Título: La buena queen. Capítulo 2
Un dragón negro sobrevoló desde las entrañas de las nubes y planeó sobre el bosque hasta llegar al patio central; a lomos de él, la Evil queen, con su cabello suelto dejado caer hacia atrás y recogido por delante, con un vestido de terciopelo rojo, ajustado, largo hasta sus tobillos, indiscutiblemente seductora. Su presencia sola congeló el tiempo.
Su respiración era agitada pero su gesto tranquilo, o eso pretendía. El dragón aterrizó por fin provocando una nube de polvo y la bruja descendió de él. Paseó sobre una especie de alfombra mágica redonda que le daba la posibilidad de conservar sus poderes, había sido inteligente y el conjuro lo había realizado en el aire, así que entraba dentro de los términos de la maldición, y ella sabía bien de esas cosas.
-Me dijeron por ahí que este suelo está encantado-, sus labios rojo oscuro sonrieron, -bien, pues yo vengo por aire-, le guiñó un ojo a Widmore de forma prepotente y observando a su alrededor suspiró aliviada al ver que llegaba a tiempo. Emma aun estaba con vida, arrodillada, maniatada, con un pañuelo sobre su boca y sudorosa, pero viva.
El rey musitó a su capitán algo entre dientes mientras trataba de disimular su inquietud.
-¡Arqueros!-, dio orden el capitán.
La tropa de arqueros colocó flechas en sus respectivos arcos y lo cargaron, a la orden del capitán dispararon a su vez. El dragón vociferó y su cuerpo estaba en disposición de echarse a volar, pero la reina le hizo un gesto para que se detuviese, –¡Lancen flechas!- sonrió soberbia mientras observaba a la bandada de varillas con punta metálica dirigirse hacia ella.
Estirando sus brazos hacia las mismas las congeló en el aire, a unos cinco metros de altura.
-¡Carguen de nuevo!-, ordenó esta vez el propio Charles, luchando por no parecer acongojado. –Pero esta vez darle al monstruo de atrás.
La morena miró al dragón, -¿con que en esas estamos?.
Desvió su mirada a los soldados y volteó sus muñecas y las fechas congeladas se tornaron en dirección opuesta, la mitad de los soldados se cubrieron con sus escudos, algunos huyeron aterrados y los arqueros se escondieron agazapados tras las almenas del muro.
Regina la malvada colocó sus manos en una misma línea invisible vertical haciendo que la bandada de flechas congeladas ahora apuntase directamente al rey, como una enorme flecha digital de ratón.
-¿Te gustaría convertirte en erizo?
El rey alzó solito las manos en señal de miedo, le daba igual el qué dirán, tenía un lecho cómodo y un edredón de plumas, no quería dejar eso.
-Te diré una cosa, rey de pacotilla, odio los erizos. Y ahora, ¿quieres hablar o morir?.
Widmore, alzó el dedo índice tragando saliva dificultosamente, la reina sonrió satisfecha y unió sus manos apretando los puños en el aire haciendo que los virotes se hiciesen trizas y cayeran sobre el rey como lluvia de madera y acero. Los arqueros guardaron su segunda tanda de flechas en sus carcajs. El dragón dejó caer su cabeza sobre el suelo, oprimido, y comenzó a rasgar la tierra ocre con sus pezuñas.
Seductora e impaciente la reina le indicó al petimetre con el dedo índice que la siguiera. Su contoneo al andar era imposible de obviar hasta para el mismísimo rey Charles, que pasaba de temer a esa bruja prepotente a desear darle caza y encerrarla en su alcoba. La nube blanca bajo sus pies resplandecía a casa paso. "Maldita bruja", pensó. Cuando estuvieron a unos metros de distancia de la población dialogaron.
-Suéltalos-, fue la petición de Regina.
-¿A quiénes?.
-A todos, a la cuadrilla de la jaula de la derecha, a la rubia aquella, y a esos pobres esclavos que tienes en los sótanos, que pareces fantoche, ¿acaso piensas que nadie se da cuenta?.
