Parecía que aquel hombre no tuviera límite para hablar...

- Están locos. -dijo mirando el frente de batalla a unos 300 metros de distancia- Atacar a un soldado entrenado aunque tengas un arma es una locura.

- Es preferible la muerte. Paals es un infierno -respondí mirando al frente. En nuestro camino se interponía un espacio en el que un grupo de soldados empezaban a desplegar portales que enlazaban los laboratorios de PSICOM con el Despeñadero. Había visto y aprendido a hacer enlaces, pero nunca los había utilizado en la práctica. Se utilizaban para transportar bestias de los criaderos hasta el lugar donde fuesen necesarios. Aquellos soldados tenían mejores armas que las que llevábamos, pero también una nave, que era lo que más me interesaba.

- No sería muy diferente, no estamos precisamente en un paraíso. -respondió, y lanzó luego un grito ahogado al ver que de los portales salían grandes criaturas en cuatro patas, rojos y parecidos a lobos robustos.

- Son pacificadores domesticados, nada de qué preocuparse. -Estaban trayendo a las criaturas en aquel lugar para luego transportarlas en grandes naves con plataforma. Esta era la oportunidad.

Le pedí silencio con una seña al hombre y nos acercamos sigilosamente. En el momento más oportuno lancé mi ataque. Por primera vez aquel hombre hacía algo útil además de hablar, pues acabó desde la distancia con casi todos los pacificadores y con dos soldados. El resto corrieron por mi cuenta, pero estaba bastante bien. Por supuesto, no se lo diría. Cambiamos las armas por unas mejores, desacoplé los portales y los guardé. En algún momento podrían resultar útiles.

- Vamos a tomar una de estas plataformas -le dije, pero en ese momento varias naves sobrevolaron y una de ellas lanzó un ataque contra nosotros al ver a los soldados caído- ¡Corre! -exclamé, buscando refugio entre los escombros de un vagón cercano, hasta que el peligro pasó. No parecíamos ser demasiada amenaza en comparación con los frentes de batalla cercanos.

- ¿Pueden dejarnos en paz? -preguntó inútilmente él, y cuando salimos de nuestro escondite, la nave parecía estar esperándonos, pues volvió a atacarnos hasta explotar una de las plataformas de transporte, y luego la segunda. La onda expansiva nos hizo caer al suelo, y el impacto derribó la vía ferroviaria por completo. El suelo bajo nuestros pies comenzó a ceder.

- ¡Corre! -exclamé, mientras la vía del tren caía al vacío, hasta que nos pusimos a salvo en una zona estable.

- ¿Tenemos que regresar ahora?

- No hay tiempo -respondí.

- Entonces, ¿qué hacemos?

- Tú, puedes hacer silencio -me acerqué al borde y activé con un chasquido de dedos mi Grav-Con para saltar al otro lado. No me importaba demasiado qué haría aquel hombre por su cuenta. Quizá pudiera volver por él más adelante, aunque la verdad no creía que le agradaría seguir mi camino cuando se enterase hacia dónde me dirigía. Pero cuando mi cuerpo comenzó a emitir el característico brillo, y mis pies se elevaron del suelo, él me tomó desesperado con ambos brazos, gritando como un gato desamparado.

- Espera, no me vas a dejar aquí.

- Suéltame -le ordené empujándole. No quería hacerle daño.

- Eres mi única esperanza de salir de aquí -replicó, todavía asido fuertemente, hasta que me lo quité de encima con un golpe que seguramente no olvidaría. Pero era inútil, ya se había desactivado la tecnología AMP y mis pies volvieron a tierra.

Sé que mi rostro no refleja usualmente demasiada empatía, pero creo que pocas veces he mirado a alguien con tanto desprecio.

- Podrías usar esa -dijo, señalando a otra plataforma que se acercaba a la zona donde estaban las anteriores, quizá buscando inocentemente otro grupo de pacificadores, o para evaluar los daños- Pero dime, ¿hacia dónde pretendes ir?

Le di la espalda molesta y me acerqué a la nueva plataforma con cuidado de ser vista, seguida de aquella molestia de hombre. No quería alertar a nadie, así que desde mi posición encubierta pude ver que en la plataforma había un oficial de alto mando de PSICOM, con una armadura acorazada. Las armas comunes no harían demasiado efecto. Además, también podía utilizar antimateria, seguramente.

- Este será un poco más difícil. Te vas a encargar de los soldados a su alrededor, yo voy por el grande. No le dispares mientras yo esté cerca -le advertí.

- No soy estúpido. -dijo. Y así me dejé ver desde la plataforma. Al percatarse de mi presencia, el mayor activó su Grav-Con para arremeter en mi contra mientras escuchaba los disparos contra los soldados. Utilizando su propia velocidad en su contra, lo esquivé y dirigí su caída a los escombros de una de las plataformas destruidas. El fuego le obligó a quitarse el casco, una oportunidad de oro que no dejé pasar, y bastó con un golpe seco en la nuca para aturdirlo. Pero se puso de pie de nuevo y le apunté directamente al rostro, mirándolo a la cara. Un rostro vagamente familiar.

- No quiero hacerte daño -le advertí.

- ¿Cabo Farron?

- Sargento. Ex-Sargento.

- Impresionante -dijo bajando los brazos sigilosamente- siempre supe que llegaría lejos.

- No crea que voy a bajar la guardia, teniente Bard. -le espeté, acercando el arma a su rostro y con la mirada fija en sus ojos. Volvió a subir los brazos y cambió la sonrisa fingida- Su traje acorazado parece cómodo, ¿verdad?

Y así, vistiendo su acorazado y portando su arma, dejando detrás a 4 soldados caídos y 3 heridos, subimos a la plataforma y escuché de nuevo la voz y las preguntas molestas de aquel hombre.

- Así que, soldado. ¿Cuál es tu objetivo? -no respondí, seguía caminando hacia el mando y ya frente a él comencé a estudiarlo- ¿Acaso es información clasificada? ¿Qué pasó? ¿Renunciaste acaso? Tengo entendido que los militares y hasta la familia de militares que estuvieron en Bodhum ese día fueron eximidos de la Purga. Así que dime...

- El fal'Cie de Paals. Llegar allí, ese es mi objetivo -dije, adivinando su expresión y encendiendo el mecanismo para movilizar la plataforma- ¿qué tal? ¿Te alegras de haberme seguido?

- No tenía muchas opciones -dijo. Su expresión no era la que esperaba cuando volteé a verlo. No tenía miedo, tan solo parecía confundido. Una reacción interesante, pues los fal'Cie eran entidades poderosas muy misteriosas, y el fal'Cie de Paals era el más temido. Había sido por el miedo a él y a los que habían estado cerca que empezó la Purga en primer lugar. Otro en su lugar habría estado aterrado con la perspectiva de ir a su encuentro.

Pero aquel fal'Cie había infectado a mi hermana, y no podía perdonárselo.

- ¿Estás loca? Paals es un mundo salvaje y peligroso, y su fal'Cie es peor aún -dijo casi gritando.- Pero si vas a buscarlo, ¿es que acaso eres...?

- ¿Cómo lo sabes? ¿Lo conoces? Y aún así, ¿qué te importa? Puedes bajarte de la plataforma si lo deseas -le dije, señalando al teniente Bard y sus hombres desarmados.