Van muriendo las estaciones, y él no se cansa de observarla a escondidas.
Se ha tachado de lunático, de psicópata, y es que su conducta así lo indica.
Como un espía encubierto ha sido testigo de su desenvolver, y puede dar cuenta de cuan hermosas son sus risas y cuanta satisfacción alberga por sólo oírla contenta.
Cuánta simpatía tenía la chiquilla escondida ...esa misma que gusta repartir entre sus cercanas, su selecto grupo de amistades femeniles.
Las mismas receptoras de una faceta al manifiesto única y exclusivamente para ellas, y es que lo arisca tal parece que lo lleva bien adherido a su esencia porque no importa cuánto intento se haga ni con cuánta gentileza se le trate, ella no tiene excepciones para nadie y no se presta tampoco para amabilidades forzadas.
¡Es tanto lo que ha conseguido aprender de ella!
Conoce los gestos que la definen como a la palma de su mano, por ejemplo, cómo parpadea seguido cuando una interrogante la desconcierta o recae en el nerviosismo; cómo se frota con la yema del dedo índice su labio inferior cuando piensa un ejercicio matemático o cuando escucha a alguien; le conoce sus suspiros largos cuando con el rostro sujeto en la palma de la mano, se muestra pensativa, tal vez nostálgica y aquí un bichito de curiosidad benigna llega para molestarle porque lo daría todo por adivinar qué embrollos trae en su mente, qué puede complicarla, si acaso tiene problemas en casa...y si acaso él puede ayudarla.
Sabe de memoria cuan adorable es su expresión cuando vergonzosa se le colorean las mejillas; cuánto empeño coloca en sus cuadernos para que su letra resulte bonita a la vista; cuánto se preocupa por sus cercanas al punto de correr a socorrer cuando divisa a alguna decaída; su expresión neutra, la completa falta de interés y hasta el timbre cortante, cuando alguien más ajeno a su grupo se acerca a hablarle; cómo se le achica la mirada y sus labios forman una sola línea rosada cuando está molesta; cómo respira por la nariz y abre un poco más sus ojos enarcando ambas cejas cuando algo la impresiona; y con qué sencillez abraza y se permite abrazar por quién obtenga dicho privilegio.
Puede jactarse de 'conocerla', y por irónico que parezca hace meses que no intercambia palabra con ella.
Y no porque no lo desee cuando al divisarla la halla sola, es la inseguridad, una maldita y risible falta de confianza la que lo planta ahí mismo, conformándose con sólo absorber su presencia desde lejos...
¡Es completamente insulso, ilógico, que al 'gran Saotome Ranma' le sea tan complicado saludar a una chica con naturalidad, lanzar un comentario cualquiera sobre la clase o algo por el estilo.
Pero es que con esa chica todo es distinto, todo le cuesta más porque no es como cualquier otra compañera de clase.
Ella es ella, y siente que todo debe ser perfecto, un fallo podría hacerlo quedar en ridículo o tal vez molestarla..., y toda posibilidad se le iría por la tangente.
Estaría sentenciado a espiarla en secreto como un loco hasta la graduación para luego despedirse de ella para siempre, conservando la esperanza insana de que al destino se le antoje reunirlos de nuevo en otra oportunidad, ambos más maduros, más seguros de sí, y entonces se mostraran entusiasmados por hurgar en la vida del otro, por compartir 'qué fue de ellos en estos años', y poco a poco el que nacieran el uno para el otro sería un hecho ineludible, y un día cualquiera le confesará divertido en un arranque de sinceridad que se deleitó durante los años de preparatoria admirándola como sólo se admira al amor platónico: Desde lejos y con una vana esperanza entre las manos; que adquirió conocimiento de sus mañas y expresiones y que hasta la seguía a la biblioteca sólo para observarla concentrada acariciarse con la yema de su dedo el labio inferior.
Entonces ella o bien se ríe junto a él diciendo sentirse halagada por el galán escudriño o bien lo manda directo al manicomio por claras muestras de psicopatía.
¡¿Pero, para qué ser negativos?!
Lo que importa aquí es el presente y nada más que el presente, el resto es sólo vómito de los monstruos que cada mortal lleva anidado dentro suyo. Sí, esos monstruos estorbosos que parecieran arrojarte al suelo con una zancadilla, burlones y perversos, nacidos del miedo y la inseguridad humanas.
El punto es; ¡¿Cómo saludarla?! ¡¿Cómo acaparar su atención 'naturalmente'?! Es cierto que se conocieron hace mucho en un choque inesperado, y que al día siguiente debido a las circunstancias, el intercambio verbal se dio aunque fue escaso, pero de eso ya no más.
Intentó acercarse a ella, pero sólo recibía excusas de que debía marcharse lanzando el implícito mensaje de que le importaba poco socializar con él.
Sin embargo quizás ahora todo haya cambiado, MESES han transcurrido desde aquel entonces y si se le nota afable con sus compañeras más cercanas, ¿Por qué con él debiera ser distinto? ¿O será que su dulce amada lo designa al otro grupo más amplio, al que no le dirige su sutileza ni sus muestras de encanto, excluyéndolo inmisericorde del selecto grupo de sus cercanos? Sí, muy probablemente así sea.
¿Qué hacer con el cosquilleo de sus manos al querer darle alcance? ¿Qué hacer con tantas palabras atoradas en el alma? ...Tal y como en aquel sueño que tuvo hace tiempo: Es ella una criatura inalcanzable, lejos de su tacto pero increíblemente aprehendida a su corazón.
¡Oh pero Saotome no se rinde ante nada!
Con el tiempo se le engendró un amor platónico hacia ella, lo cual le es un completo estorbo porque lo limita, le inyecta nerviosismo y esto le impide arribarla con el diálogo casual que tiene dispuesto.
Es absurdo, completamente absurdo que ella liquide su fortaleza y su confianza, convirtiéndolo en un ser tan dócil.
Si tan solo una de sus sonrisas fuera dedicada a él, si tan solo se le diera la oportunidad que demanda, si pudiera contenerla entre sus brazos y confesar cuánto la adora y la desea para sí, únicamente para sí, y ella sonrojada lo aceptara... mandaría al carajo el compromiso Saotome-Kuonji! ¡Al carajo el honor! ...
La invitaría a marcharse junto a él, lo abandonaría todo con tal de ser el receptor de sus afectos.
Si tan sólo ...ella volteara a verlo, sorprendiéndolo en el acto de contemplarla...si contara con el desplante suficiente para robarle un pedazo de su atención, seguro leería la verdad en sus pupilas, seguro las palabras sobrarían.
Si tan sólo...ella...volteara y clavara su mirada en él justo como lo hace ahora...
Continuará...
