Hola :) que bueno que vuelvas.

No he estado respondiendo reviews por mis ocupaciones pero estoy escribiendo jaja (de a poco pero lo hago). Gracias a linda Julie que mejora la estética para que disfrutemos más al leer ;)

Saludos a todas las que leen, comentan y alegran a la autora en mí :* :)

Anyway... ¡Enjoy!


Amor o Algo Así

El Amor... y El Verde Limón

EPOV

Apenas era físicamente capaz de mantener mis ojos abiertos y, por ende; era totalmente incapaz de leer dos oraciones, sin perder el hilo de lo que estaba haciendo ¿Cómo hay personas que se van de fiesta y pueden trabajar tranquilamente, al día siguiente? Más específicamente, ¿cómo puede hacerlo Rick? Afinqué el codo sobre el escritorio, descansé mi mentón en mi palma abierta, abrí los ojos otra vez e hice el esfuerzo sobrehumano de concentrarme, en la primera oración: "Edward, te envío nuevamente las imágenes que me diste. No creo que sea...", pestañeé por un momento y cuando abrí los ojos nuevamente, en lugar de ver la pantalla de mi computador, vi el rostro de Bella a unos pocos centímetros del mío y di un brinco en mi asiento.

—¿Qué estás haciendo aquí? —cuestioné y me froté los ojos para sacudirme el sueño.

—Llevo casi dos minutos frente a tu cara y ahora es que vienes a preguntarme, ¿qué estoy haciendo acá? —replicó Bella, acomodándose en la silla frente a mi escritorio.

—Tú no llevas dos minutos...

—Claro que sí —intervino ella y me dirigió una amplia sonrisa— ¿Tuviste una noche muy movida?

En lugar de responderle, simplemente sacudí un hombro.

—¿Cómo te va con Mike?

Noté que su sonrisa disminuyó un poco, pero se mantuvo.

—Mejor de lo que esperaba. En realidad, es muy buen tipo y tenemos varias cosas en común.

—Oh, wow, eso suena tan emocionante —comenté en tono monótono.

—¡Cállate! —rió ella y me lanzó una bola de papel que había en mi escritorio— Todavía lo estoy conociendo, yo no soy como tú. Lo que sí sé es que... creo que Mike tiene potencial.

"Potencial". La palabra resonaba en mi cabeza como un eco y no pude evitar imaginarla con él, caminando con él, almorzando con él, besándolo a él...

—Recuerda invitarme a la boda entonces —bromeé y volví mi mirada a la pantalla. De repente, me sentía más despierto.

Bella resopló e ignoró mi comentario.

—Aunque, hay que mencionar que has progresado mucho, Edward. Te diré la verdad, no esperaba que aguantaras tanto. Pensé que a la semana, ya estarías dibujando corazoncitos en las paredes —dijo y soltó una carcajada.

Jamás he dibujado corazones en ningún lado —afirmé seriamente y mirándola directamente a los ojos.

—Como sea, Edward. Vas muy bien.

Le respondí con una sonrisa cansada y ella se retiró a su cubículo. El almuerzo pasó similar a mi mañana, tratando de resistir el sueño y terminar comiendo con los ojos cerrados. Estaba sentado con Ángela, Bella, Julie y Rick. Gracias a Dios, no nos tocó sentarnos con sus amigas; porque de haber escuchado sus conversaciones, me habría quedado dormido sobre mi plato de espagueti, desde hace mucho rato.

No me había dado cuenta de que había cerrado los ojos nuevamente, hasta que escuché el molesto sonido, de alguien sorbiendo de una pajilla; aunque, era obvio que no había absolutamente nada más que beber. Abrí los ojos y me fijé que era Bella, quien sostenía una botella de Coca-Cola, con la pajilla entre sus labios. Estiré mis manos para tomar mi refresco y no lo encontré, di un vistazo a la mesa y, me di cuenta que la botella que sostenía Bella, era la mía.

—¡Hey! ¡Eso es mío! —reclamé, quitándole la botella ya vacía.

—¡Oh! ¡Despertaste! Bienvenido de vuelta al mundo de los vivos, Edward —sonrió ella, aparentando inocencia.

Rodé los ojos y me enfoqué en seguir engullendo mi plato de espagueti; pero sentí como si alguien, estuviese observándome. Levanté la mirada, pero vi a todos muy entretenidos conversando... excepto a Bella, quien me observaba con malicia en sus ojos y una sonrisa traviesa.

—¿Qué? —pregunté, con la boca medio llena.

