¡Hola! :) Iba a publicar esto más tarde pero... ¿Por qué esperar? jaja.
El siguiente capítulo (el 11) llegará aun más rápido porque son de transición así que estén atentos :D
(mientras tanto, en mi perfil puden encontrar otras historias completas de mi autoría ;) )
Gracias a Julie por estar pendiente de mi y contribuir a que sea constante ;)
PD: Dice Rosalie que por favor la esperen, ya viene en caminoooo :D
Capítulo 10
El Amor y Las Dudas
(El Despertar)
EPOV
Lo primero que me dijo mi hermano; después de un par de semanas de no dirigirnos la palabra, fue:
—¿Quieres huevos revueltos?
Para la mayoría de las personas, esto habría parecido una simple pregunta sin significado alguno. Pero; conociendo a mi hermano y el historial de nuestra relación, esta simple pregunta fue suficiente para hacerme frenar en seco cuando iba entrando a la cocina y fue suficiente para lograr que abriera los ojos como platos, además que se me quitara todo el sueño que tenía, por haberme levantado temprano para ir a trabajar. Es por eso, que mi profunda e interesante respuesta fue:
—Uhm... —Después de eso me recuperé con elocuencia y lo completé con—: sí, sí quiero.
Está bien. No fue precisamente muy elocuente pero, en mi defensa, sólo llevaba como cinco minutos despierto ¿Quién puede ser coherente en ese estado?
Emmett sirvió dos platos de comida y nos sentamos uno junto al otro, en los taburetes de la encimera y en un silencio profundo; resultando así, un tanto incómodo. Eso sí, se parecía mucho más a mi relación con mi hermano. Después de eso, no hubo ningún otro gran evento que relatar, no fue un "profundo y conmovedor momento, que sanó completamente nuestra relación fraternal y nos unió más que nunca"... pero cuando terminé de comer, me ofrecí a lavar todos los platos por él.
Emmett odia lavar platos.
No es necesario agregar que; la pequeña sonrisa que me dio después de eso, fue el simple sello que nuestra disculpa necesitaba.
Unas horas después, en el trabajo, estaba haciendo mi camino a la máquina expendedora, cuando sentí una mano sujetar la mía de improvisto. No tuve tiempo de adivinar quién podría ser, cuando esa mano me haló y me hizo quedar frente al rostro de su dueña.
—¡Ángela!
—¡Hola, Edward! —sonrió abiertamente y me dio un breve beso en los labios—. Discúlpame otra vez, por no haberte acompañado a la fiesta el viernes.
—No te preocupes. No es como si, hubiese sido intencional o algo así.
Ella me dirigió otra sonrisa con sus labios apretados y nos despedimos rápidamente con un beso, acordando vernos para almorzar juntos.
Subí al elevador y cando llegué a mi piso, estaba a sólo pocos pasos de mi cubículo cuando escuché a Bella hablando con alguien más. Me asomé un poco y noté que estaba con Mike en la puerta de su cubículo (justo junto a la mía).
—...y después no pasó nada ¡Es increíble! —culminó Mike y Bella respondió con una ligera risa— ¿Nos vemos este miércoles entonces?
—¡Seguro! Nos vemos allí.
Me asomé un poco más y vi como se despedían con un beso en la mejilla. Bella volteó inmediatamente y entró a su cubículo, así que yo tomé el mismo camino.
—Creo que ya me has tenido a oscuras lo suficiente, ¿no te parece? —declaré una vez que entré a su pequeño espacio y me senté en la silla frente a su escritorio para darle a entender, que no iba a moverme de allí hasta obtener un poco de información.
Bella me miró con una ceja arqueada y un leve indicio de sonrisa, mientras iniciaba su computadora y movía algunos papeles frente a ella.
—Te estás comportando como una viejita chismosa, Edward Anthony —atacó con su mirada fija en la pantalla de su computador.
—Yo soy un buen amigo y comparto cosas de mi vida contigo, estoy tratando de ayudarte a que tú aprendas a ser una buena amiga, Isabella Marie —contraataqué victorioso. Tomé el predecible cubo Rubbik de su escritorio y comencé a girar los lados, sin seguir ninguna lógica.
—Ok, bien —gruñó entredientes—. Hemos salido unas cuantas veces, es más simpático de lo que pensaba y saldremos otra vez este miércoles.
Asentí lentamente y continué girando el cubo un poco más. Suponía que era... lindo... ver a Bella de esta forma. Ciertamente, tenía un poco de tiempo sin verla interesada por alguien más.
—Entonces, ¿te gusta? —pregunté, más por la necesidad de llenar el silencio que por curiosidad real.
