Estaba sintiendo toda clase de emociones, mientras continuábamos andando por el callejón Diagon. Me sentía algo apenada cada vez que mi sobrino Dustin desembolsaba varios galeones para adquirir algo para mí, y cuando se daba cuenta de inmediato sonreía y me decía cosas como "no es nada comparado con tenerte aquí tía" o como "tú también lo hubieras hecho por mí". Y cada vez me convencía más de que los descendientes de mi hermana lo hicieron un chico encantador. Y de repente me llegó la idea de que, si un día tenía hijos, querría que fueran como él. Pero yo siempre he sido pesimista al respecto. Si en mi vida pasada sólo recibía burlas y malos tratos, ¿en ésta habría alguna diferencia?
Mis meditaciones fueron interrumpidas por una voz que me llamaba a gritos. Dustin y yo volteamos a un tiempo en busca de quien vociferaba mi nombre con tanto apuro, y vimos a un hombre más o menos joven que se nos acercaba corriendo. Al verlo ya más de cerca lo reconocí, pero lo extraño fue que Dustin también lo hizo, y fue él quien lo recibió con un saludo.
— ¡Coltrane! — dijo mi sobrino sorprendiéndome — ¿Tú llamabas a mi… ehm…a Myrtle?
— (Puff, uff) Sí, Sí señor (Puff)… — contestó el aludido, recuperando el aire. Lo había reconocido como Sebastián, el hombre que asistía a Hed en su casa, y que había asumido que era pariente de ella. Mientras se recobraba de la carrera, Dustin nos tomó a ambos por un brazo y nos llevó a un pequeño espacio entre dos edificios contiguos, muy cerca de la tienda de túnicas de Madame Malkin. Allí, Sebastián comenzó a explicarse.
— Antes que todo, una disculpa señorita — me dijo cortésmente —, por el susto que le he dado. Y otra disculpa para usted señor McEnroe, no lo había visto. Sólo vi de lejos a la señorita, y me he atrevido a llamarla…
— Eso lo vimos Coltrane — lo atajó Dustin, algo molesto —. Lo que quiero saber es por qué.
— Sí, claro, claro — dijo Sebastián, y volvió a dirigirse a mí —. Señorita, mi abuela está delicada, y temo por su vida. Ella me solicitó encarecidamente que la buscara, pues no quiere… Esto… Ella desea hablar con usted una vez más, por favor.
Me quedé atónita, mirando la nada, en tanto Dustin volvía a reclamarle a Sebastián por su conducta.
— … y aunque no tengo idea de cómo supiste su nombre Coltrane, no es manera de…
— Dustin… — dije de repente, cortando su perorata — Déjalo, está bien. Lo conozco.
Ahora fue Dustin quien se quedó de una pieza, en tanto Sebastián se tranquilizaba un poco. Mi sobrino se quedó callado esperando una explicación.
— Dustin, aunque creo que conoces a este caballero, te lo voy a presentar como lo conozco yo — le dije con seguridad —. Su nombre es Sebastián, y es el nieto de… de mi mejor amiga en mi otra vida, Hed Sinclair.
Ambos hombres se miraron, y aunque se notaba que querían decirse algo, me pareció que sus expresiones les daban las explicaciones necesarias. Finalmente, fue Dustin quien habló.
— Bueno, como parece que tenemos que ponernos al corriente, entonces yo también te presentaré Coltrane. Tía, este es el señor Sebastián Coltrane, asistente y apoyo de trabajos especiales del Departamento De Misterios en el Ministerio de Magia Británico. Señor Coltrane, le presento a mi tía tatarabuela, Myrtle Morseferth.
Aunque sonó bastante extraño, Sebastián no pareció sorprenderse en absoluto. En cambio volvió a su apremio por darme su mensaje.
— Me disculpo de nuevo por haberlos abordado así — dijo visiblemente apenado —. Estoy muy preocupado por mi abuela, es todo. Ella ha sido como una segunda madre para mí, y no quisiera pensar que puede… irse de nuevo.
— ¿T-tan mal está? — me atreví a preguntar.
