Disclaimer: Los personajes de H.P No me pertenecen, al igual que esta historia, que es de la autora Cheryl Dyson, quien muy amablemente me permitió traducirla.

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Llama tres veces

CINCO

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Teddy despertó en la cama de Pansy, con ella acurrucada a su lado y una de sus piernas recargada sobre su cuerpo. El cabello negro de ella caía por su brazo y una mano se posaba suavemente en su pecho.

Ted se relajó con la imagen de su amante plácidamente dormida. Volvió la cabeza para darle un beso en la coronilla y movió su mano. Pansy se tensó por un momento y luego se relajó con un largo suspiro.

Teddy nunca entendería cómo Pansy había adquirido la habilidad de despertar y ubicarse en cualquier lugar en solo un instante y se preguntó qué era lo que habría sucedido en su pasado para crear tal capacidad. Supuso que nunca lo sabría.

—Teddy— murmuró.

Él emitió un gruñido evasivo, perfectamente dispuesto a volver a dormir.

—Quiero ir de compras.

Los ojos de Teddy se abrieron de golpe.

— ¿Ahora?— inquirió, algo confuso, alcanzando su varita para lanzar un hechizo Tempus, pero ella se echó a reír.

—No, tonto. Más tarde. ¿Vienes conmigo?

Repaso mentalmente su agenda para ese día. Tenía un almuerzo a las 11 y luego un cóctel con canapés que podía asignar fácilmente a sus subordinados.

—Está bien— dijo, y luego apretó su cuerpo mucho más al de ella, con la esperanza de volver a dormir.

Pansy se levantó para mirarlo.

— ¿En serio? ¿Vendrás conmigo?

— ¿Por qué no habría de hacerlo?— preguntó—Suena divertido.

Ella se echó a reír y dejó caer la cabeza sobre su pecho.

—Es probable que no digas lo mismo cuando hayamos terminado.

Teddy más tarde descubrió que sería tal y como ella dijo.

A lo que Pansy se refería con la palabra 'compras' era a recorrer todo el Callejón Diagon como una enorme ola arrasadora a través de tiendas; agarrando artículos, descartando otros, y utilizando empleados de las tiendas -y a Teddy- como animales de carga. El único pequeño respiro de Ted fue mientras ella se probaba todas las prendas de una tienda de ropa femenina, aunque le exigió que esperara fuera de los probadores para que ella pudiera salir y modelar la ropa para su aprobación.

Después de que él dio su apoyo entusiasta al decimonoveno conjunto, frunció el ceño y le dio una palmada en el brazo.

—No se puede estar de acuerdo con todo, Teddy. Estoy buscando una retroalimentación honesta.

— ¡Te estoy dando una retroalimentación honesta!— Protestó— No es mi culpa que todo se vea bien en ti.

Ella tiró de él y lo besó tan profundamente que lo dejó sin aliento.

—Eres tan jodidamente adorable— murmuró y luego se dio la vuelta para desaparecer en el vestuario una vez más. Él sonrió a la cortina, con desconcierto.

Afortunadamente, Pansy era clienta habitual de todas las tiendas que visitaron, y los vendedores enviarían la mayor parte de sus compras directamente a su casa en lugar de que Teddy tuviera que llevarlas a todas partes, aunque había algunos artículos de joyería que ella consideraba más seguro con su persona que siendo llevados por una lechuza.

Pansy también trató de comprar algunas cosas para él, pero Ted se negó a escucharla, temiendo sentirse como esos 'chicos de alquiler' que las mujeres mayores contrataban como acompañantes. Pansy puso mala cara, pero cedió ante su obstinación.

Finalmente, Teddy escapó de la tienda de regalos de colección, que había apodado la 'tienda de baratijas inútiles' y tropezó de nuevo con el callejón Diagon.

— ¡Mira allí!— exclamó en voz alta, como sorprendido— ¡Una librería!

— ¡Oh! Tsk, tú sabes que yo no leo— replicó ella mientras llegaba a su lado.

—Oh, Vamos, yo no dije nada mientras olfateabas ciento setenta y cinco velas.

— ¡No lo hice! ¡No había más de treinta!

—Bueno, pues a mi me parecieron cientos. Además, estoy seguro de que puedo encontrar algo que te haga disfrutar de la lectura.

—Las palabras 'disfrutar' y 'lectura' no caben en la misma oración— A pesar de sus palabras, enrolló su brazo en el de Teddy y le permitió guiarla hacia Flourish y Blotts.

Ted rió y ella le sonrió al llegar a la entrada de la tienda, que abrió sus puertas a la vez que él tomó la manija.

— ¡Teddy!— exclamó alegremente un hombre.

Teddy parpadeó ante su padrino y luego sonrió ampliamente.

