Más de 4000 palabras después y aquí estoy otra vez :D gracias por su apoyo y los más de 200 Reviews :')

Mi beta, Julie, revisó el capítulo en MENOS de 24Horas y gracias a ella lo estan recibiendo HOY y no luego jaja Gracias Julie :D

¿Ya saben que los nombres de Meyer, que la trama es completamente mía, que esta historia esta protegida por derechos de autor y que su reproducción sin mi previa autorización escrita es ilegal? ¡Si lo saben! ¡Genial! :D

¡Enjoy!


CAPÍTULO 15

El Amor y Las Sutilezas

EPOV

—¿QUE YO QUÉ? —cuestionó Bella, alzando su voz. Su expresión era una mueca, entre sorpresa y horror. Me hizo saber que si la dejaba ir así, todo iría mal... todo iría muy mal.

Dio media vuelta y salió del lugar a grandes zancadas. Sin pensarlo dos veces salí tras ella y terminamos en la sala de fotocopias, que generalmente se encontraba desierta a esa hora de la tarde. Especialmente porque en la actualidad, casi toda la información de la empresa se guardaba en respaldos digitales para así, ahorrar dinero y contribuir al ambiente. Ok, tal vez no tanto por el ambiente y más por el dinero.

—Bella, no te vuelvas loca...

—¿LOCA? —cuestionó ella, levantando su dedo índice en la señal universal de "cuidado" (o de "dame un minuto", pero supuse que sería lo primero)

—Una lección para el resto de tu vida, Edward: Jamás le digas loca a una mujer... incluso si lo está… un poco —Lo último, fue sólo un murmullo.

—Está bien, es cierto; pero Bella... no es gran cosa...

—¿NO ES GRAN COSA? ¿Acabo de escuchar que te gusto, aparentemente mucho y me estás diciendo que no es gran cosa? ¿Acaso te conoces? ¡Todo lo relacionado contigo es una gran cosa!

Inhalé profundamente y traté de contener la risa; pero no pude y terminé teniendo que cubrirme la boca con mi mano.

—¿Se puede saber, qué te parece tan gracioso?

—''Todo lo relacionado conmigo es una gran cosa'' —cité sonriendo—. Es extraño que lo sepas considerando, que nunca me has visto desnudo; pero...

—¡Edward! Estamos teniendo una conversación seria —objetó ella. Aunque podía ver los extremos de su boca torcerse un poco hacia arriba, en una sonrisa reprimida.

—Créeme, te lo digo completamente en serio —confirmé ligeramente.

A duras penas logré ver un atisbo de su sonrisa, después de tres segundos se había ido por completo y sin dejar huella.

—Edward, Edward, Edward —chilló Bella, frotando sus manos en su cara, mientras yo hacía lo posible por no imaginarla gimiendo así, en otro contexto… muy diferente— ¿Qué diablos te pasa? ¡Con razón… ibas tan bien con Angela! ¡Simplemente cambiaste de lugar la bomba de tiempo y la apuntaste hacia mí!

—Estás haciendo esto más grande de lo que realmente es —argumenté—. Me gustas un poco, pero...

—¿Un poco? —cuestionó, con una ceja arqueada— ¿Desde cuándo a Edward Cullen le gusta alguien, sólo "un poco"?

Genial. Las comillas con los dedos, habían vuelto a hacer su maldita aparición en mi vida. Eso nunca era una buena señal.

—Desde que mis amigos, incluyéndote a ti, me obligaron a reevaluar mi situación —expliqué sinceramente. Ya no era yo tratando de calmarla ni convencerla diciendo verdades a medias. Era, simplemente la verdad.

Ella soltó un suspiro, relajó notablemente su postura y lo recto que se veían sus hombros, y se recostó contra la gran maquina fotocopiadora que estaba a su lado. Lentamente, caminé hacia ella e imité su posición, recostándome a su izquierda. En el silencio que se cernió sobre nosotros, me percaté del papel amarillo adherente que estaba en la mesa, a mi derecha. Bella había volteado su cabeza en la dirección contraria a mí; así que aproveché de tomar uno de los papeles cuadrados y de sacar el bolígrafo de mi bolsillo.

