Hola :) ¿Actualización después de sólo 7 días? Lo sé ¡Increíble! Jaja pero es que sus palabras me convencieron :$

Saludos a Pera L.T, Andrea Fernandez y todos quienes comentan con o sin cuenta n_n y Gracias a Julie por las correcciones ;)

Este capítulo me gusta mucho y me pone nerviosa que lo lean jaja :$ ya quiero saber qué les parece
*Alessa se va al rincón y mueve la pierna en forma inquieta esperando a que terminen de leer el cap*

¡No te retengo más! ¡Aquí vamos! ¡ENJOY! XD


Capítulo 9

El Amor y Los Planes Malvados

EPOV

—Esto es lo que vamos a hacer: vamos a volver al salón y atraeremos la atención de esa perra, después la llevaremos a otro lugar y yo me encargaré del resto.

Su explicación era ''tan clara'' como el agua de un pantano.

—¿Qué quieres decir con que ''te encargarás del resto''? —cuestioné, mirando furtivamente a las personas que pasaban a nuestro alrededor. Me sentía como si estuviese a la mitad de una terrible película de acción... como las de Tom Cruise, últimamente.

—Ya te dije que yo me encargo.

Y en lugar de darme una mejor explicación, Bella me tomó del brazo y me empujó de vuelta hacia el salón y hasta nuestros asientos.

—¿Qué pasó con Mike? —pregunté. Tal vez tomarla por sorpresa era mejor, no me alegraba mucho que se estuviese inmiscuyendo aún más en mi vida privada.

—¿Qué pasó con él? —replicó ella de inmediato.

¿Responder una pregunta con otra pregunta? Interesante.

—Lo último que supe, fue que su cita salió bastante bien. ¿Qué ha pasado con él?

Me di cuenta de que paseaba su mirada de un lugar a otro por el salón y cuando por fin la fijó en un punto a mi derecha, entrelazó nuestros dedos y puso nuestras manos sobre la mesa.

No entendía por qué de repente, le había dado por sostener mi mano; así que fruncí mi ceño, interrogándola con mi mirada, e hice amago de soltarla, pero ella me sujetó con más fuerza.

—Esta es la carnada para la perra —susurró y le dio un apretón a mi mano.

—No vas a golpearla, ¿cierto? —bromeé soltando una carcajada. Bella probablemente era mejor luchadora que Irina, pero ella le llevaba una cabeza de altura.

Estaba esperando que Bella continuara mi broma pero, en su lugar, pareció distraerse con las personas en la pista de baile y permaneció pensativa.

Oh, no.

—No voy a golpearla —aclaró finalmente. Respiré profundo— ¿Confías en mí, Edward?

—A duras penas —asentí sonriendo.

—Es suficiente —sonrió de vuelta.

Bella posó su mano libre sobre mi hombro y se inclinó hacia mí; al mismo tiempo en que atraía mi cuerpo al suyo, como si acercara para darme un beso.

—¿Qué diablos estás haciendo? —mascullé entre dientes; sin aguantar la sonrisa porque, dentro de toda su rareza, la situación me resultaba bastante cómica... y quizás también haya sido un poco de risa nerviosa.

En lugar de continuar acercándose de frente, ella desvió su rostro hacia mi oído.

—La perra mordió la carnada. Ahora saldremos de aquí y tú tienes que sostener mi cintura o algo. Pretende que somos pareja —murmuró apresuradamente.

—¿Por qué?

—¡Porqué de lo contrario, no funcionará!

—¿Pero por qué...? ¡Ouch!

Ni siquiera pude terminar mi pregunta, cuando Bella repentinamente se puso de pie y se aseguró de afincar la plataforma de su zapato, sobre mi pie. Sí, se aseguró de ello, a la mierda si cree que me va a engañar porque hizo demasiada presión, como para decir que eso fue sin intención.

Puse mis manos en su cintura, tal como dijo y me guió hacia la salida del salón. Por inercia, mis dedos jugaron con la tela, un tanto dura, de su vestido. Caminamos por un largo pasillo de paredes revestidas en un elegante papel beige hasta que finalmente Bella escogió una puerta y nos hizo entrar apresuradamente. Vi los cubículos, los lavamanos y el espejo, y me di cuenta de que era el baño de damas, justo cuando escuché la puerta cerrarse tras de mí.

