En un orfanato, dos hermanas se encontraban en su habitación. Ambas temerosas de la oscuridad, y más cuando llueve en las noches con truenos y rayos.

Petunia lloraba entre su almohada, apagando sus sollozos en este, pero Giggles podía oírla…

-tranquila Petunia, todo estará bien- le dijo tratando de calmarla, pero esta no soportaba los estruendos del cielo- pronto la tormenta acabara, tranquila-

-tengo mucho miedo…en serio- sus sollozos empapaban toda su almohada

-mira, aremos esto- Giggles extendió su mano hacia la de su hermana, está la tomo y le dijo- cada vez que tengas miedo, recuerda que yo siempre estaré aquí, y si no me ves toma mi mano, así sabrás que nunca te dejare, ¿de acuerdo?-

-d de acuerdo…- dijo con una hermosa sonrisa en su rostro. Luego de eso ambas hermanas se durmieron.

Habían pasado dos semanas, y una tragedia llego al orfanato. Muchos niños habían caído en una enfermedad mortal, algunos todavía luchaban para vivir.

La enfermedad atrapo a la hermana menor de Petunia; Giggles. Ella permaneció en una habitación restringida al igual que otros niños durante dos semanas. Petunia iba a visitarla cada mañana y antes de irse a dormir…

-veras que te recuperaras- le dijo la oji azul mientras besaba la frente de la pequeña

-tranquila, es solo un simple refriado- dijo la pequeña con una sonrisa muy tierna

-niños, ya es hora de dormir- dijo una de las monjas alertando a los niños que aún permanecían fuera. Antes de irse, le dio otro tierno y cálido beso, luego se dirigió a su habitación para descansar.

La noche era igual casi todos los días de otoño, las fuertes lluvias y los truenos desesperaban a la peli azul. Se cubría con su manta pero de era igual, el miedo no la dejaba tranquila…

-tengo mucho miedo, Giggles recupérate pronto- decía entre llantos- te extraño hermanita- dijo mientras abrazaba más su almohada…pero en ese momento, escucho como los resortes del colchón eran aplastados en la cama de al lado- ¿Giggles?- pregunto. La habitación era muy oscura, ni la vela más grande podría iluminar la habitación.

Se levantó de su cama, llevó las manos hacia la cama continua con los brazos extendidos para no tropezarse. Llego al lado y comenzó a sentir las sabanas…nada.

Regreso a su cama, pero luego volvió a escuchar el rechinar del colchón, pero esta vez fue más terrorífico

-Petunia…estoy bien, no te preocupes por mí- era una voz muy tierna, muy cálida y frágil, era igual al de su hermanita

-Giggles… ¿eres tú?- pregunto, pero no hubo respuesta. Petunia trago saliva, decidió recostarse en su cama y pensar que lo que había ahí era un sueño, más no fue así. Una mano tomo la suya, como lo hacía su pequeña hermanita, la apretó haciéndola sentir su calidez, como diciéndole que dejara de llorar, que dejara de temblar y que se calmara- Giggles… ¡gracias al cielo que estas aquí, tenía mucho miedo!- la mano la apretó más, esta vez Petunia se entusiasmó tanto que cayo dormida, feliz y más calmada.

Era de día, un inicio para todos en el orfanato. Petunia abrió sus ojos y se dio cuenta de algo muy extraño…

-¡eh?...¿Giggles?- el cuerpo de su hermana estaba recostado en una camilla, cubierta de sabanas blancas cubriendo hasta su rostro. A un lado, las monjas rezaban y oraban por la difunta- no…esto no…-

-fue una niña muy dulce, que desgracia el haberla perdido- dijo una monja

-lo sé, es muy dolorosa su perdida- dijo otra con un crucifijo en sus manos

-su muerte fue más trágica que la de hermana…y pensar que Petunia murió dos años atrás-

Los ojos azules se llenaban de lágrimas, derramando por su blanca y pálida piel, pero en eso sintió una mano tomándola de la muñeca. Dio una vuelta para encontrarse con su hermanita

-hola Petunia- dijo la peli rosa con una gran sonrisa

-hola…Giggles- dijo algo incrédula la peli azul

-ahora estaremos juntas, ya no tendrás por qué esperarme más- la tomo de la mano, luego la jalo hacia la puerta que daba su habitación y entraron. La puerta se cerró con llave por dentro, nadie logro abrirla ni con su propia llave. Esa puerta permaneció cerrada…hasta la actualidad.