—Eres una persona complicada, Edward —declaró. Congelé mis movimientos, con sólo media palabra escrita sobre el papel y la tapa del bolígrafo aún en mis labios. Pensé que me había atrapado; sin embargo, cuando la miré nuevamente, me di cuenta de que tenía su mirada en dirección opuesta, entonces continué mi labor—. Yo no quiero esas complicaciones en mi vida.

Tapé mi bolígrafo, lo guardé y escondí la nota en la palma de mi mano, con la parte adherente hacia afuera.

—Entonces lo simplificamos, Bella. Tú me gustas —Cuando dije eso, ella volteó a verme con una leve, casi inexistente, sonrisa—. No voy a presionarte. Si tu no sientes lo mismo lo dejamos así; pero si existe la posibilidad de que sientas algo... —Pausé, en caso de que ella quisiera decirme que no había posibilidad alguna; pero no lo hizo, e inmediatamente supe que esa era mi oportunidad— si existe la posibilidad de que sientas algo, ten por seguro que voy a aprovecharla.

—Edward...

—No me des una respuesta ahora, no te la estoy pidiendo. Ya te dije que no hay presiones y lo digo en serio —sonreí.

Empujé ligeramente su hombro con el mío y le mostré mi lengua en un gesto infantil, al que ella respondió de igual manera. La tensión en sus hombros, parecía estar disminuyendo.

—Eres extraño cuando no te complicas —sonrió— ¿Quién eres y qué hiciste con Edward?

—No te equivoques —susurré, al mover mis labios peligrosamente cerca a su oído—.

Aún voy a conquistarte, sólo quiero que lo disfrutes.

Ella no pareció darme otra respuesta que permanecer en su sitio y eso era suficiente por el momento. Aproveche para colocar mi mano a la mitad de su espalda y hacer un poco de presión, a la vez que terminé de unir mis labios con la piel de su mejilla, dejando un casto beso más largo de lo habitual.

En lugar de esperar su reacción, salí de la sala de copiado y directo a mi cubículo. Sobre mi escritorio había un papel amarillo como el que yo había usado pero con la enorme caligrafía de Emmett, decía: "Disculpa por asustar a Bella. Nos vemos en casa. Lo de Rosalie empieza hoy". La palabra ''hoy'' había quedado torcida y en una esquina de papel, por la falta de espacio que no había calculado.

La tarde transcurrió tranquila; no obstante, sabía que era cuestión de tiempo para que Bella se diera cuenta de lo que había hecho y viniera por mí.

Tal y como lo había predicho, cuando faltaban sólo quince minutos para la hora de salida, Bella llegó a mi cubículo hecha una furia.

—¡Edward Cullen eres un maldito! —declaró entre dientes y con su ceño profundamente fruncido. Lo admitiré, no era mi imagen favorita de ella; pero en ese momento, era necesario.

—¡Bella! ¿Se te antoja un abrazo? —sonreí ampliamente.

Dio tres grandes zancadas hasta mi escritorio y estrelló su palma fuertemente contra la madera, al apartar su mano dejó ver el papel amarillo con la palabra "ABRAZAME"; que había pegado en su espalda, desde medio día.

—¡Llevo horas con eso colgado en mi espalda y he estado recibiendo abrazos de más de media oficina! —reclamó y me apuntó con su dedo índice.

—¿Necesito recordarte; que tú me hiciste pasar toda una tarde, con los dientes verdes?

—¡Media oficina, Edward! ¡Con abrazos! —repitió, como si no me hubiese escuchado— Hoy tuve reunión con los de programación y la señora Pope me dio como cinco abrazos, en un espacio de treinta minutos.

