Disclaimer: Blood: The Last Vampire no me pertenece, es propiedad de Production I.G., SPE Visual Works y Hiroyuki Kitakubo. Blood+ no me pertenece, es propiedad de Production I.G., Aniplex y Junichi Fujisaku. Blood-C no me pertenece, es propiedad de Production I.G., Ushiki Yoshitaka y CLAMP.
Notas: antes que nada, disculpen la larga lista de notas introductorias que tendré que hacer, pero es necesario que las lean para poder entender este fanfic, ya que estoy mezclando a los personajes de las distintas versiones de la saga de Blood. Si han visto o leído las diversas obras que hay sobre los tres universos existentes de la saga, será mucho más sencillo ubicarse.
—El Consejo: en el live action de Blood: The Last Vampire que se estrenó en el 2009, se menciona que la organización para la cual Saya trabaja se llama El Consejo, lo que vendría siendo el Escudo Rojo en Blood+. Son básicamente lo mismo, aunque no se menciona cuándo se fundó la organización ni quién es exactamente su cabeza o si esta se hereda por línea familiar como sucede en Plus. Sólo aparece un personaje al que llaman "el anciano", un hombre occidental que se insinúa es la cabeza de El Consejo ya que es quien maneja los contactos y las palancas para mover a los agentes y a Saya.
—Mamoru Oshii: guionista, escritor y director de cine y televisión. Es llamado el padre de Saya, ya que él y su equipo fueron quienes tuvieron la idea de crear al personaje de Saya y de ahí que naciera la primera película. Aquí yo utilizo su nombre, con una ligera modificación porque no sé si usar el nombre real me pueda meter en pedos, como un pequeño guiño a su obra y que gracias a él haya nacido la saga de Blood.
—La noche de las bestias: este libro en realidad existe. Fue escrito por Mamoru Oshii y es la primera parte de la trilogía de novelas que se escribieron basadas en la película de TLV para narrar la historia de Saya a lo largo de las décadas. Por desgracia, no he podido conseguir el libro, pero he buscado mucho sobre qué trata. El libro en sí tiene muy malas críticas, y se sitúa en 1969 durante una protesta de estudiantes en Tokio que se sale de control. El protagonista, un joven estudiante, en su huída de la policía se topa con Saya, quien está en plena cacería y a quien ve matando quirópteros. He leído reviews del libro en donde aseguran que Saya sale a lo mucho en cinco hojas. El libro es más una especie de tratado sobre el mito del vampiro y los quirópteros y se dedica más a explicar el misterio de Saya y su especie que a mostrarla a ella en acción. Es por esa razón que también decidí usarlo en el fic como un antecedente sobre la existencia de la especie quiróptera.
—Se hace la mención de Maya, la hermana gemela y "clon" de la Saya de The Last Vampire, cuya aparición acontece en el manga de Blood: The Last Vampire 2000.
—Se hace la mención de Onigen, que en la película live action de Blood: The Last Vampire, es la madre de Saya.
"La vida de cada hombre es un diario en el que trata de escribir una historia pero escribe otra"
J. M. Barrie
Los fantasmas del pasado
Una vez que Hagi e Ishida se retiraron, las dos Sayas restantes fueron a sentarse al sintió donde se encontraba la mayor de ellas. En silencio, y casi ignorándose mutuamente, cada una colocó su propia manta y dejó a un lado sus cosas, pero cuando terminaron de acomodarse, irremediablemente, las tres se quedaron calladas, finalmente mirándose la una a la otra con una mezcla de curiosidad, desconfianza y, extrañamente, también simpatía.
De cierta forma, las tres recordaban a la niña nueva del salón que de lejos ve a otra compañera con la cual creen tener millones de cosas en común, pero con la que tampoco se atreven acercarse a hablar.
El encuentro, naturalmente, estaba resultando incómodo. Mientras Kisaragi se masajeaba la nuca como si le doliera, Otonashi y Saya no habían dejado de comer sus respectivos postres, como si la acción pudiese reducir un poco la incomodidad de aquel encuentro en donde ninguna de las tres sabía exactamente cómo actuar con las demás. A pesar de haber tenido en el pasado, en mayor o menor grado, relaciones sociales con amigas y personas, jamás habían tratado con un igual, con alguien de su misma especie.
Después de todo, aparte de ellas, no había nadie en el mundo que fuese tan similar a cada una. ¡Y pensar que habían pasado siglos sin saber una de la otra! Quizá, si hubiesen tenido conocimiento desde antes de su existencia mutua, no les habría resultado tan difícil vivir y pelear, porque al final de cuentas todas habían, y seguían luchando, la misma guerra, pero completamente solas.