—¡Oh, nada! —respondió casualmente y ensanchó su sonrisa— Solamente, me estaba acordando de esa broma tan graciosa que me hiciste la otra vez. Ya sabes, cuando metiste tu dedo ensalivado en mi comida.

Eso sonaba mal, eso sonaba muy mal. Bella tenía escrita la palabra "venganza" por toda la frente, sólo que aún no entendía del todo.

—Ajá —repliqué con la comida aún en mi boca y masticando muy lentamente.

—Sería una pena, que yo fuese una persona vengativa y decidiese... no lo sé... esperar un tiempo para tomarte desprevenido y luego hacerle algo a tu comida.

Oh, no. No, no, no, no, no.

Abrí los ojos desmesuradamente y me quedé observando el plato ante mí. Tomé el tenedor y revolví la pequeña porción de comida que me restaba; tratando de buscar algo sospechoso, algo diferente, pero muy en el fondo sabía que Bella no pondría algo que se notara fácilmente. Además, ya me había comido más de medio plato y probablemente ya había ingerido lo que hubiese puesto. Tomé la servilleta que estaba a mi lado y escupí el bocado que tenía a medio masticar.

—Edward, ¿estás bien? —preguntó Ángela en un tono preocupado, cuando me vio escupir la comida. Colocó su mano en mi espalda y empezó a frotar círculos.

Bella se levantó tranquilamente y comenzó a recoger su contenedor plástico y su envase de jugo, Rick y Julie también estaban en lo mismo.

—Hora de volver al trabajo —anunció Rick.

Mis amigos se fueron, mientras que yo me despedía de Ángela. En lugar de subir a mi cubículo fui directamente al baño de hombres y debo admitir que tuve arcadas y temí lo peor, pero después de varios minutos no sucedió nada. Estaba esperando lo peor; pero no necesariamente tenía que ser así, quiero decir, Bella no era un genio malvado ni nada de eso, ¿cierto?, ¿cierto?.

Llegué a mi cubículo, esta vez un poco más despierto (al menos le debía eso a Bella). Finalmente, estaba retomando mi ritmo habitual nuevamente y estaba incluso un poco entusiasmado porque se me habían ocurrido un par de ideas para el diseño web que tenía pendiente, cuando pasó lo inevitable. El sol tan sólo aparece, cuando termina de llover y, aparentemente, en mi vida aún no había terminado de llover (ni de cerca).

Llevaba una hora realmente concentrado en lo que hacía, cuando escuché un ligero toque de nudillos, contra la pared de mi cubículo (considerando que no tenía puerta, era raro que una persona se tomara la molestia de "tocar" primero). Al subir la mirada, me di cuenta de que era un hombre mayor, de cabellos castaños y ojos redondos y un tanto grandes.

—Disculpa ¿Podrías indicarme donde queda la oficina de Phil Phillips? —dijo con cortesía.

Si bien es cierto, su chaleco de vestir le hacía parecer mayor, su voz (un tanto aguda) me llevaba a pensar lo contrario.

—Claro. Último pasillo y hasta el final, la tercera puerta.

El hombre asintió y me dirigió una mirada extraña, entornando sus ojos como con curiosidad.

—¿Necesita algo más? —sonreí, a pesar de mi incomodidad. Probablemente, era sólo alguien que quería solicitar trabajo y yo sabía lo que se sentía, ser ese alguien.

El hombre abrió los ojos de repente y sonrió ampliamente.

—No, eso es todo. Gracias.

Se despidió haciendo un gesto con su mano y cuando se fue, me pareció escuchar una risa proveniente del pasillo.

Raro.

Hice caso omiso a la interrupción y volví a mi trabajo con igual entusiasmo. Aparentemente era el día de las visitas; porque un par de horas después, alguien más llegaba a mi puerta.

—Hola, Edward —saludó sensualmente.

Su voz sonaba fría a mis oídos; pero aun así y por costumbre, el resto de mi cuerpo reaccionó un poco.

—Irina, ¿qué estás haciendo aquí? —cuestioné con el ceño fruncido y con mi mirada todavía fija en la pantalla del computador; así que sólo podía ver el tono rojo de su blusa y el azul de su pantalón, en mi periferia. Si algo odiaba esa mujer, era ser ignorada, por lo que decidí que esa sería mi estrategia.

—No seas grosero, Edward. Sólo quería saludarte.

Sin siquiera preguntar primero, Irina se abrió paso al interior de mi cubículo. Lancé una mirada furtiva en su dirección y me di cuenta de que observaba los escasos objetos en mi escritorio y frotaba lentamente sus manos sobre sus muslos, de arriba hacia abajo.