Solté una enorme y muy sentida carcajada, que agitó mi barriga y todo mi cuerpo. A Bella no le gustaba mucho el contacto físico, eso lo sabía; sin embargo, la señora Pope era todo lo contrario. La mujer podía llegar a una sala con treinta personas y se tomaba el tiempo de pasar por cada una y regalarles un apretado y largo abrazo que te dejaba con olor a cilantro y algunos pelos de su perro, Scrabbers, sobre tu ropa. En su defensa, la mujer hacía una deliciosa salsa de cilantro. La pobre era tan simpática, que nadie se atrevía a rechazarle un abrazo por el riesgo de partirle el corazón, pero recibir cinco en tan poco tiempo debía ser un reto.

—Ay, Bella…

—Tú sabes que no me gusta estar pegada a la gente...

—Lo sé, lo sé —sonreí, cuando recobré el aliento— ¿Te parece si declaramos todo esto, un empate?

Le extendí mi mano como ofrenda de paz y ella seguía mirándome con el ceño fruncido; pero aun así, tomó mi mano. Aproveché el momento para halarla suavemente hacia mí, quedando frente a frente y con su rostro a sólo un par de centímetros del mío. Tengo que admitir; que no era ninguna "movida de conquista" por mi parte, simplemente quería sentirla así de cerca, otra vez. No llevaba una goma de mascar en su boca; no obstante, podía sentir el dulce olor de la que probablemente, estuvo allí hace un par de minutos.

—Tengo nueva información —susurré, mientras la miraba a los ojos.

En lugar de responder de inmediato, su mirada vagaba en la extensión de mi rostro, como si de cierta forma estuviese detallando mis facciones por primera vez o quizás como si intentara memorizarlas.

—¿Qué? —replicó, varios segundos después.

—La información que me pediste sobre Emmett —expliqué—, la tengo.

Después de algunos segundos, pareció enfocar su atención nuevamente en lo que le decía y finalmente respondió:

—¡Oh! ¿Qué... qué averiguaste? ¿Va a terminar con ella?

Su pregunta me pareció tan absurda, que no pude evitar perder la compostura y soltar otra carcajada que rompió nuestra pequeña burbuja. Ella soltó mi mano y recuperó su espacio personal al distanciarse un poco.

—Lo siento, es que eso no tiene sentido. Emmett adora a Rosalie, por supuesto que no va a dejarla ¿De verdad pensabas eso?

Con razón estaba tan preocupada.

—No soy yo quien lo piensa, es Rosalie.

—¿QUÉ? —Oh, no. Eso estaba mal, estaba muy, muy mal— ¿Cómo va a pensar eso? ¡Ella debería saber mejor que cualquiera, que eso no es posible!

—¿Cómo se supone que puede saberlo? ¡Ella no es adivina! El ha estado actuando muy raro últimamente y quizás está confundida.

—¡Ella tiene mucho tiempo conociéndolo! ¿Cómo va a pensar mal de él?

—¡Quizás él está actuando de forma tan distinta que ella ha empezado a cuestionarse algunas cosas!

Estaba a punto de escupir otra respuesta, cuando me di cuenta de cómo lucíamos. Nuestras respiraciones agitadas, puños cerrados y mirándonos directamente a los ojos, peleando una batalla que no era la nuestra... o tal vez era todo lo contrario. No tenía idea de cómo el ambiente entre nosotros había cambiado tan bruscamente. Ella también pareció percatarse porque abrió sus puños y relajó su postura.

—El punto es que no tiene nada que ver con eso y sería bueno que se lo hicieras saber a Rosalie —Ella asintió y cruzó los brazos sobre su pecho— ¿De casualidad te dijo, cuál fue el detonante del extraño comportamiento de Emmett?

—Sólo me dijo que habían hablado de algunas cosas y de repente él... cambió.

—Aparentemente, la conversación tenía algo que ver con matrimonio.

Bella me miró fijamente y pasó una mano por su cabello.

