Hola :)

Saludos a Sony Bells, Yorleny, Liliana R., Jos y a todas las que me escriben y apoyan n_n :) también para Julie :D


Pregunta: Alessa ¿Por qué escribiste "tanto" sobre Ángela?

Respuesta: porque ese personaje representa que "Es fácil amar en el otro una imagen soñada de mi mismo". Sin embargo, el amor no es un sueño, es una realidad, y el hecho de que ella no quede con Edward simboliza que "solo hay pareja en el reconocimiento de los fallos del otro".
-frases de Jesus Galdeano.


Amor o Algo Así

El Amor y El Constante Aprendizaje

Alessa315

EPOV

Irina era una perra. Una perra malvada. Ese era el único pensamiento que hacía eco en mi cabeza, una y otra vez.

Cuando Ángela salió de mi cubículo, faltaban sólo unos minutos para que terminara el día de trabajo; así que apagué el computador y tomé un par de mis cosas. Justo cuando salía de mi cubículo, vi a Bella en la puerta del suyo, hizo ademán de hablarme o detenerme pero la ignoré y seguí caminando con rapidez. Opté por las escaleras en lugar del ascensor, para darle a mi cuerpo la oportunidad de alcanzar a mi acelerada mente. Cuando llegué al primer piso, fui el primero en marcar tarjeta y salir de allí.

Estaba acostumbrado a caminar una cuadra desde la oficina hasta la estación y, desde allí, usar el metro que recorría las 16 cuadras hasta mi apartamento. Pero ni mi mente ni mi cuerpo tenían la más mínima intención de ir más lento, mucho menos de quedarme de pie dentro del vagón por tanto tiempo; por lo que sólo corrí.

Mis piernas daban grandes zancadas por las aceras, mientras mi cuerpo se contorsionaba para esquivar a todas las personas en mi camino. Al cabo de unas cuadras, ya estaba jadeando más que nunca, el aire frío casi quemaba cada vez que entraba por mi boca y mi nariz, e inflaba mis pulmones. Sentía perfectamente la capa de sudor que empapaba mi rostro y mi cuello. Las luces citadinas a mi alrededor no eran más que un borrón, así como el rostro de las demás personas; que probablemente se preguntaban, qué bicho me habría picado. Hice los cruces adecuados en las esquinas adecuadas; pero iba como en piloto automático porque mi mente era una bruma, como una brea lenta y espesa que había sido derramada por la mesa y hacía su camino hasta el piso.

Estaba corriendo, pero no sabía exactamente de qué. Brevemente recordé la bofetada que Ángela me había dado y sentí un escozor en la mejilla. Lamentaba que se hubiese enterado de esa forma, lamentaba haber herido sus sentimientos, pero no lamentaba que hubiésemos terminado. Después de haberla conocido por más tiempo, podía afirmar con certeza y con hechos que Ángela Webber era una mujer hermosa, amable, sociable e inteligente, además de eso sabía que también era muy habladora, le gustaba la vida nocturna y era un poco chismosa. No era perfecta... ni de cerca; pero eso no era algo malo, la clase de defectos que ella tenía no eran de la clase que elimina sus cualidades, sino los que la mayoría de las personas tiene... los que yo también tengo.

Sentía los músculos de las piernas prensados e incluso me ardían, pero no faltaba mucho para llegar y me obligué a continuar. Mi camisa se adhería a mi pecho tanto por la velocidad, como por el sudor que la pegaba allí. La fría brisa chocaba contra mi cara y me hacía abrir más los ojos para distinguir por donde iba. Tuve que hacer equilibrio en un solo pie para no tropezar con una mujer, alta y de cabello rubio claro que caminaba directo hacia mí. No distinguí el resto de sus facciones y sabía que era imposible que fuese ella, pero me hizo pensar en Irina.

Alguna vez, no hace tanto tiempo, yo amaba a Irina... o al menos eso pensaba. La consideraba un sol y su cabellera amarilla sólo me alentaba más a ello ¿Siempre había sido de esa forma? Interesada, vengativa... ¿O simplemente, era eso en lo que se había convertido después de mí? Quería pensar que era lo segundo; pero muy en el fondo, sabía que todo venía de alguna parte.

