¡Hola! Bueno, ha pasado... bastante tiempo. Siento mucho la espera, simplemente necesitaba una pausa, un inciso para volver a escribir con las mismas ganas con las que empecé, ya que me di cuenta de que la historia no me estaba quedando tal y como quería después de ver cómo había estado escribiendo los últimos capítulos... En fin, ¡que por fin he vuelto! ¡La inspiración ha regresado! Bueno, trataré de actualizar a menudo, aunque el instituto me traiga de cabeza... ¡Aquí tenéis el capítulo!
Nota: Nada en este fic a excepción de mi OC me pertenece, todo es propiedad de Eiichiro Oda y One Piece.
Llegamos a Shima la mañana siguiente, y a pesar de que Law se negaba y que mi cuerpo seguía adolorido, me decidí a acompañarle.
La isla no era nada fuera de lo común: algunos valles, bosquecitos y pequeñas montañas, y un diminuto pueblo en el centro. Nos dirigimos hacia allí, donde pensábamos encontrar al hombre del que me habló Law.
Al llegar, nos dimos cuenta de que era bastante más grande de lo que parecía desde lejos. Eran muchas casitas y varias tiendas, todas concentradas al pie de una montaña y a la orilla de un riachuelo.
-¿Cómo vamos a encontrarlo?-Le pregunté, sin estar muy segura de por dónde empezar.
-Preguntando.-Me mostró una foto de un hombre de mediana edad, con aspecto peculiar.
En la imagen se mostraba con el pelo ya emblanquecido por las canas, y su piel morena reflejaba el paso de los años, sin embargo, sus ojos conservaban un brillo joven y un color turquesa verdoso muy profundo.
Trafalgar, que por fin apartó la fotografía de mi mirada ensimismada, comenzó a andar hacia la tienda más cercana. Entramos y fuimos al mostrador, donde se encontraba una risueña anciana que nos saludó amablemente.
-Buenos días. ¿Qué se os ofrece?
Law me miró indicándome que hablara yo, y le correspondí con una expresión de "¡¿Y por qué yo?!"
Al final accedí y traté de parecer lo más amigable posible.
-Buenos días.-Forcé levemente una sonrisa.-¿Por casualidad no conocerá usted a éste hombre?-Le mostré la foto que me dio Law.
La mujer la tomó y frunciendo el ceño, se la acercó a la cara para observarla mejor.
-Hmm... No me suena.-Me devolvió la imagen.-Lo siento mucho.
-Oh, no se preocupe. Muchas gracias.-Le sonreí una última vez y nos dirigimos a la salida.
Preguntamos en la mayoría de tiendas del pueblo, pero no hubo suerte en ninguna.
Al final de la calle principal, apartado del pueblo y casi en la entrada del bosque, había un antiguo edificio bastante deteriorado. Conservaba su estructura de madera, aunque parecía que fuese a caerse en pedazos en cualquier momento. Pensamos que lo más probable era que estuviera abandonado, pero aun así decidimos entrar a echar un vistazo.
El interior era aún peor que el exterior. Montones de libros, estanterías y muebles tirados por el suelo, toneladas de polvo y telarañas, y apenas unos rayos de luz que se filtraban por las grietas que iluminaban el lugar.
No pude evitar un ataque de tos debido a aquella nube de polvo. Law me miró, seguramente preguntándose si ya habría enfermado.
En aquel momento, en el que tratábamos de abrirnos paso entre ese montón de objetos, escuchamos los pasos de una tercera persona crujir en la vieja madera. Volteamos en dirección al sitio de dónde provenía el sonido.
-¿Qué hacéis aquí?-Preguntó una grave voz con tono furioso. Un escalofrío me recorrió el cuerpo al instante.
Entonces, de entre la oscuridad, apareció un hombre mayor, con aspecto desgastado. Era casi tan alto como Law, quizás le superaba si no fuese por la chepa. Tenía un largo pelo y barba grises, y la vieja piel inevitablemente llena de arrugas y marcas de la edad.
Sentí algo de respeto y no quise hablar, por lo que esta vez lo hizo Law.
-Estamos buscando a este hombre, ¿lo conoce?-Le enseñó la foto, pero era obvio que el anciano no podría apreciarla des de aquella distancia.
-Marchaos de aquí.-Nos fulminó a ambos con la mirada.-Nadie es bienvenido en este lugar.
Al ver que no teníamos ninguna intención de irnos, optó por acercarse a nosotros y echarnos él mismo. Cuando pensaba empujarnos a la salida, Law volvió a mostrarle la foto, insistiendo.