—El imbécil se asustó y ahora quiere dejarla. Típico comportamiento masculino, cuando no pueden ver una mujer independiente...

—Bella —interrumpí tajantemente, su ataque feminista.

—¿Qué?

—Emmett quiere pedirle matrimonio, pero no tiene idea de cómo hacerlo.

—¡Oh! —Desvió la mirada y pareció avergonzada— Bien. Rosalie va a estar encanta, cuando le diga...

—¡No! No puedes decirle.

—¿Por qué? Se va a alegrar cuando...

—¡No! —interrumpí de nuevo y pude notar que comenzaba a molestarse.

—Emmett quiere pedirle matrimonio y, por lo que sé, Rosalie quiere algo especial. Entonces, será mejor que sea una sorpresa.

—Está bien —cedió a duras penas.

—Bien, porque voy a necesitar tú ayuda.

—Ayyy, no —chilló.

Sonreí abiertamente y estaba a punto de decir algo más, cuando la calva cabeza de Jerry, el señor de mantenimiento, hizo su aparición en mi puerta.

—Uhm, chicos, ya estamos cerrando el edificio. Sé que les gusta la oficina y todo pero, ¿podrían continuar afuera?

—¡Oh! Disculpa Jerry. Ya nos vamos —sonrió Bella

El espeso bigote gris del hombre, se movió hacia los lados; por lo que me dio a entender, tenía una sonrisa cubierta de pelo.

—Está bien, Bella. Hey, la señora Pope me dijo que estabas pidiendo abrazos el día de hoy ¿Te importaría si te doy el mío ahora?

Bella volteó a verme un momento y; aunque mantenía una sonrisa, ésta parecía más una mueca; debido a lo mucho que había ensanchado sus ojos, como gritando "Sálvame" ¿Qué podía hacer yo? Cuando ella notó que yo no hacía nada, su mirada retornó al pequeño hombre, quien la esperaba con expresión expectante.

—Claro... Jerry... seguro —masculló entre dientes.

El hombre abrió sus brazos ampliamente, mientras que Bella apenas y separó los brazos de su cuerpo, en una pose un tanto robótica. Era el abrazo más incómodo que había presenciado en mi vida. Con Jerry todavía dándome la espalda y apretujando a mi amiga entre sus brazos, Bella logró captar mi atención. Sin emitir sonido alguno, sus labios formaron las palabras que me hicieron saber que nuestra "tregua" probablemente no duraría demasiado:

VAS A PAGAR

"Sí, Bella" pensé, "cuento con eso".

La noche siguiente, todos los asientos disponibles en la sala de mi apartamento, estaban ocupados por alguien. Jasper y Alice estaban el sofá, Emmett en el sillón, Bella en el taburete junto a éste último y yo estaba sentado en el otro taburete frente a todos.

—Todos sabemos la razón de esta reunión, ¿cierto? —Ante mi pregunta, todos los presentes dieron su opinión a la vez que levantaban su mano.

—La ineptitud de Emmett —ofreció Jasper.

—La carencia de una verdadera educación emocional, en el género masculino —comentó Bella.

—La necesidad de traer de vuelta al romanticismo —aportó Alice.

—La falta de un oficio que ocupe el tiempo de todos ustedes y la falta de discreción por parte de mi hermano —culminó Emmett con desdén.

—No te quejes, que estamos aquí para ayudarte —replicó Bella.

—Eso es cierto —intervine—. Creo que un par de nosotros tenemos algunas ideas; así que comencemos.

Alice se levantó de su asiento y caminó ceremoniosamente hacia donde yo estaba, mientras que yo le cedí mi silla. En lugar de ir a sentarme en el asiento vacío junto a Jasper, me paré junto a Bella, inclinándome en la barra de la cocina que estaba a su lado y dejando mi cuerpo muy cerca de ella.

