Capítulo 4
La fría mañana hacia estragos en el exterior. El viento soplaba tan fuerte que los árboles se convertían en monstruos con largos y tenebrosos brazos, sus hojas se agitaban con fuerza. Las nubes grises y negras habían cubierto el brillante cielo.
Nadie se atrevía a salir de sus casas. La tormenta estaba sobre la gran ciudad.
Aquel día toda Konoha estaba asumida en silencio y oscuridad. Excepto en la residencia Uchiha.
Sakura Uchiha permanecía en el interior de su habitación. En el exterior Sasuke e Itachi esperaban algún movimiento de su señora, mas esta no decía nada.
Un criado llego corriendo hasta ellos, llevaba una carta en su mano. Saludo a ambos chicos y toco la puerta.
-Hime-sama tiene una carta de urgencia… -la puerta se abrió dejando ver a la pelirrosa, tenía mala cara.
-Gracias, retírate –dicho esto cogió la carta y cerro de nuevo la puerta. Se sentó sobre un cojín frente su baja mesa de madera y abrió el sobre. En el interior encontró un comunicado sobre la llegada del Clan Yamanaka a su casa ese mismo día.
Estirándose se levantó y tomo un baño. Itachi como siempre la acompaño. La pelirrosa permanecía en el interior de la bañera mientras frotaba su rostro limpiando la suciedad. Se apoyó en el borde y miro el techo.
-Yo creo que el Clan Nara sería un buen aliado, Hime-sama debería casarse con el heredero –opino uno de los veteranos del consejo. Se suponía que era una reunión de urgencia, pero como no, debían sacar el tema del matrimonio.
-No es momento para esto –declaro una mujer, ella representaba a las mujeres del Clan, a pesar de que apenas se las tomaba en cuenta.
-Es el momento idóneo –dijo Fugaku, él era poderoso en el Consejo, también era el encargado de entrenar al ejercito Uchiha- Hime-sama debe pensar en buscar un marido pronto. De una buena familia, el Clan Nara es una opción buena, igual que el Hyuga o el Sabaku No. Si no se casa puede ser reclamada para el emperador.
Sakura sintió un cosquilleo en su estómago. Aquel hombre no era un verdadero emperador, tan solo era un hombre con poder del que se decían muchas cosas. Unos decían que te torturaba hasta morir, otros que experimentaba contigo, otros que te utilizaban como juguete. Ningún final con él era en paz.
Siempre se hablaba de él como un hombre oscuro y siniestro. Pero nadie realmente lo conocía. Él se hacía llamar en emperador pero su nombre real tan solo era Orochimaru.
-Shikamaru Nara sería un buen candidato, opino que también podría ser Kakuro Sabaku No o algún hombre de importancia del Clan Hyuga, Neji Hyuga por ejemplo –al escuchar ese nombre Sakura negó ferozmente y se levantó.
-¡Se acabó! ¡O hablamos de lo que ha ocurrido o me largo!
-Sakura
La pelirrosa giro su rostro para ver la sombra de Itachi en la puerta de arroz del baño. Ya llevaba un tiempo en silencio y eso había preocupado al chico.
-Enseguida salgo –dijo con desgana.
Salió de la bañera y se secó con una toalla. Después tapo su desnudez con una bata y abrió la puerta corredera encontrando a Itachi sentado en el suelo sobre un cojín y frente la mesilla baja. La pelirrosa camino hacia la cama donde permanecían sus ropas. Sin pudor alguno se desnudó y se vistió dándole la espalda. El mayor no la observo.
Pocas después dos manos se posaron sobre sus hombros y el cuerpo de la chica se apoyó en su espalda. Itachi abrió sus ojos e inclino su cabeza dejando que la joven apoyara la suya sobre su hombro derecho. Sakura soltó un suspiro.
-Te quiero tanto –murmuro, Itachi sintió el calor subir a sus mejillas y los nervios en su sistema pero ella no noto nada y volvió a separarse de él sentándose al otro lado de la mesa.
Justo en ese ínstate la puerta sonó y Sakura dio permiso para que dos chicos entraran. Naruto y Sasuke se sentaron en la mesa. La pelirrosa apoyo su cabeza sobre la mesa. Se podía notar lo harta que estaba de toda la situación.
-El consejo ha llegado a una sentencia –los tres chicos prestaron atención- Han decidido que el Clan Hyuga nos ayudara, al parecer también fueron atacados…El Clan Yamanaka se dirige hacia aquí y también nos ayudará –hizo una pausa y jugo con las mangas de su kimono rosa- Tambien se ha decidido con quien me casare –llevo su mirada a los tres chicos. Naruto puso mala cara, pero peor era la de los hermanos. Ella soltó un suspiro- Supongo que se acabó.
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La rubia y los dos pelirrojos llegaron a su destino. A pesar del largo camino ninguno se mostraba cansado, siquiera la princesa que cargaba con varios pergaminos y dos mochilas. Los dos chicos iban a cada lado de ella, vigilaban constantemente por si un enemigo atacaba.
-¡Por fin! –dijo la rubia y camino con más animo hacia la casa Uchiha. Su mensaje había llegado así que serían recibidos como los buenos amigos que eran de aquella familia.
Se presentaron frente las grandes puertas que llevaban al "palacio" de la líder. Una mujer de hermoso cabello negro los esperaba en las escaleras. Ino la reconoció de inmediato, se trataba de Mikoto, mujer de Fugaku y niñera de Sakura en sus tiempos de niñez.
-Bienvenidos al Clan Uchiha –dijo la mujer inclinándose frente la rubia- Os ayudaremos con sus equipajes –dos siervos cargaron las cosas de Ino. Mikoto sonrió- Os llevare a vuestras habitaciones, Sakura ahora está reunida, cuando termine podrá hablar con ella.