Cuando volteé, Bella estaba de pie contra la puerta, las manos en su cintura y una sonrisa, un tanto perversa en sus labios.

—¿Qué estamos haciendo aquí? —cuestioné con cautela.

—Yo lo llamo: venganza.

—Esto no parecen cosas tuyas —comenté; pensando en que efectivamente Bella podía ser un poco extraña y extrovertida a veces, pero no tanto.

—Todas las series de televisión de hoy en día, son sobre venganza. Y tú sabes que me encanta ver televisión —explicó casualmente.

—Cierto. Pero...

—¡Oh, Edward! —gimió Bella de repente y sin abandonar su sonrisa.

Retrocedí un paso y me di cuenta que probablemente había escuchado mal, porque no era posible que eso fuese...

—¡Sí, Edward! —gimió nuevamente y con más fuerza. Al terminar, sujetó su labio inferior entre sus dientes como si estuviese soportando las ganas de emitir otros... sonidos.

—¡Bella! —exclamé en un susurro como un intento para que ella también bajara la voz— ¿Qué diablos estás...?

—¡EDWARD! ¡SÍ! —Esa vez su grito fue mucho más alto, así que me apresuré a llegar hasta ella y puse una de mis manos sobre su cintura y otra sobre su boca para silenciarla y terminé acallando su carcajada.

—Bella, no sé si te confundiste por algo, pero...

Ella tomó mi mano y la apartó de su boca.

—Relájate Edward. La perra está afuera, la vi seguirnos. Es hora de demostrarle que si hubo alguna vez tuviste problema en esta área... definitivamente lograste superarlo con creces —Sus palabras no eran más que susurros, pero al terminar apretó sus labios y soltó un pequeño gemido que, debo admitir, sonaba bastante bien.

—¿Se supone que debo corresponder a todo esto? —sonreí abiertamente.

—Quizás no lo sepas, pero soy excelente en la cama, y si esto fuese real estarías gritando el doble que yo. Así que… sí, definitivamente debes corresponder —alegó, con una sonrisa pícara por su parte.

Cerré mi mano en un puño y le di un golpe seco a la puerta.

—¡Oh, sí, nena! —gemí, mirándola a los ojos.

Para alguien que sólo estuviese oyendo probablemente sonaba muy convincente, pero si alguien hubiese estado observándonos, hubiese notado de inmediato, nuestras silenciosas carcajadas.

—¿Es lo mejor que puedes hacer? ¿Nena?—Se burló Bella.

—¿Qué más quieres de mí? —objeté riendo.

Ella se acercó más a mí y su perversa sonrisa volvió.

—Quiero el gran final... bebé —susurró en mi oído.

No tuve tiempo para procesar lo que decía; porque dos segundos después, me dio una dura patada, justo en la pantorrilla.

—¡Oh! ¡Diablos! —gemí de dolor y doblé mi cuerpo, para frotar mi pobre pierna herida. Casi podía sentir el hematoma formándose.

Bella soltó un sonido de satisfacción apretando sus labios, y comprendí a qué se refería exactamente con "el gran final".

—Eso no era necesario —mascullé entre dientes, cuando me incorporé.

—¡Tenía que sonar real! —defendió ella. Por un momento, dudé de cuánto alcohol había bebido Bella, durante esa noche. Había estado muy distraído para ver cuánto había ingerido pero...— Ok, tenemos que salir. Actúa normal.

Ella tomó mi mano, obedecí a su advertencia y salí con una amplia sonrisa (acababa de tener sexo con una ardiente mujer, ¿cierto?). Un par de personas atravesaron el pasillo, haciendo caso omiso de nuestra advertencia y estaba casi seguro de que el pequeño teatro había sido para nada, cuando volteé y la vi. Irina estaba escondida tras un enorme jarrón y una larga y frondosa planta, nos lanzaba una mirada notoriamente letal e incluso su boca colgaba ligeramente abierta.

