Para muchos el amor es un suceso de una vez en la vida, para otros no llega nunca. Sin embargo, para Edward es un acontecimiento constante. Sus amigos están cansados de escuchar sus desventuras aunque ahora él parece estar completamente seguro de haber encontrado a "la indicada" ¿Cómo creerle a alguien que grita lobo por cada cachorro a la vista? — Una parodia sobre el amor.


En honor a ti (por leer esta historia) y en honor a la nominación como "MEJOR FIC DE HUMOR" en el grupo de FaceBook FFAD Twilight (siéntanse libres de ir y votar jaja), les presento este punto de vista de Bella. Sólo sepan que en este capítulo es Diciembre (recuerden: es ficción ;) )

¡Enjoy!


OUTTAKE : Algo Más

BPOV

5 DÍAS PARA NAVIDAD - Lunes

—¡Alice!

—¿Qué?

—De verdad creo que esto es una muy mala idea —refunfuñé por enésima vez esa mañana.

—¿Bromeas? —bufó— Faltan sólo algunos días para navidad y sé que Edward y Jasper ya compraron nuestros regalos. Tenemos que averiguar que van a darnos para poder comprar el regalo perfecto para ellos ¡Somos unas novias consideradas!

También era algo así como la enésima vez que lo explicaba. Lo peor es que, si me detenía a pensarlo un poco, lo que decía sonaba relativamente lógico y comprensible.

—Está bien —murmuré—, pero...

—¡Genial! Ahora, ¿vas a ayudarme a revisar cada rincón de este apartamento hasta encontrar esos regalos, o no?

Esa era la parte donde dejaba de sonar a "novia considerada" y sonaba más como "novia acosadora y psicópata"

—Los chicos ni siquiera saben que estamos aquí —razoné. No era precisamente normal aprovecharnos de la llave extra de Alice para escabullirnos así.

—¡Lo sé! ¡Es la mejor parte! ¿Cierto?

Ok... al parecer, su razonamiento no funcionaba exactamente igual al mío. Desafortunadamente, no estaba segura de cuál era el correcto.

Alice soltó un resoplido, dio media vuelta y se adentró a la cocina.

—Primer paso: Áreas comunes —declaró, mientras comenzaba a abrir los gabinetes superiores, asegurándose de meter su brazo y palpar todos los espacios.

Después de que Emmett se casó con Rosalie y, naturalmente, se mudó con ella, Jasper accedió a mudarse con Edward para poder seguir compartiendo los gastos del departamento. Ese hecho era precisamente una de las cosas que me había llevado a ese punto.

No, en realidad lo que me había llevado a ese punto era Alice. Mi pequeña amiga me confesó que cada año, desde el inicio de su relación, se escabullía en la casa de Jasper durante navidad para encontrar el regalo que éste le había comprado y poder comprarle algo a la altura. Según ella, un brazalete de marca no podía recibir un simple bolígrafo.

En cualquier otro punto en mi vida, una idea como esa me hubiese parecido estúpida e innecesaria; hacer todo eso por un hombre simplemente no era mi estilo. Sin embargo, éste no era cualquier hombre... era Edward.

Estábamos a punto de cumplir 2 años de relación y debo admitir que jamás imaginé que me sentiría de esta forma. Pasé meses viendo los vaivenes amorosos de Edward desde la seguridad de mi cubículo en Webicom. Cuando finalmente me di cuenta de sus sentimientos hacia mi (casi tuvieron que golpearme en la cara para que pudiera notarlos, pero lo logré) una gran parte de mí sólo quería echar a correr en dirección contraria, pero la forma en la que este hombre supo simplemente entenderme e ir a mi ritmo fue... irresistible.

Así que allí estaba, revisando los cajones de la cocina para encontrar el bendito regalo y poder comprarle algo adecuado. Sólo digamos que me sentí un poco avergonzada cuando él me regaló la primera edición de mi libro favorito de Jane Austin (Sentido y Sensibilidad) y yo le regalo un reloj con el símbolo de Games of Thrones en el fondo. Aunque, en mi defensa, usaba ese reloj tan a menudo como podía.

—¿Encontraste algo? —preguntó Alice, asomando su cabeza por la puerta de la cocina.

