¿Cómo nadie se daba cuenta de que Snow tan solo fingía? Fingía seguridad, fingía su voz, fingía sus movimientos, hasta fingía demostrar interés o cariño. Desde un principio pude ver en sus ojos esa doble cara que siempre había odiado.

Cuando mi madre se levantó para unirse a su grupo, traté de retenerla pero fue inútil. Entre tantas cosas que habían ocurrido, ahora ni siquiera la tendría cerca. Y pensar que saldría a jugarse la vida por querer actuar de heroína me desconcertaba aún más. Nora nunca había sido demasiado prudente, pero ésta vez rayaba en lo absurdo.

El arma que quiso alcanzarme Snow la había tomado Vanille, quien hacía un tiempo me había comenzado a hablar, quizá tratando de calmarme. Yo apenas la escuchaba, profundo en mis pensamientos, aunque tengo que reconocer que su voz era relajante. De alguna manera su actitud, su completa forma de ser, no terminaba de encajar con la de un exiliado. Para ser una adolescente despojada de todo y expatriada, parecía demasiado... ¿Alegre? ¿Optimista?

- Ven, si estás tan preocupado podemos ver lo que ocurre desde allá arriba -me dijo. Señalaba a una plataforma elevada, desde donde podría verse un poco mejor lo que ocurría en el frente de batalla.

- ¿Dónde están tus padres? -le solté.

- Ven, vamos. Yo también quiero ver -replicó mientras me tomaba de la mano para arrastrarme a la plataforma, y hablaba sin parar afirmando que nadie le creía que tenía 19 años y que hasta yo me veía mayor que ella- ¿Qué edad tienes, por cierto?

- Catorce.

- ¿No eres muy hablador, verdad?

"No tanto como tú", pensé. En realidad no sabía qué era lo que esta chica quería conmigo. ¿Le gustaban los chicos menores? Era linda, pero...

- Te lo dije. Se ve todo desde aquí -dijo cuando finalmente terminamos de trepar las plataformas hasta llegar a la última- Ahora vamos a buscar a tu mamá.

- Dile Nora, mejor -repliqué, sin siquiera intentar sonar menos irritado de lo que estaba.

Cuando reconocí el cabello color plata de mi madre pude calmarme. Estaban siguiendo toda una línea hasta un tren vecino, donde se libraba otra batalla. Supongo que buscaban unir ambos grupos, pero tal como lo veía yo era una estupidez: ir directo hacia los disparos.

Snow dirigía el paso, seguido de sus amigos, otro de su grupo cuidaba las espaldas. Y Nora, junto a los otros refugiados abrían fuego solamente cuando habían enemigos imprevistos a un lado o al otro de la autopista donde transitaban. Pero al llegar a la zona de batalla, se cubrieron con cuantos escombros encontraban y empezaron a lanzar proyectiles. Ella al parecer pronto se quedó sin municiones pues fue una de las primeras que dejó de disparar y al poco tiempo devolvió el arma.

"Mejor así", pensé "Quédate allí resguardada". Pero ella no dejaba de moverse, me ponía nervioso su inquietud. ¿Acaso no podía mantener la cabeza baja? Y Snow no le decía nada.

- ¡Oh, Dios! -exclamó Vanille. Se acercaba a ellos un tanque aéreo. Cuando abrió fuego, los proyectiles se escuchaban hasta donde estábamos.

- ¡Cúbrete! -grité, con lágrimas en los ojos. Inútilmente.

Justo entonces, mientras Nora se cubría, Snow parecía dispuesto a suicidarse: abrió camino abiertamente hacia la nave cuando ésta dejó de disparar. Nuevamente, la nave abrió fuego y Snow se lanzó al suelo.

- ¡Va por el lanzacohetes! -gritó Vanille- ¡Cúbrete!

- ¡Mamá! -ahí iba ella también, temerariamente detrás de Snow. Abriéndose paso entre los disparos que todavía escucho en mi cabeza en ocasiones, tomó el lanzacohetes y mientras la nave cesaba el fuego y comenzaba a cargar un arma de pulso, disparó y pude ver el recorrido del proyectil, la estela de humo a su paso, el impacto con la nave, la vistosa explosión, el arma de pulso de la nave enemiga finalmente cargada y, con el curso desviado, la detonación en contra del tren y la vía adyacente.

Los gritos todavía me aturden durante las noches. El suelo reventado desprendiéndose y cayendo al precipicio, toda la vía colapsando a su paso, los exiliados que no lograron sostenerse cayendo al vacío, y mi madre, el cuerpo de Nora oscilante en medio del abismo, sostenido únicamente por la mano de Snow, y luego por nada, cayendo víctima de la gravedad.

Segundos que pueden durar horas, cuando ves frente a tus ojos a la única persona que creías todopoderosa desvanecerse en un segundo, desaparecer en la oscuridad de un vacío que no entiendes, en un lugar que no conoces, y por razones que nunca habrías podido predecir.

Vanille me sacó del estupor con una bofetada.

- Despierta, tenemos que movernos -dijo. Efectivamente, otras naves venían a nuestro encuentro, y hasta el valiente de Snow se había levantado, escalando la vía casi colapsada, echando a correr y dejando a mi madre en el vacío sin siquiera intentar nada. "Fue su culpa", pensé desesperado con lágrimas en los ojos, aún sin aliento corriendo detrás de Vanille.