¡Hola de nuevo! Me alegro que sigas leyendo esta historia, y muchas gracias por todos los reviews, de verdad. Antes de empezar quería comentar que si gustáis de la idea podría empezar a contestar los reviews, ya que a mí me hace ilusión y creo que es una buena forma para estar en buen contacto con el lector. ¡Decidme que os parece la idea en los comentarios! Sin nada más que añadir, aquí tenéis éste capítulo...
Nota: Nada en este fic a excepción de mi OC me pertenece, todo es propiedad de Eiichiro Oda y One Piece.
Hacía un día extrañamente soleado. Des de hacía poco, me sorprendía ver el sol asomar por las nubes algún día, sin embargo, el cielo estaba completamente despejado. Supuse que eso era lo quedaba después de una tormenta cómo la que había ocupado toda la jornada anterior.
Me encantaba la lluvia, pero de vez en cuando no estaba mal disfrutar de la calidez del sol. Me tumbé en el suelo de madera, aún un poco humedecido por la aguada que había caído. Extendí los brazos, dejando que cada rayo de sol penetrara mi piel y me recorriera entera transmitiéndome ese calorcito tan agradable.
Cerré los ojos, inspiré profundamente y expulsé el aire en forma de largo y sonoro suspiro. Dejé que esa sensación me invadiera durante un largo rato, mientras mi mente se transportaba a un mundo inexistente.
Seguía sumida en mis pensamientos, cuándo una sombra se posó sobre mi rostro, obstruyendo el flujo de mis efímeras pero maravillosas vacaciones. Solté algo así como un gruñido y abrí los ojos lentamente, para encontrarme con una mirada gris pero extrañada, en lo alto de un cuerpo esbelto que yo veía al revés.
-¿Qué haces?-Preguntó, aunque la respuesta era bastante obvia.-El suelo no es sitio para siestas.
-Tsk, déjame en paz.-Repliqué, volviendo a cerrar los ojos.
-Levanta.
-No quiero.-Me opuse burlona.
-Niña infantil…-Me espetó, con tono seco pero mofándose. Se dio la vuelta para irse.
-Cállate, emo insensible.-Le devolví yo, y le impedí marcharse agarrando el extremo inferior de su tejano.
Volteó la cabeza y me miró.
-¿Qué?
-Túmbate. Se está bien.-Le ofrecí, abriendo un ojo para ver su reacción.
Arqueó una ceja y después de pensarlo, me dijo:
-No puedo simplemente tumbarme e ignorar mis responsabilidades.
Bufé con resignación.
-¿Por qué no? Descansar un poco no te hará daño. Encima que no duermes…
-Claro que duermo, ¿qué quieres decir con eso?
-Tus ojeras no dicen lo mismo.-Reí.-Y si duermes, lo haces bien poco… Además, apenas hablas y ni siquiera sonríes nunca… Pareces una planta.-Yo misma me sorprendí al decir eso.
-¿Una planta?-Mi conclusión le dejó un poco perplejo.
-¡Sí! Eres tan inexpresivo que pareces una planta.-Volví a hablar entre risas.-Vamos, ven.
Resopló y finalmente se sentó.
-Túmbate.-Ordené con una mirada amenazante.
Entornó los ojos y accedió. Situó su cabeza al lado de la mía y nuestros cuerpos quedaron en direcciones opuestas.
-¿Y ahora qu…?
-¡Shhht!-Le callé.-Cierra los ojos.-Lo hizo.
Estábamos en silencio. Oía su regulada respiración cerca de la mía. La brisa acariciarnos la piel. La voz de los chicos, en el interior del submarino. Pasos rápidos retumbar en la madera. El rugido de las olas al romper. Nuestros corazones latir casi al unísono. Quise que ése momento no terminara nunca. Era una sensación única, y sin poder evitarlo, sonreí.
Un rato después nos quedamos sentados uno frente al otro. Nos miramos y le dije divertida:
-¿Ha valido la pena o no?
-Digamos que no ha estado tan mal.-Me regaló una leve sonrisa, pero ésa vez no fue inquietante ni perturbadora, era cálida y agradable. Me sorprendió su acción y un rubor ocupó mis mejillas, sin embargo, le correspondí con otra sonrisa.
Apoyé mis manos en el suelo y me incliné hacia atrás alzando mi vista al cielo.
-El mar cambia a las personas.
-Yo diría que más bien hay personas que hacen cambiar a otras personas.-Me contestó él.
Ambos volvimos a juntar las miradas. Él seguía sonriendo, y yo le miré frunciendo el ceño e inflando mis mejillas.
-No sonrías.-Aparté la mirada, ruborizada.
-¿Q-Qué? ¿Por qué?-Preguntó, sin entender mis repentinos cambios de humor.
-Porque no es propio de ti, y porque tu sonrisa me da miedo.-Dije, volviendo a posar la vista en él.
-¿Y eso?
-Hum… Pues no sé, es inquietante, y te da aire de psicópata.-Reí de mis propias palabras.
-Quién te entienda…-Murmuró resignado, negando con la cabeza.
-Aunque al menos ahora sé que sabes sonreír.-Me zafé.
Me miró de soslayo haciendo una mueca y después se levantó.
-Bueno, ya es hora de volver al trabajo.
-En fin, espero que la próxima vez no cueste tanto convencerte.-Le ofrecí una última sonrisa y le observé mientras se alejaba.
Mi mente quedó nublada y no fui capaz de pensar en nada, así que me volví a acostar y me dormí sin darme cuenta.
¡Hola otra vez! Espero que os haya gustado este capítulo, me ha costado un poco escribirlo, pero he disfrutado haciéndolo:3
Cómo sabeis, ¡los reviews se agradecen!
¡Hasta el próximo capítulo!
