Lo primero que pensé en hacer al salir de la enfermería, fue encontrar a Marcia y charlar largo y tendido con ella, en algún momento que tuviéramos desocupado y libres de la presencia de Dixie y sus secuaces-amigas. Tan enfrascada iba en mis planes, que no escuché que el enfermero me hablaba.
— ¡Señorita! — le escuché gritar. Con eso volví a la realidad.
— ¿Eh? ¡Ay, discúlpeme por favor! — dije atropelladamente.
— No hay cuidado — dijo cambiando el tono de voz —. Le preguntaba si sabe por qué la señorita Drew querría jugarle esta broma de mal gusto.
— Pues en verdad no lo sé. Tal vez sea venganza por lo de su ropa.
— ¿Eh, cómo dice?
— Ah, nada señor. Es larga historia y ni vale la pena.
— Pues, para no valer la pena como dice, ella se tomó bastantes molestias. Cuando me buscó yo estaba atendiendo un par de lastimados en el campo de quidditch. Ella me mandó buscar con una de sus compañeras que pertenece al equipo de Ravenclaw, me parece que la llamó y esta compañera me dijo que era una emergencia.
— Oh, vaya con la chica lista. En fin, ya me las pagará.
— Aquí entre nosotros señorita, tenga cuidado con ella. Yo he estado de ayudante y aprendiz con mi abuela desde hace poco, pero en ese tiempo me he enterado de cómo es ella. Y créame, es mejor mantenerse alejado.
— Bueno, gracias por el consejo enfermero, lo tomaré en cuenta.
— De nada señorita. Cuídese, y si necesita algo no dude en llamarme.
— Gracias otra vez, Hasta luego.
El enfermero se alejó por el pasillo que habíamos recorrido para llegar a la zona de aulas, y mientras lo veía alejarse, tuve la rara sensación de que ya había visto su cara en otra ocasión. Deseché rápido la idea, para enfocarme en los planes que tenía y en encontrar rápido a Marcia, antes de que Dixie lo hiciera. Con esto en mente me encaminé hacia el Gran Comedor, creyendo que si no la encontraba allí sería fácil preguntarle a alguien por ella. Iba tan abstraída pensando en qué iba a decirle, que no me di cuenta que alguien venía en sentido contrario y me estrellé contra esa persona, yendo a dar al suelo.
— ¡Auch! — me quejé, al mismo tiempo que al chico contra el que choqué carraspeaba. Al parecer le había sacado el aire.
— ¡Oye, fíjate por dónde…! — comenzó a decir tras recuperar el aire. Me encontró aún en el piso y se quedó callado.
— ¡¿Y qué, me ves rara o qué?! — grité para hacerlo reaccionar. Hizo ademán de volver a la realidad, y de inmediato me tendió una mano para ayudarme a levantar. Estaba a punto de aceptar su ayuda, cuando vi en su túnica el inconfundible escudo plateado de Slytherin, y de inmediato retiré la mano y me levanté rápido.
— ¿Eh? — atinó a decir confuso — ¿Pero, por qué…?
— Gracias, pero no quiero tratos con tu casa — le dije en tono molesto —. SI no te importa, me voy.
— Pues tienes razón, no me importa — respondió altanero. Iba a contestarle, pero me cayó tan mal su sonrisita burlona que mejor di media vuelta para alejarme de él. Extrañamente, por un rato solo oía mis propios pasos, como si él se hubiera quedado ahí parado en medio del pasillo. La curiosidad me hizo detenerme, pero no quería voltear a mirar, y me hubiera aguantado si él no hubiera gritado de lejos.
— ¡Adiós altanera! — dijo en voz alta agitando una mano.
— ¡No me llames así! — le grité volteando al fin por completo — ¡Me llamo Myrtle, insolente!
— ¡Y yo soy Orlando, no insolente! — dijo haciendo una exagerada reverencia — ¡Ahora ya sé de quién cuidarme, nos vemos Myrtle "Altanera"!