— ¡Harry!

Los ojos de Harry se deslizaron hacia la acompañante de Teddy y su expresión se congeló antes de que las cejas sobre los ojos verdes se arquearan.

— Parkinson— dijo en tono frío.

—Potter— respondió ella y se acercó más a Teddy, quien sujetó su mano mientras ella se apretaba contra su brazo y levantaba la barbilla de manera desafiante. Ted miró a uno y a otro. No se le había ocurrido que pudieran conocerse. Su relación no parecía ser muy amable, tampoco.

Harry regresó su mirada a Teddy.

— ¿Cómo has estado? No te he visto desde Navidad.

Ted se sintió un poco culpable por no mantener un contacto más estrecho con Harry y su familia, pero a pesar del hecho de que sabía que siempre era bienvenido en su casa, nunca superó la sensación de ser un extraño en el clan Potter-Weasley.

—He estado bien. Ocupado, ya sabes— contestó tímidamente.

Harry asintió con la cabeza.

—Lo sé. He oído que te va muy bien con tu negocio de banquetes. Todos estamos orgullosos de ti. Escuche que varios de mis colegas planean enviarte una lechuza para contratar tus servicios.

Teddy se dio cuenta de que su cabello comenzó a cambiar de color cuando sus mejillas se enrojecieron, por lo que casi perdió todo su autocontrol.

—Gracias— dijo después de un rato.

Harry se alejó de la puerta, por fin parecía sentir la incomodidad de Teddy.

—Bueno, entonces. No te conviertas en un extraño, ¿de acuerdo?

—No lo haré. Voy a, umm... te enviaré una lechuza, ¿sí?

—Por favor, hazlo. Te echamos de menos, Teddy.

Él asintió y tomó el borde de la puerta, con la esperanza de escapar de allí. Harry miró a Pansy por un momento, como si buscara alguna respuesta en su rostro inexpresivo. Hasta que por fin habló, con una sonrisa forzada.

—Parkinson— dijo a modo de despedida.

—Potter— dijo de nuevo y luego entró en la librería antes de Teddy, quien lanzó a Harry una mirada de disculpa y salió corriendo tras ella.

—Entonces— dijo cuando la puerta se había cerrado detrás de ellos— ¿Tú y Potter son amigos?

—Él es mi padrino.

Pansy soltó una carcajada.

—Oh, eso sí que es suculento. Debí haberlo adivinado.

—Parece que tú no le agradas— observó después de un rato.

Ella se encogió de hombros.

—Puede que haya tratado de entregarlo al Señor Oscuro durante la guerra.

Teddy se giró a verla, horrorizado.

— ¿Es una broma?

Ella apretó los labios, pero acabó por negar con la cabeza y miró hacia otro lado.

—Yo era joven. Sólo quería la guerra acabara.

Ted tragó, sintiéndose repentinamente incierto. Por primera vez desde que se mudó junto a ella, sintió un abismo infranqueable entre ellos, construido a partir de las experiencias que apenas podía imaginar.

Pansy se aclaró la garganta.

—No creo querer comprar nada más, Teddy. Me voy a casa.

—Iré contigo— Su voz sonaba un poco desesperada, incluso a sus propios oídos, y él hizo una mueca.

Ella se quedó en silencio por un largo tiempo y Ted pensó que podría negarse, pero al final asintió secamente.

—Muy bien— Extendió el brazo a Teddy y los llevó de vuelta a su apartamento. Una vez allí, ella se alejó de él inmediatamente y se dirigió a la cocina, donde abrió y cerró gabinetes en lo que parecía estar creciendo su agitación.

Finalmente, cerró una puerta de un armario con una explosión y luego se dirigió de nuevo hacia Teddy y se inclinó para darle un beso hambriento, retorciéndose las manos casi dolorosamente en su cabello.

Ella rompió el beso y le susurró:

—Hazme el amor, Teddy— Lo tomó de la mano y lo llevó al dormitorio.

Ted sintió que algo no estaba bien, pero estaba demasiado aterrorizado como para preguntar. La desnudó despacio y con cuidado, temiendo que aquella fuera la última vez. Ella tiró de él hacia la cama antes de que pudiera retirar su ropa. Pansy trató de quitarle la camisa mientras la besaba y Ted se separó de ella para situarse en el borde de la cama. Sus manos inmediatamente comenzaron a deslizarse sobre su piel suave, comprometiéndose a guardar cada curva en su memoria.

—Teddy— dijo en voz baja y levantó ambas manos para acariciar su rostro— Adorable Teddy. Debería decirte adiós antes de que consigas que me apague demasiado a ti. Ya has durado más tiempo que cualquiera de los otros.

Sus ojos se estrecharon con furia.

