Disclaimer: Ni la historia de Inuyasha ni sus personajes me pertenecen, son de Rumiko Takahashi. Este fanfic está hecho sin ánimo de lucro.
Capítulo VI
A la mañana siguiente, Kagome se despertó muy temprano. Había vuelto a tener aquella pesadilla en la que veía a Inuyasha matando a sangre fría a todos los campesinos de la aldea de Kaede. Al parecer, todo lo que le habían contado Miroku y Sango le había afectado más de lo que creía. Pero esa mañana había algo diferente. Se había despertado con un mal presentimiento al que no quería hacer caso pero que cada minuto que pasaba se hacía más fuerte. Cuando salió de la cabaña, Kagome se dio cuenta de que lo que sentía era algo más que un mal presentimiento; iba a pasar algo malo. A pesar de haber amanecido ya, el cielo estaba casi negro, tan encapotado que ni el más pequeño rayo de sol podía colarse entre las nubes; pero lo que era más inquietante era el silencio reinante. No se escuchaba ningún sonido que proviniera del bosque con el que colindaba la aldea.
Tenía que hablar con Kouga. En la semana que había pasado con ellos, parecía que él era el único que la escuchaba...
Kagome iba tan concentrada en sus pensamientos mientras se dirigía a la cabaña de Kouga, que no se dio cuenta de que estaba a punto de chocar con alguien pero tuvo el reflejo de sujetarlo para que no se cayera. Cuando miró hacia abajo, Kagome vio a una niña de unos doce años, con el pelo largo y negro como la noche y unos grandes ojos castaños.
- ¿Rin?
- ¡Señorita Kagome! – exclamó la niña – Me alegro tanto de volver a verla.
- Yo también, Rin. Pero... ¿qué haces aquí? – preguntó confundida.
- Cuando acabó la guerra contra Naraku, el señor Sesshomaru me dejó al cuidado de la venerable Kaede – explicó Rin – Pero cuando atacaron la aldea, la señorita Sango y el monje Miroku se hicieron cargo de mí. ¡Y aquí estoy!
"No lo entiendo" pensó Kagome. "Kouga y su manada fueron los que mataron a Rin... y ¿Sesshomaru la deja aquí tan tranquilo?"
- Oye, Rin, ¿Sesshomaru sabe que estás aquí?
- ¡Claro! Viene a visitarme de vez en cuando con Jaken – exclamó la niña alegremente – El señor Sesshomaru se ha aliado con Kouga para vencer al malvado de Inuyasha – susurró entonces Rin como si fuera un secreto.
- Pero... – justo cuando Kagome iba a argumentar que Inuyasha no era ningún malvado, un grito la interrumpió.
- ¡Nos atacan! ¡Inuyasha y su ejército nos atacan! – gritaba uno de los guardias que Kouga había puesto a vigilar la entrada de la aldea. En ese momento, Kouga salió de la cabaña con su hijo y se dirigió hacia ella.
- ¡Kagome! – la llamó preocupado, parecía haberse quedado paralizada - ¡Kagome! ¡Mírame a los ojos y escúchame bien! – cuando consiguió que la chica le prestara atención, continuó hablando – Necesito que cojas a Kiyoshi, Rin y a todos los niños y mujeres de la aldea y que los pongas a salvo. Hay una cueva en medio del bosque, siguiendo la dirección sur a algo más de un kilómetro, lo suficientemente grande para que os pongáis a salvo. Ayame ya se ha puesto a ello. Os encontraréis en la salida de la aldea. Coge también un arco y unas flechas, os servirán para defenderos, ¿me has entendido? – preguntó mirándola fijamente a los ojos.
- Sí – jadeó ella.
- Bien – entonces Kouga se giró hacia su hijo – Kiyoshi, necesito que te vayas con Kagome y te comportes como todo un lobo adulto. Kagome te llevará hasta mamá, ¿vale?
- Pero... ¿y tú, papá? – preguntó el niño con preocupación.
- No tienes que preocuparte por mí, yo estaré bien – contestó Kouga con seguridad – Lo que tienes que hacer es cuidar a mamá y a todas las mujeres de la aldea, ellas sí te necesitan – volviéndose de nuevo a Kagome, dijo - ¡Vamos, Kagome! Cuento contigo – y dicho esto, se marchó.