Toda persona tiene cualidades y defectos, ¿cómo puedes amar a alguien, viendo tan sólo una parte de ella? La parte que más te conviene, la parte ideal. Estaba tan obsesionado con encontrar a la mujer perfecta, pero ¿acaso yo era perfecto? ¿Acaso alguien en la vida real lo era? Estaba haciendo lo mismo con Ángela, lo sabía.

Sentía un dolor en la planta de los pies, cada vez que los afincaba con fuerza en el concreto, un dolor que se abría paso hasta mis tobillos, pero no podía detenerme... "ya casi... casi..."

—¡Edward!

Escuché a alguien gritar a la distancia, pero bien podría haberlo imaginado. Puesto que simplemente seguí.

—¡Edward! —Esa vez, el grito estuvo acompañado por un jalón de mi brazo derecho y no me dio más opción que detenerme.

Me incliné con las manos en las rodillas y jadeé en busca de aire para mis pulmones. Estaba empapado en sudor. Levanté la vista y me percaté de que había sido Emmett; quien me había detenido y me dirigía una mirada de curiosidad con los ojos entornados, similar a la que me daba el resto de la gente en el camino, pero con una sonrisa divertida.

—Yo... —jadeé e intenté hablar, pero sólo conseguí exhalar más aire del que inhalaba.

—Una parte mí quiere saber porque llegaste corriendo hasta acá, en vez de usar el metro —declaró Emmett, mostrando una gran sonrisa—. Pero otra parte, mucho más grande, sólo quiere saber por qué carajos tienes los dientes verdes.

Mi hermano soltó una carcajada y yo me pegué en la frente con mi palma abierta. "¡Los dientes!" recordé de pronto "Un loco corriendo por las calles y mostrando a todos su dentadura verde. Con razón se me quedaban viendo".

Emmett y yo subimos hasta nuestro apartamento. Él riendo y yo, recuperando fuerzas.

Cuando finalmente, entramos a nuestra sala, me dejé caer pesadamente en el sofá y experimenté verdaderamente lo exhausto que estaba. Sentía los apresurados latidos de mi corazón haciendo eco en todo mi cuerpo, especialmente en mis piernas que estaban tensas. Estaba empapado en sudor y me sentía asqueroso. Emmett caminó lentamente hacia mí y se sentó a mi lado.

—¿Ahora sí me vas a explicar todo esto? —preguntó él, sonriendo abiertamente. Yo no veía nada de divertido.

—Yo... no sé... —Las palabras parecían atascarse en mi boca, como si esa parte de mi cuerpo estuviese tan cansada como el resto. Decidí no hablar tanto e irme por lo simple—: Ángela y yo terminamos.

Emmett perdió la sonrisa y soltó un gruñido.

—¡Oh, no! —Se quejó otra voz que se aproximaba hacia nosotros. Levanté la mirada y vi a Jasper saliendo de la cocina y caminando hacia nosotros.

Emmett se levantó del sofá y Jasper tomó su lugar de inmediato.

—¿Qué estás...? —comencé a hablar, pero él me interrumpió.

—Está bien, amigo. Sabes que estoy de tu lado —dijo, mientras colocaba su mano en mi hombro y me daba un apretón. No pasé por alto que, si bien sus palabras eran amables, el tono y la mirada de cansancio decían otra cosa. Era como si estuviese narrando un discurso repetido.

—Gracias —mi respuesta sonó más a pregunta, porque no estaba del todo seguro de lo que Jasper estaba haciendo.

—Siempre supe que era una perra malvada ¿Quieres que llame a Alice y le diga que traiga un envase de helado extra grande? Menta con chocolate, ¿cierto?

—No... Jasper... gracias, pero estoy bien. Estoy muy cansado, solamente quiero darme una ducha y dormir.

Pareció que le hubiese dicho lo más bizarro del mundo porque sus ojos se ensancharon de sorpresa.

—¿Dormir? Pero eso no es hasta la fase dos, pensé que acababan de terminar.

—¿Fase dos? ¿Qué carajos estás diciendo?

Emmett asomó su cabeza por la puerta de la cocina y me le quedé viendo, esperando a que me diera una explicación.

—No me mires a mí. Yo no tengo nada que ver en esto —Se encogió de hombros y volvió a la cocina.

En la sala retumbó el eco de alguien tocando a la puerta y no pensaba molestarme en abrir, pero Jasper se levantó velozmente y abrió la puerta sin pensarlo dos veces.

—¡Hola! Traje lo que me pidieron —dijo Alice levantando las bolsas que llevaba en sus manos.

