Era una foto muy vieja, se notaba que la habían retocado pero eso sí, muy cuidadosamente. Meredith aparecía sentada en un silloncito pequeño, se veía como una niña de unos diez u once años. Vista de medio perfil, estaba con la vista inclinada hacia un libro grande, que parecía leer con sumo interés. Tenía un cierto parecido conmigo, pero sus ojos eran más vivaces, más curiosos.
— Qué linda era Dustin — expresé. Mi sobrino sonrió.
— Sí tía, sí que lo era — contestó él.
— Muchas gracias — dijo una dulce voz infantil.
La sorpresa me hizo girar la vista hacia todas partes, hasta que Dustin llamó mi atención y me señaló el álbum. Miré de nuevo la foto de mi hermana, esta vez con mucha atención. Me pareció notar que una de sus manos estaba en otra posición, y me atreví a preguntar.
— ¿P-perdón?
— Dije "muchas gracias" — dijo la voz de nuevo —. Es muy amable.
Y en efecto, mis ojos no podían mentirme. El retrato había vuelto la cabeza, y me miraba con expresión curiosa. Cada vez me asombraba más de lo que encontraba en esa casa.
— Yo también me sorprendí al principio — explicó Dustin —. Incluso llevé la foto a examinar cuidadosamente, y averigüé que al parecer la retocaron con alguna clase de tintas mágicas, lo que causó que tuviera el efecto de las pinturas parlantes. Era increíble, podría charlar con mi tatarabuela sobre su vida. Pero hay un problemita.
— ¿Problemita? ¿Qué problemita? — pregunté.
— Ella no ha querido contarme mucho — dijo mi sobrino apesadumbrado —. Dice que le enseñaron en su casa a no tratar con gente extraña, y menos si son hombres adultos que no conozca.
Evoqué un vago recuerdo de mi madre, diciéndome las mismas cosas a mí. Quizá por eso haya sido que era yo renuente a socializar, sobre todo con los chicos. Dudé un poco al pensar que ella me trataría igual que a Dustin, pero tenía que intentar preguntarle.
— Ho-hola Meredith — balbuceé. La niña del retrato seguía mirándome curiosa.
— Hola — dijo luego de un momento — ¿Quién eres tú?
— Oh, perdona — me disculpé de inmediato —. Me llamo Myrtle. Mucho gusto.
— Encantada Myrtle — dijo ella inclinando un poco la cabeza —. ¿Cómo sabes mi nombre?
— Bueno, creo que mereces saberlo — le dije intentando ganar su confianza —. Lo sé porque yo soy… Soy tu hermana mayor Meredith.
— ¿Hermana? — dijo la niña, acercándose al frente de la foto. Abrió muy grandes los ojos, como analizándome, y yo instintivamente me retiré las gafas de la cara. Luego de un rato, ella volvió a su posición inicial. Sin decir nada, comenzó a hojear el libro que tenía en el regazo, hasta que pareció encontrar un detalle que leyó con avidez, antes de replicar.
— Mamá me dijo que este retrato sería mío cuando fuera mayor — comenzó a decir —. Dijo que podría dejar en él todo lo que quisiera que la gente recordara de mí. Pero no cualquier gente, debían ser las personas más importantes en mi vida. Le pregunté si había otras aparte de ella, y me dijo que sí. Una era mi padre. La otra era mi hermana.
La emoción estaba abrazándome cada vez más fuerte, y parpadeé para sofocar un par de lágrimas que no supe si eran de coraje porque mi madre nunca me dijo que Meredith existía, o de alegría por lo que mi pequeña hermanita me estaba diciendo a través de su imagen. Como pude resistí el llanto y la animé a continuar.
— Mamá me dijo que cuando llegara mi cumpleaños número once los conocería — continuó Meredith —. Dijo que papá le había escrito, y que entre otras cosas quería que estuviéramos todos juntos de nuevo, o algo así, no recuerdo bien. Y dijo que muy pronto yo iría a la misma escuela que mi hermanita mayor, y que sería hermoso estar juntas.
— ¿A Hogwarts? — intervino Dustin emocionado — ¿Te dijo que irías a Hogwarts?
Meredith se puso muy seria, y miró a mi sobrino con gesto de desdén antes de contestar.