—¡Nada! —contesté mientras cerraba la última gaveta de la repisa.

—Sabes lo que eso significa, ¿cierto?

—¿Rendirnos y comportarnos como personas más normales?

—Nop —respondió, con una sonrisa demasiado amplia como para el hecho de que estaba cuestionando su cordura— ¡A las habitaciones, Robin!

Dicho esto, alzó un puño a lo alto, puso su otra mano en la otra cintura, y caminó rápidamente hacia la habitación de Edward con pose de superhéroe volador.

—Estás consciente de que Batman no vuela, ¿cierto?

—Lo sé, sólo es más divertido pretender que vuelo en lugar de pretender que manejo; cualquiera maneja.

Al llegar a la habitación de Edward, nos quedamos mirando alrededor; sus póster de Star Wars, unas pocas figuras de acción, su computadora, sus sábanas azules (no, sus sábanas no eran de ningún fandom, al parecer ese era su límite)

—¿Por qué tenemos que empezar con la habitación de Edward? —cuestioné a la defensiva.

—¡Por Dios, Bella! No sabía que pudieses hacer tantas preguntas. Empezamos aquí porque pensé que te gustaría acabar con esto lo más pronto posible, ¿o no? —Alice arqueó una ceja en mi dirección y se veía más decidida que nunca. Aunque no quería admitirlo, ella tenía razón—. Eso pensé —culminó, casi leyéndome el pensamiento.

—Entonces...

—Yo me encargo de las mesas y tú te encargas del closet. Antes de que se te ocurra preguntar algo, te dejo el closet porque no sé si Edward pueda tener algunas cosas privadas allí dentro y créeme que no quiero enterarme de los gustos sexuales de mi amigo.

Sonreí ampliamente ante su comentario y me dirigí a mi tarea.

Su closet era un absoluto desastre; había ropa por doquier (incluyendo prendas que estaba segura que ya no le quedaban), revistas viejas, lo que parecía ser toneladas de medias y más, pero nada remotamente similar a un regalo.

—Bella, no encontré nada en las gavetas, qué tal te... ¡Oh por Dios, Bella! ¿Dónde estás?

—¡Enterrada en Narnia! —grité desde las profundidades del closet— ¡Dame una mano, por favor!

Finalmente vi su delgada mano aparecer y la tomé sin dudarlo hasta que emergí nuevamente a la luz del día.

— ¡Dios! —exclamé jadeando— Creo que vi a la bruja blanca me guiñó un ojo allí dentro.

—Está bien, creo que podemos decir que los regalos tampoco están allí. Sólo nos queda un lugar más en esta habitación, es un lugar bastante básico pero así suelen ser los hombres, ¿no?

—El cajón de la ropa interior —dijimos al unísono.

Me moví en dirección a ese lugar, pero Alice no movió ni un músculo.

—Ya te dije, mientras más privado sea Edward para mí, ¡mejor! —explicó.

Me arrodillé frente al mencionado cajón que ya estaba entre abierto y revolví las prendas procurando palpar todo pero no encontraba nada.

—Lo siento, Alice, pero parece que no hay nada.

Cuando intenté empujar la gaveta para cerrarla, se produjo un sonido seco y algo chocó contra el cajón de modo que no me permitía cerrarlo completamente. Intenté cerrarlo nuevamente pero aún había algo obstruyendo el camino. Por último me decidí a sacar por completo el cajón y estirar mi mano en la estructura del mueble hasta que mis dedos alcanzaron algo duro. Cuando finalmente lo saqué a la luz, un tenso silencio se extendió en la habitación. Mis manos se pusieron frías y comenzaron a sudar mientras mantenía la mirada fija en el objeto. Lo único que logró sacarme de mi trance, fue el repentino, agudo y largo grito de Alice.

—¿Eso es lo que yo creo que es? —preguntó con entusiasmo.

Mis pensamientos iban a mil por hora. Por supuesto que no podía ser lo que ella creía que era, tenía que haber una explicación más lógica.

—Uhm... no —mascullé entre dientes.

—¿De qué hablas? ¡Claro que sí! ¡Tiene que ser...!

—¡Pendientes! —intervine— ¡Tienen que ser pendientes! O tal vez aretes.

—Sólo hay una forma de averiguarlo —susurró Alice.

