¡LLEGUÉ! *fiu!* el capítulo Más Largo que he escrito aun está en "De Flores y Puntos Ciegos" pero créanme que este le hizo la competencia.
Gracias a Zooeliz por su review :D aunque no tenga cuenta e igual a Dina-Verita, Freckles, Yessifer, Liz-Stefani y AyerDormi que se nos están sumando :D
A Jos, Bella Cullen H., M'Blue, Rosbell, Freedom, Tecupi, Nyx, Caresgar, Patymdn, TATA, somasosa, por siempre dejarme su opinión :3 eso no lo hace cualquiera, me encanta.
Gracias también por sus favoritos valentina3805, fireworkath, bellcs17, serra, amigops y todos aquellos más silenciosos :) me encantaría saber su opinión.
Gracias especiales a Julie :D por betear este capítulo :3 si ven una línea de corrección es que se me pasó borrarla jaja asumo completamente la responsabilidad por eso y espero me avisen xD
Ok, ok, ok, ya terminé xD
¡Enjoy!
CAPÍTULO 16
El Amor y Las Confrontaciones Necesarias
ALESSA315
EPOV
Mama Esme te ha agregado a su lista de contactos en Skype,
¿Deseas aceptar la invitación?
Me quedé mirando la pantalla de mi teléfono celular y sentía como si las dos opciones; "aceptar" y "rechazar", hicieran presión en mi frente, obligándome a elegirlas. Sin embargo, el único y breve mensaje que mi madre adjuntó con su invitación, fue más que suficiente:
"Edward, soy tu madre"
Una frase muy poderosa tanto en la voz de Darth Vader como en la de Esme.
Un minuto después de hacer click en "aceptar", apareció otro aviso en la pantalla, una video llamada de nadie más que Esme. Presioné mi dedo en "contestar" esperando ver la cara de mi madre y, en lugar de eso, me encontré con su oído.
—¡Hola, Edward! ¿Me escuchas? ¡Es tu mamá! —gritó Esme, desde el otro lado del celular.
—Te escucho fuerte y claro, mamá ¿Puedes alejar tu oído del teléfono? —respondí en tono monocorde.
Apenas podía procesar lo que estaba sucediendo por dos razones:
1) Era demasiado temprano como para estar despierto un día sábado (mi teléfono marcaba las 9 a.m. y todo el mundo sabe que, los sábados sólo comienzan a partir de las 11 a.m. como mínimo) 2) Nunca pensé, que llegaría el día en el que vería a mi madre usando un teléfono inteligente.
—¿Qué? ¿Cómo se supone que voy a hablar contigo sin sostener el celular en mi oído, Edward? —cuestionó mi madre, como si de repente, le estuviese diciendo que le echara tierra al café en vez de azúcar.
—Mamá, pon el celular frente a tu rostro, sólo inténtalo —insistí. Esme finalmente cedió y pude ver su rostro, con su maquillaje cuidadosamente aplicado y, a decir verdad, un tanto pixelado— ¡Oh, por Dios, Edward! ¡Te estoy viendo! ¡Te estoy viendo!
La pobre lucía tan emocionada que no pude evitar sonreír ampliamente.
—Yo también te estoy viendo, mamá ¿De dónde me estás llamando?
—De mi nuevo Smartphone —respondió con una enorme sonrisa—. Me lo regaló tu hermano.
—¿Emmett te regaló un Smartphone? ¿Un celular con cámara?
No estaba seguro si era porque aún me sentía un poco desorientado por la hora; pero todo me parecía cada vez más raro. Emmett podía hacer muchos regalos a mamá (flores, comida, cuadros...); pero ¿uno que involucrara un sin fin de tutoriales?
—Así es. Me regaló un teléfono y también me está enseñando cómo usarlo —añadió en tono socarrón—. Tuvo que irse hace un rato; pero me descargó Skype y casi no le creo cuando me dijo, que ahora podría llamarte y verte.
—Claro... sí ¿Puedo preguntar por qué razón Emmett te dio un celular?
—Oh, Edward. Un hijo no necesita motivos para darle regalos a su madre —dijo, sonando altiva y orgullosa. Era cierto; aunque sabía que debía haber algo más allí—. Además, tu hermano olvidó confiarme cierta información de gran importancia y quiso redimir sus actos.
¡Allí estaba!
—Claro, mamá. Entiendo —sonreí.
—Edward, escucha esto. Tu hermano va a pedirle matrimonio a Rosalie —Su sonrisa era tan enorme que debían dolerle las mejillas y sus ojos prácticamente brillaban de la emoción. Sin embargo, ya había pasado una semana desde que Emmett había trazado sus planes y supuse que esa sería; la tan preciada información, que había olvidado compartir. Me quedé lo más inexpresivo que pude y ella permaneció en silencio; aparentemente la clase de silencio, que sólo una madre sabe utilizar como bola de cristal para ver lo que realmente sucede— ¡Oh, diablos! ¡Ya lo sabías! ¿No es cierto? ¡Ya lo sabías todo, Edward! ¡Como siempre soy la última en enterarme las cosas!