- ¡Bien! – exclamó Kagome, intentando darse ánimos – Rin, tú conoces la aldea mejor que yo, encuéntrame un arco y flechas. Yo iré a buscar a Shippo para que también nos ayude y nos encontraremos en su cabaña. Kiyoshi, tú vendrás conmigo – ordenó. Entonces, se separaron.
Kagome intentaba calmarse como podía. Tenía una misión que cumplir. El hijo de Kouga dependía de ella y no podía fallarle. Tampoco podía fallar a Rin ni a Shippo ni a todos los demás niños y mujeres, pero aún así no podía dejar de pensar ni de sentirse invadida por la histeria. Inuyasha los estaba atacando y ella no podía entenderlo. ¿Era posible que se hubiera tanto con él? Después de todo, él era un medio demonio, y los demonios eran traicioneros por naturaleza. Pero, es que ella había conocido a tantos demonios buenos y que se habían portado tan bien con ella. Y había llegado a conocer de una manera tan profunda a Inuyasha... O quizá, Sango tenía razón, y todo había sido una mera ilusión. Si sólo pudiera encontrarle y hablar con él...
Encontró a Shippo justo cuando salía de su cabaña.
- ¡Shippo!
- ¡Kagome! ¿Qué está pasando?
- Es... Inuyasha – musitó entristecida. Cuando el pequeño demonio zorro comprendió, Kagome pudo ver sus ojos cargados de desilusión y decepción, y aquello le partió el corazón.
- Entiendo... ¿Qué tenemos que hacer?
- Kouga, me ha dicho que reunamos a todos los niños y mujeres y los llevemos a una cueva que en el bosque, dirección sur. Ayame ya está en ello.
- Sé de qué cueva se trata – justo entonces llegó Rin con el arco y las flechas.
- Bien, pongámonos manos a la obra y no nos separemos – ordenó Kagome con decisión.
Unos quince minutos después, Kagome y los demás se reunieron con Ayame en la salida de la aldea. Kouga y sus hombres habían conseguido detener al ejército de Inuyasha antes de que entraran a la aldea por lo que aún no estaban en un peligro muy inminente, pero aún así debían darse prisa.
- ¡Oh, Kiyoshi! – exclamó Ayame abrazando a su hijo – Menos mal que estás bien.
- Mamá, papá está luchando – informó el niño preocupado.
- Lo sé. Pero ahora no tienes que preocuparte por él, seguro que está bien. ¡Venga! ¡En marcha! – gritó Ayame, y entonces se encaminaron hacia la cueva.
Una vez allí, al grupo no le quedó más remedio que acomodarse lo mejor posible y esperar, rezando porque sus maridos, padres y hermanos regresaran con vida. Kouga nunca había obligado a los habitantes humanos de su aldea a luchar, pero ellos siempre querían ayudar en todo lo posible, aunque eso significara arriesgar sus vidas.
Kagome se había sentado en el exterior de la cueva. Necesitaba sentir el aire fresco y aclararse las ideas. En eso estaba cuando Ayame se sentó a su lado.
- Muchísimas gracias por cuidar a Kiyoshi, Kagome, nunca podré agradecértelo lo suficiente – dijo la pelirroja.
- No te preocupes. Kiyoshi es un niño muy valiente.
- Sí, ya lo sé – dijo entristecida –. En eso se parece a su padre.
- ¿Y eso te entristece? – preguntó la morena.
- Un poco... Pero no me malinterpretes, la valentía es un don admirable, y estoy muy orgullosa de Kiyoshi sea portador de él... Es sólo... que no quiero que acabe como su padre.
- Creo que no te sigo.
- Verás... no quiero que Kiyoshi acabe como Kouga, enzarzado en una guerra absurda y poniendo en peligro su vida y las de los que ama – explicó Ayame -. Le he pedido mil veces a Kouga que nos traslademos al suroeste, donde no llegan las guerras, y nos escondamos allí... pero entonces, él me explica las razones por las que se ha metido en esto y me deja totalmente admirada, y hace que olvide las razones que yo tengo para querer huir.
