Título: La buena queen. Capítulo 6. FINAL
Martes. Mansión Mills
Regina tuvo una duda, aquel sueño que la había despertado…, juraba sentir las manos de Emma sobre su cuerpo, se preguntó entonces si eso sería cosa de su yo oscura. Tuvo la tentación, y sucumbió a llamar a Emma por teléfono, a pesar de ser tan temprano y un día entre semana. Sin embargo al hacerlo colgó… -¿Sí?-, colgó cuando escuchó de fondo la voz de Evil queen.
Mansión de Emma
La rubia frunció el ceño. -¿Pasa algo?-, dijo la bruja saliendo de la ducha con una toalla rodeándole el cuerpo.
-No lo sé, no han contestado-, dejó el interfono sobre su base. Evil queen se sentó a su lado, la rubia llevaba solo las braguitas puestas.
-¿Puedo hacer algo por ti?-, le besó el hombro. La verdad es que tras aquella noche de pasión y cercanía tenía un poco la necesidad de darle cariño.
-No, no pasa nada-, le sonrió triste y se levantó.
-Me voy a la ducha.
-Emma-, la bruja se levantó.
-Si quieres hablar…
La chica asintió. –Luego.
Evil queen se tumbó en la cama dejando caer la toalla por sus laterales y estirando las piernas. Sus manos rozaban las sábanas que horas atrás estuvieron impregnadas en el sudor de ambas, rozó con sus dedos la camiseta gris deportiva que reposaba, hecha una bola, sobre la mesilla de noche.
¿Era eso lo que quería?.
Emma salió de la ducha, vestida con un pantalón largo de pijama de cuadros y una camiseta de tirantes blanca, su cabello, mojado, estaba recogido en una cola. La miró.
Sí, era eso lo que quería. Sería una locura, pero no pensaba dejar escapar de su vida a esa mujer, salvo que…
-¿Estás mejor?.
Regina se sentó de nuevo y se semi tapó con la toalla.
-Sí…, eso creo.
-¿Me lo vas a contar o voy a tener que ser mala de nuevo contigo?-, la miró con malicia y le guiñó un ojo. Emma sonrió brevemente.
-No sé qué es lo que quiero.
-Si no lo sabes tú, yo …-, Regina negó con la cabeza y alzó las palmas de sus manos interrogativa. –Piensas en tu Regina, ¿verdad?, la madre de Henry, alcaldesa de Storybrooke, villana rehabilitada.
Emma alzó las cejas con esto último.
-He dado en el clavo.
-¿Se puede querer a dos personas a la vez?
-Un momento-, la bruja se levantó algo asustada rodeándose el cuerpo con la toalla de nuevo. –Tú… me, me… ¿me quieres?, ¿a mí?.
La sheriff se apoyó sobre sus brazos echados atrás de su espalda, sobre la cama, se cruzó de piernas. –Y he ahí mi dilema, morena.
Quiso imitarla, quizás eso le diese seguridad, sin embargo estaba en una nube de confusión y sentimientos encontrados y lo que necesitaba era que le echasen una mano. Pero renegaba de consultarle nada a su madre, esto debía de ser algo entre las tres.
-Bien…- su cabello negro reposaba sobre uno de sus hombros.
-Ella es alguien muy importante en mi vida, hemos luchado entre y por nosotras, es mi amiga, la madre de mi hijo.
-Si la quieres, y también me quieres a mí, aunque en menor medida…, sólo se me ocurre una cosa que puedas hacer.
Emma la miró con expectación.
-¡Que nos unamos de nuevo!-, su respuesta fue tan clara como el hecho de que le extrañase que no se le hubiese pasado eso por la mente antes.
–Tendrás un poco de cada una.
-No es tan fácil Regina, te olvidas que precisamente lo que ella hizo fue separaros por algo.
-Pues habla con ella. No lo dejes por más tiempo.
Se quedó mirando a la nada unos segundos, largos.
-Tienes razón, voy a hacerlo.
Emma se comenzó a quitar el pijama.
-Pero no hagas eso delante mía por favor.
La rubia la miró sorprendida. La respuesta de la morena fue morderse el labio, que se acercase a ella y la besase lentamente. –Es por esto rubia.
Emma sonrió aun con sus labios sobre los de ella. –No quiero tener que echar de menos esto…
-No lo harás, confía en ella.