Noté algo raro en su apariencia y me percaté de que ahora no tenía que bajar tanto la mirada para verlas los ojos, es decir, estaba usando tacones.

—Edward y Ángela terminaron —susurró Jasper, pero muy audiblemente. El pobre nunca se caracterizó por ser "prudente".

—¡Oh, no! ¡No, no, no! —gimió Alice, con ambas cejas arqueadas y dándome una mirada que emanaba lástima —¿Por qué no me dijiste que trajera el helado? —reclamó, esta vez dirigiéndose a Jasper.

Mi amigo aprovechó y me dio una mirada de "te lo dije".

—Alice, Jasper estaba hablando de algo sobre la fase dos ¿Qué carajos quiere decir eso?

Por mi visión periférica, noté que Emmett emergió nuevamente y se recostó en la pared del fondo con los brazos cruzados, mirando atentamente nuestra confrontación.

Alice le lanzó una mirada letal y después se quedó observando el suelo. Jasper miraba a todos lados menos hacia mí. Estaba a punto de hacer otro reclamo pero Alice habló primero.

—TusFasesDeRompimiento —masculló entre dientes.

—¿Qué?

—Son... —Comenzó a hablar con fuerza; pero cuando me vio a los ojos, volvió a desviar la mirada y su tono bajó —son tus fases de rompimiento. Primero, comer; segundo: dormir; tercero: beber; cuarto: superarlo.

Inhalé profundamente dos veces y miré hacia la ventana que daba a la calle, la mitad del panorama no era más que la piedra gris opaca del edificio de en frente; pero la otra mitad mostraba el cielo azul oscuro y la blanca media luna a lo lejos. Tuve que hacer esto porque prácticamente podía sentir la ira calentando mi sangre y recorriendo mi cuerpo. Me sentía humillado, frustrado, enfurecido... era un compendio amplio.

Tomé aire nuevamente porque sabía que al hablar, difícilmente podría controlar mi ira del todo; sin embargo, me mantendría firme.

—Déjenme dejarles algo bien claro: contrario a las creencias que tienen sobre mí, yo no soy ningún niño al que tengan que estar cuidando y siguiéndole el juego, no soy su pequeño proyecto al que pueden observar y predecirlo. Soy un adulto y esta amistad no se trata de eso; así que gracias... —Hice una pausa y paseé mi mirada sobre las tres personas en la habitación, para dejar en claro que esto aplicaba a todos— pero no gracias.

Ante su silencio me dirigí hacia mi cuarto y me encerré allí con un portazo. Después de una larga y bien merecida ducha (y de cepillar con ahínco mis dientes por varios minutos para eliminar el color verde de ellos), caí sobre mi cama como un bloque. Con tantas revelaciones, pensé que tendría demasiadas cosas en mi cabeza como para lograr dormir o descansar un poco; pero por fortuna, el cansancio me ganó por completo y me quedé dormido, casi tan pronto como mi cabeza tocó la almohada.

Quizás debería correr más a menudo.

Lo primero que hice el día después de correr hasta mi casa, fue buscar a Ángela y darle la tan merecida disculpa que ella requería y el tan merecido cierre que ambos necesitábamos. Ese día a primera hora, hice mi camino hasta el piso donde se encontraba Ángela y di tres toques a la puerta de su oficina. A diferencia de mí, ella no trabajaba en un cubículo sino que tenía cuatro paredes y una puerta color nogal, con una elegante etiqueta dorada que decía "Licenciada Weber" en letras negras.

—Pasé —dijo ella. Abrí la puerta y la vi sentada tras su escritorio, con la mirada fija en un montón de papeles. Una de sus manos sostenía un bolígrafo; cuya punta ella mordía levemente, mientras que su otra mano se alzó para levantar su dedo índice hacia arriba—. Dame un momento.

Su tono era suave y un gran contraste a lo que había escuchado antes; parecía extraño que procediese de la misma persona. Cuando finalmente, bajó los papeles y centro sus ojos en mí, su rostro se mantuvo inexpresivo.

—Hola —dije débilmente. No sabía si me iba a encontrar con la Ángela que había irrumpido como un huracán en mi espacio de trabajo, o con la amable y sociable mujer que conocía.

—Edward —pronunció mi nombre en un tono monocorde. Como si estuviese procesando en voz alta, el hecho de que yo me encontraba allí, en su oficina.