-¿Te crees con derecho a pedir algo?, no eres tan famosa por aquí "Evil queen", ni das tanto miedo-, le dijo a regañadientes tratando de aparentar seguridad, aunque su mirada buscaba al capitán.
-Me subestima usted-, le contestó mientras él comenzaba a caminar alrededor del suelo resplandeciente de ella, fingiendo desdén a esa magia.
-Y usted me subestima a mí…
-No podrá conmigo, tengo un ejército.
-Y yo un dragón.
-Pero nada más, estás sola bruja, y lo sabes.
-En absoluto, no lo estoy.
Le hizo una señal al dragón que le hizo iluminar los ojos como niño con chucherías para comer. El monstruo alado alzó el vuelo y los rodeó.
-Damien, si el rey habla, quémalo.
-N…-, el rey se obligó a callar. "Piensa que es la primera vez que ves a un dragón en persona, no debes mostrarte débil Charles.
Los ojos de la Evil queen pasearon por la jaula donde sus amigos miraban la escena inquietos, expectantes aun con los ojos húmedos por el drama sufrido.
La morena dio varios pasos hacia atrás.
-¿Quieres comprobar que no estoy sola en esto Charles?, bien, allá vamos.
La mujer alzó su brazo derecho al cielo y sus ojos se tornaron fuego, al instante, un rayo blanco descendió desde las nubes y se introdujo en ella; como hipnotizada se acuclilló y acuencó las palmas de sus manos a la altura de su vientre, y entre ellas apareció una orbe violeta, era magia, la magia de alguien. Estiró el brazo paralelo al suelo mientras gritó un nombre, -¡Regina!-, la bola rodó mágicamente por el terreno de tierra amarilla hasta introducirse en el cuerpo de la Regina Mills, enseguida un círculo blanco rodeó a la alcaldesa a la altura del suelo, y llena de energía, ira y magia estalló las cuerdas que la ataban y se puso en pie mientras observaba en sus manos la magia fluir de nuevo, se trasportó fuera de la jaula, junto a su gemela. Evil la miró y le sonrió. –Tu turno.
La morena se aproximó a los soldados escuchando como su otra yo le gritaba un –¡y gracias por no matarme del todo!- arrastrando un claro resentimiento; los soldados retrocedieron temerosos, sus alabardas temblaban, los cinco esclavos la vitoreaban a las salvadoras.
Evil queen volvió a llamar la energía de arriba, el cielo era una gran burbuja, una capa magnética que mantenía los poderes que robaba a quiénes pisaban esas tierras, ¿quién hizo eso?, probablemente una bruja que rehusara a la magia, suya y de los demás.
El rayo descendió y Evil queen miró a Emma que ahora se presentaba de rodillas.
-¡Rubia!, ¡ahí tienes!-, surcando el suelo a varios centímetros una orbe blanca llegó hasta la sheriff que la ayudó a romper sus cuerdas, se bajó la tela de los labios secos observando como el hechizo de la bruja le mostraba una circunferencia mágica a sus pies.
-Señorita Swan, hazme un favor…-, le dijo Evil queen con descaro. -¡Véngate!.
La rubia, como si ·venganza" una palabra mágica fuera se dirigió a quien iba a ser su verdugo y bien chivato fue antes, un hombre que era más orco que persona y que daba pasos atrás agitando el hacha. La chica lanzó un rayo blanco que lo elevó en los aires, repitió el rayo, y otro, y otro más, sintiendo ira en sus venas y negro en su corazón.
Nadie le dijo que se detuviese. Evil queen la observó con los brazos cruzados mientras se tomaba unos segundos para recomponerse.
-Así es-, dijo en voz baja admitiendo que eso era lo que quería ver, la famosa sheriff salvadora del mundo matando a alguien, miró al rey que lo observaba todo ensimismado y se rió.
Volviendo a recargarse del todo hizo lo propio con Rumplestinskin, sus ojos se volvieron negros esta vez así cómo los de él cuando recibió su billete mágico que le sirvió para desparecer inmediatamente en una nube oscura. Evil queen lo observó desde la distancia.