Emma se marchó, Regina, la Evil queen, ya vestida de azul como el día anterior, oyó la puerta cerrarse y a los dos minutos llamar a la misma.
-¿Qué se te ha olvidado ahora?-, preguntó bajando las escaleras sonriente, al otro lado de la puerta Zelena, más bien la Malvada bruja del Oeste.
Obviamente la Evil queen no sabía que Zelena era su hermana, ni que les habían borrado los recuerdos de niña, para ella Zelena era una bruja más, con alguna acción admirablemente mala, pero nadie más.
-¿Qué haces, bruja, aquí?
-¿No puedo ver que tal le va a una villana como yo?.
Zelena se había ataviado como no hacía en mucho tiempo, con su sombrero gángster negro, su capa y su colgante. Desde que había descubierto la verdad con respecto a su pasado y había sido madre su vida había estado más llena de heroicidades que de atrocidades. Lógicamente no iba por su propia cuenta sino por la de su hermana Regina, quería que averiguara que intenciones tenía su yo malvada.
Al mismo tiempo…
Emma se presentó sin avisar en casa de Regina. Sabía que estaba allí porque su coche permanecía aparcado frente a la mansión y las ventanas estaban abiertas.
Era mañana temprana aun, hasta dentro de hora y veinte no debía entrar a trabajar, Regina comenzaba algo después que ella.
Respiró profundo antes de llamar al timbre. No hubo respuesta, repitió. -¿Regina?, soy yo-, nudillos.
Escuchó unos pasos apresurados acercarse a la puerta y detenerse frente a ella. La puerta se abrió lentamente, Regina pensaba que iba a ser Zelena con noticias nuevas..
-Hola…
Increíblemente Regina también estaba en toalla. –Estaba en la ducha y no pude…
-Lo siento.
Emma desvió la mirada. –Si llego en mal momento…
-No, pasa, pasa.
La alcaldesa se retiró para darle paso. Su cabello estaba recogido en un moño y un mechón le caía por un lateral.
-Si esperas a que me vista…
Emma asintió y Regina se giró. Su respiración se había agitado tanto que peleó porque no se notara. Fue verla a través de la mirilla y recordar aquel sueño, lo que sintió. Trató de no tardar aunque si lo hacía se lo agradecía a sí misma, no sabía como enfrentarse a esa mirada, y también le asolaba la duda de su presencia. ¿De qué querría hablar?.
Emma a su vez también agradeció tener unos minutos más para pensar cómo empezar la conversación. Era un tema complicado, y hablamos de declararse, de algún modo. Pero también de confesiones que pueden doler.
Paseaba por el salón con sus manos en los bolsillos traseros de sus vaqueros mientras miraba por las ventanas hacia fuera, su libertad, lo simple. Estuvo a punto de arrepentirse e irse. Y escuchó sus tacones descender por los escalones. Regina llevaba un vestido ajustado color azul marino, de media manga y tacones negros. Sus labios eran rojo sangre.
"Bien, no puedo, así no". Emma se había visto totalmente atrapada, su sola presencia la cortaba, le imponía. Necesitó cerrar los ojos.
-¿Quieres un café?
"Más bien una tila", pensó.
-De acuerdo.
Observó cómo se metía en la cocina y aprovechó para respirar hondo, jamás pensó que se encontraría en una situación similar, menos con Regina Mills. Pero no podía negar cuan le latía el corazón al verla. Ya la había probado, de alguna manera, ahora lo que quería era saber si sentía lo mismo.
-Bien-, le dio una taza, -¿qué querías hablar conmigo?.
-No sé por donde empezar…
La morena se apoyó en la mesa del salón con su taza en la mano, atenta a cada palabra.
-Ha pasado algo... entre tu yo malvada y yo.
La alcaldesa se puso en pie -¿No te habrá hecho nada malo porque si no…
Su amiga la frenó, -no, no, nada malo-, le sonrió para tranquilizarla. –Estoy bien.
A Regina se le bajaron los malos humos.
-Menos mal, porque de ser lo contrario…
-Regina, ella y yo nos hemos acostado.
-¿Qué?.
La rubia se bebió de un sorbo el café y dejó la taza en la mesa.
-No… no sé cómo empezó todo.
"Genial, ¿por qué ella y yo no?", se preguntaba la alcaldesa.
-No tienes por qué darme detalles.
-No es eso lo que venía a decirte.