La pequeña caja de terciopelo rojo en forma de corazón parecía palpitar sobre mi mano ¿Y si no quería averiguarlo? ¿Y si prefería regocijarme en la pura ignorancia?

¿A quién quería engañar? Por supuesto que ya no podía quedarme en la ignorancia, tenía que abrirlo, no había otra salida. Lentamente, tomé la tapa entre mis dedos y la abrí. Tanto Alice como yo soltamos jadeos de sorpresa. Allí, ante nuestros ojos, había un anillo con banda dorada y una roca blanca, brillante y reluciente en forma de corazón que contrastaba enormemente con el terciopelo rojo donde descansaba.

—Oh, por Dios, Bella —continuó susurrando Alice—. Vas a casarte.

Esa simple frase detonó mis mecanismos anteriores. Sin pensarlo dos veces, solté el anillo y salí corriendo en dirección opuesta.

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3 DÍAS PARA NAVIDAD

Según políticas de Webicom, todos teníamos 5 días libres antes de navidad sin incluir el 25, era una de esas políticas de las cuales nadie se queja.

Edward y yo teníamos planes para vernos esa noche, pero después de ver ese anillo no tenía cabeza para nada más, así que logré cancelarlo alegando un fuerte dolor de cabeza, aunque sabía que la excusa no duraría mucho. La tarde siguiente, nos vimos en una cafetería cerca de la oficina. Aún me sentía bastante confundida y desafortunadamente eso se observaba en cada cosa que hacía.

Cuando llegue a la cafetería, Edward me esperaba en nuestro lugar de siempre.

—Disculpa la tardanza —dije cuando me senté. Llegué con 30 minutos de retraso y podía notar que él no se veía muy feliz al respecto pero al parecer decidió ignorarlo.

—Ya no importa ¿Te sientes mejor?

—Si —respondí de inmediato. Por alguna razón, mi voz sonó mucho más agudo de lo habitual. Probé aclarar un poco mi garganta y repetí mi respuesta nuevamente—. Sí.

Esa segunda vez, sonó más grave... pero mucho más grave. Tosí un poco más y desvié mi mirada hacia las otras mesas.

—¿Quieres que te traiga tu mocaccino? —preguntó con un tono curioso, me atreví a darle un vistazo a su rostro y noté que sonreía.

"Genial. Ahora resulta que soy un chiste con patas" pensé amargamente.

Asentí con mi cabeza y se dirigió al mostrador para hacer mi orden. Aproveché el breve momento de privacidad para tomar una respiración profunda y calmarme.

"Está bien, Bella. Tranquila. Tú puedes hacerlo. No es como si Edward pretendiese arrodillarse y pedirte matrimonio en medio de una cafetería llena de personas" pensé "¡Espera! ¿Acaso pretende pedirme matrimonio en medio de una cafetería llena de personas? ¡Cómo se le ocurre!"

Así de fácil, mis pensamientos se llenaron de ansiedad y mi corazón latía más y más rápido.

—¡Bella! ¿Te encuentras bien? —Su voz me sorprendió. Abrí los ojos y me percaté de que Edward ya había llegado a nuestra mesa con mi café—. Te ves un poco pálida y tensa.

—Estoy bien. Sólo necesito café, es todo

Le di un sorbo a mi bebida y el líquido caliente quemó mi lengua hasta hacerme soltar un siseo.

—Cuidado, Bella. Aún está muy caliente.

—¡No me digas! —repliqué con sarcasmo.

Él me dirigió una mirada extraña y de inmediato me sentí mal por responderle de esa forma sin razón alguna.

—Lo siento, sólo... me dolió mucho, es todo —expliqué a duras penas—. Cuéntame que has sabido de Emmett.

Edward parecía un poco renuente a cambiar el tema, pero comenzó a hablar de su hermano de todos modos. Emmett estaba con Rosalie y su familia en Texas durante todo diciembre, así que nos prestó su auto ya que nosotros nos quedaríamos en la ciudad. Esme y Carlisle tenían sus propios planes, mientras que Alice, Jasper, Edward y yo tendríamos una cena de celebración tras la cual cada pareja partiría a su propia celebración oficial.

—No me estás escuchando ¿cierto?