-De nada Oscurito…-, dijo alzando uno de sus labios con repulsa, -que raro viniendo de ti…, -ironizó.
Zelena fue la siguiente en recobrar sus habilidades y lo primero que hizo, desde la distancia fue dejar flotando al rey en el aire y bajarle los pantalones, ridiculizándolo. Los esclavos se rieron. –Estaba deseando hacerle eso, claro que a niveles más… una alabarda abajo y… ¿habéis leído a Bram Stoker?-, se calló al ver a Henry, -nada, nada.
El orco verdugo de Emma cayó bruscamente al suelo desprendiendo una pequeña cortina de humo. La rubia suspiró aliviada y a su vez consternada.
-Mamá…
Al girar su cabeza y ver a su familia ya libres toda duda desapareció. Corrió hacia ellos y los abrazó con fuerza. No hubiese habido más abrazos de no ser por…
Regina Mills había sacado a los cinco esclavos y había hecho meterse ahí a los alabarderos, algo apretujados. –Bien….-, dijo con sus brazos en jarra observando su obra de arte y las alabardas amontonadas a la entrada.
-Regina…-, la morena se giró pero Emma se acercaba a Evil queen que se estaba peinado el cabello con sus manos, siempre coqueta.
-Quiero decirte…
-Stop. Era mi acción buena del día, ya está.
-Pero no tenías que…
-Ché, ché, silencio, vosotros… volver a pueblucho ése que tenéis por hogar que una copa me está esperando a mí-, se giró pero se detuvo al escuchar a la otra Regina decirle algo a Henry, desandó sus pasos y se acercó a Emma de nuevo, esta vez hasta tenerla a varios centímetros de su rostro, sentirla respirar, mantuvo su mirada firme para a continuación desviarla hacia a Regina Mills, quien abrazaba a Henry.
-Swan, recuerda esto, ni ella es tan buena, ni yo soy tan mala, el ying y el yang,…
Emma miró a Regina que observaba con seriedad su yo malvada alejarse, -¡subíos al dragón!, él os llevará de vuelta.-, gritó la bruja desapareciendo en una nube morada.
El dragón se espatarró en el suelo dejando su lomo próximo a él. Aquel que subía al dragón perdía el círculo blanco pro magia.
-¿Qué hacemos con Rumplestinskin?-, dijo Snow.
-Habrá ido él solo a por Maurice, déjalo, parece ser que él va por libre-, Emma se mostraba molesta por esa actitud, ¿pero qué podía si no esperar del señor Gold?
-¡No tiene gracia!- se quejó Widmore desde el aire, a tres metros de altura agitaba las piernas. –¡Bajadme de aquí!
El dragón se puso en pie. Zelena miró al rey sonriente -¿Por qué?, luces muy bien ahí arriba, vamos, báilanos algo-, se rió divertida.
Una puerta chirrió y un murmullo de voces se oían acercarse. Zelena frunció el ceño y mientras el dragón cogía carrerillas hizo que Charles tocase tierra. Esclavos polvorientos y altamente enfadados comenzaron a brotar de las puertas ocultas del castillo que daban al subsuelo. Los primeros, acompañados de los representantes, avistaron al rey.
-¡Subidme!, ¡subidme!- imploraba ahora, Damien, el dragón, ya cogía altura y los humanos iban pareciendo figuritas que se movían por un tablero. Los soldados de Charles Widmore lo habían dejado tirado, a fin y a cuentas, ellos también fueron en su tiempo campesinos de la zona y parte de ellos odiaba tener que obedecer sus órdenes.
-Pronto estaremos en casa-, le dijo Snow a su hija abrazándola desde atrás. Había estado a punto de perderla y no sabía qué hubiese sido de todos ellos si eso hubiese sucedido. Cerró los ojos sintiéndolas respirar. Emma mantuvo a Henry frente suya. La brisa le agitaba el cabello.