—Muy bien —dijo Alice. Pausó para aclararse suavemente su garganta y continuó—: yo propongo un restaurante lleno de muchas personas, una banda con violines, cientos de flores y Emmett cantando "Amazing" de Bruno Mars y sosteniendo un anillo con una enorme piedra.

El silencio en la sala fue absoluto.

—Ok, siguiente —anuncié.

—Pero... pero...

—Ya, mi amor —añadió Jasper tomando la mano de Alice y halándola para que se levantara del taburete—. Déjalo así.

De forma muy renuente y con un puchero en su rostro, Alice volvió a tomar su lugar en el sofá con los brazos cruzados sobre su cuerpo.

—Bien —dijo Jasper al sentarse en el taburete frente a todos—, ya sabemos que Rosalie está más que lista para decir que sí, por lo que yo propongo la simpleza: recibirla en la sala de su casa con anillo en mano. Es todo.

—¡Oh, por el amor de Dios, Jasper! ¡No se trata de pedirle que sea su compañera en biología! ¡Es matrimonio! —exclamó Alice con sus manos al aire y dando un suspiro, con una mirada de indignación— Bella, por favor ayúdame a iluminar un poco a estos hombres trogloditas.

Bella se removió de forma incómoda en su lugar y al mirar hacia ella, me di cuenta que desde esa posición tenía una gran vista de su escote y el borde morado de las copas de su sujetador.

—No tengo mucho que agregar. En realidad, no sé que estoy haciendo aquí, debería irme.

Apenas noté que hizo amago de levantarse de su asiento, coloqué mi mano en su hombro y la mantuve allí.

—No te vas a ningún lado. No hemos terminado.

Cuando sus ojos se posaron en mí, lucía nerviosa; así que aflojé un poco mi agarre, acaricié su hombro con mi pulgar y le di una sonrisa.

—Muy bien, Romeo —intervino Emmett—. Ya puedes deleitarnos con tu gran idea.

Por más extraño que parezca, las palabras de Emmett no sonaban tan sarcásticas como quizás deberían haber sido.

Me incliné hacia adelante, hice contacto visual con todos y cada uno en la sala y finalmente respondí:

—No tengo nada.

Tal como lo esperaba, todos soltaron un gruñido, mientras que yo solté una carcajada. Bella me observaba con suspicacia.

Me aparté de su lado y le di la vuelta a la barra de la cocina, para llegar a la nevera y servirme un vaso con agua. Para mi sorpresa, Bella me siguió.

—No te creo —susurró y reclinó su peso sobre la puerta de la nevera de modo que ya no podía abrirla.

—¿De qué hablas?

—No creo que tú, el chico amor, no tengas al menos alguna sugerencia para que tu hermano se case con su novia —Me hablaba con el ceño y los labios fruncidos.

—¿Por qué estás tan molesta? —cuestioné en voz baja, para que los demás no nos oyeran.

—No estoy molesta —Si, claro—. Es sólo que tú estás actuando extraño, tú no eres así.

Suspiré y reprimí una sonrisa para luego, acercarme más a su rostro y responder —Bella, no se trata de actuar extraño sino de hacer algo que no había puesto en práctica en mucho tiempo: no precipitarme.

Ella continuó observándome con recelo, como si intentara ver algo tras mis palabras o mi expresión.

—Ok, bien —cedí—. Admito que no es tan fácil como lo hago ver. No es nada fácil tener que ignorar la posibilidad de ordenarle a mi hermano qué hacer, de poder incluir algo particularmente vergonzoso y de darle rienda suelta a mi cabeza para poder pensar en lo grandioso que es encontrar al amor de tu vida. Pero lo estoy haciendo; así que realmente prefiero que no me presionen —puntualicé, casi sin aire por haber dicho todo aquello sin darme un respiro.

En ese momento su ceño se disipó.

—Está bien. Sin presiones —sonrió.

Respiré profundo y coloqué mi mano en su cintura. Bajo mis dedos, sentía el pequeño espacio de piel que su camiseta dejaba ver.