-¿Sabes?, no pasa nada. Si tú estás bien y vosotras sois felices yo me alegro, de verdad.
Se había serenado aunque su mirada brillaba, más que de odio parecía pena. Emma se acercó a ella con delicadeza, miedo pero entereza. Le agarró el antebrazo y se lo acarició. –Os quiero a las dos.
La morena se zafó de su brazo. –No te entiendo Emma, pensé que lo que te alejaba de mí era mi parte oscura, la villana, y ahora ¿te enamoras de ella?.
-Es complicado.
-Y tanto.
En esa situación, la salvadora no se atrevía a ofrecerle la solución que le había dado Evil queen.
-Si tuvieras que elegir…
-Te elegiría a ti…
De sus ojos castaños brotó una lágrima, asintió comprensiva.
-Pero este tiempo a su lado me ha permitido conocer más de ella, y hay algo en lo que no habrás pensando. Ella eres tú, Regina. No hay más.
Se quedó reflexiva un minuto y medio.
-Y entonces…-, su voz era tranquila, serena. -¿qué podemos hacer?.
-Volver a como estabas antes, uniros de nuevo.
-Pero si yo quería quitarme mis demonios…
-Te ayudaré a luchar contra ellos. A fin y a cuentas es la mejor forma de dejar de lado la oscuridad, haciéndose con ella.
Pestañeó lentamente.
-Tienes razón-, la miró a los ojos, los suyos estaban rojos. Emma no pudo enfrentarse a ellos más tiempo y la abrazó. Rodeada en sus brazos Regina sintió que ya la había vivido, su olor, tan cercano, su piel…, seguramente aquel sueño no fue sueño como tal, quizás sintió lo que sentía su otra yo, ¿Eso significaría que ellas ya se han acostado?. Sacó esa duda de su mente, era lo menos importante.
En la mansión de la sheriff Zelena analizaba la mirada de Regina al confesarle que era su hermana. Se trataba de una comprobación de la humanidad que podía aun tener la bruja, si no reaccionada, era cien por cien oscura. Sin embargo su respuesta fue imprevisible. -¿Me estás diciendo que nuestra madre nos ocultó esto hasta antes de partir del Inframundo?, ¿eso quiere decir que te conocí desde niña?.
Afirmó.
-No me lo puedo creer-, se apoyó en el respaldo del sofá. -¿Y qué has estado haciendo todo este tiempo?, ¿tenías a alguien que te cuidara?.
Zelena esperaba un: "no me lo creo", "estás jugando conmigo" o "por algo será, te fastidias", sin embargo juraría que la morena tenía los ojos más brillantes de lo normal.
-Bueno, más vale tarde…
-¿Sabes Regina?, no eres quien me esperaba encontrar.
La bruja morena frunció el ceño.
Zelena notó una llamada mental de Emma, -Vente conmigo.
Le tendió la mano y aparecieron en la mansión Mills justo frente a Emma y Regina.
Fue algo incómodo el momento Evil queen-Regina y Emma entre ambas. Sin embargo la reina perdió todo nerviosismo al mirar a su rubia y le sonrió. La chica le correspondió con otra sonrisa, sonrisa que detuvo ante la mirada triste de Regina, la original. Zelena miró a su hermana y asintió confirmando que todo había ido bien. –Yo… os dejo solas chicas, tendréis mucho de lo que hablar…- le lanzó un beso a su hermana y se marchó en su nube verde.
-Bien…-, Emma tuvo que dar el paso. –Supongo que ambas sabéis lo que…
-Si te lo propuse yo-, Evil queen se rió. Emma la asesinó con su mirada.
Regina las observó. –Si…, si te vuelves a unir a mí, ¿no me harás peor persona?.
-Eso se acabó-, contestó Evil queen sin pensar. -Voy a seguir con mis prontos, mis rabietas y mis desconfianzas de todo forastero que llegue al pueblo, pero daría, y daré la vida por tu familia, solo quiero que Emma sea feliz.
La morena relajó los hombros, Emma no parpadeó en un rato, jamás esperó escuchar esas palabras en boca de la bruja.
-¿Sabes cómo hacerlo?
-Es más fácil que separarse. La unión es un hechizo donde no se precisa de ningún material especial, sólo hace falta un cabello de cada una y un hechizo.