En la lejanía el rey gritaba, no se le veía, los esclavos lo cubrían armados con sus palas y picos. Regina, desde la parte de atrás observó el acontecimiento sintiéndose contrariada, debería disfrutar del momento, a fin de cuentas ese indeseable casi mataba a la madre de su hijo, sin embargo se sentía identificada con él, quien sabe si, en otro vida o circunstancia ella hubiese sido como él. "Jamás serías así y lo sabes, incluso en tus peores momentos".
De vuelta, en Storybrooke
Fue cruzar el portal, pisar el suelo del pueblo y nadie supo que decir, todo era extraño, confuso. Descendieron de Damien y éste se giró inmediatamente para alzar el vuelo de nuevo hacia el portal cogiendo antes algo de carrerilla en la carretera.
Todos lo observaron marchar, ensimismados en sus pensamientos.
-¿Qué ha pasado allí?-, preguntó Blanca.
Regina miraba el suelo pensativa. No era capaz de dilucidar el por qué su parte más oscura había salvado la vida a alguien que al comienzo de todo odiaba…, a no ser…
-Quizás mi parte oscura no sea como yo-, se colocó los brazos en la cintura y aclaró. -¿Y si Evil queen no recuerda lo que yo sí?, quizás no haya vivido lo que yo, no haya conocido a Emma y la haya odiado, y por supuesto no la vería ahora como parte de su familia…-, frunció el ceño.
-Pero fue directa a defenderla y cuando vio que seguía viva suspiró-, apuntó Henry. Emma se sentina cohibida, todo había sido por ella, y todos hablaban de ella –Quizás sí recuerde-, dijo. -O quizás solo partes. A todos vosotros os recuerda, del bosque encantado, pero a Henry y a mí no debía…, - continuó la rubia quedándose bloqueada.
-Salvo que sea una excepción-, siguió Snow, -te ha visto en Storybooke, con aquella maldición, sabe lo que significan ellos para Regina.
-¿Sabéis?, qué más da, Emma está viva y es lo que importa-, puso Zelena punto y final al debate, había estado presente pero escuchando como el que escucha llover. –No sé ustedes, pero yo me muero por darme una ducha.
Y la verdad es que estaban cansados. Todos se dispersaron pero Snow cogió del brazo a Regina.
-Espera.
La morena la miró. Emma se detuvo al ver que su madre no la seguía y las observó. Era increíble como habían cambiado las cosas entre ellas, cuando hace un tiempo se odiaban, se temían y a su vez se salvaban, ahora sólo lo último.
-Me pregunto dónde habrá ido tu otra tú…
-Conociéndome, si quería empinar el codo, se decía así, ¿verdad?, no va a buscar una taberna precisamente, y si ha podido cambiar en algo, quizás esté hasta por aquí.
-¿Y no…-, la morena negó inmediatamente.
Emma necesitaba pensar un poco, ese día dormiría en su casa, aquella mansión que creó para ella y Killian Hook hacía meses, una casa de dos plantas que tras la muerte del pirata y en ataque de ira y dolor había semi destrozado. Ahora era totalmente distinta, no quería nada que le recordase a él, por ello hasta los cimientos cambió mágicamente.
La rubia se dio un baño largo y al contrario de lo que hacia siempre, música clásica, y una vela aromática, esta vez había puesto la radio, emisora de música rock y una triste vela que la dejaba semi oscura, como sentía que tenía en esos momentos su corazón y su cuerpo. Al salir ni se miró al espejo.
Descendió a la planta principal y cenó algo ligero, cuando estaba dejando los platos en el fregadero escuchó un ruido en su jardín proveniente de unos arbustos próximos a su porche.
Se puso las zapatillas y salió con sus manos en posición de ataque. Entre unos matorrales, que reconocía, ya iba siendo hora de podar, vislumbró con tan solo la luz de la luna llena un bulto de tela de raso rojo que se movía, alzó la ceja y se asomó, inquieta, con la respiración entrecortada, todo hasta que se percató de quien se trataba.
-¿Evil…?, ¿Regina?.
CONTINUARÁ
¡Mirad quien era!, ¿qué estará haciendo allí Evil queen? ;)