—Lo siento, mamá —pausé—. Pero creo que papá no lo sabe todavía.
Su expresión cambió nuevamente, recobrando la sonrisa y el brillo anterior en sus ojos.
—¡Oh! ¿Tu padre no lo sabe? ¡Pobrecito! —Sus palabras; aunque empáticas, se contradecían con su alegre expresión.
—Sí, claro —reí.
—Por favor, Edward, no dejes que tu hermano haga una estupidez; como pedirle matrimonio a Rosalie a mitad de un capítulo de CSI: Miami —chilló mi madre—, y tampoco quiero nada de un anillo dentro de la comida. Ya he visto muchos chistes en televisión de las mujeres tragándose el anillo y, estoy empezando a creer, que pasa más seguido de lo que creemos.
—Tranquila mamá —repuse. El poco de sueño que todavía conservaba, lo perdí completamente con tanta conversación y mi estómago comenzó a exigirme comida de manera muy ruidosa—. Bueno, ha sido un gusto hablar contigo; pero creo que ya...
—¡Están tocando el timbre! —intervino repentinamente— Espera, déjame ir a ver.
Cuando su rostro comenzó a ser reemplazada/o por el techo, noté que estaba colocando el celular en la mesa.
—No mamá, mejor seguimos hablando luego...
—¡Espera! ¿Qué tal si vamos juntos a ver quién toca la puerta? —Enfocó nuevamente su rostro y tenía una amplia sonrisa, como si acabase de decir la mejor idea de todas— Me encanta este teléfono. Ahora podremos hacer tantas cosas juntos otra vez.
Después de pasar un rato conociendo a la vecina; que había ido a visitar a mi madre y que ella, a su vez, me hubiese mostrado todas y cada una de las fotos de sus nietos que tenía en su cartera, finalmente pude terminar la llamada, alegando que tenía que prepararme para ver a unos amigos (lo cual era cierto). A las 12:30 p.m. vería a Emmett, Alice, Jasper y Bella en la cafetería de la calle 57 para chequear los últimos detalles (idea de Bella) y considerando que ya eran las 12:00 p.m. y apenas estaba poniéndome el pantalón, sin contar con el trayecto de aproximadamente 20 minutos (si es que llego a tiempo al metro), estaba bastante seguro de que llegaría tarde.
A las 12:45 p.m., pude confirmar mi teoría.
—Disculpen... la... demora —dije entre jadeos para poder recuperar el aire, después de las tres cuadras que había trotado hasta allá desde la parada del metro.
Todos y cada uno de mis muy puntuales amigos, me lanzaron una mirada furibunda. Emmett se levantó de su silla y me saludó apuntándome con su mentón y dándome unas palmadas en la espalda (a lo cual tardé en responder; ya que era la clase de "gesto afectuoso", que sólo estaba acostumbrado a recibir en mi cumpleaños y en navidad). En lugar de volver a su asiento, mi hermano eligió la silla vacía junto a Alice; así que tuve la oportunidad de... sentarme junto a Bella.
Wow. Mi hermano realmente piensa muy bien de vez en cuando.
—Adivinen quién me llamó por Skype está mañana y terminó siendo la causa de mi tardanza —Aunque nadie respondió, noté que Emmett evitaba hacer contacto visual conmigo—. Así es, tontos, mi mamá.
Ante la mención de Esme, me gané una pequeña y burlona sonrisa por parte de mis amigos; dado que, todos la habían conocido al menos una vez y habían captado su... estilo.
—No sabía que tu mamá era tan moderna —dijo Bella.
Llevaba el cabello recogido y unos pantalones cortos de mezclilla, en lugar de su usual falda pantalón, lo que me hizo fruncir el ceño ligeramente; pero en lugar de comentar algo, sólo sonreí y continué.
—No lo es. Skype es ahora la invención del siglo para Esme, por lo que duré más de una hora hablando con ella. Se alarmó cuando logró ver la ropa sucia que tenía sobre mi escritorio, y se tomó la libertad de presentarme a su vecina y los nietos de esta.
Todos soltaron una carcajada.
—Lo siento, Ed —dijo Emmett, luciendo un tanto apenado.
—Has podido darme una advertencia, ¿sabes? —espeté— Espera a que comience a llamarte a ti.
—En realidad no me añadí a sus contactos —agregó con una sonrisa socarrona.
—Ya me adelanté, hermanito —sonreí de igual forma—. El nieto de 10 años de la vecina, la señora Clinton, llegó de improvisto y le di tu correo para que te agregase como contacto al Skype de Esme. No te sorprendas si recibes una llamada esta noche.
