Capítulo 6
La alarma del pod la despertó una hora antes de que su clase empezara, y aunque solo había podido dormir unas cuantas horas, la pelirroja no cabía de la emoción. Después de haber pasado unas horas con Tony – y después de asegurarse de que no había estado soñando, Pepper había caído rendida en su cama. Para su suerte, las arpías se habían llevado a Sandra con ellas, y Pepper había podido regresar a su dormitorio sin ningún problema.
Ahora que abría los ojos y se empezaba a alistar para ir a clase, la joven no podía quitarse la sonrisa de la boca. Aun sentía los brazos de Tony sobre ella, y el olor de su colonia se había penetrado en su ropa. Estaba ansiosa de que llegara el próximo fin de semana para verlo de nuevo, y sabía de antemano que los días se moverían a un paso más lento que el de una tortuga.
Tony me quiere, pensaba ella con ilusión mientras se cepillaba su cabello y se sonreía a sí misma como una tonta. Ni siquiera las caras de molestia que Sandra le hizo cuando regresó al dormitorio le podían arruinar el dia a Pepper. Sandra podría intentar quemarle su cama o llenarle su guardarropa de lodo y a Pepper le importaría un comino. La chica no sentía nada más que felicidad dada su aventura de medianoche. ¿Quién diría que la 'plebeya' se convertiría en la novia de Tony Stark?
Si solo se enterara Sandra de su relación con Tony...
No, Pepper se dijo a sí misma. No se puede enterar o me va a estar vigilando o siguiendo, y nunca me dejará ver a Tony en paz.
A pesar de que Pepper quería gritarle a los cuatro vientos que estaba enamorada y que su amor había sido correspondido, no valía la pena poner más obstáculos a su ya muy compleja relación con el genio. Tarde o temprano se darían cuenta los medios de comunicación de que Tony Stark salía con alguien, y cuando empezaran a investigar los detalles de la relación amorosa, la poca privacidad que él tenía en este momento desaparecería por completo.
"Tal vez me debería transferir a MIT."
"Jajajaja!" Sandra casi se caía de la risa, sorprendiendo a la pelirroja que en su momento de refleccion no se había dado cuenta de que la rubia la había escuchado. "Ir a MIT, ¿tú? Si muy apenas puedes pagar por venir a Berkeley, ¿cómo crees que vas a poder conseguir limosnas suficientes para transferirte a MIT? Además, MIT es para personas con clase, dinero e inteligencia y tu definitivamente no posees ninguno de esos requerimientos."
"Tienes razón," accedió Pepper mientras se dirigía a su cama para ponerse sus zapatos. "Supongo que es por eso que tú tampoco vas a MIT, ¿cierto?"
La cara de sorpresa que la rubia puso al verse insultada por sus propias injurias fue más cómica para Pepper de lo que esperaba. Sin embargo, la chica rápidamente recuperó la pose de ser omnipotente y se carcajeó forzadamente. "Tus palabras no me hieren, Potts, y mucho menos tus mentiras. A ver cuánto te dura tu beca cuando te des cuenta de que no tienes materia gris suficiente para esta universidad.'
"Si no tuviera la suficiente inteligencia para estar aquí, la universidad no me hubiera aceptado, Sandra." Dijo la pelirroja antes de recoger su mochila del piso y encaminarse a la puerta del dormitorio.
"No necesariamente. De seguro fuiste el acto de caridad del comité de admisión, y ni creas que MIT tiene también un comité de plebeyos. Ellos solo aceptan a personas de alto calibre como Tony Stark."
Pepper se detuvo en la puerta por un segundo, debatiendo seguir la conversación con Sandra pero al darse cuenta de que solo le faltaban cinco minutos para que empezara su clase de mediodía, Pepper suspiró derrotada.
"Supongo que tienes razón, Sandra. Nadie está al nivel de Tony Stark." Informó Pepper al poner un pie fuera del dormitorio con la intención de correr hacia su clase, pero Sandra aún no estaba lista para terminar la conversación.
"Yo lo estoy," dijo la chica con un aire de grandeza que apenas cabía en el edificio completo. "Y es por eso que cuando vaya a visitar a mi papá en MIT el próximo fin de semana, me encargaré de que Tony Stark sepa quién soy yo."
Pepper tuvo que morderse la lengua para no morirse de la risa antes de darse la media vuelta y ver a la rubia a los ojos. "Oh. Ya veo. ¿Tu papá trabaja en MIT?"
"Sí. Es el decano de la facultad de ingeniería, y él me dijo que Tony está bajo su asesoramiento académico. Usualmente los decanos no son asignados a dar asesoramiento a los estudiantes, pero en caso de Tony creyeron que sería más prudente que el mismo decano se encargara de alguien tan prodigioso como él."
"Vaya. ¡Qué suerte tienes, Sandra! Al parecer tienes conexiones para conocer a Tony Stark. ¿Quién fuera tú?"
"Lo sé. Pobre de ti. Una arrimada como tú no tiene esperanza de codearse con alguien tan adinerado y galán como él."
"¿Qué puedo hacer, verdad?" Dijo Pepper con un tono de resignación. "Bueno, me tengo que ir. Te veo después." Agregó apresuradamente la pelirroja al ver la oportunidad de retirarse para asistir a la única clase que no compartía con la chica, pero no sin antes de rodar los ojos al escuchar a Sandra llamarla 'pobre boba.'
Al parecer, la boba era otra.