Era complicado, y como siempre, los humanos habían intervenido, pero las tres eran básicamente hermanas, o primas, mejor dicho, pero considerarse mutuamente como hermanas las hacía sentirse más unidas y normales, por lo menos entre ellas, aunque ninguna se atrevía todavía a decirlo en voz alta. Las hermanas, irremediablemente, resultaban un tema espinoso en aquel trío. Dos de ellas habían perdido a sus propias gemelas en la guerra.
El desastre de Seventh Heaven en Tokio dos años atrás fue todo un escándalo a nivel mundial. El Escudo Rojo de inmediato sospechó que algo raro había pasado, ya con la experiencia previa de los experimentos realizados por Cinq Flèches. Cuando supieron que la empresa y Fumito Nanahara, su difunto dueño, se dedicaban a realizar experimentos bajo la organización secreta de Tower, y a crear monstruos con ayuda de una sangre especial que no tenía ninguna conexión con la de Saya Otonashi, Diva y sus hijas, o sus Caballeros, supieron entonces que la muchacha y las niñas no eran la únicas de su especie que quedaban rondando en el mundo.
No les costó demasiado trabajo encontrar a Saya Kisaragi, mucho menos con la fuerza que las redes sociales tenían en la actualidad. En internet se hablaba, como si de una leyenda urbana se tratase, de una hermosa y letal jovencita que portaba una katana y aniquilaba misteriosos monstruos; una joven que había sido vista primero en Tokio, luego en Estambul, poco después del desastre de Seventh Heaven, y finalmente, de nuevo, en Japón. Lograron dar con la localización de Saya Kisaragi, quien a esas alturas había regresado con el antiguo grupo SIRRUT, mientras que la Saya original apareció por si sola frente a las puertas del mismo Joel Goldschmidt VI en París, sospechando lo que había pasado poco después de la caída de Seventh Heaven y con miles de preguntas con respecto a la cacería de quirópteros. Se presentó como una cazadora de aquellos monstruos, argumentando que se había topado con varios que le resultaron, simplemente, imposibles de matar.
El Diario de Joel narraba solamente la existencia de Saya Otonashi y Diva porque eran las únicas de la especie que conocían, pero la realidad es que la especie quiróptero no tenía solamente a dos mellizas de sangre antagónica encabezando la cima de su existencia, sino que, al parecer, en algún momento de la historia y gracias a la evolución, la especie se dividió en las tres ramas que ahora conocían gracias a la aparición de las dos muchachas. Ramas primas, por decirlo de alguna manera: Saya, a quien llamaron alguna vez la última original, Saya Otonashi y su hermana Diva, y finalmente Saya Kisaragi.
Aquello había dado a cada una habilidades distintas, pero la mayoría de ellas eran relativamente similares. La tres poseían la increíble y rápida capacidad de regeneración, los sentidos hiperdesarrollados, la fuerza sobrehumana, la telepatía y la sangre venenosa capaz de convertir a un humano en quiróptero o furukimono, aunque Saya Otonashi era la única capaz de cristalizar con su sangre a la sangre antagónica de su hermana, y la única capaz de crear Caballeros. Sin embargo su sangre era inofensiva para las otras dos Sayas o los monstruos creados a partir de la sangre de ellas. Era claro que las tres no eran hermanas, por eso se les consideraba, para fines prácticos, como primas. Sobra decir que la doctora Julia, a pesar de haberse casado y ser madre de una pequeña niña junto a David, estaba en la época más emocionante de su carrera con la aparición de la Saya mayor y de Kisaragi, y no le pasaba ni por la cabeza dejar su trabajo como doctora investigadora.
Era Saya Otonashi de quien existían más registros; después de todo, había pasado la mayor parte de su vida bajo la tutela del Escudo Rojo y la familia Goldschmidt. Los primeros registros de la Saya mayor eran casi treinta años más antiguos que los de Otonashi. El primero databa de 1806, también en Francia, por los tiempos en que Napoleón Bonaparte conquistaba toda Europa. Y aunque estuvo en las manos de la dinastía Rothschildt,una rama menos famosa y adinerada de la familia Goldschmidt, estos mantuvieron el secreto al margen de Amshel y Joel para experimentar libremente con ella. Se sabía que quienes lo hicieron buscaban no sólo conocer las peculiaridades de su especie, como sucedió con Saya y su melliza Diva, sino que la investigaron con el fin de crear una fuente de la juventud y extraer la inmortalidad que la joven poseía.