Inhalé profundamente y recordé lo que había analizado el día anterior. Ya no era un niño, sino un adulto. Los adultos piensan antes de actuar, asumen sus responsabilidades y afrontan las consecuencias... al menos era la clase de adulto que estaba aprendiendo a ser y debía comenzar justo allí, con ella.

—Ángela, quiero pedirte disculpas por lo que hice y por no tener las agallas de decírtelo yo. Mi intención no era herirte; pero lo hice, y lo siento mucho.

Finalmente, su expresión se suavizó.

—La noche de la fiesta, yo no estaba enferma. Estaba en casa... con Ben.

El nombre me era vagamente familiar y, de repente, me acordé. Ella lo había nombrado en un par de ocasiones. Era su antiguo prometido.

—Tu...

—Antes de que lo pienses, la respuesta es no —interrumpió, levantando sus manos con las palmas abiertas hacia mí—. No hicimos absolutamente nada. Él simplemente, llegó sin avisar. Dijo que quería hablar, yo también tenía unas cosas de decirle y no me atreví a contártelo; así que necesitaba una excusa para darte.

Me confundía tanto la mentira como su larga explicación que en realidad, yo no tenía la intención de pedirle. No era quien para culparla por hablar con su ex, después de que yo había hecho más que hablar con Bella.

—No te estoy juzgando, Ángela. También quería decirte...

—Eres un gran hombre, Edward, y eres muy dulce; pero no estoy lista para entrar en otra relación, si aún estoy pensando en alguien más.

Escucharla fue como si hubiese leído las palabras en mi mente y no pude hacer nada más que sonreír. Debió haber notado algo en mi expresión, porque en seguida se tapó la boca con las manos y ensanchó los ojos.

—Disculpa, te interrumpí otra vez. Es que cuando tengo muchas cosas pasando por mi cabeza, me cuesta un poco no decirlas en voz alta —sonrió un tanto avergonzada.

Francamente, era algo que ya había descifrado desde hace mucho tiempo, pero no iba a decirle eso en lo absoluto.

—Me alegra haberlo aclarado —sonreí de vuelta.

Di media vuelta, abrí la puerta y estaba a punto de salir, cuando Ángela me llamó nuevamente.

—¡Edward! Por cierto, dile a Bella que estamos bien —Sus palabras me detuvieron en mi puesto, di media vuelta y enarqué una ceja en su dirección—. Ella se acercó a mi esta mañana, por no decir que me emboscó.

—¿QUÉ?

Aunque todavía estaba sonriendo y no sonaba en lo absoluto molesta, yo sí que lo estaba.

—¿No te lo dijo? Estaba a primera hora en la puerta de esta oficina. Me explicó todo lo de la bruja horrible de tu ex-novia, que ahora sale con Phil y todo lo demás. Yo ya había pensado muy bien lo que yo misma había hecho con Ben; así que en realidad ya no estaba enojada, pero aun así ella parecía preocupada.

—¿Pero cómo supo que tú...?

—Aparentemente no fui muy "discreta" o "silenciosa", cuando irrumpí ayer en tu cubículo y te cacheteé —anticipó. Tenía una mueca en su rostro que denotaba vergüenza e incluso timidez (algo muy extraño de ver en Ángela Webber)... y estaba haciendo comillas con los dedos nuevamente. Solo podía esperar que ese no fuese un presagio.

Solté un largo suspiro, me despedí de ella con un gesto de mi mano y salí de allí pensando en las varias particularidades de Isabella Swan.

Por una semana, logré hacer algo que podría haberse considerado "imposible": Evité a Bella.

Tuve que emplear todas las estrategias que pude imaginar, desde llegar al trabajo a la hora exacta en que ya debíamos comenzar a trabajar, hasta comer fuera. Incluso, tuve que mantenerme ocupado todo el tiempo, para que cuando se acercara a mi cubículo, pudiese decirle que estaba "muy ocupado" sin que fuese una mentira. Nuevamente, mi desempeño laboral era mejor que nunca y Phil incluso me llamó a su oficina para felicitarme. Con todo lo que estaba pasando, me di cuenta de que estaba terminando mis trabajos más rápidamente y eso no me convenía; así que estando en la oficina de Phil, se me ocurrió la brillante idea de ofrecerle mi ayuda para cualquier cosa que necesitara. Sin pensarlo dos veces, Phil aceptó mi ayuda y por los siguientes dos días, prácticamente me había convertido en su segundo asistente personal. Amy, su verdadera asistente personal, me lanzaba miradas venenosas, como si yo estuviese tratando de quitarle su puesto y... supongo que para cualquiera hubiese parecido igual, excepto que para mí era la salida fácil para evitar mi vida.

