Disclaimer: algunos personajes y lugares pertenecen a JK Rowling y la Warner, la idea del fiction es MIA…y pobre de aquel que la intente plagiar.

Advertencias: Contenido Slash de principio a fin. Y más adelante Rating MA (sexo explicito, a mi manera ;)).

Long fic Drarry basado en el universo de mi long Fic: I.D.F, puede contener Spoilers, pero son eventos previos a la historia. Aun así deben leer bajo su propio riesgo, advierto que todas las referencias a personajes y datos cronológicos son referentes a I.D.F no a los libros ni películas. Todas las diferencias que pudiese haber entre lo planteado en I.D.F con el esquema temporal (fechas, años, edades de los personajes, etc.) son ediciones que hago y replanteo a conciencia. Estoy sujeta a errores humanos, recuérdenlo.

Las cosas que pueden prosperar,

Pueden también fracasar.

Las cosas que pueden ser cálidas,

Pueden también ser frías.

Las cosas que pueden ser fuertes,

Pueden también ser débiles

Las cosas que pueden elevarse,

Pueden también caer.

El Tao- Lao Tsé

I.D.F -El Origen

Volumen #1 de la serie "Momentos perdidos"

Capitulo #9 Amenaza

Una luna de miel.

Para Harry aquellos tres meses se le habían pasado como una larga y feliz luna de miel.

Por más empalagoso y remilgado que sonara el término.

Pero, es que no había otra manera de clasificar la alegría, la dicha y la continua satisfacción que Harry vivía a diario una vez que las cosas entre él y Draco habían tomado el rumbo actual. Su cotidianidad se había transformado radicalmente en lo que eran antes días monótonos de oficina a encuentros furtivos en los más recónditos y extraños lugares del Ministerio. Draco lo sorprendía cada día, secuestrándolo a la hora del almuerzo para sostener apasionados encuentros tras la puerta de alguna oficina, aula o incluso baños. Encuentros cuando no más enardecidos donde el uno y el otro marcaban sus pieles y cuerpos de una manera brusca, salvaje pero a la vez con sutileza, con pasión.

Harry recordaba, a lo largo del día, momentos vividos con el rubio que lo encendían como una llama incandescente y lo hacían enrojecer…

-¡Por Merlín, Harry! Necesitamos comer ¿Sabes?- protestó Draco sin mucho esfuerzo una de aquellas tardes de sábado que pasaban entre las sabanas de su departamento, turnando el besarse, follar, hablar banalidades y volver a besarse y follar.

-Podemos ordenar algo, chino, pizzas, lo que quieras…- argumentó Harry, aunque sabía que era inútil. Draco murmuró con un jadeo que intentaba ser resistente.

-Quiero comer comida de verdad, Harry…estoy harto de la comida de la calle. ¿Por qué nunca cocinas?

-Porque odio hacerlo…- le respondió, besándole los labios sonrosados.- lo hacía de niño para mis Tíos y lo odiaba- sonrió y Draco bufó un poco, cediendo.

Harry mantenía una sonrisa idiota mientras se dirigía a besar el hueso de la clavícula de Draco logrando que éste jadeara y evitara bajarse de la cama donde habían pasado las últimas 9 horas de sus vidas retozando y levitando porciones frías de la comida Thai y las bebidas de la noche anterior desde la cocina. El rubio se quejó una vez más y se puso en pie, caminando desnudo hasta la cómoda del moreno y tomando uno de sus bóxer negros para calzárselos.

¿Cómo mierda podría dejar de acosar a Draco si era tan jodidamente…sexual?

Por Merlín, Harry estaba seguro que Draco le provocaría una erección vestido hasta con tutú…era injusto que estuviera tan bueno.

Lo observó irse al lavabo y lo escuchó bajo el agua durante un par de minutos mientras éste se daba una ducha rápida. Pronto, el vapor de agua caliente inundó el pasillo y le llevó el olor a su champú de camomila, ese que Draco odiaba y que él compraba adrede. Sonrió y se levantó, colocándose un boxer con descuido y paseando por su habitación tratando de recuperar las ropas en desorden por el suelo.

La sonrisa idiota no se le borraba.

