(Notita: Volví de mi viaje! Perdonad la tardanza pero estaba de vacaciones fuera del país. ^^)
Título: La buena queen. Capítulo 3
Emma se acercó y se agachó apresurada para poner a la bruja sentada sobre la pared de la fachada.
-Uh, tu cara me suena-, esbozó la morena con voz pesada.
Evil queen estaba claramente ebria y sujetaba en su mano una botella de Lady Mery.
Margaret estaba haciendo una ronda por el pueblo por si veía a la Evil queen, algo le decía que se la iba a encontrar, y le debía unas palabras. Pasando frente a la casa de Emma se topó con su hija tratando de ponerse a Regina en su hombro.
-¡Mamá!, ¿qué haces…, pu… puedes ayudarme?-, dijo con esfuerzo tratando de dejarla de nuevo en el suelo de forma delicada, o medianamente, no quería pensarlo pero había recibido una paliza, su cuerpo no iba a rendir como quisiera.
-¿Qué ha pasado cariño?.
-Déjale entrar-, dijo la morena con las erres mal pronunciadas. –Si no hace daño…
Emma alcanzó la botella que se le había caído a la reina.
Margaret la agarró, -ahora entiendo-, asintió algo triste.
-Vamos a meterla en mi casa.
Entre las dos consiguieron llevarla en brazos a duras penas al interior de la casa de la sheriff.
-Dejémosla aquí-, la tumbaron en el sofá, de costado.
La morena hizo un pequeño gemido.
Emma fue a la cocina a hacer un café y Snow comenzó a darle palmaditas en las mejillas para que despertara, su piel ardía. Abrió los ojos.
-Tú otra vez, ah tú no.
-Tranquila, estás a salvo.
-¿Sabes? Estar a salvo es algo muy .. ¿cómo era la palabra?-, Margaret se sentó en el reposa brazos del sofá junto a ella y le colocó la mano en el hombro, la morena detuvo su retahíla.
-Gracias a ti mi hija está con vida, no lo voy a olvidar-, le dijo con sinceridad y a sabiendas de que al día siguiente no recordaría nada.
-¿La vasija?, ¿qué vasija?.
Margaret sonrió con tristeza y escuchó a su hija acercarse, cuando volvió a girar la cabeza la bruja estaba dormida de nuevo.
-Debería darse un baño, le vendría bien para bajarse la borrachera-, dijo Emma dejando la bandeja sobre la mesita.
-¿Y si no quiere?, déjala, es una forma de tratar de olvidar que tiene un buen corazón, aunque sea la mala de la historia-, Snow le retiró el largo cabello que caía hacia su pecho, sentía pena porque ella había conocido a esa Regina desde sus inicios.
-¿De verdad crees que tiene un buen corazón?.
Emma la observó dormir inocentemente y casi le dolieron sus propias palabras, se corrigió a sí misma. –Tienes razón mamá, ha arriesgado mucho por nosotros.
Su madre miró a la bruja y le tomó la temperatura en la frente.
-Que duerma aquí, mañana será otro día.
-Me da miedo cómo será una Evil queen con resaca.
Snow rió a carcajada limpia y se tapó la boca apurada por si la hubiese despertado. Seguía igual.
-¿Me he perdido algo?.
-Nada, solo es que …-, su madre se levantó y caminó hacia la entrada, -ve armada mañana cariño.
Bromeó tocándole el hombro antes de salir de allí.
-¿Te vas andando?
-Yo también necesito pensar…
-Bien, hasta mañana mamá-, cerró la puerta y se apoyó en ella, observando desde allí el sofá.
"¿Y ahora qué hago?".
Se sentiría mal si se iba a dormir a su cama y la dejaba abandonada ahí abajo. Así que se decidió a dormir en el sofá de enfrente.
Fue casi fulminante el quedarse dormida, como si la misma Evil queen desprendiera un somnífero, ¿o quizás era ese trago largo que le había dado a escondidas a la botella de Lady Mary?.
