Título: La buena queen. Capítulo 5

-Sí, soy yo …, se ha esfumado en el aire, ¿verdad?-, el tono de su voz era distinto al habitual.

-Sí. Ehm…-, Emma se mordió el labio, -Regina sé que yo…
No sabía qué iba a decir después de eso, era todo tan extraño e incómodo, tan surrealista como triste.

-Simplemente es que no quiero que ella sufra-, atinó a decir la rubia.

-Ni yo tampoco; tenía razón, quise deshacerme de ella por quitarme mis demonios pero eso es algo con lo que tengo que aprender a vivir.

-Esos demonios son lo que te han hecho ser quien eres ahora Regina.

Emma se sentó junto a la mesita notando como si su inquilina estuviera aun ahí tirada, junto a ella, observándola.

-No sé que pensar…, ni si el intentar hablar con ella pondría mi vida en peligro.

Juraría que hasta la escuchó reír, apenada claro. Sin embargo, la morena carraspeó y cambió de tema. -¿Tú cómo te encuentras, Emma?.

La había pillado con las defensas caídas. ¿Qué le iba a decir, que sentía su corazón tan oscuro como el de su otra yo?, ¿qué su mente jugaba a descolocarla con sentimientos encontrados?.

-Yo…, bueno, te preguntarás la razón por la que aun está ella aquí, y ésa es porque me siento en deuda con ella Regina, me salvó la vida y de no ser porque apareció a lomos de aquel dragón no estarías hablando conmigo ahora, ni Henry tendría a sus dos madres.

"Querrás decir tres", pensó la alcaldesa y frunció el ceño por ese pronto, se dio cuenta de que nunca había reflexionado sobre ella como Evil queen, siendo madre. Cuando crió a Blanca aun no había extrapolado toda su maldad.

-Entiendo…

-Pero… ¿y tú?, ¿cómo te encuentras?.

-Sinceramente Emma, no lo sé. Por ahí vaga mi parte más oscura pudiendo hacer cosas terribles a mis seres queridos como venganza y aquí estoy, tomando té verde sobre mi sofá...

-Hay que dejar de estar alerta de vez en cuando si no una misma pierde la cordura.

-¿Eso es lo que hacías con ella, dejar de estar alerta?.

-Si y no, pero… bueno, aquí estoy, aun viva.

-Sí, pero siento tan confusa…, debería de entenderla porque soy yo, pero no sigo sin saber sus cartas y eso no me gusta, ella salva a quien sabe que me importa incluso después de que yo la hubiera sentenciado a morir, eso no es típico de Evil queen, algo tiene que estar tramando Emma.

-Olvídate de ella, quizás está integrándose, solo eso.

-¿Jugando a las casitas contigo?, me extraña.

-No jugamos a las casitas Regina.

Emma respondió a la defensiva, como si se estuviese metiendo donde no la llamasen. A fin de cuentas, no sabía qué había pasado en casa de Emma en dos días.

La despedida fue seria y ligera y Emma quiso quitarse la conversación de la cabeza. En esos momentos lo que menos deseaba era pensar. Por ello se dio una breve ducha para refrescarse antes de irse a dar un paseo.

Tras la fila de arbustos que cercaba uno de los caminos del parque se vislumbraba agua. Desvió su rumbo hacia la izquierda para rodear el lago, cuanto más alejada estuviese de la gente mejor, no quería encontrarse con nadi…

Salvo con ella, Evil queen estaba tumbada en el césped con un tobillo sobre el otro y las palmas de sus manos sobre su vientre con la mirada puesta en las nubes, cuando éstas dejaban al sol brillar de nuevo, cerraba los ojos y disfrutaba del calor en su piel, en su vestido rojo.

Emma Swan deseó ser el sol en esos momentos.

Se acercó a ella sigilosa como un gato temiendo que echara a huir, al ver que eso no sucedía se sentó a su lado con las piernas cruzadas apretándose sus dedos unos con otros.

-Hola rubia…-, rompió el hielo Evil queen aun con los ojos cerrados.

-¿Cómo sabías que era yo?

