Y ahí estaba, celebrando el cumpleaños número 30 de mi querido amigo Tracey, celebrando su –por fin- compromiso con mi hermana Daisy y sin saberlo, también lo estábamos celebrando a él.
No lo noté hasta cuando fue tarde, todos le rodeaban y le felicitaban por sus grandes hazañas porque realmente todos no hacían más que admirarle, igual como le he admirado yo, desde que le conocí cuando éramos niños, cuando atrapó su primer pokémon y le trató con tanto amor… Y solo escuchaba comentarios de sus logros y hazañas porque todos estaban encantados con todo lo que hacía, con su llegada sorpresa, con su sonrisa y su sencillez.
Nunca dejamos de ser amigos, pero nos distanciamos. Falta de tiempo, diferentes sueños, diferentes responsabilidades y luego, los diferentes éramos nosotros y aunque me duela admitirlo, éramos dos amigos que la vida hizo extraños.
Traté de alejarme de allí porque tenía miedo, porque nadie me dijo que él estaría aquí y yo pensé que seguía lejos, quizás donde nos despedimos la última vez. Y temía que aún me importe o peor aún, temía que a él ya no le importara. ¿Le importará?
Seguí merodeando en silencio y sola con la absurda esperanza de que se acercara a mí y me hablara, que pudiera recordar lo que solíamos ser, ¿Seguiría siendo el mismo que conocí?
La nostalgia me invadió hasta que sentí una voz a mis espaldas, una voz que me congeló.
― Misty Waterflower, no puedo creerlo – su voz era ronca, ya no era un niño- No te escapes otra vez, nos debemos una foto, quien sabe cuándo podremos volver a vernos.
Quién sabe…
