Disclaimer: Ni la historia de Inuyasha ni sus personajes me pertenecen, son de Rumiko Takahashi. Este fanfic está hecho sin ánimo de lucro.


Capítulo VII

Tras matar a Jiro y abandonar a Kagome en el bosque, Inuyasha no perdió ni un sólo segundo. Quería respuestas y las quería en ese preciso instante, así que se puso en marcha, dirigiéndose hacia el único lugar dónde sabía que podía encontrarlas. Pero antes tenía que hacer una pequeña parada. Tenía que asegurarse de que Kagome no hiciera ninguna locura y de que hubiera alguien que la vigilara. Y tenía en mente a la persona perfecta para esa tarea, la única persona a la que él podía confiarle esa importante tarea.

- ¡Eh, vieja! - ladró al entrar en la cabaña de la anciana Saki, sin llamar.

- ¡Inuyasha! ¿Qué ha pasado? He oído ruidos de batalla - preguntó la anciana angustiada.

- Recoge tus cosas - ordenó Inuyasha, sin responder a su pregunta -. Kouga y los suyos se van, y tú te vas con ellos.

- ¿Se van? ¿A dónde?

- Trasladan la aldea a un lugar más seguro.

- ¿Kouga se rinde? ¿Se trasladan al suroeste? - inquirió Saki incrédula.

- Esperar de Kouga que se rinda y que se largue al suroeste es confiar en su inteligencia más de lo que se merece - respondió Inuyasha poniendo los ojos en blanco -. No, no creo que se vaya muy lejos.

- ¿Y por qué tengo que irme yo?

- Porque yo te lo ordeno, bruja.

- ¿Y a eso lo llamas "razón de peso"? - preguntó sarcástica. Inuyasha respiró profundamente, intentando no perder la paciencia.

- Necesito que vayas con ellos... y que vigiles a Kagome - agregó a regañadientes.

Al contrario de lo que había pensado Inuyasha, Saki no lo miró con condescendencia ni hizo ningún comentario burlón, sino que empezó a recoger sus cosas con premura después de dirigirle tal mirada de preocupación, que Inuyasha volvió a sentirse como el pequeño niño medio demonio rechazado por todos. Había sido como si su madre volviera a mirarlo con los ojos cargados de tristeza, y preguntándose qué tipo de futuro habría para él.

- ¿Qué va a ser de ti, Inuyasha? - preguntó Saki, trayéndolo de vuelta al presente.

- No te preocupes por mí, anciana - respondió, desviando la mirada -. Yo estaré bien.

Justo en ese momento, Saki terminó de recoger sus escasas pertenencias, y se dirigió a la salida, pero antes de irse quiso darle un último consejo a Inuyasha.

- Ten cuidado con Kohtaro. Es más peligroso de lo que crees.

- Saki - murmuró Inuyasha, deteniendo a la anciana una vez más -, cuídala.

Saki asintió, y salió de la cabaña sin mirar atrás.


Por primera vez en su vida, Kagome fue capaz de orientarse y de volver ella solita a la cueva sin que nadie tuviera que ir a buscarla. Al parecer, la batalla ya había acabado porque cuando llegó, Kouga junto con Miroku y Sango, ya estaban allí, intentando tranquilizar a un angustiado Shippo. "Pobrecito", pensó Kagome, sintiéndose culpable, "seguro que se ha preocupado muchísimo por mí". El primero en percatarse de su llegada fue Miroku, que corrió hasta ella con una mirada de preocupación.

- ¡Kagome! ¿Estás bien? ¿Qué te ha pasado? - preguntó con urgencia.

- Estoy bien, tranquilo - respondió -. Lo que pasó fue que necesitaba estirar las piernas y salí a caminar, pero me perdí y no podía encontrar el camino - mintió.

- ¿Estás loca? - explotó Sango -. ¿Tienes la menor idea del peligro que has corrido ahí fuera? Podría haberte pasado cualquier cosa, y ninguna buena.