Como era de esperarse cuando los humanos juegan a ser Dios, las cosas no salieron bien, y el único fruto de ello fueron humanos transformados en quirópteros que, encima, eran mucho más inteligentes y astutos que los quirópteros salvajes creados a partir de la sangre de la Reina roja y la Reina azul.
Con el paso de los años, fracaso tras fracaso y error tras error, la mayor de las Sayas logró escapar de aquello, y al igual que el Escudo Rojo, se fundó una organización secreta muy similar a esta: El Consejo, con la chica como su carta triunfal. Sin embargo la organización era mucho más áspera y pobremente regulada, a diferencia del Escudo Rojo, que si bien en el pasado tuvo sus problemas con Otonashi, su seguridad y protección siempre fue una prioridad si deseaban ganarle a los quirópteros y a los Caballeros de Diva.
Pero el daño ya estaba hecho: según Saya, en 1892 le extrajeron una gran cantidad de sangre que en 1900 fue usada en bebés humanos. Para 1923, cuando aquellos bebés se volvieron adultos, su segunda naturaleza quiróptera se manifestó en ellos, y en medio del caos del Gran Terremoto de Kantō, los monstruos chupasangre comenzaron a invadir Japón. Los peores años fueron durante la Segunda Guerra Mundial, entre el 44 y el 46, y mientras Saya Otonashi intentaba encontrar a Diva y sus Caballeros infiltrándose en los círculos nazis de Alemania, la Saya original, ajena a la existencia de su prima menor, trataba de acabar con los quirópteros que habían sido creados a partir de su sangre y que invadían Japón.
Los monstruos que mataba actualmente eran los descendientes de aquellos quirópteros o directamente sujetos nuevos de experimentación creados entre los años sesenta hasta principios del siglo veintiuno. De los quirópteros creados a partir de la sangre de Diva quedaban relativamente pocos ejemplares, aunque después de años seguían regados por todo el mundo tras la fatal presentación de Diva en La Ópera Metropolitana de Nueva York.
La principal diferencia que existía entre los quirópteros de la mayor y de Saya y Diva, es que los primeros eran más astutos e inteligentes, capaces de mezclarse entre los humanos y conscientes de su propia condición, incluso capaces de transformarse a voluntad una cierta cantidad de veces antes de tomar su forma definitiva para siempre. Los de las gemelas, por el contrario, una vez infectados, la transformación era inevitable y permanente, además de increíblemente rápida.
La principal diferencia radicaba en que la Saya mayor era una mestiza entre un quiróptero hembra y un hombre humano. Su sangre tenía una parte humana, y aquello sólo mejoraba las habilidades de camuflaje de los quirópteros creados a partir de su sangre, mientras que Saya Otonashi y Diva eran reinas quiróptero de sangre pura. Pero al final ambas especies se volvían salvajes, agresivas y sedientas de sangre una vez infectadas. Ya no hablar de los monstruos que compartían la sangre de Kisaragi, porque si bien eran escasos y se limitaban a los territorios de Japón y ciertas partes de Asia, podían ser tan variados, extraños y con habilidades tan diversas que era imposible trazar un plan o una estrategia antes de pelear contra uno de ellos. Eran más animales sacados de la mitología que primates hematófagos.
A pesar de las diferencias entre la sangre de las chicas, si existió una gran similitud en la vida de las mayores, fueron las jerarquías de las organizaciones para las cuales trabajaron durante tanto tiempo. Ambas mantuvieron su poderío con una cabeza familiar cuya responsabilidad se transmitía de generación en generación, pero las intrigas estaban a la orden del día, y la Saya mayor, la de El Consejo, no tardó en quedar desprotegida hasta el punto en que se volvió a experimentar con ella, e incluso intentar algo similar a la clonación, de lo cual resultó su gemela, Maya, pero de aquel acontecimiento Saya no tenía memoria alguna. Sólo recordaba haber matado y devorado a Maya en el año dos mil dos, pero ninguna imagen concreta de aquel evento era capaz de formarse en su mente.
David, tanto su abuelo como el padre del actual, y el anterior Louis, habían estado en El Consejo haciendo de espías para el Escudo Rojo. Gracias a ellos se descubrió, a mediados de los años veinte, de la existencia de la atormentada Saya de El Consejo, pero al Escudo Rojo le costó décadas llegar a ella, sobre todo cuando, harta de la esclavitud a la que se veía sometida e influenciada por Maya, a quien recién había matado, la chica asesinó por entero a la célula de El Consejo instalada en Yokohama en el mismo dos mil dos, desapareciendo inmediatamente. Fue tan buena y astuta escabulléndose de los humanos que la ansiaban como arma o como la materialización a todas sus fantasías de poder e inmortalidad, que en realidad no fue el Escudo Rojo quien finalmente la encontró, sino ella a ellos.