— La verdad… sólo ella lo sabe — dijo con pesadumbre —. Por eso me di mucha prisa tratando de localizarla señorita. Ella misma dijo que no quería… irse sin aclarar las cosas con usted. Me comuniqué a su colegio pensando que allí la encontraría, y supe cuál era por el uniforme con el que la vi aquella primera vez que nos visitaron la señorita McCarty y usted. Pero su director me informó que le había concedido un permiso especial para salir del colegio, para venir a comprar aquí. Por eso fue que vine hasta acá para ver si podía encontrarla, y por lo visto lo logré.
— Debo ir a verla Dustin, por favor — le dije a mi sobrino suplicante. De acuerdo, es mi sobrino, pero aún así él es mayor que yo y creo que le debo un poco de respeto. Después de todo, él será desde ahora mi tutor.
— Claro que sí tía, vamos — dijo sin casi pensarlo —. Te seguimos Coltrane.
Por el camino, Sebastián me explicó que su relación con Dustin era de trabajo, de jefe-subordinado. Era él quien hacía labores de asistencia en secreto, cuando hacía falta en el departamento de Misterios el hacer investigación por fuera, se le encomendaba a Sebastián que "preparara el terreno" para los agentes que operarían fuera del Ministerio. Y hacía tan bien su trabajo, que uno nunca sabría qué hacían, cuándo y cómo lo harían, pero sobre todo quiénes lo harían. Pero como solamente se trataban lo necesario, mi sobrino no tenía idea de su corta relación conmigo, ni tampoco Sebastián sabía que Dustin era mi sobrino. Todo un misterio digno de su departamento.
Al llegar a la casa de Hed, me sobrecogió una sensación de temor. Imaginé toda clase de horrores que podría ver cuando estuviera frente a ella, el peor fue que ya no alcanzara a verme… nunca más. Llegamos hasta su puerta, y dudé por un momento. Dustin y Sebastián me animaron a señas, me decidí y abrí la puerta.
— ¡Oh, Myr! — me recibió la todavía dulce voz de Hed — ¡Viniste! Sebastián te encontró, qué genial. Pero pasa, pasa y toma asiento donde quieras.
Entré despacio, buscándola con la mirada. La cama estaba vacía, y noté que la voz provenía de más allá, a un lado de la ventana. Allí estaba Hed, sentada en un sillón mecedor, cubierta hasta el cuello con mantitas tejidas.
— Hola amiga — dijo sonriendo con algún esfuerzo. Casi rompo a llorar —. Me alegra tanto verte (coff, coff).
— Hed, no te esfuerces — dije apresuradamente al oírla toser —. Ven, te ayudaré a recos…
— No te preocupes amiga — rechazó con cortesía —. Era ya inevitable que esto pasara Myr. Llevo enferma mucho tiempo.
— ¿En verdad? ¿Pero el doctor, te has tratado, qué te estás tomando…?
— Sí Myr, me he cuidado, pero lo que tengo no se me quitará nunca. Verás, luego de un tiempo de que "regresé", noté que mi salud no era la misma. Tuve mucha suerte al haber encontrado una buena familia, que me cuidó y me hizo sobrellevar mi enfermedad lo mejor posible, por eso es que mi vida duró tanto. Ah, pero bueno, al final estos viejos huesos que ves ya no son tan fuertes como lo eran de jóvenes, y la enfermedad lo sabe. Myr, le he pedido a Sebastián que te trajera para pedirte perdón…
— ¿Perdón? ¿Por qué?
— Por todo aquello en que te haya fallado como amiga. Por todos los momentos en que no haya logrado llenar tus expectativas sobre lo que esperabas de mí… Por no haberte dejado elegir la vida que tú querías, cuando tu buen corazón reparó mis alas rotas…
— Hed, oh Hed… Yo no tengo nada qué perdonarte, ni tampoco qué reprocharte. Elegí lo que quería, y nunca me arrepentiré de ello porque, por eso, vivimos juntas una "vida" especial. Tú siempre fuiste especial para mí Hed, y siempre estarás en mi corazón…
— Oh, Myr amiga…
Hed me tendió los brazos, y acudí a la cita que me ofrecía. Nos abrazamos mucho rato, el el cual nos sentimos llorar mutuamente, en silencio. Escuchamos la puerta abriéndose muy despacio, pero ninguna de las dos quiso romper ese momento mágico, ni siquiera cuando escuchamos la voz de Dustin.
— ¿Todo está… bien? ¿Tía?