- Lo sé... y lo siento - añadió esto último sobre todo para Shippo y Ayame.

Kouga se limitó a evaluarla, como si estuviera intentando encontrar la solución a un complicado problema, lo cual inquietó a Kagome profundamente. Él no podía saber nada de su encuentro con Inuyasha... ¿verdad?

- Volvamos a la aldea - dijo el demonio lobo finalmente -. Deberíamos hacer unos arreglos antes de que anochezca - y se volvió para emprender el camino de vuelta. Kagome se apresuró para alcanzarlo.

- ¡Espera, Kouga! - llamó -. No creo que sea una buena idea.

- ¿Qué quieres decir?

- Después de lo que ha pasado hoy, ¿no crees que es mejor trasladar la aldea? - sugirió -. Un poco más lejos, tal vez.

- ¿Por qué? - Kagome suspiró al escuchar el tono beligerante de Kouga, y se decidió a contarle la verdad.

- He visto a Inuyasha... por favor, no se lo digas a nadie - pidió -, no quiero tener que volver a oír a Miroku y a Sango explicarme porqué no ha sido una buena.

- Es que no ha sido una buena idea, Kagome - dijo Kouga, sorprendentemente calmado -. ¿Qué te ha dicho?

- Que te tienes que trasladar la aldea. Al parecer, los demonios perro van a volver a atacar. Alguien os la tiene jurada, Kouga.

- Sí, y tú y yo sabemos muy bien quién es ese alguien.

- ¿Crees que todo esto ha sido cosa de Inuyasha? - preguntó Kagome incrédula.

- Tengo bastantes razones para creerlo, ¿no crees? El que nos ha atacado era su ejército.

- Bueno, pues crees mal. Si hubiera sido cosa de Inuyasha, ¿por qué me ha pedido que te diga que traslades la aldea?

- No lo sé, no consigo entenderle.

- Bueno, pues yo sí lo entiendo - discutió -. Kouga, a Inuyasha le preocupáis - dijo suavizando la voz.

- No, Kagome, le preocupas tú - negó Kouga -. Y da la casualidad de que tú estás conmigo. Esas son sus razones.

- En cualquier caso, creo que tiene razón y que deberías trasladar la aldea.

- ¿Ah, sí?

- Sí - dijo Kagome con firmeza -. No sólo estás arriesgando tontamente la vida de tus hombres y la los aldeanos, sino que también estás arriesgando la vida de tu familia. Ayame y Kiyoshi están en continuo peligro por tu testarudez y tu estúpido orgullo. ¿Sabes qué, Kouga? En realidad, te pareces mucho a Inuyasha. Los dos sois igual de egoístas.

Kagome sabía que al decirle aquello, se arriesgaba a que Kouga la echara de una patada en el culo de su aldea, pero no retiró ni una sola palabra, sino que le aguantó la mirada firmemente. Un momento después observó con sorpresa como Kouga le ordenaba a la gente que volviera a la aldea para recoger sólo lo esencial y para ayudar a los heridos, y anunciaba que iban a trasladar la aldea a otro lugar.

- Nos vamos... pero no muy lejos - terminó, mirando con intención a Kagome.

Kagome pensó que menos era nada, conocía lo suficiente a Kouga como para saber que no se rendiría tan fácilmente en su empresa.

El camino de vuelta a la aldea se le hizo horriblemente largo. Kagome no podía dejar de pensar en Inuyasha, en todo lo que se habían dicho, en el beso... y en cómo la había salvado después de decirle que no la quería. Si Kouga decía que no entendía a Inuyasha, ella lo hacía aún menos.