Emmett soltó un gruñido y a partir de allí mi día fue mejorando cada vez más. Ordenamos un montón de panecillos y repasamos los detalles para el gran plan de boda que se llevaría a cabo este próximo fin de semana.
—Ya hice un par de pedidos de los chocolates que le gustan a Rosalie —dijo Alice. A juzgar por la expresión en su rostro, cualquiera diría que estaba hablando sobre llevar a cabo una operación política de suma importancia.
—Ordené varios ramos de flores pequeños de una floristería a las afueras de aquí para poder adornar la sala —agregó Bella—. Me topé con el perro más adorable del mundo, creo que se llamaba Chester, al menos así le dijo el niño que estaba con él.
—Yo mandé a reproducir las fotos que me pidieron. Lo arreglé para que algunas sean pequeñas y otras sean más grandes. Podemos pegarlas en las paredes y arreglarlas en forma de un collage.
Faltaba un sólo detalle por supervisar y todos nos enfocamos en Emmett, quien tenía sus manos sobre la mesa y la mirada fija en ese punto. La verdad es que estaba esperando que dijese algo como que había metido la pata y Rosalie había descubierto todo o que iba a echarse para atrás y pedirle matrimonio durante el próximo episodio de The Big Bang Theory.
—Ya aparté la cabaña para este fin de semana. Todo está listo —farfulló.
—¿Todo está bien, Emmett? —pregunté lentamente y con pocos deseos de escuchar la respuesta.
—Necesito que me hagan un favor —anunció, puso los codos sobre la mesa y paseó la mirada sobre cada uno de nosotros.
—Uhm... aún estamos a mitad del otro favor que nos pediste, ¿no crees que...?
—Alquilé la cabaña que le gusta a Rosalie; pero también alquilé la cabaña de al lado. Es más pequeña pero tiene todo lo que van a necesitar.
—¿Vamos? —cuestionó Jasper sonando igual de sorprendido que yo.
—Necesito que me apoyen —declaró Emmett.
—¡Eso es lo que estamos haciendo!
—¡Cállate Jasper! —reprendió Alice y luego esbozó una soñadora sonrisa— ¡Claro que estaremos allí! Es tan emocionante.
Planeaba tomarme el fin de semana para dormir hasta tarde y me daba fastidio tener que cambiar mis planes; sin embargo, cuando miré de soslayo en dirección a Bella y, aunque tenía la cabeza gacha y la mirada en su regazo, observé que reprimía una sonrisa. Nunca pensé en Bella como alguien particularmente romántica y fue divertido notar que Alice no era la única entusiasmada.
Me percaté de que la mano de Bella descansaba en la orilla de su silla; así que me tomé la libertad de estirar mi meñique y acariciar suavemente su dorso. Sin dejar de hacer contacto con su piel, me uní a la conversación nuevamente.
—Entonces... ¿Viaje de fin de semana? Iremos como sardinas en lata en tu auto —bromeé.
—Eso es lo único que tenemos; así que, así será —replicó Emmett.
En mi visión periférica noté que Bella me miraba fijamente. Giré a mi rostro hacia ella y me intimidó un poco el hecho de que su expresión era completamente indescifrable para mí, podría haber estado enojada o feliz y hubiese sido igual porque no tenía forma de saberlo. Me obligué a controlarme, le di una pequeña sonrisa, procurando que fuese lo más casual posible y aparté mi mano.
Ya que lo pensaba mejor, un fin de semana con Bella no sonaba nada mal. Tal vez un tiempo así, nos ayudaría a aclarar todo un poco más.
Esa semana estuvo más tranquila que lo usual... aunque no para Emmett. Cada vez que lo veía, se pasaba el rato caminando de un lado a otro, tratando de manejar la ansiedad mordiéndose la orilla de su dedo pulgar. Para cuando llegó el miércoles, ya había logrado herirse, hasta que salió sangre... tres veces.
Durante la semana, también aproveché para observar a Bella. Ya era mucho más natural para mí colocar mi brazo sobre su hombro un par de minutos, mientras caminábamos, acariciar su mano con mi meñique si nos sentábamos juntos y sorprenderla con algunos besos en su mejilla las veces que la encontraba distraída; pero aun así, no tenía idea de lo que estaba pasando por su cabeza.
El viernes en la mañana antes de ir a la oficina, pasé por la cafetería favorita de Bella. Compré el Latte de vainilla con espuma extra, que tanto le gusta y lo dejé en su escritorio. Cuando llegó y lo vio allí, literalmente pude escuchar un breve y entusiasta chillido desde su cubículo. Ese día, a la hora del almuerzo, me sorprendió sentir que fue ella quien rozó su dedo sobre mi mano y fue aun más difícil, el no sujetarla por la cintura, sentarla sobre la mesa y hacerla mía allí mismo.
