Había mucho qué hacer al otro día. Principalmente, pasar desapercibida por los profesores y alumnos, hacerme un lugar en la conferencia de Harry y, sobre todo lo demás, mantenerme lejos de los problemas, y también de la tal Dixie. Pero esto último iba a ser muy, pero muy difícil según me di cuenta durante el día, y más aún considerando que tuve la "brillante" idea de enfrentarla delante de sus esbirros, quise decir amigas.

Muy pronto me di cuenta de que la tal Dixie era de cuidado, pues tenía "ojos" por todas partes. Como buena Ravenclaw, y como líder natural que era, organizó un grupo de "espionaje" que nos tenía vigiladas tanto a Marcia como a mí, del cual mi amiga no se había dado cuenta hasta que se lo dije discretamente, en un momento en que nos dejaron solas en el baño de los dormitorios. Marcia me miró con extrañeza cuando me metí tras ella en el cuarto de baño, y abrí rápidamente las llaves de la ducha. Al voltearme a hablarle la vi con los brazos cruzados, mas luego me asusté cuando la vi alzar los hombros y comenzar a desnudarse.

— ¡¿Marcia, qué estás haciendo?! — le dije en voz baja agarrándola por los brazos.

— Pues quitándome la ropa — dijo como si tal cosa —. No sé si en el "más allá" se tomen duchas, pero sí sé que aquí lo hacemos sin ropa.

— ¡No, no Marcia, no vamos a ducharnos! — le dije algo exasperada.

— ¿No? — preguntó con duda, para luego contestarse e intentando taparse con los brazos mientras señalaba el tapete de baño con los ojos—, entonces; ¿primero vamos a hacer…?

— ¡No, tampoco! — le dije arrojándole una toalla — ¡Me metí tras de ti porque tengo que hablar contigo!

— Ah… pero, ¿por qué no hablamos mientras sacábamos nuestra ropa? Hubiera sido más fácil que hacer esto.

— Sí claro… Hubiera sido más fácil anunciarles a Dixie y sus esclavas que les descubrimos que nos espían.

— ¿Eh? ¿Espiar? ¿A nosotras? ¿Y cómo es…?

— ¡Ssshh, para empezar baja la voz! Ya bastante habrá que decir para explicar por qué estamos metidas aquí juntas. Ahora, si abrí las llaves fue para que el ruido del agua tape nuestras voces.

— Ah… ¿Pero, no es mejor usar un Muffliato para eso?

— No, porque el agua dejaría de escucharse también, y levantaría sospechas.

— Ah, entiendo… Bueno, entonces disimularé — dijo Marcia finalmente, y se puso a cantar. Me acerqué a su oído y le conté que al levantarnos había visto a dos chicas hacerse señas cuando nos despertamos, para después quedarse viéndonos y vigilar cada movimiento nuestro. Le dije que siguiera cantando mientras pensaba en algo, y que luego se lo comunicaría. Entonces escuché la puerta que alguien quería abrir, y me apresuré a detener la puerta. Con la otra mano agité mi varita y le lancé un hechizo a Marcia, el cual terminó de desnudarla y la envió dentro de la ducha mientras seguía cantando. Luego, salí haciendo una actuación memorable.

— Uugghh… — me quejé agarrándome el estómago — La-la ducha está ocupa… ¡uughh!

No sé cómo me vería la chica que abrió la puerta, pero hizo un gesto de asco y se retiró de frente a mí, en tanto otras dos me devolvían dentro del baño y cerraban la puerta a mis espaldas. A una la oí decir que sólo "la rarita" de Marcia podía soportar el asco de mi "malestar". Me puse a escuchar tras la puerta y, cuando me cercioré de que nadie estaba oyendo, abrí las cortinas para hablar de nuevo con Marcia.

— ¡Aaah! — gritó mi amiga, haciéndome gritar al mismo tiempo.

