Capítulo 16

Malditas las palabras de su padre. Tony había estado caminando de un lado al otro en su cuarto desde que había llegado a él diez horas antes. Estaba desesperado por escuchar alguna señal de que Pepper estuviera bien. Aun no recibía ni la llamada, ni correo electrónico, ni mensaje de texto de la chica, o algo que le dijera que el plan de Pepper había funcionado.

Con cada paso que tomaba y cada segundo que pasaba el chico se odiaba a si mismo más y más. Su padre había tenido toda la razón: no eran los enemigos típicos los que les darían más problemas a la joven pareja sino los enemigos normales que aún no conocían. Había tenido que ver con sus propios ojos como el bastardo de Roel casi abusaba de ella, y si no fuera por las armas que él le había dado a ella para protegerse, la chica hubiera estado en aprietos.

¡Maldita sea! Necesito decirle la verdad a Pepper! Necesito que sepa lo que hice y decírselo de una forma que no me odie tanto. Tengo que convencerla de que se regrese a la costa Este conmigo para poder cuidarla todo el tiempo. Nadie se atrevería a tocarla si saben que estoy yo aquí con ella.

Y aun así, que la solución a sus problemas era tan simple, no podía obligarse a decirle la verdad. ¿Que se supone que iba a decir? ¿Discúlpame por haberte mentido? ¿Lo siento por haber mantenido este secreto por tanto tiempo? ¿Te hubiera dicho la verdad cuando ocurrió todo? ¿No deberías de haber confiado en mí desde el principio? ¿Soy el peor novio y amigo que ha puesto pie sobre la tierra?

De todas maneras, sus palabras no importarían. El daño estaba hecho y no había como hacer sonar su error como algo positivo. De hecho, el único aspecto positivo del error cometido era lo que ella vería como más negativo. Así de torcido era el asunto.

Tal vez debería olvidarlo. Tal vez puedo negarlo y asegurarme de que las pruebas sean destruidas, así ella nunca se enteraría y yo no tendría por qué decirle la verdad.

Mentiras. Viles mentiras se decía él.

El inventor continuó haciendo cerchas sobre su piso hasta que el teléfono por fin sonó. Sin pensarlo un segundo se aventó a su cama para tomar el aparato y no lo dejó sonar una segunda vez. "¿Pepper? ¿Estás bien?"

"Si, Tony. Ya deja de preocuparte. Todo salió a la perfección," le dijo la chica con voz de cansancio. "Roel no me volverá a molestar."

"¿Estas segura? ¿Por qué tardaste tanto en hablarme? No suenas muy convencida. ¿Me estás diciendo la verdad?" el joven se atrevió a preguntarle aunque él mismo no le estaba diciendo la verdad a su novia.

"Si, Tony, te estoy diciendo la verdad. Me tomó un rato pero hice ver la situación como si él hubiera entrado sin permiso a mi cuarto a tratar de abusar de mí. Digo, eso fue lo que paso, sí, pero no incluí el beso que le di o el hecho de que lo dejé inconsciente con el pod. Tuve que romperle el arreglo floral que me diste en la cabezota, pero funcionó."

"¡Ay, Pepper!" Tony se levantó de la cama y caminó a la ventana. "Y ¿te creyeron?"

"Todo. También ayudó que Roel estaba un poco ebrio y con eso ya no le creyeron que yo accedí a acostarme con él."

"¡Cielos, Amor! gruñó el chico sin darse cuenta de cómo la había llamado. "Yo…lo siento mucho. Esto nunca debió de haberte pasado. Yo estaba ahí contigo…se supone que debo protegerte."

"Y lo hiciste, Tony. Me diste el pod que me ayudó a detener a Roel. Si no hubiera tenido tu regalo y el pod que me hiciste, quien sabe que hubiera pasado."