Con lentitud, Hed y yo deshicimos el abrazo, pero nos mantuvimos tomadas de las manos. Con una hermosa sonrisa, mi amiga giró la vista hacia los dos caballeros que nos miraban enternecidos. Entonces tomé la palabra y presenté a Dustin con Hed.
— Hed, quiero que conozcas a…
— Dustin McEnroe en persona — me atajó Hed, sorprendiéndome —. Usted es uno de los jefes de mi nieto Sebastián, ¿no es así?
— Ehm… Sí, así es señora. Encantado de conocerla — contestó mi sobrino, besando la mano de Hed.
— Gracias, que galante. Y bueno, por lo que acabo de escuchar, deduzco que usted debe ser sobrino lejano de mi amiga Myr.
— Acertaste Hed — intervine —. Para ser exactos, Dustin es mi sobrino tataranieto, último descendiente de mi finada hermana Meredith.
— ¡Wow! ¿Tuviste una hermana? ¡Niña mala, nunca me contaste eso!
— Es porque ni yo misma lo sabía Hed. Es una historia larga de contar.
— Oh bueno, siendo así… Si tienen tiempo, soy toda oídos.
No pudimos reprimir las risas al ver a Hed acomodándose en la mecedora, con la actitud que tenía cuando la conocí. Animé a Dustin a que relatara lo que pudiera de sus investigaciones, y yo les conté sobre mis charlas con el retrato de Meredith. Hed estaba asombrada y divertida escuchándonos sin perder un solo detalle.
— Conozco al señor McEnroe por lo que cuenta mi nieto — explicó Hed luego de terminar de contarle —. Sabía que hacer investigaciones en ese lugar donde trabajan es bastante misterioso, pero nunca me imaginé que tanto. Myr, eres una chica con suerte, mira que encontrar a un descendiente de tu familia ahora que lo necesitas tanto… O bueno, tal vez…
— ¿Tal vez qué Hed? ¿Sabes algo que nosotros no? — pregunté curiosa.
— No tanto así — dijo ella reflexiva —. Es que, luego de lo que nos ha pasado a ti y a mí, eso de haber resucitado sin saber cómo o por qué, eso de encontrar a alguien que nos tendiese la mano… Comienzo a pensar que algo que hicimos nos hizo merecedoras de poder continuar nuestras vidas desde donde las dejamos Myr. Lo que no alcanzo a comprender es la razón de volver en un cierto momento, o mejor dicho, no lo comprendí hasta ahora.
— ¿Cómo es eso señora? — preguntó Dustin, interesadísimo en la charla.
— Bueno señor McEnroe, le diré lo que yo creo. Pienso que, aquello que nos hizo volver "elige" el momento de hacerlo para cada uno de nosotros que no haya completado su propio destino, aquello para lo que fue concebido y que, por alguna causa, no cumplió por una interrupción inesperada de su vida. Entonces, se tiene que esperar un momento específico, en que existan las circunstancias adecuadas para que a nuestro regrerso podamos cumplir nuestro cometido inicial, sin que nuestra "nueva vida" se vuelva a interrumpir, en cuyo caso es posible que el ciclo se repitiese hasta que el destino sea cumplido. En mi caso, yo volví y fui encontrada y adoptada por una familia que creía mucho en lo paranormal, por eso fui comprendida y hasta apoyada cuando demostré el don de la clarividencia.
— ¡Ya entiendo! — exclamé — Entonces, en mi caso, cuando volví lo hice ante las personas que me acercarían con quienes pudieran ayudarme, aunque lo hicieran sin saberlo. Gracias a ellos Harry Potter me encontró, igual que tú Dustin.
— Comienzo a creer que es cierto tía Myrtle — respondió mi sobrino —. Ahora pienso que el encontrarte no fue casualidad. Estaba en nuestros destinos el que nos encontráramos.
— Sí sobrino, estaba ahí. Como también está el que ahora seamos familia. Una familia poco común, pero a fin de cuentas una linda familia.
— ¿Te das cuenta Myr? — intervino Hed — Era eso lo que quería decirte aquel día, cuando te fuiste algo… molesta. Nuestros destinos están ahí, pero nos dejan elegir cómo llegar hasta ellos. Y ahora tienes elecciones que tomar amiga, las mías ya han sido tomadas por completo.