Cuando llegaron a la aldea, se encontraron con un paisaje devastador. Destrucción por todas partes. Aunque Kouga se hubiera negado a su petición de trasladar la aldea, hubiera tenido que hacerlo porque difícilmente se podría vivir allí. También había algunos cadáveres por el suelo, aunque menos de los que se hubiera podido imaginar, y sobre todo, muchos heridos. Justo cuando acababan de recoger lo más esencial y de ayudar a los heridos, una figura apareció en la entrada de la aldea.

- Anciana Saki - llamó Kagome -, ¿qué hace aquí? ¿Ha venido a ayudar?

- Me he enterado de que os trasladáis - contestó la anciana -. Voy con vosotros - pero Kagome leyó entrelíneas y pilló lo que esas palabras querían decir en realidad: "Inuyasha me ha ordenado que vaya con vosotros para que te vigile". Típico.


- ¡Katsuko! ¡Matsuko! Venid conmigo - llamó Inuyasha nada más entrar en el castillo.

- ¿Señor? - preguntó Katsuko siguiéndole.

- Jefe, ¿qué ha pasado? ¿Por qué ha ordenado la retirada? Íbamos ganando - informó Matsuko.

- Eso ya no importa. Escuchad - pidió Inuyasha, deteniéndose en un pasillo solitario y vigilando que no llegara nadie -, vosotros dos sois los únicos en los que he confiado siempre. ¿Puedo seguir haciéndolo? ¿Seguís estando de mi lado aunque eso signifique desobedecer a Kohtaro?

- Sí, señor - aseguró Katsuko rápidamente.

- Por supuesto, jefe - dijo Matsuko a la vez.

- Bien - murmuró Inuyasha orgulloso de esos dos hermanos -. Tengo que hablar con Kohtaro, y después me iré de aquí. Hoy ha pasado algo que ha hecho que la frágil confianza que tenía en él se esfumara, ya no quiero seguir formando parte de sus planes - informó -. Pero a vosotros dos os necesito aquí. Necesito que seáis mis ojos y mis oídos aquí dentro, que me informéis de cada uno de sus movimientos.

- Eso está hecho, jefe.

- Y tened cuidado - añadió Inuyasha -, las paredes ven y oyen todo.

- Lo tendremos, señor.

- Volveremos a vernos muy pronto - y con esto, Inuyasha se marchó en busca de sus respuestas.


Inuyasha entró tan repentinamente en el despacho de Kohtaro, que éste no tuvo tiempo para reaccionar, y pronto se vio acorralado y bien sujeto.

- Dime para qué quería Jiro a Kagome y puede que te deje vivir - gruñó Inuyasha posando la afilada hoja de Tessaiga sobre el cuello del viejo demonio.

- Ah, Tessaiga ha vuelto a transformarse - dijo Kohtaro con un brillo de satisfacción en la mirada. "El muy idiota no tiene ni un poco de miedo", pensó Inuyasha frustrado.

- ¡Contéstame! - le gritó.

- Cálmate, chico. Te contaré todo lo que quieras saber... si me sueltas. De todas maneras, estaba pensando que ya era hora de informarte de mis verdaderos planes. Después de todo, tú tienes un papel fundamental.

Inuyasha lo soltó con reluctancia, pero no guardó a Tessaiga. Quería tenerla a mano. Se sentía mucho más seguro con ella.

- ¿Nunca has pensado, Inuyasha, en que los demonios tenemos en nuestra mano el crear a la criatura perfecta, aquella capaz de dominar el mundo? - "Mal empezamos", se dijo el medio demonio a sí mismo. "Este viejo está realmente loco".

- ¿Qué tiene que ver eso conmigo? ¿Y con Kagome?

- Todo.

- No te entiendo.

- La criatura más poderosa del mundo, aquella capaz de dominar a demonios y humanos por igual, es aquella que reúne en su interior poder demoníaco, poder espiritual y esencia humana, las tres en perfecta armonía - explicó el demonio.