-¿Quién si no se iba a acercar a mí si no es con la intención de matarme?-, abrió un ojo, luego el otro, su cabello estaba recogido por arriba y suelto por detrás como la primera vez que la vio, a lomos de Damien, el dragón.

–Nadie me quiere…-, dijo seductoramente triste.

Se sentó y recogió sus piernas a un lado.

-No es verdad-, la morena giró su cabeza hacia ella con ojos interrogadores. Su mirada recorrió desde sus ojos verdosos, pasando por sus labios, hasta a los arañazos de la mejilla.

-¿Por qué no te los quitas de encima ya?

La rubia alzó una ceja, algo perdida.

-Tus heridas, cuanto antes te cures antes lo superarás.

-Regina, las heridas se curan, lo sé, pero lo que queda aquí dentro-, se señaló la cabeza y luego el corazón, -eso no se va.

-¿Me lo dices o me lo cuentas?.

La bruja se puso en pie indignada.

-Porque claro, soy la oscuridad en persona, llena de crueldades y falta de sentimientos, y …-, dio un giro sobre sí misma y la parte baja de su vestido y sus largos cabellos se elevaron unos centímetros por la rotación, -… no tengo cicatrices. Por favor Emma, no puedes tener más cargas de las que tengo yo. Que debería omitirlas y vivir la vida por cierto-, miró el horizonte perdida, el agua de la laguna, -y debería hacerlo.-, su tono fue endureciéndose. –A fin de cuentas no me importa nada ni nadie ¿verdad?, debería ser yo.

Materializó una bola de fuego en su mano derecha, extendió su brazo y el fuego pasó a ser aire, un torbellino que lanzó sobre el tranquilo lago y que se fue transformando en un remolino en el agua atrayendo barquitas de madera vieja que flotaban en las orillas del mismo.

Sonrió y deseó que en alguna de esas barcas hubiese alguien subido, necesitaba divertirse, ser quien era, como quien era conocida; sin embargo… Emma la había agarrado con fuerza del brazo y lo había bajado haciendo que el remolino cesara, tal y como la sonrisa de la reina.

-¿Qué haces?.

-No tienes por qué hacerlo. Sé… -se puso entre la laguna y ella, y la miró a los ojos, -que las personas nunca cambian, pero sí mejoran.

Emma giró su rostro y las barcas flotaban pacíficas sin rumbo, el remolino había desaparecido por completo.

-No voy a ser una buena persona nunca.

Necesitaba distanciarse física y emocionalmente de esa mujer.

-Y no te estoy pidiendo que lo seas.

Ansiaba hacer una bola de fuego y lanzar a esa chica al agua, pero esa mirada decidida y segura le atraía cada vez más. Odiaba que la hiciese dudar. Una reina nunca duda.

-Aléjate de mí, por tu bien-, cerró el tema golpeándola con el hombro en el suyo al marcharse a pie, a los pocos metros se esfumó en su rutinaria nube morada.

Cuando Emma llegó a su casa se encontró el vestido que había llevado puesto Evil queen en la puerta de su casa, debidamente doblado. Lo cogió entre sus manos y se sentó en el primer escalón. Se apoyó el vestido en sus piernas y palpó la tela vainilla sintiéndola a ella bajo el tejido, su piel tersa.

Evil queen había recuperado su vestido, su vida y su personalidad malvada. Ese escaso tiempo en casa de la sheriff habían puesto a prueba su fuerza interior, su ira, … y su corazón. Aunque reconocía que de haberse quedado más tiempo posiblemente hubiese sucumbido a ella y a sus encantos de salvadora, y eso le daba miedo.

El lunes fue un día normal de trabajo, mucho papeleo pues estaban a final de mes y muchas miradas, se había maquillado para ocultar sus heridas pero quien la conocía sabía que aun estaban. Había tenido que aguantar la charla familiar de sus padres que, tapper en mano le había llevado el almuerzo a la comisaría. No era necesario, y nunca lo hacían, pero estaba claro que tras casi perderla la iban a mimar como si de una niña se tratara.

