Bocetos
Cerró los ojos e intentó bloquear sus sentidos, esto no era más que un mal sueño, no podía estar de vuelta, la semana había pasado hace meses, él ya no era parte de esta dimensión, de este universo, él pertenecía a otro mundo, otro tiempo, otro nombre… Tony.
"Te dije que esto no era una buena idea Howard"
No podía evitarlo, seguía escuchando la voz de Peggy y por aquel tono de voz podía jurar que estaba a nada de soltarle un golpe a Howard. Esto no era una pesadilla, mucho menos un sueño.
"Es normal, está acostumbrándose a la realidad"
Y esa voz, esa maldita voz tan parecida a la de Tony, Steve sintió un nudo en la garganta y jadeo intentando pescar una bocanada de aire que lo mantuviera en pie, un súbito dolor intenso de cabeza hizo que se tambaleara notablemente, una mano firme lo tomó de la muñeca, otra mano suave se apoyó en su mejilla.
Steve sin pensarlo se retiró bruscamente del tacto de Peggy, él no pertenecía a ella, jamás perteneció realmente a ella. "Tony" murmuró patéticamente entre llanto.
"¿Qué es lo que dice?" Howard preguntó curioso.
"No importa que diga Howard, está en una maldita crisis nerviosa" Peggy mordía agresiva las palabras "No se te ocurra jamás volver a experimentar con él, eres un bastardo egoísta y no te preocupa sacrificar la estabilidad emocional de él ni de nadie con tal de probar tu ciencia"
Sí, Peggy estaba enfurecida y por el tono de voz Steve la podía imaginar, sus ojos letales y sus labios llenos formando una línea recta, no, no podía permitir que Peggy le negara esto, es más, tenía que buscar la manera de engañarlos y hacerlo creer que debía regresar.
Sí, debía pensar en frío, volver y contarle todo a Tony, Tony de seguro sabría que hacer e inventaría una manera de mantenerlo en esa dimensión por siempre.
Abrió los ojos de golpe.
"¿¡Steve?!"
"Estoy bien" alcanzó a decir aún con los ojos húmedos. Reunió todo su esfuerzo para forzar una débil sonrisa, Peggy sonrió al verlo reincorporarse.
"No se te ocurra volver a hacer esto" Peggy dijo amenazante y en otro tiempo, antes de esto, Steve hubiera asentido y obedecido cualquier orden o consejo autoritario que Peggy hubiese hecho, sin embargo el Steve que se había ido no era en lo mínimo al que había vuelto.
"Debo volver" dijo sincero intentando no sonar tan desesperado, Howard lo miró incrédulo.
"¿No pudiste completar la misión?"
"Sí, no, bueno… no completamente, es solo que…" Y un mareo lo agitó haciéndolo caer, Howard fue demasiado lento para lograr sostenerlo, sintió el duro y gélido mármol bajó él, la voz de Peggy exaltada, unos tacones corriendo a lo lejos y la mano áspera de Howard sobre su hombro, todo comenzó a sentirse lejano, tan difuso….
Cayó inconsciente.
Sintió un calor placentero en su mejilla, abrió lentamente los ojos, contempló un espacio amplio, limpio, un sonido constante y una ventana amplia, las ramas de un árbol se agitaban en el exterior.
"Steve"
Era la inconfundible voz de Peggy, la realidad lo abrumó, sintió un apretón ligero en su mano y la proximidad del aliento de ella en su frente, un suave beso en la comisura de sus labios, sintió su estómago revuelto, y ese amargo sabor de nostalgia.
Tony.
"¿Qué paso?" preguntó en voz tenue.
"Caíste inconsciente, te hicieron varios exámenes y parece que todo está en orden"
"Perfecto" dijo intentando sonar animado, pero bien lo había dicho Stark hace unos meses, Steve era pésimo mintiendo, Peggy lo sabía, también se lo había repetido en varias ocasiones, sin embargo decidió ignorar la mirada consternada de Steve y asintió.
"Vámonos a casa"
La siguiente semana fue un infierno para ambos.