— ¿Eh? — respondí confundida — P-pero eso… s-significa que tú ya no… ¿Que no v-volveremos a vernos… nunca más…?
Estuve a punto de soltar el llanto cuando lo dije, pero me resistí al ver la sonrisa sincera con la que Hed me contestó.
— Eso no podemos decidirlo nosotras Myr. Quizá solamente nos perdamos de vista un tiempo. Pero de lo que puedes estar segura es que yo también te llevaré aquí, en mi corazón. Y nadie podrá sacarte jamás de ahí. Hasta luego, mi gran amiga.
— Hasta siempre… Mi amiga ángel…
Hed se quedó como dormida en su silla, y no me moví de mi sitio hasta que dejó de balancearse. Tuvimos que secarnos las lágrimas para rehacernos y abrazar a Sebastián, quien nos agradeció sobremanera el que estuviéramos allí. Su familia y él se encargarían de todo, y prometió que nos avisaría para asistir al cementerio a despedirnos una vez más de Hed.
Llegamos a casa aún con la tristeza de la despedida, pero yo me sentía extrañamente bien conmigo misma. Hed me había abierto los ojos a mi realidad, y ahora me tocaba a mí seguir adelante con mi destino, al tiempo que les ayudaba a mis seres queridos con el suyo. Luego de cenar hablé con Dustin, y le pedí que me acompañara a volver a Hogwarts esa misma tarde.
— Sé que esperabas que me quedara en casa Dustin — le dije con sinceridad —, y espero que me comprendas. Siento dentro de mí una maraña de sentimientos que no sé por dónde comenzar a desenredar. Creo que estar un poco con mis amigas me ayudará. Además, tengo el deber de darle la noticia de Hed… de la señora Sinclair a Marcia. No sé cómo se lo tomará, pero quisiera acompañarla.
— Te entiendo muy bien tía Myrtle — dijo Dustin tomándome por los hombros —. Nunca tuve hijos, pero por tu edad, tú has sido lo más cercano a una hija que jamás tendré. Creo que haría muy mal si no te comprendiera en estos momentos. Esperaré pacientemente a que termines el año escolar tía, y prepararemos las mejores vacaciones familiares que hayas tenido en tu vi… ¡Rayos! Lo siento tía, no quise…
— ¡Ji, ji ,ji! Descuida sobrino, no importa. Creo que me estoy acostumbrando a esto de "mis dos vidas". Y me parece muy bien, me encantaría salir de vacaciones a alguna parte bonita. ¿Sabes? Todas mis vacaciones las pasaba quedándome en el colegio.
— ¡¿Qué las pasabas qué cosa?! Ah no, eso no pasará conmigo tía. Tú y yo nos vamos a divertir como nunca, ya lo verás. Conozco muchos lugares, tanto mágicos como muggles para pasear y divertirnos, y la pasaremos…
— Sï Dustin, lo sé. Ehm… y a propósito de pasarla bien, yo… Bueno, sé que soy tu tía y todo eso, pero… Bueno, soy menor de edad aún y pues… si mis amigas me invitaran a salir, yo… ¿me darías permiso de ir con ellas, "tío" Dustin?
Dustin estalló en risas ante mi cara sonrojada. No sé por qué, pero en ese momento me sentí la niña que todavía soy, pidiendo que me dejaran ir a jugar por vez primera sola. Luego de que recuperara el aire, mi sobrino me abrazó y asintió sonriendo. Definitivamente íbamos a ser una hermosa familia.
Volvimos a Hogwarts previo aviso al director Longbottom, quien nos recibió gustoso en su oficina. Dejé que Dustin le contara las razones de mi regreso anticipado, y tras despedirme de ambos fui en busca de mis amigas, quienes debían estar por salir de la última clase del día. Y así fue, las encontré justamente cuando salían de la clase de Transformaciones, y casi fui arrollada por ambas cuando corrieron a abrazarme. Creo que desconocíamos lo fuerte que podía ser Marcia, pues nos levantó del suelo a Candy y a mí al abrazarnos.
— ¡Myr, regresaste antes! — dijo Candy abriendo muy grandes los ojos — ¡Qué bueno, te extrañamos!
— ¡Sí, te echamos de menos anoche! — dijo Marcia, emocionada hasta las lágrimas — ¡Ven, vamos al Comedor, hay mucho qué contarte!