—No quiero oírte hablar de otros.

— ¿Estás celoso?—preguntó, arqueando los labios.

Las manos de Teddy se hundieron en torno a sus caderas hasta que se obligó a relajarse para no lastimarla.

—Sí— le espetó— Sí, estoy celoso. Estoy celoso de cada hombre que te tocó. Quiero matarlos a todos, ¿de acuerdo? He estado jodidamente celoso de ellos desde que era…— Se interrumpió, dándose cuenta de que había dicho demasiado y probablemente sonaba como el acosador loco que era.

Los ojos de Pansy se abrieron al máximo.

— ¿Desde que eras qué?

Teddy se sentó, dispuesto a confesar su mayor y más guardado secreto. Ella se sentó sobre él y envolvió sus piernas alrededor de su cintura, sosteniéndolo en su lugar. Sus manos sostenían su rostro para que la mirara.

— ¿Desde que eras qué, Teddy?

Ted puso los ojos en blanco y suspiró, resignado.

— ¿Recuerdas cuando estabas en Hogwarts para el decimoquinto aniversario del fin de la guerra?

Ella frunció el ceño.

—Bueno, sí, yo arreglé todo el asunto para el Ministerio, pero...

Teddy asintió.

—Yo estaba allí. Tú hiciste todos los preparativos alrededor mío como si yo fuera invisible.

Pansy abrió la boca y luego se echó a reír.

— ¡Oh, tú estabas allí! ¡Me acuerdo de ti! Casi me caí por las escaleras una vez, tú me sostuviste y no podías quitar la vista de... — soltó su rostro para acunar sus pechos y los ojos de Teddy bajaron hasta a ellos.

Él gimió, con ganas de empujarla sobre la cama y besar frenéticamente aquellos turgentes montículos al igual que siempre, independientemente de todo lo que estaba confesándole a Pansy.

—Si. Al igual que ahora— sonrió nostálgicamente— Me llamabas Tommy todo el tiempo…

Ella estaba en silencio, estudiando su rostro.

— Espera. ¿Tú…Tú has estado… enamorado de mí todo este tiempo?

Teddy asintió cabizbajo y desvió la mirada con pena.

—Traté de olvidarme de ti, lo cual resultaba más fácil después de no haberte visto en tantos años. Pero luego me mudé aquí. Y ahora…— apretó los puños sobre la cama— Bueno, probablemente piensas que soy un idiota por haberte añorado durante tanto tiempo. ¿Crees que estoy loco? Sé que no piensas en mí como algo más que…

—No me gusta que me digan lo que pienso, Teddy— lo cortó bruscamente.

Él la miró con sorpresa y luego sonrió.

—No. En realidad, no, ¿verdad?

—Y te equivocas. No creo que seas un idiota. Muy posiblemente un loco, sí, y dudo que hayas pensado en esta situación correctamente. ¿Tiene alguna idea de lo que tu padrino y su 'club de fans' pensarían de nosotros?

Teddy apretó la mandíbula y la miró.

—Sí. Sí la tengo. Y no me importa.

Ella soltó un bufido burlón.

— ¿No te importa?— dejó caer las manos y se habría retirado, pero él la agarró por los hombros, obligándola a mirarlo— ¿Hasta cuándo va a ser eso verdad? ¿Hasta la primera vez que aparezcamos juntos en público? ¿O en una de las escenas de Potter?— preguntó con enojo— Él nunca lo permitiría.

—Por supuesto que lo permitirá. ¡Soy un adulto! La opinión de Harry es importante para mí, ¡pero no es tan importante como hacer algo que me hace feliz! ¿De verdad crees que te dejaría ir sólo por lo que la gente pueda pensar?

Ella puso los ojos en blanco.

—Harry Potter no es sólo la gente.

—Lo es para mí— Para alivio de Ted, la mirada de Pansy pareció suavizarse. Se inclinó hacia delante y liberó sus hombros para acariciarle el rostro— Mira, no te estoy pidiendo que te cases conmigo, pero me gustaría algo un poco más permanente que sólo follar golpeando la pared, con la incertidumbre de no saber si va a terminar cuando te aburras de mí.

—Yo no soy la que está en peligro de aburrirse— respondió ella con aspereza— Eres joven y hermoso, y hay cientos de…

Teddy la interrumpió, sorprendido.

— ¿No estás aburriéndote de mi?

Ella lo miró fijamente y luego se echó a reír.

—Honestamente, ¿cómo puedes preguntarme eso? Eres lo mejor que me ha pasado. Eres entusiasta y creativo, y me soportas aún cuando estoy siendo una perra total y nunca hablas de mis relaciones pasadas como si yo fuera una especie de ramera que se vende por cinco Knut, y ... es tan fácil hablar contigo, y además parece que te preocupas por mí...— Su voz se desvaneció y se mordió el labio. Ted le sujetó la barbilla con una mano y la levantó hasta que sus ojos se encontraron.