—Ya lo hiciste, así que adiós.

—No veo ninguna foto tuya con tu noviecita —comenta aun de pie, frente a mi escritorio—. Recuerdo que solías tener una nuestra, justo en tu escritorio.

"Sí, la tenía" pensé amargamente.

—No creo que...

—¿Sabes qué es extraño? Te vi comiendo con ella en la cafetería, pero había otra mujer aferrada a tu brazo y comportándose muy cariñosamente.

Estaba hablando de Ángela. Por supuesto, estaba allí con ambas. Aparté los ojos de mi computador y miré en su dirección. Ahora que lo pienso, quizás ese haya sido mi error en primer lugar. Cuando la vi no sonreía; pero en el momento en que mi mirada hizo contacto con la suya, las comisuras de sus labios se elevaron lentamente, hasta formar la sonrisa que yo solía adorar.

—Vete, Irina —ordené débilmente.

Su perfume de olor a lavanda me traía recuerdos, algunos incluso gratos, pero todo en mí la rechazaba.

—Adiós, Edward —canturreó sensualmente. Levantó su mano izquierda y movió sus dedos en señal de despedida, para luego lanzar un beso en mi dirección y salir de mi cubículo. Posteriormente, escuché sus botas de tacón grueso emitiendo un sonido grave y hueco por todo el pasillo, hasta que por fin se alejó lo suficiente.

Solté un largo suspiro y dejé caer mi frente sobre el escritorio. Irina no tenía razón para ir tras de mí, ya habíamos terminado hace meses y por deseo de ella, pero a pesar de ello tenía un mal presentimiento. Algo en su postura, en su actitud, en la forma en que estuvo tan dispuesta a dejar el tema; en lugar de hacerme admitir que Bella, no era mi novia.

Había sido fácil. Demasiado fácil.

Ni siquiera tuve que esperar demasiado tiempo para entender ese mal presentimiento; porque unos treinta minutos antes de la hora de salida, Ángela se presentó en la puerta de mi cubículo. De inmediato, supe que algo andaba mal, porque ella nunca bajaba a mi piso. Me quedé viéndola fijamente, llevaba las manos en su cintura, el ceño fruncido y una expresión de furia (no ira, furia).

—Ángela... —pronuncié lentamente su nombre, en un intento de incitarla a calmarse y de darme tiempo para deducir qué estaba pasando y cómo manejarla.

Ella se acercó paso a paso hacia mí, a la vez que yo me ponía de pie. El espacio detrás de mi escritorio, se me hizo muy pequeño y por un momento me sentí como ratón acorralado ¿Qué diablos estaba pasando?

Vi que los labios de Ángela se movían rápida y discretamente, como murmurando algo para sí misma. Su voz me tomó por sorpresa, cuando finalmente se alzó de repente.

—¡TÚ! —exclamó, levantando su dedo índice y señalándome con él.

En ese momento lo supe, no estoy seguro de cómo; tal vez fue simplemente conectar mi visita anterior, con la que tenía en ese momento, pero lo supe.

Irina.

—Ángela, tranquila...

Ni siquiera pude terminar la oración; porque el impacto de su palma rígida y abierta sobre mi mejilla, me calló de inmediato.

—¡No me digas que esté tranquila! —alzó nuevamente su voz, pero luego pareció tomar una respiración profunda y en seguida retomar en un tono más bajo, pero firme —Besaste a otra mujer, mientras estabas conmigo y no quiero volver a verte jamás.

Salió de mi cubículo a grandes zancadas, dejando un enorme peso parecido a un yunque, que cayó en mi estómago y me hundía de a poco. Conocía bien ese peso... era la culpa. Justo antes de atravesar por completo la salida, Ángela giró su cuerpo para encararme nuevamente y, apuntándome su dedo índice hacia mí una vez más, anunció:

—¡Y lávate los dientes! ¡Ese verde te queda ridículo!

Se esfumó rápidamente y aparté un momento la bruma de pensamientos que me había dejado, para rebuscar en mis gavetas, hasta que finalmente, encontré un pequeño espejo. Efectivamente, todos mis dientes estaban cubiertos por un tinte verde limón.


Bella, venganza, Irina, verde limón... hay muchas cosas nuevas aquí, ¿qué tal? ;) siéntete libre de comentar en la ventanita de abajo.

Próximo capítulo: sentimentalmente uno de mis favoritos.

Abrazos.
Alessa.