5. Un vaso de Jack Daniel's.

¿Alguna vez te has mirado al espejo y has sonreído? No por alguna razón en concreto, sino ¿simplemente por qué sí? Pues yo sí. Todas las mañanas de mi larga vida después de aquella noche del 25 de noviembre, lo he hecho. Algunas veces me ha costado, porque había algo que me preocupaba, pero luego siempre recuerdo que Jasper está ahí, para mí, apoyándome en cada momento y ya no me cuesta sacar una sonrisa; es automático.

Pero por aquel momento no todo era de color rosa, también tenía un problema, aunque yo todavía no era consciente de ello, por desgracia.

26 de Noviembre de 1948. Nueva Orleans.

Creo que esa noche fue una de las más mágicas de mi vida, los dos nos tumbamos, yo pasé la noche con mi cabeza acurrucada en su pecho y no dejamos de hablar. No hablamos de nada en concreto, sólo de algunos temas que iban cambiando según avanzaba la conversación.

Al día siguiente llovió un poco, y gracias a mis visiones supimos que iba a estar nublado todo el día, por tanto teníamos pista libre para salir.

Lo primero que hicimos esa día fue buscar el bosque más cercano, puesto que ya llevábamos varios días sin comer. Yo aún aguantaba, pero Jazz no, siempre caza de más para evitar accidentes. Esta tarea nos llevó toda la tarde. Después Jasper habló en una cabina por teléfono con el conocido que supuestamente iba a ayudarnos a encontrar lo que queríamos. Quedamos con él en una cafetería cercana al río, muy discreta a través de una visión pude ver que nadie nos molestaría en toda la tarde.

Ambos nos sentamos en una mesa alejada de la barra, él se pidió un vaso de Jack Daniel's, yo me conformé con un simple vaso de agua, aunque tampoco me lo iba a beber.

-Últimamente nuestra naturaleza me está sorprendiendo constantemente. No sabía que pudiéramos fumar, y menos aún beber.-comenté, con el fin de entablar conversación y a la vez saciar mi curiosidad antes de ponernos serios.

-Beber cualquier tipo de alcohol quita levemente la sed, es un truco que me enseñó María, tranquilízate, es imposible emborracharse sin vomitar antes. Lo del tabaco es una manía que cogí siendo humano, en el ejército. Aún fumo cuando estoy muy nervioso, lo cierto es que sabe bastante mal, pero me calma.- contestó entre risitas.

-¿Puedo probarlo?- pregunté con la mirada fija en el Whiskey.

Jasper asintió y cogí su vaso. El licor sólo me rozó un poco los labios y ya me dieron arcadas, era demasiado fuerte para mí. Sabe a rayos. Alcé la vista y pude ver a Jasper riéndose a carcajada limpia.

-Quizás deberías empezar con algo más suave, ¿no crees?

No tuve tiempo de contestarle porque una visión apareció de nuevo.

Un hombre bajito, moreno, de nariz respingona, con una chaqueta negra y un maletín abren la puerta del local en el que nos encontramos y busca con la mirada a alguien. Nosotros, cómo no. Inmediatamente se dirige hacia Jasper y le da la mano a modo de saludo. El reloj marcaba las cinco menos diez .Es él, el hombre que iba a encontrar mi identidad.

Jazz se me quedó mirando atentamente, esperando una aclaración. No esperé para mirar el reloj de la taberna. Las cuatro y media. Todavía quedaban veinte minutos para disfrutar de él. Sin preocupaciones, ni negocios, ni nada por el estilo. Sólo él y yo.

-Quedan veinte minutos.

Él asintió. Alargó el brazo disimuladamente por la mesa y me cogió la mano. Enseguida supe por qué. Siempre que estoy nerviosa o demasiado alterada Jasper no sabe muy bien cómo me siento por culpa del gran lío de emociones que hay dentro de mí, asique me coge la mano porque sabe que me calma y así él también se aclara. No me digáis que no es un cielo.

Miré el reloj otra vez. Quince minutos.

-Jasper, ¿de qué conoces a ese hombre exactamente?- la curiosidad me podía.

-Combatió junto a mí en la primera guerra mundial, nos hicimos amigos, aunque luego cada uno siguió por su camino. En su día le hice un gran favor, asique espero por su bien que me lo devuelva.

Le miré fijamente a los ojos. Observé como cogió su vaso y de un trago casi lo vacía al completo, qué asco. Los ojos se le volvieron de un negro carbón justo mientras tragaba y luego volvieron a su color fuego normal. Después él también se me quedó mirando unos segundos.

-Recuerda una cosa.-dijo.

-Sí, ya sé. No debo decirle lo de mis visiones, es peligroso.-dije, repitiendo sus misma palabras.

El hombre llegó a la hora prevista. Justo como yo había predicho. Con su gabardina negra y su maletín. Parecía mucho más nervioso que en mis visiones. Se presentó y Jasper me presentó a mí. Apenas me dejó hablar. Una vez se sentó junto a nosotros y se pidió otro whiskey fuimos directamente al grano.

-¿Y bien? ¿A quién necesitas que investigue?- noté temor en su voz. Jasper carraspeó.

-A ella.- y me señaló. El hombrecillo, que al parecer se llamaba Carl me miró, tembloroso.-Necesita saber quién era en su vida humana, sufre amnesia. Su nombre es Alice y se despertó cerca del Mississippi, con una bata de hospital. No sabe más.

Carl se acabó la bebida de un solo trago. Parecía confuso, como si yo fuera un bicho mano le seguía temblando.

-¿Para cuándo?

-Lo más pronto posible. Llama a este número cuando sepas algo.

Jasper le entregó un papelito doblado con un número de teléfono escrito en negro.

-Perfecto.

Y el hombre salió de la taberna lo más rápido que pudo. Como si temiese que Jasper se levantase y le arrancara la cabeza. Estaba muy mosqueada.

-Jasper, ¿qué clase de favor le hiciste exactamente? Más que un favor parece que lo que hiciste fue amenazarle.

Me miró enarcando una ceja. No respondió

Pero yo estaba dispuesta a averiguar la verdad.