Steve no podía soportar estar cerca de Peggy, no porque no le gustara físicamente o porque no la quisiera, sino porque cada segundo que la tocaba, ya sea el más ligero roce o inclusive un beso húmedo, la imagen de Tony aparecía en su mente.
Cuando contemplaba a Peggy recostada sobre un sofá blanco, vistiendo su falda azul con vuelo y una blusa translucida blanca, su cabello castaño suelto y sus ojos fijos en un libro, antes solía dibujarla desquiciadamente porque el simple encuadre del momento era arte para él, ahora cada que levantaba sus ojos azules no podía evitar recordar a Tony sobre el sofá rojo, con las piernas cruzadas, una playera oscura con algún estampado desconocido, su cabello castaño entrecano revuelto y su vista fija en algún aparato electrónico. Sonreía, estúpidamente sonreía cada que en su mente veía a Stark, comenzaba a bocetar el sillón, con la vista fija en Peggy y al final del dibujo no era nada más que otro boceto de Tony.
Era compulsivo, un infierno obsesivo compulsivo.
Peggy por el otro lado lo contemplaba viéndola y dibujando y a veces creía que tal vez todo había vuelto a la realidad, sin embargo a veces de la nada Steve cerraba e golpe el cuaderno y se iba del espacio, inclusive del apartamento. A veces sí concluía los bocetos con una sonrisa nostálgica, sin embargo jamás se los enseñaba.
Y eso era lo más extraño de todo, ya que Steve amaba dibujar, lo hacía diario y siempre mostraba sus bocetos, al menos a ella. Tenía esa extraña y adorable costumbre de hacer cientos de dibujos de ella y mandárselos por correo postal cada 17 de mes, cada aniversario mensual.
Steve no era el mismo y esta creciente curiosidad de buscar sus cuadernos de dibujo y ver que bocetaba la estaban matando día a día.
Además de la curiosidad de los bocetos, buscaba una explicación al cambio del Capitán, su mente arrojaba demasiadas ideas, todas justificando a Steve y silenciando su sexto sentido. La cruda verdad era que tenía un presentimiento tortuoso que le quitaba el sueño, Steve era el mismo con todas las personas menos con ella, en la lógica femenina solo se puede significar una cosa.
1 – Conoció a alguien más.
2 – En aquella dimensión ella había hecho algo hiriente en contra de Steve.
Pero conocía bien a Steve y sabía que él jamás la apartaría de esta manera por algo que ella no había hecho, al menos no en esta dimensión, la característica principal del hombre era la justicia, lo cual hacía más factible el punto número 1. Steve había conocido a alguien más, y era tan justo que inclusive buscaba brindarle un respeto en esta dimensión donde la otra mujer de seguro ni siquiera existía.
Peggy cerró los ojos de golpe, no. Si permitía que su mente se infectara de estas ideas los celos comenzarían a crecer hasta formar una enorme bola de nieve que aplastaría a Steve tarde o temprano. Sin embargo era tan inevitable, la indiferencia de Steve era asfixiante para ella.
Escuchó la puerta del apartamento cerrarse.
"Ya llegue" era la voz neutral de Steve, caminó hasta la cocina con las bolsas del mandado.
"Nunca te pregunté ¿Estaba yo allá?"
Steve se atraganto con su propia saliva al escucharla, tocio audiblemente.
"No" contestó intentando huir de su mirada.
"¿Estaba alguien más?" preguntó intentando sonar casual y entonces en ese instante Steve supo que debía ir con Howard y convencerlo de hacerlo volver, porque Peggy no era tonta y en menos de una semana le sacaría cada palabra de verdad y no podía, no debía permitir que nadie se enterara que en aquella dimensión estaba casado con un hombre.
Mucho menos con el hijo aún no nacido de Howard.
"No importa" intentó sonar convincente y sacó una olla para hacer café.
"A mí me importa"
"Peggs, no hablemos de esto"
"¿Por qué evitas el tema? Han pasado semanas, dime… ¿Qué te da tanto miedo decir?"
Justo en el clavo.
No era miedo, era pánico.