-¿Tienes idea de cuanto odio ese champú, Harry?- le preguntó Draco con voz molesta desde la ducha y él sonrió aun más. Cuando Draco adoptaba ese aire de niño mimado le recordaba a su época escolar, y, sorpresivamente, aquello le encantaba. Encendía algo lascivo, dominante y predador dentro de él.

A Harry le gustaba ser romántico con Draco, ser cariñoso, hacer el amor en lugar de follar, pero habían momentos; como aquel, en los que le gustaba (demasiado, era casi como un fetiche) el molestar al rubio hasta el punto de desquiciarlo para luego arremeter con él y follárselo hasta la inconciencia. Era divertido.

-Te hace más rubio Draco. ¿No lo sabías?- le comentó adrede imprimiendo burla en su voz, mientras escuchaba como la ducha se cerraba y Draco salía de ella. Duró unos segundos en silencio y luego le hablo desde la puerta de la habitación. Iba vestido solo con un mono gris de esos que antes usaban para entrenar en el Cuartel y Harry, en su detallismo que Draco denominaba como "depravado", pudo discernir que no llevaba ropa interior bajo eso. Se relamió mentalmente.

-Más rubio una mierda, Harry. –le espectó antes de lanzarle la toalla húmeda contra su cara. Harry la atajó con una carcajada.- ya cállate, idiota y anda a ducharte, que apestas ¿Estuviste entrenando todo el día de ayer, no? –Harry bufó y luego sonrió de medio lado con sorna.

Como si el mismo Draco no supiera cuantas horas exactas había estado entrenando bajo su estricta supervisión… Harry estaba seguro de que éste lo hacía apropósito para verlo sudar mientras entrenaba, para luego revolcarse con él mientras le enseñaba técnicas para después llegar a casa y follar como desquiciados. Si, Harry estaba seguro que ese era el plan malvado de Draco Malfoy para sus día a día.

-No tengo la culpa de que "El entrenador" sea un obsesivo explotador…- dijo, dirigiéndose al baño mientras Draco iba a la cocina. El rubio bufó.

-Y yo no tengo la culpa de que seas inepto luchando, Harry…-replicó.

-¡No soy inepto! ¡Soy el mejor allí y lo sabes! Lo que pasa es que no toleras que los del escuadrón me vean el culo entrenando y me pones a hacerlo solo cuando estas tu allí- contraatacó el moreno, satisfecho por haber causado un necio silencio en el rubio. Siguió picando en el la disputa, haciéndolo enfadar adrede. Le gustaba enojar a Draco por estupideces como aquellas, era divertido en una retorcida forma, era excitante.- O es que no soportas que sea mejor que tu combatiendo Draco…- escuchó con una sonrisa burlona como Draco lanzaba una olla en la cocina con rabia y caminaba hacia el baño.

-Ni en tus sueños más húmedos eres mejor que yo en nada, Harry Potter…- le susurró con voz venenosa desde la puerta del lavabo mientras Harry se carcajeaba de él bajo la ducha- cállate, dúchate que después patearé tu trasero hasta cansarme, estupido insoportable.

-¿Quieres discutir sobre mis sueños húmedos, Draco? – le preguntó luego de un rato, al salir del baño, con el cabello goteando sobre la alfombra de la cocina y vestido solo con unos ajustados boxers verde oscuro y una franela de algodón de un color que alguna vez fue azul oscuro y ahora parecía gris desvaído. Draco bufó, parado frente al mesón de la cocina, de espaldas a él mientras picaba algo sobre la lisa superficie. Caminó unos pasos, mientras Draco seguía picando e ignorándolo.

-No, no quiero, tengo hambre y quiero comer y para eso tengo que cocinar ya que no te dignas a tener nada decente para alimentarnos aquí…- replicó molesto y Harry se detuvo a medio paso de la espalda del rubio.

-Yo también tengo hambre, Draco, pero no de comida ¿Sabes? – le dijo, susurrando. Vio a la perfección como Draco se estremecía bajo el efecto de sus palabras. Besó justo detrás de su oreja, solo unos milímetros detrás y mordió su lóbulo. -¿crees que pueda comer lo que quiero, Draco?- le preguntó con lascivia.

Draco dejó el cuchillo a un lado y plantó ambas manos sobre el mesón, tratando de sostenerse.