No me explico por qué no lo embrujé cuando me dio la espalda para irse, pero así fue. Cuando lo perdí de vista desquité mi coraje con unas piedras de la pared, las cuales desprendí con un hechizo de ataque. Pero cuando estaba calmándome tuve otro encuentro aún más desagradable que el anterior.
— ¡Ay mira Candy! — dijoDixie llegando a mis espaldas, acompañada por su confidente de turno — ¡Es la amiga rarita de Marcia! Creo que ahora la contrataron para remodelar el colegio. Claro, con ese aspecto de obrera que tiene no podía ser otra co…
— ¡Ya basta, cállate! — le grité apuntándole con la varita — Mas te vale que me dejes en paz, lengua de mantícora, o terminarás como esas piedras.
— ¡¿Cómo me llam-maste, cara de dementor? — me dijo, ya presa de la furia. Su amiga dejó de reírse, y se alejó discretamente un par de pasos.
Estábamos furiosas. Yo me sentía humillada por Dixie, y ella ofendida porque no se esperó a que me rebelara y no pudiera dominarme como a sus seguidoras. Varitas en mano, estuve a punto de maldecirla, cuando de repente a mi memoria vino un recuerdo, tan claro como si lo estuviese viviendo. Vi a una chica diferente frente a mí, una con una sonrisa de burla, señalándome, y me escuché gritándole insultos, mientras ella seguía riéndose. Y le grité por su nombre, Olivia Hornby. Recordé que le devolvía sus insultos, y ella comenzaba a mirarme distinto, y ponía cara de espanto cuando lo hacía. Era como a la Myrtle que miraba fuese una especie de monstruo, o un… un fantasma.
— ¡Oye tú, nariz de gusamoco, despierta! — me gritó Dixie, haciéndome reaccionar. Miré mi mano armada con la varita, y luego a ella. Entonces la guardé y sin decir nada más me di la vuelta para seguir mi camino, mientras ella seguía hablando.
— ¡¿Qué?! — dijoDixie, estallando en cólera — ¡Ah no, tú no te vas a ir sin pagarme ese insulto!
— ¿Y qué harás, maldecirme? — le dije sin voltear a verla — Hazlo, toda la escuela lo sabrá.
Ella se quedó misteriosamente callada, y luego la escuché gritar. Giré rápidamente y la vi cayendo de rodillas, y a su amiga corriendo a auxiliarla. Estaba sangrando de un brazo, y gritaba como si estuviera herida de muerte. Me quedé impávida, sin saber qué hacer, hasta que dos prefectos aparecieron en el pasillo, como resultado de los gritos.
— ¡¿Qué pasó aquí, quién le hizo eso?! — preguntó uno de ellos, precisamente el que me guiara a los dormitorios.
— ¡Fue ella! — respondióDixie señalándome — ¡Me atacó a traición, yo no le hice nada!
— ¡C´-cómo?! — dije , tomada por sorpresa — ¡N-no. No es verdad, ella me insultó y yo le…!
— ¿Es verdad eso, ella lo hizo? — le preguntaron a la tal Candy. Ella me miró y luego a Dixie, a quien vi hacerle una seña muy discreta.
— ¡Sí, sí fue ella! — dijo sin parpadear siquiera. Fue suficiente para ellos, y mientras uno las acompañaba a la enfermería, el otro me escoltaba a la mazmorra de castigos.
De nada me valió intentar razonar con el chico prefecto, quien me dejó sin más en el salón de castigos, tras decirme que tendría que hablar con el director sobre mi conducta. Me confundió un poco saber que ahora había un director, pues me había quedado el recuerdo de Minerva McGonagall como la última directora de Hogwarts. Como fuera, no tuve más remedio que resignarme al castigo, mas sin embargo no sentí que la estuviera pasando tan mal en la soledad y el silencio de la mazmorra. Comencé a explorarla para matar el tiempo, y vi que había una numerosa galería de retratos como la de las escaleras, solo que éstos estaban en su mayor parte arrimados a las paredes, sin estar colgados, y recubiertos de muchas capas de polvo.
