En una casa muy sencilla y humilde, habitaban un padre y su pequeño de 8 años, más un pequeño cachorro llamado Rudolf. Este animal era el mejor amigo del pequeño Cub, cada noche dormían juntos, Cub en su cama y Rudolf debajo de este.
Una noche llego la lluvia, los truenos y relámpagos asustaban mucho al pequeño y al perro, Pop los calmo leyéndoles unas historias de ositos en el bosque…
-y fin…bueno pequeños, es hora de irse a dormir- Pop llevo al pequeño a su cama y lo dejo recostado para que descanse- buenas noches- dijo apagando la luz.
El pequeño aun no podía conciliar el sueño, pero más miedo le dio el no saber si Rudolf estaba debajo de su cama…
-¿Ru Rudolf…?- dijo mientras acercaba su mano al borde de la cama, para luego introducirla debajo de esta. Era una forma muy común en él para saber si el animal estaba ahí, ya que el perro le lamia la mano para indicarle su presencia.
Llevó lentamente la mano hacia donde debería estar en canino, lo acercó más pensando en que no se encontraba con el perro, pero en eso, una áspera y babosa textura rozo la palma de la mano de Cub…
-vaya Rudolf, me distes un susto. Pensé que no estabas aquí conmigo- dijo ya más tranquilo en pequeño. Dando fin a su temor, cerró sus ojos para dormir plácidamente con su querido amigo.
Ya era de día, los rayos del sol iluminaron el rostro del pequeño haciéndolo bajar de la cama presuroso para desayunar sus hojuelas de chocolate…
-¡papá, papá, ya estoy despierto!- dijo el niño bajando y corriendo hacia la cocina
-¡vaya, pero que animado estas!- dijo el padre mientras sacaba la caja de cereales- sabes Cup, me siento mal por lo de anoche, no me di cuenta pero…- un ruido interrumpió la conversación de padre, el ruido que hace la puerta de madera por donde entraba Rudolf. Cub miro asombrado por unos momentos al perro…
-¿eh, como apareciste aquí Rudolf?- pregunto el pequeño, a lo que su padre contesto
-¿no te diste cuenta?, Rudolf durmió en su caseta toda la noche…