A la mañana siguiente,
Emma abrió los ojos y los guiñó por la luz solar, había olvidado cerrar las cortinas y el salón estaba plenamente iluminado.
En seguida miró a la Evil queen, la bruja parecía aun dormida pero se movía lentamente por el sofá. La rubia se levantó con sumo cuidado y cual gata cruzó entre su sofá y la mesita, hasta que de repente oyó un…
-¿Quién hay ahí?.
Se giró y vio a la invitada sentada en el sofá con las piernas aun encima de éste y ambas manos en su frente.
-Estoy yo.
Se acercó algo temerosa.
-¿Dónde estoy?-, dijo con voz ronca y con el ceño fruncido por el dolor de cabeza que acarreaba.
-Es mi casa, soy Emma…, la señorita Swan-, dijo con delicadeza sentándose en una esquina de la mesita de cristal.
Por primera vez la malvada bruja la miró a los ojos, y por primera vez Emma pudo ver inseguridad en ellos. Se sostuvieron la mirada y Emma necesitó cortar ese extraño momento.
-Voy a darte una cosa que te ayudará a estar mejor.
-¿Una poción?.
Emma rió levemente.
-Nada mágico. Bueno, su efecto si lo es-, dijo cada vez más relajada. No parecía que la fuese a asesinar.
Regresó al minuto con una aspirina y un vaso de agua con una cucharilla que agitaba.
-Toma, bebe esto.
-¿Qué es?-, Emma retiró la cuchara y ella lo oliço. –Parece un brebaje que una vez preparé.
-Tú bebe. En media hora estarás genial siempre que….-, alzó un dedo a modo de orden, -te tomes esto y te des una ducha.
-¿Ducha?, querrás decir un baño.
Dejó a la chica sin palabras, "¿no sabe que es darse una ducha?".
-Un baño…, pero puedes bañarte o ducharte.
-No sé que es lo segundo la verdad, estas cosas nuevas de este pueblo me marean, no entiendo por qué no usáis carruajes como se ha hecho toda la vida, uff-, se quejó por el dolor y aceptó por fin la pastilla.
-Vamos, acompáñame arriba.
Emma iba primero para poder sonreír incrédula, deseando contarle todo esto a su madre.
-Bien, éste es mi cuarto.
Abrió la puerta de su habitación, hacía días que no dormía allí, en aquella cama individual ancha. Eliminó en seguida la de matrimonio, vida nueva, Emma nueva.
-Vamos a ver qué te dejo-. Comentó desde casi el interior de su armario. Rondaban las 9 de la mañana, era domingo, y el día estaba resplandeciente, quizás… la animase a dar un pase...
"¿Pero qué estás pensando Emma?, si no sabes cuánto se va a quedar o si te aguantará el día de hoy… y ¡es la Evil queen por dios!", pensó.
-Éste te quedará bien-, sacó un vestido que llegaba hasta la rodilla, color amarillo escarabajo pero más pastel y era de tirantes. Regina jamás se pondría eso, lo sabía, pero quería divertirse un poco. La morena frunció el ceño.
-¿Sabes quien soy?.
-Ah, es verdad, la malvada y cruel bruja que solo usa corpiños, telas caras y ropa de cuero. Pues malas noticias, no tengo nada de eso… y no creo que te queden bien mis pantalones vaqueros.
La morena le quitó el vestido de las manos y se lo puso encima para mirarse en el espejo.
-Que mala cara tengo-, fue lo primero que dijo. Emma se rió.
-Como la de cualquiera que ha bebido más de lo debido la noche anterior.
-¿Así que tú también eres de ésas?
-No suelo beber, al menos ya no, solo en ocasiones especiales o cuando tengo uno de esos días…
-Dímelo a mí-, se giró para verse el trasero en el espejo.
Emma negó con la cabeza.
-Bueno, vamos a darte eso que no sabes que es.
La llevó al cuarto de baño, descorrió la cortina de la ducha y abrió el grifo, la alcachofa estaba colgada en la pared. La morena dio un respingo para atrás al ver el agua salir a borbotones.