Por curiosidad tomé uno que estaba solo en un rincón, cuyo marco estaba tan viejo que se desbarató al tocarlo, y el lienzo mágico se salió de él. Lo tomé y soplé sobre él para sacudirlo un poco, lo que me hizo respirar el polvo que lo cubría y comencé a toser con fuerza. Las sacudidas que me provocó la tos hicieron que el polvo cayera más rápido, y pude ver al fin la cara del personaje retratado. Lo reconocí como el mismo hombre que me había hablado en la estación King's Cross.
— ¡Ah, mil gracias! — dijo sonriendo — Por aquí nadie se acuerda de pasar un sacudidor de vez en cuando. Gracias por quitarme el pol… ¡Oh, hola de nuevo niña!
— Ho-hola — contesté con mucha curiosidad — Di-disculpe, ¿usted me conoce?
— Por supuesto que sí — contestó con seguridad — Tuve la buena fortuna de tenerte como alumna en este colegio, cuando enseñaba Eventos Mágicos Históricos y sus Consecuencias en la Actualidad.
Me quedé callada un momento, mientras mi mente recordaba. El nombre de la materia me resultaba vagamente familiar, de igual forma que el rostro amable del hombre del retrato.
— Para más datos — siguió diciendo el caballero —, usted fue la única que supo cómo fue la actualización de los horarios del mundo mágico tras el advenimiento del Cometa Haley en la Edad Media, en tanto el mundo muggle lo tomó como el fin de los tiempos.
Mi rostro se iluminó, y de repente en mi memoria apareció el recuerdo de ese día. Fue la única ocasión que pude ver humillada a Olivia Hornby, quien fue preguntada por ese dato por parte del profesor, lo cual por supuesto no sabía, y yo sí lo supe.
—¡Profesor Jones! — dije casi saltando — ¡Usted es el maestro Jeremiah Jones!
— El mismo que vestía y calzaba — dijo ampliando su sonrisa —. Ahora sólo visto al óleo, y sin calzado pues me retrataron de la cintura para arriba, je, je.
— Ay maestro — dije con sinceridad —, no sabe cuánto me alegra verlo de nuevo, aunque sea así. Me dolió mucho la noticia de que muriera a un mes de iniciar clases.
— Sí, a mí también me dolió… Aunque sinceramente, no me arrepiento de haber tenido oportunidad de haber visto tan de cerca esa erupción volcánica… En fin, ya habrá más tiempo de hablar de mí, yo quiero saber qué ha sido de ti muchacha. Quiero saber qué te han parecido estos tiempos nuevos, ahora que volviste.
— Bueno, pues… ¡Oh-oh, oiga espere! — contesté sorprendida — ¿Cómo es eso de que volví? ¿De dónde volví? O más bien, ¿A dónde y cuándo me fui?
El semblante del maestro cambió un poco, y se puso muy serio. Sin dejar de mirarme, pude notar que estaba pensando cuidadosamente lo que iba a responder.
— Huy niña… — comenzó a decir apenado — Por favor, perdona a este viejo maestro por decir tonterías. Es que cuando te vi despertar en ese banco de la estación, yo pensé que…
— ¿U-usted me vio? — le interrumpí, ansiosa por saber más — ¿Usted vio cómo llegué allí?
Asintió lentamente con la cabeza, pero se quedó callado con el gesto de quien no sabe qué más decir. Se puso de perfil cuando decidió continuar.
— No sabes lo contento que me puse de verte — dijo con sinceridad —. Pensaba que al fin, luego de tantos años muerta, tenías la oportunidad de seguir donde tu vida se quedó. Eso es algo que no todos podemos aspirar a tener muchacha, que no se te olvide.
— ¿Qué? P-pero entonces, ¿yo e-estuve mue… muer-ta? ¿Muerta de verdad?
— Sí… ¡Pero alégrate, regresaste y eso es maravilloso! Digo, sé que a lo mejor ya no te queda nadie, pero cuando termines tus estudios podrías quedarte en Hogwarts y enseñar…
— ¡¿Qué, como dijo?! ¡¿No queda nadie de mi familia?!
En ese punto sentí que me fallaban las piernas. Tuve que sentarme para no caer ni soltar el retrato de mi profesor, que siguió hablando.