—¿Qué? ¡Sí! ¡Claro que te estoy escuchando! —insistí de inmediato.

—Entonces, ¿cuál es la respuesta a mi pregunta?

—Uhm... sí, no, para llegar al otro lado, 1.77245...

—No quiero saber cuál es la raíz cuadrada de Pi.

—¿Sabías eso? —pregunté, genuina y gratamente sorprendida.

—Bella... —insistió en tono serio.

—Ok, ok, lo siento. Estoy un poco dispersa.

—Me di cuenta. Estas usando un calcetín azul y otro naranja. Pareces un Muppet.

Levanté la bota de mi pantalón y, efectivamente, estaba usando calcetines disparejos. Edward aprovechó ese momento para tomar mi mano entre las suyas y darme un apretón hasta que mi mirada subió a sus ojos.

—Nunca pensé ver el día en que Bella Swan se comportara más extraña de lo usual —sonrió.

No pude evitar inclinarme y unir sus labios con los míos. Eran las pequeñas cosas como esa las que más me encantaban de él. Justo cuando el beso comenzaba a ponerse más interesante, su teléfono vibró sobre la mesa.

Interrumpió con el beso con una sonrisa de disculpa y contestó su llamada.

—Dime —Hizo una pausa y noté que se removió incómodo hasta separarse un poco de mí. Cuando habló nuevamente, su voz no era más que susurros—. No... No puedo ahora ¿Entiendes? Si... no te preocupes.

Aproveché para tomar mi taza y beber unos sorbos de mi mocaccino. Estaba a mitad de un trago cuando escuché su siguiente frase:

—Está detrás del cajón.

Casi escupo el café en ese momento porque yo sabía perfectamente qué era lo que estaba detrás de cuál cajón. Edward me lanzó una mirada de extrañeza y continuó con su conversación. Para cuando terminó, mis nervios volvían a estar de punta.

—Tengo que irme —concluí rápidamente tomando mi bolso y poniéndome de pie.

—¿Qué? Pero si acabas de llegar ¿Por qué...?

—Tengo que irme ¡Nos vemos luego! —Me despedí de él con un rápido beso en sus labios ("¡diablos! Detestaba tener que alejarme de esos labios... y su dueño), me fui antes de que pudiese decir otra palabra.

Cuando salí a la calle, la fría brisa golpeó mi rostro, acuné mis manos dentro de los bolsillos de mi chaqueta y partí.

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NAVIDAD

Pasé todo ese día ignorando las llamadas de todo el mundo; las llamadas de Alice, las llamadas de Jasper (porque sabía que sólo era Alice llamándome desde el celular de Jasper para engañarme), las llamadas de Edward e incluso ignoré un par de llamadas de mi papá (por si acaso). Me limitaba a enviarles un corto mensaje para dejarles saber que todo estaba bien (aunque no lo estaba). Sin embargo, eso dejó de ser suficiente.

9:35 am "¿Te encuentras bien? Me preocupas -E"

1:12 pm "Si estas molesta por algo, es mejor que lo hablemos -E"

3:31 pm "Quiero saber de ti".

4:45 pm "Bien. Nos vemos esta noche. Las reservaciones que hicimos hace 2 meses son para hoy".

"¡Diablos! ¡Las reservaciones!"

Hace dos meses, a Jasper se le ocurrió la brillante idea de que cenáramos todos juntos en "Flama" (un famoso restaurante de la ciudad) para navidad. Aunque es muy popular, no es un lugar donde suelas necesitar hacer reservaciones... excepto en diciembre. De no haber sido por su mensaje, lo hubiese olvidado completamente.

Tenía 2 horas exactas para que Edward pasara por mí así que me apuré a ducharme y prepararme. A duras penas pude lograrlo pero, tal y como tenía que hacerlo, a las 7:45 estaba aplicando los últimos toques de delineador a mis ojos cuando sonó el timbre.

Tomé mi bolso y corrí hacia la puerta, tropezando mi dedo pequeño del pie contra la mesa de la sala en el camino.

—¡Ouch! ¡Mierda! —vociferé cuando abrí la puerta.

—Qué lindo recibimiento, Isabella ¿Qué hice para merecerlo?

