¡Bienvenidos! :D Este es uno de mis capítulos favoritos jaja espero que me digas qué te parece ;)

Gracias, como siempre, a todo el que se atreve a ser diferente y extraordinario en esta vida, es decir, a leer YYYYY... dejar un review ;D

¡Anímate!

Y Enjoy ;)


Capítulo 3

El Amor... y la Suerte Buscada

(También conocido como: El amor y los desconsiderados Bartenders)

EPOV

—Entonces, ¿estás seguro de que Ángela va a venir a este restaurante?

—Al menos eso fue lo que escuché cuando ella hablaba por teléfono —expliqué mirando alrededor de la planta tras la cual estábamos parados—. Habló sobre el lugar de moda, reservaciones difíciles de conseguir y algo sobre Jay-Z. Me imaginé que sería "Mistro". Tiene que ser este, ¿cierto?

—¿Tiene que ser este? Eso no suena muy realista, Edward, pero está bien —respondió ella haciendo un pequeño globo con su chicle para explotarlo de inmediato.

Dejé de mirar a mi alrededor por un momento para verla a ella y el gran contraste que producía en ese lugar. Si bien no estábamos en un lugar demasiado elegante (no habían hombres en trajes ni mujeres con vestidos formales), definitivamente no había más nadie con pantalones ajustados de algodón negros bajo una falda negra, y botas de combate marrón oscuro. Tampoco podía dejar de notar que había reemplazado su usual camiseta manga corta por un suéter manga largo azul rey con una abertura "V" en su cuello.

—Creo que deberíamos entrar. —anuncié. Después de todo, llevábamos cerca de 20 minutos esperando en el lobby.

—Ok, ¿bajo qué nombre hiciste las reservaciones? —"Oh, oh" pensé rápidamente. Ella debió haber visto algo en mi rostro porque continuó—: Edward... por favor dime que recordaste hacer las reservaciones —pidió con un tono de reprimenda.

—Sí recordé hacerlas —respondí de inmediato... quizás demasiado rápido, por lo que ella sólo me lanzó una mirada letal casi retándome a mentir—. ¡Es en serio! Lo recordé... es sólo que... pues... NoTeníanMesas.

—¿Qué? —cuestionó. No tenía idea si lo decía porque no me había entendido o porque estaba tan molesta que prefería no entender—. ¡No puedo creerlo, Edward! —culminó molesta para luego escupir la goma de mascar en su mano y botarla en una papelera cercana.

Dimos un vistazo al interior del restaurante y podía verse que el lugar estaba bastante copado, con meseros pasando de un lugar a otro entre las mesas y podía escucharse la voz de una mujer cantando aparentemente en vivo. Por supuesto, todo esto estaba custodiado por un hombre de cabello castaño esponjado y un bigote muy delgado que estaba parado tras un podio con un gran libro en sus manos. El hombre estaba junto a la puerta y se encargaba de recibir a cualquier persona con la intención de entrar así que supuse que ese sería el libro de reservaciones.

—Discúlpame, Bella, no era mi intención arrastrarte hasta acá...

—¡Por supuesto que era tu intención! —Susurró audiblemente— Ahora pensemos qué vamos a hacer.

Ante sus palabras, no pude evitar esbozar una gran sonrisa. Esa era la Bella que conocía y que tanto quería. No conocía a nadie tan práctico como ella que en lugar de atascarse ante un problema, ella buscaba otro camino. Aunque también había aprendido que ese camino no siempre era el más cómodo, fácil o... incluso legal.

—No lo sé, ese hombre no parece querer moverse a ningún lado —dije, señalándolo con mi mentón.

—Debería de ir al baño en cualquier momento —murmuró Bella mirando a través de la planta— aunque quizás no podríamos esperar tanto. El tonto ni siquiera tiene un vaso con agua en esa mesa.

—¿Y si intentamos decir que sí hicimos reservaciones y nos hacemos pasar por alguien? —propuse.

—¿Y tener "una noche de locos"? No gracias. Nadie puede superar a Tina Fey —sonrió.

Tenía razón.

—¿Entonces qué sugieres? —pregunté mirando el reloj y viendo que ya era cuarto para las ocho. Ángela debía llegar en cualquier momento.

—Ok, voy a entrar.

