***Gracias por apoyar esta historia y seguir leyendo. Si quieres saber de mí, siéntete libre de escribirme por acá o por Facebook (Alessa Fanfiction) y te responderé gustosa.


—El amor es como saltar a un abismo. Si vas a caer, más te vale correr y saltar con fuerzas.
Edward (Amor o Algo Así)


NOTA: Esta historia tendrá 20 capítulos.


Capítulo 17

El Amor y los Abismos

EPOV

Me desperté poco a poco, sintiendo la molestia de la luz del sol chocando contra mis párpados. Me cubrí el rostro con el brazo y, escuché un extraño y sigiloso sonido a lo lejos.

—Emmett, te dije que le quitaras el sonido a la cámara —dijo alguien, en una especie de susurro que, en realidad era totalmente audible.

—Lo olvidé. Pero no importa, ya tengo la foto. Mamá estará muy emocionada.

Inmediatamente, reconocí la voz de mi hermano; quien simplemente, no sabe lo que significa "susurrar". Abrí los ojos y me encontré con Rosalie y Emmett, mirándome con grandes sonrisas. Abrí la boca para preguntar qué diablos hacían, pero Rosalie habló primero:

—¡Mira! —Alzó el dorso de su mano izquierda y me mostró el resplandeciente anillo de corte cuadrado, que adornaba su dedo —Oficialmente serás mi cuñado.

Sonreí abiertamente y sujeté su mano con la mía, dándole un ligero apretón.

Iba a decir algo, cuando nuevamente fui interrumpido, esta vez por algo frio en mi pantorrilla. En ese momento; me di cuenta que Bella aún estaba acostada a mi lado, profundamente dormida, con sus brazos envueltos alrededor de mi cuello. La expresión en mi rostro, debió ser todo un poema porque la risa de Rosalie, no tardó en escucharse.

—Nosotros nos vamos —anunció.

—¿Por qué? —cuestionó Emmett.

Rosalie simplemente lo empujó por los hombros y ambos salieron de la pequeña habitación.

Mi brazo izquierdo estaba atrapado bajo el cuerpo de Bella y lo tenía tan dormido que me hormigueaba, la cama era tan pequeña que mis pies sobresalían de la parte inferior y ambos, estábamos precariamente, cerca de la orilla. No tenía la menor idea de, cómo no nos habíamos caído a mitad de la noche. Sin embargo, no cambiaría esa noche por nada.

Me acerqué lo más posible a Bella y enterré mi rostro en su cuello, dejando una línea de besos sobre su piel. Iba por el cuarto o quinto beso, cuando la pesada lógica comenzó a apoderarse de mi mente; "¿Cómo se sentiría Bella cuando despertara así? ¿Se arrepentiría?". Ella me había besado voluntariamente y, sin una gota de alcohol en su cuerpo (al menos que yo supiera), pero no tenía idea si...

Aparentemente, ese no era el día para terminar mis oraciones ni siquiera en mi cabeza. Bella tomó mi rostro entre sus manos y lo levantó hasta hacernos quedar frente a frente y, su nariz rosando la mía. A diferencia de mí, sus ojos estaban completamente abiertos ya en estado de alerta; me observaba tan atentamente como si buscara algo en mí, una respuesta, una señal. Unos segundos después, fue ella quien anidó su rostro en mi cuello y enganchó su pierna en mi cintura, atrayéndome hacia ella y acabando con cualquier espacio entre nosotros.

Después de estar un rato abrazados, comencé a sentir su mano acariciando la parte de atrás de mi cuello y, su pierna subiendo y bajando por mi torso. Sus lentos y sensuales movimientos, causaban todo tipo de reacciones en mi cuerpo y no pude (ni quise), soportar las ganas de besarla. Llevé mi boca a la suya y la besé con el mismo ritmo que sus caricias marcaban, tomándome el tiempo de probar sus labios, morderlos suavemente y disfrutar de la forma en que su boca se abría para mí.