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Tony estaba tirado sobre su cama, riendo a carcajadas y casi pataleando el colchón por la noticia que le acababa de dar su novia acerca de su conversación mañanera con Sandra. Hasta las lágrimas se le salían de la risa que muy apenas podía controlar, y si no fuera porque se encontraba solo en su dormitorio, estaba casi seguro de que sus compañeros de cuarto ya le habrían hablado al hospital psiquiátrico más cercano para internarlo de por vida.
"No puedo creerlo, Pepper," dijo Tony ya más calmado mientras se sentaba con la espalda sobre la cabecera de la cama y se secaba las lágrimas. "¿La bruja cree que voy a caer rendido a sus pies con solo verla? ¿Quién se cree que es? ¿Tú?"
En el otro lado de la línea Pepper se sonrojaba al imaginarse la posibilidad de que Tony la admirara tanto como sus palabras le hacían indicación, y daba gracias que estaba sola en la azotea de nuevo. "¿En realidad te sorprende, Tony? Es obvio que ella no sabe lo que es no llegar a tener lo que ella quiere."
"Pues lo va a conocer muy pronto. Si no fuera porque prefiero estar contigo este fin de semana que en alguno otro lugar, me quedaría aquí para verle la cara de shock al darse cuenta de que no me interesa en lo absoluto."
"Créeme que yo también quisiera ver esa cara. Pero es mejor que no se dé cuenta de que te conozco, y mucho menos de que eres mi novio."
"¿Y eso porqué, Pep? ¿Te avergüenzas de mí?" Le preguntó el genio con un tono de sufrimiento fingido.
"No seas bobalicón, Tony. Solo no quiero darle más razones para que me odie."
"¡Ah! Tienes razón, ni para que moverle. A lo mejor así hasta te deja en paz."
"Eso espero," suspiró Pepper. "Entonces, ¿si es verdad que su papá es tu asesor?"
"Sí. Pero casi no lo veo mucho. Creo que le intimido."
"Hay muy pocas personas a las cuales no intimidas, Tony."
"Cierto. ¿Qué puedo esperar de alguien tan perfecto como yo, verdad?"
Pepper rio. "No. Se intimidan porque aún no te conocen los inventos que no te han salido bien."
"¡Ay, Pepper! ¿Por qué tienes que recordarme que no soy perfecto?"
"Es mi trabajo, Stark. Alguien tiene que mantenerte con los pies en la tierra o tu cabeza llena de aire te va a llevar al espacio exterior."
"Cruel. Me hieres, Pepper. Yo que tanto te quiero, y tu mira como me tratas."
"Y si no te tratara así, no me quisieras."
"Ugh. ¿Quién demonios te dijo la verdad?"
Pepper rio de nuevo y el sonido era música para los oídos del genio. "Tú, ¿quién más? No sabes guardar secretos."
Tony sintió como si un balde de agua fría le cayera encima al recordar que algunos secretos si sabía cómo mantenerlos escondidos, en especial uno que aún lo hacía sentirse como un perdedor. De todas las personas a las que en alguno momento les pudo haber mentido, no le cabía en la cabeza aun porque tendría que haber sido su pelirroja a la que le mentía todos los días. Era ya muy tarde para decirle la verdad, y más aún después de haberla hecho su novia.
"Supongo que algún dia te darías cuenta de que me encanta que me trates con los pies. No hay problema. Lo superaré," le contestó Tony tratando de ocultar su tono de culpabilidad.
"No te quedará de otra. Para mí siempre serás simplemente Tony: el chico que ronca cuando duerme."
"¿Otra vez con eso? La evidencia ha sido removida, Potts. No tienes como comprobar tus insinuaciones."
"No sería muy difícil reunir más evidencia. Solo tengo que pescarte dormido."
"Buena suerte con eso, Pepper. Jamás me encontraras así de nuevo."
"Ah, ¿sí? ¿Qué tan seguro estas de eso?"
"Tan seguro como de que mi nombre es Tony Stark."
"Y, ¿qué tal si te invito a dormir conmigo cuando vengas a verme? ¿Me negarías esa petición?" Le murmuró la pelirroja en un tono que sabía pondría nervioso al joven.
"Ah…uhm…este…yo…bueno…"
"¡Qué pena, la verdad!" continuó la chica con un tono de desilusión exagerado. "Y yo que esperaba invitarte a que te quedaras en mi dormitorio cuando vinieras, siendo que Sandra no estará aquí. Supongo que te quedarás en un hotel o algo así."
Tony se quedó mudo por un momento al darse cuenta de que Pepper tenía razón. Sandra no estaría en California y eso significaba que él y Pepper podrían tener la misma privacidad que solían tener en su laboratorio en New Jersey. El imaginarse solo con Pepper nunca le había provocado ansias, pero eso había sido antes de que se convirtieran en más que solo amigos.
"¿Tony?"
"Si, ah, Pepper…disculpa, me distraje un momento."
"Ya me lo imagino," convino la pelirroja con un tono que le decía al genio que ella sabía lo que estaba pensando. "Pero bueno, ya me tengo que ir a dormir."
"¿Tan temprano? Pero si solo son las… ¿Qué rayos? ¿Cuándo dio la medianoche?" Preguntó el genio sorprendido de que ya había pasado dos horas en el teléfono con la pelirroja.
"Hace quince minutos, Tony. Tú también deberías de irte a dormir. No podemos estar desvelándonos así todas las noches."
"Lo sé," dijo el inventor derrotado y suspiró. "¿Hablamos luego?"
"Sí. Cuídate, Tony."
"Tú también, Pepper."
"Hasta luego."
"Hasta luego," contestó el genio y finalmente colgó antes de que sus ojos azules se clavaran en su pod mientras pensaba como le iba a hacer para decirle a su novia la verdad. La verdad de que los problemas de la chica en la escuela eran culpa de él.