- Sí, conozco sus razones, pero no conozco las tuyas.
- No quiero tener que reunir a las mujeres y a los niños una vez a la semana porque nos ataquen. No quiero tener que alejarme y ponerme a salvo mientras Kouga se queda allí luchando y arriesgando su vida. No quiero tener que pensar que un día, y de manera irremediable, él ya no volverá. Y, sobre todo, no quiero ver la preocupación en los ojos de mi hijo mientras se pregunta y si volverá o no volverá a ver a su padre – expuso Ayame con lágrimas en los ojos.
- Ojalá pudiera decirte que todo se va a arreglar y que todo va a ir bien, pero sé como son las cosas aquí y es verdaderamente difícil ser optimista. Pero, de todas formas, sé que cuando Kouga vea que la situación se ha vuelto insostenible, cogerá a su mujer y a su hijo y se largará de este infierno. Kouga sabe que una retirada a tiempo a veces es una victoria.
- Gracias, Kagome – sonrió Ayame, y entonces se metió en la cueva con su hijo.
En aquel momento, Kagome se sintió observada. Alzó la mirada hacia un punto entre los árboles, y vio algo que la dejó paralizada. Unos ojos dorados como el sol. Al principio creyó que había sido su imaginación que le había jugado una mala pasada, pero inmediatamente supo que no, que lo que había visto era real. Y supo exactamente lo que significaba.
Con todo el sigilo que pudo, se levantó de su lugar junto a la cueva y echó a andar hacia el lugar donde había visto esos ojos. Cuando estuvo lo suficientemente lejos como para que no la oyeran desde la cueva, echó a correr. Y corrió, y corrió, y corrió... hasta llegar a un pequeño claro. Y de alguna manera, Kagome supo que había llegado a su destino. Después de todo, él siempre había sido su destino.
- No deberías haberme seguido – oyó una voz a sus espaldas. Kagome sonrió y, dándose la vuelta, dijo:
- Ya, pero ¿desde cuándo hago yo lo que debo hacer, Inuyasha? – Inuyasha sonrió a su pesar. Tenía razón, Kagome nunca le había hecho caso en nada.
- Esto es una locura – dijo él -. No debería estar aquí hablando contigo. Y ciertamente tú no deberías haber querido hablar conmigo.
- Inuyasha, ¿cuándo te lo vas a meter en la cabeza? Yo siempre voy a querer hablar contigo.
- Sí, y esa será tu perdición.
- Estoy dispuesta a correr el riesgo.
- ¿Por qué? Ha quedado más que claro que no merezco la pena.
- Eso es lo que tú crees.
- ¿Ah sí? ¿Te das cuenta de que ahora mismo mi ejército está aniquilando a las personas que te han protegido durante la última semana, a tus amigos?
- Tú puedes parar eso – dijo Kagome acercándose a él -. Y probablemente esto quede terriblemente presuntuoso por mi parte, pero sé que si yo te lo pido, pararías esta guerra absurda.
- ¿Y lo vas a hacer? ¿Me lo vas a pedir?
- Inuyasha, ¿qué pasó exactamente para que la aldea de Kaede acabara arrasada y casi todos sus habitantes muertos? ¿Quién era ese viejo amigo de tu padre con el que te encontraste?
- Has hablado con Sango y Miroku – afirmó, que no preguntó, Inuyasha, formando una máscara de frialdad y dureza en su cara.
- ¿Y qué esperabas? La última vez que nos vimos te dedicaste a asustarme diciéndome que no eras más que un bastardo, pero sin darme mayores explicaciones; y encima, vas y me sacas amordazada y atada de tu vida.
- Por lo visto no logré asustarte lo suficiente – dijo Inuyasha con la voz cargada de ironía.
- ¿De qué demonios va todo esto? – exclamó Kagome perdiendo la paciencia – Explícamelo porque no consigo entender nada. Sé que no eres el monstruo que me describieron Miroku y Sango, pero ahora mismo... me siento... me siento como si... como si no te conociera. Y no tienes la menor idea de lo duro que es dudar del único elemento seguro que he tenido en mi vida – sollozó Kagome.