Ino asintió sin perder la sonrisa. Al entrar a la casa el dulce olor a incienso y rosas llego a sus fosas nasales, aquella casa era muy diferente a la suya, el "palacio" Uchiha era grande, con largos pasillos de madera de cerezo, jardines internos, grandes habitaciones, salones, y aquellos pasillos exteriores que Ino tanto amaba. Cada uno de ellos con un pequeño tejado que protegía los suelos dela lluvia.
-Aquí se alojara usted Hime Ino, sus dos criados podrán asentarse en las habitaciones continuas, tal y como usted pidió –Mikoto les mostro la amplia habitación que pertenecería a la rubia durante su estancia. Caminando un poco más adelante otras habitaciones más pequeñas para Sasori y Gaara.
-Bien
-Ellas dos se ocuparan de sus deseos, serán sus criadas –dos mujeres jóvenes una de cabello negro y otra anaranjado se inclinaron mostrando su respeto. Ino asintió.
La señora se retiró dejando a los Yamanaka solos. Ino se instaló en su habitación. No dudo en pedir que le prepararan un baño y un té que tomaría con sus protectores. Después del largo y relajante baño se sentó en una sala conjunta donde Sasori y Gaara la esperaban tomando sus tés. Ino se acomodó al lado de ellos y en silencio observaron la tranquilidad del jardín interno.
Unos pasos llamaron la atención de los protectores, aunque Ino también los escuchaba. Mostro una sonrisa. Sakura apareció con su largo cabello atado en un moño desordenado y un largo kimono rosa. Tras ella un rubio y dos pelinegros.
Ino se levantó y recibió a la pelirosa con un abrazo de respeto. Sakura sonrió e inclino la cabeza para saludar a los dos pelirojos, ellos se inclinaron.
-Es un verdadero placer volver a tenerte aquí Hime Ino –dijo la joven y volvieron a sentarse en la mesa donde antes habían estado los Yamanaka. Ino sonrió.
-Creo que ya sabes el motivo de mi aparición, también envié una carta al Clan Hyuga –Sakura asintió, los tres Clanes eran aliados aunque a veces había discusiones- Es demasiada casualidad que aquel hombre atacara los tres Clanes la misma noche, demasiado estúpido he de decir –Ino acomodo su cabello y tomo un sorbo de su té. Los dos pelirrojos hablaban fuera de la estancia con el rubio y los dos pelinegros.
-Si Deidara nos visitó hace unas semanas –dijo el pelirrojo mayor- Se marchó hacia el País de la Tierra, creo que dijo que tenía algo importante que hacer allí –Naruto asintió sonriente.
-Si allí tiene a la novia aunque no lo quiera admitir –dijo riendo. Sasuke negó ligeramente.
-¡Es un …! –se escuchó gritar a Ino. Los cinco chicos miraron la habitación. Ino salía de ella siendo acompañada por la pelirrosa.
-Debemos irnos, podéis quedaros por aquí, no es necesario que nos acompañéis –dijo la pelirrosa, se podía notar la seriedad en sus palabras aun así tenían un toque dulce. Ino se giró hacia sus protectores.
-Os digo lo mismo –desapareció por su habitación acompañada de la pelirrosa.
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Hinata dejo que su cabello se moviera con la fuerza del aire. Caminaba sola a las afueras de Konoha, su destino era un pequeño parque con riachuelo y un árbol de cerezo, allí se encontraría con sus compañeras. A diferencia de los otros días esta vez no utilizaba un hermoso kimono, ni un vestido, tampoco su ropa de entrenamiento. Vestía como una civil. Como si no fuera una princesa, como si tan solo fuera una adolescente que esperaba a su cita.
Vestía un pantalón oscuro con un abrigo azul claro y unas botas. No parecía una princesa. Y eso era algo que a ella le gustaba.
-¡Hinata! –dos jóvenes aparecieron corriendo por los caminos congelados. Se acercaba el invierno y las temperaturas habían bajado rápidamente, en algunos puntos del país ya había nevado y Konoha no era la excepción.
Sakura apareció con Ino. La joven Hyuga saludo a las dos con cortesía y educación, igual que ellas. Ambas jóvenes también vestían como civiles. Similares a la de ojos blancos.
-Estoy tan cansada… -murmuro Sakura, las tres habían entrado a una cafetería a tomar chocolate caliente, algo que hacía mucho que no tomaban las tres. Aquella cafetería las conocía, por ello las dejo en una mesa con buenas vistas y con privacidad.
-¿El consejo? –pregunto Ino dando vueltas a su taza de chocolate.
-Quieren casarme, es mas ya me han elegido hasta un esposo –Ino alzo una de sus perfectas cejas al escuchar eso.
-A mí también me insisten pero no tienen el poder para obligarme, tan solo amenazarme –dijo en un tono seco y frio.
-Jiraiya –dijo Hinata de repente, las dos jóvenes miraron a la Hyuga- Cuando atacaron mi Clan el intruso dijo Jiraiya… -cruzo sus brazos sobre su jersey haciendo remarcar sus pechos- Deberíamos hacerle una visita a ese viejo de la montaña
Ino asintió.
Conocía poco sobre ese hombre, era algo parecido a la historia del emperador. Jiraiya era un ermitaño que vivía en las montañas se le conocía por sus novelas eróticas y su fama con las mujeres.
No era un hombre malvado tan solo algo pervertido.
-Sigue extrañándome el hecho de que él fuera el culpable de todo esto…
-Yo creo que no ha sido él, tal vez sea una trampa
Las tres chicas discutían mientras hacían el camino de vuelta a casa, estaba decidido al día siguiente visitarían al viejo echi.