Inmediatamente emprendió su marcha con su ceño fruncido y viéndose totalmente decidida, así que estiré el brazo y sujeté su muñeca con firmeza, halándola hacia mí y pegándola entre mi cuerpo y la pared.

—¿A dónde crees que vas?

—Donde ese tipo estirado —replicó como lo más obvio del mundo.

Estábamos tan cerca que podía sentir su aliento a menta ¡Hey! Al menos no eran cebollas.

—Pero, ¿qué vas a hacer?

—¡Conseguirnos una mesa, Edward!

Antes de que pudiese decirle algo más, Bella se soltó de mi agarré y marchó con paso decidido hasta el hombre. Sin embargo, una vez allí, su postura cambió por completo. Comenzó a hablar esbozando una sonrisa que parecía un tanto... ¿tímida? para luego tomar su cabello entre sus manos y disponerlo todo en uno de sus hombros, exponiendo su cuello.

El pretensioso del bigote no pareció alterarse mucho porque ni siquiera le dedicó una sonrisa. Pero me di cuenta de que su mirada vagaba un poco más de la cuenta en el pecho de Bella, y no me sentí muy cómodo con un tipo babeando sobre mi amiga.

Después de unos segundos, Bella se acercó más aun al hombre de modo que estaba de un lado del podio, casi donde él estaba. Al principio él pareció sorprenderse un poco, pero no le duró mucho porque luego estaba dándole una sonrisa a Bella quien estaba tan cerca que prácticamente le susurraba en su oído.

—¡Edward, cariño! —llamó Bella levantando su mano y sacudiéndola para captar mi atención.

Sin pensarlo dos veces, me apresuré a llegar hasta ella y tomar su mano en la mía haciendo caso omiso al pretensioso a mi lado.

—¡Gracias, León! —dijo Bella. Le guiñó un ojo y le lanzó un beso en el aire hasta que la halé hacia la mesera que esperaba para llevarnos a nuestra mesa.

Al entrar me di cuenta de que tenía razón, justo en el centro del salón había una banda de jazz formada por un gran tambor, una guitarra, un contrabajo y una mujer con un ceñido vestido púrpura cantando. Todo el lugar tenía una especie de aire retro, como si acabase de entrar en la década de los años 20. Alrededor de la banda había varias mesas y un par de escalones más arriba estaban otras. Como una especie de gradas con vista al centro. Había unos pocos ventanales grandes porque las paredes estaban cubiertas por terciopelo borgoña.

Finalmente la mesera nos dejó en una mesa bastante retirada del centro del lugar y junto a un ventanal en una zona que era claramente para "fumadores". Cuando nos sentamos, Bella aún mantenía una gran sonrisa en su rostro.

—¿Qué hiciste para que entráramos?

—¿De qué estás hablando? —eludió ella como si nada dirigiendo su atención hacia el menú.

Cuando me quedé en silencio ella volvió a posar su mirada en la mía y me dio una sonrisa similar a la que le había dado al hombre de afuera, así que me fue imposible resistir el devolverle el gesto.

—Vive un poco, Ed —comentó antes de guiñarme un ojo.

Después de eso ordenamos la comida y la conversación entre nosotros fluyó fácilmente, como siempre. Cuando la mesera llegó con nuestra orden, Bella atacó inmediatamente su pescado antes de hablar nuevamente:

—Julie y Rick me dijeron que los ignoraste totalmente el otro día —señaló.

—Diablos... diles que fue por...

—...una chica. Tranquilo, ya lo saben —aseguró ella tomando un bocado de ensalada.

Me daba un poco de pena con mis amigos, pero sabía que entenderían. A las ocho y cuarto era, como lo había dicho Bella, "hora del show". Ella me dio luz verde y me alejé de nuestra mesa para caminar por el lugar y hacer lo posible para buscar a Ángela de manera disimulada.

El restaurante no era realmente muy grande pero sí un tanto amplio, sin mencionar que estaba lleno de personas por doquier, así que tardé un buen rato revisando entre las caras hasta encontrar el hermoso rostro de Ángela.

Finalmente la ubiqué en una esquina de la barra. Llevaba un vestido color verde manzana que resaltaba en su preciosa piel morena. Era el momento, sabía que era el momento. Era lo que había planeado y tanto Bella como el resto de mis amigos merecían que lo intentara.