Terminó su jornada y decidió salir a correr, necesitaba descargar energías y dejar de mirar el móvil por si Regina, su Regina, la llamaba. Se puso sus deportivas blancas, unas mallas negras y una camiseta gris con el número 12 en el frente.

Pasados diez minutos de pre calentamiento se detuvo a estirar las piernas en el parque. Por casualidad mientras lo hacía miraba a su alrededor y vio a lo lejos el lago. "No y no. Olvídate de ella".

Cuando se dio cuenta iba en esa dirección. "Si ni siquiera sabes si estará ahí,…" , trataba de excusarse pero estaba claro que quería hacer algo y que tenía que ser con ella.

Bajo un roble robusto vio lo que parecía una tela azul oscuro. Rodeó el árbol con cautela para ver un vestido largo con fina pedrería y mangas largas de encaje apoyado sobre una roca.

-¿Regina?.

-¿Me vas a dejar en paz alguna vez?, cada vez me arrepiento más de haberte salvado el trasero-, dijo apareciendo desde debajo del agua del lago acercándose a la orilla.

-Regina…, quiero que seas tú quien cure mis heridas.

La morena la miró tratando de ocultar su tremenda sorpresa y le hizo señas para que le pasase el vestido.

-No hablas en serio-, Emma le lanzó el vestido con el que se tapó.

-Lo hago. "¿Por qué tan pudorosa ahora?".

Evil queen salió del lago más sensual de lo que la misma bruja era consciente, solo sus caderas húmedas y contorneadas despertaban hasta al más hibernado de los osos pardos. La rubia tembló y se giró para que se vistiera tranquila; casi se arrepentía de haberle pedido eso, ¿cómo podía imponerle tanto esa mujer, sentirse tan pequeña a su lado? ¿y cómo podía sin embargo y a pesar de todo desear poseerla y probar todo de ella?, todo.

-Déjame ver…-, la morena ya vestida pero con los cabellos sueltos y mojados la rodeó rozándole la cintura con su mano.

Alcanzó la bastilla de su camiseta de algodón poliéstergris y comenzó a levantarla con cuidado. Sin ser conscientes de ello, la atmósfera había cambiado y la tensión, acompañadas de las respiraciones agitadas, habían cobrado el protagonismo. Evil queen sonrió, -relájate, que no te voy a morder.

No mordía pero su labio inferior sí lo hizo con el superior y Emma se encontraba en la tesitura de, olvidar sus penitencias y lanzarse a besarla con todas sus fuerzas o tratar de superar algo que en el futuro podría serle un lastre.

-Ya…-, sonrió con pena y la ayudó a levantarse más la camiseta, a la altura del pecho, dejando ver la parte baja de su sujetador semi deportivo gris oscuro.

Un enorme moratón le decoraba la mitad del vientre, junto a otros más pequeños, roces, y algún arañazo ya convertido en fina postilla. Todo ascendía hasta el cuello, y terminaba en una pequeña herida en el interior de la nariz y a la altura de la sien, más camufladas.

Regina cambió su gesto, parecía seria, era inevitable el imaginarse cómo había acabado así su cuerpo, tan atlético, blanco y… precioso. La miró a los ojos y Emma juraba que parecía que iba a llorar, era un tira y afloja entre llorar e ira, ganas de vengarse y de… ¿abrazarla?.

Su respiración se agitó cuando las manos de la bruja pasaron a pocos centímetros de su piel, sin tocarla, ascendiendo y descendiendo como un escáner, iluminándola con una luz color violeta parpadeante, rozándole a partes con el encaje de su vestido, su mano navegaba por el aire cálido que desprendía la piel de Emma y ascendió hasta su rostro, allí se detuvo y se atrevió a tocar. Su sien, la piel presentaba un pequeño relieve, su mano la acarició y la marca se fue desvaneciendo lentamente. Con ambas manos le acarició el cabello desde la raíz hasta las puntas, Emma se sentía admirada, ¡ella!, por.. ¡la mismísima Evil queen!, quien con estar a esa distancia la estaba matando. Ascendió ambas manos de nuevo y descendió el dorso de ellas por sus mejillas, Emma se humedeció sus labios y cerró los ojos. Sintió la luz del poder de su magia y un bienestar en su rostro, como un peso quitado. Su palma se posó en su pecho y sintió presión, -ya no queda nada…-, le susurró mientras la inmovilizaba contra el roble.