-¿Conoce a este hombre?
-¡He dicho que...!-Pretendía volver a abroncarnos pero se detuvo en ver la fotografía de más cerca.-¿Hum...?
Abrió los ojos con sorpresa y tomó la imagen con rapidez. De pronto, su carácter se tornó extremadamente simpático, e incluso sonrió.
-¡Anda! ¡Pero si estáis buscando a Renzo! ¡Haberlo dicho antes!-Le dio una palmadita en la espalda a Law mientras se reía.
-¡¿Lo conoce?!-Exclamé entusiasmada.
-¡Bueno, él es el único al que dejo entrar aquí!-Soltó otra carcajada.
-¿S-Sabe dónde podemos encontrarle?
-¡Pues claro! ¡No vive muy lejos de aquí! Venga, vamos, vamos.-Hizo un gesto indicando que lo siguiéramos.
Miré a Law esperando su aprobación y asintió, así que acompañamos al hombre fuera del edificio. Nos llevó hacia el bosque y caminamos unos minutos por un casi invisible sendero. Y poco después, se divisó una cabaña de madera a lo lejos.
-Aquí es dónde vive.-Afirmó el hombre cuando alcanzamos la puerta de la casita. La abrió de un tirón sin llamar y volvió a hablar entusiasmado, ésta vez hacia el hombre en el interior.-¡Renzo! ¡Tienes visita!
Law y yo nos asomamos por el marco de la puerta y comprobamos que, efectivamente, era la persona de la foto. Volteó hacia nosotros y nos invitó a pasar:
-¡Adelante! ¡No os quedéis allí parados, que no tengo visitas cada día!
Entramos por la pequeña puerta, por la que Law tuvo que agacharse para pasar, y nos situamos en el centro de la habitación. Observé mi alrededor con atención: las paredes y el techo de la cabaña eran de los materiales más básicos, como madera y paja, sin embargo, parecían muy sólidos; tan sólo conseguía ver una única estancia, que era en la que estábamos, donde había una cama, una cómoda, un escritorio, una mesa pequeña, unas encimeras con armarios y algunas estanterías repletas de libros, por lo que supuse que era la única habitación de la 'casa'; había adornos y decoraciones a dondequiera que mirara, mayoritariamente eran extraños objetos exóticos o relacionados con animales.
El anciano que nos había acompañado actuó como si estuviese en su propia casa y fue a servirse un té él mismo, y después se sentó a escucharnos.
-Bueno, ¿y qué os trae por aquí?-Preguntó el hombre llamado Renzo.
Decidí empezar a hablar yo.
-Esto... Bueno, yo soy Kai y éste es Trafalgar Law y hemos oído que usted está bastante especializado en las Frutas del Diablo.
-Ah... piratas, ¿eh? Siempre vienen por esto.-Sonrió de lado.-En fin, ¿qué es lo que estáis buscando?
-Queremos saber quién es el usuario de ésta fruta, la Jigen-Jigen no Mi.-Ésta vez habló Law, y le entregó los documentos sobre la fruta que había visto el día anterior.
-Hmm...-Los hojeó un poco.-Veo que has investigado por tu cuenta...-Le miró de reojo.
-¿Y bien? ¿Sabes quién puede ser?
-Lamentablemente, ésta fruta se ha descubierto hace poco y es muy difícil conseguir información sobre el usuario en tan poco tiempo.
-Ya veo.
Bajé la vista algo decepcionada.
-De todas formas,-Habló Renzo de nuevo.-¿no sois muy jóvenes para meteros en la piratería y estas cosas?-Me miró.-¿Cuántos años tienes?
-C-Casi 21.
-Je, lo que te decía. Eso me recuerda...-Suspiró.-Mi hijo tendrá más o menos tu edad, y también se fue solo por ahí. A saber dónde estará ahora...
-¿Tienes un hijo?
-Así es. De aquí poco hará tres años que se fue.-Levantó la vista al techo, con una expresión algo nostálgica.
-¿C-Cómo se llama tu hijo...?-Tragué saliva, rezando para que no dijera lo peor que me esperaba.
-El nombre se lo puso su madre... Ella quería que llevara una parte de mí, así que le llamó Ren. Es bonito, ¿verdad?
Bueno... después de tanto tiempo, espero no haber perdido facultades xD Ya sabéis que acepto cualquier sugerencia y crítica, y podéis indicarme cosas a mejorar, lo agradezco mucho ^^.
Espero que mis lectores sigan leyéndome después de todo este tiempo... ¡Gracias a todos los que aun seguís aquí!