Rápidamente di un vistazo a mi reflejo en el espejo de la parte de atrás de la barra. Mi camisa blanca seguía presentable. No era un hombre exageradamente atractivo, ciertamente no creía que nadie me llamase "adonis" o cualquier otro nombre sacado de algunas novelas de romance. Jasper bromeaba con que era simplemente más delgado que musculoso, pero tenía confianza en que lograría captar la atención de Ángela.

Invoqué toda la seguridad y firmeza que podía acumular y, con paso firme, me acerqué discretamente al hombre de baja estatura que estaba sentado junto a Ángela.

—Disculpa, aquel mesero que está allá —señalé a un hombre rollizo que caminaba rápidamente entre las mesas —dijo que están remolcando tu auto afuera.

—Pero lo paré en el estacionamiento —objetó el hombre viéndome con ojos negros grandes.

—Creo que dijo algo de un choque... deberías ir a ver, amigo —aconsejé pidiendo perdón internamente y tratando de hablar en susurros para que Ángela, quien se encontraba de espaldas a nosotros, no volteara a vernos.

El pobre hombre siguió mi consejo y salió corriendo de allí así que logré mi objetivo de conseguir un asiento junto a Ange. Nada como un encuentro "casual".

—¡Una cerveza! —grité al barman que pasaba de un lado a otro balanceando botellas en sus manos.

Tuve la suerte de que Ángela volteó a verme y pude vislumbrarla de cerca. Nunca la había visto en un lugar distinto a la oficina y de inmediato noté que su rostro se veía distinto, más brillante y con sus ojos enmarcados en líneas negras. En ese breve momento en que se fijó en mí, llevaba una gran sonrisa y arrugó un poco su nariz así que, sin pensarlo, salté a la oportunidad.

—Hola, creo que te conozco —saludé sonriendo.

—Sí... uhm... trabajas en Webicom, ¿cierto? —preguntó ella y me felicité internamente al saber que ella también me había notado.

Punto para Cullen.

Nos estrechamos brevemente las manos cuando pretendí que no sabía su nombre y me di cuenta que era exactamente lo que había imaginado. Mis amigos definitivamente no sabían de qué estaban hablando.

Pasamos unos minutos hablando de cosas sencillas y tuve la sensación… la sensación de practicar el deporte extremo de más adrenalina entre todos, la sensación de estar en la montaña más alta del mundo y rumbo a ese emocionante precipicio donde sabía que lo mejor estaría al caer. Todo dentro de mi gritaba "corre".

Corre.

Corre.

Estaba tan sumido en mis sentimientos que me di cuenta de que había dejado de escuchar a Ángela y no tenía idea de lo que me estaba hablando en ese momento.

—...totalmente loco, ¿cierto?—exclamó ella dando una gran carcajada— ¡Por favor!

—¡Claro! ¡Sí! —repliqué automáticamente, riendo sin saber realmente por qué. Sólo esperaba no haberme equivocado.

En ese momento sentí mi celular vibrando en mi bolsillo y al sacarlo vi que era un texto de Bella.

"Si corres, te puedes caer"

Diablos. Esa mujer era medio psíquica. Aunque quizás todas las mujeres lo sean un poco porque mi madre no se quedaba atrás... e incluso Alice.

Guardé mi teléfono rápidamente y continué tratando de recuperar el hilo de la conversación con Ángela.

—¿Puedes creerlo? Y se supone que es "todo un hombre"— culminó haciendo comillas con sus dedos.

Juro por Dios que lo que hice después de eso fue totalmente inesperado, incluso para mí. Es decir, sé que varias veces había pensado en hacerlo pero... definitivamente no lo había pensado con Ángela.

En el momento en que vi a Ángela mover sus dedos para formar la seña de las estúpidas comillas que habían plagado mi semana, levanté mi mano y tomé sus dedos en los míos sujetándolos con un poco de presión... por suerte me di cuenta a tiempo para detenerme antes de realmente... bueno... doblar sus dedos.

Lástima que realmente no había una manera normal de salir de esa situación así que hice lo primero que pasó por mi mente... aflojé mi agarre y acaricié sus dedos un segundos antes de soltarlos.

Sin querer, solté una risa nerviosa y cuando ella sólo sonrió y arrugó su entrecejo (probablemente tratando de entender qué diablos había hecho con su mano) pensé que nada podría ser peor. Por fortuna, su amiga escogió ese momento para acercarse a ella y decirle algo al oído.