"Lo siento, Amy".

Cuando estaba regresando a mi cubículo, con nuevas asignaciones pendientes, me encontré con la imagen de Mike; inclinado en el marco de la puerta, del cubículo de Bella. Él estaba posicionado de modo que la mitad de su cuerpo estaba en el pasillo y en mi campo de visión, pero su rostro estaba oculto y asomado en el cubículo. Procuré ignorar su presencia y caminé silenciosamente el resto del pasillo y hasta tomar mi lugar detrás de mi escritorio. Desafortunadamente, una vez allí, me di cuenta perfectamente de cómo Bella se había enterado de lo de Ángela: podía distinguir bastante bien todo lo que Mike y Bella decían al otro lado.

—¿Qué te parece si vamos esta noche? —preguntó Mike, con un claro entusiasmo en su tono.

—Esta noche no puedo —respondió Bella, sonando realmente contrariada—. Pero esta semana lo haremos, ¿sí?

Hice lo posible por evitarlo; pero ese "lo haremos", me hizo pensar cosas que provocaron un retortijón en mi estómago.

—Está bien, tranquila. Me alegra que te guste. Nos vemos.

Antes de detenerme a procesar que había querido decir Mike con esas palabras, escuché el sonido característico de un beso. Perfecto, pensé amargamente. Siempre podía ser sólo un beso en la mejilla, ¿cierto? Sin siquiera pensarlo, me levanté sigilosamente de mi asiento y me afinqué en el marco de mi puerta y me asomé un poco hacia afuera. Bella estaba en el pasillo con Mike, los dos continuaban hablando y su tono había bajado considerablemente. Estaba a punto de volver a mi asiento, cuando vi a Mike inclinarse y dejar un suave y breve beso en los labios de Bella, y ella correspondió.

Sacudí mi cabeza y volví a mi lugar tras mi escritorio. Comencé a teclear sin prestar mucha atención a lo que hacía, causando más ruido de lo normal.

—Cuidado, Edward, vas a romper el teclado —bromeó una voz masculina, desde la entrada de mi cubículo.

Volteé hacia el lugar y vi a Mike con los brazos cruzados y una gran sonrisa. Sus discretas gafas sin marco descansaban sobre su nariz.

—Hola, Mike.

—¿Quieres unos panecillos? Bella ya había comido; así que sobraron algunos —ofreció amablemente.

Aguanté las ganas de rodar mis ojos. En realidad no había dicho nada malo; pero ese precisamente era el problema para mí en ese momento: El tipo era muy genial. En serio, incluso era lo que todos en la oficina solían decir, "Mike el genial", o lo que sea. Sólo había coincidido con él en algunas ocasiones; pero incluso en esas breves conversaciones, me di cuenta de que era cierto. Tenía varios contactos y anécdotas chistosas, y era amable todo el tiempo. Cuando le tocó mi nombre en el intercambio de regalos la navidad pasada, se tomó la molestia de averiguar que me gusta el Señor de los Anillos y me regaló una versión miniatura de Gandalf para mi escritorio ¿Quién hace eso para un regalo de oficina? ¡Nadie! Yo le regalé a Phil una corbata y alguien le regaló a Bella una engrapadora ¡Esos son regalos de oficina!

En un intento de evitar que invadiera más mi lugar de trabajo, me levanté y llegué hasta él para recibir la bolsa que me extendía.

—Gracias, Mike —mascullé.

—No te preocupes —sonrió y me dio una palmada en el hombro. Esa era otra cosa sobre él, tenía los brazos de un nadador profesional—. Por cierto, tengo un amigo en la calle Roosevelt que puede conseguirte el resto de la colección de la figura de Gandalf.

—¿En serio?

No quería sonar tan emocionado como niño en dulcería, de verdad que no, pero no pude evitarlo. Mi escritorio se vería mucho más genial así.

—¡Claro! Dile que Mike Newton le manda saludos y quizás te rebaje un poco el precio —Mis ganas de odiarlo y de darle las gracias chocaron en mi interior, dejándome confundido, sentí que en mi rostro se formaba una mueca—. Hey, Edward, ¿estás bien? Te ves un poco verde.

