3. Un cielo lleno de estrellas.
Dicen que sabes cuando estás enamorado cuando no duermes por la noche porque tu vida real supera tus sueños. Yo no sueño, los vampiros no duermen, pero estoy segura de que si pudiese no lo haría porque estaría tan impaciente de que llegase el momento de despertar que nunca conseguiría dormirme.
Noche del 16 de noviembre de 1948. Mississippi.
Cuando salí al porche de la casita me encontré a Jasper de espaldas a mí con un cigarrillo de la mano, sinceramente, no sabía que los vampiros tuvieran la posibilidad de fumar, pero allí estaba la prueba de que sí.
Me desplacé en silencio hasta estar a su lado y al notar mi presencia aplastó con la mano completamente el cigarrillo. Estaba tan absorto en sus pensamientos que no había notado que había llegado.
-En marcha.- dijo mirándome. Inmediatamente comenzó a caminar.
Caminamos un buen rato por el oscuro bosque, esta vez, a diferencia de otras muchas lo hicimos hablando. Jasper comenzó a hacerme preguntas sobre cómo había sido mi vida antes de conocernos, como funcionaba exactamente mis visiones etc. Y yo le respondía gustosa.
Llevábamos casi 1 hora andando a paso humano cuando él se paró y me tapó los ojos. Llegaba el momento de la sorpresa.
Dimos unos pocos pasos hacia la derecha y luego de frente, noté que pisaba en blando. Las manos de Jasper se apartaron de mis ojos y pude ver un claro en el bosque. A primera vista no me parecía nada especial hasta que miré hacia arriba.
Un millón de estrellas nos estaba esperando, allí, en la lejanía. La luna, que aquella noche estaba llena, nos iluminaba por completo. Desde aquel momento pasó de ser un claro cualquiera en el bosque a ser nuestro claro.
-Siento no poder ir al teatro pero me pareció que esto te gustaría.
-Es precioso. Prefiero mil veces esto a ir al teatro.
Jasper se acercó hacia el centro y se sentó en una manta, antes no me había percatado de que estaba allí. Yo le seguí y me senté a su lado.
-Cuando era pequeño, mi padre me llevaba en verano al campo y mirábamos las estrellas. Me enseñó todas las constelaciones y sus historias. Yo siempre estaba impaciente, deseaba que llegase el verano para poder ir. Pensé que a ti también te gustaría. -dijo con voz nostálgica.
Después se quedó muy callado con un brillo especial en los ojos.
-Jasper, ¿Puedo preguntarte algo?
-Lo que quieras.
- ¿Te quedarás conmigo?- me miró confuso.- Es obvio que no vamos a encontrar nada, las visiones no se equivocan. Tenía miedo de que una vez perdida la esperanza te marcharas y me dejaras aquí sola.
-Alice, nunca pierdas la esperanza. Yo lo hice y sólo una persona fue capaz de devolvérmela. Estoy seguro de que algún día descubrirás quién eras.
No había contestado a mi pregunta, lo cual me pareció una mala señal; sin embargo no quise insistir.
Una de las lecciones más importantes que Jasper me ha enseñado a lo largo del tiempo es que las emociones de alguien no se pueden describir, en cada persona son únicas, nunca podrás comparar tu alegría con la alegría de tu mejor amigo, no será igual. Puede que sea algo difícil de entender, pero hay que tener en cuenta que la manera en la que tú sientes está sujeta a todos los momentos vividos. Y nadie ha vivido lo mismo que tú.
Estoy segura de que la manera en la que siento las cosas hoy en día es gracias a aquella noche.
Pasaba el tiempo volando, Jasper me enseñaba las constelaciones y estrellas, había algo en su voz que me hacía sentir viva de nuevo, y a él también. Hablaba con cierta ilusión, como si yo fuese su padre en una calurosa noche de verano en Texas y él volviese a ser niño otra vez; sin preocupaciones, sin problemas.
El amanecer estaba cerca, el sol comenzaba a bañarnos con sus rayos, cuando por fin llegó la respuesta que tanto ansiaba. Me disponía a levantarme para marcharnos cuando su mano tocó la mía y entonces él dijo:
-No te voy a dejar. Tú me has devuelto la esperanza.
Regresamos a casa dados de la mano, en silencio, de nuevo; pero no era un silencio como los otros, en ese momento las palabras sobraban. Creo que ni aunque me hubiera caído un meteorito encima se me hubiese quitado la sonrisa de la cara. En ese momento no supe cómo interpretar aquello. Quiero decir, que sabía que estaba perdidamente enamorada de él, pero no sabía si Jasper sentía lo mismo.
Alguien dijo una vez que la vida consiste en una serie de casualidades, pues no sabéis cómo de fuerte deseaba decirle a mi Jazz que él es la casualidad más perfecta que ha llegado a mi vida.
Los grandes amores siempre se conocen por casualidad.