"Nada"
"No mientas Steve" Peggy estaba alterada, se había mantenido firme y sonriente todo este tiempo, inclusive cuando Steve no llegaba al apartamento, cuando Steve ni siquiera la besaba una sola vez en todo un día, cuando Steve se la pasaba en la casa de Howard, no entendía esa cercanía que Steve había desarrollado con Howard y con María, todos los días iba sin falta a la mansión Stark ya sea a comer, o cenar o simplemente platicar un momento.
"¿Por qué vas tanto con Howard?"
"Ya te dije, lleva una bitácora de todo lo del viaje dimensional"
"¿Y Bucky?"
"Él es solo mi amigo" Steve dijo en voz calmada y con mirada sincera, Peggy lo miraba desafiante.
"Dime porque no me enseñas ninguno de tus dibujos" Demandó ya con ojos llorosos.
"No es importante Peggs, disculpa, he andado algo distraído" Steve dijo intentando sonar convincente y dio un paso hacia ella, entonces Peggy explotó.
Explotó en un llanto amargo, en una rabia contenida y estúpidamente se dejó abrazar por el hombre que amaba, esperando que tal vez verla tan destrozada cambiara todo para bien, que Steve se diera cuenta de la importancia que tenían sus actos en su vida y que la amara tal y como solía hacerlo hace no más de 3 meses.
Ese quiebre emocional solo empeoró todo.
"Te digo que de verdad necesito volver"
"No lo sé Steve, realmente ya tengo todo lo que necesitábamos" Howard dijo sincero dándole un largo sorbo a su bebida, Steve intentó no mostrar su tristeza o el yugo asesino de sus palabras.
"Hay algo que deje inconcluso" Steve confesó y Howard levantó la mirada intrigado.
"¿Qué?"
"Algo personal"
"Convénceme" Howard sonrió ególatra y Steve sintió una oleada de coraje y adrenalina.
"Alguien depende de mí"
"Steve, a veces no es siempre bueno ser un héroe ¿lo sabes?" dijo ya algo ebrio y se sentó en el piso justo debajo del sofá donde Steve estaba sentado.
"¿A qué te refieres?"
"A veces las personas se hacen fuertes o crecen no porque alguien estuviera con ellos, sino porque precisamente no lo estuvo" dijo con una sonrisa sincera y Steve sintió un brincoteo en el pecho porque mierda, en 7 meses con Tony jamás había mencionado a Howard. Sintió una agitación al recordar toda la vida de drogas y alcohol, sexo y excesos que había llevado, desde los 16 años… ¿Dónde mierda estaba Howard en esos momentos?
Sintió un enojo creciendo en su interior.
"No creo que sea lo mejor, abandonar a alguien a quién amas"
"Las lecciones de la vida entran con sangre y alcohol" dijo cínico y Steve intentó no darle una bofetada, porque mierda, por esas ideologías estúpidas y destructivas Tony había pasado años en prisión, años en rehabilitación, años soportando un desprecio social constante, ataques de idiotas que sí tuvieron un maldito padre que estuviera a su lado.
"Necesito volver Howard, y tú me vas a ayudar" Steve dijo decidido y molesto, Howard abrió los ojos algo impactad porque jamás creyó encontrar algo de carácter rígido dentro de alguien tan dulce como Steve.
"A cambio de que me digas el nombre de la persona por la cual quieres volver"
Un viento helado se coló en su garganta, sintió dificultad para respirar, intentó mantenerse firme y no huir de la mirada castaña de Howard.
"Pepper, Pepper Potts" Mintió.
Y por primera vez en toda su vida, mintió de manera convincente.
Howard asintió, estaba a punto de ponerse en pie cuando María atravesó la sala caminando de prisa, llevaba un abrigo negro largo de alguna piel exótica y tacones de aguja, Steve intentó no verla a los ojos, sin embargo falló patéticamente, la forma de ojos y las cejas de María eran idénticas a las de Tony. Su estómago se revolvió placenteramente, sintió una agitación interna.
"Hasta mañana señora Stark" Steve dijo sonriente y María sonrió gélidamente, cerró la puerta tras de ella.
Steve volteo a ver algo sorprendido a Howard.
"¿Todo bien?"
Howard torció los ojos con una cínica sonrisa.
"Ella quiere tener hijos, yo no. Ya lo aceptara"
Y esas palabras sacudieron su alma.