Evil queen lo tenía todo bien pensando. Cogió de su largo cabello un pelo, Regina le entregó otro del suyo a su otra yo, era el primer contacto que tenían. Hubo una chispa. –Es todo tan extraño…
-Para mí también-, confesó Evil. Hizo un nudo con ambos cabellos y los observó a la luz. –Todo listo.
Emma se acercó a Regina, -tranquila, todo saldrá bien-, le cogió de la mano y se la apretó. La morena asintió. –Una pregunta, ¿me va a crecer el pelo?.
-¿Cómo?.
Emma estalló en carcajadas, era algo que no se esperaba en esos momentos. –¿En eso es en lo que piensas ahora?-, le preguntó la rubia relajando el ambiente.
-Una tiene que ser precavida, y ella lo tiene más largo que yo.
Evil queen sonrió, -sinceramente, no lo sé, pero si te sale mi melena y la cortas te mato.
Emma abrió la boca sorprendida.
-¿Guerra de Reginas?, no, gracias. Vamos, hacerlo ya-, se rió.
-¿Y si me lo corto… bien corto?-, Regina se acercó a ella.
-Haré que te crezca rápido-, Evil se acercó más.
-¿Ah, sí?, ¿cómo?-, le increpó Regina.
Obviamente, ambas bromeaban. Estaba siendo la manera de despedirse a la vez que saludarse. Emma le cogió a Evil queen la mano que contenía ambos cabellos y la alzó, -Es la hora. Os voy a echar de menos, pero tranquilas, estaréis bien, os lo prometo.
Aprovechando la cercanía Evil colocó ambos cabellos entre ellas, hizo que Regina los tocara con sus dedos posando sus manos sobre las de ella. Ésta cerró los ojos pensando el hechizo. Al segundo sus manos desprendían un tono celeste y no tenían forma, estaban unidas. Sus cuerpos se fueron aproximando adoptando una única forma. Una luz brillante apareció y al desaparecer un solo ser, una sola mujer. Regina. Sus piernas fallaron y cayó al suelo. Emma se acercó asustada y ésta la detuvo, -estoy bien, estoy bien-, sus dedos estaban sobre sus sienes y sus ojos cerrados, -un momento.
Todos los recuerdos, experiencias de Evil queen se presentaron en su mente como fotogramas de una película, ducha, dragón, Zelena, plancha del pelo, lago.
-¿Le dejaste un vestido amarillo?, ¿a ella?.
-¿Estás recordando?-, Emma se puso de rodillas frente a ella.
-Eso creo…
Abrió los ojos. Parecía algo confusa.
-Creo,… creo que se me ha olvidado cómo hacer café.
Emma rió, -Yo te enseño.
La agarró de la cabeza y la besó. Esta vez a ella, o a ambas. Pero para Regina, a pesar de aquel sueño, era la primera vez. Le rodeó el cuello con sus brazos y sin cortar el beso Emma la ayudó a ponerse en pie. Sus labios se acariciaban con algo más que simple deseo, se querían. La rubia le acarició el cabello y lo notó un poco más largo que el que tenía.
Al separarse la morena miró la mano de Emma, entre sus dedos su oscuro cabello. –No ha crecido mucho…
-No...-, sonrió.
-Pero no me lo pienso cortar, jamás.
Se mordió el labio justo antes de morderle el cuello. –Que rica estás…
Emma frunció el ceño pero feliz, -eso es muy Evil queen.
-Es que soy las dos-, alzó ambas cejas y volvió a morderle el cuello haciéndola reír.
Cafetería Granni's
-Como no sé hacer café, aun, y mi profesora está distraída en estos momentos veo bien lo de tomárnoslo aquí.
Emma sonrió, con su brazo sobre los hombros de Regina, sentadas en una mesa de la cafetería.
Bella apareció por la puerta con una sonrisa en los labios y en su mano el brazo ancho del padre. Maurice sonreía al ver cuanta gente saludaba a su hija.
-Lo consiguió-, dijo Regina.
-Eso parece. Mereció la pena ir al reino de Growin… a pesar de todo.
La morena miró a su rubia.
-Y si volviera a pasar iría de nuevo-, confesó Regina.
-Te… os quiero.
La morena rió. –Y nosotras a ti.
Le besó la mejilla con una mezcla de lujuria y ternura, a fin de cuentas, ambas personalidades fluctuaban dentro de Regina Mills.
FIN!
Espero que os haya gustado el final!