— ¡Marcia, me asustaste! — le dije mientras ella trataba de cubrirse — ¡Y ya deja eso! Te aseguro que no tienes nada que no haya visto antes.

— ¿En serio? — replicó incrédula — ¿Y cómo lo sabes? ¿Has visto "muchas cosas" antes?

— Eh… pues… — respondí antes de que la vista se me nublara. A mi cabeza acudió una imagen un tanto bizarra, de niñas de varias edades en un baño parecido a los del colegio, que estaban cambiándose de ropa, acicalándose ante los espejos y comparando sus cuerpos adolescentes. Lo raro es que yo las miraba desde una perspectiva elevada, como si las mirara en el fondo de un pozo. Las imágenes se desvanecieron de repente, y volví a la realidad mirando la cara infantil de Marcia.

— Pues sí Marcia, vi muchas cosas así antes — le contesté atropelladamente —. No sé cómo fue pero sé que las vi. Pero ahora no es momento de hablar de eso, necesito decirte otra cosa, así que pon atención.

Rápidamente puse a Marcia al tanto de lo que quería hacer al otro día, al terminar la conferencia de DCAO. Le pedí que me ayudara a pensar en alguna forma de acercarme a Harry Potter, a lo que ella accedió sin chistar, pues era una admiradora de él. Quedamos de acuerdo en asistir juntas a las clases, mientras pensábamos en algún plan para evitar que la vigilancia que Dixie y sus amigas nos habían impuesto nos impidiera estar en dicha conferencia. Debíamos ser sumamente discretas, ella no debía enterarse de lo que quería hacer para que no se entrometiera en mis planes.

Pero al parecer entrometerse era la especialidad de ese grupillo siniestro de chicas pagadas de sí mismas, y de su líder Dixie. Salí del cuarto de baño fingiendo el "malestar", sólo por si acaso, y al hacerlo me encontré con la sorpresa de que me esperaban dos personas. Una era un hombre alto y delgado vestido de blanco, y la otra era Dixie en persona, con cara de fingida preocupación.

— ¡Ay compañerita, pero qué mal te ves! — dijo ella, con voz aún más fingida — Cuando escuché de las demás que te sentías enferma no lo pensé dos veces, ¡y fui rápidamente por el enfermero Pomfrey para que te auxiliara!

— Ahmm… — comencé a decir — Gracias Dixie, pero no te hubieras molestado, yo ya me siento…

— A ver, abra grande — me interrumpió el enfermero, metiendo un palito plano en mi boca, ante la cara de satisfacción de Dixie.

Tras una auscultación rápida, el enfermero dictaminó que debía acompañarlo a la enfermería, para que Madame Pomfrey dictaminara si mi salud estaba bien para asistir a clases. El nombre me sonaba, pero no podía precisarlo, así que decidí acompañarlo para uno, no despertarle sospechas, y dos; zafarme por un rato de la vigilancia de Dixie. Le dije al enfermero que me permitiera avisarle a mi amiga, pero él no lo permitió alegando que, si estaba enferma no debería agitarme demasiado ya. Así que lo acompañé preocupada por Marcia, pues no sabía cómo iría a reaccionar al no encontrarme.

Ya en la enfermería, me enfrenté con Madame Pomfrey, y fue entonces que comencé a recordar algo. Al ver su cara comencé a recordar algo, muy difuso y lejano. En mi recuerdo ella estaba joven, muy joven, a diferencia de la anciana que tenía enfrente. Me miró algo despectiva, a través de sus gruesas gafas, y al parecer eso le bastó para dar su diagnóstico.

— ¡Esta niña no tiene nada Augustus! — le gritó al enfermero — ¡Ya te he dicho cómo reconocer a los que pretenden faltar a clases fingiendo estar enfermos, no sé por qué sigues malgastando mi tiempo con ellos!

— P-perdón abuela… E-es que me d-dijeron… — balbuceó el enfermero, poniéndose colorado.