Bella me giró, logrando quedar posicionada sobre mí, con una pierna a cada lado de mi cuerpo y aumentando la fricción entre nosotros, sus manos se adentraron bajo mi camiseta explorando la piel a su paso y aproveché para colocar una mano sobre su pierna; conociendo y grabando en mi memoria, las curvas de su cuerpo. Moví mi boca hacia su mejilla y poco a poco fui descendiendo hacia su cuello, a la vez que sentía como ella hacía lo mismo en mí; de forma casi instintiva, lamí el arco de su hombro y me sorprendí al sentir que hincaba sus dientes en el mío.

—¿Acabas de morderme? —mascullé riendo y separándome un poco de ella para ver su rostro.

Bella, me sujetó con fuerza de la cintura y continuó escondiendo su rostro.

—Nooooo —respondió, alargando innecesariamente la silaba, lo cual prácticamente me gritaba que era un "si".

Podía notar que estaba avergonzada; así que coloqué mis manos en sus curvilíneas y tentadoras caderas) y, la abracé con fuerza, para luego darle un ligero mordisco en su hombro.

—Ya estamos iguales —ofrecí.

Finalmente, apartó su rostro lo suficiente para permitirme verla y, así fue como pude notar que estaba sonriendo. La primera sonrisa del día, la sonrisa más importante de todas las que alguna vez, me hubiese dado. Por un breve momento, me quedé maravillado de haber logrado que me sonriera de esa forma; que me sostuviera de esa forma, en lugar de salir corriendo en dirección opuesta. Desafortunadamente, en ese breve momento, también noté que su expresión tambaleaba; la sombra de la duda seguía presente como un animal al asecho; pero también podía observar que ese animal, se había reducido y llegados a ese punto, no era más que un cachorro.

La realidad terminó de atraparnos, cuando nuestros estómagos comenzaron a exigir comida. Al bajar, nos encontramos con nuestros amigos sentados a la mesa y compartiendo un improvisado desayuno. Era cómico ver a Rosalie comiendo exclusivamente con su mano derecha; ya que su mano izquierda, descansaba delicadamente sobre la mesa y mostraba el anillo, cual exhibición de vitrina.

—¿Esto significa que, vas a dejar de usar tu mano izquierda por completo? —bromeó Alice— Me encantaría ver como haces para plancharte el cabello... ¡Y para bañarte!

—En eso último, yo podría ayudarla —agregó Emmett, colocando su brazo sobre los hombros de su futura esposa.

—Aun no llevo 24 horas comprometida, déjame disfrutarlo —se defendió Rosalie. La pobre parecía tener estrellas en los ojos y estaba bastante seguro de que; nada de lo que le dijesen en ese momento, podría derrumbar la cegadora sonrisa que ostentaba.

Si aún tenía alguna reserva; en relación a la reacción de Bella, estas desaparecieron en el transcurso de esa semana. No se trató de ninguna gran revelación y tuve que reprimir la pequeña voz en mi cabeza; que hablaba sobre "dos almas destinadas a estar juntas" porque, la verdad es que no quería que fuese el "destino" quien nos juntara y nos mantuviese unidos, no quería que fuese una especie de obligación cósmica, sino que fuese nuestra decisión.

También debo admitir que, quien nos observarse desde lejos, quizás no notaría un gran cambio entre nosotros. Todavía seguíamos hablando tanto como antes (nada nuevo allí), aún me gustaba fastidiar a Bella por sus extrañas mañas; como su comida casera y su goma de mascar, ella aún me respondía con sarcasmos y demás;sin embargo, ella y yo sabíamos lo que realmente había cambiado: las pequeñas cosas... las que yo consideraba las más importantes, como acariciar su pierna bajo la mesa de la cafetería, robarle un beso (o varios) en el ascensor; rumbo a nuestro piso y el hecho de que siempre encontraba la forma de tocarme; cuando estábamos cerca, su mano en mi hombro o mi espalda, su pie chocando contra el mío... para alguien a quien supuestamente, no le gusta demasiado el contacto físico; ciertamente, no tenía problema conmigo.

El jueves, Phil nos llamó a Bella y a mí para asignarnos otro proyecto en conjunto; así que esa tarde, Bella y yo nos reunimos en mi cubículo.