De acuerdo, eso era más peligroso si cabe, suspiró para dentro.

Ahora su mano se había posado sobre su vientre y notaba su energía introducirse en cada poro de su piel, por cada vena, entre cada músculos; calor, escalofrío, y la piel dejó de estar tensa e hinchada. Abrió los ojos para mirarse directamente, estaba limpia, sana. Sonrió tímida, pues temía alzar la vista, su proximidad le aterraba hasta tal punto de sentirse incapaz de quedarse de pie. Su olor a lago, su largo cabello húmedo caído ahora hacia un lado, rozándole parte del vientre…

Se bajó en seguida la camiseta, pero la mano de Regina evitó que llegara hasta abajo del todo.

-Todavía no…-, le susurró acercando sus labios a su oído.

-Ahm, ehm…-, tragó saliva.

-Solo quería verte-, se separó y se agachó para observar su vientre, imposible no fijarse en que no era lo único que miraba.

Dio dos pasos hacia atrás deseando haberlos dado hacia delante. –Hecho-, se colocó las manos en su cintura, -y ahora, si me perdonas, una rein…

Emma corrió hacia ella y la besó. Le agarró el rostro para evitar que escapara y pasó de preliminares a saborearla en todo su esplendor, su lengua, sus labios, obscenos, deseosos, …

Evil queen no tardó en dejarse llevar y morderle el labio inferior haciéndola sonreír. –Sí que muerdes, mentirosa…-, le dijo sin separarse apenas de ella. La abrazó por la cintura alcanzando sus nalgas, las agarró notando el tacto de su vestido y que éste estaba abierto por detrás; la atrajo hacia sí, necesitaba notar su cuerpo, próximo a ella, su calor. Cuando la retuvo Evil le agarró el cabello con una mano obligándola a ladear la cabeza y dejar el cuello libre, todo para ella. Esa violencia tan de chica mala le provocó un gemido. La morena comenzó a darle pequeños mordisquitos por la clavícula, mientras su mano ascendía por el interior de la ancha camiseta de Emma. Por esa piel que había estado herida y delicada, sus yemas se dejaban arrastrar hasta llegar a la zona que separaba sus pechos, ahí dejó su palma tener contacto con toda su piel mientras su boca ascendía a su cuello mordisqueándolo y provocándole suspiros que la estaban volviendo adictiva. Su palma sentía el interior de Emma, su corazón latir, sus pulmones hincharse y deshincharse, su sangre fluir. La sheriff trataba de acariciar más debajo de sus nalgas, llegando con los dedos a la pantorrilla desde atrás, eso excitó a la reina que dio un mordisco fuerte en el cuello. Emma dio un alarido para suspirar de nuevo. Entreabrió sus labios y pasó la lengua por el cuello de Emma siguiendo las huellas rojizas de sus mordisquitos hasta llegar a su oreja y comenzar a lamer su lóbulo, su mano se dejó arrastrar hacia la derecha y sus dedos se adentraron en el sujetador deportivo, que, apretados, juguetearon con su ya erizado pezón.

-Por favor…-, le suplicó la rubia, estaba en un punto en que si se llevaba así unos minutos más iba a estallar.

La morena rió malvada y siguió con su lengua introduciéndola en su oído, unos milímetros, mientras dejaba algún gemido de regalo en él. Le soltó el cabello y le guió con su mano hacia sus propios pechos, deseaba que jugase con ellos desde que le observó el vientre. A Emma le fue extraño y a la vez fantasioso el tener ese pecho entre sus manos. Esos senos que había visto en su ducha, enjabonados. Se estaba volviendo loca de atar por ella.

