30: Epilogo.
1) Les recomiendo poner esta canción antes de comenzar a leer: watch?v=kcihcYEOeic
Abrió los ojos lentamente sin recordar realmente quién era, o dónde estaba. Se sentó sobre una cama amplia y de sabanas suaves y frescas, un muro de cristal dejando ver el océano, el sonido de las olas quebrando era lejano pero si se lograba concentrar lo suficiente podía definirlo. Sus sentidos adormilados iban cobrando nitidez y con ellos miles de recuerdos fueron armando el acertijo.
Esas notas de piano.
Una melodía nostálgica y conocida vació toda su memoria, su corazón comenzó a latir al ritmo de los tiempos musicales, lleno de altibajos, de pasión y una grave melancolía. Reconocía esa canción, era su favorita y estaba ligada a él.
A Tony.
Este nombre en su mente trajo mil recuerdos más, desde los de un bebé, un niño, un adolescente, un adulto… Tony en todas sus facetas de vida, siempre acompañado por él. Hubo silencio por tres tiempos y se reanudó la melodía, Steve desconcertado volteó a su alrededor, reconocía este cuarto, reconocía esta vista ¿Qué había pasado? Salió de la habitación caminando más de prisa, el puente de cristal, el árbol en medio de las escaleras, la casa volada sobre el mar….
Estaba de vuelta.
Bajó las escaleras corriendo, la canción aumentando intensidad, su corazón desbocado, corrió hacia la estancia del piano que conocía perfectamente.
Una chica de cabello castaño y ondulado sujeto en una coleta alta de caballo estaba tocando, sus cejas muy pobladas y sus ojos cerrados, su piel era pálida y sus dedos delgados, danzaban entre las teclas con rapidez y sensibilidad. Steve quedó congelado al verla.
No podía ser cierto. Él estaba muerto. No había manera alguna de que volviera… a menos que…
Las palabras de Tony hicieron eco en su mente.
"Aunque no sea yo estarás conmigo"
La pastilla.
Pero ¿Cómo era eso posible? Tony no conocía su secreto, nadie lo hacía. Además era imposible que una simple pastilla pudiese transportarlo a esta dimensión de nuevo. Debía estar soñando.
La música siguió su curso, era un altibajo, notas lentas y nostálgicas que requerían doble tiempo en cada una, la canción oleaba como la marea, en eso alcanzó el punto cúspide, el que Steve amaba, el que fue capaz de sacarlo de su trance y hacerlo permanecer inerte, las notas se redujeron a medio tiempo y demandaba dedos agiles, iba subiendo magistralmente al clímax...
"No, te comiste una nota Sara" una voz interrumpió y la chica dejó de tocar abruptamente con una clara cara de disgusto.
"Papá, iba perfecto" La chica dijo muy molesta y entonces Steve levantó la mirada, y ahí estaba él.
Tony vestía una playera negra con un estampado deslavado, su cabello era completamente grisáceo y sus arrugas mucho más profundas, era menos alto de lo que recordaba y su cuerpo había perdido mucha masa muscular, llevaba lentes translucidos con un armazón rojo, unos jeans desgastados y vans grises. Steve sintió un brinco en el pecho.
Estaba de vuelta.
Tony…. El Tony de su dimensión lo sabía, no sabía cómo pero de alguna forma se había enterado de su secreto y jamás le había dicho nada, ahora entendía el comentario "Uno siempre vuelve a dónde ama la vida", ahora entendía perfectamente su tranquilidad al dejarlo partir.
Tony lo había regresado a la dimensión en la que ilógicamente pertenecía. En la que podía ser feliz sin recibir ningún juicio, ninguna condena o presión. Sonrió agradecido sintiendo los ojos húmedos.
"Después de RE van dos DO, no solo uno" Tony dijo engreído tomando de un vaso de cristal y la chica bufó molesta, reanudó la canción.
"Ahí" Tony la volvió a interrumpir y ella azotó la cabeza en el piano.
"Eres imposible" dijo exasperada y Steve no pudo evitar soltar una risa, ambos lo voltearon a ver. Tony con un claro disgusto y ella implorándole que le quitara a Tony de encima.
Steve la reconoció de inmediato, esos ojos idénticos a los de él, y esa nariz era una perfecta revoltura entre las facciones de ambos, era Peter. O al menos solía serlo. Recordó el nombre con el que Tony la había llamado. Sara. Como su madre.
"Papá, voy a llegar tarde a casa de Helga si sigues con esto" La chica rondaba los 16 años y por el tono de voz Steve deducía que aún seguía impregnada de hormonas adolescentes. No pudo sentirse más dichoso.
"Escucha" Tony dijo y se sentó en el piano, la chica se paró del sitio realmente molesta y caminó hasta dónde Steve estaba, Steve al sentirla tan cerca tuvo unas inmensurables ganas de tocarla, de abrazarla y sostenerla por siempre, decirle lo mucho que la había extrañado, lo feliz que estaba de que al fin tuviese el cuerpo correcto... Pero se limitó a rozarle el brazo y sonreírle, la chica torció los ojos y exhalo resignada, apoyo su cabeza en el hombro del Capitán.
Tony comenzó a tocar.