Sonreí al ver la cálida recepción de mis amigas, y me dejé llevar por ellas. Mas no bien habíamos traspuesto la puerta del Comedor, cuando nos topamos casi de frente con Dixie y sus inseparables guardianas, Morgan y Patty. Me quedé parada sin decir palabra, esperando que ellas fueran las primeras en atacar, pero para mi sorpresa lo que dijo Dixie me dejó sin palabras.
— Hola Marcy, cómo estás Candy, qué tal Myrtle — dijo en una sola frase, y sonriendo al mirarnos. Sus amigas repìtieron el gesto, y se alejaron charlando como si tal cosa.
— O-oigan, ¿qué les pa…? — alcancé a decir antes de que Marcia me atajara.
— De eso queremos hablarte Myr — dijo acercándose a mi oreja —. Dixie decidió cambiar.
— Sí, y hasta ahora no lo ha hecho mal — completó Candy —. Pasó luego de que te prestamos la ropa y te fuiste con tu tío.
— ¿Mi tío? — dije en mi confusión, pero luego rectifiqué — ¿Cuál ti…? ¡Ah sí, sí, mi tío Dustin sí claro, él! Ehm, ¿Y qué pasó?
Entre ambas me contaron, atropelladamente, que Dixie sintió algo así como punzadas en el pecho, después de que le devolviera su ropa. Tuvo una especie de conflicto emocional, y sus amigas se atrevieron a tomarla por los brazos y llevarla a la Enfermería.
— Y los que la vimos corrimos tras ellas — apuntó Candy, cada vez más emocionada. Parecía que me estuviera contando su primer beso con un chico — ¡Ay, si hubieras visto la cara de Madame Pomfrey! ¡Casi se va de espaldas, si no la atrapa su nieto!
— Y bueno, Morgan y Patty le dijeron lo que le pasó — continuó Marcia —, y Madame dijo que estaba en shock por una emoción muy, muy fuerte que no pudo asimilar a la primera. Dijo que se quedaría a observación para evitar que le pasara algo malo, y allí se quedó hasta que el director Longbottom fue a verla.
— ¿El director, de verdad? — pregunté incrédula.
— Sí, el director estuvo con ella — respondió Candy, y Marcia asintió —. No pudimos estar para escuchar lo que se dijeron, pero todo parece indicar que el director "le lavó el cerebro" a Dixie.
— ¡No, Candy, no fue eso! — espetó Marcia — Acuérdate que nos lo dijo el enfermero Pomfrey. Dixie le pidió al director que le quitara los recuerdos de maldad que tenía, y lo que recordara sobre magia oscura.
— ¿Eso hizo? — dije, cada vez más escéptica — ¿Y luego qué pasó?
— Pues lo que has visto Myr — respondió Marcia —. Ahora es una nueva Dixie, que quiere ser aceptada no por la fuerza, sino por sus cualidades. ¿Sabes qué hace en su casa como pasatiempo? ¡Manualidades a lo muggle!
— ¡Sí, y quiere enseñarnos lo que puede hacer sin magia! — concluyó Candy — ¿No es una linda persona?
— Oh bueeeno… — dije con algo de sarcasmo —. Según recuerdo, cuando me tenía de cabeza torturándome no era precisamente un caramelo.
— Pero eso ya pasó Myr — dijo Marcia convencidísima —. Dixie ha cambiado, y lo decidió ella misma. Wow, espera a que se lo cuente a la señora Sinclair en cuanto la vea. De seguro no me creerá cuando le diga…
— Ahhmm… Sobre ella Marcia… tengo algo qué decirte.
Ambas callaron mucho rato luego de que les dije, con el mayor tacto posible, lo que había sucedido con mi amiga Hed. Marcia comenzó a llorar en silencio, y crispó los puños con impotencia, como si de pronto hubiera perdido la brújula en un tenebroso bosque por la noche. Candy lloró con ella, y yo intentaba darle algún consuelo pero las palabras no me salían. Por fin, luego de un rato pareció calmarse, y nos abrazó a Candy y a mí.
— Marcia… — pude decir por fin — Creo tener una idea de lo que sientes ahora. Así me sentí cuando desperté en King's Cross aquel día. Pero te prometo que intentaré seguir los pasos que ella te enseñó, y seré tu apoyo siempre amiga. Cuenta conmigo.