No pude contener la satisfacción que sentí, mucho menos al pequeño niño dentro de mí; así que sonreí abiertamente hacia Irina y le guiñé un ojo. Desafortunadamente, ella debió haber malinterpretado mi gesto de alguna forma, porque me dirigió una extraña sonrisa y; aunque íbamos de regreso al salón, ella comenzó a caminar hacia nosotros para alcanzarnos.

Lo último que quería en ese momento era tener una conversación con Irina, ni siquiera quería estar a 10 metros de ella; bastante estaba haciendo con soportar estar en el mismo edificio. Es por eso que, naturalmente, hice lo primero que se me ocurrió para poder alejarla de mí.

Con más soltura de lo que imaginé, halé la mano de Bella con firmeza logrando que diese un rápido giro y quedase de frente hacia mí. De allí en adelante, no dudé ni un segundo. Coloqué mi mano en su cuello para acercar su rostro al mío y la encontré a medio camino presionando mis labios sobre los suyos. Al principio sentí todo su cuerpo tenso y estaba consciente de que era el único que realmente hacía algo, pero después de un par de segundos ella pareció relajarse y sus labios se sentían muy suaves junto a los míos; tuve que resistir la tentación de atrapar uno de ellos entre mis dientes y halarlo un poco, pero sentí el vago y dulce sabor a canela (como su goma de mascar, que por fortuna no llevaba en ese momento) mezclado con un fuerte sabor a whiskey.

No me pasó como en las películas; no comenzó a sonar ninguna canción pop/rock romántica y pegajosa, el mundo no empezó a dar vueltas a mi alrededor y ninguna gran epifanía llegó para golpearme como un rayo y hacerme notar lo que siempre ignoré. Sin embargo, lo que sí pasó fue que la mano de Bella se posó en mi cintura, y poco a poco el resto de las cosas a mi alrededor pasaron a ser un trasfondo, a medida que me adentraba más y más en nuestro beso.

Sonreí un poco sobre sus labios, cuando me di cuenta de que ese ligero sabor a canela y whiskey; era más provocador de lo que imaginaba, y me tentaba a continuar besándola aun más. Sentí que ella también sonreía un poco, y eso me hizo querer reír aun más; como cuando alguien tiene una risa contagiosa y no sabes por qué lo haces, pero terminas riendo también.

Sólo logramos continuar un par de segundos más, porque nuestras sonrisas eran ya muy amplias.

—Voy a acomplejarme y a pensar que te estás burlando de mi pericia al besar —comentó Bella, una vez que nos separamos. Sus mejillas estaban un tanto rosadas, al igual que su cuello.

—Imposible. Fue un beso con mucha pericia —ofrecí.

—¿Crees que la perra se lo tragó?

Su pregunta me confundió momentáneamente, hasta que recordé que Irina, nos estaba observando. Volteé para ubicarla otra vez, pero ya no estaba en su escondite (gracias a Dios).

—¿Bromeas? Somos una excelente pareja, totalmente creíble —sonreí.

—Mejor reza para que Angela no escuche eso.

Su comentario, aunque con risas y en broma, lo tomé seriamente. Después de todo, era cierto, no tendría por qué decir eso, a menos que fuese hacia Angela.

—Entonces, mejor que sea nuestro secreto —Lancé una mirada hacia la puerta del salón y decidí que era el momento de regresar a la realidad—. Será mejor que regresemos. Ya deben estar por servir la comida.

Caminamos de vuelta al salón, esa vez sin tomarnos de la mano ni algún contacto físico pero, aún así, uno junto al otro.

—¿Crees que la perra se lo tragó? —preguntó, dándome una mirada cargada de curiosidad.

—Estoy completamente seguro, de que así fue. Además —agregué con una gran sonrisa—, sé por experiencia que ella siempre acostumbra a tragárselo todo.

Podía adivinar claramente, cuál sería su respuesta a mi comentario al estilo de Rick; así que caminé más rápido para adelantarme y evitar el empujón, que probablemente habría querido darme. Solté una gran carcajada cuando, mientras me alejaba, la escuché gritar:

—¡Edward! ¡Qué asco!


...

...

¿Qué te parece?

Estaré por acá, mordiéndome las uñas de forma ansiosa... siéntete libre de opinar jaja

Gracias por leer.

Alessa.