Los apretó y pasó sus dedos por sus pezones a través del vestido, deseó quitárselo pero era consciente de que estaban en un sitio público.

-¿Y si… -. Dijo enmudeciendo sus gemidos. -¿Y si nos vamos a un sitio más tranquilo como por ejemplo… mi casa?.

La morena se alejó de su cuello para mirarle los labios. –No es mala idea rubia-, recogió un mechón de su melena rubia medio sudorosa por la excitación. -¿Me llevas tú?-, le dijo cual niña buena.

-Claro.

La agarró de la cintura y se vieron envueltas en un halo blanco brillante para aparecer en la habitación de Emma. La morena la agarró de la camiseta y la tumbó en la cama para subirse a horcajadas sobre ella, con el vestido recogido en el medio dejando sus piernas libres la reina deseaba probar a la Salvadora, pero antes, rozarse un poco. Se echó hacia delante y comenzó a rozarse sobre ella,. Ambas aun estaban vestidas pero notaban la fricción. Siguió con el roce hasta oír el primer gemido fuerte de Emma, entonces dejó sus aposentos y se fue hacia donde su mirada le llevaba. Quitándole previamente las deportivas extendió su mano sobre sus muslos e hizo que entreabriera sus piernas para bajarle las mallas con delicadeza, sus bragas, sencillas bragas de deporte lilas estaban más oscuras por debajo. La reina se lamió el labio inferior de su boca pre degustando lo que estaba por venir, sin embargo Emma la frenó. –Espera.

La morena frunció el ceño.

-Déjame quitarse el vestido primero…

-Ahm…, eres buena-, alzó ambas cejas. Emma la puso en pie y la abrazó desde atrás. Su intención era ser seductora pero se abrazo era más íntimo que seductor por ello descendió enseguida sus manos por su vientre hasta llegar al vestido que ella mantenía recogido con sus manos. De su bastilla comenzó a ascender mientras besaba su espalda desnuda, fruto del escote que tenía el vestido por detrás. Esos besos descolocaron a la reina, estaba acostumbrada al sexo duro, serio, sin florituras, no a que la mimasen y eso le estaba rompiendo los muros de su castillo de poder. No podía desear abrazarla más que comerla, no. Por ello, en cuanto Emma le quitó el vestido, tan delicada como insegura, Regina le quitó la camiseta y el sujetador y la tumbó en la cama con fiereza. Tenía que cambiar su rol o aquello iba a ser algo más que sexo.

Ya tumbada y ella a cuatro patas se acercó lentamente hacia su ingle, su lengua se deslizaba por la cara interna del muslo y notaba como su piel se erizaba. Cada vello de punta fue lamido por su lengua ávida de algo más. Le era tan apetecible esa mujer que volvió a morderla. Ambas gimieron.

Sus labios rojos sangre comenzaron a dar besos alrededor de su zona más íntima y mojada. Reconocía para ella misma que ella estaba igual de mojada, quizás peor, sabía que como la rubia se dignase a la tocarla sin esperárselo iba a correrse en su mano, por eso no le dijo nada.

Su lengua cató parte de su ingle y presionando se acercó a la oquedad de la que se desprendía su suculenta bebida. Ahí se explayó y lamió los laterales que cercaban el clítoris, de abajo arriba y de arriba debajo de un lado a otro. Se atrevió a introducir un dedo en su vagina justo antes de beber de ella, Emma gimió, y entonces la lamió, lo hizo como un perrito sediento de agua, -uhmm, oh por favor, Reg.. uhmmm, sigue…

La morena introdujo la punta de un segundo dedo en su vagina pero la notó tan abierta que introdujo hasta tres y los comenzó a girar haciéndola agitar su coxis en busca de más contacto. Se detuvo en seco y la escuchó recobrar el aire. Entonces Evil queen gateó encima de ella con su melena sobre su pecho desnudo sudoroso del placer que le había provocado sólo el excitar a la rubia.

-¿Te está gustado?-, le preguntó erótica.