Edward lucía una elegante camisa gris manga larga con pantalones oscuros, su rostro recién rasurado y una sonrisa de suficiencia en los labios. Se veía impresionante. El tono de su camisa, combinaba con el plateado de mi vestido.

—Hola —sonreí.

Sin responder a mi saludo, dio un paso hacia mí y unió sus labios a los míos presionándolos con fuerza. Era un beso que literalmente me calló y dejó sin palabras.

—Hola —replicó finalmente cuando se separó de mis. Mis ojos permanecieron cerrados por unos instantes más de lo necesario hasta que pude abrirlos. Su mirada era de curiosidad.

Tomé su mano con firmeza y lo halé en dirección al auto de Emmett.

Tal como sucedió la vez anterior, justo cuando comenzaba a relajarme, llegaron mis pensamientos ansiosos porque una idea cruzó por mi mente: ambos vestíamos de forma elegante, estábamos por cenar en un hermoso restaurante, todo eso encendió una alarma dentro de mí; un letrero rojo neón, en mayúsculas y con sonido incorporado que decía "ME LO VA A PROPONER HOY".

"¿Cómo no lo vi antes? ¡Por supuesto que lo hará hoy!" pensé. Después de todo, ¡es Edward! Un enorme gesto romántico a mitad de un poblado restaurante sonaba como algo que el haría. Empezaron a llegarme a la cabeza imágenes de un anillo escondido dentro de un pastel de chocolate o sumergida en una copa de champagne, incluso un flash mob en pleno comedor en el que los demás comensales bailaran una coreografía al ritmo de una canción que sonara de repente.

Cuando entramos al restaurante, sentí que iba en piloto automático, pero me aseguré de mirar detenidamente al anfitrión y al camarero en busca de alguna señal furtiva que pudiese dar a Edward (tal como sucedería si fuese parte de algún plan maestro). Al llegar a la mesa, Jasper y Alice ya estaban allí luciendo muy acaramelados y unidos. Cuando nos saludamos, Alice me abrazó y susurró en mi oído:

—Oh, por Dios, Bella ¿Crees que te lo propondrá esta noche? Vacié toda la memoria de mi teléfono para que estemos preparadas. No te preocupes amiga, tomaré foto de cada segundo del suceso.

Sus palabras no hacían nada para calmarme. Durante la comida, mi pierna no dejaba de moverse en forma inquieta bajo la mesa. Comí mi salmón (pausadamente en caso de que encontrase algo allí que no quisiera tragar) y cuando nos preguntaron si queríamos algún postre inmediatamente dije que no.

Sin embargo, no hubo nada que pudiese hacer al respecto cuando finalmente sucedió. Una mirada furtiva entre Jasper y Edward, una seña secreta y el camarero doblando la esquina y llegando a nosotros sosteniendo una bandeja con cuatro copas de champagne burbujeante.

—¡Llego el momento! ¡Llego el momento! —exclamó Alice a mi lado.

La comida me daba vueltas en el estómago. Sin pensarlo dos veces, coloqué mis manos sobre el brazo de Edward y lo apreté con fuerza hasta que capté su atención:

—Edward te amo mucho, de verdad que sí, pero no creo que estemos listos...

El camarero colocó las copas sobre la mesa y cuando estaba por poner la última, lo vi: el hermoso anillo de banda dorada en el fondo de la copa; la piedra blanca parecía más grande y brillante. Me puse de pie como un resorte y le arrebaté la copa al camarero.

—¡No! —alegué con fuerza— ¡Lo siento! Por favor no ahora, todo va muy bien, no quiero más cambios, no quiero...

—Uhm... Bella... —Sentí unos golpecitos contra mi hombro, al girar la cabeza noté que Jasper estaba de pie a mi lado, mirándome con el ceño profundamente fruncido— No quisiera interrumpirte pero, ¿me devuelves mi copa?

—¿Tu qué? —cuestioné sin entender nada. Bien podría haber estado hablando chino en ese momento.

Una de sus manos tomó mi muñeca mientras que con la otra me quitó la copa.

Un jadeo de sorpresa llamó mi atención y me di cuenta que era Alice, quien tenía los ojos como platos y ambas manos tapando su boca.

—Oh Dios, oh Dios, oh Dios —masculló en forma aguda.

