Si quieres a tu madre Quinn, ve a verla- murmuró la morena dejándose tirar por su novia hacia atrás y recibiéndola luego contra su pecho- no importa cómo sea ella contigo o lo que ha dicho, es tu madre.
- Está bien- susurró Quinn escribiendo su nombre con su dedo índice en las costillas de Rachel. La morena le agradeció y la abrazó por la espalda- ¿Irías conmigo?
- Sabes que si quieres, sí
- Por supuesto que quiero – aseguró Quinn antes de rodearle la cintura y acercarla más- Rachel
- ¿Mmm?
- Te amo
Habían preparado el viaje para el viernes apenas salieran del McKinley, estaban a tres semanas de terminar el año escolar y a cinco del cumpleaños de Rachel. Ese miércoles Quinn estaba colocando la alarma de su auto cuando escuchó su celular dentro del maletín. Metió una mano en su búsqueda y lo tomó solo para apagarlo pero observó el número de su padre que, apenas cortó, volvió a llamar insistiendo en que atendiera.
Suspiró por la falta de tiempo y se llevó el móvil a la oreja mientras caminaba hacia la entrada del Instituto:
- Papá, estoy a punto de comenzar una clase- le reclamó subiendo los cortos escalones y notando la soledad del pasillo-
- Lo siento pero es importante, Quinn
- ¿Puedes llamarme más tarde? Realmente estoy atrasada y…
- Es tu madre, hija
- ¿Y ahora qué hizo?- preguntó molesta-
- Está en el hospital- respondió Russel y Quinn se detuvo inmediatamente. Pudo sentir un golpe de frío bajar por su espalda y se aferró inútilmente al maletín-
- ¿En…está en el hospital?
- Anoche no estuve en casa y cuando llegué Marta estaba con el teléfono en mano intentando llamarme. Lleva desde esa hora inconsciente, consumió un frasco completo de pastillas y…
- Oh, dios, papá ¿y dónde demonios estabas tú?
- Salí por cuestiones del trabajo, Quinn, sabes que no la hubiese dejado sola
- ¿Y…ah, dios ¿cómo está?
- Ya te lo dije, inconsciente y el médico dice que solo debemos esperar a que despierte. No lo considera una sobredosis por exigencia médica pero…
- ¿Pero qué?
- Pero sí tal vez un intento de…
- No, ni lo digas- murmuró Quinn tomándose la frente y secando una lágrima de impotencia. Caminó hasta el baño y cortó la llamada ante el mutismo de su padre y arrojó el teléfono donde estaba antes. Abrió el grifo para lavarse la cara cuando escuchó la puerta abrirse violentamente y alguien correr hacia ella:
- ¿Qué pasó?- le preguntó Rachel preocupada y observándola detenidamente buscando una respuesta-
- ¿Por qué saliste de clases? ¿Y cómo…
- Estamos sin profesor y Noah acaba de verte llorando y apenas me dijo, vine… ¿Qué pasó?... Quinn- insistió la morena frente al silencio de su novia-
- Lo de siempre, mi madre
- ¿Qué pasó ahora?
- Hablamos a la salida, Rachel. Estoy llegando tarde a la clase- aseguró Quinn dando por finalizada la conversación y dejándole un beso en los labios antes de abandonar el lugar.
Rachel la observó irse y ella caminó hasta su salón. Tomó su mochila y salió del McKinley aprovechando la falta de clases, llegó hasta el auto de Quinn y se recostó sobre el a esperarla. Cuando la rubia hizo su aparición minutos después, ella se alejó hasta la vereda y luego unos metros más. El mini Cooper se estacionó a su lado y ella subió sin problemas.
Lo molesto era escuchar los sollozos de su novia en reclamo por los actos de su madre.
Llegaron a la casa de Quinn con la charla ya terminada y fue la misma rubia la que desistió al adelanto del viaje que Rachel propuso. Por mucho que la morena insistió ella se negó y a cambio apagó su celular para no recibir más llamada de su padre. Estaba molesta con él, con su madre y si Rachel no se callaba iba a sumarse a esa lista.
- Quinn- la llamó Rachel sentándose a su lado y tomándole la mano- Quinn ya te dije que debes via…-
- Basta, Rachel- la calló ella poniéndose de pie y jalándola para que la siguiera.
Quinn supo que haberse quitado la ropa y desnudado a su novia no cambiaba las cosas en nada.
Que haberle hecho el amor hasta que el sol cayera y sentir la humedad de Rachel correr entre sus dedos y sus muslos no iba a calmar sus pensamientos sobre su madre.
Que los "te amo" que gimió contra su oído por primera vez sonaban a excusas más allá de que realmente los sentía. Sabía que callar a Rachel con besos no iba a ser suficiente.
Porque detrás de todo sabía que si le dedicaba tiempo a Judy iba a perder el que compartía con Rachel. Porque ya conocía las estrategias de su madre y por ende sabía que si llegaba a New York cuanto antes solo iba a ser para caer una vez más en sus juegos.
Porque no le había dicho a Rachel pero Marta la llamó varias veces informándola de que su madre ya le preparaba otros posibles candidatos para su matrimonio y que el consumo de sus pastillas solo era una actuación para tapar lo que realmente quería.
No le importó en absoluto cuán tonto se podía ver su padre al preocuparse por Judy pero ella no iba a seguirlo; porque ya se podía imaginar a su madre pidiéndole porque dejara a su novia y se conformara con algún posible nuevo novio. Y ella no estaba dispuesta a hacerlo.
Cuando enterró dos dedos en la intimidad de Rachel y ella arqueó su espalda por el placer, Quinn bajó su rostro y le besó más abajo del abdomen: ya había pasado suficiente con su madre y ella ni lo notaba. Con Rachel las cosas fluían como ambas querían y era algo que pedía repetir, no alejarla.
Rachel alcanzó el clímax y ella se arrojó exhausta sobre su cuerpo sudado, la abrazó con posesión y le susurró que nada cambiaría. Que la amaba y solo contaba los días para que ella cumpliera la mayoría de edad para dejar el poco miedo finalmente atrás.
Cuando el teléfono de la casa resonó a su lado no pudo detener el brazo de Rachel y la morena atendió; su corazón se aceleró al escuchar "si, aquí está" y luego el aparato ser extendido hacia ella. Lo tomó con terror y lo colocó contra su oreja rogando porque la comunicación se hubiese cortado, pero no: la voz de su padre se escuchó del otro lado y ella entendió la razón por tanto tiempo feliz compartido con Rachel:
- Quinn- la llamó él y ella solo sintió las lágrimas juntarse en sus ojos mientras observaba a su novia intentando entender que pasaba- Quinn, necesito que vengas a la ciudad…Tu madre acaba de sufrir un paro cardíaco.
Mis queridas lectoras, no debería andar por acá pero bueno, tampoco es bueno dejarlas tanto tiempo... ¿Ya les dije que no me odien hasta leer completo el cap 52? :)
Girls, les queria hacer una pregunta, debido a qué estamos cerca del final, les gustaría que después suba otro fic? Si la mayoría de respuestas es no lo tomo como un sí, no, no es cierto, es entendible si no quieren. Si las respuestas son sí en el prox cap les subo distintas temáticas para que elijan lo que quieren leer...
Nada más, salvo que nos leeremos seguramente la semana que viene... (domingo 27 maybe)
Saludos para todas y todos. Gracias por leer y /o comentar!
Ni Glee ni sus personajes me pertenecen.