El sábado a las 7 de la mañana, Emmett y yo estábamos en el pequeño estacionamiento junto a nuestro apartamento; esperando que los demás lleguen para emprender el viaje de 4 horas y media, hasta al remoto pueblo donde se encontraba la cabaña. Cuando desperté, Emmett ya se había levantado, duchado, hecho desayuno, había lavado los trastes y empacado todo lo que iba a necesitar (digno hijo de nuestra precavida madre), mientras que yo, en el tiempo en que me había duchado, desayunado y agarrado mi maleta (que ya había empacado la noche anterior porque yo también, era hijo de Esme), apenas y había abierto los ojos por más de 50 segundos.
Me encontraba recostado a un lado del carro, cuando sentí que alguien me observaba. Abrí los ojos y me encontré con el rostro de Jasper a pocos centímetros del mío y terminé por dar un salto de sorpresa.
—¿Qué diablos te pasa?
—Llevo al menos un minuto frente a tu cara y ni siquiera te diste cuenta —rió Jasper—. De verdad no eres coherente en las mañanas.
—Nadie lo es —objeté.
—Edward, sé que Bella es tu novia; pero si no llega en 5 minutos, voy a tener que dejarla.
Una parte de mí quería responderle que no podíamos dejarla y que seguro llegaría en cualquier momento; sin embargo, otra se quedó pensando en lo primero que dijo "¿Mi novia?".
Por supuesto que Bella me gustaba, me gustaba bastante y quizás era aun más que eso pero... había pasado tantos meses viéndola como una amiga... o no viéndola en lo absoluto, que incluir "Bella" y "novia" en la misma oración todavía me enredaba un poco.
—Aquí estoy.
Volteé en dirección de su voz y me encontré con Bella parada, a un par de metros de mí. Llevaba un pantalón de mezclilla, unas botas marrones, una sencilla blusa negra de tirantes y su cabello estaba sujeto en una cola alta. Se veía casual e, incluso así, sentí el deseo de acercarme a ella y saludarla con un beso.
Con paso decidido, caminé hasta ella apenas deteniéndome para darle un beso en la mejilla y un apretón a su mano y me adentré en el asiento trasero del auto donde Alice ya nos esperaba. Pasé las 4 horas de viaje sentado entre Alice, quien tuvo que hacer hasta lo imposible para evitar que su pequeña vejiga explotara, y Bella, quien pasó todo el trayecto con su pierna temblando de forma inquieta y en silencio, a excepción de algunas monosílabas.
Apenas Emmett estacionó el auto frente a una pequeña casita de amplio y desvencijado tejado, Alice ya había abierto la puerta y corrió rápidamente hasta la entrada de la casa, donde se detuvo y comenzó a saltar de un pie a otro apretando sus piernas.
—Por el amor de Dios ¡Apúrense! ¡Necesito usar el baño urgentemente!
Todos los demás salimos del auto, Emmett se apresuró a abrir a puerta (aunque, entre muchas carcajadas) y dejó pasar a Alice y a Jasper, cuando se giró hacia nosotros esperando que pasáramos, Bella puso una mano sobre mi pecho y me detuvo.
—Estaba pensando que Edward y yo podríamos ir a comprar unas provisiones —dijo ella con su vista fija en mi hermano.
—¿Comida? —cuestioné— Pero ya empacamos...
No pude terminar la oración porque sentí la uña de su dedo pulgar clavándose con fuerza en mi pecho.
—Ahm... está bien —cedió Emmett, mirándonos con curiosidad. Se tomó varios segundos antes de sacar las llaves de su bolsillo y lanzármelas.
Bella y yo nos subimos nuevamente al auto, esta vez en la parte delantera, y comencé a manejar sin saber del todo a dónde me dirigía. La casa estaba junto a la carretera, puesto que no tenía calles por donde cruzar y había sólo una vía. Los caminos de tierra oscura en los laterales, tenían varios árboles frondosos y una cerca metálica que delimitaba la caída y, aunque la temperatura no parecía estar muy baja, era notable la diferencia de clima y podía sentir el frío fácilmente. No tenía idea de cómo Bella, había optado por usar shorts.
—Estaciónate —ordenó Bella, con una postura tensa desde su asiento.
—¿Qué? No creo que...
—Estaciónate —repitió.
—¿Por qué...?
Cuando escuché que abría la puerta del auto; aunque todavía no me había detenido, entendí que sería mejor hacerle caso. Apenas me estacioné en una orilla del camino, Bella salió del auto y azotó la puerta al cerrar, marchó hasta el límite de la cerca y se quedó allí con los brazos cruzando, quizás por el frío... o porque estaba realmente molesta.
Conté lentamente hasta 30 y finalmente salí del auto, caminé hacia ella y me detuve a su lado mirando al frente tal y como ella lo hacía. Estábamos en lo alto de una montaña; así que nuestro panorama no era más que un precipicio sumamente alto lleno de tierra, ramas de árboles y algunos escombros y el cielo estaba bastante nublado, dejando una densa capa color gris claro a nuestra disposición.