Cuando volteé nuevamente hacia Jasper, este ya se encontraba de rodillas frente a Alice.

—Querida, esta no era exactamente la forma en que imaginaba hacer esto —anunció, con un tono un tanto irritado—, pero te amo mucho, ha sido así por más de 4 años y ya no quiero esperar más para que lo celebremos ante todos. Alice Brandon ¿Te casarías conmigo?

El grito de mi amiga resonó en todo el lugar, podría sentir los ojos de cada persona en el lugar posados sobre nosotros, o mejor dicho, sobre ellos.

—¡Si! ¡Si, si, si, si! ¡Claro que sí!

Alice tomó la copa de las manos de Jasper y rápidamente sacó el anillo para luego colocarlo en su dedo. Los comensales irrumpieron en aplausos mientras mis amigos se unían en su abrazo.

—¡Oh! —exclamé débilmente.

—Exacto —La voz de Edward, firme y en un tono de desdén, sonó muy cerca de mi oído— Oh.

Decir que el trayecto de vuelta a casa fue incómodo, sería un eufemismo. Quería que se abriera un hueco en la tierra, me tragara y me escupiera en el lugar más remoto posible. Sabía que le debía muchas disculpas pero me sentía tan avergonzada que no podía pronunciar palabra alguna y él ciertamente no me lo haría más fácil. Podía verlo apretando el volante y acelerando el auto hasta el límite de lo legal, es por ello que me sorprendió cuando se estacionó frente a su casa en lugar de llevarme a la mía ¿Acaso era su manera de decirme que me perdiera?

Edward se bajó del auto y caminó hacia la entrada de su edificio sin decir una palabra. Lentamente salí del auto y me quedé de pie junto a éste, dudando acerca de qué hacer, hasta que vi a Edward sosteniendo la puerta de su edificio en una clara invitación para mí. Antes de que pudiese arrepentirse, me apresuré a seguirlo (aunque mis tacones se doblaron un par de veces en el camino). Subimos en el ascensor en silencio y de igual forma entramos a su hogar. Él se dejó caer pesadamente sobre el sofá de la sala y nuevamente dudé de mi siguiente paso pero finalmente arrastré mis pies hasta él y me senté a su lado. Con mí mirada fija hacia el frente (para no tener que verlo a los ojos), pregunté:

—Entonces... ¿El anillo no era tuyo?

—Nop.

Asentí con la cabeza.

—¿No estabas planeando pedirme matrimonio?

—Nop.

Nuevamente asentí con la cabeza.

Tomé uno de los cojines del sofá entre mis manos y enterré mi cabeza en él.

—Esto es tan vergonzoso —chillé con la cara pegada a la pequeña almohada.

Segundos después sentí la mano de Edward dándome palmadas en la espalda.

—Vas a estar bien, Bella —declaró. Sin embargo, podía escuchar una sonrisa en su voz. Me atreví a destaparme un poco para verlo y sentí una ola de alivio al ver que efectivamente estaba sonriendo un poco, aunque eso significara que estaba burlándose de mí.

—Eso es fácil para ti decirlo —señalé, mi voz sonando amortiguada—, tu no estuviste actuando raro todo este tiempo ni te humillaste así.

—Tal vez no, pero créeme que ya sé lo que es actuar raro y sentirse humillado. Ten en cuenta que estás hablando con un tipo que una vez pasó más de la mitad de un día laboral con los dientes verdes.

No pude evitar reírme un poco ante eso, pero aun así no alejé el cojín de mi cara. Un momento después, Edward habló nuevamente, pero en un tono mucho más sereno.

—De verdad no quieres casarte conmigo, ¿cierto?

Lentamente aparté el cojín de mi cara y dirigí mi mirada hacia él. Su rostro estaba hacia el frente, sin verme y sin dejarme leer su expresión.

—No es eso.

—Bella... —insistió.

—Está bien, déjame explicarme. La verdad es que no quiero casarme en general. No es algo con lo que sueñe ni que me llame la atención, no he tenido muy buenos ejemplos de matrimonios en mi vida así que pensar en ello no me hace asociarlo con una unión eterna, sino más bien en obligaciones.

—Eso suena tan romántico —respondió con desdén—. Deberías decirlo en el brindis de la boda de Alice, así Rosalie y Emmett se enterarán más rápido.