— Le he dicho ya que no debo hablar con adultos extraños, señor — sentenció —. Si sigue insistiendo, no voy a hablar más. ¡Hummph!
Meredith había hecho un gracioso gesto de enfado, y había vuelto la cara hacia el otro lado del retrato para evitar ver a Dustin, quien puso cara de exasperación. Tomando la situación con calma, me acerqué a hablar con mi hermanita en secreto.
— ¿Puedo contarte algo Meredith? — le dije en tono fraternal —. Debemos darla las gracias a este caballero.
— ¿Por qué? — dijo mirándome. Había captado su atención.
— Porque, gracias a él, es por lo que tú y yo estamos charlando ahora. Él fue quien se dio a la tarea de buscarte, hasta que te encontró y te rescató.
— Oh, ¿Cómo un príncipe que rescata a su princesa? — dijo ella, cambiando el semblante.
— Sí hermanita, algo así. Y yo, como tu hermana mayor, confío en él y sé que tú también puedes hacerlo.
Meredith echó una mirada inquisitiva a Dustin, antes de dirigirle la palabra.
— No te pareces a los caballeros que he visto en los libros — le dijo finalmente.
— Bueno, eso es porque los caballeros de ahora tenemos "armaduras" diferentes — contestó él, siguiendo la corriente, y señalándose el traje —. Pero tenemos la misma misión, rescatar a las princesas como tú.
— Humm… — murmuró la niña, mirándonos alternadamente. Su mirada se detuvo por fin en mi sobrino, su tataranieto — Está bien, confío en ti. ¿Cómo te llamas?
— Me llamo Dustin — dijo él, algo cortado. Ella sonrió cubriéndose un poco los labios.
— ¡Ji, ji! Tienes nombre de caballero — dijo riendo — Sir Dustin, ¿verdad Myrtle?
Asentí riéndome también. Acababa de lograr que Meredith confiara en ambos. Dustin entonces se atrevió a retomar la conversación.
— Me disculpo por haberla interrumpido, princesa Meredith — dijo en tono solemne —. Si quisiera usted continuar su relato, le escucharemos con atención.
— Sí hermanita — secundé —. Cuéntanos más de lo que te dijo mamá.
— Bueno — contestó ella, dejando de reír —. No sé muy bien qué pasó después. Un poco antes de mi cumpleaños, mamá recibió una carta que le trajo un pájaro, una lechuza. Luego que la leyó se puso muy seria, y dijo que iba a quedarme unas horas que nuestra vecina, que me portara bien y que luego me explicaría todo. Cuando volvió, lo único que me dijo fue que iría a otra escuela, que había problemas para que fuera a Hogwarts. Cuando le pregunté por ti hermanita, ella solo dijo que el colegio te había enviado de viaje, que cuando volvieras nos conoceríamos. Y después… eh…
Igual que Meredith, yo también me perdí por un momento en el recuerdo que ella describía. Debía ser cuando le dieron a mis padres la noticia de que había muerto, y mamá acudió junto con papá a buscar mi cuerpo y mis pertenencias. Intuí que no le habían dicho nada a mi hermana, y que prefirieron postergar nuestro encuentro, por tiempo indefinido. Su voz nos regresó a Dustin y a mí a la realidad.
— Perdonen, estoy confundida — dijo con cara de duda —. Yo nunca entendí cómo es que te habías ido de viaje, si mi mamá había traído consigo un baúl, el cual le escuché decir que era tuyo… Y luego está este recuerdo que puse ya de mayor, que sólo dice "lloré mucho cuando mamá me contó al fin lo que había pasado con Myrtle" y nada más. ¿Qué había pasado contigo hermanita?
— Confieso que yo tampoco lo sé Meredith —le dije casi llorando. Miré de reojo los diarios de mi madre al fondo del baúl y respondí —. Pero lo que sí sé es que mamá quería que lo supieras todo, y te juro hermanita, que encontraré esa respuesta y te la diré, lo prometo.
— Gracias hermanita — me contestó cariñosa —. Y ahora (AJJUMM) es tiempo de descansar. Hasta mañana Myr.
— Hasta mañana, Mer — dije, cerrando el álbum despacio.