—Disculpa, Edward. Tengo que irme —Se excusó Ángela, levantándose de su asiento—. Quizás podamos vernos en la oficina.

—¡Por supuesto! Nunca tenemos demasiada gente en el quinto piso —sonreí.

Se despidió de mí con un beso en la mejilla (otro punto para Cullen) y me quedé viendo como su figura y sus torneadas piernas desaparecían entre el grupo de personas.

—No saliste persiguiéndola... esto debe ser toda una tortura —La voz de Bella me tomó por sorpresa y me hizo dar un brinco en mi asiento al notar que provenía del taburete que estaba a mi izquierda.

—¿Desde cuándo estas sentada allí?

—Desde hace un rato. Poco antes de que le masturbaras los dedos... o lo que sea que hayas hecho con su mano.

No pude evitar reír con su comentario, aunque aún sentía un poco de vergüenza.

Por enésima vez, le grité al barman que me sirviera una cerveza y un vodka para Bella, y él, por enésima vez, me ignoró completamente.

—Al diablo con esto —murmuró Bella.

Lo siguiente que vi fue a Bella dar la vuelta a la barra y meterse en el lugar del barman que en ese momento se encontraba atendiendo a un grupo de mujeres en la otra esquina.

—¿Qué diablos estás haciendo? —exclamé entre alarmado y divertido porque parcialmente temía que nos echaran de allí a causa de ella.

—¿Tú que crees? ¡Sirviendo nuestras bebidas! —respondió con una sonrisa y me hizo darme cuenta de que no estaba comiendo su usual goma de mascar... de hecho, no la había visto masticar goma desde que entramos.

Entre eso y su ligero cambio en ropa, parece que alguien sí se tomó en serio eso de ir a un restaurante.

Después de un momento maniobrando tras la barra, Bella pudo localizar y entregarme la cerveza, además de encontrar la botella de vodka girarla en el aire y servir con fluidez un trago en su vaso.

—¿Cómo aprendiste a hacer eso? —pregunté, esta vez completamente entretenido y sin preocupaciones.

—Fui barman unos meses cuando estaba en la universidad. Me ayudaba a pagar las cuentas —sonrió.

—¡Hey, linda! Pásame dos whiskeys con hielo —gritó un hombre fornido a dos asientos de distancia.

Bella le sonrió y sirvió las bebidas con igual agilidad. Pero noté que, una vez servido, éste le tomó la mano y la sujetó por un momento antes de Soltarla. Mi amiga pareció sorprenderse un instante pero luego simplemente le obsequió una sonrisa aún más grande y un guiño.

Cuando finalmente Bella volvió a su asiento, choqué mi botella con su vaso.

—Creo que alguien se ganó un admirador —dije, para luego dar un largo trago a mi cerveza. Refrescante.

—Deberías hablar con el tipo de la entrada. Tuve que manosearlo detrás de ese podio para que nos dejase entrar.

Mi reacción, por supuesto, fue escupir el delicioso sorbo que había tomado. Cuando vi a Bella reírse a carcajadas me di cuenta que su comentario había sido una broma.

—Mentirosa —murmuré y nuevamente llevé la botella a mis labios con la certeza de que esa vez si lograría pasar más allá de mi garganta... me equivoqué.

—Tienes razón —dijo Bella—. El tipo era gay así que le dije que tú también lo eras y me cambio una mesa por tu número.

Terminé expulsando mi bebida otra vez y la sonrisa malvada en el rostro de Bella no me ayudaba a entender si hablaba en serio o no, pero me di cuenta de algo más: Para alguien que llevaba siendo mi amiga un buen tiempo, aún tenía cosas por saber acerca de Bella Swan.


PD: "Noche de locos" o "viernes de locos" es una peli muy buena de Tina Fey :D ¡recomendada!

Recuerda que si te gusta la historia, por fa hazmelo saber en esta ventanita de abajo que dice review ;) aun cuando no tengas cuenta

¿Qué te parece? En mi país dicen que "uno hace su propia suerte" y eso fue lo que hizo Edward xD

¿Qué te pareció Angela y todo lo que Edward sintió? ¿Tu también haz creado "casualidades"? ¡porque yo sí! Jajaj

¿Y todo lo que hizo Bella?

Espero me dejes tu opinión ;) desahógate jaja

¡Nos leemos pronto!

Abrazos.

Alessa