— Y (snif) t-también conmigo (snif) — dijo Candy todavía llorosa —. No sé de qué hablan, pero cuenten conmigo chicas.
— Ah, Candy… — le dije mirando a Marcia, quien aprobó con un gesto — Te has ganado tanto nuestra amistad y confianza, que creo que ya podemos contarte muchas cosas. Mira, para comenzar, te diré que yo…
— ¡Woow, las veo y no lo creo! — dijo a gritos una voz ya bastante familiar para nosotras — ¡Y qué maravilla, no me mintieron cuando me dijeron que estaban aquí!
— Hola Orlando — dije interrumpiendo mi narración —. ¿Qué te trae por aquí? ¿No debías estar en uno de tus entrenamientos ahora?
— Tú lo has dicho, debía — contestó con algo de autosuficiencia —, y pues resulta que tengo lastimado el codo, producto de un choque causado por esquivar dos bludgers al mismo tiempo. Nuestro buscador es bueno, pero a veces es algo, ehm; digamos despistado.
— Huy, qué mal — repliqué algo cortante —. Bueno, pero eso no contesta la pregunta Orlando.
— Oh, cierto. Bueno pues la verdad, me aburría como sauce boxeador sin tener qué golpear, mirando el entrenamiento y repasando los pergaminos de jugadas, así que le avisé al capitán que me retiraba a "reposar" un poco de mi lesión, y me dejó volver al castillo. Mientras iba a mi sala común me encontré con quien menos esperaba, y aún menos pensé que me diría lo que me dijo, así que decidí venir a ver por mis propios ojos lo que mis oídos se negaban a creer. Que tú ya habías regresado, y que estabas con tus buenas amigas en el Comedor. Y bueno, aquí estoy.
— Ahm… déjame ver si entendí — dije mientras mis amigas no nos quitaban los ojos de encima, cosa que Orlando parecía disfrutar —. Acabas de zafarte de un entrenamiento de quidditch cercano a las finales por la Copa de Campeones, y en lugar de reposar como dices tu lesión, vienes hasta acá porque te dijeron, sin que lo preguntaras, que nosotras tres estábamos aquí. ¿Correcto?
— Así es, todo correcto Myrtle — dijo el Slytherin sonriendo.
— Ah bien. ¿Pues sabes qué? No te creemos ni pizca de lo que dices — sentencié, apoyada por mis amigas —. Así que, estimado amigo Hornby, más vale que nos digas la verdad, o las que nos retiraremos seremos nosotras.
Al chico se le borró la sonrisa en un instante. Estaba atrapado y él lo sabía, así que luego de un corto pero incómodo silencio, decidió confesar.
— ¡Bueno, bueno Myrtle! Me atrapaste. No es verdad que pedí permiso, me escapé del entrenamiento para venir al castillo a buscarte. Tampoco me encontré casualmente a ese alguien que me dio informes tuyos, yo la vi al entrar al castillo, y armándome de mucho valor le pregunté por ti. Y me tomó por sorpresa el que me contestara de tan buena manera, hasta pensé que estaba alucinando, eso sí es verdad.
— Ah, eso ya se escucha más real. Y dinos, ¿quién te dio informes de nosotras?
— Ni más ni menos que Dixie Drew, el terror de Hogwarts hecho persona. Aunque por lo que vi, creo que ya no le queda ese título.
— Sí, a nosotras también nos sorprendió. Pero bueno, falta que expliques la razón por la que nos buscabas.
— Ehm, bueno… La verdad, sólo te buscaba a ti… Esto… ¿Myrtle, podríamos…?
Al decir lo último me ofreció cortésmente el brazo, y accedí poniendo el mío sobre el de él. Les dije a las chicas que las vería en un rato en el dormitorio, y asintieron. Alcancé a ver en ambas un cierto brillo de malicia en sus ojos.
Caminé al lado de Orlando en silencio. Salimos a los jardines del castillo, en donde buscamos un lugar donde pudiéramos conversar. El rubio me condujo con paso seguro hasta una fuente pequeña, la cual no recordé haber visto en m otra vida, por lo que deduje que debía tener poco allí. Nos detuvimos ahí, y él sacó un pañuelo de la túnica y sacudió una parte de la orilla de la fuente, y la señaló permitiendo que me sentara, para luego hacerlo él a mi lado.