—Me preocupo por ti— corrigió.

—Nadie se preocupa por mí— susurró ella, con un matiz de tristeza en su voz.

—Yo lo hago— repitió y la besó.

Ella no respondió de inmediato, obviamente, tratando de aferrarse a sus ideas ridículas. Sabía que Harry y los demás vendrían en ronda tan pronto como vieran que Teddy era completamente feliz. Estaba segura de ello. Finalmente se rindió ante él, mientras sus fuertes manos se cerraban alrededor de ella para estrujar su firme trasero.

—Me gusta follar golpeando la pared— dijo cuando se separaron para tomar aire.

Él se rió entre dientes, contra sus labios.

—Bueno, yo nunca dije no volveríamos a hacerlo— Él la empujó sobre su espalda y se abalanzó sobre ella, fijando sus labios sobre un pezón y luego en el otro, lamiendo con su lengua. Las uñas de Pansy rozaron su espalda y luego una mano agarró su inhiesto miembro.

Ella lo guió hacia el calor de su humedad, meciendo sus caderas para llevarlo más profundo, ayudado por las manos que Teddy todavía mantenía en su trasero. Él la abrazó con fuerza mientras le dio la primera estocada. Se sentía más intensa que nunca, impulsado por la necesidad de Teddy de aferrarse a ella.

Los dedos de Teddy hurgaban en su cavidad trasera y con picardía recordó lo que habían hecho por allí solo dos días atrás. Ese recuerdo casi le hizo llegar al éxtasis en ese momento.

—Muy bien, Teddy. Intentaremos hacerlo a tu manera— dijo entre jadeos.

Ted dejó de moverse para mirarla.

— ¿Lo haremos?

—Sí. Ya lo dije, ¿no? A pesar de que es una locura, y de que toda tu familia y amigos me detestan... No quiero que te rindas. Todo el mundo sabe que soy una perra egoísta, así que mis amigos esperarán que esto fracase estrepitosamente, pero…

Teddy la hizo callar con un beso que era mitad risa. Su corazón se sentía como si estuviera lleno por primera vez en su vida.

—Dilo— exigió de pronto, cortando aquel beso.

— ¿Qué diga qué? ¿Y por qué te detuviste?— le dio una palmada en el trasero suavemente, como si quisiera volver a estimular el movimiento. Pero Ted hizo caso omiso.

—Dí: Yo soy tu novia, Teddy.

— ¿Qué? Eso es una tontería— Ella trató de sonar grave, pero había un tinte de diversión en su voz.

—Dilo, o voy a ir directamente de vuelta a mi casa. Ted apretó la mandíbula, pensando que tal vez había ido demasiado lejos. Sabía que los Slytherin no manejaban las amenazas con aplomo.

—Estás siendo muy terco— repuso.

—Lo digo en serio.

Para su alivio, ella se relajó.

— ¿Sabes?, creo que me gusta más que ser contundente y decidida. Es muy excitante.

—Dilo.

—Maldita sea, ¡muy bien! Yo soy tu novia, Teddy. ¿Estás contento?

Se abstuvo de reír en voz alta, apenas, teniendo en cuenta la gran inundación de alivio y alegría que se disparó a través de él.

—Sí, lo estoy. ¿Y qué más?

Ella resopló con disgusto.

—Soy tuya— dijo en voz baja.

Sus brazos se levantaron para envolverse alrededor de su cintura apretó con fuerza.

— Romántico agotador— susurró Pansy, y sus ojos se cerraron, pero no antes de que Teddy captaron un destello de humedad en ellos.

Él sonrió y comenzó a moverse de nuevo, perdiendo todo el control y llevándola hasta el limite de la lujuria, sintiéndola estremecerse de placer debajo de él mientras se vaciaba en su cálido interior. A duras penas contuvo las palabras de amor, sabiendo que habría tiempo para eso más tarde; ahora que ella lo había aceptado, no la dejaría ir a ninguna parte.

Pansy le sonrió, algo confusa pero feliz, y peinó con los dedos sus cabellos húmedos, congelándose de repente.

— ¿Teddy, tu cabello es… azul?

Teddy se mordió los labios y se dejó caer a su lado.

—Hay una cosa más que debes saber. Y te aseguro— sonrió con malicia— que nunca te aburrirás de mí.

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Fin


Bien, aquí es donde la historia original acaba, pero yo he decidido añadir un último capítulo, un prólogo, para ser más específicos.

Pronto lo subiré.

Gracias por leer,y no olviden dejar sus rr!

H.S.