-Depende de que quieras comer…- replicó segundos después. Harry se mordió un labio y se abrazó al cuerpo del rubio

-A ti…-respondió antes de comenzar a recorrer con sus ávidas manos el cuerpo del rubio.

Los recuerdos de la manera en como tomó a Draco aquella tarde sobre el mesón de su cocina aun le despertaban unos escalofríos placenteros que lo recorrían desde la columna hasta la base de su sexo, erizándolo. La manera en como se puso de rodillas, en como saboreo cada parte del rubio, en como lo hizo pedir más, desear más…en como lo empotró contra el mesón, en como Draco le ordeno que se lo follara cada vez más y más rápido y más duro. Todo aquello en sus meros recuerdos era…mierda, lo mataba de placer.

Porque Draco lo poseía y se dejaba poseer de una manera tan sublime… le otorgaba besos que dejaban huellas más allá de su piel, lo marcaba con caricias posesivas. Harry se sentía abrumado, porque era como si siempre debió de ser así, como si él le perteneciera a Draco más allá de lo humanamente concebible. Se pertenecían, ambos.

Era el orden natural de las cosas.

Había momentos, también, en los que las antiguas dudas de Harry volvían a azotarlo, recordándole de una manera desagradablemente acertada que aunque Draco estaba a su lado, físicamente, éste seguramente no sentía nada por él.

Era; precisamente, solo eso: algo físico.

Harry debía y tenía que conformarse con tener a Draco así. Era sexo, un fabuloso sexo, pero nada más. Y aunque el moreno sintiera un ahogo y una decepción enorme en su pecho al no sentirse; emocionalmente hablando, correspondido por el rubio. No se arrepentía, era feliz en lo que estaban viviendo.

Pero entonces, como todo medio día, vino su crepúsculo, su atardecer. El declive.

Esa tarde, Harry se había visto sorprendido por una carta oficial sobre su escritorio.

En las últimas semanas había estado acrecentando sus horas de trabajo y se había dedicado a su labor, restituyendo al Ministerio a su gloria original, buscando purgar de la burocracia y la corrupción todo el sistema del que dependían y aquello le había ganado tanto simpatizantes como enemigos.

Draco lo apoyaba, por supuesto. Pero el rubio tenía sus propios problemas como Entrenador en Jefe reformando todo el sistema de entrenamientos, introduciendo nuevas horas, técnicas y nuevas disciplinas (Draco se había obsesionado con las Artes Marciales, practicándolas diariamente y logrando obsesionar a Harry con ello) Buscando siempre el desarrollo optimo de los Aurores.

Ambos eran vistos como innovadores pero también como algo inexpertos.

Una renovación a los viejos engranajes que no a muchos les agradó.

Además, el moreno venía acumulando una indecible cantidad de estrés y tensión debido a los acontecimientos y ataques que día a día venían golpeando en el Mundo Muggle y Mágico, eran pequeñas lloviznas que avecinaban una tormenta. Pequeños ataques en todo el mundo Muggle estaban perturbando la paz, ellos, los Aurores; sospechaban de Mortifagos más aun no contaban con las pruebas definitivas. Había Muggles desaparecidos, bombas en las embajadas y edificios diplomáticos…todo fue rápidamente clasificado por el gobierno Británico como "Ataques Terroristas" pero los Magos sabían que había algo más.

No había paz, estaban todos en tensión esperando por que el garrote de la Guerra volviera a golpearlos, y todo el peso de aquellos eventos y la responsabilidad caía directamente sobre sus hombros. Estaba preocupado día sí y día también, ojeando la prensa Muggle en busca de algún indicio de que El enemigo había vuelto.

Hermione le había escrito esa semana: preocupada también por los acontecimientos violentos. Le interrogaba en su misiva de manera perspicaz e inteligente, como siempre, cuestionándole acerca de si era cierto o no que se avecinaba una nueva Guerra y preguntándole que debería ella hacer para resguardar Hogwarts. Harry se preocupó aun más…el solo pensamiento de que algo, lo que fuera, le pasara a Hermione, lo atormentaba. Le respondió que sellará el castillo, que decretara un toque de queda y envió un escuadrón de Aurores a cuidar el castillo día y noche.