- Kagome... – susurró Inuyasha, perdida ya toda máscara.
- Te amo, Inuyasha. Te amo, esa es mi única verdad. Y todo esto me está matando, no sabes cuánto – confesó Kagome.
En ese momento, Inuyasha sintió que tenía que besarla, que si no lo hacía caería fulminado en el suelo. Necesitaba sentir sus labios contra los de ella tanto como respirar. Necesitaba saborearla tanto como a los latidos del corazón, y eso era muy fuerte porque cada latido de su corazón era por ella. Si no la besaba en ese preciso momento se consumiría y se convertiría en cenizas, así que, eso fue lo que hizo. Acortó la distancia que los separaba y la besó. Y si existía un cielo para él, algún tipo de salvación, tenía que ser ese beso porque se sintió en el paraíso.
Los labios de Kagome se amoldaban perfectamente a los suyos, como si realmente ella hubiera nacido para él, para ese momento... para ese beso. Pero si se había sentido bien con aquel roce de labios, cuando le puso la mano en la nuca para profundizar más el beso, cuando exploró con su lengua la boca de ella y sintió su tímida respuesta, Inuyasha creyó que ya podría morir en paz.
Estando fundidos en aquel apasionado beso, Inuyasha, con su sentido de la audición agudizado, escuchó una explosión a lo lejos, donde se libraba la batalla. Entonces, se dio cuenta de que su paso por el paraíso había sido efímero y de que había vuelto a su infierno. A regañadientes, se separó de Kagome, sin embargo la chica no estaba dispuesta a ello porque enseguida volvió a echar los brazos a su cuello y lo abrazó con fuerza.
- ¡Oh, Inuyasha! Te quiero. Estoy segura de que podremos superar cualquier cosa si estamos juntos – Kagome se separó un poco de él para poder mirarle a la cara mientras le hablaba – Ahora que nos tenemos el uno al otro, nos enfrentaremos a cualquier cosa juntos, a cualquier problema que tengas, pero tienes que confiar en mí y no volver a echarme de tu lado, tenemos que permanecer juntos... – Inuyasha la miró fijamente cuando le cogió los brazos y la separó de él.
- No..., Kagome.
- ¿No?
- Tú y yo no podemos estar juntos. Esto ha sido un error. Maldita sea, ni siquiera debería haber permitido que me siguieras, ni siquiera debería estar aquí hablando contigo.
- Pero, Inuyasha, yo te quiero y...
- ... y yo no te quiero – la interrumpió él -. Kagome, vuelve a esa cueva y ponte a salvo, y, sobre todo, no me sigas. Si eres lista correrás tan lejos como puedas.
Kagome no podía creerlo. Después de ese beso que habían compartido, ¿le decía que no podían estar juntos? ¿Qué no la quería? Pero parecía tan sincero... Kagome hizo lo único que podía hacer. Asintió dándose por enterada y, con los ojos llenos de lágrimas, emprendió el camino de vuelta a la cueva.
Inuyasha sintió como se le rompía el corazón una vez más mientras la veía partir. En realidad, no podía creerse su suerte. La había mirado a la cara (que no a los ojos), le había dicho que no la quería y ella... se lo había creído. Había dicho la mayor mentira de su vida y ella se la había creído, y eso había bastado para ahuyentarla. Totalmente increíble... Bueno, al menos podía quedarse con el recuerdo de su beso.
Inuyasha había estado observando el camino por el que se había ido el amor de su vida durante minutos, quizá horas, cuando algo le alertó de que algo no andaba bien. Percibió un ligero olor que trajo la brisa, un olor a demonio... un olor a uno de los suyos. Pero eso era imposible, la batalla estaba a más de un kilómetro de allí...
"Kagome."
***************
Kagome se había perdido. La historia de su vida. Sólo que esta vez no vendría Inuyasha para llevarla de vuelta a casa. Cada que pensaba en esto el corazón se le resquebrajaba un poco más...