—Esta es la maqueta que yo ideé hace un par de días; mas aún no estoy segura de la paleta de colores y del tamaño del logo que estuve usando, ¿tú qué piensas?

—Creo que es un hermoso color —respondí sonriendo y observando detalladamente, el escote de Bella. Efectivamente; el que estuviese inclinada sobre mi escritorio, tenía sus beneficios— El tamaño es justo el correcto; pero definitivamente, necesito ver más.

—¿De qué estás hablando? Este es el único logo que he hecho hasta ahora, no tengo más nada que mostrarte.

—¿Estás segura? Porque yo creo que probablemente, tienes dos cosas muy interesantes que, aún no me has mostrado.

Los senos de Bella se movieron a la derecha y luego a la izquierda, confundiéndome por la brusquedad, hasta que sentí un golpe en mi hombro.

—¡Deja de mirarme los senos! —reclamó entre risas.

—¿Es mi culpa que te hayas puesto esa blusa y hayas decidido inclinarte sobre mi escritorio? ¡NO! —me defendí.

Estaba bastante seguro que las sonrisas que ambos mostrábamos, nos hacían lucir como unos niños tontos; sin embargo, por alguna razón, no me importaba.

Escuché un sonido de alguien tocando sobre madera y me percaté que había alguien en la entrada de mi cubículo. En realidad, no había puerta y el hombre podría haber entrado simplemente; mas aun así, había optado por tocar primero. Recordé que eso sólo me había pasado una vez; no obstante, no recordaba cuándo ni con quién.

—Buenos días, disculpen la interrupción —saludó cordialmente. Había algo en él que me resultaba familiar, sus grandes ojos o quizás su cabello castaño, pero no lograba saber por qué.

—Buenos días —repliqué automáticamente, procurando deducir quién era.

El hombre nos dio una amplia sonrisa y arqueó una ceja en mi dirección.

—Casi no te reconozco sin los dientes verdes.

Bella soltó una carcajada tan espontánea que, tuvo que cubrirse la boca con la mano.

Finalmente, pude recordar cuándo lo había conocido. El día en que Angela peleó conmigo y en que a Bella se le ocurrió la "maravillosa" idea de pintarme los dientes de verde.

—Sí —sonreí avergonzado— Me temo que fui víctima de una broma pesada —lancé una mirada de advertencia en dirección a Bella y ella no se inmutó en lo absoluto, al contrario, casi parecía regodearse de ello.

—Bella, no me digas que esa genialidad, fue idea tuya —comentó el hombre.

—Es culpa de él, por andar tocando mi comida —replicó Bella, arqueando una ceja en mi dirección. Ella debió haber notado la confusión en mi rostro porque agregó—: Edward, te presento a Marcus, co-dueño del imperio Webicom; es decir, uno de nuestros grandes jefes del piso 26.

Me quedé frío por sólo un momento, para luego volcar toda mi atención hacía el tipo que me observaba con una sonrisa divertida. Claro, el tipo que me había visto con relucientes dientes verdes en el lugar de trabajo, que excelente manera de conocer a mi jefe. Nada dice mejor "respeto la empresa donde laboro" como una dentadura de color.

—Yo no llamaría "imperio", a Webicom —arguyó Marcus.

—¡Vamos, Marcus! ¡Déjame asustar un poco a Edward! ¿Recuerdas que te dije que tocó mi comida? —rió Bella.

—Lo siento mucho, no tenía idea... no sabía —tartamudeé. No estaba seguro de por qué me disculpaba; más por alguna extraña razón, fue lo primero que se me ocurrió.

Marcus agitó una mano en el aire, como diciendo que no me preocupara (como se notaba que no me conocía).

—Está bien, hombre. No es como si hubiese escuchado en los pasillos que; una contadora de otro piso, te dio una cachetada y te gritó por ser infiel.

En tan sólo segundos, sentí como todo el color abandonaba mi piel para luego volver a toda su potencia, dejando mis mejillas y orejas calientes.

—Edward, mi amor; todavía no es navidad, no tienes que imitar a Rudolph el reno —se burló Bella. Tomó mi nariz entre sus dedos y le dio un apretón.