-¿Qué es eso?.
-Agua-, rió, la rubia le quitó el vestido amarillo de las manos y lo colgó en el perchero que estaba tras la puerta. Entonces cayó en una cosa, la ropa interior…, "mierda, mierda, ¿y ahora que hago? esto es muy extraño", respiró profundo y en ese momento recordó una cosa que le confesó su madre una noche, hablando de cómo era la vida en el Bosque Encantado, y es que allí no se usaba ropa interior.
"¡Tachán!". Y allí estaba, la peor pesadilla de los cuentos acercando su mano con miedo al agua que brotaba de la alcachofa.
-No eres quien pensaba-, dijo la rubia sin querer el voz alta.
-¿Qué?, - por suerte no había escuchado nada con el sonido del agua.
-Nada, vamos, métete-, pasó por su lado para cerrar el grifo y sintió el roce de su vestido en su cadera, eso le erizó la piel. "No vayas por ahí Emma", se dijo.
Le indicó cómo se abría y cerraba el grifo.
-Yo…, verás, normalmente mis doncellas me vestían y desvestían y yo no…, éste precisamente tiene una cremallera muy complicada.
La rubia la miró con los labios entre abiertos, "lo que faltaba".
Suspiró, más por los nervios que por desinterés. Pondría la mano en el fuego porque más de uno pagaría por ser ella en esos momentos.
La chica le hizo echarse el largo cabello hacia delante, por encima del hombro izquierdo, y comenzó a bajarle la cremallera con cuidado. Tocó la tela y se veía realmente buena, fuerte, limpia. La cremallera descendió hasta las lumbares. Su piel parecía suave…, sin embargo peleó y maniobró por no tocarla, le daba respeto, era como algo que era tan inalcanzable como poderosa y famosamente malvada, si le hacía algún tipo de daño quien sabe lo que le haría. Le tembló la mano.
-Gracias…
No se esperó esa reacción. Cerró las cortinas como si aquello fuera un muro de piedra y suspiró al notar mientras se alejaba cómo se quitaba el vestido en el interior de la bañera.
"Tengo que salir de aquí", escuchó dejar el vestido en la barra que sujetaba la cortina celeste.
Se mordió el labio.
-Déjame que te lo cuelgue en algún lado, y luego lo lavamos a mano.
-¿Cómo?.
-Es igual.
Al pasar frente al espejo algo le picó la curiosidad, por instinto se puso un segundo el vestido largo rojo delante de sí, ¿cómo le quedaría a ella?. Se cogió con una mano parte de su pelo imitando el peinado que llevaba ella hoy.
-Por cierto, ¡el champú está en la estantería de arriba!.
-No sé que es, pero vale.
Emma volvió a suspirar, se sentía su madre, y hablando de ellas, luego la llamaría. Se decidió por fin a salir y probarse el vestido a todo trapo, quería saber qué se sentía llevándolo puesto, y viendo lo pobre que estaba la bruja en términos de ducharse sola se iba a llevar un tiempo allí metida.
Se quitó los pantalones y la camiseta que aun tenía desde ayer y se miró en el espejo. Mal hizo. Fue entonces consciente por primera vez de los moratones que tenía, y de que había recibido una paliza. Su energía se esfumó. Era algo que temía que pasara, se observó el vientre, los brazos, y de cerca pudo ver pequeños cortes en la cara y la nariz. Habían pasado tantas cosas y tan nuevas en tan poco tiempo que su salud había pasado a un segundo plano. El baño que se había dado la noche anterior tan poco iluminado debió de ser alguna barrera mental inconsciente para evitar verse y afrontar que había estado a punto de morir.
Mirándose a los ojos en el espejo del armario de su habitación y aun con el vestido en la mano quiso evadirse y se preguntó por su amiga. "¿Y mi Regina?", se le vino a la mente. "Mi Regina…", negó con la cabeza sonriendo y recordándose que debía de hablar con ella, desde lo que sucedió en el reino de Growin no había sabido nada de ella.