—¿Tienes frío? —pregunté, cuando noté que comenzaba a frotar las manos sobre sus brazos.
En lugar de responder, sólo asintió con la cabeza. Su ceño fruncido la hacía lucir como si estuviese pensando profundamente en algo... o como si estuviese profundamente enojada. Ciertamente, esperaba que sólo fuese la primera; pero cuando me acerqué más a ella para colocar mi brazo sobre sus hombros, ella se giró bruscamente hacia mí y me lanzó una mirada acusadora.
—¿Qué estás haciendo, Edward?
—Ahm... ¿Nada?
—Llevas días comportándote así. Las manos sobre mis hombros, los besos en la mejilla... ¡Las caricias con el meñique! ¿Qué se supone que significa todo eso?
—Rayos —suspiré con una sonrisa.
Muy en el fondo, sabía que se daría cuenta y que probablemente me confrontaría, mas no así.
—Entonces sabes de lo que te estoy hablando —Lanzó un suspiro y la severidad en su rostro disminuyó visiblemente— ¿Qué estás haciendo, Edward?
Tomé unos segundos para sopesar la pregunta y respondí con la mayor sinceridad posible.
—No tengo idea —Bella se acercó a mí y me dio un empujón, no pude evitar reírme porque no logró moverme ni un poco; no obstante, pude aprovechar para tomar su mano y entrelazar nuestros dedos hasta que quedamos muy cerca— Lo digo de verdad. No tengo idea de lo que estoy haciendo, sólo hago lo que se siente bien... y lo posible para que no salgas corriendo.
—¿Qué quieres decir con que yo salga corriendo? —murmuró mirando el suelo, bajo nosotros en lugar de mis ojos.
—Estoy perfectamente consciente de tu capacidad para salir corriendo despavorida y no voy a dejar que lo hagas —respondí en un susurro— Si eso significa que debemos ir más lento... que así sea.
—Pero...
—Estás pensando demasiado —intervine. Coloqué un dedo bajo su mentón y empujé suavemente para levantar su mirada.
—Eso es porque tú a veces no piensas lo suficiente.
—Ouch —objeté sonriendo un poco, pero procurando parecer ofendido.
—Eso no fue lo que quise decir —enmendó Bella, mientras reprimía una sonrisa, sin embargo, era muy tarde porque ya la había visto.
—Me ofendes, Bella Swan. Yo solamente te cuidé y tú me tratas así.
Ella rodó los ojos y me empujó suavemente; pero ambos permanecimos igual de cerca, sus dedos entrelazados a los míos.
—Edward, sé serio.
—Bella, relájate.
—¡Edward!
—¡Bella!
Ok, ya volvía a retomar un poco de fuego en su mirada; pero sabía que era más por llevarme la contraria, que por cómo estaba al principio.
—Tienes que se serio —insistió Bella.
—¿Por qué habría de serlo? —Ella abrió la boca y estaba a punto de replicar; así que tomé la oportunidad para levantar la mano que le estaba sosteniendo y girarla de modo que su cuerpo quedara en dirección al barranco y su mirada hacia las grises nubes que ya comenzaba a despejarse, dejando ver unos parches de luz entre ellas— Respira profundo, ¿si? Estamos en otro lugar muy distinto al de siempre, si hay un momento para actuar diferente, es en un lugar diferente.
—Claro —bufó ella.
Lenta y cuidadosamente me acerqué a ella, tan cerca que sólo faltaban un par de centímetros para presionar mi pecho contra su espalda completamente. Dirigí mi mirada hacia el frente y dejé que su presencia se llenara con la mía. La tensión en sus hombros era visible; pero a medida que los minutos pasaban sin que yo moviera un músculo, ella pareció relajarse poco a poco. Incliné mi cabeza hasta posar suavemente mi nariz sobre sus cabellos y la froté sobre ellos tal como lo había hecho anteriormente sobre su rostro.
—¿Esto se siente bien? —pregunté en un murmullo, junto a su oído.
Ella no respondió; aunque, tampoco se apartó. A veces era tan difícil seguir de esta forma; no obstante, a la vez sentía que no podía dejar de hacerlo, no podía dejar nuestra historia inconclusa.
A lo lejos se escuchó un extraño graznido, unos segundos después un ave voló frente a nosotros con las alas extendidas completamente y atravesando el cielo con soltura.
Bella dio un pequeño paso hacia atrás logrando efectivamente, que su cuerpo quedase completamente unido al mío y automáticamente mis manos se anclaron a su cintura. Se sentía muy bien tenerla tan cerca, no sentía eso desde... desde la primera y, hasta entonces, única vez.
—No te pido nada, Bella, sólo haz lo que te haga sentir cómoda y... no te pongas rara, ¿ok?