Tony tragó saliva y se mantuvo en silencio por un momento, sabiendo que el hecho de haberle dado las armas a Pepper para defenderse no era suficiente si el problema que la chica ahora enfrentaba era culpa de él mismo y sus estupideces. El joven se metió a su baño a buscar un par de aspirinas al sentir que la cabeza le daba vueltas. Ya había llegado él a MIT con un pequeño dolor de cabeza, pero la tensión y el nerviosismo de no saber si la chica estaba bien sin él solo le había hecho peor el dolor.

"Y tú ¿cómo estás? Disculpa que no te hablé antes pero tuve que pasar horas llenando formas para la policía y contestando preguntas de los asistentes de residencia y los guardias de la escuela."

"Sí, estoy bien." Le dijo a pesar que se estaba empezando a marear. Puso la bocina del pod en silencio para poder tomarse las aspirinas, y cuando terminó cerró la taza del baño para sentarse sobre él y suspiró profundamente.

"Sé que esa no fue la manera en la que tu querías que este fin de semana terminara. Lo siento mucho, Tony. No sé por qué me están pasando estas cosas a mí, a nosotros. Este no es lo que yo esperaba fuera a pasar al salir juntos. Yo…yo entendería si prefieres terminar. Son demasiados los problemas que te causo."

Tony le quitó el silencio a la bocina del pod y miró al suelo. Su primer instinto fue de decirle a Pepper que no era cierto lo que decía pero ya le estaba mintiendo mucho como para decirle más mentiras. Tomó otro respiro profundo y sacó del pod el auricular inalámbrico. Lo puso en su oído derecho y guardó su pod en su pantalón. En lo que pensaba en una respuesta, el chico se dio masajes en la sien y cerró los ojos cuando la luz empezaba a molestarle.

"En momentos como este, Pep, a veces sí pienso que sería mejor que termináramos," dijo el joven con sinceridad, causando que la pelirroja del otro lado de la línea se sintiera nerviosa. La muchacha estaba en la terraza de su edificio, y al escuchar lo que parecía para ella un adiós definitivo, el viento frio de la noche hizo que sus huesos se congelaran dentro de su ser. "Pero no lo pienso por los problemas que me han causado a mí nuestro noviazgo, sino por los problemas que te han causado a ti. Solo llevamos una semana juntos y…" suspiró. "Yo sabía que era mejor no decirte que te quiero cuando estamos tan lejos el uno del otro. Tu vida…tu vida era mucho más fácil cuando yo no estaba en ella, ¿no es así? Tu vida era mejor cuando yo no estaba a tu lado."

"¿Es esta tu forma de cortar conmigo?"

"Ni lo pienses."

"Entonces ¿qué me estas tratando de decir?"

"No lo sé," admitió el joven. "Solo te estoy diciendo lo que estoy pensando en este momento. No estoy tomando una decisión o espero que tú tomes una tampoco."

"Eso dices tú, pero a mí me suena como que quieres terminar."

"Para nada. Es lo último que quiero hacer. Es solo que…no…no sé cómo lidiar con la culpa, Pepper." Le confesó el chico, y la pelirroja no se imaginaba que la culpa a la que él se refería no era solo la que sentía por lo que había pasado hoy.

"Tal vez deberíamos de dejar de vernos tan seguido. Estamos separados, Tony, lo normal para una pareja como nosotros sería vernos una vez al mes, cuando mucho. Sé que tenemos la ventaja de que podemos volar de un lado del país al otro en solo media hora, pero eso no significa que deberíamos de hacerlo cada fin de semana ¿no lo crees?"

"Pero, Pepper, yo quiero…necesito verte."

"Y me verás, pero no tan seguido. Vamos a vernos cada domingo, ¿no?" Roel ya no me molestará y ahora que Rescue está castigada, eso tampoco se interpondrá entre nosotros."

"¿Castigada? No exageres, Pepper."

"Pero eso es lo que es, ¿no? No empieces a ponerle moños a asuntos malos. Nunca lo has hecho antes y no quiero que empieces ahora."

Ya lo hago, pensó el chico y suspiró. "Está bien. Nos veremos solo los domingos en Topeka. Ojalá no se hubiera terminado nuestro fin de semana juntos así. Tal vez por eso me siento así – siento que se terminó antes de tiempo. No estaba listo para irme."