Inuyasha se negaba a creer que estaba oyendo lo que estaba oyendo, pero las piezas empezaron a encajar de un modo perfecto. Todo empezaba a cobrar sentido. Y aquello no tranquilizó a Inuyasha, sino que lo enfureció aún más. "Si al final Kohtaro va a ser un científico loco", pensó con ironía.

- Por eso te busqué - prosiguió Kohtaro -. Teniendo en cuenta tu historia con Kikyo, y después con Kagome, eras perfecto para esto. El único defecto de mi plan era que la única sacerdotisa conocida que quedaba viva vivía en una época de la historia diferente a la nuestra. Pero después de investigar un poco, fue fácil quitar el sello del Pozo, traer a Kagome de vuelta y volver a sellar el Pozo. Aunque preferí destruirlo, ya sabes, sólo por si acaso.

- ¿Por qué yo? - susurró Inuyasha intentando controlar su respiración. Estaba tan furioso que iba a saltarle a la yugular en cualquier momento.

- Porque, para que mi plan funcione, tengo que usar un medio demonio, con un demonio completo jamás funcionaría - explicó Kohtaro tranquilamente -. Los poderes demoníaco y espiritual son tan agresivos el uno con el otro que se anularían... o tal vez, matarían a la madre, no estoy muy seguro - se murmuró a sí mismo, pensativo -. Pero tu poder demoníaco es más débil, Inuyasha, y además está mezclado con esencia humana. Y por si fuera poco, estás enamorado de Kagome, la última sacerdotisa. ¡Eres perfecto para este plan maestro!

- Estás loco - fue lo único que pudo decir Inuyasha.

¿Cómo había podido confiar en ese desquiciado? Él era desconfiado por naturaleza, ¿qué le había hecho bajar todas sus barreras y dejar a Kohtaro entrar en su vida? Información sobre su padre, le dijo una vocecita en su cabeza. Kohtaro era el único ser vivo que podía hablarle de su padre y acercarle un poco más a él.

- No estoy loco, Inuyasha. En realidad te estoy haciendo un favor. ¿Formar una familia con Kagome no es el sueño de tu vida? Piénsalo, chico, seréis padres de un hermoso niño que además será la criatura más poderosa de la Tierra. Te he traído a Kagome de vuelta a tus brazos a cambio de un sólo favor... que tengas un hijo con ella.

- Jamás. No pienso tomar parte en esto - negó Inuyasha -. Estás loco - diciendo esto, Inuyasha emprendió el camino hacia la salida.

- Demasiado tarde, Inuyasha - le siguió llegando la voz de Kohtaro -. Kagome ya está aquí y no puede regresar a su época. Acabarás cayendo en la tentación.

E Inuyasha salió de aquella habitación y de aquel castillo, preguntándose cuánto tiempo pasaría antes de que la predicción de Kohtaro se hiciera realidad.


¡Sorpresa, sorpresa!

¡He actualizado!

Ya sé que no hay excusas suficientemente buenas en el mundo para que me perdóneis por tardar tantísimo, pero la verdad es que he estado muy desconectada del anime y el manga de Inuyasha y la inspiración tampoco me venía como para sentarme y ponerme a escribir. Lo siento.

Creo que una vez dije que nunca dejaría un fic sin terminar. Quiero que sepáis que lo mantengo. Aunque me lleve la vida en ello, mi promesa sigue en pie.

Agradecimientos a Crystal Butterfly 92, Natsuki Hikari, setsuna17, Sayuri Nara, Dark_yuki, teu y Andrea Higurashi de Taisho por los comentarios dejados en el último capítulo.

No sé cuándo volveré de nuevo. Según mi nuevo planning de fics (sí, me he hecho uno porque los tengo que acabar todos como sea), este fic debería estar terminado para la próxima navidad, pero por ahí vienen los exámenes de septiembre y el comienzo del nuevo curso en la universidad, así que no confiéis mucho en mí.

Muchísimas gracias por vuestra paciencia.

Besos.

¡Hasta la próxima!