Pero lo peor para Kagome de estar perdida no era estar perdida, sino el miedo irracional que inundaba su cuerpo porque se sentía perseguida. Al principio, había creído que era Inuyasha, pero después de pensarlo se había dado cuenta de que aquello era totalmente absurdo. Después de haberla echado así de su vida ¿por qué iba a volver a por ella? Y menos aún escondiéndose. Lo cual la había llevado a la conclusión de que había una tercera persona en la ecuación... pero persona no, demonio, ya que podía sentir su esencia demoníaca. Así que todo lo que le quedaba era rezar por encontrar la cueva antes de que se decidiera a atacarla, ya que se había dejado allí el arco y las flechas. Pero Kagome debió haber sabido que, después de un día tan malo como el que llevaba, no iba a tener esa suerte.
- ¿A dónde vas tan rápido, sacerdotisa? – Kagome iba tan concentrada en sus rezos y pensamientos que no se había dado cuenta de que lo tenía justo delante. Era un demonio perro, pero no era como los que había conocido en el castillo de Inuyasha... Este tenía una mirada... aterradora.
- No me mires así, no quiero hacerte daño – dijo el demonio, sonriendo – Sólo quiero que me acompañes a un lugar, hay alguien que quiere conocerte.
- ¿No estás un poco lejos de la batalla, Jiro? – escuchó Kagome a su espalda, y repentinamente se sintió infinitamente más segura. Pero justo cuando se volvió hacia Inuyasha, sintió como el tal Jiro se ponía a su espalda y la rodeaba con un brazo, con sus garras peligrosamente cerca de su yugular.
- Jiro, creí haberos ordenado a todos que os concentrarais en la aldea, ¿qué estás haciendo aquí? A no ser – prosiguió Inuyasha pensativo – que no sigas mis órdenes.
- Aléjese, señor Inuyasha, sé que no quiere que le haga daño a la chica.
- Oh, Jiro, sé que no le vas a hacer daño, porque el te pidió que te la llevaras la quiere viva ¿no es así? – Inuyasha se estaba marcando un farol pero eso no tenía porqué saberlo aquel imbécil al que iba a matar si no soltaba a su Kagome ya.
- ¿Mi señor Kohtaro le ha hablado de mi misión? – preguntó el demonio sorprendido. "¿Kohtaro?" pensó Inuyasha. "Vale, ya tengo la última razón que me faltaba para matar a ese viejo psicópata." Inuyasha, ya perdida toda paciencia, sacó a Tessaiga. Hacía años que no la usaba, concretamente tres, pero ese le pareció el momento perfecto para volver a hacerlo.
- No – respondió muy serio –, pero me acabas de dar el nombre que quería.
- ¿Qué? – exclamó Jiro aterrado, pero consiguió recuperarse muy pronto – Oh, y ¿vas a matarme con esa vieja espada oxidada? – Inuyasha sonrió de manera escalofriante.
- Oh, sí – en aquel momento, ocurrieron tres cosas a la vez. Tessaiga se transformó en las manos de Inuyasha; Kagome cogió el brazo de un sorprendido Jiro y lo mordió muy fuerte, obligando así al demonio a soltarla, y apartándose muy rápido, Kagome vio como Jiro era reducido a cenizas por la estocada de Tessaiga.
- Vuelve a la aldea – ordenó Inuyasha sin siquiera mirarla – y dile a Kouga que será mejor para él y para su preciosa familia que traslade la aldea a otro lugar muy, muy lejano. Si Kohtaro te quiere, no se rendirá tan fácilmente – y dicho esto, se alejó corriendo.
¡Hola a todos!
Bueno, antes que nada, os ofrezco mis más sinceras disculpas por haber tardado cinco meses en subir un nuevo capítulo, pero la verdad es que me había quedado bastante atascada en esta historia. No os voy a prometer que a partir de ahora vaya a actualizar más rápido porque no sé que va a pasar con mis bloqueos. Pero lo que sí os puedo prometer es que no voy a dejar esta historia sin un final, tarde lo que tarde. Gracias a los que os mantenéis fieles a mi fic.
Mil gracias también a Karenxita-chan, setsuna17, Crystal Butterfly 92, Karina Natsumi, Sayuri Nara, karla_skannnm, virginia260 y Natsuki Hikari por vuestros comentarios... y por vuestra paciencia.
Bueno, ya sólo me queda decir...
¡¡Hasta la próxima!!