"Y yo no quería que te fueras. Mi cama…ahora se sentirá demasiado grande sin ti."

Tony sonrió. Eran momentos como este que el chico rogaba que ella lo llegara a perdonar. Eran momentos como este que lo hacían sentirse como si fuera posible que todo se fuera a arreglar fácilmente. Eran momentos como este que él se sentía en la gloria porque le parecía que Pepper lo necesitaba tanto como él a ella. "Yo tampoco llené de ti para aguantar la semana todo solo," le dijo antes de que un pensamiento pícaro le cruzara por la cabeza. "Así que tendrás que mandarme una tanga tuya para sobrevivir, Potts."

Pepper no pudo ni enojarse con él y se carcajeó. "Bueno, tengo que admitir que cuando no me estabas asustando o escondiendo las prendas de otras chicas en tu maleta, la verdad me encantó que estuvieras aquí, mucho, mucho, mucho."

A pesar del sentimiento de culpa que aun tenia por asustarla, el chico sonrió. "Y yo te quiero mucho, mucho, mucho, Pepper Potts."

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Pepper cerró los ojos y se mordió la lengua para no gritar de emoción. El joven ya le había dicho antes que la quería, pero aun así no lo superaba. Los últimos días habían sido caóticos para los dos, y ella estaba segura de que si no fueran por los detalles que él tenía con ella – como decirle cuanto la quería – ella ya se hubiera aventado del edificio y sin paracaídas.

"Yo también te quiero, Tony," le susurró. "Pero ya me tengo que ir."

"¿Otra vez? ¿Por qué siempre me haces lo mismo? Siempre me dices que me quieres pero luego, luego me cuelgas."

"Tú fuiste el que lo dijo primero."

"Si, pero…está bien. Lo que sea. Pero aún tengo una pregunta que hacerte."

"¿Cuál es?"

"¿En qué quedamos con el asunto de que me mandas una tanga tuya?"

"¡Tony!"

"¿Qué? Lo digo en serio, Pep. Mira el acto como una oportunidad de repeler todas las otras tangas del mundo. Además, ya me hace falta remplazar la toalla que uso para secarme la cara."

"¡Dios mío! ¿Que te pasa?"

"¿Cómo que qué me pasa? No me pasa nada. Yo pienso que es muy razonable pedirle esto a mi novia. Es solo justo que tenga yo algo personal de ti."

"Estas bromeando, ¿verdad? Nunca pensé que fueras tan lujurioso, Stark."

"¿Lujurioso? ¡Mira quién lo dice! ¿Que crees que no me di cuenta que estabas babeando cuando me viste sin camiseta? Te morías por tocarme, no te hagas la inocente."

"Yo…este…pues…la verdad…"

"Aja, ya lo sabía. Hablamos luego de eso."

"Por supuesto. Tu hablarás y yo no te haré caso," bromeó. "Bueno, ahora si ya me tengo que ir. Estoy segura que Sandra se muere por contarme su fin de semana romántico con Tony Stark."

"¿Y tú te mueres por escuchar sus mentiras?"

"Solo me da curiosidad saber qué es lo que se va a inventar. Te cuento después."

"Vaya que esa chica no está muy cuerda. En ese caso, intenta no reírte en su cara aun. Yo quiero estar ahí cuando se dé cuenta de que sabíamos que estaba mintiendo."

"Ni que lo digas. Debería ella saber que las mentiras siempre salen a la luz, sin importar cuanto las quieres esconder. Tiene suerte la bruja de que ya sé que está mintiéndome, porque si me hubiera enterado después…la mato."

Tony tragó saliva y se rio nervioso. "Si, lo sé…que suerte tiene la bruja."

"Definitivamente. Buenas noches, Tony."

"Buenas noches, Pep."

Y después de que la llamada terminó Pepper regresó a su cuarto a escuchar las historias inventadas de su trastornada compañera de cuarto.