Ella bajo la cabeza y la sacudió en negativa.
Deposité un beso justo bajo el lóbulo de su oreja, separé lentamente mi cuerpo del suyo y me alejé sigilosamente, caminando hacia atrás. Cuando me aseguré de que no voltearía, salí corriendo, me subí al auto y lo encendí. Apenas escuchó el sonido del motor, Bella giró su cuerpo en mi dirección.
—¿Qué demonios estás haciendo?
—Nada —repetí por segunda vez, excepto que con una amplia sonrisa.
Presioné suavemente el acelerador, logrando que el auto avanzara un par de metros. Inmediatamente, Bella salió corriendo y golpeó la ventana cerrada del copiloto.
—¡Edward! ¡Déjame subir!
—Por supuesto, sube —accedí. Cuando noté que su mano se movía para abrir la puerta, aceleré nuevamente y me alejé un par de metros de ella.
—¡Edward! ¡Esto no es gracioso! —Por su ceño fruncido y la forma en que afincaba con fuerza los pies, mientras daba grandes zancadas para alcanzar la puerta, sabía que no le parecía gracioso... Lástima que a mí sí.
—Pues lamento no estar de acuerdo contigo —dije, mientras pisaba el acelerador una tercera vez.
El frío estaba aumentando y ella comenzaba a frotarse las manos para lograr un poco de calor. Me compadecí de ella; así que para la quinta vez que le hacía lo mismo (y cuando noté que su ceño estaba tan fruncido, que le salían un montón de arrugas en la frente), la dejé subir al auto.
Al principio aún mantenía una expresión un tanto seria; por lo que que sostuve su mano y dejé la otra en el volante. Le lancé una mirada de soslayó y me percaté de que; aunque permanecía en silencio, su ceño ya no estaba fruncido.
A medio día, Emmett regresó a la ciudad para buscar a Rosalie y nos dejó a cargo de todas las preparaciones del lugar; puesto que la tarde transcurrió en un ir y venir, procurando que todo estuviese en su lugar. Incluyendo pegar las fotos por toda la sala; Jasper hizo un excelente trabajo, asegurándose de adquirir algunas en blanco y negro, otras en color, con efectos, e incluso algunas editadas. Alice y Bella colocaron las flores en jarras de distintos tamaños en el suelo y sobre las mesas, esparciendo color y un aroma natural por todo el lugar. Jasper y yo sacamos todos los pequeños bombones de chocolate (demasiados para mi gusto) y con ellos decoramos una larga mesa de madera oscura, que estaba apoyada en la pared del fondo. En dicha pared colgamos una pancarta con el nombre de Rosalie pintado con una elegante letra, en su color favorito: verde.
Nadie tenía señal en su celular; así que sólo contábamos con lo que nos había dicho Emmett antes de salir; "Rosalie y yo llegaremos a las 6 de la tarde, tengan todo listo y no lo arruinen". Mi hermano podía ser tan dulce, a veces.
Bella se había relajado mucho más con el pasar de las horas y, si bien no habíamos vuelto a hablar en privado, notaba algo distinto en su forma de mirarme y sonreírme que no podía distinguir.
—Estoy muriendo de hambre —Se quejó Alice, frotando su abdomen.
—Busca en la nevera, quizás todavía queden algunos sándwiches —sugirió Bella.
Jasper revisó y confirmó que la nevera estaba completamente vacía.
—Incluso se acabaron las Pringles que trajeron. Chicos, ustedes comen demasiado —Alice hablaba mucho; pero todos sabíamos que ella era la primera, en prácticamente devorar todo a su paso—. Estos chocolates se ven deliciosos —dijo. Sus ojos se paseaban por las filas y filas de bombones que de diversos rellenos que decoraban la mesa.
—Alice, levanta las manos y aléjate lentamente de la mesa —advertí en tono severo.
—Pero... pero... son demasiados —tartamudeó Alice, mientras prácticamente babeaba sobre los dulces. Nada podía prepararnos para lo que pasaría después—. Seguramente Rosalie y Emmett no notarán si yo...
Antes de que Alice pudiese terminar, Jasper se abalanzó sobre ella y la envolvió en sus brazos, con la mala suerte de que ella alzó los brazos para intentar sujetarse y terminó por aferrarse a lo más cercano que encontró: la pancarta; el papel se rompió justo en la letra "S". Bella y yo nos apresuramos a sostener el extremo que se había caído, para que no se rompiera por completo y terminamos chocando contra la mesa, haciendo que unos chocolates rodaran por el suelo. Ambos nos inclinamos a recogerlos y chocamos nuestras cabezas, mientras Alice seguía luchando por zafarse del agarre de Jasper.
—¿Qué está pasando aquí?
Todos miramos hacia la puerta de la casa y justo allí estaba Rosalie, observando la escena con una expresión de absoluta confusión. Tras de ella, un muy enfadado Emmett, prácticamente echaba humo por los oídos.