—Si cediera ante todo eso, hace mucho tiempo te habría besado otra vez —sonreí de vuelta.

Su semblante tambaleó un poco, pero se recompuso rápidamente.

—Ya me besaste ayer —bromeó, haciendo referencia al beso que le había dado en la mejilla.

—No estoy hablando de eso —repliqué, mirando fijamente sus labios. Casi podía imaginarme el olor a canela. Sin embargo, cuando devolví mi mirada hacia la parte superior de su rostro, noté el ligero matiz de pánico en sus ensanchados ojos.

—¡Edward! —llamó Alice a mi derecha y tanto Bella como yo volteamos. Mi amiga me esperaba sola con mirada expectante —¿Puedo hablar contigo un momento? Emmett simplemente no quiere entrar en razón.

—Claro —accedí enderezando mi posición. Bella continuaba mirando en dirección a Alice; por lo que aproveché para acercarme nuevamente y dejar un beso en su mejilla, cuando estaba por apartar mis labios, no pude resistirme y rocé suavemente mi nariz sobre su piel, por un segundo, hasta que finalmente me separé definitivamente de ella y caminé hacia Alice, quien no dudó en tomar mi mano y llevarnos hasta la puerta de mi cuarto, que era la punta más alejada de todos (sí, mi apartamento era pequeño, lo sé).

—Asumo que las cosas con Bella van bien —susurró Alice, con una sonrisa. Un segundo después, su sonrisa decayó—; pero no tan bien. En serio, Edward, la pobre parecía un ratoncito asustado ¿No estarás...?

—No —interrumpí.

—Pero, ¿no estarás...?

—No.

—Pero tú eres...

—Por última vez, no —puntualicé.

—Está bien, está bien —sonrió nuevamente—. Sólo quería ayudar.

—Puedo manejarlo.

Alice rió y me dio un suave empujón en el hombro.

—Permiso, Edward —pidió Jasper. Colocó el brazo sobre los hombros de Alice y la giró para luego estamparle un fuerte beso. Cuando se separó de ella, me lanzó una sonrisa socarrona—. Emmett quiere hablar contigo.

Reprimí una sonrisa ante lo que me pareció una tontería por parte de mi amigo. En lugar de acercarme al sillón desde dónde estaba mi hermano observándome con el ceño fruncido, retomé mi lugar inicial en el taburete.

—Muy bien, niños —llamé al orden. Aunque todos rodaron los ojos, cada uno volvió a su asiento—. Aclaremos las ideas. Empecemos con algo muy sencillo ¿Qué le gusta a Rosalie?

Inmediatamente, mi hermano nos dio una sonrisa socarrona y abrió los brazos de par en par, señalándose a sí mismo de forma arrogante

—Pues...

—Sí, ya sé que tiene un extraño fetiche por ti Emmett, pero a ti ya te tenemos; así que siguiente.

—¿Las leyes? —ofreció Jasper.

—No creo que eso nos lleve a ningún lado —respondí—. Siguiente.

—¡El chocolate! —comentó Alice.

—Buena esa ¿Alguna otra?

—¿El frío? —dijo Bella— Las veces que nos vemos en su casa, siempre tiene el aire acondicionado a punto de congelarte.

—Puede ser —dudé—. Yo sé que le encantan las fotografías, las caseras y las artísticas; entonces, quizás podríamos hacer algo con eso.

—Claro. Fotos y una barra de chocolate fría, eso suena perfecto —espetó Jasper. Alice le lanzó una mirada fulminante y, en su defensa, mi amigo pareció realmente arrepentido después de hablar.

—Bueno —intervino Emmett y pausó. Su ceño fruncido y su mirada fija en el suelo, me hacían pensar que estaba maquinando algo en su mente—. A Rosalie le gusta el frío porque su familia solía rentar una cabaña en el norte. Quizás... podría investigar y rentar esa cabaña. Quizás podría imprimir un montón de nuestras fotos, guindarlas por todo el lugar y comprarle varios de esos chocolates que tanto le gustan.