—Tengo que irme —intervino Marcus—. Si no llego a tiempo al piso 26, mamá me cortará la cabeza ¡Nos vemos!

Creo que logré hacer un gesto de despedida con la mano y un segundo después, Marcus se había ido. Sabía que no era el único en el mundo que se cuidaba de su mamá.

—¿Cómo es que...? —comencé; pero antes de que pudiese terminar, Bella se me había adelantado.

—Antes de que te angusties más, tengo que decirte que Marcus es hermano de Aro, nuestro jefe de verdad; sin embargo, en realidad no tiene nada que ver con la empresa. Allí donde lo ves, es... prácticamente un hippie.

—¿Desde cuándo los hippies usan trajes? —cuestioné.

—Aro y su mamá lo obligan a usar traje cada vez que pisa esta oficina, algo que ver con "la imagen de la familia" o que se yo —explicó Bella, con una mueca de desagrado— Si te interesa conocer al verdadero Marcus, deberías ir a sus lecturas de poesía en la plaza, cada viernes por la tarde.

—Poesía en la plaza —repetí lentamente para procesar mejor sus palabras.

Me imaginaba al hombre de vestimenta elegante, leyendo poesía junto a los muchachos con dreeps que pasaban su rato en la plaza.

—¡Oh, sí! Es fantástico. Lástima que también lo obligan a quitarse todos los piercings antes de entrar, tiene dos con forma de cruz, justo sobre la ceja izquierda.

Eso, definitivamente me hizo sentir mejor y solté un suspiro, plenamente aliviado de haberlo conocido a él y no a Aro. Él definitivamente, me habría cortado la cabeza... o al menos me habría dejado sin trabajo.

Bella se retiró a su cubículo, cuando acordamos que ese tipo de escote, no me dejaría trabajar. Sin embargo, estaba muy contento de que lo usara. Puesto que, después del trabajo, Bella iría a casa conmigo, mientras que Emmett seguía de "pre-luna de miel" (sus palabras, no mías), en casa de Rosalie.

—¿En qué puedo ayudarte? —ofreció Bella, tamborileando sus dedos sobre la barra de la cocina de forma inquieta.

—En absolutamente nada, ya te dije que quiero hacer esto por ti y quiero hacerlo solo.

—Eso es muy lindo de tu parte —replicó ella, su sonrisa lucía tan falsa que, probablemente le dolían las mejillas.

—Bella... puedes decir la verdad —sonreí y me crucé de brazos.

—¡Edward! Tú sabes lo delicada que soy con la comida, ¿cierto? Llevas más de un par de años conociéndome, ¡tú tienes que saber, lo delicada que soy! —sus palabras salieron tan rápido que prácticamente, explotaron de su boca y sus manos se agitaban en el aire sin descanso.

Solté una carcajada porque esperaba una reacción como esa; desde que le dije que cocinaría para ella, en realidad lo había hecho muy bien, al aguantar tanto tiempo.

—Por supuesto que sé, la clase de loca que eres —respondí sonriendo— es por eso que usaré esto.

Abrí una de las gavetas y saqué unos gruesos guantes de plástico, acompañados por un gorro. La sonrisa de Bella era como ninguna otra, cualquiera diría que acababa de regalarle un enorme ramo de flores o montones de chocolates... quién sabe, quizás para ella, la higiene era el equivalente a eso.

—No lo puedo creer —suspiró, en tono soñador.

—Eres una extraña, extraña mujer, Isabella Swan —dije y le di una pequeña sonrisa.

Coloqué mis codos sobre la barra, me incliné hacia ella y unimos nuestros labios en un beso. Mi intención era hacerlo corto y ponerme manos a la obra; sin embargo, cuando intenté separarme, ella tomó mi labio inferior entre sus dientes e hizo presión para mantenerme en mi lugar. Nuestro beso se tornó más hambriento, cuando sentí su lengua adentrándose en mi boca; un momento después, nos alejamos de la barra y pude estrujarla entre mis brazos, para sentir su cuerpo pegado completamente al mío.