La posición en la que todos estábamos en ese momento, era muy comprometedora y pude darme cuenta de lo fácil que era estropear el trabajo de toda una tarde.
—¡Sorpresa! —exclamó Alice, alzando los brazos al aire.
Un incómodo silencio nos rodeó por un par de segundos, hasta que Bella tomó la palabra.
—Creo que mejor los dejamos solos.
Le di un rápido vistazo a la sala y vi que en realidad no estaba tan mal. Las decoraciones y la luz de las velas aún le daban un cálido y acogedor brillo a la habitación, todo estaba perfecto... si no contabas el cartel roto y algunos chocolates en el piso.
Jasper, Bella, Alice y yo nos apresuramos a salir por la puerta trasera y salimos corriendo hasta el patio de la pequeña casa de al lado, el lugar donde los 4 pasaríamos la noche. Básicamente, era una versión mucho más pequeña de la casa en la que se quedarían Rosalie y Emmett; sin embargo, tenía dos habitaciones, cada una con dos camas individuales de madera.
Los cuatro, llegamos hasta un árbol con montones de raíces por doquier y nos sentamos en el suelo casi doblándonos de la risa por la muy sorprendida y confundida Rosalie, además de la posible reacción de mi hermano.
Después de calmarnos un poco, entramos a la pequeña casa para tomar una bien merecida ducha. Alice estuvo a punto de no bañarse porque no había calentador y el frío comenzaba a intensificarse, pero Bella fue la primera en ducharse y luego entré yo; necesitaba quitarme toda la escarcha que tenía encima, gracias a la excelente idea de Jasper de "decorar las fotos". Bella y yo compartiríamos una habitación, Jasper y Alice quedaron en que unirían sus camas y le lancé una mirada y una sonrisa a Bella; no obstante, antes de que emitiera una palabra, ella rodó los ojos y me dijo:
—Ni se te ocurra.
Habíamos estado trabajando de un lado para otro durante todo el día y estaba sumamente cansado. Entonces, me puse una pijama ligera y me dirigí a la habitación esperando encontrar a Bella en un sueño profundo; pero ambas camas, estaban vacías. Deambulé por la casa en su búsqueda y aún así no pude encontrarla, hasta que se me ocurrió mirar por la ventana en dirección al pequeño jardín trasero.
Bella estaba de pie junto al viejo árbol; aunque permanecía de espaldas a mí, la inclinación de su cuello, me hizo notar que tenía su rostro en dirección al cielo nocturno. Caminé despacio hacia ella; pero haciendo ruido con mis pisadas, para que ella supiese que me estaba aproximando. Me detuve a su lado y coloqué mis manos detrás de mi espalda, contemplando el mismo panorama que ella. Estaba a punto de abrir mi boca y decirle algo, cuando noté un movimiento a través de mi visión periférica y al voltear, vi que se había acostado sobre la grama.
Imité su acción y me acosté a su lado, con la mirada fija en el manto oscuro sobre nosotros. La noche era casi negra y, a diferencia de la ciudad, la poca cantidad de luces artificiales nos permitían apreciar mucho mejor las estrellas que decoraban el cielo como salpicaduras blancas. La luna no hacía acto de presencia esa noche.
—Todo salió muy bien —murmuró Bella, casi como si estuviese hablando para sí misma.
Hice una pausa y sopesé mis ideas antes de hablar.
—Bella, yo...
—No —interrumpió ella. Su tono, en lugar de ser cortante, era simple y tranquilo.
—Pero...
—No —atajó ella nuevamente, zanjando la conversación antes de que siquiera comenzara.
Me di por vencido. Si ella no quería hablar, no iba a obligarla. Precisamente era en eso, en lo que se basaba todo aquello: no obligarla. El tiempo se estiró entre nosotros y me olvidé de diferenciar los segundos de las horas. Comencé a contar los puntos de luz en el cielo y sentí que mis parpados comenzaban a pesar.
Cerré los ojos un largo rato y sólo los abrí porque el sonido de un grillo llamó mi atención. Sin embargo, lo hice justo a tiempo porque en ese momento, Bella cambió su postura. Todavía tenía mi mirada hacia el cielo; pero podía distinguir su silueta desde mi visión periférica, estaba parcialmente erguida, inclinando su peso sobre su antebrazo derecho de modo que podía mirar en mi dirección. Me pregunté vagamente si observaba mi rostro, si podía ver algo además de mi somnolencia.
No pude resistirme más y dirigí mis ojos hacia ella, mas estaba tan obscuro allí afuera, que lo único que podía distinguir era su silueta, el contorno de su cabello que le enmarcaba el rostro ¿Acaso estaba viéndome? ¿Podría ella distinguir algo o estaba a oscuras como yo?