— ¡Perdón ni que nada! — dijo Madame Pomfrey — ¡Espera y verás! ¡Y usted niña, váyase a clases y déjese de perder el tiempo!

— Perdóneme, lo siento Madame — dije antes de irme —. La verdad es que unas chicas me molestaban, y no se me ocurrió otra forma de sacármelas de encima. No pensé que fueran a buscar al enfermero, porque ellas no son así.

— ¿Chicas? ¿Qué chicas? — preguntó Madame intrigada.

— Sólo conozco el nombre de una — contesté —, se llama Dixie.

— Ahm, ya veo — replicó Madame pensativa —. DixieDrew, como siempre un problema hecho persona. No le hizo daño a usted, ¿verdad?

— Oh, no Madame, al parecer ella se siente feliz molestándonos a mí y a mi amiga Marcia.

— Ah, Marcia McArthy. Linda chica, casi una niña todavía. Creo que es por eso que la molestan, es muy inocente la pobre. Pero si ella quisiera defenderse… Bueno, tal vez le daría a Dixie en qué pensar.

— ¿Perdón, habla en serio? Pero si le tiene pavor tan sólo a escuchar su nombre.

— Es porque no ha tenido el valor para enfrentarla, pero de que podría hacerlo… Bueno, digamos que me encantaría ver ese duelo, si es que llegaran a retarse. Ella proviene de una familia de magos muy poderosa, se dice que en alguna rama de ella corre sangre del mismo Merlín. Pero lo cierto es que cuando llegó teníamos dudas sobre ponerla en primer año o no, sus poderes son muy fuertes, pero ella aún no se da cuenta. No lo parece, pero debería estar en primer año.

— ¡¿Cóomo?! E-es decir, ¿apenas tiene o-once años?

— Así es. Pero ella nació con algunas cosas especiales. Para empezar, creció algo más rápido que las niñas de su edad, al parecer es algo relacionado con sus hormonas. Y por lo mismo, el poder de su magia se ha desarrollado igual de rápido, por lo que cuando llegó el año pasado se decidió ponerla en tercer grado al ver que el Sombrero Seleccionador encontró gran cantidad de conocimientos en su cabeza. Lo único malo es que algunas veces tiende a comportarse como una niña todavía, y no sabemos por qué. Sus padres la llevan a terapias con psicólogos magos, y esperan que eso la ayude, pero ahora que tiene una amiga en usted, pues bueno, quizá el proceso se acelere un poco para bien de ella.

— Wow… Soy su primera amiga — dije casi para mí misma. Aquella revelación me hizo dar vueltas a la cabeza, y solo la voz de Madame Pomfrey me sacó del trance.

— Bueno niña, en vista de que no le voy a curar nada, le sugiero que busque a su amiga Marcia y se vayan a clases. Ahí estarán a salvo de la señorita Drew y sus esbirros, digo, su grupo de "amigas". Augustus la acompañará para justificar su retardo.

— Muchas gracias Madame Pomfrey. Con su permiso.

— Oiga, antes de que se vaya, permítame preguntarle algo.

— Sí Madame, lo que guste.

— Mi vista ya no es la de antes, pero creo que mi oído no está tan mal. Dígame, ¿no me había visitado nunca?

— Eh, bueno no, creo que no Madame, por fortuna no he tenido la necesidad.

— Mmmhh, no lo sé… su voz me recuerda… ¡Bah, olvídelo, debe ser la edad! Ande, vaya a sus clases niña.

— Gracias de nuevo Madame, Hasta luego.

Salí con el enfermero hacia las aulas, preguntándome si ella me habría visto alguna otra vez, y pensé que ella no me había preguntado mi nombre, quizá si se lo dijera… Pero por ahora, debía enfocarme en mantener a Dixie a raya, y no permitirle que me echara a perder mi plan de hablar con Harry. Y ahora que sabía algunas cosas de Marcia, estaba segura de que podría lograrlo.