— Lo siento niña, lo siento de verdad. No quería hacerte sentir mal, yo…
— ¡Cállese, calle de una vez! — le grité al retrato, azotándolo contra el escritorio polvoriento. La imagen del maestro se agitó un poco, haciendo como que caía dentro del retrato, para luego volver a ponerse en su posición. Me vio comenzar a llorar, mas no dijo ni hizo nada que no fuera observarme en silencio. Me serené poco a poco, y me limpié las lágrimas como pude antes de tomar otra vez el retrato, al que bombardeé con preguntas.
— ¿Cómo fue mi muerte, usted fue testigo? ¿Mis padres me llevaron a casa? ¿Por qué no la recuerdo? ¡Dígame!
— ¡Wo, wo, wo, wo, e-espera niña, espera un poco! — exclamó el retrato sintiéndose acorralado —. Mira, te diré lo que pueda, pero te advierto algo. Yo sigo muerto, y mi imagen con la que hablas no puede decirte muchas cosas, algunas porque no las recuerdo, y otras porque está vedado decirlas a los que están con vida. Así que, si me tuviste algo de respeto cuando estaba vivo, te ruego que lo sigas teniendo aunque yo ya no esté presente, al menos en persona.
Respiré hondo para tranquilizarme, pues el retrato tenía algo de razón. Sólo representaba a mi maestro, pero en realidad no era él, solamente era una parte de su recuerdo el que hablaba en el cuadro, así que le pedí con gentileza que me contara lo que pudiera.
— Así me gusta, eres la muchacha amable y tímida que conocía. Bueno, te diré que, luego de que moriste y tus padres te llevaron, en el colegio…
— ¡Espere, espere por favor! — le interrumpí — ¿Usted estuvo presente cuando morí, es decir, cuando mis padres se llevaron mi… cuerpo?
— Sí niña, así fue.
— Pero eso significa que yo debí morir antes que usted… ¿Cierto?
— Es correcto.
— Pero entonces, ¿cómo supe yo que usted había muerto?
— Ahmm, no lo sé. Tal vez se lo escuchaste a alguien que pasaba cerca del baño en que habitaste.
— ¿Eh? ¿Yo habité un baño luego de morir? Pero, eso solo es posible si yo hubiera sido un… U-un…
— Un fantasma, claro está. Y eras uno muy escandaloso por cierto.
Otro recuerdo se apoderó de mí. Me vi mirando un baño desde un punto arriba, cerca del techo, como si estuviera flotando. Luego vi muchas chicas en ese lugar, todas comentando mi muerte y lamentándose, todas menos una… Olivia Hornby. Y la vi irse, mirando a todos lados, como si esperara que algo o alguien saliera de la nada y la asustara… luego vi entrar varios grupos, a los que grité y asusté de ahí, porque era mi lugar, era mi baño… los uniformes cambiaban, las chicas cambiaban, y entonces llegó él. Un chico que, junto con sus amigos, voltearon a Hogwarts de cabeza. Un chico adorable, con una cicatriz en forma de relámpago sobre la frente…
— ¡Harry! — grité, volviendo a la realidad — ¡Harry Potter, vi a Harry Potter!
— Sí, un gran chico ese Harry — contestó el cuadro —. Todavía estaba colgado cerca de las escaleras cuando el estudió aquí, y pude conocerlo antes de quedar arrumbado en este sitio, después de las batallas contra "Quien-ya-sabes".
— Claro… SI lo veo en mis recuerdos, quiere decir que lo conocí cuando era un… Un fantasma… Profesor, ¿cree que él se acuerde de mí?
— Es difícil saberlo niña. Él debe ser ya un hombre bastante mayor. Pero si todo lo que dicen sus memorias lo dictó él mismo, pues podría ser que sí.
— ¿Sus memorias?
— Sí, es un libro de lectura obligada en el colegio desde hace un buen tiempo. Narra desde sus aventuras cuando fue estudiante, hasta sus tiempos de auror y sus temporadas cuando jugó profesionalmente al Quidditch. Mi retrato en la biblioteca lo lee bastante, está colgado cerca de su estante.