"¿Por qué no?" Steve preguntó angustiado, sonó mucho más interesado de lo que realmente debió sonar.
"Son unos pequeños succionadores de tiempo y vida"
"Pero… pero un hijo de ambos, sería magnífico" Steve de nuevo, hablaba sin pensarlo. Howard lo volteo a ver analítico, lo observó durante breves segundos y después abrió los ojos en sorpresa, maldijo emocionado.
"Mierda, ¿Cómo no lo vi? ¡¿Conociste a mi hijo en la otra dimensión!?"
Oh no.
Steve y su maldita incapacidad de mantenerse callado.
"No… yo, digo… sí. No, no de cerca" mintió nervioso.
"'¿Cómo era? ¿Siguió al mando de Stark Industries? ¿Era ingeniero como yo? ¿Era un genio?" Y como siempre todas las preguntas de Howard eran erróneas.
¿Por qué jamás preguntaba si Tony había sido feliz?
¿O si tenía esposa?
¿O hijos?
¿O si había impactado al mundo para bien?
No, Howard jamás podía quitar su vista de lo que él amaba, tan egoísta y consumido por sus propios sueños que no tenía tiempo de contemplar lo de los demás, Steve tragó difícilmente.
"Lo conocí por los periódicos, no tuve realmente contacto con él"
Mentira.
"Oh, es una lástima. Habría sido una buena compañía"
No tienes ni puta idea… Steve pensó con una traviesa sonrisa mientras su mente mostraba descaradamente recuerdos vívidos de Tony desnudo sobre la cama, su espalda arqueada y sus labios entreabiertos.
Lo siguió escaleras abajo a su taller.
"Steve… y precisamente ¿Qué es de ti esa tal Pepper Potts?" Steve tragó difícilmente.
"Mi esposa" mintió de nuevo y Howard se mostró sorprendido.
"¿Peggy sabe?"
"No"
Howard asintió de nuevo pero no dijo nada más.
Peggy pasaba otra noche sola, había perdido ya la cuenta. Eran más las noches y los días sin Steve que los días con él, y cuando él estaba parecía todo estar bien hasta que ella lo intentaba tocar o besar, entonces el cuerpo de Steve se tensaba naturalmente y comenzaba a inventarse razones ya sea para dormir o para escapar.
Peggy le dio un largo trago al whiskey porque por primera vez sintió que había alguien entre ellos.
Ellos, la pareja perfecta del siglo.
Había reportajes, programas, inclusive un documental de ellos. Era el amor inquebrantable, la historia trágica entre una teniente y un capitán, un amor que sobrevivió a la segunda guerra mundial.
Vaya estupidez.
Peggy terminó de otro tragó su whiskey, la garganta quemándole los sentidos.
Debía dejarse de estupideces e irse a dormir, tal vez solo era cuestión de tiempo, tal vez Steve volvería a ella súbitamente, así como se había ido.
Tenía la esperanza que así fuera.
Caminó con dificultad hasta la habitación, tropezándose con todo lo que había a su paso, soltó inclusive una risa histérica entre la ebriedad y la euforia, aventó el grueso edredón hacía el piso abriéndose camino entre la cama helada.
Un sonido sordo se escuchó en el piso, se levantó curiosa y gateo hasta encontrar a la orilla de la cama el cuaderno negro de piel de bosquejos de Steve.
Había caído abierto mostrando la pasta hacía arriba.
Sintió un escalofrió de adrenalina corriéndole por la columna, quería abrirlo…
¡No, Peggy, No!
Eso sería violar su privacidad, si Steve no había tenido la confianza de mostrárselos era por alguna razón personal y ella debía respetarla.
Sin embargo… Tal vez ahí encontraría respuesta a todas sus preguntas, a todos aquellos demonios que la estaban consumiendo día a día.
¿Pero y Steve, qué diría cuando se enterara?
No, no se iba a enterar. Iba a ser solo un secreto que ella guardaría por siempre.
¿Y si no podía?
Claro que podría… ¿Qué tan malo puede ser después de todo? Son solo dibujos…
Y entonces Peggy tomó el cuaderno de bocetos y encendió la luz.