-Demasiado…-, se mordió el labio y haciendo fuerza la hizo tumbarse cambiando de posiciones, -yo también quiero…

Cobrando cada vez más seguridad repitió lo que ella le había hecho antes, pero parando primero en sus tobillos, los cuales lamió lentamente, conocedora de que era algo que pocos sabían, eso excitaba. Ascendió por la pierna con la lengua posada sobre una de ellas haciéndola poner sus piernas flexionadas, la planta de sus pies sobre las sábanas y su cabeza ya en el centro. Estaba tan mojada que deseaba dejarla seca y beber todo de la reina más malvada de todos los tiempos. Lo mismo se le contagiaba algo de esa maldad y pasaba de sus paranoias mentales.

Notó su pulso en la lengua cuando la pasaba justo encima de su clítoris y sus piernas se contraían de placer. Repitió una y otra vez, y dos seguidas, escuchando como imploraba que parase. "La reina estaba más cachonda que yo…", sintió su autoestima subir.

-¿Y si no paro…?-, dijo la sheriff ascendiendo hasta ponerse frente a su rostro.

Regina se apoyó en sus codos. –Si no paras vas a saber quien soy….

Trató de actuar como la Evil queen que era, pero era imposible, con su cabello despeinado, su piel sudorosa y sus mejillas rosadas. Emma se rió y negó con la cabeza.

-Hoy no.

Se miraron a los ojos, brillantes y libres, de alguna manera, de pesadillas internas y tensiones. La morena cambió su rostro a travieso y se sentó del todo besando a Emma, suave, sensual, salivosas y con los labios hinchados de placer. Se puso de rodillas frente a ella y abrazándola por encima de sus hombros cruzó una pierna por encima la de cintura de ella y otra por debajo de una de las suyas acercando su pubis al de ella.

-Ya sé lo que buscas…-, dijo la Salvadora con sobriedad y disfrutando del momento que se avecinaba.

Alzó su lumbar y entonces se sintieron, era una sensación totalmente placentera, una energía que nacía de entre ellas y se expandía al resto de sus cuerpos, húmedos, por dentro y por fuera. Regina comenzó a moverse lenta y rítmicamente encima de ella, ambas aguantaban los gemidos y se acoplaban para notarse el roce de sus genitales, suaves y blandos. Emma mordió como un perro la larga melena de la bruja y ésta sonrió, -aprendes rápido…, uhm-, gimió.

-Tengo una buena maestr…uhmm, sigue así.

El clímax estaba acercándose, Emma navegaba sus caderas sobre las de ella y sus cuerpos estaban ávidos del orgasmo, aceleraron el ritmo juntando sus bocas, luego sus frentes, sus pechos se rozaban, y refregaban y sus gritos iban en ascenso hasta que se ahogaron en ellas mismas lamiéndose con sus lenguas sus bocas y el placer brotó de sus vaginas goteándoles por las pantorrillas hacia la cama.

Permanecieron en esa posición hasta estabilizar sus respiraciones, al separarse ambas parecían algo tímidas, ambas.

-Yo…-, Regina se sentó sobre sus piernas, -… me voy a tener que…- se miró el pelo y luego la miró a ella, -… duchar. Lo dije bien, ¿verdad?.

Emma sonrió, -perfectamente.

Sin hablar se apoyaron espalda contra espalda, y Evil queen dejo su cabeza sobre el hombro de ella dejando caer algunos mechones por el pecho de la rubia. Swan sonrió, inconscientemente deslizó su mano derecha hacia atrás y recibió respuesta, los dedos de la reina se entrelazaron con los suyos, fue casi casualidad, destino.

"Creo que estoy en problemas", pensó en seguida la Salvadora. Enamorarse, ése era el problema.

En la mansión Mills Regina abrió los ojos súbitamente, impregnada en sudor, con la respiración agitada y la mirada perdida. Había sido un sueño, sólo eso. Se sentó apenada observando su vacía cama de matrimonio. Nunca había tenido un sueño erótico tan con Emma,…

CONTINUARA!

¡Espero que haya merecido la pena la espera!, entre las vacaciones y que aun no estoy en casa no puedo actualizar antes. Gracias por seguirme!