—¿De la envidia?

—¿Qué dijiste?

—Nada. Gracias por todo, Mike, no quisiera correrte —"En realidad sí"—, pero tengo mucho trabajo que terminar; así que...

—Tranquilo, yo entiendo. Nos vemos luego —Hizo un gesto con su mano y finalmente se fue.

Solté un largo suspiro y, llevado por un impulso, me acerqué a la papelera que estaba junto al marco de la puerta, con la intención de deshacerme de sus panecillos; pero me detuve justo a tiempo... los muy malditos olían muy bien y aún estaban tibios. "Mierda".

—¡Hey! —exclamó Bella, apareciendo de la nada junto a mí ¿Habría escuchado mi breve encuentro con Mike, como yo la había escuchado a ella? Por suerte, ella misma se encargó de responder a mi pregunta, con un gran y hermoso "no"—Estaba en la oficina de Phil, consultándole algo y te vi desde el pasillo.

—Hola —saludé. Me incliné en la pared y mis ojos vagaron un poco más de la cuenta por los detalles de su rostro. Nunca había notado la sombra bronce sobre sus ojos y me pregunté si era algo de todos los días.

—¡Hasta que por fin te encuentro! No pude hablar contigo en toda la semana.

—He estado ocupado, pero... ya estoy acá —aún no había tomado una decisión acerca de lo que haría con Bella; pero al hablar con ella, me di cuenta de que la solución era mucho más simple. No había nada qué pensar.

—Eso veo —sonrió por un momento; sin embargo, volvió a enseriarse rápidamente—. Escucha, me enteré de lo de Irina y Ángela. Lo siento muchísimo, siento que en gran parte fue mi culpa y quiero que sepas...

—Bella, Bella, tranquila —Levanté ambas palmas en señal de alto y luego las puse sobre sus hombros. Sonreí al sentir nuestra diferencia de estatura—. Ángela y yo lo resolvimos.

—¡Oh! O sea que ya...

—...terminamos —completé.

—¡Oh, no! —gruñó por lo bajo— ¿Por eso no querías verme? ¿Estás deprimido? ¿Ya estás bebiendo otra vez? Porque sabes que no creo que eso sea lo mejor...

—No, no, no. Espera... ¿Qué? —¿beber? ¿Acaso ella también me tenía dividido en fases como Jasper y Alice?

—No lo sé, a veces lo haces... eso creo —Su expresión era de confusión y sabía que así estaba porque llevaba varios minutos con mis manos sobre sus hombros y no había hecho nada por separarse; lo cual es muy raro en Bella, porque sabía muy bien que a ella no le gustaba mucho el contacto físico.

—No, Bella. Sólo nos dimos cuenta de que no somos lo que el otro quiere —"Tú eres a quien quiero"—. Estoy bien.

—Ok —respondió más tranquila—. Me alivia que lo estés tomando tan bien. Parece que esta intervención, no fue tan mala después de todo, ¿no?

—En lo absoluto.

La verdad era que su "intervención" fue lo que me ayudó a notar varias cosas sobre mí y, muy especialmente, me ayudó a notarla a ella.

—Bueno, ya me voy...

—Hey, ¿quieres hacer algo esta noche? —solté sin pensar.

—Ah... ¡claro! ¿Cómo qué?

—Nos vemos en la 57, a las 8pm.

Bella me sonrió y entornó sus ojos con suspicacia —Esta bien, nos vemos allí.

—¡Sí! —exclamé alegremente. Quizás un poco más de lo usual, ya que Bella arqueó una ceja y se alejó de mí para volver a su cubículo.

Cuando finalmente volví a mi asiento, me tomé un segundo para lanzar un puño al aire y bailar mis hombros en una celebración silenciosa.

Esta noche, sería mi primera cita con Bella, como algo más que amigos... aunque ella no lo supiese todavía.


Bien, este es el cierre definitive del personaje de Angela ¿Qué te pareció?

PD: Personalmente no creo que Ángela sea una perra jaja solo creo que es humana (con defectos)... y también creo que nos gusta MUCHO que nuestros Edwards estén con sus Bellas :$ jaja me pasa lo mismo.

¿Muchas ganas de ver qué pasara ahora? Queda lo más divertido jaja

Bella Swan ¡Allá Vamos!