De haberlo querido, seguramente seguiría desaparecida.
Por otro lado, Saya Kisaragi jamás había estado dentro de ninguna organización. Durante toda su existencia se dedicó a pelear contra quirópteros y furukimonos sola, y solamente el gobierno de los Estados Unidos y el gobierno japonés sabían de ella, pero la chica siempre se les escapaba de una u otra forma. Incluso se le consideraba una maestra del escape. Pero como era de esperarse, sola y completamente desprotegida contra la hambrienta ambición humana, con el paso del tiempo Fumito Nanahara logró capturarla, otro loco al igual que Amshel con ínfulas de Dios y ansioso por dominar el mundo.
Las drogas suministradas a Kisaragi durante el experimento de Ukushima destrozaron su memoria, pero gracias al abuelo del actual David, quien también descubrió a Saya Kisaragi casi por casualidad en 1946, durante una investigación en la región de Yokohama, donde se habían suscitado extraños asesinatos que pensaron podría estar relacionado con quirópteros, la joven pudo calcular un aproximado de su lugar y año de nacimiento, probablemente en 1930, más no de familia alguna. Por la misma fecha aproximada del nacimiento de Kisaragi, la Saya mayor les había contado que se encontraba en Shanghái cazando quirópteros, mientras que Otonashi estaba próxima a cumplir sus primeros cien años de edad.
Pero lo más probable es que la familia de Kisaragi muriera durante la guerra. Ella no preguntó demasiado. Con tantos falsos recuerdos y lagunas mentales, su pasado se le antojaba demasiado confuso como para intentar armarlo. Y de todas formas, no cambiaría nada de su futuro.
El hecho de que las tres se llamasen Saya tampoco podía ser coincidencia. Al parecer, era un nombre popular usualmente asignado a las cabezas de sus respectivas especies, o al menos eso fue lo que la Saya mayor les dijo y lo que pudieron suponer por los registros en el Diario de Joel sobre la madre de Diva y Saya.
Además, la mayor, un tanto más interesada en descubrir el origen de su especie, en la década de los setenta estudió antropología en la Universidad de Tokio. A pesar de que la guerra no le permitió terminar la carrera ni mucho menos seguir sus planes de especializarse en arqueología, sí pudo hacer contacto con uno de sus profesores más peculiares, un hombre llamado Mamoru Oshi que escribió un extraño libro llamado La noche de las bestias, en donde sus descubrimientos en países como Islandia, Francia y Japón lo acercaron un poco al origen de la especie quiróptera que habitó en la tierra desde tiempos antiguos. El libro fue tomado como una broma por la comunidad científica, quien negó de inmediato la existencia, antigua o actual, de semejante especie en la tierra. Lo equipararon a decir que las sirenas o las hadas existían.
En La noche de las bestias, Oshi hablaba de una antigua especie que no era humana, pero que era capaz de camuflarse entre los humanos. Una especie básicamente vampírica, más hermana de los murciélagos que de otro animal. Aseguraba que aquella especie había sido un matriarcado y sobrevivió alimentándose de los humanos bajo el pacto de no matarse los unos a los otros, pacto que durante el siglo diecinueve fue roto por los humanos cuando estos se apartaron de la superstición y la religión al comprender los beneficios que la ciencia podía brindarles. Mamoru Oshi aseguraba que, más que Vlad Tepes o el mito de Drácula, aquellas antiguas reinas quirópteras podían ser en realidad el origen a todos los seres vampíricos de las leyendas que inundaban las distintas culturas del mundo.
A pesar de los caminos diferentes que las tres muchachas habían llevado y de las muchas décadas que separaban sus nacimientos, sus vidas resultaban asombrosamente similares; igual de oscuras e intrincadas. Al Escudo Rojo, la presencia de las dos nuevas y muchos años desaparecidas Sayas, y con ellas el descubrimiento de más ramas quirópteras, les recordaba una vez más que no sabían, en realidad, una mierda sobre los quirópteros, y el hecho de que aún caminasen en el mundo tras décadas de lucha también les recordaba que los mismos quirópteros no eran otra cosa que una especie más de la naturaleza que se negaba a la extinción.