Con movimientos lentos y premeditados, acercó su rostro al mío y depositó un suave beso en mi mejilla, muy parecido al que me había dado un tiempo atrás. En lugar de separarse de inmediato, acarició mi mejilla con la punta de su nariz, tal y como yo había hecho en otras ocasiones con ella. Estaba tan cansado por todos los eventos recientes, que una parte de mi dudaba si aquello era producto de mi estado de somnolencia o si realmente estaba sucediendo. Sin embargo, su siguiente acción logró que mi duda se disipara por completo.
Bella paseó sus labios sobre la extensión de piel entre mi mejilla y mi boca, las puntas de su cabello cosquilleaban en mi cuello y el cúmulo de todas esas sensaciones logró que volviera a un estado de alerta. Finalmente, sentí sus labios rozando sobre los míos y tuve que contener las ganas de estirarme y terminar de presionarlos contras los de ella. Por fortuna, no fue necesario porque un momento después, pude sentirlos por completo. No percibí su usual sabor a canela, sino un toque de uvas amargas; pero más allá de eso, pude sentir lo más importante: el sabor de Bella.
Mantuve mis manos a mis costados, mientras que ella se encargaba de hacer todo lo contrario. La sentí colocar todo su peso sobre mi cuerpo, su mano derecha acariciaba los pequeños vellos de la parte de atrás de mi cuello, entretanto nuestras bocas bailaban a un mismo ritmo. Me separé un poco de ella para poder hablar.
—¿Esto significa que...?
—Edward —intervino antes de que siquiera, pudiese terminar mi pregunta.
Anidó su rostro en la curva de mi cuello; pero antes de que mi mente se atreviera a dudar, ella entrelazó sus dedos con los míos. A medida que nuestras respiraciones se acompasaban y nuestros latidos volvían a la normalidad, tuve el presentimiento de que todo marcharía bien.
Por segunda vez, me desperté esa noche por razones ajenas. En esa ocasión fue una extraña comezón en la nariz. A pesar de que me rascaba una y otra vez, ¡simplemente no lograba acabar con la comezón!
—Jasper no deberías despertarlos así.
—¿Prefieres que pasen aquí toda la noche y se los coma la plaga? ¿O que les de neumonía por el frío y la lluvia que se aproxima?
Sus voces terminaron de despertarme por completo. Al abrir los ojos, vi a Alice parada sosteniendo una vela en sus manos a algunos pasos de distancia, mientras que Jasper sostenía una larga rama a unos pocos centímetros de mi cara. Rápidamente estiré mi mano, le quité la rama y lo pinché en un costado con ella.
—¡Ouch! —Se quejó.
—Agradece que te la clavé en un costado y que no intenté metértela por la nariz, como tú lo hacías.
Bella se removió sobre mí y apartó su cara de mi cuello. La poca luz que emitía la vela me permitió ver su expresión desorientada y su mirada que paseaba sobre todos nosotros una y otra vez.
—Disculpa, Edward. Es tarde y el cielo está muy nublado, pensamos que no sería buena idea que durmieran aquí hasta mañana —argumentó Alice.
Aparté un poco a Bella para ponerme de pie y halé su mano para instarla a hacer lo mismo, la empujé hasta el interior de la casa y me despedí de mis amigos, una vez que llegamos todos a la sala. Jasper y Alice le dieron las buenas noches a Bella, mas ella seguía con su expresión desorientada y el ceño fruncido, por lo que sólo respondió con un movimiento de su mano.
Parece que a alguien, no le gustaba mucho ser despertada.
Apenas llegamos a la habitación y cerré la puerta, Bella no dudó dos veces en dirigirse a su cama y caer como roble sobre ella. Movió los pies hasta remover sus botas y después de eso sus movimientos cesaron. Estaba dormida. Yo tenía tanto sueño que lo que ella acababa de hacer; me pareció la más brillante idea, apagué la luz, me quité la corbata pasándola por encima de mi cabeza, removí mis zapatos y caí sobre mi cama para quedarme dormido de inmediato.
En algún momento de la noche, me sobresalté al sentir que algo frío hacía contacto con mis piernas. Estaba a punto de incorporarme para ver que era, cuando sentí unas manos que se posaron sobre mi pecho. Su olor, la forma de sus caderas y la lógica me hicieron saber que era Bella. Sigilosamente, alejé mis piernas de sus fríos pies; pero me regocijé en el calor de su abrazo, en la capacidad de poder sujetarla y sentirla muy cerca. Esperando, muy en lo profundo, poder repetirlo muchas veces más.
:O ¡Sucedió!
¿Qué te pareció el acercamiento de Bella?
Es un capítulo muy importante, laaargo de pensar y escribir jaja, mucho de que hablar así que (como siempre) tengo muchas ganas de saber tu opinión.
¿Me la regalas?
¿Si?
¡Gracias! xD
Abrazos.
Alessa.