Le di un suave empujón en el hombro —¡Edward! Discúlpame, en serio, no debí haber hecho nada de lo que hice, pero por favor ten en mente que... —pausé y sopesé bien mis siguientes palabras antes de continuar con suavidad:

—Eres la mejor relación que he tenido en mi vida. Eres el único hombre con el cual me he visualizado a futuro; el sólo hecho de pensar en algo que podría atentar con nuestra relación —porque eso es lo que el matrimonio es para mí— me asusta. Por favor Edward, podrá parecerte lo más extraño del mundo, pero mi reacción en realidad significa que te amo y que definitivamente quiero estar contigo.

No me atreví a mirarlo nuevamente por temor a lo que encontraría allí y pasamos un largo rato sin decir nada, hasta que finalmente sentí sus brazos rodeando mis hombros y halándome hacia él.

—Ay, Bella Swan. Me quejaría de lo acabas de decir sino fuese porque desde el principio estoy consciente de que no eres nada normal.

Cuando intenté empujarlo un poco, el sólo me abrazó con más fuerza y yo lo agradecí.

—Ahora que lo pienso. Al principio también estabas un poco renuente a que tuviésemos una relación ¡Y mira donde estamos ahora!

—Uhm... si... pero no funciona igual —argumenté.

—¿Eso crees? No lo sé, Isabella. Quizás un día te despiertes y ¡BAM! Ya estaremos casados.

—¿BAM? ¿Qué se supone que es ese "Bam"? ¿Un carro me atropella, pierdo la memoria y te casas conmigo alegando que ese siempre fue mi sueño?

—¡Interesante idea! La mantendré como opción.

Rodé los ojos y me acurruqué más hacia su cuerpo.

—¿Me disculpas? —susurré con mi cara enterrada en su pecho.

—No te preocupes, lo haré —contestó tranquilo—. Harás un montón de cosas lindas para compensarme, ¿cierto?

—Está bien —gruñí.

—¡Hablo en serio! —rió con fuerza— Estoy hablando de gestos románticos. Quiero dulces, flores, todo el cliché que sueles aborrecer.

Su pecho vibraba de alegría y aunque sus palabras no me agradaban del todo, podía vivir con ello.

—¡Ok, ok! Ya entendí —sonreí.

—¿Sabes quién debe amarte ahora? ¡Jasper! —declaró con una gran carcajada. ¡Pobre Jasper! Casi había arruinado su gran noche— El pobre estaba tan nervioso que apenas pudo probar bocado estos días. Lo que me recuerda ¿Cómo diablos sabías del anillo?

Sentí que mis orejas se ponían calientes ante su pregunta.

—Es posible que Alice y yo revisáramos sus cosas para encontrar nuestros regalos de navidad —mascullé entre dientes lo más rápido que pude.

—Ok... ahora tendrás que hacer el triple de cosas para compensarme. Estoy pensando en desayunos en la cama y mucho, mucho sexo. En serio, nada de dolores de cabeza a partir de ahora —sonrió ampliamente.

Solté un largo suspiro y me acerqué a él hasta que mi boca quedó a sólo pulgadas del suyo pero sin tocarlo del todo; podía sentir y oler su cálido aliente mezclándose con el mío.

—Parece que tengo mucha tarea que cumplir —murmuré— ¿Te importa si comenzamos ahora?

Cuando lo sentí inclinarse hacia mí con sus labios entre abiertos y listos para besarme, me levanté del sofá y caminé hacia su habitación. En el camino, desamarré las cintas que sostenían mi vestido en el cuello y la seda se resbaló por mi cuerpo hasta caer en el suelo. Di un vistazo hacia atrás y noté que Edward continuaba sentada, con su boca abierta y los ojos fijos en mi cuerpo el cual sólo estaba cubierto por una fina pieza de ropa interior.

—¿Vienes? —pregunté sonriendo.

Él de inmediato se levantó y corrió hacia mí como depredador sobre su presa. Después de eso, lo único que se escuchó en su habitación fueron risas y... algo más.


4.000 palabras de Outtake fue un arduo proceso

Recuerda: los reviews, así como la lectura y el amor, son gratis y muy importantes

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