— Gracias maestro, lo leeré. Pero ahora tengo más preguntas. Usted podría decirme, ¿Por qué regresé? ¿Tengo una misión especial?
— Lo lamento niña, eso aunque lo supiera, no podría decírtelo. Es contra las reglas de nosotros los difuntos, pues si les dijéramos a los vivos lo que les espera en la vida, no la vivirían como está destinado a que suceda.
— Entiendo. ¿Cree entonces que Harry podría ayudarme a saber por qué regresé?
— Bueno, quizás… Hasta donde supe él se entendía muy bien con gente muerta. Mira que convencer a Helena Ravenclaw para que le dijera dónde estaba su diadema…
— ¿Usted supo eso?
— Claro. Cuando eres un retrato no tienes más pasatiempo que enterarte del ir y venir de todos los que habitan entre los muros de donde cuelgas… Oh, creo que alguien viene ya niña.
En efecto, unos pasos se comenzaron a escuchar acercándose a la mazmorra. Me despedí de mi exprofesor prometiéndole visitarlo, y tras dejarlo en su rincón volví a mi pupitre justo a tiempo para ver entrar al mismo prefecto que venía por mí, para escoltarme hasta los dormitorios. Por el camino, me dijo que el director tuvo que salir de viaje, pero que a su vuelta hablaría conmigo sobre el incidente, pero por ahora sus instrucciones eran que no estuviera en detención y que siguiera con mis clases normales hasta su regreso. Más tardé en cerrar la puerta de los dormitorios tras de mí, que sentirme sofocada por tremendo abrazo aplicado por mi amiga Marcia.
— ¡Myrtle, qué bueno! — dijo con sincera alegría —. Ven, te estábamos esperando.
— ¿Estaban? ¿Quiénes? ¡Heeey!
De repente, me sentí elevada por los aires. Varias chicas de las que Dixie molestaba me arrojaban al aire y me atrapaban al vuelo, contentas de verme. Cuando me bajaron les pedí explicaciones, a lo cual Marcia me aclaró todo.
— Nos enteramos que te le enfrentaste — contó, refiriéndose a DIxie —, y que ella salió lastimada, y que por eso te castigaron. Queríamos felicitarte por haberla dejado así.
— Gracias, pero yo no… — intenté explicar, pero no me dejaron.
— Eres nuestra heroína — dijo otra chica —, y queremos que nos enseñes a pelear como tú.
— Sí, así nunca nos molestará más — replicó otra.
— Bueno, yo… — dije intentando explicar de nuevo, pero vi sus caras tan esperanzadas, que no tuve corazón para desencantarlas — Está bien, lo pensaré.
Todas se alegraron y seguimos festejando un rato, hasta que aparecieron nuestra odiada compañera DIxiecon su mano vendada, y su "escudera" Candy, lo cual dio por terminada nuestra improvisada reunión. Ya para la hora de dormir, pude charlar un poco con Marcia sobre lo que hablé con el retrato de mi exmaestro.
— Ya verás que el señor Potter sí te ayuda — dijo mi amiga convencida —. Él es bueno, lo sé aunque no lo conozca.
— Gracias amiga — le dije con seguridad —, yo también lo creo. Ahora sólo debo pensar cómo hacer para acercarme a él. Con lo del castigo no pude ir a registrarme para la conferencia, y no sé cómo voy a…
— Calma Myr que no cunda el pánico — me dijo Marcia palmeando mi hombro — Mira esto. Te apunté a la conferencia.
Sacó un pergamino de su túnica, y me lo tendió. Era el comprobante con mi nombre de mi asistencia a la conferencia de DCAO.
— ¡Wow Marcia, gracias de verdad amiga! — le dije abrazándola, cosa que la hizo feliz —. Ahora sí podré saber la solución al misterio de mi problemita. Gracias amiga, te aprecio de verdad.
Con esa alegría nos fuimos a acostar. Ya me enteraría después que DIxie nos había escuchado, y pensaría en algo para impedir que fuéramos a la conferencia.