Emma llamó a la puerta del baño con los nudillos y entró con precaución viendo que aun estaba Evil queen dentro.
-¿Estás bien?.
-No del todo.
-¿Qué pasa?.
Había vaho por todas partes.
-Esta agua está demasiado caliente…, ¿puedes traerme un cubo de agua fría?.
-¿Un cubo?-, se rió, -a ver, déjame.
Y sin pensarlo, porque de ser así no lo hubiese hecho, abrió parte de la cortina de la ducha para ayudarla pero la vio, ahí, desnuda, con sus largos cabellos mojados tapándole parte de los pechos aun algo enjabonados, esbeltos y perfectos pechos, sus piernas estaban semi cruzadas. Su piel roja por el calor. No pudo moverse esos segundos de asimilación hasta que ella carraspeó y Emma hizo una mueca de perdón.
-Es aquí-, mojándose el pelo movió unos centímetros hacia un lado la pestaña metálica del grifo y de éste comenzó a brotar agua natural. Bajó la alcachofa de su soporte para que le fuese más fácil enjuagarse.
-¿Así de fácil era?, ¿y esto se desmonta?-, señaló al soporte de la pared, -debo de haber perdido toda mi reputación estos dos días…
-Eh…
-Te prometo que sé bañarme sola-, ladeó la cabeza apurada queriendo mantenerse altiva y con clase. Emma sonrió comprensiva con ella aunque en el fondo estaba aguatándose la risa, jamás imaginó tener una conversación con Evil queen y menos en esa situación.
-No pasa nada, siempre hay una primera vez.
-Ya… Pero gracias, por todo-, le costó decirlo, mucho, y más estando como su madre Coraline le trajo al mundo.
La rubia se limitó a asentir y se dispuso a salir del baño sintiéndose extrañamente feliz, e incluso protectora. Hasta que la escuchó mover la alcachofa por todos lados, rebotando agua en la pared, la cortina y de repente un gemido. Justo estando ella en el marco de la puerta. El agua estaba ahora concentrada en un punto.
-¿Regina….-, "no creo…".
La morena sacó la cabeza por un lateral de la cortina, el rostro aun más rojo que antes.
-Rubia, de… mujer a mujer-, su tono ahora era pícaro y misterioso y gotas descendían hacia la alfombra que estaba junto a la bañera, -¿las señoritas de aquí usáis esta cosa para satisf…
-Oh por dios-, la rubia se ruborizó tanto que salió del baño cerrando la puerta rápidamente, totalmente cohibida y a punto de estallar en carcajadas. Tras secarse las lágrimas y tratar de pensar maduramente no pudo evitar llamar a su madre y ponerle al día de todo, en modo Express.
-No me lo puedo creer-, dijo su madre, -quizás, al separarse de nuestra Regina a ella solo le quedaron los recuerdos más oscuros, que fueron sinceramente los del Bosque Encantado, en comparación con lo que hacía en Storybooke eran niñerías.
-Pero mamá, es… no sé cómo explicarlo, pero me estoy riendo y mucho, y a costa de ella, me da pena.
-Piensa que te llevan a un mundo donde tienes que hacerte la comida al fuego y crearte tu ropa con cuero.
-Imagino. Y yo te pregunto mamá, ¿cómo lo hicisteis vosotros?, en Storybrooke.
-Sinceramente, nadie nos acordamos de los inicios, pero lo que está claro es que fue de la noche a la mañana y para entonces yo ya era maestra de escuela, sabía conducir y utilizar el teléfono fijo.
-Ah…
La manilla se movió.
-Te dejo, mamá, saluda a papá y a Henry de mi parte.
La puerta del baño se abrió y "Regina 2" salió con el vestido de Emma puesto y sus largos cabellos húmedos goteando por la tela, su rostro estaba aun rojizo pero más relajado. "¿No te habrás…?, no pienses en eso, ¡jamás!", se ordenó Emma mentalmente.
CONTINUARÁ!