La habitación se sumió en un completo silencio. Supuse que tantas buenas ideas saliendo de la boca de mi hermano, podrían sorprender a cualquiera. Emmett, por otro lado, paseaba su mirada expectante sobre cada uno de nosotros a la espera de una respuesta.

—Eso suena precioso —chilló Alice. Sus dos manos sobre sus mejillas y expresión soñadora en su rostro.

—Es genial, Emmett —dijo Bella con una sonrisa—. Felicidades.

Mi hermano me miró luciendo sumamente ansioso, como si lo que yo pudiese decirle tuviese el poder de construir o destruir algo dentro de él. Me sorprendió que le diese tanta importancia a mi opinión; pero también me reconfortó, él también era una persona muy importante para mí.

Mi respuesta fue una amplia sonrisa y en pocos segundos llegó hasta mí y me envolvió en un abrazo que casi logra tumbarme del taburete y aplastarme el pecho... pero valió la pena.

Después de que ya habíamos trazado la parte central del plan, lo demás fue solamente afinar los detalles, algo para lo que Alice se comprometió solemnemente. Logramos hablar de otras cosas no concernientes a la feliz pareja, compartimos una bolsa enorme de Doritos y cuando comenzó a hacerse tarde, Bella se levantó y se despidió de todos. Tomé eso como mi señal para acompañarla.

—¿Qué haces? —preguntó, cuando la seguí y cerré la puerta del apartamento tras de mí.

—Voy a acompañarte hasta abajo —respondí, como si fuese lo más natural del mundo (porque en realidad, quería que lo fuese).

—Son sólo cuatro pisos. No es como si fuesen... once.

—Entonces, será rápido —sonreí.

Bella me observó por un momento, con su ceja arqueada y reprimiendo una sonrisa. Antes de que saliese con una de las suyas, rodé mis ojos, puse mis manos en sus hombros y la giré dirigiéndola hacia las escaleras.

—¿Por qué estamos haciendo un "trencito"? —cuestionó. Sabía que se refería al hecho de que estaba caminando tras ella con mis manos en sus hombros, lo que ella no sabía era que esto era más fácil que sostener su mano porque, si hubiese hecho eso, ella probablemente la hubiese apartado.

—¿Cuándo fue la última vez que hiciste un trencito? —pregunté. Hubo un momento de silencio en el que, aparentemente parecía estar contemplando con seriedad mi pregunta— ¿Ves? Ni siquiera lo recuerdas, nunca debería pasar tanto tiempo, como para que no recuerdes la última vez que hiciste un trencito.

Ambos reímos una buena parte del camino, hasta que finalmente, llegamos al primer piso(se leía raro abajo teniendo en cuenta que el ´baje´ de aquí a lado ;)) . Bajé mis brazos y ella se volteó hacia mí.

—Buenas noches —Se despidió sonriendo. Me observaba con cautela, como cuando vigilas a tu mascota porque sabes que está a punto de hacer algo chistoso; pero se tarda demasiado en hacerlo.

—Buenas noches —repliqué. No me acerqué, no me incliné hacia ella, no hice nada, simplemente sonreí y me quedé allí de pie, esperando.

Bella frunció sus labios para reprimir una sonrisa, entornó los ojos y me miró con suspicacia y de manera casi chistosa. Hasta que finalmente, asintió, abrió la puerta del edificio y se fue.

No todos mis movimientos eran astutamente planeados. Algunas veces, simplemente, me gustaba jugar un poco con su cabeza. Era divertido.


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A muchas les preocupaba la reacción de Bella ¿A ti qué te pareció?

¿Y qué tal las estrategias de Edward? Él no es necesariamente muy sutil pero nuestro chico lo intenta ;)

Tu opinión es bienvenida, apreciada y respondida :D

Nos leemos pronto.
Alessa.