Harry suspiró, estaba muy agotado.

Tomó el sobre entre sus manos y lo sorprendió aun más notar el sello de Kingsley.

Potter:

Le espero en mi oficina a las 5:00 Pm. Reunión urgente.

Shakelbot Kingsley
Ministro de Magia.

Harry miró su reloj, faltaban 15 minutos. Salió de su oficina a paso pausado, llevando su cabello hacia atrás con nerviosismo y subiendo bien sus lentes sobre el puente de su nariz. ¿Qué querría Kingsley?

Durante todo ese tiempo de reformas al sistema penal del Ministerio, Harry había sentido un creciente miedo de estar equivocándose estrepitosamente, de no estar a la altura del trabajo que ostentaba, y había temido casi paranoicamente el momento en que Kingsley lo llamara para decirle que no servía como Jefe del Escuadrón de Aurores.

-¿Ministro? ¿Quería verme?- llamó Harry a la oficina de puertas de negra caoba. La sensación de nerviosismo no había cedido. Kingsley siempre mantendría ese aire intimidante de hacerte sentir que podía aplastarte con solo dos de sus enormes dedos. Era su personalidad imponente.

Durante mucho tiempo a Harry le había caído bien el ahora Ministro de Magia y cuando asumió éste puesto, Harry pensó que no había mejor opción para el cargo, y aun lo pensaba, pero la imagen que tenía del ex Auror se había distorsionado un poco debido a las circunstancias laborales. Ahora Kingsley le parecía mucho menos amigable de lo que le pareció aquella vez que lo sacaran de Privet Drive. Se había vuelto adusto, severo y muy, muy exigente. Harry suponía que era la presión del cargo ministerial, pero eso no bastaba para suprimir esa opresiva sensación en su pecho al entrar a su oficina.

-Pasa Potter- respondió Kingsley con su voz grave resonando en la estancia.- Y cierra la puerta, por favor.- Harry obedeció y se sentó en la silla frente al escritorio. Kingsley leía un pergamino tranquilamente y el papel le tapaba medio rostro. Harry se cruzó de manos, un poco impaciente y nervioso. Kingsley alzó un dedo, indicando una pausa.- Ya te atiendo…discúlpame.- bajó el pergamino y le miró.- me acaba de llegar esto del Primer Ministro Muggle, es información sobre sucesos extraños que han detectado varios oficiales de la ley Muggles, policías, que bien podrían ser causado por Mortifagos o algunos de sus seguidores…al parecer estalló una bomba en una Embajada extranjera y no saben quien o que fue el detonante. Hay otros indicios y el Primer Ministro, alarmado, me envió esto inmediatamente.- Harry se alzó y se acomodó mejor sobre su asiento, interesado en el suceso.- hay una copia del reporte para ti y para Malfoy, descuida. –Dijo el Ministro, adelantándose a su requerimiento- Quiero que se pongan al frente de esta cacería- Harry sonrió sin poder evitarlo y sintiéndose un poco más relajado.

-¿Era eso de lo que quería hablarme, Ministro? –preguntó Harry. Kingsley ensombreció su rostro y la opresión nerviosa volvió al pecho de Harry como una amante cruel y lacerante.

-No, Harry.- respondió Kingsley y Harry sintió un peso más grande al notar la gravedad en la voz de Kingsley al llamarlo por su nombre. Estaba de verdad preocupado.-Quiero hablarte de otra cosa, de algo que ha llegado a mis oídos y que, en lo personal no me molesta…sinceramente no me importa. Pero que en lo profesional me temo que si debo interferir, por tu bien y por el de todos.- Harry le miró confuso.

-¿De qué estás hablando, Kingsley?- le preguntó en un susurro. Éste suspiro y colocó ambas manos en su mentón, observándolo fijamente. Luego, las bajo y le miró resoplando. Rendido y agotado.

-De ti, Harry…y de Malfoy. – Harry abrió mucho la boca, sorprendido. Sintiendo un golpe muy fuerte y ensordecedor en su estomago.

-¿Qué?- preguntó.