Bella apartó la mirada de su computador y la fijo en mí directamente.
—¿Por qué? ¿Quieres que le pase una notita después de clase, con un cuadrito para "Si" y otro para el "No"? —En ese momento ya sonreía amplia y abiertamente, lo que suavizaba sus palabras y me hacían responder a su gesto de igual forma.
—No creo que sea necesario. Si le gustas, seguro que mañana vendrá a jalarte tus trenzas —Ambos bufamos y nos reímos de nuestras ridiculeces. Coloqué el cubo en su lugar original y le dirigí una sonrisa más pequeña—. Me alegra que te vaya bien.
—Igualmente —lanzó de vuelta.
Di un rápido vistazo a su escritorio y me percaté de la bolsa de goma de mascar roja que descansaba en una esquina. Al voltear y dar el primer paso para salir de su cubículo, un pensamiento detuvo mi marcha. Era el recuerdo del sabor a canela que había probado en sus labios, esa dulzura que me incitó a morderla sólo un poco (cual goma de mascar) y succionar su labio inferior, por una pequeña ansia de saborearla un poco más.
—¡Edward! —La voz de Bella me sacó del trance— ¿Estas bien?
—¡Claro! ¡Sí! Nos vemos luego —mascullé entre dientes y salí rápidamente hacia mi cubículo.
Una vez que estuve sentado tras mi escritorio, me obligué a sacudir mi cabeza y enfocarme en mi trabajo. No tenía por qué pensar en Bella de esa forma.
Cuando llegó la hora del almuerzo, decidí irme de inmediato a la cafetería. Al llegar distinguí a Angela de pie en la fila para comprar, no había nadie tras ella, así que no dudé ni un segundo en acercarme y poner mis manos en sus caderas. En seguida, pasó por mi mente destellos de un recuerdo, la sensación de las caderas de Bella bajo mis dedos, un poco más anchas, firmes...
—¡Edward!
—¡Sí! —repliqué de inmediato, cuando la voz de Ángela me sacó de ese nuevo trance.
—También me alegra verte, pero necesito que me dejes moverme, es mi turno para comprar —sonrió ella dándome una mirada cautelosa. Entre esto y lo que hice con sus dedos la primera vez que hablamos, la pobre ya podía pensar que estaba completamente loco.
La solté rápidamente y volví a la normalidad, haciendo todo lo posible por ignorar lo que acababa de pensar. En lugar de sentarnos con sus amigas, Ángela y yo nos sentamos en mi mesa y pude presentarla formalmente a Julie, Rick y Bella. Tal como lo imaginé, todos parecieron llevarse bastante bien y la conversación fluyó naturalmente; también fue fácil darme cuenta de que Ángela lideraba la mayor parte de la conversación y cuando todos comían al mismo tiempo y, por ende, no podían hablar, era ella quien evitaba el silencio con alguna historia o pregunta.
Aun faltaban unos diez minutos de la hora del almuerzo, cuando Ángela se excusó diciendo que tenía un trabajo pendiente que debía terminar esa misma tarde y tenía que empezarlo cuanto antes. En el momento en que se perdió de vista, mis tres amigos comenzaron a halagarla.
—¡Buena esa, Cullen! —Me felicitó Rick— Te digo la verdad; siendo de contaduría, pensé que sería una mojigata conservadora, ¡pero la chica tiene chispa!
Forcé una sonrisa porque, como siempre, no podía responder del todo.
—¡Es muy simpática, Edward! Buena suerte esta vez —sonrió Julie amablemente. No pasé por alto el "esta vez" de su comentario y gruñí internamente. Otra más.
Mordí lentamente mi sándwich de atún y fijé mi vista en la mesa porque sabía lo que seguramente vendría o, mejor dicho, quién. Pasaron los segundos y ella, sin embargo, se hizo esperar. De manera muy cautelosa y disimulada desvié mi mirada en su dirección y allí estaba ella, comiendo un guisado de carne casero de su usual contenedor de plástico azul. Permaneció en silencio un tiempo más y justo cuando pensé que no agregaría nada, lo hizo:
—Lo estás haciendo bien, Edward —sonrió con gracia—, tengo el presentimiento de que esta vez todo saldrá bien cuando te lances del abismo —Culminó guiñándome un ojo, al hacer referencia a mi usual metáfora sobre el amor.
Era una lástima que, para ese momento, aunque sentía la adrenalina y el deseo de correr... no sabía exactamente, si sería hacia el abismo o en sentido opuesto.
..
¿Opiniones?
En el próximo capítulo: Edward se sincera y volveremos a reir con los consejos de sus amigos ;)
Alessa.