Steve sintió como su alma se le escapaba sin poder evitarlo, el tacto que Tony tenía era único, la canción salía en los tiempos perfectos, la nostalgia adecuada, las cúspides de pasión y velocidad. Sus manos hábiles y sus ojos cerrados, había pasado sin dificultad alguna la parte donde Sara siempre se estancaba, había llegado a todos los matices del alma que el piano podía mover. Era sublime.
"Es perfecto" Steve murmuró sin realmente pensarlo y Sara asintió.
"Siempre lo ha sido" dijo orgullosa, ambos contemplando al hombre en el piano, escuchar a Stark tocando comprobaba la teoría de la relatividad de tiempo-espacio de Einstein, Steve podía jurar que el tiempo dejaba de existir, no sabía si había pasado un minuto, una hora o una vida.
La canción comenzó a descender dócilmente hasta concluir, Tony entonces abrió los ojos y volteó.
"¿Percibiste dónde estaba el DO que te comiste?" Tony preguntó arrogante y Sara torció los ojos.
"Iré a cambiarme" dijo molesta y dándole un suave beso en la mejilla a Steve subió las escaleras, Steve caminó hacía Tony.
"Te culpo a ti y lo sabes" Tony dijo molesto tomando un lápiz y la partitura, Steve se apoyó sobre el piano observándolo atento, esta era la etapa que le hacía falta conocer de Tony, podía calcular que rondaba ya cerca de los 65 años y aún su mirada lo hacía vibrar hasta enloquecer.
"¿Yo?" Steve preguntó sin poder contener realmente su sonrisa. Desbordaba una felicidad radiante.
"Mi familia ha tenido una línea sanguínea de pianistas perfectos durante generaciones, tu ADN decidió acabar con eso" Tony dijo en su natural voz de reclamo y sin levantar la mirada.
"Tony te amo" Steve dijo entre risas sin prestarle verdadera atención y Tony levantó la mirada, sonrió involuntariamente.
"Eso no te hará convencerme del partido del sábado" dijo firme y reanudó su trabajo en las partituras.
"¿Te convence de subir un momento?" Steve dijo intentando sonar seductor y Tony soltó una risa.
"¿Y quién va a llevar a Sara con Helga?" Tony preguntó con una sonrisa traviesa y Steve se mordió el labio.
"Préstale un carro"
"Oh no, esa niña no sabe cuidar"
"¿A quién se parecerá?" Steve hizo una pregunta retórica y Tony torció los ojos. Era inaudita la manera en que podía adaptarse a esta dimensión, a esta época, a ambos, a su familia.
"Que se lleve el tuyo" Tony ofreció con una sonrisa maliciosa y Steve algo temeroso asintió.
"Ya estoy lista" Sara dijo con una maleta al hombro y un vestido rosa pastel puesto, su cabello ya suelto y sus ojos azules brillaban con el carisma digno de una Stark, un antifaz de tenues pecas bajo sus ojos y sobre su nariz.
"Steve dice que te lleves su carro" Tony dijo realmente entretenido y Sara los vio asombrada.
"¿¡De verdad!?" Preguntó emocionada y Steve supo que era una mala idea, sin embargo asintió.
"Son los mejores" dijo y corrió hacía ellos, los abrazo a ambos enterrando su rostro en el pecho de Steve, le dio un beso a cada uno en la mejilla y salió corriendo de la mansión.
"¿A dónde dijo que iría?" Steve preguntó ya un poco preocupado.
"A Miami" Tony dijo muy entretenido y Steve lo miró con desaprobación.
"Ni siquiera es mayor de edad"
"Un año no es nada"
"Tony…"
"Ya, no te sobre-preocupes, yo hacía peores cosas a su edad"
"Por eso"
Tony soltó una risa.
"Sabes que es casi tan responsable como tú, nada pasará" dijo seguro y dejó el vaso de cristal ya vacío sobre el piano, caminó al refrigerador, tomó una cerveza helada y caminó de nuevo hasta el piano. Steve lo besó tiernamente.
"¿Entonces vienes?" Steve preguntó alzando una ceja, caminó hasta las escaleras.
Tony permanecía de pie observándolo, sabía que biológicamente Steve tendría casi 200 años, bueno, 120 o algo así, sin embargo físicamente se había congelado en los 40, su cabello aún rubio y sus músculos definidos, tenues arrugas y una mirada encendida, Tony sonrió engreído, era un maldito suertudo.
Comenzó a quitarse la playera.
"¿Qué haces?" Steve preguntó entre nervioso y algo excitado.
"Tenemos casa sola" dijo sonriendo y desabrochó su pantalón, Steve soltó una risa y caminó hasta él, lo empujó suavemente al sillón de la estancia acostándose sobre él, el mismo aroma embriagante e intoxicante a Stark, hundió su nariz entre los mechones entrecanos y sintió un vuelco en el estómago, ¿Qué habría pasado con Tony en aquella dimensión? Se sentía culpable de sentirse tan estúpidamente feliz y dichoso e imaginar que posiblemente Tony en ese momento estuviese en su funeral.
"¿Pasa algo?" Tony preguntó al notar como su cuerpo se tensó.
"Nada, solo... nada" Steve dijo con voz ahogada y Tony besó tiernamente sus labios, no dijo nada pero Steve de alguna manera supo que todo iría bien, algo estúpido e irreal tenía la mirada de Tony que lo hacía sentir tranquilo.
Cerró los ojos y pegó su frente a la del ingeniero.