— En este sitio se respira tranquilidad— me dijo para iniciar la conversación —. Hay calma y silencio.
— Tienes razón — contesté, cerrando los ojos —. Este sitio es muy lindo. Pero me tienes intrigada Orlando. Dime, ¿por qué necesitas calma y silencio para hablar conmigo? Bien podíamos habernos quedado en el Comedor.
— Bueno Myrtle, es que… no quería distracciones — dijo él, comenzando a notársele lo nervioso —. Mira, yo… he querido decirte algo desde hace un tiempo.
Comencé a tener un presentimiento de hacia dónde iba la conversación, y casi sin querer empecé a contagiarme de los nervios de Orlando. ¿Myrtle, estás sintiendo algo por ese chico Slytherin? No lo sabía en ese momento, pero ya podía vislumbrarse una respuesta.
— Espero que no sea otra de tus "bromitas" de mal gusto — le dije tratando de serenarme, y que él no notara mis nervios.
— ¡No, no, claro que no! — soltó atropelladamente. Se rehízo rápido antes de seguir.
— Myrtle… yo nunca había hecho esto con una chica. Pensaba que ninguna merecía la pena, y solo salía con alguna para pasar el rato. ¡Pero no pienses mal, no! Quise decir que, por más que yo les gustara, para mí no eran más que compañeras y una que otra amiga. Y bueno, pues apareciste tú en el colegio, y no recuerdo haberte visto antes. Y créeme, te recordaría porque… me parece que eres inolvidable.
— Ay Orlando… pues gracias — dije mirándome los pies. Nunca había tenido estas sensaciones, y no sabía qué hacer con ellas, así que dejé que Orlando siguiera adelante.
— De nada — dijo él, y aunque no lo veía a la cara sabía que se había sonrojado como yo —. Y bueno, pues dado que no puedo olvidarte, pensaba que podríamos… ehm, que si tú quisieras… que tú y yo…
— ¿S-sí…? — pregunté mirándolo a los ojos.
— Q-que tú y yo… fuéramos juntos a Hogsmeade — dijo simplemente.
Me quedé algo desencantada, pero había una cierta ansiedad en su voz y en su mirada, que me hizo pensar que realmente eso era de vital importancia para él. Entendí que quizá deseara que nos conociéramos como se debe, y no por las peleas que habíamos tenido hasta entonces.
— Acepto Orlando — le contesté ofreciéndole la mano —. Iremos juntos en la próxima salida a Hogsmeade.
Aún no descubro si fue lo que dije o cómo lo dije, pero nunca olvidaré su reacción. Con ambas manos tomó la mía, y sentí cómo le temblaban. Luego dudó si besármela o solo apretarla contra su pecho, decidiéndose por lo segundo y provocando con ello que yo tuviera que dar medio paso hacia él. Quedamos muy cerca el uno del otro, y ninguno desvió la mirada. Estoy segura de que vi un ligero temblor en los labios de Orlando, y juraría que los míos estaban igual. Finalmente, el pequeño hechizo que nos envolvía se rompió cuando él me besó en la mejilla y soltó mi mano. Estaba tan emocionado que presentí que no quería arruinar el momento, y que por eso me había soltado y ahora me daba la espalda.
Por mi parte, me sentía entre las nubes. Que pudiera recordar, nunca había sido tratada así por un chico, y aún conservaba la sensación de su beso en mi mejilla, a pesar de que fuera tan rápido y tan tosco. Y me había gustado mucho. Le tomé la mano, y eso pareció tranquilizarlo.
— Vamos Orlando — le dije dulcemente —. Volvamos al colegio.
Asintió, y desanduvimos el camino tan lentamente como pudimos. Cuando llegamos al pasillo principal, sabía que debíamos separarnos, pues mientras yo me encaminaría a la torre de Ravenclaw, él tomaría la escalera hacia la mazmorra de Slytherin. Y ahí mismo, mientras nos decidíamos cómo despedirnos, me arriesgué tomando la iniciativa, y le devolví el beso en su mejilla. Lo sorprendí sí, pero parece que le agradó tanto como a mí.
— Hasta mañana Myr — me dijo dando un par de pasos.
— Que descanses Orlando — le dije moviendo la mano. Sentí como si un vacío en mi corazón se hubiera llenado de repente.