Pero los quirópteros seguían presentes, y seguían alimentándose indiscriminadamente. Era un problema que parecía irremediable y una plaga imposible de remediar mientras hubiera algún científico o político loco incapaz de aprender del pasado, sin embargo, al juntar a las tres Sayas, la carga se aminoraba considerablemente para cada una. Además, las tres estaban dispuestas a luchar contra su propia especie. Sus hermanas, Diva y Maya, tuvieron ideas completamente opuestas que las llevaron a morir en manos de sus gemelas. La gran diferencia es que las últimas dos habían tenido menos suerte: Diva había sido encerrada y criada como un animal de laboratorio, y Maya fue considerada no más que un fracaso experimental.
Aún así, a pesar de compartir la misma causa pro-humanos, las chicas tenían pocos días de conocerse, y con la presencia de las otras, todo lo que sabían sobre su propia y misteriosa especie, y sobre sí mismas, cambiaba por completo. Les recordaba los episodios más oscuros de sus vidas, cuando descubrieron que no eran humanas y que todo lo que las rodeaba no era más que un elaborado engaño. Todavía se miraban con desconfianza, como si las otras fuesen intrusas, preguntándose de dónde rayos habían salido esas dos. Era claro que si el Escudo Rojo deseaba que trabajasen como equipo, tendrían que aprender a llevarse bien y conocerse.
Fue Ishida quien tuvo la idea de juntarlas en la playa para que se conociesen en un ambiente más relajado y personal, y Kai intervino para que su hermana animara a sus propias primas, pero el silencio que mantenían las tres parecía que no daba resultado alguno.
"El único encanto del pasado consiste en que es el pasado"
Oscar Wilde
Creo que debo disculparme por este capítulo porque en realidad fue pura narración, pero el asunto es que también era necesario echarles todo este rollo para explicar una manera verosímil de que estas chicas pudieran juntarse en este fic. Fue muy complicado intentar encontrar maneras de conectar los tres universos de la saga y juntarlos en más o menos la misma línea cronológica sin que se cruzaran en ningún momento a lo largo de sus diversas historias. Incluso de esa manera quedan inconsistencias que simplemente no pueden arreglarse. Por ejemplo, menciono que el David actual, el de Plus, es el hijo del David que la Saya de TLV conoció y que fue el más allegado a ella, pero sucede que ese David vivió hasta la vejez y la última imagen que se tiene de él es en el manga de The Last Vampire, ubicado en el 2002, en donde envía una katana y una carta de despedida a Saya, mientras que en Blood Plus ese David muere siendo aún muy joven en la guerra de Vietnam en 1972, a manos de la Saya de Plus cuando esta pierde el control. Sé que es una inconsistencia, pero espero puedan obviarla.
Otra inconsistencia que no pude arreglar fue que en la versión del live action, que sucede en 1970, Saya mata a su madre, Onigen, la cual vendría siendo una reina quiróptera, e inmediatamente desaparece y se da a entender que El Consejo se termina con la desaparición de Saya, sin embargo en una de las novelas, en el videojuego y el manga, se muestra que Saya sigue trabajando para El Consejo mucho después del 70 y cazando quirópteros. Me imagino que para el live action, al igual que con las demás historias, se hizo una versión e interpretación distinta de la historia de Saya, además en el live action se menciona que Saya nace en el Japón antiguo y que por lo menos tendrá unos 400 años de edad, cuando la línea cronológica oficial de TLV dice que el primer registro de Saya data de 1806 en Francia, e incluso en el manga se ve una escena de Saya en su infancia viviendo en el siglo XIX en algún país de Europa. Son distintas interpretaciones, aunque personalmente me quedó con la que empieza en 1806.
Otra cosa que aclarar es que Rothschild es una dinastía europea de banqueros que existe realmente y que fue en la que se basaron para crear a la dinastía Goldschmidt en Plus. Como en el fanfic estoy manejando que hay dos ramas familiares distintas que tuvieron a sus propias Sayas y crearon sus propias organizaciones, decidí usar la dinastía original, también con una ligera modificación en el nombre, para ser la que creara El Consejo y la encargada de la Saya original, y por supuesto para explicar por qué Amshel y Joel se supone nunca supieron de la existencia de la Saya de TLV.
Bueno, eso sería todo. Lamento el montón de aclaraciones al principio y final del capítulo, pero como podrán ver, son necesarias para darle contexto a la historia y no son datos que pueda meter en el fanfic en sí. Por ahora espero les haya gustado este segundo capítulo y nos vemos en el siguiente.
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Me despido,
Agatha Romaniev.