-Llegó a esta oficina, cierta…información. Quejas, para ser precisos, de que había una especie de…-el Ministro dudó.- confraternización, entre tu y tu compañero de trabajo. ¿Es eso cierto?- preguntó Kingsley, aunque en su voz no había ninguna duda de que sabía la respuesta a aquello, solo quería ver si Harry lo negaría o lo asumiría. El moreno se quedó en estado de shock por unos segundos antes de reaccionar.

-Yo…no- tragó y miró a Kingsley fijamente, enfadado.- Yo no creo que eso sea relevante, Kingsley. Ni mi trabajo, ni el de Draco se han visto afectados, al contrario. ¿Existe alguna "queja" respecto a nuestro desempeño laboral?- preguntó. Kingsley obvió su pregunta, poniéndose en pie y mostrándose por primera vez ante Harry de manera exasperada.

-Harry, puede que tú pienses que esta situación es irrelevante, que Malfoy lo piense. Maldición, ¡Yo lo pienso! Pero eso no lo hace ser irrelevante, ustedes están a cargo de los Aurores, están a cargo de la justicia de nuestro mundo. ¡Y eso no es compatible con la imagen que están dando de colegialas enamoradas!- Harry le miró, indignado.

-¡Nosotros no…!-

-Harry, les han visto ¿Si? La gente sabe lo que está pasando entre el Jefe de Aurores y el Entrenador. Hay rumores, sobre su inexperiencia, sobre su juventud. ¿Me estás diciendo, en serio, que quieres sumar a todo eso ahora los rumores sobre debilidad?

-Draco y yo no somos débiles- afirmó Harry, con la voz temblorosa debido a la rabia.

-Eso yo lo sé, por algo están en el cargo que están. Pero estamos hablando de la imagen que ustedes dan. En el Ministerio todo es política, Harry. Y lamento decirlo pero lo que ustedes hacen, su…relación, no es bien vista, políticamente hablando. La gente es intolerante y susceptible, tu lo sabes, lo has vivido. Estamos viviendo en un mundo potsguerra Harry, necesitamos líderes fuertes. –Harry cerró sus puños, furioso.

-No lo dejaré, Kingsley, ni por ti, ni por el trabajo, ni por nada.- declaró con firmeza, por dentro los ojos le escocían. Kingsley suspiró y se volvió a sentar en su silla.

-No te pedí que lo hicieras.- dijo el Ministro, pausadamente. – Te hablo aquí como un amigo Harry. Pero como Ministro me temo que me veré obligado a advertirte que, si estas quejas continúan: uno de los dos será despedido. Y no puedo despedir a "El Elegido" ¿Cierto?- Harry alzó la mirada, adolorido, molesto y muy ofendido.- Has lo mejor para todos, Harry. Y eso incluye a Draco…sino, me temo que él será quien sufra las sanciones.

N/A: Hello, primero quiero agradecer sus hermosos mensajes que han enviado todos estos días, agradezco su apoyo hacía mi y mis proyectos, su interés en esta historia y su constante lectura. Repito, son lo mejor que a una escritora aficionada como yo le puede pasar. ^^ Hay muchas otras fickers que no corren con tanta suerte y se topan con lectoras/es ingratos y demandantes…aprecio mucho que comprendan que tengo una vida, que esperen por mis actualizaciones con paciencia y sobre todo, con cariño. Es por eso que doy lo mejor de mi cada día para seguir escribiéndoles.

Y ahora, dejando los sentimentalismos de lado. ¿Qué les pareció el capitulo? Les dije que no todos serían rosas y chocolates para ellos…las cosas se complican un poco, para así dar vida a la relación que ambos tienen en IDF ^^ quería comentar que sé que Harry parece un poco frágil y sentimental, comparado con otros Drarrys que existen, pero cuando estaba realizando este fic, y cuando comencé con IDF, tuve la oportunidad de releer algunos de los libros de la Saga de HP, en especial La Piedra, y me reencontré con la personalidad de "el Harry Cannon" resultandome como una persona, en efecto frágil e insegura y me pareció adecuado plasmar eso aquí. ^^

Ahora, aclarado eso. Me retiro. Espero actualizar IDF a finales de la semana que entra, si todo marcha como espero…me falta solo un 10%. ^^

Les dejo un beso y un abrazo.

Kisses

IL