No sentí una pizca de duda en ella, cuando me abrazó por los hombros y me haló, tampoco lo sentí, cuando tomó mi mano y la posicionó en uno de sus senos. Mis dedos no necesitaron ninguna otra señal, se adentraron en su escote, logrando rozar su endurecido pezón y ganando un gemido por parte de ambos. No presté demasiada atención, cuando comenzó a caminar porque no había separado sus labios de los míos y tenía cosas más importantes que hacer con ellos, pero cuando golpeé mi pierna con una puerta, abrí momentáneamente los ojos y noté que estábamos en mi habitación.

"Eso fue rápido".

Por un segundo, miré a mi alrededor de forma ansiosa, conocía el lugar perfectamente; pero no tenía planes de... o tal vez... ni siquiera podía pensar bien del todo.

Coloqué una mano en el cuello de Bella y con la otra aparté los cabellos de su rostro. Su mirada me recordó la que me había dado aquella noche, en que me besó por primera vez. Quería preguntarle algo; sin embargo, a la vez no, porque tal como esa noche, el momento era más grande que eso. Bella era una persona madura y durante todo el tiempo que llevaba conociéndola, me había demostrado bastante bien que, no era la clase de personas de hacer algo "por obligación"; además, yo me había asegurado de mostrarle que entre nosotros, no había nada "obligatorio".

Nos miramos a los ojos por un largo momento, hasta que finalmente, una sonrisa irrumpió en su rostro y fue creciendo poco a poco, hasta volverse contagiosa. Segundos después, ambos soltamos una breve carcajada; que dio respuesta, a nuestra pregunta no expresada. Cuando nuestra risa finalmente cesó, unimos nuestras bocas otra vez y el resto fue tan natural, como todo lo que había estado sucediendo entre nosotros

Nuestras manos, trabajaron con rapidez, removiendo toda la ropa que encontraban en el camino. Camisas, pantalones y zapatos adornaban el piso de mi habitación; mas todo lo que se encontraba allí presente, era opacado por la hermosa mujer frente a mí. Nos recostamos en la cama y Bella me sorprendió, cuando tomó la iniciativa de sujetar mis manos y posicionarse sobre mí; su excitación rozaba la mía, de una forma deliciosa que me hacía querer más. Me aseguré de tomar uno de los condones que estaban junto a mi cama y minutos después experimenté por primera vez la suave calidez, de estar en su interior.

Esa noche descubrí que Bella se estremece cuando beso su cuello, también que sus curvas se ven aún mejor mientras está desnuda y, es fascinante sostenerlas mientras se mueve sobre mí. Descubrí que me encanta, cuando gime junto a mi oído y que le gusta afincar sus uñas en su espalda cuando acaricio sus senos con firmeza. Esa fue la primera vez que hice el amor, no sólo con pasión sino con cariño, entre sonrisas de complicidad y picardía que hacían todo aún más divertido, porque era algo que sólo quedaría entre nosotros, como un secreto compartido.

Cuando comencé a escuchar mi nombre, saliendo de sus labios repetidamente, comprendí que ella estaba a punto de llegar a la cumbre... era una lástima que yo le llevase tanta ventaja y estuviese sujetándome por las uñas, para no caer completamente al abismo. Abrí los ojos y me di cuenta de que ella me observaba, su ceño ligeramente fruncido y su boca entreabierta, no tenía idea cómo alguien podía ser sensual y gracioso al mismo tiempo; son embargo, eso me hizo sonreír nuevamente y ella respondió a mi gesto. En ese momento, coloqué mis dedos entre sus piernas y presioné insistentemente, donde sabía que la haría sentir mejor. Inmediatamente, apretó sus ojos con fuerza y asintió con su cabeza una y otra vez hasta que finalmente, la sentí pulsar a mí alrededor. Esa fue la brisa que necesitaba, para hacer que mis dedos dejaran de aferrarse y resbalaran por completo.

Finalmente, había caído al enorme abismo... en más de un sentido.


...

...

Es un placer escribir para tí y leerte.

¿Me regalas tu opinión?

I

I

V